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Curiosos topónimos en la campiña de Jerez.
“Lo pequeño es hermoso”.




Como recordarán los lectores, la semana pasada hicimos un recorrido por algunos curiosos topónimos relativos a cortijos del término que tenían como “pareja” al mismo nombre en diminutivo. Comentamos así aspectos relevantes de algunos de ellos como Alijar y Alijarillo, Berlanga y Berlanguilla, Barroso y Barrosillo… A veces estos “nombres dobles” están referidos a parajes, dehesas o grandes fincas que no tienen por qué identificarse con un cortijo o una construcción concreta, aunque si suelen estar vinculados por relaciones de proximidad.

Jarda y Jardilla, Rojitán y Rojitanillo, Montifarti y Montifartillo.



Ejemplos de ello los tenemos en la zona de los Montes de Propios de Jerez, en la zona este de nuestro término, y tienen su origen en divisiones de las grandes fincas o en la identificación de un topónimo menor con el mayor de otras fincas o dehesas colindantes. Veamos algunos casos.

El nombre de La Jarda, que con 600 hectáreas es la mayor de las fincas de nuestros Montes, figura ya en documentos medievales, como sucede también con su “hermana pequeña”, La Jardilla (1). El topónimo puede tener su origen en el sustantivo “halda”, sinónimo de “falda”, es decir, la parte baja de un monte o sierra. Con este nombre de “Halda”, figuran también estos parajes en el primer mapa topográfico del IGN de 1917.



Ubicada a los pies de la Sierra de La Gallina, las laderas de la Jarda están cubiertas de monte alcornocal albergando en sus zonas basales prados donde pasta el ganado retinto. La dehesa de La Jardilla ocupa el sector más oriental de los Montes, colindante con la finca de La Alcaría (2).



Montifarti (o Montifarte) y Montifartillo dan nombre a dos antiguas dehesas que forman parte de los Montes de Jerez. Ubicadas al sudoeste de La Jarda, entre la Sierra de Las Cabras y la del Aljibe, llegamos a ellas por la carretera que, desde Alcalá de los Gazules, se dirige al Puerto de Gáliz. Tienen una superficie de 820 hectáreas, estando surcadas, entre otros arroyos, por la Garganta del Caballo y la de Ortela. Estos parajes ya aparecen descritos en textos árabes del siglo XI y en el origen de su nombre se encuentra una curiosa historia relacionada Abū’l-Jayr al-Išbīlī, (“el sevillano”) uno de los más afamados botánicos y agrónomos andalusíes de su tiempo.

Como “jardinero” del rey al-Mutamid, (S. XI), visitó nuestros montes en busca de especies vegetales de utilidad medicinal y, en especial, de unos enebros singulares que crecían en las cercanías de la fortaleza de Tempul (hins Tubayl), próxima a los famosos manantiales (3). En uno de sus tratados en el que describe las hojas, madera y semillas de estos enebros, así como sus propiedades para las afecciones del corazón escribe: “Yo he visto esta especie al sur de Arcos (Arkus), en el monte Munt Fart, que domina sobre una aldea que se llama Taqbl, en la ladera de la parte de poniente, sobre tierra roja…” (4). Como ha estudiado el profesor Joaquín Bustamante, el yabal Munt Fart no es sino el actual “Montifarti” y, por extensión, toda la Sierra de las Cabras. Según este autor el nombre deriva del árabe “fart”: “abundante”, “bien provisto” (5). De Montifarti hallamos referencias en otras fuentes medievales como el Libro de la Montería del rey Alfonso XI, donde al describir los lugares de caza en el entorno de la Sierra del Aljibe se apunta que “(...)Et son las armadas la una en la abertura de cara a Montifarte; et es la otra armada en fondon de la Breña como vá Barbate Ayuso” (6).



Rojitán (o Rogitán) y Rojitanillo (o Rogitanillo), dehesas colindantes, se encuentran también en el sector oriental del término, entre el río Majaceite y las carreteras de Cortes y la que conduce a la presa de Los Hurones. La primera de las fincas pertenece a los Montes de Jerez y en ella se enclava un cortijo rehabilitado hace dos décadas para el turismo rural. Este curioso y llamativo topónimo es conocido ya, al menos, desde el siglo XVI, mencionándose en documentos sobre Señalamiento de las dehesas de Montes de Propios el “Buhedo de Rusitan” (7). También figura en un curioso plano sobre pergamino el siglo XVIII conservado en el Archivo Municipal de Jerez que recoge las formas de “Roxitan, y “Rojitán” (8). A nuestro entender este singular topónimo, pueda estar vinculado en su origen con la forma latina “russus” (rojo) de la que, a través de diferentes modificaciones a lo largo de más de cuatro siglos, se habría podido llegar a la denominación actual. La justificación del nombre inicial de estos parajes, requiere ya aventurarse en los territorios de la especulación… ¿Tal vez por el color pardo o rojizo de los roquedos de arenisca del Aljibe que constituyen estos montes? ¿Quizás por el apelativo de un antiguo propietario, que aludiese a alguna característica personal como su color de pelo o de piel? (9).

Berroquejo y Berroquejillo, Majarazotán y Majarazotanillo, Frías y Friillas.



Más cerca de la ciudad encontramos también otras curiosas parejas de topónimos. El de Berroquejo da nombre a un antiguo castillo enclavado en la dehesa homónima, situada junto a la carretera de Medina, entre El Mojo y El Pedroso. Construido en el último cuarto del siglo XIII, en tiempos de gran inestabilidad fronteriza en la zona, jugó un papel importante en la estrategia defensiva de los castellanos, junto a otras fortalezas cercanas como las de Torrestrella, Alcalá de los Gazules y Medina. Todas ellas pertenecían, por donación real, a la Orden de Santa María de España u Orden de la Estrella, fundada por Alfonso X el Sabio en 1270 para la defensa naval de la corona de Castilla. El castillo de Berroquejo conectaba visualmente con los citados, así como con otros hitos relevantes en el entorno próximo como el cerro de El Mojo y la Serrezuela, estando vinculado también al control de la frontera y las vías de comunicación cercanas. El topónimo de Berroquejo o Berrueco hace referencia a un “peñasco elevado que tiene semejanza con un gran hito o mojón” y que se presenta aislado sobre las tierras que lo rodean, tal como sucede con el montículo en el que se levanta el castillo.



Frente al Berroquejo se encuentra la dehesa de Berroquejillo, junto a la antigua Cañada que unía Jerez con Medina, hoy carretera y autovía. También conocido como Barroquejillo o Papicha, sus tierras se extienden por las laderas de la Sierrezuela colindantes con el embalse de Fuente Rey (10).



El paraje de Majarazotán (o Majarrazotán), situado en las proximidades de los Llanos de Caulina, está cruzado por los canales de riego del pantano de Guadalcacín y por la antigua traza del Ferrocarril de la Sierra. En sus tierras se explotaron durante décadas canteras de piedra caliza para la fabricación de cal. El profesor E. Martín plantea que este nombre, de origen andalusí, pudiera tener la significación de “mayar de Azotán, assultan, el poder, el rey, es decir, del “cortijo del rey”. Es posible que nos encontremos con bienes fundiarios que pertenecían al reyezuelo Abén Abit, que tal, como describe la crónica alfonsina, “era sennor de Xerez” en los momentos previos a la conquista” (11). Junto a él, próximo a la barriada rural de La Inmaculada, se encuentran las tierras de Majarazotanillo.

Frías da nombre a un conocido cortijo situado a 10 km al sur de la ciudad, en las Mesas de Bolaños, cercano a los de Roalabota, Barja y Bolaños. Este último formó parte de Frías hace un siglo. En las tierras de estos cortijos cercanas a la Cañada de la Isla, que bordea las marismas del Guadalete hasta Puerto Real, se han localizado vestigios de antiguos alfares romanos que darían salida a su producción en los embarcaderos del cercano estuario (12). El arqueólogo y epigrafista alemán Emil Hubner, quien estudió las marcas halladas en los restos de ánforas olearias acumuladas durante siglos en el conocido “monte Testaccio” de Roma, relacionó algunas de estas marcas alfareras de mediados del siglo II d.C. con dos topónimos de esta zona. Así, asoció Barcufia y Barcufiense Lucidi, al cercano cortijo de



Barja
, mientras que Frigidum y Frigidense, los vinculó a la dehesa de Frías (13). Aunque esta interpretación ha sido puesta en cuestión (14), de lo que no cabe duda es de la importante presencia romana en estas tierras. Pese a todo, no está claro el origen del topónimo que las bautiza, que bien pudiera derivar de un antropónimo castellano. No en balde, el historiador Agustín Muñoz y Gómez, al estudiar la procedencia del nombre de la jerezana calle Frías, nos recuerda que “el apellido Frías resulta ya en el libro del Repartimiento de casas de 1266, en que se asigna la casa núm. 60 de la collación de San Dionisio a Nicolás de Frías, escribano, y la núm. 226 á Pedro Martínez de Frías”. Junto a ellos existe constancia documental (1674) de “…D. Luis de Frías Ponce de León, hijo de D. Álvaro de Frías y de Dª Leonor Ponce de León. Desde 1827, existe en el callejero jerezano la calle Frías, cuyo nombre procede de los herederos del mencionado Luis de Frías” (15). Tal vez, sea de este personaje del que proceda también el nombre de este rincón de la campiña que, sea como fuere, encontramos ya en la cartografía del siglo XIX. Así, en el Plano del Término Municipal de Jerez de Lechuga y Florido (1897), en los Planos del Catastro de Rústica (1899) y en el Plano Parcelario de López Cepero (1904), figuran ya reflejados la Dehesa, Pozos, Casa y Coto de Frías (16). En los últimos años, en Frías se han adaptado buena parte de sus estancias como establecimiento hostelero abierto al turismo rural y a la celebración de eventos.



En las tierras bajas del cortijo, colindantes ya con la marisma de La Tapa y con el término de Puerto Real, se encuentra la dehesa de Friillas, separada del Frías por la antigua Cañada Real de La Isla y de Cádiz que cruzaba este paraje por el denominado “puente romano”, que todavía se conserva (17).

Dos Hermanas y Dos Hermanillas, Sauceda y Saucedilla, Chorro y Chorrito.

No siempre, similares denominaciones apuntan a espacios colindantes o relacionados históricamente. En algunos casos están referidas a lugares que geográficamente se encuentran muy distantes, por lo que, en este caso, no parece existir vinculación entre estos nombres más allá de la puramente léxica. Como ejemplo nos sirve el de Pozo Blanco y Pozo Blanquillo. Por regla general los pozos llevaban el “apellido” de la finca en la que estaban enclavados, sin nombres propios, por lo que debemos entender que en este caso nos estamos refiriendo a pozos singulares, encalados, que llaman la atención en el paisaje Así encontramos un Pozo Blanco, que aún pervive, en la dehesa del Chorreadero, frente a la entrada del cortijo junto a la carretera Arcos-Paterna, y otro con el mismo nombre en el cortijo de Fuente Rey. Pozo Blanquillo da nombre a otro pozo situado en el cortijo de Casa Alta, junto arroyo de Tabajete y la carretera de Sanlúcar.

Algo parecido sucede con los arroyos de La Sauceda y de La Saucedilla. El primero, es también conocido como Garganta de La Sauceda, afluente del río Hozgarganta y tiene su origen en el Puerto de Gáliz atravesando las tierras de El Marrufo. Su curso divide los términos de Jerez y Cortes, recibiendo las aguas de la Garganta de Pasadallana, el arroyo que cruza por el antiguo poblado de La Sauceda, destruido por la aviación franquista, la mayoría de cuyos habitantes fueron fusilados y enterrados en la fosa del Marrufo (18).



A más de 30 km de este lugar, en las proximidades de La Barca de la Florida, discurre el arroyo de La Saucedilla (llamado también de la Sauceda) que vierte sus aguas al arroyo Salado de Paterna en las proximidades de Torrecera. Este arroyo, que debe su nombre a la existencia en sus orillas de diferentes especies de sauce, atraviesa las tierras de los cortijos de Los Isletes y Ranchiles. Casi en paralelo a su curso discurría el antiguo camino de Jerez a los Baños de Gigonza por el que en el siglo XIX llegaban los viajeros a este afamado balneario. Junto al camino y al arroyo, en el paraje conocido como La Sauceda o La Saucedilla se instalaron chozas de trabajadores del campo que desaparecieron con el tiempo, habiendo permanecido hasta la actualidad el topónimo de Casas de La Saucedilla.



Con los arroyos del Chorro y del Chorrito, sucede lo mismo: nada tienen que ver uno que el otro y además están muy distantes entre sí. El arroyo del Chorro tiene su origen en las lomas de Cuartillo de Plata, en Gibalbín, al pie de las instalaciones de la conocida bodega de Barbadillo. Su nombre da idea de su escaso caudal, como así sucede, lo que no impide que en sus crecidas llegue a cortar los caminos que atraviesa, en las proximidades de la Venta la Choza, junto al cruce con la carretera que desde Gibalbín nos lleva hasta Arcos. Como su “hermano mayor”, el arroyo del Chorrito, es un curso poco caudaloso. Su cabecera se encuentra muy próxima al Puerto de Gáliz siendo tributario del anteriormente citado Garganta de La Sauceda.



Un caso muy curioso es de los topónimos Dos Hermanas y Dos Hermanillas, muy frecuentes en todo el territorio andaluz, para designar colinas, cerros o montes que presentan dos cumbres o cimas “gemelas”. En el caso de la Sierra de Dos Hermanas, se aprecian muy bien estas características al tratarse de una gran elevación con dos picos separados por un amplio collado. Situada en el km 40 de la carretera de Cortes, entre San José del Valle y Tempul, su silueta resulta reconocible desde la lejanía y su nombre viene de antiguo, pues ya en el siglo XIV aparece citado en el Libro de la Montería de Alfonso XI, donde se dice que “el monte de Dos Hermanas es bueno de puerco en verano” (19). En sus abruptas laderas cubiertas de monte bajo se encuentra la Cueva del Parralejo excavada en 1977 por Manuel Pellicer y Pilar Acosta. En este yacimiento arqueológico se localizaron materiales del Neolítico, Edad del Cobre y Bronce Final, lo que sugiere que fue ocupada durante un amplio periodo (20). Por las faldas de esta sierra cruzaba el antiguo acueducto romano de Tempul a Gades, por tierras del cortijo de Fuente Ymbro, donde se crían en la actualidad los toros de la afamada ganadería de este nombre. Por esta sierra pasa hoy el acueducto de los Hurones que abastece a la Zona Gaditana. En su vertiente oeste, a cuyos pies pasa el conocido arroyo del Infierno, se explota una cantera de roca caliza. A unos 15 km de la Sierra de Dos Hermanas se encuentra la Dehesa de Dos Hermanillas, en la Loma de Malabrigo, una amplia llanura que queda a la derecha de la carretera de Cortes, entre La Barca y El Chaparrito. Este paraje, colindante con las tierras del parque forestal de La Suara, debe su nombre a dos pequeñas colinas, de escasa elevación, que flaquean el arroyo de Cabañas, que surca estos llanos. En sus proximidades se encuentra el Rancho del Toril de las Pitas. Como el de Dos Hermanas, el topónimo de las Hermanillas se conoce también desde los siglos medievales y ya en la documentación sobre el Donadío de Berlanga, se alude a este lugar de las dos "cabezuelas" de las Hermanillas "donde nasçe el açenna de Cabannas, de que se mantiene el río en verano” (21).

Un caso singular es también el relacionado con el topónimo bujeo. Con este nombre se conoce en nuestra zona a las zonas bajas donde predominan las tierras “negras” de carácter arcilloso que debido a su mala permeabilidad se encharcan en la estación lluviosa y se agrietan en la seca. En nuestro término todos los “bujeos” están presentes en ámbitos serranos, al este del término. Así, con este nombre encontramos el Bujeo de la Biznaga, en la Dehesa del Rodadero, el Bujeo de Olivares, en la del Quejigal, o los Bujeos de la Miel, en la Dehesa del Cándalo. En este mismo territorio serrano, cerca ya de los límites del alfoz jerezano con los términos de Ubrique y Cortes se encuentran los Bujeillos de Andrés, en la Dehesa de Pasada Blanca y los Bujeillos de Ubrique, en la dehesa de Garganta Millán. En casi todos los casos mencionados estos parajes se encuentran en las hondonadas que dejan las colinas o montes dependiendo la denominación de bujeo o bujeillo de la mayor o menor superficie de los mismos.

El Portal y el Portalillo, Jédula y Jedulilla.



Estos curiosos nombres duplicados también los encontramos en las denominaciones de algunos enclaves rurales. Así, la barriada rural de El Portal, tiene su apéndice en El Portalillo. La historiografía tradicional jerezana atribuye la fundación de la aldea de El Portal al rey Sabio. Así lo apunta por ejemplo, entre otros autores, Parada y Barreto, quien sostiene que tras la sublevación mudéjar, que acabo con la guarnición cristiana del alcázar de la ciudad, “…volvió D. Alonso el Sabio a aparecer por segunda vez en los campos de Jerez y con ánimo entonces decidido de asegurar para siempre la población […] sentó sus reales a alguna distancia de la ciudad […] Dícese que D. Alonso puso su campamento hacia el sitio que llaman del Portal y que dejó allí fundada una villa que ha desaparecido con el tiempo […] en dicho sitio que sirve de puerto a Jerez para el comercio de transporte por el Guadalete” (22). Sea como fuere, el nombre de este antiguo enclave es mencionado ya en las fuentes alfonsíes y así aparece en un documento de deslinde (1269) de los términos de La Puente de Cádiz, donde se señala que en las salinas del Zurraque se encuentra el mojón que divide los términos de La Puente, Medina y El Portal (23).



Junto a él se encuentra El Portalillo, un pequeño y antiguo enclave de pescadores situado a orillas del río, frente a la conocida Venta El Pollo, que sufre los estragos de las inundaciones cada vez que el río se desborda.



Un caso parecido es el de Jédula y Jedulilla. Aunque pertenecientes al término de Arcos, sus tierras son colindantes con el de Jerez, con el que han estado históricamente vinculados estos dos antiguos cortijos. Ambos se encontraban situados a ambos lados del camino que unía Jerez con Arcos y el mayor de ellos, el de Jédula, a la derecha de la vía, termino por dar nombre al núcleo de población que, a partir de los años 50 del pasado siglo, fue surgiendo en torno a él, aunque de este enclave ya se tienen referencias en los siglos medievales. El cortijo de Jedulilla, a la izquierda del camino, de creación posterior, figura ya en una descripción de caminos del s. XVIII (24).

Nombres por triplicado… y cuadruplicado.



A veces, estos curiosos topónimos de los que nos estamos ocupando aparecen por triplicado y aún por cuadruplicado, mostrando curiosas variaciones. Uno de los más conocidos es el trío formado por La Matanza, La Matancilla y La Matanzuela, que dan nombres a cortijos, arroyos, parajes, cerros… situados en el entorno de la barriada rural de El Mojo y Baldío Gallardo, junto a la carretera de Medina. El nombre, en sus diferentes variantes, tiene raíces históricas obedeciendo al hecho de haberse librado en estos pagos enfrentamientos entre las tropas jerezanas y las de los benimerines. La historiografía local relata que, en estas lomas dedicadas hoy al cultivo de cereal, entre las que sobresalen los aerogeneradores de un parque eólico, tuvo lugar en 1325 la Batalla de Los Cueros, también conocida como de Los Potros o de La Matanza por la gran cantidad de bajas que los jerezanos causaron a los meriníes. Este hecho, más allá de las licencias literarias de escritores e historiadores, ha dejado



para siempre su huella en la toponimia de la zona, con un nombre rotundo y esclarecedor de lo que allí, de una otra manera sucedió, permaneciendo siete siglos después los topónimos de La Matanza, La Matanzuela y La Matancilla (25).



Otro caso de “triple” topónimo está relacionado con las antiguas majadas. Emplazadas junto a las vías pecuarias de mayor importancia, las majadas eran los lugares donde se recogían de noche los rebaños y donde se albergaban los pastores. Este era el caso de dehesa de Las Majadillas, que da también nombre a un cortijo situado en la carretera de Cortes, entre Cuartillos y La Guareña y que en su día se encontraba a orillas de la Cañada Real de la Sierra. A no mucha distancia encontramos la antigua dehesa de Majada Alta cuyas tierras están en buena parte ocupadas por el parque forestal de Las Aguilillas, en las proximidades de Estella del Marqués y que también estuvieron cruzadas por la citada cañada. En el extremo norte del término, y alejado de ambas dehesas se encuentra la dehesa de Majada Vieja, enclavada en la Sierra de Gibalbín entre los cortijos de La Sierra y de La Torre de Pedro Díaz, junto a la antigua Cañada de Casinas que unía la Sierra de Gibalbín con el Guadalete.



Con todo, el caso más sobresaliente es el del topónimo Jara del que derivan diferentes nombres de lugares. Derivada del árabe “sa`rā΄” y tiene el significado de “tierra llena de vegetación” (26), por lo que en su origen, los lugares con este denominación, estuvieron poblados de las típicas especies del monte mediterráneo que, fueron desapareciendo a lo largo de los siglos con las roturaciones y desmontes. Este topónimo da nombre al antiguo Cortijo de Jara, situado en la carretera que une la Torre de Melgarejo con Gibalbín, cuyas tierras ya conocieron la presencia romana, tal como testimonia el hallazgo en sus cercanías (Haza de Casablanquilla) de una escultura de mármol que representa una dama cubierta con túnica y manto, expuesta en el patio de entrada del Museo Arqueológico de Jerez (27). Tras la conquista de Jerez, el donadío de Xara se encuentra entre las grandes propiedades rurales repartidas por Alfonso X a finales del s. XIII. En la actualidad, estas tierras situadas a orillas de la antigua Cañada de Bornos, se dedican a cultivos de secano. Gracias a una pantaneta que aprovecha el foso de una antigua cantera, riega también sus cuidados viñedos y olivares de los que se obtienen los afamados vinos y aceites que con la marca Cortijo de Jara se cuentan entre los mejores de la campiña.



Frente a él se levanta también el cortijo de Jarilla–Jareta, por cuyas tierras atraviesa el canal de la margen izquierda del Guadalcacín procedente del cortijo de Montecorto al que ha llegado a través del túnel de Jédula. A los pies del cerro de La Basurta, cubierto de olivares, encontramos aquí el pequeño embalse de Jarilla-Jareta, que como si de una laguna natural se tratase, tiene un denso cinturón de tarajes y una pequeña olmeda en sus orillas. La cercanía de estos cortijos, en los que trabajaban como temporeros muchos obreros del campo, bautizaría al poblado de colonización que se levantó en 1955 apenas a 4 km de aquí: Nueva Jarilla.



Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004, págs. 258-259.
(2) VV.AA.: Guía de los Montes de Propios de Jerez de la Frontera. Biblioteca de Urbanismo y Cultura. Ayuntamiento de Jerez, 1989
(3) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. Págs. 26 y 146
(4) Abu l-Jair al-Isbili “Umdat al-tabib…, II, 563-564. Versión de Joaquín Bustamante Costa. Puede consultarse en Abellán Pérez, J.: El Cádiz islámico a través de sus textos, Cádiz, 1996, p. 154.
(5) Bustamante Costa, J.:Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 40
(6) Valverde J.A.: Anotaciones al Libro de la Montería del Rey Alfonso XI. Ediciones Universidad de Salamanca. pg. 1392. Ver también. García Lázaro, J. y A.: Por los Montes de Jerez con el botánico Abul Jair al Isbili, Diario de Jerez, 15 de noviembre de 2015
(7) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004, pg. 258-259.
(8) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(9) A. y J. García Lázaro: Por las tierras de Rojitán: un curioso topónimo y un alcornoque monumental. Diario de Jerez, 25 de enero de 2015.
(10) A. y J. García Lázaro: Castillo de Berroquejo. Un sobreviviente de las luchas de frontera, Diario de Jerez, 20 de abril de 2014.
(11) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, p. 269
(12) Pemán, C.:Alfares y embarcaderos romanos en la provincia de Cádiz”, Archivo Español de Arqueología, XXXII, 1959, pp. 169-173. De este trabajo ha sido también tomado el mapa del estuario del Guadalete.
(13) Chic García, G.:Lacca”. Habis, 10-11, 1979-1980, p. 11. Y López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, p, 36
(14) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: Obra citada, p, 36.
(15) Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC, p, 180.
(16) Lechuga y Florido, A.: “Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. Archivo Histórico Provincial de Cádiz.: Trabajos Topográficos. Provincia de Cádiz. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. Escala 1:25.000, 1899. López-Cepero, Adolfo: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López-Cepero. - Año de 1904. Escala 1:25.000.
(17) A. y J. García Lázaro: Frías, un cortijo con vistas a la Bahía, Diario de Jerez, 6 de noviembre de 2016.
(18) Sobre esta dolorosa cuestión puede verse: A. y J. García Lázaro: Los paisajes de la memoria, www.entornoajerez.com, 14 de julio de 2012.
(19) A. y J. García Lázaro: Escenas de caza en torno a Jerez, Diario de Jerez, 31 de diciembre de 2017.
(20) Para más información de la Cueva del Parralejo, también llamada de Dos Hermanas puede verse: IAPH.: Cueva de Dos Hermanas en el enlace: http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i15949, consultado el 08/03/2018.
(21) Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, págs. 169-170.
(22) Parada y Barreto D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera. Imprenta del Guadalete, Jerez, 1878, pg. XXXIII.
(23) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p. 73.
(24) A. y J. García Lázaro: Por el camino de Jerez a Arcos. Un recorrido en 1744, Diario de Jerez, 12 de noviembre de 2017.
(25) Para conocer la vinculación de estos topónimos con la historia, puede consultarse Coloma, Luis: La Batalla de los Cueros. Episodio Histórico. Imprenta de la Revista Jerezana. 1872.; Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, pp. 28-31, Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol. I P. 178-183; Gonzalo de Padilla.: Historia de Jerez de la Frontera (Siglos XIII-XVI). Ed. de Juan Abellán Pérez. Agrija Ediciones 2008., pp. 48-57; (5) Martín de Roa (1617):Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsímil, Ed. Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VIII. Una síntesis de todos ellos en: García Lázaro, A. y G.: Con el Padre Coloma por tierras de La Matanza, Diario de Jerez, 17 y 24 de mayo de 2015.
(26) Bustamante Costa, J.: Toponimia árabe… obra citada, p. 41.
(27) Sobre la escultura hallada en el cortijo de Jara puede consultarse: Esteve Guerrero, M.: Guía breve de la colección arqueológica Municipal de Jerez de la Frontera, 1961 y Balil, A: Estatua romana del Museo de Jerez, Archivo Español de Arqueología XXXV, Madrid, 1962, pp. 103-104


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos, viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 11/03/2018

De colores.
Un recorrido por los colores y la toponimia de la campiña.




Con frecuencia, en los paseos por la campiña o por la sierra, nos llaman la atención los colores del paisaje: las variadas gamas de verde de la vegetación natural y de los cultivos, los tonos blancos de los suelos de albariza y de los cortijos encalados, los grises, ocres, y pardos de las rocas y la tierra… En muchas ocasiones, estos colores, por su especial contraste o relevancia, dan también nombre a montes, cerros y lomas, a arroyos y gargantas, a cortijos, viñas y parajes, que guardan así memoria en la toponimia de nuestro territorio de los más variados tonos con los que la naturaleza pinta los paisajes. En nuestro recorrido de hoy vamos a recordar algunos de los más de un centenar de lugares que hemos localizado en torno a Jerez en cuyo nombre tienen un papel destacado los colores.

Blanco de albariza y cal.

El blanco es el color que domina en la toponimia de nuestro territorio. Y no faltan razones para ello ya que en muchos rincones de la campiña, los suelos de albarizas dan al paisaje esos tonos blanquecinos tan característicos del viñedo jerezano. El blanco está también presente en algunos paisajes marismeños en los que hubo salinas o en construcciones como cortijos, casas, pozos, que han bautizado distintos rincones de nuestros campos con su color.



El Cerro Blanco (152 m) es una elevación a medio camino entre Torremelgarejo y Jédula, frente a La Peñuela, cuyas faldas de albariza acogen uno de los viñedos situados más al este del término. En su zona más elevada, el caserío del cortijo de Motecorto Alto es visible desde muchos lugares de la campiña. Ríos Ruiz lo menciona en una de sus obras: “…y escuchábanse… retumbar los relinchos y galopes de los potros cartujanos, allá por Jédula, La Jarilla y La Jareta, Cerro Blanco…” (1). Al norte de la ciudad, por el camino de Lebrija, el arroyo Blanquillo corre por las faldas de Montegilillo para entregar sus aguas en el caño del Bujón, atravesando la carretera de Morabita junto al Rancho del Moral y la casa del Hinojal. En su pequeña recorrido pasa por entre cerros de albariza arrastrando en sus aguas los limos blancos que dan color a su cauce. Sin embargo, muy lejos de este lugar, el arroyo de Pasada Blanca debe su nombre, no al tono de las tierras y roquedos que atraviesa, sino al de sus aguas de naturaleza sulfurosa y con aspecto lechoso, ya que proceden de un manantial conocido desde los siglos medievales por sus propiedades medicinales. En estos parajes, situados en el extremo oriental del término de Jerez, colindantes con el de Cortes, este topónimo de Pasada Blanca bautiza también a la garganta por donde discurre el arroyo, a la dehesa que atraviesa, a una casa del lugar y a los baños que tradicionalmente se tomaban en las pozas de este pequeño curso fluvial tributario del Hozgarganta y que aún eran frecuentados a mediados del siglo XIX como menciona Madoz en su Diccionario Geográfico (2). En sus proximidades encontramos también la Loma de Casablanca y el rancho del mismo nombre, en tierras ya de la cercana dehesa de Benahú.



El topónimo de Mojón Blanco es conocido también desde los siglos medievales y da nombre al cortijo, al cerro y al puntal de Mojón Blanco, figurando en los documentos de delimitación de términos donde se señalaba la mojonera que definían las lindes. En este caso, suponemos que aluden a un hito que se construiría en piedra y se pintaría de blanco para su visualización desde la distancia. El cortijo de Mojón Blanco, cercano al de Cápita, y el cerro colindante del mismo nombre era el lugar donde confinaban los términos de Lebrija, Jerez y Trebujena: un trifinium. Con idéntico nombre se mantiene todavía otro cerro de Mojón Blanco (y el caserío homónimo), en las proximidades de Gibalbín, frente al cortijo de Las Navas, señalando en este caso el punto donde confluían los términos de Arcos, Lebrija y Jerez (3).



Junto a los ríos y los montes, las casas y construcciones son también elementos visuales de primer orden en el paisaje y no es de extrañar que su color bautice en muchos casos a los parajes donde se enclavan. Así, el cortijo de Casablanca, llama la atención por su peculiar fisonomía, destacando en el paisaje de dilatados horizontes de las marismas que llevan también su nombre y que el viajero descubre en las proximidades de la vecina población de El Cuervo, junto a su conocido silo de cereales.

También es muy conocido otro cortijo de nombre Casablanca situado en las proximidades de la Junta de los Ríos y cercano a Jédula. Su imponente caserío preside un cerro desde el que se contempla un hermoso paisaje de campiña.



Menos a la vista quedan para el paseante las tierras de Casablanquilla, junto al cortijo de Los Ballesteros, cuyo acceso vemos en la carretera de Gibalbín una vez que hemos dejado atrás el cortijo de Jara.



Entre los numerosos pozos y abrevaderos repartidos por todos los rincones del alfoz jerezano, los hay que tienen nombre propio, como el Pozo Blanco del cortijo de Fuente Rey u otro con esta misma denominación perteneciente al cortijo del Chorreadero, próximo a Paterna, ambos los encontramos ya señalados en el Plano Parcelario de López Cepero de 1904 (4). Entre las viñas, no podían faltar tampoco las referencias al color blanco, teniendo en cuenta que buena parte de ellas se asienta en suelos de albariza. Este es el caso de la conocida Viña La Blanquita, junto a la carretera de Rota, en el pago de Balbaína. También frente al núcleo rural de Añina existe otra viña con la denominación de La Blanquita. Por el contrario, Viña Blanco (una en el pago de Solete, junto a Santa teresa y otra en Cerro Pelado), creemos que puede deber su denominación al apellido de un propietario.



En las laderas de Gibalbín, entre la cañada y las cumbres donde despunta la torre, se ubica el cortijo de La Blanquita que perteneció en su día al médico y político jerezano Fermín Aranda y cuyo caserío aparece en uno de los azulejos de la fachada de la que fuera su casa en la plaza de las Angustias.

Las albinas, pequeñas lagunas más o menos temporales que se forman en los montes o en las zonas de marismas, son también muy frecuentes en nuestro término. Una de ellas, enclavada en la zona del Zurraque que luego pasaría a formar parte del término de Puerto Real, era conocida como la Albina Blanca, siendo ya dedicada en 1500 a la extracción de sal, como nos recuerda el profesor Emilio Martín (5). Con el color blanco se relaciona también el conocido topónimo de Los Albarizones, paraje cercano a la Cartuja que da nombre a una barriada rural y a una de las fuentes más conocidas del término, cuyas aguas fueron canalizadas en el siglo XVI hasta la Alcubilla para el abastecimiento urbano de Jerez. Otra Fuente de los Albarizones, más modesta y de menor caudal, se localiza también en las tierras del Cortijo de Picado, en la falda de la Sierra de las Cabras.



Negros, oscuros y umbríos.

A diferencia del blanco, es mucho más difícil encontrar en nuestro territorio lugares y paisajes en los que el color negro o los tonos oscuros sean los predominantes y por lo tanto, un motivo para que figuren en los mapas. Pese a todo, aún se mantienen algunos topónimos relacionados con estos colores.



Tal vez el más conocido es el de Montenegro, un lomo montañoso de casi 4 km de longitud, que en dirección norte sur, se alza frente a La Jarda, en los Montes de Propios de Jerez. A sus pies discurre la carretera que se dirige al Puerto de Gáliz y en sus faldas se desarrolla la típica vegetación presente en los montes del Parque Natural de los Alcornocales al que pertenece, con predominio de alcornoques, quejigos, acebuches y algarrobos. En su ladera oriental, la situada frente a la entrada de La Jarda, se encuentra la Laguna del Moral, próxima a los Tajos del Fraile, un espolón rocoso que se alza en el extremo norte de la Loma de Montenegro. En muchas zonas del país, este topónimo se relaciona con montes de encinas o montes muy cerrados y, aunque en el caso que nos ocupa no está claro su origen, se apunta como posible razón de su nombre, la gran densidad de vegetación de sus faldas y la espesura del matorral y del bosque que aquí se desarrolla. El Rancho de Montenegro, junto al arroyo de Cabañas y la Cañada de Albadalejo, figura ya en los mapas de comienzos del siglo XX. Próximo al Chaparrito, en los llanos de Malabrigo, es un claro antropónimo que alude al nombre de su propietario sin vinculación alguna con las características del terreno.



La Cañada de Bocanegra y la antigua Laguna de Bocanegra, situadas en las cercanías de la Fábrica de Cemento, aunque son topónimos conocidos hace más de dos siglos, pensamos que aluden al apodo de algún propietario o habitante de estos parajes, más que a los rasgos fisiográficos de este rincón de la campiña. Otro tanto sucede con el curioso topónimo de Puerto de los Negros, que figura ya en documentos de 1577 de Señalamiento de las dehesas de los Montes de Propios, estudiados por el profesor Emilio Martín (6). Situado en los montes de la Dehesa de la Alcaría, en el costado sur del actual embalse de los Hurones, este lugar era paso obligado de los caminos que desde Tempul se dirigían a Cardela y Ubrique, por lo que fue muy frecuentado en los siglos medievales. La Garganta de los Negros, un arroyo que discurre entre estos montes y el Camino del Puerto de los Negros, son también topónimos de este alejado rincón del término colindante con Ubrique. Pero, ¿a qué negros se refieren? ¿Tal vez apuntan a un lugar en el que vivieron los últimos moros vinculados al castillo de Cardela, o a un rincón de la serranía en el que habitaron negros o que fue tal vez refugio de descendientes de esclavos negros que vivieron en Jerez? (7).

La toponimia conserva también otros nombres relacionados con lo “oscuro” o lo “sombrío” que están estrechamente relacionados con las características del paisaje al que se refieren. Es el caso, por ejemplo de La Umbría, o Umbría del Escobar, paraje del cerro del Escobar colindante con el embalse de los Hurones y situado en la dehesa de La Alcaría. Por contraposición con La Solana, el topónimo hace alusión a las laderas orientadas al norte de este cerro, que se mantienen más sombrías y húmedas, y por lo tanto más oscuras y privadas de iluminación que las orientadas al sur o de solana. El Escobar, hace alusión a la presencia de arbustos del género Cytisus, conocidos vulgarmente como escobones. El topónimo “La Umbría”, está ya recogido en el s. XIV en el Libro de la Montería en los montes de Tarifa, referido, como en este caso a una zona sombría y oscura (8).



En relación a estos lugares umbrosos o menos expuestos al sol, hay que recordar también otros topónimos que hacen alusión a “lo oscuro” y “la oscuridad”. Este es el caso de la Cañada de la Oscuridad o del Cortijo de la Oscuridad, situados en la zona de Alcornocalejo, próxima a San José del Valle. Este último cortijo, está ligado a los sucesos de la Mano Negra y en sus tierras aún se conserva la Laguna de la Oscuridad, una hermosa lámina de agua casi permanente, rodeada de alcornoques y encinas, en un paraje situado junto a la Cañada de Arcos a Medina. Esta lagunas es también conocida como de Alcornocalejo, de Marimorena o de Medina (9). Con el nombre de La oscuridad, se conoce también un paraje del cortijo de Picado, situado en las laderas de umbría de la Sierra de las Cabras, cubierto de una densa vegetación.



En la Dehesa de Gami, en el extremo oriental del término, encontramos también el paraje de Cueva Oscura, en un hermoso y cerrado alcornocal.

Para terminar este recorrido, no podemos dejar de mencionar el topónimo de Puerto Oscuro, ubicado en las proximidades del Pico del Aljibe, en un paraje por donde salvaban estas cumbres los caminos que unían Alcalá con La Sauceda. Situado en el punto donde se parten los términos de Alcalá de los Gazules, Cortes y Jerez (un trifinium), Puerto Oscuro es la divisoria entre la Garganta de Pasada Llana, que atraviesa La Sauceda, y la Garganta de Puerto Oscuro, en cuya cabecera se sitúa el nacimiento del Río Barbate.

Continuaremos en nuestra próxima entrega, descubriendo los “colores” presentes en otros muchos rincones de nuestras campiñas y sierras.

Para saber más:
(1) Ríos Ruiz, M.: Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre, Premio Nacional de Poesía Flamenca 1977, p. 3.
(2) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 246.
(3) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 37.
(4) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera, Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 200, p. 98.
(6) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural… Ob. Cit. pp. 259-260
(7) Sobre los esclavos negros en Jerez puede consultarse el magnífico trabajo: Mingorance, J.A. y Abril, J.M.: La esclavitud en la Baja Edad media. Jerez de la Frontera. 1392-1550, Peripecias Libros, 2013, pp.122-125.
(8) Pascual Barea, J.: “El paisaje histórico de los términos de Tarifa y Algeciras según la toponimia del Libro de la Montería en el siglo XIV”, en Martín Gutiérrez, E. (Ed.) El paisaje rural en Andalucía Occidental durante los siglos bajomedievales, Servicio de publicaciones e la Universidad de Cádiz, p. 116.
(9) Sobre la Laguna de la Oscuridad puede consultarse: García Lázaro A. y J.: Las lagunas perdidas. Diario de Jerez, 07/02/2016. También disponible en internet en el enlace: Las lagunas perdidas.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre Toponimia, Paisajes con Historia, Miscelánea, De colores. Un recorrido por los colores y la toponimia de la campiña (y 2).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 22/01/2017

 
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