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domingo, 4 de octubre de 2009

El ángel caído (Danza Invisible)


¿En qué jaula encerrar a este diantre? Lo normal sería considerarlo alegórico, pero la canción cobra más y mejor sentido si la ponemos en labios de Lucifer en persona (hay precedente), que se dirige al Mismísimo, y no en los de un amante mortal que se siente, por condenado, diablo. (No obstante, alegóricos suenan algunos extremos: la espada de tu odio, el infierno de mi corazón). Por lo demás, pocas veces el pop español se ha puesto 'literario' con tanto acierto. Habría sido lindo que el autor del vídeo de La estatua del jardín botánico, de grata memoria, hubiera producido otro para Danza Invisible, con la estatua del Ángel Caído, del Retiro, como zona cero. No pudo ser, creo, pero nos queda soñarlo. La letra, desde luego, invita.


El ángel caído
(Danza Invisible)

Los cielos de tu amor se elevan sin mí
y escupen a mi paso rayos de impiedad,
me duele hoy el pecado que ayer cometí,
condenado a no amarte nunca jamás.

Hogueras y deseos encienden dolor,
un sufrimiento eterno me perseguirá.
Habito en el infierno de mi corazón.
Te pierdo entre cenizas, sé que no te encontraré
jamás, jamás, jamás, jamás.

Soberbio fue el error, disculpas no hallé,
la espada de tu odio de ti me alejó...
Tormentas en el tiempo el cielo arrojó
y arrastro tu mirada en las llamas de alrededor.

Tú eres el culpable, tienes el poder,
injusto el castigo, perdida la fe.
Juro para siempre que no te odiaré,
perdido está mi tiempo, no volveré a amarte
jamás, jamás, jamás, jamás.

(Maratón, 1985)





viernes, 11 de abril de 2008

Agua sin sueño


Hay que renunciar, de una vez, a hacer ciencia, me dijo. Supongo que si hubiera estado a punto de lograr una vacuna (siquiera informática), o al menos un sólido teorema, mi fe no se habría resentido. Embarcado en tercera (eso que llaman las ciencias sociales), no le costó mucho invitarme al naufragio.

Vuelvo ahora a mi tesis doctoral, abandonada desde hace un lustro, y la encuentro tan superflua como antes, pero amena y bien dispuesta. Como suele suceder, los ratitos mejores son apartes, digresiones, notas al pie. Ésta, por ejemplo, a propósito de las lamias marinas:
La asociación del sexo femenino con el mar es moneda común: cf. por ejemplo el refrán «más ata» (o «más tira») «pelo de coño que maroma de barco» o el chiste misógino: «¿En qué se diferencian las mujeres de las focas? En que unas tienen bigotes y huelen a pescado, y las otras... viven en el mar». Almeja es metáfora vulgar para la vulva: cuando ésta está poco aseada, se dice que a la mujer «le canta la almeja». El diccionario de Seco sanciona el uso metafórico y cita al respecto a Juan Marsé: «Hace mucho tiempo, alguien descubrió el refugio y nos espió desde el vestuario. Seguramente una catequista, la almeja le cantaba a incienso, la tuve sentada en mis narices» (Seco, Andrés y Ramos 1999 s.v. almeja). En un mito wichí o mataco se dice que en tiempos remotos las mujeres «comían el pescado con la boca de arriba, pero antes lo mascaban con la boca de abajo» (Juárez 1998). La comparación de la vulva con los moluscos se asoma a la poesía literaria en una curiosa composición de Rubén Darío: «el peludo cangrejo tiene espinas de rosa / y los moluscos reminiscencias de mujeres» (Otros poemas. XI. «Filosofía»). Por magia simpática (otra forma de metáfora), pescados y moluscos tienen fama popular de afrodisíacos.