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En las cumbres del Aljibe.
Historia, vegetación y vistas panorámicas.




La semana pasada iniciamos esta ruta que, partiendo del antiguo poblado de La Sauceda nos conduce a través de un sendero por las laderas del alcornocal, hasta las cumbres del Aljibe.

Desde el inicio del itinerario junto a la carretera, hasta la zona más altas, hemos salvado un desnivel de casi 600 metros, pero la subida ha merecido la pena. Kavafis, en su hermoso poema “Viaja a Ítaca” nos recuerda que lo importante es el viaje, el camino, y que llegar al destino es sólo un feliz pretexto para realizarlo. En este caso, si el recorrido por el bosque justificaría ya la realización del itinerario, alcanzar la zona de cumbres es también un merecido premio a nuestra caminata.

En la pilita de la reina.

Una vez en la planicie que corona la sierra, podremos acercarnos hasta los dos mogotes rocosos que la presiden. Si trepamos (fácilmente) al primero de ellos podremos ver entre los bloques de arenisca cubiertos por líquenes, una tumba antropomorfa excavada en la roca, conocida como la “Pilita de la Reina", quizás la más popular y conocida de todas. Con este mismo nombre se designa también en muchas ocasiones a esta cumbre ya que, según una tan extendida como infundada tradición popular, “se bañó en ella la reina Isabel la Católica”. Sepulturas similares aparecen en otros puntos de las sierras del Campo de Gibraltar y muchos investigadores las consideran “tardorromanas”, visigóticas o del periodo alto-medieval. En el segundo montículo puede verse el vértice geodésico del Aljibe (1.092).

Distintos autores, y también el “imaginario colectivo” han visto en la “Pilita de la Reina” y en otras oquedades excavadas en la roca, donde se retienen las aguas de lluvia, la explicación fundamental por la que este monte sea conocido como “El Aljibe”. Por esta razón, no es de extrañar que a mediados del s. XIX Pascual Madoz, ya contemplaba en su conocido Diccionario Geográfico esta posibilidad y así, al describir el relieve provincial, apunta que “en la eminencia de la sierra, existen los restos de un grande algibe de tiempos muy remotos, de donde quizá toma aquella el nombre” (1). Esta misma idea es apoyada por V. García de Diego (2) quien recuerda que el nombre de la sierra procede “del árabe al-chibb" o “pozo del aceite”, haciéndose este significado extensivo al de cisterna o depósito para almacenar líquidos. Otros autores, como el arabista Oliver Asín, participan también de esta opinión en relación con el origen del topónimo.

Frente a estas interpretaciones “transparentes” de este topónimo, el profesor Bustamante Costa atribuye a “Algibe” el significado de “el monte”, haciéndolo derivar del árabe antiguo /al-gébel/ (árabe clásico /al-gabal/) (3). Razones de carácter filológico y documental unidas a la relevancia geográfica de esta montaña, que la hacen destacar de manera nítida sobre el paisaje circundante, apoyan con fuerza esta propuesta (4).

De lo que no cabe duda es que estas cumbres están cargadas de historia siendo ya mencionadas en distintos documentos castellanos del siglo XIV. También se citan en el Libro de la Montería, atribuido a Alfonso XI donde se da cuenta de sus bondades cinegéticas: "… el Arroyo de los Almezes, que es al Pie de la sierra de Alxibel es buen monte de Oso e de Puerco en todo tiempo, e es la una bozeria de la parte de la Sierra de Mon Santo, como da en los Riscos de los Almeces; e la otra de parte del Cerro Breçoso. E es la armada en el abertura, q salle fasta la sierra del Gibel" (5).

Una rábita andalusí en las cumbres del Aljibe.

Diferentes autores apuntan la posibilidad de que en época andalusí existiera en las cercanías del pico del Aljibe una rábita. De ello dan cuenta, entre otros, Salas Organvídez, Gozalbes Cravioto, Becerra Parra y Martínez Enamorado. Las fuentes castellanas medievales así parecen confirmarlo y a esta rábita se alude en distintos documentos sobre los deslindes entre los términos de Cortes, Jerez, Alcalá y Jimena.

La denominación árabe de este emplazamiento situado en la línea de cumbres entre el Aljibe y El Montero era la de Bibarábita (con significación de “puerta de la Rábita”), “…siendo puerta sinónimo de paso de montaña o puerto. El nombre con el que es llamado en ese mismo documento el lugar es el de Puerto del Roble”, situado a poco más de un km al este del Pico del Aljibe, y visible desde las cumbres (6).



M. Antonia Salas, señalando los antiguos límites a finales del siglo XV entre Jerez, Cortes y Alcalá aporta el testimonio de Hamete el Fordu, vecino de Benarrabá quien menciona en arábigo los topónimos de las lindes entre términos, y donde volvemos a encontrar pistas sobre la mencionada rábita: “Desde el Puerto de Alcatyma al Cauz y a la Vallesta… Sigue por el Puerto de la Rábita o Bexuarabita y al Puerto de Ortela y al de Gales y al Puerto de Laurit y a la Peña de la Gallina… Especifica que todo lo de la derecha es de Cortes y lo de la izquierda, de Alcalá, Tempul, Cardela y Garciago” (7).

Para algunos autores, el paraje del citado Puerto del Roble, por el que hasta la primera mitad del siglo pasado se trazaba el camino que unía las vertientes de los arroyos de Pasada Llana (La Sauceda, Cortes), con las del Montero (Alcalá de los Gazules) pudo ser el emplazamiento de esta rábita andalusí (8). Becerra Parra y Martínez Enamorado se decantan por el Pico del Aljibe para la ubicación de este enclave, tomando como referencia los documentos de la visita de términos efectuada por la ciudad de Ronda a La Sauceda y las cumbres del Aljibe donde, al describir el lugar se menciona un villar: “Por la cordyllera de la syerra adelante fasta dar a una peña donde estava en ella una pila grande de agua, como



sepultura, que dixeron que se llamava la peña del Aljibe, donde estava un villar junto a la dicha peña alta …
”. Estos autores plantean que por lo inhóspito del paraje, azotado por los vientos de levante, es muy dudoso que existiera en las cumbres del Aljibe una pequeña aldea o villar, por lo que las ruinas de construcciones que en los siglos medievales pudieran observar los jueces de términos, bien pudieran corresponderse con la rábita que mencionan las fuentes castellanas, que encontraría aquí un emplazamiento más adecuado para sus labores de control del territorio, desde el a modo de balcón natural se dominan las costas africanas y del Estrecho, la Serranía de Ronda y la costa Atlántica de Cádiz (9). Sea como fuere, cada vez que venimos a las cumbres del Aljibe, nos gusta imaginar que al abrigo de sus peñas, los morabitos, mitad monjes, mitad soldados de frontera, cumplían con sus preceptos religiosos a la vez que vigilaban estos parajes fronterizos.

Una curiosa vegetación.

En estas zonas altas de la sierra, azotadas por los vientos y la lluvia expuestas al sol y a las heladas, el bosque deja paso a un matorral achaparrado adaptado a estas duras condiciones, en el que aparecen especies como brezos (brecina, brezo cucharero, bermejuela), jaras (jaguarzo, jara estepa) y robledillas, junto a coscojas, robles achaparrados y algunas leguminosas como Genista tridentata (retama de tallo alado o engordatoro) o Teline tribracteolata (escobón gaditano), entre otras (10).

En 1930 los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños visitan las cumbres del Aljibe y describen en su Estudio sobre la Vegetación Forestal de la Provincia de Cádiz la singularidad botánica de estos parajes y, en especial, la observación de distintas especies del género Quercus: “En algunos puntos de la sierra del Aljibe, al rebasar el canuto los 800 m. de altitud, el alcornoque desparece y en su lugar se presenta el roble, siendo raro que las tres especies reunidas ofrezcan porte arbóreo, sino que en el natural escalonamiento, creciendo la altitud vayan pasando por un máximo en el orden alcornoque-quejigo-roble; pero el último no llega a ese estado, pasando de nuevo a su talla arbustiva momentos antes de las crestas, que en ese lugar tienen unos 1.000 m. de elevación. En la provincia de Cádiz, únicamente existe el roble en el mencionado sitio y en corta



cantidad; teniendo en cuenta la cita que hacemos de encinas en el Picacho y la abundancia de la roulilla (robledilla) por todas las lomas, es curioso que en radio de 3 km. se hallen seis especies de Quercus, de las ocho clásicamente conocidas en nuestra Península
” (11).

De la misma manera, estos autores llaman la atención sobre el matorral achaparrado que cubre las herrizas de estas crestas y que describen como “asociación del Quercus humilis”, de las que podemos hoy observar, como hace casi cien años atrás, las especies más significativas que lo integran. Así, junto a la robledilla o roulilla, de porte achaparrado y rastrero, veremos las lustrosas matas de jara estepa, de flores blancas, o los omnipresentes brezos, que desde finales del invierno y durante la primavera, dan a estas cumbres con sus flores un hermoso tono blanco y rosado.

Un soberbio panorama.

Pero además de disfrutar con la observación de estas singulares especies vegetales, la subida al pico del Aljibe tiene otra magnífica recompensa. Si tenemos suerte y la atmósfera está limpia y despejada (después de un día de lluvia, o en una jornada con viento de poniente, por ejemplo), las vistas que podremos obtener desde este lugar se cuentan entre las más espectaculares de cuantas pueden ser observadas en la provincia de Cádiz. En caso contrario nos conformaremos, cuando menos, con admirar los amplios horizontes y entrever o adivinar las distintas sierras, poblaciones y parajes que se nos ofrecen.



Así, en un rápido recorrido en sentido de las agujas del reloj veremos, al norte, los Montes de Jerez y a lo lejos las tierras de Prado del Rey y las campiñas sevillanas. La mole rocosa de la Sierra del Pinar sirve como telón de fondo a las cercanas sierras de Ubrique. Hacia el Este, la Sierra del Endrinal nos muestra en sus faldas el caserío de Benaocaz, para pasar después a los perfiles del Caillo, Los Pinos y los montes de Cortes y la Serranía de Ronda, donde despunta el Torrecilla. Los días claros, puede verse hacia el sur el Peñón y el Etrecho de Gibraltar, así como los montes de Jimena y Castellar y, más cerca de



nosotros, siguiendo la cordal, el pico del Montero, con el radar militar coronando su cima. Hacia el oeste los horizontes se multiplican: Vejer, Benalup, el embalse del Barbate, Alcalá de los Gazules, más cerca... Los pueblos y ciudades de la Bahía de Cádiz se adivinan a lo lejos entre Medina y Paterna. Las lomas y cerros de la campiña, ofrecen un paisaje de molinos, que se extiende ya por buena parte de esta zona de la provincia. La Sierra del Valle, la silueta de Peña Arpada, Valdelagrana, El Puerto, Jerez… se suceden en esta magnífica vista.

La Sierra de Aznar, nos muestra la herida de su cantera y tras ella se



adivina Arcos y la Sierra de Gibalbín, y la central térmica de laJunta de los Ríos y las colas del embalse de Bornos… Muy cerca del Pico del Aljibe, hacía el norte, adivinamos la cercana cumbre del Picacho de la que nos separa la Garganta de Puerto Oscuro, donde volveremos en otra ocasión para bajar, con el río Barbate, hasta Alcalá.

Unas vistas excepcionales de las que sólo se puede disfrutar en lugares como este y que a buen seguro serán la feliz recompensa a nuestro paseo.

Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 69.
(2) García de Diego, V.: Toponimia de la zona de Jerez de la Frontera. Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Gráficas del Exportador. Jerez, 1972. Págs., 45 y 65.
(3) Bustamante Costa, J.: “Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 31.
(4) García Lázaro J. y A.: Por la Sierra del Aljibe. Tras las pistas de un curioso topónimo árabe. Diario de Jerez, 19 de Octubre de 2014.
(5) Libro de la Montería: L. Tercero, Cap. XXIX, 88. Ed. Andrea Pescioni. Sevilla, 1582. Ejemplar conservado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, disponible en Internet.
(6) Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo en la Serranía de Ronda: Una propuesta para el análisis de sus rábitas y zāwiya-s., Takurunna, nº 1, 2011, pp. 129
(7) Salas Organvídez, M.A.: “Relaciones de la ciudad de Jerez con la ciudad de Ronda y villas de la Serranía de Villaluenga. (Final siglo XV y XVI)”, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, Servicio de Publicaciones del ayuntamiento de Jerez, 2014, Pg. 379.
(8) Es el caso de Gozalbes Cravioto, C., citado por Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo,… p. 130.
(9) Martínez Enamorado, V. y Becerra Parra, M.: En torno al morabitismo... p. 130
(10) VV.AA.: Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar, Guías Naturalistas de la Provincia de Cádiz. III. Diputación de Cádiz, 1991. pp. 141-146
(11) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 129 y 201

Por su interés didáctico debemos y queremos citar aquí una obra pionera en la Educación Ambiental, en el que se recoge el fruto de una experiencia escolar en estos parajes, coordinada por nuestro amigo Agustín Cuello Gijón: VV.AA. LA Sauceda. Una experiencia escolar en el trabajo de campo de las Ciencias Naturales. Diputación de Cádiz. 1982.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Parajes naturales, Flora y Fauna, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios, De La Sauceda al Aljibe. Una Ruta por la Sierra del Aljibe (1)..

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 8/01/2017.

Una carretera de altura.
De Grazalema a Zahara por el Puerto de las Palomas.




Entre las carreteras secundarias de la provincia nuestra preferida es, sin lugar a dudas, la que une Grazalema y Zahara por el Puerto de las Palomas. A nuestro juicio, muy pocas carreteras se merecen más el calificativo de “paisajística” que la CA-9104, que une estas dos poblaciones serranas después de recorrer algo más de 14 km, subiendo al puerto de mayor altitud de la provincia, el de las Palomas, de 1189 m. El hecho de ser una carretera de montaña, obliga a circular por ella a velocidad moderada lo que añade sin duda un mayor atractivo a nuestra ruta. Y es que, en esto de los viajes, compartimos la opinión de que “recorrer pausadamente el territorio a ritmo constante y regular permite llegar a una especie de armonía con el espacio" (1).



El trazado de la carretera sigue, en muchos de sus tramos, la huella de los antiguos caminos de herradura que unían estas dos poblaciones serranas (Vereda de La Camilla, Camino de las Lomas, Camino del Pinar…), atravesando una de las zonas más montañosas y abruptas de la serranía y abriéndose paso por las laderas rocosas de la Sierra del Pinar, Las Lomas y Monte Prieto.

A pesar de las precauciones que exigen sus tramos más sinuosos, la CA-9104 constituye un itinerario privilegiado desde el punto de vista paisajístico. En este sentido, el recorrido de esta infraestructura viaria se caracteriza por ofrecer significativas panorámicas sobre destacados ámbitos y referentes paisajísticos de las provincias de Cádiz y Málaga, entre los que destacan las sierras de Grazalema, Ronda y las Nieves.



El ascenso y posterior bajada del Puerto de las Palomas constituyen en términos escénicos los puntos álgidos del recorrido, ofreciendo alobservador destacadas panorámicas sobre el embalse de Zahara, las moles calizas de la Garganta Verde o las sierras de Algarín y Malaver” (2).

Nos gusta esta “carretera con encanto” tanto si la recorremos de Grazalema a Zahara -disfrutando de las vistas de la Ribera de Gaidovar y de las Mesas de Ronda en el ascenso-, como si lo hacemos desde Zahara a Grazalema. En este caso, no deja nunca de sorprendernos, al iniciar el recorrido, sus empinadas rampas contra las que se miden los ciclistas (3), su trazado serpenteante por la ladera de la montaña, donde se divisan a lo lejos, como un muro almenado, los quitamiedos encalados que nos recuerdan a una “muralla china” en miniatura.

Y es que, si los paisajes que se ofrecen al viajero son excepcionales, la propia carretera es también una obra singular, bien integrada en su entorno. Así se juzga en la mejor publicación sobre carreteras y paisaje afirmándose de ella que su trazado es especialmente respetuoso con los condicionantes impuestos por la topografía. Sus características geométricas y de diseño de los movimientos de tierras y los elementos constructivos (muros de contención, barreras rígidas) favorecen la incorporación de la carretera a los distintos ámbitos escénicos con los que interactúa a lo largo de su recorrido.



No obstante, en determinados tramos, fundamentalmente los que serpentean por las vertientes más abruptas, la presencia de los pretiles encalados de mampostería o los muros de contención encachados que sostienen lateralmente la plataforma remarcan la presencia de la carretera en el conjunto de la escena.” (2)

Una carretera con historia.



Grazalema, que llegó a ser conocida como “Cádiz la Chica” en los tiempos en los que contaba con 8.000 habitantes y sus mantas eran conocidas en todo el país, vio como a mediados del s. XIX su industria artesanal comenzó a decaer, entre otras razones, por la competencia de los telares catalanes y las grandes limitaciones que la orografía imponía para la salida de su producción a los mercados provinciales y nacionales. Ginés Serrán Pagán ha planteado en diferentes trabajos (4) como la falta de una red de comunicaciones adecuada y los elevados costes del transporte tradicional, se encuentran también en la base del declive industrial de Grazalema durante la segunda mitad del siglo XIX. Y es que en esa época, más allá de los caminos de herradura que la unían con los pueblos de su entorno, ninguna carretera llegaba aún hasta esta localidad serrana, como describen, con todo detalle Luis Ruiz Navarro y Diego Martínez Salas en un magnífico artículo sobre los antiguos caminos de Grazalema (5).



No es de extrañar por ello que la gran aspiración de los grazalemeños durante décadas fuese la construcción de un enlace con la carretera de Jerez a Ronda, en la zona del puerto de Montejaque. La Memoria de la Diputación provincial de 1886, ya da cuenta de la conclusión de los estudios para su realización y casi veinte años después la Revista de Obras Públicas informa como dan comienzo las obras de esta carretera, en 1905, dentro del Plan de Obras Extraordinarias destinadas al “auxilio de la crisis agraria y alivio de la clase obrera” (6). Las conexiones por carretera con el resto de poblaciones colindantes (Villaluenga, El Bosque, Benaocaz, Ubrique y Zahara) tendrían que esperar todavía varias décadas.

En el caso concreto de la carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas, existe el “mito” de atribuir su construcción -como el de otras obras públicas singulares y “antiguas”- a la época de Primo de Rivera. Sin embargo, hemos de decir que, aunque no tenemos datos fehacientes del momento exacto de su inicio ni de su finalización, esta carretera fue realizada por tramos a lo largo de casi cuarenta años. Un testimonio de primer orden lo aporta el ingeniero de minas y geólogo Juan Gavala Laborde quien en su Descripción Geográfica y Geológica de la Serranía de Grazalema (1917) se lamenta de la escasez de vías de comunicación entre los pueblos de la sierra gaditana: “En la actualidad sólo tres de estos pueblos están enlazados por carreteras a la red general: El Bosque, Ubrique y Grazalema... En El Bosque termina una carreta que arranca de Arcos, y en Grazalema termina otra que parte de la de Jerez a Ronda en el Puerto de Montejaque.” En relación a la carretera que nos ocupa, este autor aporta valiosas referencias sobre las que se encuentran en proyecto y las que han iniciado ya sus obras: “En construcción se encuentran otras varias. La que arranca de la de Jerez a Ronda frente a Zahara, y que pasando por este pueblo seguirá hasta Grazalema, está casi terminada hasta el Puerto de los Acebuches. Esta carretera pasará en su día por el puerto de Las Cumbres y seguirá hacia el Puerto del Boyar para enlazar con otra proyectada entre Grazalema y El Bosque, pasando por las huertas de Benamahoma” (7).

A decir de Gavala, ese primer proyecto inicial hubiese hecho trazar la carretera por el Puerto de las Cumbres –no por el de Las Palomas- siguiendo el trazado del Camino de las Lomas. En todo caso nos apunta un dato de gran interés: en 1917 ya está casi concluido el acceso hasta el Puerto de los Acebuches. Entendemos que en las obras de este primer tramo primarían también los intereses de los grandes propietarios de fincas forestales y, en especial, los de la Dehesa de El Pinar, donde se talaron miles de pinsapos que no pudieron después sacarse de la zona por falta de caminos adecuados (7). Esta carretera era vital para acceder a la citada finca y queremos pensar que la explotación del bosque de pinsapos, iniciada en la década de los 20 del siglo pasado, se salvó por la lentitud de las obras.



La carretera: un riesgo para el pinsapar.

Sea como fuere, lo cierto es que durante los años siguientes no se deja de trabajar en la carretera que ya está “casi terminada” a juzgar por el testimonio que nos aportan los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños, cuando en 1928 visitan la Sierra de Grazalema en los trabajos de campo de elaboración de su Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz, que vería la luz en 1930. En el capítulo dedicado al estudio de los pinsapares, elogian la decisión del Estado de adquirir las masas forestales de la Sierra de las Nieves en Ronda y escriben que “no han faltado plumas que aboguen por que se haga lo mismo con el del “Pinar”; se fundan en que se visita con menos molestias, que se reducirán todavía mucho con la carretera, hoy casi terminada, enlace de Grazalema con Zahara por Monte Prieto, ruta que al facilitar los transportes da más valor a la madera, y por tanto, constituye un serio peligro, en el actual estado de nuestra legislación, para conservar ese arbolado que pertenece a una propiedad particular” (8).



Esta preocupación por los posibles efectos negativos de la carretera sobre la futura explotación del pinsapar es también compartida, unos años después, por el entomólogo forestal A. Barbey. Nieto del célebre botánico Edmond Boissier (quien catalogó para la ciencia el pinsapo), visita el pinsapar a finales de la década de los 30. En 1931 publica su libro A travers les Forêts de Pinsapo d´Andalousie, en el que aporta valiosas pistas sobre la carretera al puerto de las Palomas que se halla en construcción en su tramo inicial. Camino del Puerto de las Cumbres para acceder al pinsapar, Barbey sale de Grazalema y escribe: "...sobrepasadas las últimas casas de Grazalema, se llega a una cantera a lo largo del camino en plena construcción. Averiguamos que esta nueva arteria, de carácter estratégico, parece destinada a enlazar Grazalema con Zahara. Nuestros colegas, los Sres. Ceballos y Bolaños, no están tranquilos frente a los posibles efectos desastrosos que podría conllevar la creación de esta calzada que debe pasar al pie de Monte Prieto, o sea, no muy lejos de la base del pinsapar del Pinar. Es innegable que la excentricidad de este macizo y la extrema dificultad de extraer de él los producto leñosos, han asegurado su conservación” (9).

En la década de los 30, la carretera no estaba aún concluida. Así se desprende del relato que Ramón Fiol, médico jerezano y ateneísta, hace de una excursión en automóvil por la Sierra de Cádiz desde Jerez. Tras un alto en Grazalema después de visitar Ubrique, Benaocaz y Villaluenga, prosigue el viaje hacia Zahara, al no haber otra alternativa, por la carretera que conduce al Puerto de Montejaque: “Son las cinco de la tarde. Por aquellas alturas no molesta el rigor de nuestro Padre Helios, y por tanto, tomaremos puesto, de nuevo, en las entrañas de nuestro «monstruo de acero», que cauto y fiado en el poder de sus frenos, descenderá de Grazalema hacia la bonita gruta de la Virgen de Lourdes que veremos al pasar y llegaremos después de 13 kilómetros por la sierra del Endrinal, de pintorescas perspectivas a la carretera general de Jerez a Ronda en su kilómetro 99” (10).



La carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas continúa en obras y progresaba a duras penas. Así, por ejemplo, en 1933 se paraliza su construcción por una huelga de obreros. En diciembre de ese mismo año “se aprobaba el proyecto reformado de la carretera de Grazalema a la de Jerez por Zahara, trozo primero, con un adicional de 117.000 pesetas” (11).

Durante los 40, terminada la guerra, prosiguen los trabajos que se concluyen a comienzos de los 50. El célebre antropólogo inglés Julián A. Pitt-Rivers quien entre 1949 y 1952 realizó prolongadas estancias en Grazalema (para las investigaciones de campo de su conocido libro “Un pueblo de la Sierra” que publicaría en 1954) da pistas claras de que la carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas todavía no está terminada y que para llegar hasta esta localidad serrana hay que dar un gran rodeo por el “valle” (la Ribera de Gaidovar) : “Zahara está a sólo 16 km. de Grazalema en línea recta, pero por carretera hay más de 30, pues desciende el valle, rodea el pie de la montaña y luego sube a Zahara” (12).



Uno de los primeros testimonios escritos del recorrido completo de esta carretera lo aporta el geógrafo francés Jean Sermet, quien visita a comienzos de los 50 distintos rincones de la geografía andaluza en preparación de su libro “La España del Sur”, cuya primera edición se publicará en Francia en 1953. Sermet, quien deja también recuerdo en sus escritos del puente viejo de Zahara, parte de esta población hacia Grazalema por una carretera recién “estrenada” y escribe: “Una carretera de vértigo parte de Zahara y, suspendida en balcón cerca de la cumbre de la montaña, conduce en catorce kilómetros hasta Grazalema, pueblo completamente blanco, de calles empinadas, en el seno del macizo subbético que lleva su nombre” (13). Ya no cabe ninguna duda: nuestro viajero ha tenido el privilegio de ser de los primeros en pasar por el Puerto de las Palomas a bordo de su automóvil, aunque en su camino la vegetación es escasa y se aprecian aún las cicatrices de la obra, como atestiguan las imágenes aéreas que se tomarán poco después, en el conocido Vuelo Americano de 1956, y donde la carretera se muestra ya en su actual trazado.



Si ustedes aún no conocen esta carretera paisajística, esta auténtica “carretera con encanto”, no dejen de recorrerla, deteniéndose en sus miradores. Y si ya han tenido la suerte de transitarla y de disfrutar de las vistas y del paisaje, ya saben que la primavera es el mejor momento para repetir el paseo. Que ustedes la disfruten.



Ahora que ya conocen la historia de esta carretera, en la próxima entrada, si lo desean, pueden acompañarnos en un recorrido por sus paisajes.


Para saber más:
(1) Andrzej Stasiuk (2008): De camino a Bagdad, Barcelona, Ed. Acantilado. Citado en VV.AA…. pg. 14
(2) VV.AA.: La carretera en el paisaje: criterios para su planificación, trazado y proyecto. Centro de Estudios Paisaje y Territorio. Consejería de Obras Públicas y Transportes, Junta de Andalucía. Sevilla, 2008. Págs. 181-184.
(3) Morente, J.: En bicicleta por la Sierra de Cádiz (III). Los grandes Puertos. Publicado en Sierra de Cádiz. Com. El portal de la Sierra de Cádiz en internet.
(4) Serrán Pagán G.: El toro de la Virgen y la industria textil de Grazalema. REIS 5/79, pg. 119-135. Véase lo expuesto en las págs. 131-132. También las referencias que este mismo autor aporta sobre la construcción de la carretera Grazalema-Puerto de Montejaque en la nota 7, pg. 97 de: La fábula de Alcalá y la realidad histórica en Grazalema. REIS 9/80, pg. 81-118.
(5) Ruiz Navarro, L. y Martínez Salas, D.:De los antiguos caminos de Grazalema al primer accidente de tráfico”, Blog Raíces de Grazalema,
(6) Revista de Obras Públicas, 1905, tomo 77 pág. 232.
(7) Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918. Pág. 30. Gavala da cuenta de cómo un explotador de montes taló 15.000 árboles cuya madera no pudo después extraer por las dificultades para el transporte. (Pg., 11).
(8) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio Ambiente, 2000. Pág. 98
(9) A. Barbey.: A través de los bosques de pinsapo de Andalucía. Trad. Fernando Díaz del Olmo. Ed. AMA. Consejería de Medio Ambiente. Sevilla, 1996, Pág. 109.
(10) Ramón Fiol: Jerez, centro de turismo. El circuito de la Sierra. Revista del Ateneo, Año IX, nº 59, Pg. 79. Jerez, 1932.
(11) Santiago Moreno Tello (Ed.): La destrucción de la Democracia: Vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz. Vol. 1. Consejería de Gobernación y Justicia. Junta de Andalucía y Diputación de Cádiz, 2012. Pág. 497
(12) Julián A. Pitt-Rivers: Un pueblo de la sierra: Grazalema. Alianza Universidad. 1989, Pg. 14.
(13) Jean Sermet: Espagne du Sud. Ed. Arthaud. París, 1953. Pg. 259. La traducción es nuestra.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Paisajes de una carretera de altura. De Grazalema a Zahara por el Puerto de las Palomas, Carreteras secundarias, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/03/2016

 
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