¿En qué jaula encerrar a este diantre? Lo normal sería considerarlo alegórico, pero la canción cobra más y mejor sentido si la ponemos en labios de Lucifer en persona (hay precedente), que se dirige al Mismísimo, y no en los de un amante mortal que se siente, por condenado, diablo. (No obstante, alegóricos suenan algunos extremos: la espada de tu odio, el infierno de mi corazón). Por lo demás, pocas veces el pop español se ha puesto 'literario' con tanto acierto. Habría sido lindo que el autor del vídeo de La estatua del jardín botánico, de grata memoria, hubiera producido otro para Danza Invisible, con la estatua del Ángel Caído, del Retiro, como zona cero. No pudo ser, creo, pero nos queda soñarlo. La letra, desde luego, invita.
El ángel caído
(Danza Invisible)
Los cielos de tu amor se elevan sin mí
y escupen a mi paso rayos de impiedad,
me duele hoy el pecado que ayer cometí,
condenado a no amarte nunca jamás.
Hogueras y deseos encienden dolor,
un sufrimiento eterno me perseguirá.
Habito en el infierno de mi corazón.
Te pierdo entre cenizas, sé que no te encontraré
jamás, jamás, jamás, jamás.
Soberbio fue el error, disculpas no hallé,
la espada de tu odio de ti me alejó...
Tormentas en el tiempo el cielo arrojó
y arrastro tu mirada en las llamas de alrededor.
Tú eres el culpable, tienes el poder,
injusto el castigo, perdida la fe.
Juro para siempre que no te odiaré,
perdido está mi tiempo, no volveré a amarte
jamás, jamás, jamás, jamás.
(Maratón, 1985)
(Danza Invisible)
Los cielos de tu amor se elevan sin mí
y escupen a mi paso rayos de impiedad,
me duele hoy el pecado que ayer cometí,
condenado a no amarte nunca jamás.
Hogueras y deseos encienden dolor,
un sufrimiento eterno me perseguirá.
Habito en el infierno de mi corazón.
Te pierdo entre cenizas, sé que no te encontraré
jamás, jamás, jamás, jamás.
Soberbio fue el error, disculpas no hallé,
la espada de tu odio de ti me alejó...
Tormentas en el tiempo el cielo arrojó
y arrastro tu mirada en las llamas de alrededor.
Tú eres el culpable, tienes el poder,
injusto el castigo, perdida la fe.
Juro para siempre que no te odiaré,
perdido está mi tiempo, no volveré a amarte
jamás, jamás, jamás, jamás.
(Maratón, 1985)