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24 de enero de 2009

El Cow Parade de Left Hand Rotation.

Por fin. Creí que nunca iba a llegar... Después de días y días viendo el Reader lleno de alabanzas, jadeos y desmayos de emoción por la invasión vacuna que han sufrido las calles de Madrid recientemente, por fin, por fin, alguien se ha animado a discrepar y hasta a proponer una alternativa a esta muestra de ¿arte urbano?.


Los chicos de Left Hand Rotation han hecho la siguiente Propuesta de proyecto para Matadero Madrid, que reproducimos a continuación con no poco júbilo:
Carta abierta a Matadero Madrid:

Desde Left Hand Rotation queremos proponerles un singular proyecto que unifica algunas de las interesantes actividades culturales que acontecen en la capital. Por una parte nos serviremos de la popular Cow Parade (150 vacas decoradas por artistas colocadas en las calles de Madrid) y por otra del siempre entrañable desfile transhumante de ovejas
(normalmente un super-rebaño de unas 1000 cabezas) que atraviesan la ciudad en el mes de septiembre.

Durante la mañana
El proceso es sencillo: nuestro deseo es conseguir un desfile de ganado cambiando el ovino por el vacuno. De esta forma, la totalidad de las vacas de fibra de vidrio de la variopinta Cow Parade desfilarán hacia las instalaciones de Matadero Madrid situadas en Legazpi ayudadas por ruedas bajos sus bases previamente instaladas. Se propondrá un itinerario por las calles más transitadas con el fin de que los ciudadanos puedan retratar el evento.

Durante la tarde
Como si de un encierro taurino de tratase, en las instalaciones de Matadero Madrid estarán esperando 150 artistas elegidos sin ningún criterio por Left hand Rotation portadores todos de martillos que no tardarán en utilizar.

Como brillante epílogo, cada artista podrá elegir una vaca decorada para pasar a destrozarla inmediatamente.

Con los restos resultantes del material destruído se elaborarán vasijas que serán puestas a la venta en todas y cada una de las sucursales de El Corte Inglés de Madrid.
Desde Escrito en la pared queremos también aportar nuestro granito de arena, y como hemos sido informados de que tras el episodio de secuestro (cuyas razones nos cuesta comprender) y posterior rescate de Albertina Pinturina en la Plaza de Lavapiés, algunas de las vacas están siendo custodiadas (desearía decir escoltadas, pero ello implica movimiento... y no) por la Policía, proponemos: que en aras de la igualdad entre artistas urbanos, las Autoridades dispongan establecer una vigilancia semejante en los emplazamientos que se detallan a continuación, con vistas a que las obras de arte urbano correspondientes permanezcan íntegras e igualmente disfrutables por parte del público.

--Calle Mira el Sol, 24--



--Calle de la Nao--



--Esquina de las calles San Bernardo y La Palma--



--Calle de la Luna, 10--



--Calle Jesús y María, 14--

26 de diciembre de 2008

Publicidad y arte urbano: manos en la ciudad.

[He ido retrasando esta entrada lo indecible, todo por intentar cerrar el círculo que abrieron en su día las imágenes que ilustran este texto]

En varias ocasiones hemos hablado de cómo muchas veces la publicidad se sirve de técnicas propias del arte urbano para sus campañas de calle, aunque -como hemos dicho también- haya veces en las que determinadas manifestaciones de arte urbano (especialmente las pegatinas) recuerden a las más agresivas campañas publicitarias.


Ello consigue no sólo que el consumidor en potencia pueda preguntarse de qué va la cosa y "cierre el círculo", asociando posteriormente lo que ve a una marca, ya en presencia del anuncio en sí, sino también -ya ves tú- que los aficionados al arte urbano andemos devanándonos los sesos sobre si determinada pegatina es la nueva creación del artista urbano de turno o del agresivo creativo de turno. Es lo que me ocurrió a mí con estas manos: las asocié primero al arte urbano, para descubrir después que correspondían a una campaña publicitaria, ya no recuerdo si de una aerolínea de bajo coste o una empresa de telefonía. (¿Alguien?) la de Mas Móvil (gracias por la pista, Raúl).


¿Qué me llevó al error? Además de mi natural obsesión por el tema, el carácter anónimo de la pegatina (en ninguna de ellas hay rastros de la marca), los soportes de calle elegidos (a menudo compartiendo espacio con formas de arte urbano) y el formato.

Ahora falta que aparezca alguien y me recuerde a qué campaña concreta pertenecen las manitas...

26 de octubre de 2008

Carteles blancos en Madrid.

He llevado a cabo tres intentos de comenzar esta entrada, y ninguno me gustaba. Tal vez porque es difícil enfrentarse al objeto hoy, acostumbrado como estoy a hablar de cosas que conozco, que controlo, o sobre las que es fácil expresarse. Lo de hoy no sé bien cómo abordarlo.



El viernes me encontré (en las calles de Santo Tomás y Juanelo) con dos carteles absolutamente blancos pegados en la pared. Ningún motivo, ningúna pista, sólo un completo generador de interrogantes. La acción tiene todo el aspecto propio de una muestra de arte urbano: significativa, no-comercial, y -en este caso- de un minimalismo desconcertante que casi obliga a la interpretación: ¿acción contra la saturación de imágenes procedente de los carteles publicitarios? ¿lienzo improvisado, abierto y urbano para posibles artistas itinerantes? ¿mero objeto para el desconcierto del viandante?. En cualquier caso, las imágenes que siguen están en estas páginas porque generan en mí algún tipo de admiración y porque me remiten a otras obras conocidas: los 4000 carteles negros de Santiago Sierra (de los que hablaba recientemente Javier Abarca en Urbanario) y la acción Incomunicados, de Pablo Rubio, resultado -curiosamente- de la primera edición del Urban Art Workshop que curiosamente dirige Abarca.

Aunque los vi el viernes, sólo pude salir a fotografiarlos el domingo. El de Juanelo había desaparecido (sólo quedaba un pequeño cerco de cola sobre la pared gris), pero el de Santo Tomás aún estaba allí.

10 de julio de 2007

Paranoia. Avecrem en la calle de la Rosa.


No todo es arte urbano. Y no todo es, sencillamente, arte. Salvo que uno esté dispuesto a interpretarlo como tal a sabiendas de que se equivoca. No sé si es el caso, pero hace unos días, al pasar por la calle de la Rosa, me encontré una cajita con el logo de Avecrem (¿cueces o enriqueces?) clavada en un muro frente a una obra. La primera impresión fue de curiosidad y de pasar de largo, probablemente en el momento en que mis neuronas concluyeron que sería algún recipiente utilizado por los trabajadores de la obra. Pero inmediatamente después saqué la cámara e hice estas dos fotos, no fuera a tratarse (pensó alguien) de alguna pequeña obra de algún avezado artista urbano.

He ahí la paranoia. No quiero ni pensar qué pensaron los obreros cuando me vieron hacer la foto. En cualquier caso, está uno ya acostumbrado.

[ahora sólo faltaría que alguien confirmase uno de los dos extremos, cosa harto improbable, lo sé]

Actualizo: Como muy bien me temía y como mejor ha comentado Raull en su comentario (valga), la susodicha cajita es "la caja de los clavos" y yo estoy paranoico. Ya que no se trata de arte urbano, destaquemos la ingeniosidad de quien decisió que la cajita de los caldos era perfecta para semejante propósito.

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