(Este ocaso es un amanecer: la primera entrada que publica Aurora Babarro en el blog, aunque ya la oímos cantar antes. Allá vamos.)
El camino pagano de los muertos hacia el sol
Aunque el sincretismo religioso sea un proceso casi siempre espontáneo que se debe al contacto directo de varias religiones, es curioso observar cómo en el caso del cristianismo esta absorción y transformación de todo ritual con el que se toca, también es capaz de trasmutar mitos y rituales que simbolizan procesos vitales universales en hechos verdaderos y personajes míticos arquetípicos en señores de carne y hueso e incluso con papeles. Un hecho verdadero deja de ser un mito y, por tanto, toda energía natural, espiritual o ritual que explica este mito se convierte en un suceso "verídico" , despojándolo así de su auténtico significado de iniciación a lo desconocido o a lo místico. Es decir, la religión pierde su utilidad, que no es la simple explicación adoctrinada del universo a través de la fe, sino el desarrollo espiritual del ser humano hacia el conocimiento trascendental.
Por supuesto, tampoco el culto pagano céltico al "Ocaso del Sol" se libró de este fenómeno. Antiguas religiones que conocían los finos lazos de unión entre la cosmología universal, la vida terrenal y el cosmos de la psique humana marchaban en peregrinaje hacia los Finisterre antes de su muerte física, camino iniciático que comparten cientos de culturas a lo largo de la historia de la humanidad. El camino hacia el ocaso suponía simbolicamente la muerte de un ser más mundano e ignorante (atado al mundo de las apariencias), el proceso del viaje iniciatico (accidentes o acontecimientos vitales) y el renacer en la verdad revelada más trascendental, el renacer a la vida del Conocimiento.
En Europa en Cornualles, Galicia o Bretaña encontramos lugares donde los Celtas hacían este peregrinaje y donde simbólicamente los muertos recorrían el camino en barca desde las orillas hacia el horizonte acompañando el Ocaso del Sol.
Sin embargo, al arrebatarle su función sustancial, el Camino pierde todo significado y se convierte en el cristianismo, como la mayoría de sus expresiones, en un ritual mecánico, cuyos auténticos fines no son ya revelados ni tan siquiera a su élite de iniciados. Una ver usurpada su soberanía espiritual, el ser humano anda ciego y desorientado buscando por doquier ese único sentido que le puede acercar al conocimiento verdadero, el Espíritu.
Quizá, y esto ya es divagar, el peregrinaje actual sea más bien a las consultas de psicólogos y psiquiatras, quienes por un precio casi siempre desorbitado pretenden dar a estas almas en pena lo que la vida sin más les podría dar.
Aurora Babarro.