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jueves, 26 de enero de 2023

Un cuento de Dani

 Mi amigo Dani ganó hace algunos años un premio con este relato. Va hoy por Vds.

*

 E.A.

 Fantasma piano – La Exuberancia de Hades

    Prefiero, antes que el barullo indigno y el asfalto ardiente como un sol negro,

     la oscura tranquilidad de una noche con luna

     o el frío de bordes de cuchillo en las noches sin ella.

 

     Lo prefiero.

     Ondulante,

     Siguiendo al pie la traza negra, prefiero la veloz montura del color del carbón, que lleva en su piel el estigma dorado de cada ente solo. Lo prefiero.

     Y prefiero la cadencia cuando ruedas tras la estela del Icaro; o aquellas veces en que el silencio acompaña la oscuridad total,

     y tú, por tu almena de castillo medieval,

     te pierdes;

     por los canchales que fueron lápidas, te pierdes;

     y por el desagüe, junto a la noche y junto a mis sueños.

     Como una herida, como un disparo perfecto y olvidado, atraviesas los dominios de tu cómplice de azabache.

     Es una nueva sensación al dar las doce por el cuco mas ingenuo...

     Al dar las doce,

     vuela por el circuito contra el reloj que mide la eternidad con granos de arena. De puntillas. En silencio.

     Y haz tu ronda, inaccesible, en el sereno reposo de los fantasmas.

 

                 ____________________________

 

     Antes de llegar a esta casa, recuerdo que mi vida era una tira de asfalto pegada al suelo con super glue tres. Eso era antes de llegar a esta casa.

     Justo justito antes, si me apuras, mi vida era un minuto y pico, mi edad era un minuto y pico, un pico pequeñín, de diez segundos y algunas décimas. Y las décimas eran lo más importante de mi vida.

     Llevaba una existencia intensa, porque la tira de asfalto pegada al suelo con super glue tres, de pronto se despegaba, y se ponía a bailar y a serpear como una serpiente, y a bailar como una puta árabe, y a culebrear como una culebrilla o como un reguerillo de agua. Yo estaba tan cerca que podía tocarla con extender el brazo. Pero yo no la tocaba, yo sólo la veía bailar muy asombrado y con un pelo de respeto, porque algunas culebrillas tienen el veneno jodido cuando muerden. Además, a mí que se me contagia casi todo, se me contagiaba aquel ritmo por dentro de una manera particular: yo movía eléctricamente las manos, muchos movimientos circulares como si agarrara el contorno de algo, y después la mano hacia atrás, así y así, y entonces otra vez los movimientos circulares. También meneaba la cabeza hacia los lados, e imperceptiblemente las piernas.

     Todo esto, repetido unas cien mil veces, había llenado por completo el minuto y pico de mi vida antes de llegar a esta casa.

     Y un día cualquiera, mientras me solazaba mirando el asfalto bailarín, el mundo empezó a dar vueltas delante de mí. Giró y giró hasta hacerse una espiral, y yo vi claramente como mis ojos se agrietaban y el humor vítreo se escapaba de ellos. Después todo fue oscuro.

     Mas después me desperté y por dos razones quedé sobrecogido: que la tira de asfalto ya no estaba conmigo fue la primera. La segunda, la terrible, fue que yo era viejo como un árbol, tan viejo como el vino viejo o como Robinsón Crusoe; varios minutos de viejo, acaso una hora.

     En esos instantes de turbación y tristeza se acercó de no sé donde un tipejo delgado y amarillo, flacucho y cetrino, de ojeras profundísimas, y me dijo:

     - Elio, Elio, mi buen Elio, no te aflijas. Mira que casa tan bonita. - Y en tanto me hablaba sus manos habían separado las ramas de los setos y yo pude ver la casa.

     Era una mansión de tres pisos, toda de blanco, creo que es de mármol pero no estoy seguro porque hasta que llegué aquí no conocí otra piedra que el asfalto. Tenía columnas adosadas y arcos, muchos arcos con archivoltas y parteluces y estatuas en cueros. Tenía escaleras, y escalinatas y barandillas, y un cenador precioso justo en mitad del jardín anglo-francés que la rodea. Tenía una azotea, un observatorio, una alfombra de quinientos metros, un pasillo que asciende circular desde el sótano a la azotea, un pasadizo secreto, un juego de candelabros y una lámpara de araña. Tiene más cosas pero no quiero decirlas.

     Ahora vivo aquí y soy inconcebiblemente viejo. Echo de menos un piano. Hay un clave en el gabinete naranja, pero está un poco cascado. No he vuelto a ver a nadie desde que el tipo delgado y amarillo se esfumó. A veces también echo de menos un amigo.

     Pero en conjunto yo estoy bien aquí. Por las mañanas me despierta un gallo versado en el arte de no dejarse ver. Me aseo en la fuente y después exploro el jardín (del que he llegado a pensar que es infinito), o busco en mi casa un gabinete nuevo, de otro color, con sorpresas nuevas, con un piano quizás, o con un amigo.

     Desde que descubrí el circuito las tardes las paso siempre allí, girando y girando sobre la superficie de adoquines, montado en un coche invisible que no me puedo explicar. Es un coche que no existe, pero existe. No se le puede buscar, ni esconder, ni hallar, ni perder. Yo bajo al circuito, me sitúo en la pista y de repente sé que estoy dentro de él. Entonces empezamos a girar y pasamos la tarde girando y girando, y llega el alba. Yo no veo el coche, el suelo corre veloz bajo mis pies, no veo el volante ni la caja de cambios, pero los veo. Así hasta que es de noche y el sol sale por la copa de los árboles. Así hasta que decido volver a casa, veinticuatro horas más viejo.

     Y me acuesto, y sueño con la cinta de asfalto de mi juventud, y empiezo a recordar vagamente que mi nombre es Elio de Angelis y soy piloto de fórmula uno, pero ya no ejerzo porque estoy muerto.

lunes, 2 de enero de 2017

jueves, 27 de octubre de 2016

La Rosa Por Defecto (en la boca del asno)


Era 1995 y yo comenté con mi amigo Antonio que sería lindo editar un fanzine de poesía. Como tantas veces en el curso de nuestras vidas, lo que en mis labios era solo un deseo, seguramente condenado a vivir y morir como tal, se hizo tangible en pocos minutos en cuanto el chache se puso a ello y desplegó esa magia que le ha hecho justamente célebre como domador de procesadores de texto, programas de edición y cualquier otro software capaz (en sus manos, claro) de hacer virguerías.

Pensando sin duda en la novela de Umberto Eco, que aún quedaba cercana, le puse al fanzine La Rosa Por Defecto (con la coletilla 'en la boca del asno' se convirtió luego en el título del programa de radio que hice con otro amigo, Alfonso, en Onda Verde, un empeño que alguna vez habrá que rescatar también).

Mi idea es subir todos los números del fanzine que se publicaron. En este que enlazo, digitalizado en formato PDF, hay, por orden, textos de Agustín García Calvo, Sergio Herrero, Ricardo Pérez, Daniel Martín, yo mesmo, Eva Fernández Rodríguez, Marta Fuentes, Rafael Herrera, Antonio Hernández Marín (aka Aker) y dos anónimos del siglo XVI recopilados por Alfonso García Pecharromán.

Respecto al contenido, por la parte que me toca habría tanto por lo que excusarse que prefiero ni intentarlo. Tengan Vds. paciencia —y, por qué no, también buen provecho.





miércoles, 29 de julio de 2015

De Manibus




Los muertos nos ayudan, dice Dani,
y es verdad. Unos vienen a llevarse
las tildes del dolor, otros aclaran
la letra indescifrable de un recuerdo.
Somos muertos en vida. ¿Dónde están
los que fueron? Adónde sino aquí,
donde rompe la voz de su silencio.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Un regalo de Navidad


El año que se avecina se me presenta difícil de olvidar: hay cosas que empecé hace ya 20 años y que debo acabar ahora, sí o sí, y hay otras que llevan tiempo pidiendo que las atienda. Esta es una de ellas: azuzado por mi amigo Daniel, he terminado ahora mismo la edición digital, escaneada, de un libro manuscrito de poemas y otros escritos, fechados en 1984 y 1985, de Antonio Hernández Marín, Aker (Santa Cruz de Mudela, 1951 - Valdemanco, 2009). No es este un texto que yo desee subir a la Red. Pero si conocéis a Antonio, por haberle tratado en persona o por haberle descubierto en este u otros espacios, estimo que tenéis derecho a este libro. Os pido simplemente que me escribáis en privado y yo os haré llegar con mucho gusto un ejemplar gratuito de la obra. ¡Feliz Navidad!

sábado, 24 de mayo de 2014

Danzas del norte (Alfonso García Pecharromán)

Alfonso García Pecharromán, gran amigo que nos dejó de forma prematura y trágica, compuso varias piezas preciosas de sabor medieval y renacentista que nos han acompañado a lo largo de los años, primero en Ciento Volando y ahora también en La Bossa y la Vida.

De ellas, probablemente la que más ha ido mutando con el tiempo es esta danza instrumental, que Alfonso tituló, si no recuerdo mal, Alt-Niederländische Tänze, 'danza holandesa antigua' (pensando quizá en las danzas holandesas del compositor renacentista Tielman Susato; o en la colección de danzas anónimas que interpreta con ese título la Trapp Family), pero que en algún momento rebautizamos como Danza del norte.


Conservo (pero aún no he conseguido digitalizarla) una versión del propio Alfonso a la flauta, acompañado por mí a la guitarra y con Daniel haciendo una segunda voz en otra flauta. En lo que aparece, la versión más antigua que tengo es esta cientovolandera, un tanto new age, que hicimos Daniel y yo ya en este siglo: él grabó las dos flautas y yo el acompañamiento al piano.


Cuando emprendimos La Bossa y la Vida, nuestro flautista, Paco, se enamoró enseguida de la pieza, así que la montamos con flauta, guitarra y percusión. Esta es la versión más bonita que he encontrado de las varias que grabamos el año pasado en ensayos y directos:


Por su parte, Daniel también se quedó dando vueltas a la pieza y la montó con Luli a la melódica y él mismo a la flauta, en un arreglo más folk y ancestral. Cuando preparamos varias canciones de Agustín García Calvo, retomamos la pieza de Alfonso como introducción a una canción musicada por él, el Conjuro. Así sonó el tema completo el 25 de enero de este año en La Cabrera, con Luli a la melódica y el bajo, Dani a la flauta y el albokote, Juan Fran a la percusión, Fátima a la voz cantante y yo mesmo a la guitarra:


...Pero ni por esas la pieza se dio por contenta. Con la nueva formación de La Bossa y la Vida hemos seguido trabajando sobre ella, y así suena (en versión virtual) el último arreglo que estamos tentando, con nuevas melodías para la flauta y la trompa, el violín en la melodía principal y un ataque final en el que se reúnen todas las melodías a la vez.


martes, 2 de abril de 2013

Qué era lo que fue


(Agustín y Jose Luis García Rúa en Granada, 1984)

1994, más o menos. Empezábamos entonces a musicar los poemas de Valorio 42 veces, de Agustín García Calvo, publicado ocho años antes, y sin esfuerzo iba surgiendo no solo la música puntual de este o aquel texto, sino una música global, una atmósfera sonora ligada a ese libro y al bosque que abren sus páginas.

Esta canción lleva a un extremo esa exploración, con los acordes de cuarta suspendida de la estrofa y las modulaciones imprevistas del estribillo. Empieza sonando a rayos (qué horror de guitarra acústica tenía entonces, y qué mal la ecualizaba), pero pronto se entona, gracias a los coros de Dani y el bajo fibroso del maestro Rafa Herrera.

Recuerdo que tocamos poco después esta canción para el maestro y las buenas gentes en el Cuartel Viriato de Zamora, ocupado por entonces por la Escuela de Sabiduría Popular, y alguien me dijo esa noche que le recordaba a Tír na nÓg. Un honor, oiga.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Las hadas alfonsíes

La canción que sigue, de nuestro querido Alfonso, rara vez ha dejado de sonar en nuestros conciertos cientovolanderos. No sé si es la mejor de las suyas, pero desde luego es un buque insignia de su sonido; la armonía es sencilla, pero contiene los giros exactos para situar la melodía en un terreno equívoco, tonal y modal al mismo tiempo.  El arreglo, con unas frases estupendas de Dani a la flauta, ha ido mutando con los años. Esta es la versión más madura hasta el momento, de agosto de este año, con una interpretación memorable de Luli. Los que sintáis curiosidad, tenéis aquí la versión original, en voz de Alfonso, y acullá una versión cientovolandera en directo del 2007, con Luz a la percusión.


lunes, 28 de mayo de 2012

Quedan de ti


Llamándonos Ciento Volando, raro sería que no ensayáramos de ciento en viento, redescubriendo cada vez apenas un trocito del ya inmenso repertorio. Del ensayo del otro día, esta es la última pieza que grabamos, la más íntima y quizá la que mejor suena. Un clásico de Dani, remozado ahora en la voz de Luli, que estuvo a punto de incluirse en el disco que hicimos con Eliseo Parra y otros compinches, pero quedó fuera por accidentes varios.

Quedan de ti
una tarde hecha a mano y una invitación,
hablar de cosas tontas que en el fondo son
las horas dulces que ha tenido el día.

Y no pensar,
dejar que el tiempo pase para irte a buscar,
andar sin equipaje solo por andar,
solo por verte y por oírte hablar.

Sin más ni nada
solo por verte,
no sé hacer nada
más que quererte.
Y hoy que te apagas,
vengo a buscarte,
hay en tu cara
lluvia y cristales. 

Ya están aquí
tus ojos en verano, tu boca en abril,
las líneas de tu mano donde me perdí,
las cosas que me callo cada día,
tu falda al viento y la melancolía
de darte un beso
para perderte.
Mi corazón
que baila entre tus dedos y arde sin razón
cuando por la rendija azul de una canción
tú me apareces
sin yo llamarte,
ya que has venido,
voy a cuidarte.
Y algunas veces
no sé olvidarte,
saco un billete a
ninguna parte. 

Y están aquí
todos los días nublados que tiene Madrid,
abrazos caducados, lunas sin abrir,
pinceles para retocar sonrisas,
recetas de aire, menta y yerbaluisa,
besos robados al fondo del mar
como un abismo de amor y sangre.

Y hacer viajes,
ponerte nombres,
dejar que viajes
a mis rincones;
pintar la tarde
de otros colores,
hacer encajes
con los amores. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Corrían los tiempos



Corrían los tiempos de mudar la piel, 
cerré la puerta y apagué la luz. 
Se acabó el mundo y empezó a llover, 
se fueron todos pero estabas tú. 

Convertida en un presentimiento 
de cien mil canciones en mi excavación, 
como estatuas que enterrara el viento 
para que desenterrara yo. 

Como un sitio de antes de los tiempos, 
el primer momento del primer lugar 
donde empiezan y acaban los cuentos, 
donde marchan todos los que van. 

Vimos el mundo por primera vez, 
cabía en un bolso que llevabas tú. 
Supimos todo lo que hay que saber, 
cerré la puerta y encendí la luz. 

Tú llevabas las manos vacías 
llenas de agua y días para regalar, 
las palabras iban y venían 
como si las arrastrara el mar. 

Era el mundo un infinito lienzo 
donde los colores cambiaban de mes. 
Inventamos todos los comienzos 
de las cosas que han de suceder. 

Y aunque las piedras pueden comprender 
y aunque los parques puedan perdonar, 
hay sitios donde no se ha de volver, 
puertas que cierras y no encuentras más. 
El alma solo nace para arder, 
morir destruye tanto como amar. 
La vida es solo lo que pudo ser, 
lo más hermoso va quedando atrás. 

Tú llevabas las manos vacías 
llenas de agua y días para regalar, 
las palabras iban y venían 
como si las arrastrara el mar. 
Era el mundo un infinito lienzo 
donde los colores cambiaban de mes. 
Inventamos todos los comienzos 
de las cosas que han de suceder.

(Letra y música: Dani; grabado en Gandullas, 26-5-12.)