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En las cumbres del Aljibe.
Historia, vegetación y vistas panorámicas.




La semana pasada iniciamos esta ruta que, partiendo del antiguo poblado de La Sauceda nos conduce a través de un sendero por las laderas del alcornocal, hasta las cumbres del Aljibe.

Desde el inicio del itinerario junto a la carretera, hasta la zona más altas, hemos salvado un desnivel de casi 600 metros, pero la subida ha merecido la pena. Kavafis, en su hermoso poema “Viaja a Ítaca” nos recuerda que lo importante es el viaje, el camino, y que llegar al destino es sólo un feliz pretexto para realizarlo. En este caso, si el recorrido por el bosque justificaría ya la realización del itinerario, alcanzar la zona de cumbres es también un merecido premio a nuestra caminata.

En la pilita de la reina.

Una vez en la planicie que corona la sierra, podremos acercarnos hasta los dos mogotes rocosos que la presiden. Si trepamos (fácilmente) al primero de ellos podremos ver entre los bloques de arenisca cubiertos por líquenes, una tumba antropomorfa excavada en la roca, conocida como la “Pilita de la Reina", quizás la más popular y conocida de todas. Con este mismo nombre se designa también en muchas ocasiones a esta cumbre ya que, según una tan extendida como infundada tradición popular, “se bañó en ella la reina Isabel la Católica”. Sepulturas similares aparecen en otros puntos de las sierras del Campo de Gibraltar y muchos investigadores las consideran “tardorromanas”, visigóticas o del periodo alto-medieval. En el segundo montículo puede verse el vértice geodésico del Aljibe (1.092).

Distintos autores, y también el “imaginario colectivo” han visto en la “Pilita de la Reina” y en otras oquedades excavadas en la roca, donde se retienen las aguas de lluvia, la explicación fundamental por la que este monte sea conocido como “El Aljibe”. Por esta razón, no es de extrañar que a mediados del s. XIX Pascual Madoz, ya contemplaba en su conocido Diccionario Geográfico esta posibilidad y así, al describir el relieve provincial, apunta que “en la eminencia de la sierra, existen los restos de un grande algibe de tiempos muy remotos, de donde quizá toma aquella el nombre” (1). Esta misma idea es apoyada por V. García de Diego (2) quien recuerda que el nombre de la sierra procede “del árabe al-chibb" o “pozo del aceite”, haciéndose este significado extensivo al de cisterna o depósito para almacenar líquidos. Otros autores, como el arabista Oliver Asín, participan también de esta opinión en relación con el origen del topónimo.

Frente a estas interpretaciones “transparentes” de este topónimo, el profesor Bustamante Costa atribuye a “Algibe” el significado de “el monte”, haciéndolo derivar del árabe antiguo /al-gébel/ (árabe clásico /al-gabal/) (3). Razones de carácter filológico y documental unidas a la relevancia geográfica de esta montaña, que la hacen destacar de manera nítida sobre el paisaje circundante, apoyan con fuerza esta propuesta (4).

De lo que no cabe duda es que estas cumbres están cargadas de historia siendo ya mencionadas en distintos documentos castellanos del siglo XIV. También se citan en el Libro de la Montería, atribuido a Alfonso XI donde se da cuenta de sus bondades cinegéticas: "… el Arroyo de los Almezes, que es al Pie de la sierra de Alxibel es buen monte de Oso e de Puerco en todo tiempo, e es la una bozeria de la parte de la Sierra de Mon Santo, como da en los Riscos de los Almeces; e la otra de parte del Cerro Breçoso. E es la armada en el abertura, q salle fasta la sierra del Gibel" (5).

Una rábita andalusí en las cumbres del Aljibe.

Diferentes autores apuntan la posibilidad de que en época andalusí existiera en las cercanías del pico del Aljibe una rábita. De ello dan cuenta, entre otros, Salas Organvídez, Gozalbes Cravioto, Becerra Parra y Martínez Enamorado. Las fuentes castellanas medievales así parecen confirmarlo y a esta rábita se alude en distintos documentos sobre los deslindes entre los términos de Cortes, Jerez, Alcalá y Jimena.

La denominación árabe de este emplazamiento situado en la línea de cumbres entre el Aljibe y El Montero era la de Bibarábita (con significación de “puerta de la Rábita”), “…siendo puerta sinónimo de paso de montaña o puerto. El nombre con el que es llamado en ese mismo documento el lugar es el de Puerto del Roble”, situado a poco más de un km al este del Pico del Aljibe, y visible desde las cumbres (6).



M. Antonia Salas, señalando los antiguos límites a finales del siglo XV entre Jerez, Cortes y Alcalá aporta el testimonio de Hamete el Fordu, vecino de Benarrabá quien menciona en arábigo los topónimos de las lindes entre términos, y donde volvemos a encontrar pistas sobre la mencionada rábita: “Desde el Puerto de Alcatyma al Cauz y a la Vallesta… Sigue por el Puerto de la Rábita o Bexuarabita y al Puerto de Ortela y al de Gales y al Puerto de Laurit y a la Peña de la Gallina… Especifica que todo lo de la derecha es de Cortes y lo de la izquierda, de Alcalá, Tempul, Cardela y Garciago” (7).

Para algunos autores, el paraje del citado Puerto del Roble, por el que hasta la primera mitad del siglo pasado se trazaba el camino que unía las vertientes de los arroyos de Pasada Llana (La Sauceda, Cortes), con las del Montero (Alcalá de los Gazules) pudo ser el emplazamiento de esta rábita andalusí (8). Becerra Parra y Martínez Enamorado se decantan por el Pico del Aljibe para la ubicación de este enclave, tomando como referencia los documentos de la visita de términos efectuada por la ciudad de Ronda a La Sauceda y las cumbres del Aljibe donde, al describir el lugar se menciona un villar: “Por la cordyllera de la syerra adelante fasta dar a una peña donde estava en ella una pila grande de agua, como



sepultura, que dixeron que se llamava la peña del Aljibe, donde estava un villar junto a la dicha peña alta …
”. Estos autores plantean que por lo inhóspito del paraje, azotado por los vientos de levante, es muy dudoso que existiera en las cumbres del Aljibe una pequeña aldea o villar, por lo que las ruinas de construcciones que en los siglos medievales pudieran observar los jueces de términos, bien pudieran corresponderse con la rábita que mencionan las fuentes castellanas, que encontraría aquí un emplazamiento más adecuado para sus labores de control del territorio, desde el a modo de balcón natural se dominan las costas africanas y del Estrecho, la Serranía de Ronda y la costa Atlántica de Cádiz (9). Sea como fuere, cada vez que venimos a las cumbres del Aljibe, nos gusta imaginar que al abrigo de sus peñas, los morabitos, mitad monjes, mitad soldados de frontera, cumplían con sus preceptos religiosos a la vez que vigilaban estos parajes fronterizos.

Una curiosa vegetación.

En estas zonas altas de la sierra, azotadas por los vientos y la lluvia expuestas al sol y a las heladas, el bosque deja paso a un matorral achaparrado adaptado a estas duras condiciones, en el que aparecen especies como brezos (brecina, brezo cucharero, bermejuela), jaras (jaguarzo, jara estepa) y robledillas, junto a coscojas, robles achaparrados y algunas leguminosas como Genista tridentata (retama de tallo alado o engordatoro) o Teline tribracteolata (escobón gaditano), entre otras (10).

En 1930 los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños visitan las cumbres del Aljibe y describen en su Estudio sobre la Vegetación Forestal de la Provincia de Cádiz la singularidad botánica de estos parajes y, en especial, la observación de distintas especies del género Quercus: “En algunos puntos de la sierra del Aljibe, al rebasar el canuto los 800 m. de altitud, el alcornoque desparece y en su lugar se presenta el roble, siendo raro que las tres especies reunidas ofrezcan porte arbóreo, sino que en el natural escalonamiento, creciendo la altitud vayan pasando por un máximo en el orden alcornoque-quejigo-roble; pero el último no llega a ese estado, pasando de nuevo a su talla arbustiva momentos antes de las crestas, que en ese lugar tienen unos 1.000 m. de elevación. En la provincia de Cádiz, únicamente existe el roble en el mencionado sitio y en corta



cantidad; teniendo en cuenta la cita que hacemos de encinas en el Picacho y la abundancia de la roulilla (robledilla) por todas las lomas, es curioso que en radio de 3 km. se hallen seis especies de Quercus, de las ocho clásicamente conocidas en nuestra Península
” (11).

De la misma manera, estos autores llaman la atención sobre el matorral achaparrado que cubre las herrizas de estas crestas y que describen como “asociación del Quercus humilis”, de las que podemos hoy observar, como hace casi cien años atrás, las especies más significativas que lo integran. Así, junto a la robledilla o roulilla, de porte achaparrado y rastrero, veremos las lustrosas matas de jara estepa, de flores blancas, o los omnipresentes brezos, que desde finales del invierno y durante la primavera, dan a estas cumbres con sus flores un hermoso tono blanco y rosado.

Un soberbio panorama.

Pero además de disfrutar con la observación de estas singulares especies vegetales, la subida al pico del Aljibe tiene otra magnífica recompensa. Si tenemos suerte y la atmósfera está limpia y despejada (después de un día de lluvia, o en una jornada con viento de poniente, por ejemplo), las vistas que podremos obtener desde este lugar se cuentan entre las más espectaculares de cuantas pueden ser observadas en la provincia de Cádiz. En caso contrario nos conformaremos, cuando menos, con admirar los amplios horizontes y entrever o adivinar las distintas sierras, poblaciones y parajes que se nos ofrecen.



Así, en un rápido recorrido en sentido de las agujas del reloj veremos, al norte, los Montes de Jerez y a lo lejos las tierras de Prado del Rey y las campiñas sevillanas. La mole rocosa de la Sierra del Pinar sirve como telón de fondo a las cercanas sierras de Ubrique. Hacia el Este, la Sierra del Endrinal nos muestra en sus faldas el caserío de Benaocaz, para pasar después a los perfiles del Caillo, Los Pinos y los montes de Cortes y la Serranía de Ronda, donde despunta el Torrecilla. Los días claros, puede verse hacia el sur el Peñón y el Etrecho de Gibraltar, así como los montes de Jimena y Castellar y, más cerca de



nosotros, siguiendo la cordal, el pico del Montero, con el radar militar coronando su cima. Hacia el oeste los horizontes se multiplican: Vejer, Benalup, el embalse del Barbate, Alcalá de los Gazules, más cerca... Los pueblos y ciudades de la Bahía de Cádiz se adivinan a lo lejos entre Medina y Paterna. Las lomas y cerros de la campiña, ofrecen un paisaje de molinos, que se extiende ya por buena parte de esta zona de la provincia. La Sierra del Valle, la silueta de Peña Arpada, Valdelagrana, El Puerto, Jerez… se suceden en esta magnífica vista.

La Sierra de Aznar, nos muestra la herida de su cantera y tras ella se



adivina Arcos y la Sierra de Gibalbín, y la central térmica de laJunta de los Ríos y las colas del embalse de Bornos… Muy cerca del Pico del Aljibe, hacía el norte, adivinamos la cercana cumbre del Picacho de la que nos separa la Garganta de Puerto Oscuro, donde volveremos en otra ocasión para bajar, con el río Barbate, hasta Alcalá.

Unas vistas excepcionales de las que sólo se puede disfrutar en lugares como este y que a buen seguro serán la feliz recompensa a nuestro paseo.

Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 69.
(2) García de Diego, V.: Toponimia de la zona de Jerez de la Frontera. Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Gráficas del Exportador. Jerez, 1972. Págs., 45 y 65.
(3) Bustamante Costa, J.: “Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 31.
(4) García Lázaro J. y A.: Por la Sierra del Aljibe. Tras las pistas de un curioso topónimo árabe. Diario de Jerez, 19 de Octubre de 2014.
(5) Libro de la Montería: L. Tercero, Cap. XXIX, 88. Ed. Andrea Pescioni. Sevilla, 1582. Ejemplar conservado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, disponible en Internet.
(6) Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo en la Serranía de Ronda: Una propuesta para el análisis de sus rábitas y zāwiya-s., Takurunna, nº 1, 2011, pp. 129
(7) Salas Organvídez, M.A.: “Relaciones de la ciudad de Jerez con la ciudad de Ronda y villas de la Serranía de Villaluenga. (Final siglo XV y XVI)”, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, Servicio de Publicaciones del ayuntamiento de Jerez, 2014, Pg. 379.
(8) Es el caso de Gozalbes Cravioto, C., citado por Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo,… p. 130.
(9) Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo... p. 130
(10) VV.AA.: Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar, Guías Naturalistas de la Provincia de Cádiz. III. Diputación de Cádiz, 1991. pp. 141-146
(11) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 129 y 201

Por su interés didáctico debemos y queremos citar aquí una obra pionera en la Educación Ambiental, en el que se recoge el fruto de una experiencia escolar en estos parajes, coordinada por nuestro amigo Agustín Cuello Gijón: VV.AA. LA Sauceda. Una experiencia escolar en el trabajo de campo de las Ciencias Naturales. Diputación de Cádiz. 1982.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Parajes naturales, Flora y Fauna, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios, De La Sauceda al Aljibe. Una Ruta por la Sierra del Aljibe (1)..

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/01/2017.

De La Sauceda al Aljibe.
Una Ruta por la Sierra del Aljibe (1).




Estos días en los que el otoño apunta ya a su fin y en los que las lluvias pasadas han hecho que nuestros campos y montes se vistan de verde, invitan a que los amantes del senderismo se animen a volver a disfrutar de las muchas rutas que pueden realizarse por la campiña y la sierra.



La que hoy les proponemos discurre por la Sierra del Aljibe, territorio a caballo entre las provincias de Cádiz y Málaga, donde confluyen los términos municipales de Alcalá de los Gazules, Jerez y Cortes de la Frontera. El Pico del Aljibe es la altura más destacada de los montes y sierras que pertenecen al Parque Natural de Los Alcornocales y con sus 1092 m de altitud, es también una de las principales cumbres gaditanas, superada tan sólo por las de la Sierra de Grazalema.

El itinerario parte del antiguo poblado de La Sauceda, un lugar cargado de historia al que dedicaremos otro artículo, situado en tierras del municipio malagueño de Cortes de la Frontera, al pie de la carretera que une Jimena con el Puerto de Gáliz, apenas a cuatro km de este último enclave.

Muy cerca del aparcamiento habilitado junto a esta vía, un cartel nos anuncia la entrada al Núcleo Recreativo Ambiental La Sauceda y otro nos indica el Sendero del Pico del Aljibe, apenas pasamos la cancela que se abre junto a una casa que sirve de oficina de recepción. De inmediato cruzaremos un pequeño puente junto al que se ha instalado un curioso reloj de sol y dejándonos llevar por la senda, a unos 1200 m.



llegaremos hasta una zona de cabañas habilitadas para turismo rural. El camino discurre entre verdes prados en los que aparecen ya los primeros alcornoques y quejigos, sobre cuyos troncos reclaman nuestra atención el verdor de los musgos y de los pequeños helechos que crecen en sus horquillas: los polipodios.

En el poblado de La Sauceda.

Llegamos así en un cómodo paseo hasta otra cancela (“siempre cerrada, ganado suelto”). Tras sortearla el sendero nos conduce, ente escobones de llamativas flores amarillas, jaras y gamones, hasta el interior del bosque de alcornoques.

El paseante curioso podrá observar en el borde del camino, a la derecha, unas piedras de molino que nos anuncian la cercanía de los restos de un antiguo molino harinero. Reconoceremos su alberca por los muros visibles junto al sendero, poco antes de llegar a las primeras cabañas que pertenecieron a los antiguos habitantes de La Sauceda, de las que se han restaurado una treintena. Caminando entre ellas llegaremos al arroyo Pasada Llana que desde el comienzo de la ruta nos ha acompañado a nuestra derecha y que cruzaremos por un rústico puente de madera. Desde aquí, el sendero sube entre las cabañas que se distribuyen por este lugar en tres



enclaves (La Ermita, La Pasada y La Rasera) y que fueron habilitadas en 1979, recuperando así algunas de las muchas que constituían este antiguo poblado.

La Sauceda tiene una larga historia a sus espaldas que cobra especial importancia en los siglos medievales y, posteriormente, en los siglos XVI y XVII cuando sirve de refugio a los monfíes. Originariamente, los monfíes (voz de origen árabe equivalente a “desterrados”) fueron moriscos rebeldes que huyeron a las sierras. Hay constancia de que tras la represión castellana de 1570, se refugiaron ya monfíes en



La Sauceda y otros lugares de la Serranía de Ronda donde permanecieron hasta bien entrado el siglo XVII (1).

El historiador Rallón relata cómo el 4 de septiembre de 1628proveyó la ciudad (de Jerez)… que fuese son Álvaro Pérez de Acuña y Bartolomé Román, veinticuatros, a la sierra con gente a allanar la de los monfíes”, ordenando a quien se encuentre con ellos “… que los prendan si pudiesen y dándolos por bandidos los puedan herir y matar como hombres de mala vida, banderizados y levantados contra la justicia y ninguno los traten ni comuniquen, so graves penas”. Los monfíes eran salteadores y se dedicaban también al robo de ganado en la campiña, refugiándose posteriormente en los lugares más intrincados de la sierra, siendo La Sauceda uno de sus lugares favoritos. Pese a las persecuciones que sufrían se escabullían por el buen conocimiento de este difícil terreno “cifrando toda su defensa en mudar puestos y esconderse por las breñas y sitios ásperos”. El mismo autor señala como en 1640, el problema persistía y “se hallaba Xerez con nuevos cuidados originados de la libertad con que los bandidos de la sierra –que se llaman monfíes- traían inquieta toda la comarca, saliendo de lo montuoso de la sierra a la tierra llana, en la cual cometían insultos y maldades” (2). El propio Miguel de Cervantes en El coloquio de los perros, alude a estos rebeldes refugiados en La Sauceda, a quienes denomina “los bravos de Andalucía” (3).

Siguiendo nuestro camino, y dejando atrás las historias de aquellos monfíes, que conocían el monte y el bosque como nadie, llegamos a una pequeña explanada presidida por las ruinas de la antigua ermita del poblado de La Sauceda edificada posiblemente en 1923, como señala una inscripción en la parte superior del campanario, y destruida por los bombardeos de la aviación franquista en noviembre de 1936. Conviene recordar como en las primeras décadas del siglo XX La Sauceda era un núcleo rural muy poblado por familias que vivían de los aprovechamientos del monte. Pastores, corcheros, carboneros, arrieros… formaron allí una concurrida comunidad que sirvió de refugio, en los primeros meses del golpe militar, a quienes desde los pueblos cercanos (Jimena, Alcalá, Ubrique, Cortes), de la campiña de Jerez y de distintos rincones de las sierras de Grazalema y Ronda, huían de la represión franquista. Las represalias contra los habitantes del poblado y quienes se refugiaban en él fueron brutales y en el cercano cortijo de El Marrufo, convertido en centro de detención, tortura y ejecución, fueron asesinados hombres, mujeres y niños. Entre 300 y 600 personas se cree que pueden estar enterradas en la que es la mayor fosa común de Andalucía (4).



Siempre que venimos a La Sauceda, aprovechamos para visitar el cercano cementerio donde están enterrados los cuerpos exhumados en El Marrufo, para rendir tributo a la memoria de las víctimas.

Por el sendero de El Aljibe.

Dejamos atrás la ermita para proseguir nuestro camino y nos dirigimos hacia un llano vecino en cuyo centro se ha reconstruido un viejo horno de pan, en torno al que se levantan otras construcciones y una fuente donde podremos aprovisionarnos de agua.

Desde este mismo lugar parte el sendero bien señalizado que, tras sortear una angarilla, se bifurca, desviándose a la derecha hacia la



Laguna del Moral. Seguiremos por el de la izquierda en dirección al Pico del Aljibe entre un denso bosque de alcornoques y quejigos en el que llama la atención el magnífico porte de algunos ejemplares, así como algunos árboles con ramas tronchadas o troncos caídos, por efecto de los temporales de viento y nieve. El arroyo nos acompaña durante todo el recorrido y en sus orillas no faltan ojaranzos, adelfas, sauces, fresnos. El ojaranzo o rododendro es, con sus hojas de un verde intenso y lustroso y sus llamativas flores de pétalos grandes y rosados, una de los atractivos del itinerario.

En un punto de nuestro ascenso, el sendero se va separando progresivamente de la orilla del arroyo, ganando altura, para pasar a los pies de grandes bloques de arenisca que quedan a nuestra derecha. Estas curiosas rocas guardan a sus espaldas un pequeño secreto: los restos de otro viejo molino harinero, sobre cuyos muros arruinados crecen musgos, hiedras, helechos… Entre los bloques y lajas se adivina lo que en su día fue el canal que conducía las aguas hasta el cubo del molino y, oculto por la vegetación, aún puede verse el arco de piedra bajo el que la fuerza del agua movió, hace décadas, el rodezno.

Siguiendo nuestro ascenso llegaremos a una pista forestal que tiene su origen en la carretera, junto al punto donde iniciamos el itinerario, y que recorre las laderas de umbría de esta sierra hasta salir a la vía que une Alcalá con el Puerto de Gáliz. Por esta pista (que tiene un depósito de agua junto al sendero) seguiremos subiendo, en un cómodo paseo, a través de un denso alcornocal cuyas laderas se encuentran tapizadas por los omnipresentes helechos comunes que lo cubren todo. Tras un suave recorrido de algo menos de un kilómetro, encontraremos a la izquierda de la pista un arroyo cuyo cauce ha sido cortado



con un murete que forma un pequeño salto de agua. Justo en este lugar, una indicación nos señala el ”Sendero del Pico del Aljibe”, debiendo desviarnos a la izquierda, abandonando la pista por la que habíamos venido subiendo, para internarnos de nuevo en el bosque e iniciar un ascenso muy empinado entre alcornoques, quejigos y cantos de arenisca.

Camino de las cumbres.

Estamos ante el tramo más duro del camino y si hasta aquí el itinerario estaba marcado con postes y señales blancas pintadas en las rocas, ahora deberemos fijarnos en los hitos, esos pequeños montones de piedras, que de vez en cuando nos marcan el sendero. En otoño e invierno, después de las lluvias, la senda se presenta en algunos puntos rezumando agua y con firme resbaladizo, por lo que habrá que extremar las precauciones para evitar caídas. A las especies vegetales que nos han acompañado durante todo el recorrido se suman en este tramo acebos y robles, especies ambas que sólo podemos ver en contados lugares de algunos montes de la provincia de Cádiz. En las zonas encharcadas, y húmedas de las laderas, atraerán nuestra atención los ranúnculos, cuyas llamativas flores amarillas contrastan con el lustroso verdor de sus hojas. Dignas de destacar son también las distintas especies de orquídeas que encontraremos en el recorrido o las romuleas, o las saxífragas, o los ruscos…. En las más expuestas no faltan tampoco jaras, aulagas, retamas, escobones, jaguarzos… (5).

Al llegar a un pequeño claro en cuyos linderos abundan los majuelos, el suelo se encharca por la presencia de un manantial que brota cercano como delatan los juncos. En este lugar pueden verse cilindros de malla que protegen plantones de una repoblación forestal. La pendiente disminuye, y el sendero, cómodo y bien marcado, se ensancha y discurre entonces por un bosque menos denso y más aclarado con alcornoques más jóvenes, entre los que crecen también robles de escaso porte. El horizonte se despeja y frente a nosotros, a la derecha, en dirección suroeste, vemos ya cercanos los bloques rocosos que presiden las cumbres del Aljibe, entre un denso matorral en el que, si realizamos la visita en primavera, destacan los tonos rosados de la brecina en flor.



Continuaremos por el camino hasta llegar a un cercado de piedra que separa las provincias de Cádiz y Málaga y los montes y términos de Cortes y Alcalá. Tras cruzar la alambrada, habremos llegado a la zona de cumbres de la Sierra.
Continuará la próxima semana: “En las cumbres del Aljibe”.
Para saber más:
(1) Torremocha Silva, A.: Los monfíes de la Alpujarra y la Serranía de Ronda: ¿salteadores de caminos u hombres santos?. Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales, [S.l.], n. 7-8, p. 277-300, jun. 2014. ISSN 2341-3549. Disponible en: http://www.epccm.es/index.php?journal=epccm&page=article&op=view&path%5B%5D=178. Fecha de acceso: 14 dic. 2016
(2) Rallón E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. IV, p. 43 y 68.
(3) Miguel de Cervantes: El coloquio de los perros. Nosotros hemos consultado la edición. “El Licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, Ebro, 1960 p. 85.
(4) Huguet, A.: En busca de los 600 del Marrufo, Diario El País, 13 de julio de 2012.
(5) VV.AA.: Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar, Guías Naturalistas del a Provincia de Cádiz III, Diputación de Cádiz, 1991, pp. 141-146.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar El paisaje y su gente, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios, En las cumbres del Aljibe. Historia, vegetación y vistas panorámicas (2)..

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/12/2016.

 
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