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El Pinsapo de las Escaleretas.
Un árbol monumental que se muere de viejo.




A nuestros amigos Juan Manuel Grilo y Yiye Melero

Los lectores que, como nosotros, sientan admiración por los árboles, a buen seguro que sabrán apreciar especialmente aquellos ejemplares que, por sus características sobresalientes, se han incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de Andalucía. Ocupando un escalón superior en este selecto grupo, se encuentran aquellos que por sus excepcionales valores han sido reconocidos como Monumento Natural de Andalucía. Uno de ellos es el conocido como Pinsapo de las Escaleretas, que crece en las estribaciones del Cerro Alcojona, en el término municipal de Parauta, en un hermoso paraje enclavado en el Parque Natural Sierra de las Nieves, destino de nuestra salida de hoy.

En diferentes ocasiones hemos visitado este impresionante ejemplar, varias veces centenario y todo un símbolo de estas serranías, habiendo sido testigos de su lento, pero -al parecer- imparable deterioro. Y es que, como indican los expertos que han estudiado la progresiva sequía de sus ramas, la “enfermedad” que aqueja a este viejo pinsapo no es otra que el inexorable paso de los siglos: el Pinsapo de las Escaleretas se muere de viejo. Para rendirle un sencillo homenaje y dejar aquí constancia de nuestra admiración por este viejo árbol y su entorno, vamos a volver a visitarlo -aunque nos duela tanto contemplarlo en este estado-, a recorrer de nuevo los caminos que nos llevan hasta él recordando también sus historias. ¿Nos acompañan?

Por la Sierra de las Nieves hacia La Escalereta.

Para llegar hasta el lugar donde crece este “monumental” pinsapo, hemos salido de Ronda en dirección a San Pedro de Alcántara. Tras recorrer aproximadamente 12 km, dejaremos a la derecha el cruce de Parauta para seguir, unos 2,5 km



más, hasta encontrar a la izquierda de la carretera el desvío, bien señalizado, hacia el Parque Natural de la Sierra de Las Nieves. Desde aquí, una pista forestal en buen estado nos conduce, entre un monte adehesado de encinas y pinos de repoblación, hasta el cortijo de La Nava, una finca que cuenta con alojamientos rurales. Desde sus cercanías la pista continúa ascendiendo hasta un paraje en el que nos encontramos una bifurcación.

En este punto podremos dejar los vehículos, tras haber recorrido algo menos de 7 km desde el inicio de la ruta. El camino de la derecha asciende hacia Los Quejigales (a 2,7 km), mientras que el de la izquierda, en dirección a Tolox, desciende por las laderas de la sierra hasta La Escalereta (2, 4 Km), lugar al que nos dirigimos.

Iniciamos así nuestro paseo, caminando cómodamente por esta pista y disfrutando de las magníficas vistas que, a nuestra derecha, nos ofrecen las faldas del pico Alcojona (también conocido como Cerro Alcor, de 1420 m), en las que crece un denso bosque de pinsapos. A los pies de este cerro de perfiles cónicos, en el fondo de un pequeño valle, vemos el caserío y los prados de la finca La Nava, que hemos dejado atrás en nuestra subida. A la izquierda del camino se alzan las verticales paredes de las laderas de solana de las moles montañosas que conforman el núcleo de la Sierra de las Nieves: el Alcazaba y el Torrecilla (1.919 m). Este último, es la cumbre más alta de la provincia de Málaga y durante buena parte del invierno puede verse cubierto de nieve.

En algunos puntos del camino, magníficos ejemplares de pinsapos salen a nuestro encuentro, como anticipo del bosque que nos espera y que ya intuimos cuando, tras cruzar un pinar, llegamos a la zona conocida como Llano de la Laguna, donde la pista se adentra ya en un bosque cerrado y denso. La luz, perezosa, se filtra tamizada entre las copas de los pinos, de los pinsapos, de los quejigos… haciéndonos sentir una indescriptible sensación de paz. Apenas hemos recorrido unos centenares de metros por el bosque, un cartel nos indica el desvió, a la derecha, hacia el “Sendero de las Escaleretas” una cómoda senda que, tras recorrer algo más de 500 m por el bosque de pinsapos, nos lleva hasta los pies del Pinsapo de las Escaleretas.

Junto al Pinsapo de las Escaleretas.

Conforme nos vamos acercando, apunta ya entre el bosque la copa del pinsapo que da muestras, desde lejos, de la sequedad de sus ramas. El paraje donde crece es fácilmente reconocible ya que en él se ha instalado un pequeño mirador para contemplar, desde una perspectiva adecuada, este monumental árbol que, a diferencia de unos años atrás en los que se mostraba vigoroso y lozano, nos provoca ahora una impresión de pesar.

Un panel informativo nos aporta los datos básicos de este árbol singular hasta cuyos pies no nos resistimos a bajar, y al que llegamos fácilmente a través de las grandes lajas de piedra caliza que, dispuestas a modo de escalones, nos facilitan el descenso hasta el bosque. Como no podía ser de otra manera, esta curiosa formación rocosa que pone al descubierto los estratos horizontales de caliza, ha bautizado a este paraje y al Pinsapo, con el nombre de “Las Escaleretas”.

Ahora, junto a su enorme tronco, bajo la sombra ya menguante de su copa nos sorprende sus imponentes ramas principales y contemplamos con pena como muchas de sus ramas secundarias están secas.

Donde hace unos años el árbol tendía una densa maraña vegetal sobre nuestras cabezas, hoy se nos muestra seriamente afectado por los estragos del tiempo y de la edad.

Permanecemos en silencio y recordamos que durante siglos se produjo aquí una feliz conjunción de sucesos que libraron a este viejo pinsapo de incendios y de rayos, de hachas



y carboneo, de pastoreo, de insectos y hongos parásitos, de talas para los astilleros de la Marina… Y nos lamentamos ahora de que, al final, el inexorable paso de los años está haciendo que este espectacular pinsapo “se muera de viejo”.

Sin embargo, no queremos dejar de recordar que, desde el 23 de noviembre de 2001, el Pinsapo de las Escaleretas fue declarado Monumento Natural de Andalucía, por “los valores naturales relevantes de carácter biótico que reúne”, que es tanto como decir que se le situó en el más alto escalón de protección.



Y no era para menos ya que este soberbio ejemplar, al que se le calcula una edad entre los 350 y los 500 años, destaca por las grandes dimensiones de su tronco (de 5,10 m de perímetro medidos a 1 m. del suelo) que supera 1,60 m de diámetro. Su altura de 26 m es también excepcional, como lo es (o mejor debiéramos decir, “era”) su frondosa copa, que a diferencia de la que exhiben mayoría de los pinsapos que hemos visto en el bosque, no es cónica, sino amplia, abierta y ramificada, proyectando una sombra de más de 200 metros cuadrados.
Muchas de sus ramas son también de buenas proporciones y a unos 3 m de altura, el tronco principal se divide en tres gruesas ramas cuyo calibre se acerca a 1 m de diámetro. Sin embargo, como hemos dicho, de unos años a esta parte, las ramas bajas han empezado a secarse y algunas de ellas las encontramos, ya vencidas, a los pies del árbol, como nos muestran varias de las imágenes que acompañan este reportaje, captadas hace tan solo unos días por nuestro amigo Juan Manuel Grilo Reina.

Cuando nos alejamos de este umbroso paraje, caminando ladera arriba, la copa del pinsapo descuella entre los árboles dejando claro que, aunque “malherido”, este viejo árbol sigue siendo el “señor del bosque”. Como todo viejo árbol, el Pinsapo de Las Escaleretas guarda una hermosa historia, como se relata en el panel informativo: “cuenta la leyenda que este pinsapo creció, como “faro y guía de los caminantes”, en el mismo sitio donde fue enterrada una señora del lugar cuya bondad y hospitalidad con los transeúntes era motivo de veneración ente los que la conocieron”.

Mientras lo contemplamos, pensamos en ello y en cuanto nos gustaría que los problemas que le afectan fueran pasajeros y que, en nuestra próxima visita viéramos rebrotando en su tronco nuevas ramas que sustituyan a las que ahora parecen perderse sin remedio.

El ”falso Pinsapo de las Escaleretas”.



Después de descansar un rato, retomamos ladera arriba el sendero conocido como Cuesta de las Lajas, que discurre ya por zonas donde la vegetación se aclara y donde pueden verse también sabinas de buen porte y, sobre todo, enebros. Apenas hemos recorrido 500 m, llegamos a los pies de otro árbol excepcional que, en buena parte nos recuerda al que acabamos de ver. Es el conocido como “Falso Pinsapo de las Escaleretas”.

El pinsapo preside con derecho propio El Puntal de la Mesa, paraje en el que se encuentra, sobresaliendo en medio de la vegetación que ya no forma aquí un bosque denso. Por sus grandes dimensiones, tiene poco que envidiar a su “hermano mayor”, el pinsapo de las Escaleretas, si bien su copa es más redondeada y cerrada y, visto desde la distancia, no ofrece tampoco los perfiles típicos que esperamos ver en esta especie de abetos. De su grueso tronco, apenas a metro y medio del suelo, arrancan enormes ramas secundarias que, vistas desde lejos, dan al árbol el aspecto de un gran candelabro. Como curiosidad puede observarse una rama lateral que une, a modo de peldaño de una escalera, dos de estas enormes ramas secundarias. La copa del pinsapo exhibe sus “ramilletes” de piñas y a los pies del árbol, pueden verse durante meses las brácteas de las piñas del año anterior tapizando el suelo. De continuar el deterioro de su “hermano mayor”, este “Falso Pinsapo de las Escaleretas” terminará por ser el nuevo “rey del bosque”. Ojalá que aún queden muchos años para ello.

Continuamos el sendero algo más arriba hasta alcanzar la cordal del Cerro Alcojona, dejando a nuestras espaldas las cumbres del Torrecilla. Al poco, no sin cierto vértigo, se abre ante nosotros un magnífico panorama que premia el esfuerzo realizado para llegar hasta este lugar. A nuestros pies, discurre el valle del Río Verde, que contemplamos desde aquí a vista de pájaro, flanqueado por la Sierra Palmitera, cuyas laderas desnudas guardan aún el recuerdo del incendio que hace unos años asoló sus bosques. Y a lo lejos, entre los montes y las nubes, como un espejo en el horizonte, se adivina el Mediterráneo, el mar de Málaga surcado por barcos que apenas se dejan ver entre las brumas.

Regresamos de nuevo sobre nuestros pasos y volvemos a detenernos a los pies de los viejos pinsapos. Dejamos atrás estos bosques y, cuando aún no nos hemos ido, ya estamos pensando en volver esperando, como en aquel hermoso poema de Machado, que, en nuestra próxima visita en el viejo Pinsapo de las Escaleretas, se produzca “otro milagro de la primavera”.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Árboles singulares, Flora y fauna, Rutas e itinerarios, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 25/02/2018

Los colores del otoño.
Un paseo por los castañares de Parauta.




A nuestros amigos Juanma Grilo y Yiye Melero, parauteños de adopción.

Un buen día, como todos los años, descubrimos que a la ciudad está a punto de llegar el otoño porque en los rincones de siempre empiezan a instalarse los puestos de castañas. Los delata el humo con el que impregnan el ambiente que forma en las noches frías una espesa neblina. Y el olor, ese inconfundible olor que tiene algo de recuerdos de infancia.

En el campo el otoño acude también a su cita ofreciendo el hermoso espectáculo que tiene lugar en las laderas de los valles de nuestras serranías. Es allí donde en los meses de octubre y noviembre los castaños dejan caer sus “erizos” y cambian de color sus hojas mostrando cuantos tonos puedan imaginarse entre el verde, el anaranjado y el amarillo.

Para disfrutar de esta explosión de colores, ahora que estamos ya en el corazón del otoño, les proponemos una visita por los alrededores de Parauta uno de los pueblos del alto Genal, cercano a Ronda, uno de los más visitados de la “Ruta de los Castaños”.



Por el Valle del Genal.

Esta conocida ruta puede recorrerse de muy variadas maneras y los itinerarios que es posible trenzar entre los distintos pueblos que la integran, tienen un denominador común: los indescriptibles paisajes de la cabecera del valle del Genal donde los castaños y sus cambiantes colores son los auténticos protagonistas. Alpandeire, Faraján, Júzcar, Cartajima, Parauta, Igualeja, Pujerra… son algunos de las localidades a las que podemos acceder, bien desde la carretera que enlaza Ronda y Algeciras, bien desde la que une Ronda con San Pedro de Alcántara.



Esta última es la que hemos elegido para adentrarnos en la Serranía y, tras recorrer aproximadamente 12 km., nos desviaremos a la derecha en dirección a Parauta. Al poco, la carretera presenta una bifurcación: la de la derecha (MA-525) nos conduce a Cartajima, Juzcar y Alpandeire y la de la izquierda (MA-519), que es la que seguimos, nos lleva en un suave descenso hasta Parauta, donde termina.



El paisaje en estos primeros tramos está dominado por la imponente presencia de las cumbres calizas de la Serranía. A nuestra derecha quedan las faldas peladas de la Sierra del Oreganal presididas por la rotunda silueta del Almola, mogote rocoso de 1406 m. que se prolonga hacia el suroeste por una singular formación rocosa, Los Riscos, a cuyos pies se adivinan los pueblos de Cartajima y Júzcar –algo más escondido-, rodeados de castañares.



La carretera nos conduce hasta Parauta, que divisamos al poco con su blanco caserío en la ladera del valle. Paseando por las calles del pueblo nos llama la atención, junto al pintoresco cementerio, un caserón en cuya pared se lee “Castañas Genal”, que nos delata ya una de las principales fuentes de riqueza del lugar. Bajando a la plaza pasaremos por la Fuente de la Alquería y tenderemos la oportunidad de asomarnos a varios miradores para disfrutar de las vistas del pueblo y del paisaje circundante.


Un paseo por sus calles nos descubre rincones en los que nos cautivarán los pequeños detalles de la arquitectura popular. Aquí, una pequeña ventana, allí una curiosa chimenea, más allá una vieja puerta o un arco de ladrillo que da paso a una estrecha calle. En la pared de otra casa un azulejo relata la historia de Omar ben Hafsum, célebre caudillo muladí que encabezó una prolongada rebelión contra el poderío Omeya y que nació en una alquería cercana a Parauta. En una recoleta plaza, el restaurante El Anafe es un lugar ideal para disfrutar de los ricos platos de la tierra antes de dirigir nuestros pasos hacia la calle del Altillo, donde la estructura de un gran edificio cuya construcción quedó paralizada, nos da la pista del sendero que conduce al castañar. Se trata de un antiguo camino, con firme de cemento en su tramo inicial, que une Parauta con la cercana villa de Igualeja, uno de los más hermosos itinerarios que pueden realizarse en estas sierras para disfrutar de los colores del otoño entre castaños.



Un poco de historia.

Estos pequeños enclaves de la serranía de Ronda vivieron durante siglos del monte y sus escasos recursos. Así lo refleja, por ejemplo, un curioso manuscrito de la Biblioteca Nacional, “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, de autor desconocido, escrito en torno a 1744. Al describir el “Lugar de Parauta” señala escuetamente: “Dista este pueblo de la ciudad



de Ronda legua y media, cuyo camino es de sierras; del lugar de Igualexa, un cuarto de legua, y en su tránsito hay una cuesta arriba y otra cuesta abajo; al lugar de Cartaxima, un cuarto de legua. No son abundantes sus cosechas; los ganados que en él se crían son pocos y se componen de vacuno, cabrío y algunas yeguas; no tiene minas ni ríos; las sierras de su término son bajas; no hay ganado lanar ni oficio de manufactura; no tiene convento ni ermita
”. En el cercano pueblo de Igualeja, del que informa que tiene ciento cincuenta vecinos, esa viaja “guía” menciona sus viñas y ya hace referencia a sus castaños así como a la fuente en la que nace el río Genal. Un dato curioso se aporta con respecto al río: “el río Genal pasa por medio de este lugar, de cuyas aguas están privados los vecinos trece años ha por ir en derechura a la Real Fábrica de Hojalata que dista de este lugar una legua”. (1)



Se refiere este antiguo manuscrito nada menos que a la primera fábrica de hojalata de España, que se instaló en el cercano pueblo de Júzcar, en la otra ladera del valle, junto a Cartajima, y que a punto estuvo de acabar con los castañares del alto Genal. Aunque su construcción se inició en 1727, no empezó a producir hojalata hasta 1731, habiendo sido levantada en este lugar por reunir unas condiciones excepcionales. A la presencia de minas de hierro en las proximidades había que sumar las copiosas aguas del Genal, procedentes de los nacimientos de Igualeja, que se desviaron para mover los ingenios hidráulicos de la fábrica, privando de ellas a los campesinos de “aguas arriba” del valle. A todo ello había que añadir la abundancia de madera, imprescindible para la fabricación del carbón vegetal que precisaba en grandes cantidades los hornos de fundición. Pinsapos, encinas, quejigos... y castaños, sucumbieron al hacha y al carboneo para abastecer de carbón vegetal a la Real Fábrica de Hojalata de Júzcar durante las muchas décadas que permaneció abierta, siendo un auténtico “azote” medioambiental para el valle, cuyos castaños a punto estuvieron de desaparecer. José A. Castillo Rodríguez recoge en su libro “El Valle del Genal: paisajes, usos y formas de vida campesina” que “…el uso de carbón vegetal como combustible provocó una intensa deforestación, especialmente con el desmoche de los mayores castaños y la casi total desaparición de los robles del Jardón o los pinsapos de la Sierra del Oreganal. Los campesinos de Igualeja se quejaban en las Respuestas de que "los castañares no producen nada a sus dueños porque se talan los árboles para hacer carbón para la Real Fábrica de Hojalata, en virtud da la facultad que por decreto concedió Su Majestad" (el Real privilegio firmado por Felipe V el 18 de octubre de 1726 daba libertad para el corte de leñas). (2)

El mismo autor da cuenta de la desaparición de los castañares y de los bosques en las Sierras de Cartajima, al mencionar que Rivera Valenzuela, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición, en su obra de 1766 "Diálogos de memorias eruditas para la historia de la nobilísima ciudad de Ronda" , "…el hierro y el fuego han limpiado en varias partes más de quatro leguas, con pérdidas de dos millones y medio de árboles; acuérdome haver hecho de Fiscal en la causa fulminada contra un carbonero, que en distintas ocasiones él solo havía cortado en el Risco de Cartaxima más de treinta mil encinas albarranas frutales". (3)

Caminos centenarios.



Pero volvamos al sendero, celebrando que la fábrica de hojalata de Júzcar cerrara sus hornos para siempre a finales del XVIII, antes de acabar definitivamente con los castañares, como lo hizo con no pocos bosquetes de robles y pinsapos, de encinas y quejigos en los montes cercanos.

Caminos parecidos a los que vamos a recorrer, que serpean por las laderas de El Cerrito, pobladas de castaños, eran las únicas vías de comunicación entre los pueblos del valle del Genal a los que no llegaron las carreteras hasta bien entrado el siglo XX. Sobre esta circunstancia, Domingo de Orueta escribía en 1917, en su Estudio Geológico y Petrográfico de la Serranía de Ronda, lo siguiente: "La escasez de vías de comunicación entre este valle y el resto de la provincia es tal, que podemos afirmar el siguiente e inaudito hecho: de los quince pueblos que hay en el valle del Genal, nueve de ellos no han visto nunca una rueda; esto es, jamás ha llegado a ellos, porque no puede llegar, no ya un coche, sino ni un carro, ni aun los más toscos y sencillos.

No existen carreteras ni caminos, sino veredas tortuosas y estrechísimas de pendientes extraordinarias, nunca reparadas, que suben y bajan por aquellos montes, del todo indiferentes a la curva de nivel. Para ir de Ronda o de la costa a cualquiera de estos pueblos, es preciso cabalgar horas y horas sobre un mulo o un caballejo del país, y precisamente del país: que sólo las caballerías criadas en él son capaces de cortar los malísimos y peligrosos pasos de tales veredas...
" (4)

El lector curioso podrá comprobar cómo el primer mapa topográfico de la zona (la hoja 1065-Marbella del Instituto Geográfico y Estadístico, edición de 1917) presenta todavía en construcción la carretera de Ronda a San Pedro de Alcántara y pone de manifiesto la inexistencia de otras carreteras secundarias entre los pueblos del valle del Genal, más allá de los caminos de herradura y vías pecuarias, muy parecidas a los que ahora recorremos. (5)

Entre castaños.

Dejamos ya la historia para adentrarnos por los caminos que unen Parauta e Igualeja y perdernos literalmente bajo las copas de los castaños que a ambos lados del sendero cubren nuestros pasos. Si tenemos la suerte de elegir bien las fechas, -desde finales de octubre a finales de noviembre- disfrutaremos de un inigualable espectáculo. En las laderas se amontonan abiertos los “erizos”, que es como se conoce a la capa coriácea cubierta de espinas que protege a las castañas. Un manto de hojas secas –ocres, anaranjadas, amarillas- cubre el suelo por todas partes y entre las copas de los castaños se filtra la luz del sol encendiendo aún más los colores de las hojas. En el fondo del valle se adivinan pequeños huertos y como telón de fondo, frente a nosotros, nos acompañan en nuestro recorrido los paredones calizos del Almola, del cerro del Malhacer, de los Pilares del Jarastepar o de Los Riscos, por cuyas laderas se adivina la carretera que conduce a Cartajima, cuyo blanco caserío se nos antoja colgado entre los frondosos castañares que lo rodean.



Tanto si llegamos hasta Igualeja, como si paseamos por estos senderos que se trazan en torno a Parauta, disfrutando del otoño sin igual de sus castaños, regresaremos después – como nos pasa a nosotros cada vez que venimos- con una sola idea: volver de nuevo el próximo noviembre con nuestros amigos, guíados como siempre por J. Manuel Grilo y Yiye Melero, “parauteños” de adopción. Para quienes no quieran esperar tanto, la primavera ofrece también una singular visión de estos parajes cuando los castaños exhiben sus flores masculinas que visten las copas verdosas con una singular coloración amarillenta. Que ustedes lo disfruten.


Para saber más:
(1) Jurado Sánchez, J.: Descripción de caminos y pueblos de Andalucía. Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989.
(2) Castillo Rodríguez, J.A: El Valle del Genal: paisajes, usos y formas de vida campesina. Málaga, 2002, citado por J. Porras, Javier:La Real Fábrica de Hoja de Lata de San Miguel” en: http://www.iluana.com/espacios_articulo.asp?idarticulo=15
(3) Porras, J.: en obra citada.
(4) Orueta y Duarte, D.: Estudio Geológico y Petrográfico de la Serranía de Ronda, Memorias del Instituto Geológico de España, 1917. Pa. 111-112.
(5) Mapa Topográfico Nacional. Hoja1065-Marbella, edición de 1917.1 Instituto Geográfico y Estadístico.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 16/11/2013

 
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