Eliana Montemayor: “Una herida empieza a sanar cuando por fin encuentra lenguaje”


 
Estamos ante una autora que no ha escrito un libro más sobre descubrimiento personal. De hecho, se podría decir que contradice todo intento de receta o de manual prometedor de falsas soluciones. Soltar para sanar es el título de la obra, pero también es la necesidad que tuvo la propia escritora de dejar un testimonio de situaciones difíciles de su vida personal. El problema de uno puede ser el problema de todos cuando nos asumimos parte de un mismo colectivo. Montemayor considera que su libro “se diferencia en que no pretende ofrecer una fórmula perfecta. No es un libro de ‘sigue estos cinco pasos y serás feliz antes del viernes’. La vida humana es bastante más compleja”.

–> Eliana Montemayor vendrá directamente de México invitada a la 85 Feria del Libro de Madrid, a firmar su libro Soltar para sanar los días 29, 30 y 31 de mayo, en la caseta 309, que se celebrará en el parque de El Retiro.

¿La escritura de esta obra te surge como una necesidad?

Sí, absolutamente. Pero no nació como la necesidad de “escribir un libro” en el sentido editorial, sino como una necesidad de comprender. Primero fue una búsqueda íntima: ponerle palabras a ciertos dolores, preguntas y procesos que me atravesaban. Después entendí que eso que parecía tan personal no era solo mío. Muchas personas están viviendo algo parecido: funcionan, producen, sonríen, contestan mensajes, cumplen con todo… pero por dentro arrastran cansancio emocional, heridas antiguas o una desconexión difícil de explicar.

La escritura se volvió una forma de ordenar mi experiencia y, al mismo tiempo, abrir una conversación con otros. El libro nació justo ahí: entre lo que yo necesitaba mirar de frente y lo que veía que muchas personas también necesitaban nombrar. No lo escribí para dar lecciones. Lo escribí porque a veces una herida empieza a sanar cuando por fin encuentra lenguaje.

¿Por qué habría que leer tu libro?

Porque todos, en algún momento, sostenemos algo que ya no nos corresponde: una culpa, una expectativa, una versión antigua de nosotros mismos, una historia familiar, una relación, una exigencia o una idea de éxito que dejó de tener sentido. Soltar para sanar invita a hacer una pausa y preguntarnos con honestidad: ¿esto que sigo cargando todavía me ayuda o solo me pesa?

No es un libro para “arreglarse”, porque no creo que las personas estén rotas. Es una lectura para reconocerse, ordenar el ruido interno y empezar a tomar decisiones más conscientes. A través de reflexiones, preguntas y ejemplos cotidianos, el libro acompaña al lector a mirar aquello que ha normalizado, postergado o confundido con fortaleza. Vivimos en una época que celebra avanzar, lograr, resistir y producir. Pero pocas veces nos enseñan a soltar. Y soltar no es rendirse, muchas veces es el acto más lúcido, valiente y práctico que podemos hacer.

¿En qué se diferencia tu libro de los manuales de desarrollo personal?

Creo que se diferencia en que no pretende ofrecer una fórmula perfecta. No es un libro de “sigue estos cinco pasos y serás feliz antes del viernes”. La vida humana es bastante más compleja y, además, suele no respetar los calendarios editoriales. Soltar para sanar no busca imponer respuestas, sino acompañar preguntas. No está escrito desde el lugar de quien ya resolvió todo, sino desde alguien que ha vivido, observado y pensado el proceso de soltar desde una mirada honesta.

Muchos manuales de desarrollo personal se enfocan en optimizar al individuo: sé más productivo, más fuerte, más exitoso, más eficiente. Este libro propone otra cosa: antes de exigirte correr más rápido, revisa si estás avanzando con una mochila llena de culpas, duelos viejos, mandatos familiares y expectativas ajenas.
Porque a veces el problema no es falta de disciplina. A veces es exceso de peso emocional.

¿Cuáles son las cargas emblemáticas que hereda un individuo?

Heredamos muchas cosas que no siempre reconocemos como herencia. No solo bienes, apellidos o costumbres…también heredamos miedos, silencios, formas de amar, formas de sufrir y maneras de entender el deber. En ocasiones, heredamos frases completas: “tú puedes con todo”, “no llores”, “no des problemas”, “primero los demás”, “la familia es así”, “el éxito se mide de esta manera”. Y esas frases, repetidas durante años, pueden convertirse en una especie de guion interno.

Una de las cargas más comunes es la obligación de poder siempre. Es muy pesada porque viene disfrazada de fortaleza. Desde fuera parece admirable, pero por dentro puede ser agotadora. También heredamos culpas que no nos pertenecen, lealtades invisibles y modelos de vida que quizá funcionaron para otra generación, pero no necesariamente para nosotros. El problema no es la herencia en sí, el problema es no revisarla nunca. Sanar también implica preguntarnos: ¿esto lo elegí yo o solo aprendí a obedecerlo?

¿El ruido es una carga?

Sí. Y es una de las cargas más difíciles de detectar porque se ha vuelto parte del ambiente. El ruido no es solo lo que escuchamos. También es lo que absorbemos: opiniones, comparaciones, noticias, redes sociales, pendientes, mensajes sin responder, expectativas externas y esa voz interna que a veces parece tener contrato fijo.

El ruido se vuelve una carga cuando nos impide escucharnos. Cuando ya no sabemos si deseamos algo de verdad o si solo estamos reaccionando a lo que el mundo nos exige. Vivimos tan estimulados que muchas personas ya no descansan: solo cambian de pantalla. Por eso, soltar también implica recuperar silencio. No un silencio vacío, sino un silencio fértil. Ese espacio donde podemos preguntarnos: ¿qué siento?, ¿qué necesito?, ¿qué estoy evitando?, ¿qué vida estoy construyendo? La sanación no empieza con una gran respuesta, sino con apagar un poco el ruido para poder escucharnos de nuevo.

¿La política actual genera más ruido que soluciones?

En muchos casos, sí. La política actual, no solo en un país sino en buena parte del mundo, parece haber entendido que el ruido capta más atención que la solución. El conflicto vende, el escándalo circula rápido y la indignación se comparte con facilidad. La serenidad, en cambio, no siempre tiene buena audiencia.

Pero creo que el problema no es la política en sí. La política debería ser una herramienta para organizar la vida común, construir acuerdos y resolver problemas reales. El problema aparece cuando se convierte en espectáculo permanente, cuando importa más ganar la discusión que mejorar la realidad. Y eso también carga al ciudadano: lo satura de discursos, promesas, ataques, polarización y poca claridad. Nos deja cansados, desconfiados y muchas veces más confundidos que informados.

Necesitamos una política con menos grito y más oficio. Menos teatro y más trabajo. Porque para drama, francamente, ya tenemos los grupos de WhatsApp.

¿Qué sana más, escribir o leer?

Creo que ambas sanan, pero de maneras distintas. Escribir ayuda a sacar, ordenar y mirar de frente lo que a veces se queda atrapado dentro de nosotros. Es una forma de drenaje emocional, pero también de descubrimiento. Uno empieza creyendo que sabe lo que siente y, de pronto, una frase revela algo que estaba escondido.

Leer, en cambio, sana porque acompaña. Nos recuerda que no estamos solos, que alguien más sintió algo parecido, que hay palabras para eso que parecía inexplicable. Un libro no cambia la vida de golpe, pero deja una frase trabajando por dentro durante años.

Si tuviera que decirlo de manera sencilla: escribir ayuda a iluminar la herida… Leer ayuda a entender que esa herida tiene lenguaje, historia y posibilidad de transformación. Las dos cosas, cuando se hacen con honestidad, pueden convertirse en una forma de regreso a uno mismo.

¿Qué le dirías a alguien escéptico negado a leer Soltar para sanar?

Le diría: no tienes que creer en el libro antes de abrirlo. De hecho, me parece sano desconfiar un poco. La fe ciega en cualquier libro, método o frase motivacional puede ser peligrosa. A veces uno termina repitiendo mantras mientras sigue evadiendo la realidad.

Le diría que lo lea no como quien busca una salvación, sino como quien se permite una conversación honesta. No tiene que estar de acuerdo conmigo. No tiene que subrayar nada. No tiene que llorar en la página 32 para que la lectura “funcione”.
Basta con que se pregunte si hay algo en su vida que está sosteniendo de más. Una idea, una culpa, una relación, una expectativa o una versión de sí mismo que ya no le queda.

A los escépticos les diría: este libro no viene a venderte una vida perfecta. Viene a invitarte a mirar la tuya con menos juicio y más conciencia. Y eso, incluso para un escéptico, puede ser bastante útil.

¿Hacia qué dirección camina Eliana Montemayor?

Camino hacia una vida más congruente. Esa palabra me importa mucho: congruencia. Quiero que lo que escribo, digo, hago y construyo tenga una relación con lo que creo. No perfecta, porque la perfección es una pésima compañera de viaje, pero sí cada vez más consciente.

También camino hacia proyectos que unan profundidad con claridad. Me interesa hablar de temas humanos, emocionales y sociales sin volverlos inaccesibles. Creo que se puede hablar de dolor sin solemnidad excesiva, de sanación sin cursilería y de conciencia sin ponerse una túnica imaginaria.

Eliana Montemayor camina hacia una escritura más libre, más madura y más comprometida con las conversaciones que necesitamos tener. Hacia espacios donde la palabra no solo nombre lo que duele, sino que también abra posibilidades.
Y, sobre todo, camino hacia seguir soltando. Porque una no escribe un libro sobre soltar y luego queda exenta del proceso. La vida siempre encuentra nuevas cajas que pedirnos revisar.
 

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