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Los Llanos de Caulina y la Batalla de Guadalete
La versión del historiador Adolfo de Castro.




Hace unos años, en 2011, se cumplieron XIII siglos de la famosa Batalla de Guadalete, una de las más renombradas y decisiva de cuantas se han librado en nuestro territorio y que de manera determinante marcó la Historia de España.

En los orígenes de este episodio se confunden los mitos y las leyendas con los hechos históricos que tienen como principales protagonistas a Musa, Tarif, Táriq, Don Rodrigo, el conde Don Julián y su hija Florinda, los hijos de Witiza… Tras una primera expedición de Tarif, diferentes historiadores árabes refieren que a lo largo del mes de Rayab del año 92 H., o del mes de Shaban (abril o mayo de 711 d. de C.) Táriq Ibn Ziyad, gobernador de Tánger, siguiendo las instrucciones del wali de la región, Musa ibn Nusayr, fue desembarcando tropas al abrigo del monte que luego tomaría su nombre, Yabal Táriq (Gibraltar), hasta conformar una fuerza militar con la que emprender la conquista de al-Andalus. Apenas dos meses después, las tropas de Táriq y las de Rodrigo se van a enfrentar a orillas del Guadalete, el 19 de julio de 711, en un duro y prolongado combate que una semana después, el 26 de julio, se saldará a favor de los musulmanes.

ero si en lo relativo a las fechas en las que aconteció la famosa batalla hay bastantes coincidencias, en lo que se refiere al escenario geográfico de la contienda, se disparan las hipótesis más peregrinas. Dejamos para otra ocasión la larga controversia académica sobre el lugar exacto donde tuvo lugar aquella confrontación histórica, aquel “choque de civilizaciones” que supuso la desaparición de la Hispania visigoda. El río Barbate, la Laguna de La Janda, las inmediaciones de Vejer o Medina, los alrededores de Sidueña, los campos de Sangonera, en Murcia... han sido otros tantos escenarios donde los historiadores han querido ubicar esta decisiva contienda.

Sea como fuere, en la historiografía tradicional y aún en el imaginario colectivo, se habla siempre de la batalla de Guadalete para aludir a este suceso histórico y que historiadores como Claudio Sánchez Albornoz ubican en las orillas del Wadi Lakka, nuestro Guadalete. Dada la cercanía del río a nuestra ciudad, muchos autores han vinculado algunos parajes de la campiña próximos al Guadalete, con el posible escenario de esta batalla. Así, por ejemplo, A. Ponz o el francés A. de Latour, la sitúan en los Llanos de La Ina, mientras que otros como Gabriel Alonso de Herrera o Adolfo de Castro apuestan por los Llanos de Caulina.

Los Llanos de Caulina como escenario de la Batalla.

Sin más fundamento que su intuición y dejándose llevar de la mano de una visión romántica y legendaria de la historia, el célebre historiador gaditano Adolfo de Castro, señala que los campos situados entre Jerez, Espera y Arcos, los parajes que se extienden a los pies de las sierras de Gibalbín y Gamaza, las Mesas de Santiago y, en especial, los Llanos de Caulina, fueron el escenario de las luchas entre Rodrigo y Táriq.

Los tiempos son como ríos que no pueden volver atrás. De ellos queda en la memoria de los hombres el recuerdo de las hazañas más insignes así en valor y en virtud como en maldad. Senda estrecha y trabajosa es por donde camina el historiador, y en la que se hallan más tropiezos y estorbos de cuantos están en el campo abierto que ofrecen al entendimiento humano las buenas letras. Sin la verdad y la crítica imposibles es mover por ella con seguro pié los pasos”. Con esta solemne reflexión sobre el díficil trabajo del historiador comienza la “Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814” escrita por Adolfo de Castro y publicada en Cádiz por la Imprenta de la Revista Médica en 1858 (1).



Adolfo de Castro (1823-1898), escritor, historiador y erudito, fue también alcalde de Cádiz y gobernador de Cádiz y Huelva. A él se deben, entre otros trabajos que abordan temas vinculados con la provincia, una Historia de Jerez (1845) y su más conocida “Historia de Cádiz”, de la que extraemos las hipótesis y argumentos que sobre la Batalla de Guadalete, vierte en su autor.

Señala en esta obra el historiador gaditano que Rodrigo, tras conocer las primeras noticias de la invasión, encamina su ejército hacia el sur especulando acerca del itinerario seguido por sus tropas que “… Al ir hacia los sitios que ocupaban los invasores, que eran Gibraltar y su campo, claramente se infiera que no había de dirijirse por Montellano y otras sierras con un ejército cuya fuerza mayor consistía en tropas á caballo. Rodrigo tomaría el mismo camino real por Utrera y Lebrija hacia Jerez que fue lo mismo que para recuperar las Algeciras hizo con su ejército don Alonso XI.” Para Adolfo de Castro, Táriq, en su avance, habría evitado los terrenos quebrados y montuosos para salir al encuentro de Rodrigo con su ejército de doce mil hombres y “…haría lo que todo invasor en sus entradas: llevar a su gente por los caminos reales hasta presentar la batalla al enemigo que salga á impedir el paso. La extensión de los llanos de Caulina, tan inmediatos á a la antigua vía romana y al camino real moderno, y próximos al Guadalete, lugar el más á propósito para una batalla, y batalla en que combatió mucha caballería, desde luego con las observaciones que he presentado ofrece la historiador motivos para la conjetura de que fue teatro de la sangrienta lucha que originó la pérdida de España, como en parte fue teatro de la acción, no menos terrible, en que César venció a los hijos de Pompeyo” (2).

Ya tenemos pues, según la opinión de Castro, un escenario probable para esta batalla, un espacio físico en el que, a su entender, encajan la “lógica” de la estrategia militar, las razones de índole geográfico, y las antiguas vías de comunicación que tendrían que haber seguido los ejércitos contendientes: los Llanos de Caulina.


Los campamentos musulmanes: entre Arcos y Espera.



Nuestro erudito historiador aún encuentra otros argumentos en auxilio de su tesis, recurriendo a la toponimia. Así, cree ver confirmada y “perpetuada” en los nombres de dos arroyos de la zona, la presencia de los dos principales caudillos árabes. Veamos su ingenioso razonamiento que hoy se nos antoja una fantasía de erudito ingenioso: “En dos arroyos se conservan nombres, en mi entender alusivos á la batalla del Guadalete. Uno en el arroyo Fontetar, corrupción indudable de Fonte Táriq ó la fuente de Táriq, del mismo modo que “Gebal-Táriq se dijo Gibraltar. Aquí, pues, está consignado el nombre del caudillo de la expedición. El otro es el arroyo Musas, donde aún dura, ligeramente corrompido por el vulgo el nombre de Músa ben Nossayr, lugarteniente del Califa y por tanto el jefe del ejército, si bien no se hallaba presente. Esto prueba que por este sitio debió colocarse el campamento de los árabes. No están ambos arroyos muy distantes de Arcos ni del Guadalete: sabido es también que los llanos de Caulina se encuentran entre Arcos y Jerez” (3).

Adolfo de Castro acude aquí al valor probatorio de los registros toponímicos al afirmar que “…Imposible parecería que del sitio de un hecho tan notable no se hubiese conservado la memoria por nombres que de generación en generación el vulgo repitiera, aún sin saber lo que decía…De sucesos tan trascendentales para la historia de una nación ó se mantiene vivo el recuerdo en inscripciones, ó en los nombres de los sitios donde han ocurrido”. Está claro que, a falta de lo primero, ante la ausencia de monumentos conmemorativos, lápidas y vestigios arqueológicos, hay que apoyarse en lo segundo, en la toponimia, y nuestro historiador cree haber encontrado la prueba que busca: “En los arroyos Fontetar y Musas, encuentra el investigador dilijente de estas memorias las pruebas bastantes á designar los lugares de la victoria de Táriq, el caudillo enviado de Músa” (4).

El historiador gaditano, de la mano de estos dos topónimos tan sugerentes como “forzados”, hace situar los campamentos de las tropas invasoras en las tierras que hoy se sitúan entre Arcos y Espera desde donde saldrían al encuentro de las huestes de Rodrigo, apenas detectada su presencia dirigiéndose hacia los Llanos de Caulina a través de las Mesas de Santiago. Veamos como lo cuenta: “El campo de Táriq, estuvo entre Arcos y Espera, según mis conjeturas. El arroyo Fontetar ó Fonte Tariq corre a un cuarto de legua del Guadalete, y el de Músas, casi paralelo a Fontetar, dista de este mismo Arroyo como tres cuartos de legua. La batalla empezaría en la tierra quebrada que media entre el lugar del campamento y los Llanos de Caulina, terminándose en estos. El ser inferior Táriq a Rodrigo en caballería hace verosímil que por este lado fueran los combates primeros” (5).

Un paseo por los “escenarios” de la historia y la leyenda.

¿Qué queda hoy de estos topónimos que sirvieron de base a sus conjeturas? Si el lector curioso consulta la cartografía del Instituto Geográfico Nacional, así como los inventarios toponímicos comprobará que en las diferentes ediciones de la Hoja 1049 (Arcos), no aparece ninguna referencia a estos arroyos en los lugares mencionados por Adolfo de Castro, que se corresponden con el espacio por el que discurre la carretera entre Arcos y Espera.

Esta vía la cruzan hoy pequeños cursos fluviales. Uno de ellos, el más próximo a Arcos atraviesa las tierras de la Pequeña Holanda y pasa junto a la Cooperativa Agrícola Arcense (a unos 4 km de Arcos) cuyas instalaciones se ubican al pie de la citada carretera. Se trata del arroyo denominado de Fronteta. Con este nombre figura (“deformado” a nuestro entender) en la primera edición de la citada hoja 1049 (1917) y con este mismo se mantiene en las siguientes ediciones hasta la más moderna de 2005, (la hoja 1049-1 de Bornos del MTN-25). Se trata sin duda del Arroyo de Fontetar (o de “Fuente de Táriq”) al que alude Adolfo de Castro y que arranca de las inmediaciones del Cortijo de San Andrés, en la cercana Sierra del Calvario, para desembocar en el Salado de Espera en las proximidades de El Peral y Jadramil. De más difícil localización es el arroyo de Musas o de Musa, al que alude nuestro historiador y que identificamos con el actual Arroyo de La Saucedilla. Como el anterior, también cruza la carretera Arcos-Espera, en este caso junto al cortijo del Chupón, para embalsarse en una pantaneta en sus cercanías.

¿De dónde tomó pues estos nombres Adolfo de Castro, su principal argumento para ubicar los escenarios de la batalla de Guadalete? Creemos que lo hizo del mapa de Tomás López (6). Se trata del Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes, publicado en Madrid en 1787 y del que nos hemos ocupado en otras ocasiones en estas páginas de “entornoajerez” (7). En él se aprecian con claridad estos dos topónimos que, a buen seguro, llamarían la atención de un erudito como Adolfo de Castro quien encontró importantes piezas para el puzle que trataba de encajar.



No pasó desapercibido tampoco para el historiador otro topónimo que figura en el citado mapa, esta vez junto al Guadalete, aguas debajo de El Portal: la Barca de Florinda En estas referencias a los nombres de lugares que pudieran estar vinculados a los protagonistas de la Batalla de Guadalete, no ignora Adolfo de Castro el personaje de Florinda, protagonista de la leyenda de La Cava, tan ligada al episodio que desencadenó la invasión árabe. Este curioso topónimo debe su nombre a una barca de pasaje que existió en este lugar explotada por la familia Florinda (8). Afortunadamente, en este caso, las conjeturas del historiador son más prudentes y sin dejarse llevar por los sugestivos ecos de la leyenda de La Cava, descarta cualquier relación directa con la contienda: “Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se impuso. Sea como quiera, no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla” (9).

Al recorrer en estos días los campos de Espera, las tierras de El Peral y Jadramil, las soledades de Sierra Gamaza, las suaves lomas de las Mesas de Santiago… no podemos sino recordar las conjeturas de Adolfo de Castro imaginando con él, las tropas de Táriq acampadas en espera de la contienda con el ejército de Rodrigo que ya se aproxima, camino del Guadalete, por los Llanos de Caulina.

Para saber más:
(1) Castro de, Adolfo: Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Cádiz. Imprenta de la Revista Médica, 1858.
(2) Ibidem, p. 214.
(3) Ibidem, p. 214.
(4) Ibidem, p. 214.
(5) Ibidem, p. 239
(6) López, Tomás: Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes: Dedicado al Excmo. Señor Conde de Florida Blanca... Por los cabildos Eclesiástico y secular de dicha ciudad y por mano del Ilmo. Señor Baylio Don Francisco Zarzana. Madrid 1787. (Agradecemos a nuestro amigo el profesor F.B. Zuleta Alejandre la copia digitalizada de dicho mapa). Otra copia del mismo puede consultarse en el Archivo Municipal.
(7) García Lázaro, J. y A.: El mapa de Tomás López: un recorrido por los términos de Xerez y Tempul a finales del siglo XVIII. Diario de Jerez 15/02/2015 y 22/02/2015.
(8) García Lázaro, J. y A. : Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el río Guadalete (1). Diario de Jerez, 29/05/2016.
(9) Castro de, Adolfo: Historia de Cádiz… p. 214.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Trece siglos de Guadalete, Guadalete, Paisajes con Historia, Por los Llanos de la Ina con don Rodrigo y Orelia. La Batalla de Guadalete en la versión de Antoine de Latour (I).,
  • Los Llanos de la Ina y la Batalla de Guadalete. El relato de Antoine de Latour (y II).


  • Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 1/10/2017


    26 de julio de 711: XIII siglos de la Batalla de Guadalete


    Río Guadalete
    Al modo en el que tradicionalmente se da cuenta de las grandes efemérides, podemos afirmar que “tal día como hoy”, hace 1300 años, el 26 de julio del año 711, las tropas musulmanas de Tariq Ibn Ziyad derrotaron al ejército visigodo de Rodrigo en la conocida como Batalla de Guadalete.

    Sin embargo, a pesar de lo rotundo de la cifra –trece siglos- y de la trascendencia de aquel episodio histórico, llama la atención que en un tiempo tan propenso a recordar aniversarios y centenarios de todo tipo de eventos, se haya ignorado prácticamente la evocación de los Ejércitos cristiano y musulmánsucesos de 711 y, lo que es más importante, de su significación. Basta comprobar el escaso eco mediático que ha tenido esta singular conmemoración a la que tampoco parece haberse prestado mucho interés desde el ámbito académico, si dejamos a un lado la honrosa excepción del Centro de Estudios Históricos Jerezanos que ha dedicado este año sus Jornadas de Historia de Jerez a la “revisión histórica del Jerez andalusí en la conmemoración de la Batalla de Guadalete”.

    Desde "entornoajerez" también hemos venido ocupándonos de ello en este último año ya que, por muchas razones, creemos que los acontecimientos a los que nos referimos pueden calificarse de “históricos” en el más pleno sentido de la palabra, habida cuenta de la gran repercusión que Tarikpara la Historia (con mayúsculas) de nuestro país y de buena parte del ámbito mediterráneo tuvieron aquellos hechos. A todo ello hay que sumar un dato de gran relevancia para nuestro entorno inmediato y es que, con independencia de la controversia académica sobre el escenario físico en el que tuvo lugar aquel renombrado episodio histórico que se saldó con la desaparición de la Hispania visigoda y el nacimiento del al-Ándalus musulmán, en la historiografía tradicional este hecho es conocido como “Batalla de Guadalete” y está ya para siempre vinculado estrechamente con nuestro territorio cercano y con nuestros paisajes.

    Don RodrigoComo cuentan los historiadores, todo empezó en las últimas décadas del siglo VII. Tras vencer a las tribus beréberes que habían ofrecido una fuerte resistencia a las tropas del califato omeya de Damasco, los árabes conquistaron el norte de África llegando con sus ejércitos al Atlántico antes de que la Hégira cumpliera su primer siglo. Faltaba ya muy poco para que el siguiente objetivo de la imparable expansión musulmana –apoderarse de al-Andalus- se lograra. Sin entrar ahora en las motivaciones de la ocupación árabe de la Península Ibérica ni en los ya conocidos hechos históricos que la precedieron y rodearon, creemos que la Batalla de Guadalete es uno de los hitos que de manera más determinante ha marcado la historia de España.

    Desembarco de TarikLa escasez de datos que sobre la contienda aportan las fuentes árabes y las crónicas cristianas, así como la superposición de los mitos y leyendas con los hechos históricos, reclama aún un gran esfuerzo investigador para dar respuesta a los numerosos interrogantes aún no resueltos en relación con la Batalla de Guadalete y al conocimiento del contexto histórico en el que se enmarca. Otro tanto sucede con los perfiles de sus principales protagonistas entre los que sobresalen Musa, Tarif, Táriq, Don Rodrigo, el conde Don Julian y su hija Florinda (tal vez una figura de leyenda), los hijos de Witiza y sus hermanos Oppas y Sisberto, Teodomiro… personajes todos que precisan de una profunda y rigurosa revisión histórica.

    Río Guadalete
    En los movimientos preparativos de la intervención parece estar una primera expedición en 710 al mando del bereber Tarif ben Malik (Abu Zar´a Tarif en otras fuentes) para inspeccionar el territorio, a la que se refieren diferentes historiadores árabes. A ella seguirían, en una operación que tuvo lugar a lo largo del mes de Rayab del año 92 H. o del mes de Shaban (abril o mayo de 711), las tropas de Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger, enviado por el wali de la región, Musa ibn Nusayr. Tariq fue desembarcando tropas al abrigo del monte que luego tomaría su nombre, Yabal Tariq (Gibraltar), hasta conformar una fuerza militar con la que emprender la Río Barbateconquista de al-Andalus. Apenas dos meses después, los ejércitos de Tariq y de Rodrigo se van a enfrentar en un lugar indeterminado entre el Campo de Gibraltar y el valle del Guadalete el 19 de julio de 711 (28 de Ramadán del 92 H.), en un duro y prolongado combate que una semana después, el 26 de julio (5 de Sawwal del 92 H.), se saldará a favor de los musulmanes.

    El lugar exacto donde tuvo lugar aquella confrontación histórica, al igual que la duración y el desarrollo de la misma o el número de contendientes por uno y otro bando, son objeto de debate por los historiadores toda vez que las fuentes documentales árabes y cristianas son, en muchos puntos, algo confusas y aún contradictorias. Entre los escenarios que se proponen en distintas crónicas y fuentes clásicas, además del Guadalete, figuran el río Barbate, la Laguna de La Janda, las inmediaciones de Vejer, los alrededores de

    Río Guadalete
    Medina Sidonia, las orillas del Guadarranque, o las de un “lago” o “laguna” sin determinar.
    Sobra decir que los emplazamientos propuestos por los autores locales que en los últimos cinco siglos han escrito sobre Historia de Jerez (Llanos de Caulina, Llanos de La Ina, alrededores de La Cartuja y Lomopardo…) carecen de base científica y documental, siendo meras especulaciones escasamente fundamentadas.

    Sea como fuere, en la historiografía tradicional y aún en el imaginario colectivo, se habla siempre de la Batalla de Guadalete para aludir a este suceso histórico, que historiadores como Claudio Sánchez Albornoz, tras revisar numerosas referencias tanto en fuentes árabes como cristianas, ubican en las orillas del Wadi Lakka, el río de Lacca (antigua ciudad romana en las proximidades de la Junta de los Ríos), nuestro Guadalete.

    Río Guadalete
    Aunque sólo sea por la oportunidad que nos brinda la conmemoración de los “trece siglos de la Batalla de Guadalete”, creemos que la ocasión puede servir de pretexto para la revisión de lo que aquel hecho supuso en la historia de nuestro país en general y de nuestro territorio en particular y aún para el estudio y la investigación de las muchas incertidumbres que todavía existen en torno a él. De la misma manera, el contraste de nuestra historiografía tradicional con las fuentes documentales árabes puede alimentar otras reflexiones y alumbrar nuevos puntos de vista de lo que supuso un suceso histórico de tanta trascendencia como la Batalla de Guadalete. La ciudad de Jerez y sus instituciones académicas y administrativas preocupadas por la promoción de la cultura no deben dejar pasar las muchas posibilidades que ofrece la conmemoración de esta singular efemérides.

    Otros artículos sobre La Batalla de Guadalete publicados en "entornoajerez"

    Los Llanos de Caulina como escenario de la Batalla de Guadalete: la versión del historiador Adolfo de Castro

    Arroyo Salado de Espera

    En una anterior entrada recordábamos el inicio de la “cuenta atrás” para la conmemoración de los XIII siglos de la Batalla de Guadalete en julio de 2011. A lo largo de este año que resta para esta singular efeméride vamos a ir trayendo a esta ventana de “entornoajerez” algunas páginas de nuestra historiografía local y nacional, del romancero tradicional, así como referencias de Ilustración relativa a la Batalla de Guadaletefuentes árabes que, a modo de “ilustraciones”, contribuyan a recordar aquel hecho histórico.

    Si en lo relativo a las fechas en las que aconteció la famosa batalla hay bastantes coincidencias, en lo relativo al lugar, al escenario geográfico de la contienda, se disparan las hipótesis más peregrinas. De la mano del célebre historiador gaditano Adolfo de Castro, recorreremos hoy los campos situados entre Jerez, Espera y Arcos, los Alfonso de Castroparajes que se extiende a los pies de las sierras de Gibalbín y Gamaza, las Mesas de Santiago y, en especial, los Llanos de Caulina, donde nuestro autor sitúa el marco de las luchas entre Rodrigo y Táriq.

    Los tiempos son como ríos que no pueden volver atrás. De ellos queda en la memoria de los hombres el recuerdo de las hazañas más insignes así en valor y en virtud como en maldad. Senda estrecha y trabajosa es por donde camina el historiador, y en la que se hallan más tropiezos y estorbos de cuantos están en el campo abierto que ofrecen al entendimiento humano las buenas letras. Sin la verdad y la crítica imposibles es mover por ella con seguro pié los pasos”. Con esta solemne reflexión sobre el díficil trabajo del historiador comienza la “Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814” escrita por Adolfo de Castro y publicada en Cádiz por la Imprenta de la Revista Médica en 1858.

    Adolfo de Castro (1823-1898), escritor, historiador y erudito, fue también alcalde de Cádiz y gobernador de Cádiz y Huelva. A él se deben, entre otros trabajos que abordan temas vinculados con la provincia, una Historia de Jerez (1845) y su más conocida “Historia de Cádiz”, de la que extraemos las hipótesis y argumentos que sobre la Batalla de Guadalete, vierte en ella su autor.

    Señala el historiador gaditano que Rodrigo, tras conocer las primeras noticias de la invasión, encamina su ejército hacia el sur especulando acerca del itinerario seguido por sus tropas que “… Al ir hácia los sitios que ocupaban los invasores, que eran Gibraltar y su campo, claramente se infiera que no había de dirijirse por Montellano y otras sierras con un ejército cuya fuerza mayor consistía en tropas á caballo. Rodrigo tomaría el mismo camino real por Utrera y Lebrija hacia Jerez que fue lo mismo que para recuperar las Algeciras hizo con su ejército don Alfonso XI".

    Llanos de CaulinaPara Adolfo de Castro, Táriq, en su avance, habría evitado los terrenos quebrados y montuosos para salir al encuentro de Rodrigo con su ejército de doce mil hombres y “…haría lo que todo invasor en sus entradas: llevar a su gente por los caminos reales hasta presentar la batalla al enemigo que salga á impedir el paso. La extensión de los llanos de Caulina, tan inmediatos á a la antigua vía romana y al camino real moderno, y próximos al Guadalete, lugar el más á propósito para una batalla, y batalla en que combatió mucha caballería, desde luego con las observaciones que he presentado ofrece la historia motivos para la conjetura de que fue teatro de la sangrienta lucha que originó la pérdida de España, como en parte fue teatro de la acción, no menos terrible, en que César venció a los hijos de Pompeyo”. (pg.213)

    Llanos de CaulinaYa tenemos pues, según Adolfo de Castro, un escenario probable para esta batalla, un espacio físico en el que, a su entender, encajan la “lógica” de la estrategia militar, las razones de índole geográfica, y las antiguas vías de comunicación que tendrían que haber seguido los ejércitos contendientes: los Llanos de Caulina.

    Nuestro erudito historiador aún encuentra otras razones en auxilio de su tesis, recurriendo a la toponimia. Así, cree ver confirmada y “perpetuada” en los nombres de dos arroyos de la zona, la presencia de los dos principales caudillos árabes. Veamos su ingenioso razonamiento que hoy se nos antoja un tanto forzado:

    En dos arroyos se conservan nombres, en mi entender alusivos á la batalla del Guadalete. Uno en el arroyo Fontetar, corrupción indudable de Fonte Táriq ó la fuente de Táriq, del mismo modo que “Gebal-Táriq se dijo Gibraltar. Aquí, pues, está consignado el nombre del caudillo de la expedición. El otro es el arroyo Musas, donde aún dura, ligeramente corrompido por el vulgo el nombre de Músa ben Nossayr, lugarteniente del Califa y por tanto el jefe del ejercito, si bien no se hallaba presente. Esto prueba que por este sitio debió colocarse el campamento de los árabes. No están ambos arroyos muy distantes de Arcos ni del Guadalete: sabido es también que los llanos de Caulina se encuentran entre Arcos y Jerez”. (pg. 214)

    Adolfo de Castro acude aquí al valor probatorio de los registros toponímicos al afirmar que “…Imposible parecería que del sitio de un hecho tan notable no se hubiese conservado la memoria por nombres que de generación en generación el vulgo repitiera, aún sin saber lo que decía… De sucesos tan trascendentales para la historia de una nación ó se mantiene vivo el recuerdo en inscripciones, ó en los nombres de los sitios donde Esperahan ocurrido”.

    Está claro que, a falta de lo primero, ante la ausencia de lápidas, monumentos conmemorativos y vestigios arqueológicos, hay que apoyarse en lo segundo, en la toponimia, y nuestro historiador cree haber encontrado la prueba que busca: “En los arroyos Fontetar y Musas, encuentra el investigador Castillo de Esperadilijente de estas memorias las pruebas bastantes á designar los lugares de la victoria de Táriq, el caudillo enviado de Músa” (pg.214).

    El historiador gaditano, de la mano de estos dos topónimos tan sugerentes, hace situar los campamentos de las tropas invasoras en las tierras que hoy se sitúan entre Arcos y Espera desde donde saldrían al encuentro de las huestes de Rodrigo, apenas detectada su presencia dirigiéndose hacia los Llanos de Caulina a través de las Mesas de Santiago. Veamos como lo cuenta:

    El campo de Táriq, estuvo entre Arcos y Espera, según mis conjeturas. El arroyo Fontetar ó Fonte Tariq corre a un cuarto de legua del Guadalete, y el de Músas, casi paralelo a Fontetar, dista de este mismo Arroyo como tres cuartos de legua. La batalla empezaría en la tierra quebrada que media entre el lugar del campamento y los Llanos de Caulina, terminándose en estos. El ser inferior Táriq a Rodrigo en caballería hace verosímil que por este lado fueran los combates primeros”. (pg. 239)

    Cortijo 'El Peral'¿Qué queda hoy de estos topónimos que sirvieron de base a sus conjeturas? Si el lector interesado consulta la cartografía del Instituto Geográfico Nacional así como los inventarios toponímicos comprobará que las diferentes ediciones de la Hoja 1049(Arcos), no aparece ninguna referencia a estos arroyos en los lugares mencionados por Adolfo de Castro., que se corresponden con el espacio por el que discurre la carretera Pequeña Holandaentre Arcos y Espera.

    Esta vía la cruzan varios arroyos. Uno de ellos, el más próximo a Arcos atraviesa las tierras de la Pequeña Holanda y pasa a la Cooperativa Agrícola Arcense (a unos cuatro km. de Arcos) cuyas intalaciones se ubican al pie de la citada carretera. Se trata de arroyo denominado de Fronteta. Con este nombre figura (“deformado” a nuestro entender) en la primera edición de la citada hoja 1049 (1917) y con este mismo se mantiene en las siguientes ediciones hasta la más moderna de 2005, (la hoja 1049-1 de Bornos del MTN-25 ). Se trata sin duda del Arroyo de Fontetar (o de Fuente de Táriq) al que alude Adolfo de Castro y que arranca de las inmediaciones del Cortijo de San Andrés, en la cercana Sierra del Calvario, para desembocar en el Salado de Espera en las proximidades de El Peral y Jadramil. (Ver ilustración)

    De más difícil localización es el arroyo de Musas o de Musa, al que alude Adolfo de Castro y que identificamos con el actual Arroyo de La Saucedilla. Como el anterior, también corta la carretera Arcos-Espera, en este caso junto al cortijo del Chupón, para embalsarse en una pantaneta en sus cercanías.

    ¿De donde tomó pues estos nombres Adolfo de Castro, su principal argumento para ubicar los escenarios de la batalla de Guadalete?. Creemos que lo hizo del mapa de Tomás López. Se trata del Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes, publicado en Madrid en 1787 y del que nos ocuparemos detenidamente en una próxima entrada. En él se aprecian con claridad estos dos topónimos que, a buen seguro, llamarían la atención de un erudito como Adolfo de Castro quien encontró importantes piezas para el puzle que trataba de encajar.

    No paso desapercibido tampoco para el historiador otro topónimo que figura en el citado mapa, esta vez junto al Guadalete, aguas debajo de El Portal: la Barca de Florinda. En estas referencias a los nombres de lugares que pudieran estar vinculados a los protagonistas de la Batalla de Guadalete, no ignora Adolfo de Castro el personaje de Florinda, protagonista de la leyenda de La Cava, tan ligada al episodio que desencadenó la invasión árabe. En relación a este curioso topónimo del que ya nos hemos ocupado en otro artículo de este blog. Sierra de GamazaAfortunadamente, en este caso, las conjeturas del historiador son más prudentes y sin dejarse llevar por los sugestivos ecos de la leyenda de La Cava, descarta cualquier relación directa con la contienda: “Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se impuso. Sea como quiera, no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla”. (214).

    Al recorrer en estos días los campos de Espera, las tierras de El Peral y Jadramil, las soledades de Sierra Gamaza, las suaves lomas de las Mesas de Santiago… no podemos sino recordar las conjeturas de Adolfo de Castro imaginando con él, las tropas de Táriq acampadas en espera de la contienda con el ejército de Rodrigo que ya se aproxima, camino del Guadalete, por los Llanos de Caulina.


    Puedes ver otros temas relacionados en nuestro blog enlazando con Paisajes con historia

    26 de Julio de 2011: TRECE SIGLOS de la Batalla de Guadalete.
    Inicio de la “cuenta atrás” para una singular efemérides.


    En el nombre de Allah, Clemente y Misericordioso. En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Visigodo, han alcanzado las tropas del Islam sus primeros objetivos militares. La conquista de Al-Andalus ha comenzado”. Firmado por Táriq Ibn Ziyad, jefe del Ejército Musulmán, el 26 de Julio de 711 a orillas del Wadi Lakka.

    Permítasenos esta pequeña licencia que, a imitación del que fuera el último parte de la Guerra Civil Española, nos sirve de pretexto para recrear el que pudiera ser el primer episodio de una guerra que duró casi ocho siglos.

    Todo empezó en las últimas décadas del siglo VII. Tras vencer a las tribus beréberes que habían ofrecido una fuerte resistencia a las tropas del califato omeya de Damasco, los árabes conquistaron el norte de África llegando con sus ejércitos al Atlántico antes de que la Hégira cumpliera su primer siglo. Faltaba ya muy poco para que el siguiente objetivo de la imparable expansión musulmana –apoderarse de al-Andalus- se lograra. Sin entrar ahora en las motivaciones de la invasión árabe de la Península Ibérica ni en los ya conocidos hechos históricos que la precedieron, queremos centrar la atención en uno de los hitos que de manera más determinante ha marcado la historia de España: la batalla de Guadalete.

    En los orígenes de este episodio se confunden los mitos y las leyendas con los hechos históricos que tienen como principales protagonistas a Musa, Tarif, Táriq, Don Rodrigo, el conde Don Julian y su hija Florinda, los hijos de Witiza… Tras una primera expedición de Tarif, diferentes historiadores árabes refieren que a lo largo del mes de Rayab del año 92 H., o del mes de Shaban (abril o mayo de 711 d. de C.) Táriq Ibn Ziyad, gobernador de Tánger, siguiendo las instrucciones del wali de la región, Musa ibn Nusayr, fue desembarcando tropas al abrigo del monte que luego tomaría su nombre, Yabal Tariq (Gibraltar), hasta conformar una fuerza militar con la que emprender la conquista de al-Andalus. Apenas dos meses después, las tropas de Táriq y las de Rodrigo se van a enfrentar a orillas del Guadalete, el 19 de julio de 711, en un duro y prolongado combate que una semana después, el 26 de julio, se saldará a favor de los musulmanes.

    “Tal día como hoy… hace 1299 años”

    Hemos abandonado enseguida la tentación de comenzar este post con esa entradilla tan usual en las efemérides. Pero nos la vamos a guardar para dentro de un año por que la ocasión lo merece. Será entonces, el 26 de julio de 2011, cuando se cumplan trece siglos de la “madre de todas las batallas”, la más renombrada y decisiva de cuantas se han librado en nuestro territorio y en nuestro país: la batalla de Guadalete.

    Dejamos para otra ocasión la larga controversia académica sobre el lugar exacto donde tuvo lugar aquella confrontación histórica, aquel “choque de civilizaciones” (como dirían ahora los políticamente correctos) que supuso la desaparición de la Hispania visigoda. El río Barbate, la Laguna de La Janda, las inmediaciones de Vejer o Medina, los alrededores de Cartagena, los campos de Sangonera, en Murcia... han sido otros tantos escenarios donde los historiadores han querido ubicar esta decisiva contienda.

    Sea como fuere, en la historiografía tradicional y aún en el imaginario colectivo, se habla siempre de la batalla de Guadalete para aludir a este suceso histórico del que existen numerosas referencias tanto en fuentes árabes como cristianas, y que historiadores como Claudio Sánchez Albornoz ubican en las orillas del Wadi Lakka, el río de Lacca (antigua ciudad romana en las proximidades de la Junta de los Ríos), nuestro Guadalete.

    Aunque sólo sea por la rotundidad de las cifras, creemos que la conmemoración de los “trece siglos de la batalla de Guadalete” puede servir de pretexto para la reflexión de lo que aquel hecho supuso en la historia de nuestro país en general y de nuestro territorio en particular y aún para la revisión histórica de las muchas incertidumbres que todavía existen en torno a él. De la misma manera, el contraste de nuestra historiografía tradicional con las fuentes árabes puede alimentar otras reflexiones y alumbrar nuevos puntos de vista de lo que supuso un hecho histórico de tanta trascendencia como la batalla de Guadalete.

    Modestamente, desde esta ventana de “entornoajerez”, sugerimos a las instancias académicas (UCA, CEHJ, Academia de San Dionisio, Ateneo de Jerez…) institucionales y administrativas de nuestra ciudad la posibilidad de que, con un año por delante, pueda utilizarse esta singular e importante efemérides para organizar en Jerez diferentes actos en torno a los “Trece siglos de la batalla de Guadalete”. Por nuestra parte, a lo largo de este año que resta para la citada conmemoración iremos trayendo algunas páginas de nuestra historiografía local y nacional, del romancero tradicional, sí como referencias de fuentes árabes que, a modo de “ilustraciones”, contribuyan también a recordarla.


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