Muy justita me la tienen las circunstancias, con cursillos y otras cucadas que me roban ese rato sin condiciones ni garantías del que, a veces, sale algo. Hoy esos minutos, que han vuelto a aparecer, se me han ido disfrutando de esta música, que he adorado siempre, y redescubro ahora en convincente directo. Vini Reilly, el guitarrista de Durutti Column, explicaba que él tomó en serio el slogan de finales de los 70 que invitaba a hacer lo que quisieras (y supieras), sin la menor consideración con el comercio. Así que comenzó evitándose (y evitándonos) la sumisión a las nuevas convenciones dictadas por Sex Pistols y The Clash, y explorando en cambio una suerte de neoimpresionismo minimalista, que a ratos suena a lo que Mike Oldfield podría haber logrado si en vez de agostarse en los 80 hubiera seguido creciendo. Hay algo, además, de España (ese animal mitológico) en el bramido de los metales.
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lunes, 3 de diciembre de 2007
Sin piedad (Durutti Column)
Muy justita me la tienen las circunstancias, con cursillos y otras cucadas que me roban ese rato sin condiciones ni garantías del que, a veces, sale algo. Hoy esos minutos, que han vuelto a aparecer, se me han ido disfrutando de esta música, que he adorado siempre, y redescubro ahora en convincente directo. Vini Reilly, el guitarrista de Durutti Column, explicaba que él tomó en serio el slogan de finales de los 70 que invitaba a hacer lo que quisieras (y supieras), sin la menor consideración con el comercio. Así que comenzó evitándose (y evitándonos) la sumisión a las nuevas convenciones dictadas por Sex Pistols y The Clash, y explorando en cambio una suerte de neoimpresionismo minimalista, que a ratos suena a lo que Mike Oldfield podría haber logrado si en vez de agostarse en los 80 hubiera seguido creciendo. Hay algo, además, de España (ese animal mitológico) en el bramido de los metales.
viernes, 24 de noviembre de 2006
El retorno de Durutti
The Durutti Column, con una erre y dos tes, toma su nombre de un póster impreso en 1967 por la Internacional Situacionista. Alguien habrá investigando si el error fue involuntario o si se trataba de un guiño a la diferancia derridiana. Algo de eso había (eterno retorno diferenciado de lo idéntico) en el título mismo de su primer disco, The Return of the Durutti Column (1980). (La broma la repetirían hasta el asco nuestros modernos: Grandes éxitos y 30 años de éxitos titularon sus primeros LPs respectivos Alaska y Toreros Muertos).
El líder de esta nueva columna, Vini Reilly, es una suerte de Mike Oldfield post-nuclear, un guitarrista creativo, aunque monócromo. Con los años, se le ha ido poniendo cara de Antonio Vega, demacrada y austera. Su sonido, totalmente ajeno a los clichés del rock y sus fuentes habituales, acaba aburriendo, pero en pequeñas dosis (sobre todo las primeras) tiene el frescor de un caramelo de menta extrema. Antes de disparar contra la caja de ritmos, consideren si un poco de color de época (aunque sea color caspa) no habrá que perdonárselo a cualquiera.
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