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Tiempo de vendimia
Un paseo por los pagos de viñas de Jerez (y II).




Estos días de septiembre en los que las faenas de la vendimia nos han vuelto a recordar la antigua y estrecha vinculación de la ciudad con las viñas, nos hemos asomado a estos hermosos parajes de la campiña para pasear por los antiguos pagos.

Si la semana pasada iniciamos nuestro recorrido por los viñedos que se encontraban a ambos lados de las carreteras de Sevilla, Morabita y Trebujena, hoy vamos a terminar este itinerario visitando los pagos de los rincones noroeste, sur y este de nuestro término municipal, colindantes ya con los de Sanlúcar, Rota y El Puerto. ¿Nos acompañan?



Por la “Carretera del Calvario”.

La conocida como carretera del Calvario, “Carretera de Las Viñas” o camino de Bonanza, por la que desde Jerez se llega al Guadalquivir, es de obligado recorrido para admirar el paisaje del viñedo de nuestra campiña, al ser una de las que cruza un mayor número de pagos. El del Cerro de Santiago, que encontramos a la izquierda de la ruta, apenas salimos de la ciudad, tiene en sus faldas los viñedos de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, presididos por sendas casas de viñas construidas en el siglo XIX. La de Cerro Nuevo, levantada en 1839 por la familia Pemartín, se



atribuye al arquitecto francés Garnier, autor de la Opera de París y pasa por ser una de las más singulares y señoriales de todo el Marco. Perteneció al escritor José María Pemán quien escribió en este lugar buena parte de su obra.



A la espalda de estas viñas y también en las laderas del Cerro de Santiago, destaca La Constancia, visibles desde la carretera. La Polanca, Santa Leonor, La Capitana, La Sobajanera… son otras tantas viñas, alguna con su casa ya arruinada, que el viajero puede encontrar en este rincón de la campiña.

A la izquierda de la carretera, apenas cruzamos la Ronda Oeste, queda el pago de Corchuelo en cuyo cerro destaca la viña de Vistahermosa.



Junto a una hermosa y remozada casa de viña del XIX, se alzan aquí las nuevas bodegas de Luis Pérez desde las que se domina buena parte de los viñedos de este sector de la campiña, con la ciudad de Jerez al fondo. En el cruce con la Cañada de Cantarranas, nuestra ruta deja a la derecha las tierras del pago del Amarguillo, cruzadas por el arroyo y cañada del mismo nombre que lindan con las tierras de Macharnudo Bajo.



Frente a él, al otro lado de la carretera, las viñas se extienden también por las laderas del Cerro de Orbaneja, otro afamado pago donde sobresale la casa de viña de Santa Bárbara, que se ubica en lo más alto del puertecillo que cruza aquí nuestro camino. Tras pasarlo se desciende hacia El Higuerón y El Barroso, fincas que lo fueron de viñedos tiempo atrás aunque hoy acogen cultivos de cereal. Frente a nosotros, a la derecha de la ruta despunta aquí Cerro Pelado, otro pago con conocidas viñas como El Barrosillo, con un espléndido caserío desde el que se divisan las marismas de Tabajete y las Mesas de Asta. Tizón, con excelentes tierras o Prunes, son otros tantos pagos de esta zona. Este último, el de Prunes, está presidido en lo más alto de sus lomas, por el llamativo caserío de la que fuera viña de San José, a cuyos pies crecen los últimos viñedos del antiguo Camino de Bonanza (1).



En las viñas de las Tablas y Añina.

Entre la carretera del Calvario y la de Sanlúcar, junto a los actuales núcleos rurales de Añina, Las Tablas y Polila se encuentran renombrados y antiguos pagos de viñas como Zarzuela, Cantarranas, San Julián o Añina. Este último se vincula a través de su nombre con la presencia romana en estas tierras de la campiña. El topónimo, de origen latino, apunta a un posible nomen possessoris, el de un romano llamado Annius (o Anius), nombre que consta en la epigrafía gaditana y que tal vez fuera uno de los primeros propietarios de viñas de la zona.



Entre las barriadas rurales de Añina y Las Tablas, la carretera deja a ambos lados un paisaje de viñas que hará las delicias del paseante entre las que se encuentran las de Santa Luisa, La Blanquita, La Trinidad, El Aljibe, La Zarzuela…



Muchas de estas viñas conservan aún los antiguos pozos, que bien merecería la pena conservar como elementos que forman parte del patrimonio rural antes de que terminen por desaparecer.



Algo más adelante, frente a La Tablas, una portada reclama nuestra atención: “Phelipe Zarzana Spínola”. Se trata del acceso a los viñedos Ximénez-Spínola que, desde el siglo XVIII vienen cultivando en exclusiva la variedad Pedro Ximénez, produciendo unos vinos sencillamente excepcionales.

Nos gusta perdernos por los carriles de las viñas del pago de Añina, de Las Tablas, de san Julián… Sin duda, estas laderas de viñedos sobre albarizas, orientadas al mar, ofrecen magníficas estampas de los paisajes del viñedo jerezano.

Por la carretera de Sanlúcar.



En dirección a Sanlúcar, a la derecha del camino, los pagos de Alfaraz y San Julián, separados por la carretera de Las Tablas, albergan renombrados viñedos por los que en otros tiempos cruzaba la traza del ferrocarril camino de Bonanza. El de San Julián, próximo a la barriada El Polila, tiene conocidas viñas como las de Santa Honorata o San Julián. En el de Marihernández, más adelante, destaca la viña de La Cruz del Husillo y en el de Alfaraz la de Cerro Obregón, desde cuya casa, hoy habilitada como establecimiento hostelero, se domina una magnifica perspectiva. Balbaina y Los Cuadrados, son otros de los pagos de viñas que encontramos a la izquierda de esta carretera. Este último alberga viñas como La Soledad, El Cuadrado, La Plantalina o Viña de Dios. Frente a ellos está también el de Montana, al noroeste de Las Tablas, por cuyas tierras discurría el ferrocarril de Bonanza.



Por los viñedos de Balbaina.



Entre las carreteras de Sanlúcar y Rota, el pago de Balbaina, de claras resonancias latinas y vinculado por algunos autores a la familia romana-gaditana de los Balbo, es uno de los de mayor extensión del marco y sus viñedos reciben como pocos, la influencia de los suaves vientos procedentes del Atlántico. El Laurel, Santa Teresa, La Rabia, La Estrella, La Carpintera, La  Torre… son los nombres de algunas de las viñas de este pago que cuentan con más de un siglo de existencia y han llegado hasta nuestros días. Junto a ellas, otras más conocidas como La Esperanza, El Caballo, o La Santa Cruz o La Blanquita o El Calderín del Obispo… A buen seguro, que los paisajes de Balbaina bien merecerían una ruta turística por los carriles y cañadas que cruzan estos viñedos, con la correspondiente señalización, como se ha hecho en las vecinas viñas del mismo pago que pertenecen al término municipal de El Puerto. ¿A que esperamos para poner en valor estos hermosos parajes?



En la margen izquierda de la carretera de Rota se ubican los pagos de Carrahola y La Gallega, separados ambos por la Cañada de las Huertas. En el primero de ellos se encuentran conocidas viñas como La Capitana, El Bizarrón, Canibro o Las Mercedes. En el de La Gallega, otras como Santa Lucía, La Churumbela, La Gallega… alguna de las cuales han perdido ya sus tradicionales cultivos. Las tierras de este hermoso rincón de la campiña acogen también al pago de Los Tercios, ya en el término municipal de El Puerto de Santa María, colindante con los anteriores.

Las viñas del Sur.



Entre las carreteras de El Puerto y El Portal, al abrigo de la Sierra de San Cristóbal, junto a la actual laguna de Torrox y en las proximidades del campo de golf, los pagos de Torrox y Anaferas, se cuentan entre las escasas zonas de viñedos situadas al sur de la ciudad. Este último hace alusión en su nombre a los barros que se extraían en este lugar para hacer “anafes” (hornillos de material cerámico), vocablo también de origen árabe. La Hijuela de las coles (o de Las Anaferas) y la de Pozo Dulce, conectan la ciudad con la Cañada del Carrillo, a los pies de san Cristóbal y atraviesan estos antiguos pagos de viñas en los que aún sobreviven algunas como las de La Consolación, La Perla, Niño Jesús de Praga…Todavía hay algunas viñas en el pago de Parpalana, junto a El Portal, donde cubrieron en su días estas lomas de albariza que hoy se dedican mayoritariamente a otros cultivos Muy escasas son también en el pago de Solete, donde ataño los viñedos ocupaban toda la zona que se extiende entre Vallesequillo y Río Viejo y hoy se han reducido, de manera residual a las que se mantienen en la Hijuela de La Granja. Sólo las ruinas de las antiguas casas de viña dan fe de aquellos cultivos. También han desaparecido casi por completo en el de Gibalcón, pago colindante con la laguna de Torrox del que ya no queda ni su sonoro nombre.



Los viñedos del Este.



Atrás quedan los tiempos en los que las viñas dominaban el paisaje de grandes sectores de la zona este de Jerez, hoy absorbidos por el crecimiento urbano. Este era el caso de los pagos, ya desaparecidos de San José (junto a la carretera de Arcos), La Canaleja, Barbadillo o El Pinar, pago este último ocupado en la actualidad por extensos barrios de unifamiliares.



Ya en zonas más alejadas de la ciudad y en dirección Este encontramos manchas aisladas de albariza, arenas pliocenas o suelos margosos de “tierras blancas” donde también se cultivan viñas. Nos referimos a pagos o fincas como los de Espínola, Lomopardo, Montealegre, Cuartillos, Los Isletes, La Peñuela, Montecorto, Cartuja de Alcántara, Torrecera



De todos ellos, de sus paisajes diversos e igualmente hermosos, nos ocuparemos en futuras salidas “entornoajerez”.

Para saber más:
(1) Pemartín, J.: Diccionario del vino de Jerez. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1965.
(2) García de Luján, A.: La viticultura del Jerez. Mundi-Prensa Libros, S.A. Madrid, 1997, pp. 40-41.
(3) Borrego Soto, M.A.: (2008) “Poetas del Jerez Islámico”, AAM 15: 4-78
(4) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes, 2002, p. 243-244
(5) Ibidem, p. 258
(6) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. S. de Publicaciones de la Universidad d Cádiz., 2003, Pg. 96
(7) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 169.
(8) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 212.
(9) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, pp. 263-264


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar:
Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/09/2016

Por la “carretera del Calvario”.
(II) Buscando el Guadalquivir.




Desde Jerez, siguiendo la “carretera del Calvario”, el paseante ha hecho un alto frente a la Casa del Higuerón donde en 1893 se descubrió una importante inscripción romana del s. IV. Retomando el camino, en un recodo que se abre a la derecha, encontramos algo más adelante la entrada de la Cañada del Amarguillo. Merece la pena que nos desviemos momentáneamente de nuestra ruta para disfrutar de los paisajes y la historia de este hermoso rincón de la campiña.

La Cañada del Amarguillo corre paralela al arroyo del mismo nombre cuyas aguas, de carácter salobre, forman pequeñas charcas en muchos puntos de su cauce donde se adivina una pátina blanca de sal. Este arroyo se abre camino por los bajos que se forman entre el Cerro Pelado y el del Hinojal y los cerros de Macharnudo y Santiago, para cruzar después la carretera del Calvario junto al Rancho de los Cedros y continuar hacia Las Salinillas. Aguas abajo, ya cerca de Jerez, cambiará su nombre por los de La Loba y Guadajabaque, alimentando la Laguna de Torrox y desaguando en el Guadalete a través de un aliviadero subterráneo.



Por Puerto Escondido y el Cerro del Barco.



En su primer tramo, la cañada deja a sus lados los célebres pagos de viñedos de Cerro Pelado, Tizón, Macharnudo Bajo y Santiago, donde aún se conservan antiguas casas de viña como las de La Gallarda, Santa Teresa, La Palma, Santa Petronila…. Una de las más singulares es la del Dulce Nombre de María, que domina el Cerro de la Carpintera rodeada por la frondosa arboleda de su jardín. A lo lejos, coronando las lomas de Macharnudo, despunta la torre de la viña El Majuelo una de las más antiguas y célebres de la campiña. Más modesta, la Casa del Barco, queda alejada del camino y desde ella se nos ofrecen los dilatados paisajes de la marisma de Tabajete y las Mesas de Asta. Otra de estas antiguas casas de viña, la de San Isidro ha sido remodelada hace unos años, y nos muestra su blanco caserío en la ladera del Cerro del Hinojal, en un paraje conocido desde antiguo con el curioso nombre de Puerto Escondido.



En este rincón, y sin pasar por alto estos llamativos topónimos, distintos autores han planteado la existencia de un posible canal natural que pudo comunicar en tiempos pretéritos los cursos del Guadalete y el Guadalquivir. Esa es la hipótesis que plantea el profesor Genaro Chic García. Dejemos que él nos lo explique: “Estudiando el mapa geológico de la provincia de Cádiz, publicado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas en 1971, hemos podido comprobar la existencia de una única estrecha y larga franja de carácter diluvial (cuaternaria) que, partiendo de la zona del Portal, al sur de Jerez de la Frontera, continúa hacia el Noroeste siguiendo la Cañada de la Loba y bifurcándose poco más arriba de Jerez en dos brazos: uno, por la derecha sigue unos tres kilómetros por la Cañada del Moro para morir a la altura del km 4 de la carretera de Jerez a Trebujena. El brazo izquierdo sigue la dirección de la Cañada del Amarguillo para terminar a dos km. del extremo sur de las marismas de las Mesas de Asta, pertenecientes al Guadalquivir.



El tramo intermedio está ocupado por el llamado Cerro del Barco, al que rodea la Cañada Ancha, continuación de la del Amarguillo por su parte Sur y cuyo último tramo por el Norte discurre ya por la zona de la marisma antes citada en la que tiene su directo final. En el corto tramo de esta Cañada encontramos nombres tan sugerentes como Casa del Barco, Cortijo de Puerto Escondido y Puerto de los Olivos. La altitud actual sólo supera la cota 20 m en el paso comprendido entre los cerros Pelado y del Hinojal, las únicas elevaciones destacadas en todo el trayecto; paso que fácilmente se ha podido ir colmando, tanto por los aportes de las aguas marinas, como, sobre todo, por los materiales que arrastran hacia abajo el viento y las lluvias al incidir sobre ambos cerros
”. (1)

Apunta el profesor Chic García que esta tesis, por razones geológicas y de altura de los terrenos, es más verosímil que las de otros autores como Martín de la Torre (que propone la unión por la marisma de Asta, Cañada Ancha y Caulina) o Chocomeli (quien la traza a través de los Arroyos de Tabajete y Salado de Rota). De esta misma opinión es también Alberto M. Cuadrado Román, quien en un interesante estudio sobre “Los Canales de Jerez” denomina a esta posible unión a través de un estero existente en tiempos pasados entre Guadalete y Guadalquivir, como “Canal de Guadabajaque”. Este autor aporta la altimetría de los diferentes lugares por los que pudo trazarse este estero, y plantea la existencia de “una estructura meándrica entre los cerros de Santiago y del Canónigo, que sería un vestigio del antiguo recorrido del canal. La longitud total del recorrido es de 23 km desde Asta al paleo estuario del Guadalete” (2). Se trata del curso actual del arroyo del Amarguillo que puede recorrerse por la cañada del mismo nombre.

Por el Barroso y el Barrosillo.



De nuevo en la carretera, dejando atrás la Cañada del Amarguillo, continuamos nuestro camino para llegar al cruce de la carretera que conduce a Las Tablas (a la izquierda en sentido de la ruta) y por la que podremos enlazar con la carretera de Sanlúcar pasando por el pago de Añina. Algo más adelante, a la izquierda, se encuentra el cortijo de El Barroso, en la explanada de un antiguo descansadero de la Cañada de Maricuerda y Tabajete que, procedente de las Tablas, nos conduce en dirección a Mesas de Asta atravesando parajes que lo fueron de marismas.



Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII, acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el Cortijo del Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Desde El Barroso (cuyas tierras tuvieron como ilustre propietaria ya en el S. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno) la carretera abandona las tierras de viñas e inicia un suave ascenso hacia el Cerro del Cuco y las Lomas de Cestelo. A ambos lados del camino se extienden sembrados de cereal (trigo, cebada, cebada cervecera…) y girasol, que sirven de cobijo a una interesante avifauna. Estas tierras de la campiña cerealista comprendidas entre Mesas de Asta, Trebujena, Lebrija y El Cuervo, próximas a las marismas, fueron el último enclave documentado de nidificación de la avutarda en la provincia de Cádiz, siendo en la actualidad zona de cría de diferentes especies de aves de gran interés faunístico.



Estos hábitats esteparios, que constituyen medios abiertos y desarbolados, como las extensas zonas de cultivos de secano que aquí vemos, acogen a no pocas especies singulares como sisón común, alcaraván, canastera común, terrera marismeña o curruca, entre otras, muchas de las cuales hacen sus nidos en el suelo. Es fácil también ver sobrevolar estos sembrados en busca de sus presas al cernícalo primilla o al aguilucho cenizo. Para contribuir a la protección y conservación de estas especies de aves esteparias, la Junta de Andalucía ha firmado convenios de colaboración con los propietarios de fincas agrícolas en estos parajes colindantes con las marismas de Tabajete.

Continuando nuestro camino, podremos ver a la izquierda, a lo lejos, las tierras del cortijo de Alijar, donde se instaló el primer parque eólico del término de Jerez. A la derecha se adivina la pequeña planicie de las Mesas de Asta, sobre la que se asentó la ciudad de Hasta Regia, que nos delata un bosquete de eucaliptos.



Frente a nosotros, a la izquierda del camino, una construcción singular se alza en un pequeño cerro. Es el cortijo de San José de Prunes, en el que llama la atención, a medida que nos acercamos, la peculiar fisonomía del sobrio edificio de dos plantas de su señorío, que nos recuerda por su aspecto a un viejo cuartel y que, lamentablemente, se encuentra semiderruido. En su fachada, de gusto decimonónico, se abren de forma simétrica los huecos de puertas y ventanas, recercados con ladrillos pintados en rojo. Sobre el balcón de la puerta principal se conserva un curioso panel cerámico con la imagen de San José, de posible origen valenciano, que se ha deteriorado en los últimos años (5). Un pretil oculta el tejado, contribuyendo así a la apariencia de “edificio urbano”, de este cortijo que se nos antoja extraño en medio de las viñas. Como se señala acertadamente en el estudio Cortijos Haciendas y Lagares de la Provincia de Cádiz, “ Por la contundencia de su volumen y su composición, se alza desde su posición elevada con una clara vocación de dominio del paisaje”. (4)


En relación con este lugar, el arabista M.A. Borrego Soto (6) plantea la posibilidad de que el topónimo de Prunes (que también aparece como Brunes o Prunas, según distintas fuentes) pueda estar relacionado con la alquería árabe de Bunas, vinculada al territorio jerezano en la Cora de Sidonia. De esta aldea era originario el “sabio jerezano” Abu Ishaq al-Bunasi al-Sarishi (1177-1253). Su localización geográfica no se ha confirmado y distintos autores “adjudican” este mismo topónimo a Bonanza o Bornos. A nosotros nos gusta suponer, de acuerdo con este autor, que en estos parajes de Prunes, camino del Guadalquivir, pudo estar situada la citada alquería. Otros autores (Galmés de Fuentes), apuntan también a que el topónimo Prunes, puede corresponder al plural femenino de pruno (ciruelo), forma característica de los dialectos mozárabes meridionales. (7)

Por las tierras de El Olivillo y Ventosilla.



Dejando atrás este cortijo y, tras superar un puertecillo que se abre entre el Cerro del Cuco y la Loma de Cestelo, la carretera inicia un suave descenso y el paisaje se abre hacia los extensos horizontes de las tierras de marismas, que se intuyen a lo lejos, junto a los invernaderos y el pinar de la Algaida, ya en las proximidades del Guadalquivir. En este lugar se encontraban en tiempos pasados las casas de Cestelo Alto y Bajo. De esta última sólo permanecen los restos de un pozo y una reducida arboleda (en la que aún persisten viejos olmos) que se adivina a la izquierda de la carretera, tras el cortijo de San José de Prunes. Conviene recordar que las lomas de Cestelo Alto o la colindante Loma de La Cartuja, donde se levanta hoy el parque eólico “El Olivillo”, cuentan con diferentes yacimientos arqueológicos con adscripción cultural a la protohistoria (bronce final) y a la época romana. La cercanía de la marisma de Ébora, en el ámbito del antiguo “Lacus ligustinus”, la gran paleo ensenada del Guadalquivir en la antigüedad, justifica en buena medida esta presencia de restos arqueológicos en los lugares citados (8).



Desciende ahora la carretera hasta el llano en el que se enclava el caserío de El Olivillo. A la izquierda, en la ladera de una loma, veremos las Casas de San Francisco, conjunto de construcciones para viviendas de los trabajadores del cortijo. Al poco, el camino pasa junto al Cortijo del Olivillo, que deja a la derecha, en las tierras de Ventosa y Ventosilla.



Estos antiguos topónimos apuntan lo acertado de la instalación en estas lomas de un parque eólico. Este cortijo presenta una singular fachada, presidida por un gran olivo, en la que llama la atención el edificio del señorío -con una curiosa campana sobre el tejado- así como una capilla sobre cuya entrada hay un notable panel de azulejos con escenas de temática religiosa. Las explanadas que se encuentran frente al cortijo, así como las cercanas del de Ventosilla, son utilizadas como lugar de parada y descanso por las carretas que realizan la Romería del Rocío.

Algo más adelante, poco antes de llegar al cruce con la carretera de Trebujena a Sanlúcar, llegamos al cortijo de Ventosilla, muy reformado en la actualidad. El antiguo tentadero y las viejas naves en las que se encerraba el ganado estabulado, han sido restaurados y habilitados como restaurante y locales para fiestas y celebraciones. Lejos quedan los tiempos en que estas tierras de La Ventosilla (como las de Prunes) formaban parte de uno de los donadíos de Alfonso X, en el siglo XIII, contándose entre sus primeros propietarios a Don Alfonso Pérez de Guzmán, “Guzmán el Bueno” que lo fue también del cercano Donadío de Alixar (Alíjar). Más adelante, y hasta su desamortización en el siglo XIX, fueron propiedad del Monasterio de San Jerónimo de Bornos.

Al llegar al cruce, seguiremos la carretera hacia Sanlúcar, y ya a la derecha, el paisaje nos mostrará la inmensidad del antiguo estuario del Guadalquivir, las tierras de La Algaida, el cerro en el que se encuentra el cortijo de Ebora, tan vinculado a Tartessos, las lomas de Martín Miguel… Y seguiremos así, camino ya de Sanlúcar, de Bonanza, de Bajo de Guía…, hasta el Guadalquivir.


Para saber más:
(1) CHIC GARCÍA, G.:Gades y la desembocadura del Guadalquivir”. Gades, 3, 1979, pp. 7-23, pag. 7.
(2) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90, pg.79
(3) En López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 163-164, pueden verse interesantes imágenes aéreas de vestigios del antiguo trazado de la Vía Augusta por este rincón. Cesar Pemán recuerda como los vestigios han sido visibles en las cercanías del cortijo de Tabajete hasta mediados del siglo pasado en su estudio: “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz”. A.E.Arq XXI: 255-268. Pg. 258, Madrid, 1948.). El mapa de la provincia de Cádiz de F. Coello (1868) señala también el antiguo trazado de la Vía Augusta en las cercanías de Tabajete. De ello han escrito R. Gónzález Rodríguez y D. Ruiz Mata (1999): “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Historia de Jerez. T. 1, pg. 153); J. Caballero Ragel en “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez” Diario de Jerez 12/06/2012, o J. Montero Vítores (2012): “Los caminos de la Vía augusta en torno a Ceret”: Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez ISSN: 1575 – 7129.
(4) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, pg.196.
(5) Sobre el posible origen valenciano del panel cerámico de San José de Prunes puede consultarse el enlace: http://carloscatalanfont.blogspot.com.es/2011/11/tres-retablos-caramicos-de-san-jose-y.html
(6) Borrego Soto M.A.: ”El sabio jerezano Abu Ishaq al-Bunasi (i). Prunes”: en el Blog: “En la tierra de Sidueña”: http://donnablanca.blogspot.com.es/2009/10/prunes-y-el-sabio-jerezano-abu-ishaq-al.html
(7) Galmés de Fuentes, A.: Los topónimos: sus blasones y trofeos (La toponimia mítica), Real Academia de la Historia, Madrid, 2000, pg. 84.
(8) Mata Almonte, E. y Márquez Carmona, L.: "Prospección arqueológica con sondeos en El Olivillo, Jerez de la Fontera, Cádiz", en Anuario Arqueológico de Andalucía/2011. III Actividades de urgencia, Volumen 1. pp, 75-80.


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Otros enlaces que pueden interesarte: Carreteras secundarias, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios, Por la “carretera del Calvario”. (I) Buscando el Guadalquivir.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 8/06/2014

 
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