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viernes, 30 de marzo de 2007

Dobles III: el cambiazo


En un dobladillo, la historia de los niños cambiados, los changelings. Pienso que la creencia ha de ser antiquísima. El ejemplo más arcaico que conozco (y que sin embargo se sitúa claramente dentro de una larga tradición, con la que se permite ironizar) aparece en el capítulo 63 del Satiricón de Petronio, en labios del orondo Trimalción:

—También yo os voy a contar algo espeluznante: ¡un asno en el tejado! Cuando todavía llevaba el pelo largo (pues desde niño he llevado una vida de Quío ) falleció un día el esclavo favorito de nuestro patrón, una perla, por Hércules, mimoso y cumplido en todo. Mientras su pobre madre lo estaba llorando y muchos de nosotros la acompañábamos en el velatorio, de repente la emprendieron con él las Estriges. Se diría que un perro perseguía una liebre.
Teníamos a la sazón un hombre de Capadocia , grande, que era bastante atrevidillo y tenía fuerza: era capaz de alzar en vilo un buey furioso. Entonces éste, audaz, con la espada desenvainada salió corriendo por la puerta, su izquierda cuidadosamente envuelta, y atravesó por la mitad a una de estas mujeres, más o menos por esta parte (¡salvo me sea lo que toco!). Oímos un gemido y (no voy a mentir) no pudimos verlas. Nuestro fortachón, apenas entró, se echó a la cama, y todo el cuerpo lo tenía amoratado, como herido a latigazos, porque (no cabía duda) lo había tocado una mano nefasta.
Nosotros cerramos la puerta y regresamos a nuestra tarea, pero cuando la madre fue a abrazar el cuerpo de su hijo, toca y ve un fantoche relleno de paja: no tenía corazón ni intestinos ni nada; las Estriges, en efecto, ya habían escamoteado al niño y habían dejado en su lugar un monigote de paja. Os lo ruego, es preciso que creáis que hay mujeres que saben más de la cuenta, que hay Nocturnas, y lo que está boca arriba lo vuelven boca abajo. En fin, el fortachón tras este suceso no recobró nunca más el color; es más, a los pocos días murió en pleno delirio.

Asnos en el tejado, como vacas que vuelan (lo que está boca arriba lo vuelven boca abajo). Vida de Quío, la que soñaba el joven Rimbaud (mamá, yo quiero ser rentista). Los capadocios, forzudos , simplones y sentimentales, como aquel Goliat que acompañaba al Capitán Trueno. Estriges o Nocturnas: el ave rapaz de la noche como punto de partida; su fantasma mejorado volando en tus pesadillas.

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The Doors: I'm a changeling. See me change...