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Por la Laguna de las Quinientas (y II).
Un antiguo humedal en vías de recuperación.




A nuestro amigo José Trujillo Martínez.

El domingo pasado, con motivo del Dia Mundial de los Humedales, iniciamos un recorrido por la Laguna de las Quinientas, próxima a Jerez, recordando como las tierras en las que se enclava estuvieron dedicadas siglos atrás a dehesa boyal. En nuestro paseo de hoy recordaremos las curiosas referencias que esta laguna ha dejado en la cartografía y las fuentes documentales de los últimos siglos. De la misma manera nos ocuparemos también de las “décadas negras”, en las que fue destinada a balsa de vertidos de la Azucarera del Guadalete, destruyéndose como espacio natural. Por último, nos referiremos a sus últimos años en los que se han escrito las esperanzadoras páginas de su restauración ambiental y de los inicios de su recuperación como espacio natural.

La Laguna de las Quinientas en últimos siglos XIX y XX: cartografía y fuentes documentales.

A diferencia de otros humedales de la campiña que fueron desapareciendo a lo largo de los siglos XIX y XX, la Laguna de las Quinientas sobrevivió, mal que bien hasta bien entrado el pasado siglo, a las corrientes higienistas y desarrollistas que con desecaciones, drenajes y roturaciones acabaron con buena parte de nuestras pequeñas lagunas.

Eso es el menos lo que se desprende de la cartografía de la zona en la que aparece recogida con diferentes nombres o sin ellos, pero fácilmente identificable por su emplazamiento junto a sus antiguas “vecinas”, las lagunas de la Isla y de Bocanegra. A modo de ejemplo, y sin ser exhaustivos, en un curioso mapa francés de 1842 figura con la curiosa denominación de Laguna de las Monjas, nombre con el que también era conocida, ya que como se ha dicho las tierras de las Monjas del Espíritu Santo, con las que lindaba este humedal, pasaron a formar parte de la Dehesa de las Quinientas. En este mismo mapa aparece junto a ella, perfectamente reconocible la laguna de la Isla, en las Pachecas, que figura aquí con el extraño nombre de “Laguna del Curitango”, mostrando en el centro su “isla” o “toruño”, peculiaridad geográfica que “bautizaba” a este humedal (8). Con la misma forma se recogen también ambas lagunas en el primer mapa provincial de Cádiz, obra de Francisco Coello en 1868, donde se la sitúa en las proximidades del cortijo de Róa la Bota (9).

En el plano de Lechuga y Florido (1897) o en el Plano Parcelario de López Cepero (1904) figura ya junto a la casa del Cortijo de Las Quinientas, edificada en aquellas fechas. En ese último plano ya se pone de manifiesto que la laguna se alimenta de las aguas del arroyo de Bocanegra y rebosa a través de otro pequeño arroyo, el de Las Quinientas, que vierte sus sobrantes al Guadalete. Más cerca de nuestros días, en el mapa provincial de 1935, figura también junto a las lagunas de la Isla y Rajamancera que desaparecerían apenas unas décadas después al ser drenados sus vasos para aprovechamientos agrícolas (10).

La primera imagen aérea que conocemos de Las Quinientas es la proporcionada por el conocido como Vuelo de 1945-46 en la que se muestra con la actual forma de “pera” y en la que el arado ha afectado ya a un sector de la laguna disminuyendo su superficie, a juzgar por lo que unos años antes, en 1940, nos informa el geógrafo Juan Dantín quien al visitar la zona escribe: “En las terrazas de la izquierda del río Guadalete… se disponen hasta once lagunas endorreicas, unas temporales, como la laguna de las Quinientas (500 m. de diámetro) a que afluye el arroyo de Bocanegra, seco con el rigor de los calores estivales; otra, a 24 m. de altura,



llamada de la Isla (750 m. de diámetro); dos lagunas pequeñas sin nombre…
” (11). Pocos años después, el hidrobiólogo Luis Pardo en su monumental Catálogo de los Lagos de España nos ofrece una escueta descripción de Las Quinientas (1948) que se corresponde con la imagen proporcionada por el citado “Vuelo” y con la que en la actualidad presenta la laguna: “Localización al S. de Jerez, a la izquierda del río Guadalete y 750 m. de la Cañada Ancha, 1.00 m. al O. de la Laguna de la Isla”. Respecto a sus características la califica de “esteparia” y en lo que respecta a su morfometría apunta que es de “perímetro piriforme, siendo de 450 y 400 m. sus máximas longitud y anchura, respectivamente; con aguas temporales” (12). Como vemos, sus dimensiones han disminuido en apenas una década por efecto de la roturación de sus orillas.

Si en los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado, la laguna vería reducido parcialmente su vaso siendo utilizado como tierra de cultivo, sería de finales de los sesenta en adelante cuando recibiría, como veremos, su “golpe de gracia” al ser adquirida por la sociedad propietaria de la Azucarera del Guadalete para utilizarla a través de un emisario, como balsa de vertidos industriales, lo que supondría en la práctica su destrucción como espacio natural. Pese a que su estado de deterioro avanzado, a mediados de los 80 la Laguna de las Quinientas aparece en el primer Inventario de Zonas Húmedas Naturales de la Provincia de Cádiz (13), en el que de los 45 espacios naturales que se mencionan, 14



pertenecen al término municipal de Jerez. Se reconocían así, implícitamente, sus potenciales valores naturales en espera de que en un futuro pudiera regenerarse como ya habían empezado a reclamar los colectivos ecologistas.

Apenas unos años más tarde (1995), los investigadores Santos Casado y Carlos Montes lamentan las amenazas de este humedal y dan fe de la desaparición de algunas de nuestras lagunas señalando, en pasado, que “…sobre sedimentos modernos de origen fluvial… pueden citarse las lagunas de Las Quinientas, de la Isla o de las Pachecas, y de Rajamancera, que existían en el borde meridional de las terrazas del Guadalete, al pie de lomas margosas entre las que discurre la llanura aluvial. La intensa transformación agraria que han sufrido los fértiles terrenos de vega ha desfigurado casi por completo las características naturales de estos enclaves palustres” (14).

Para su adecuación como balsa de vertidos, se construyó un muro que alteró su topografía natural y redujo casi a la mitad la superficie del vaso lagunar, ampliándose también su profundidad hasta casi tres metros. El agua llegaba hasta la laguna a través de una larga tubería subterránea que, desde la fábrica, cruzaba el río Guadalete adosada al puente de La Herradura, donde aún pueden verse los restos de aquella conducción.

Como era de suponer, el uso industrial de Las Quinientas y su normal funcionamiento como espacio natural resultaron incompatibles. Desde su transformación en balsa de vertidos se comportó “como una laguna endorreica conteniendo sólo el agua recogida tras las precipitaciones y el aporte de la fábrica, con lo que apenas existía renovación y los contaminantes y nutrientes se iban concentrando” (15). Estas aguas del lavado de la remolacha poseían una alta concentración de materia orgánica, lo que favoreció la proliferación de algas y bacterias. Todo ello, unido a las altas temperaturas veraniegas, coincidiendo con el periodo de vertidos, provocaron desde los primeros momentos “fenómenos de eutrofización y episodios de botulismo, con mortandades en la comunidad de aves acuáticas” (16).

La contaminación de las aguas y de los suelos del vaso de la laguna, donde se iban acumulando lodos tóxicos, provocaron también la perdida de buena parte de la vegetación que crecía en el cinturón perilagunar y la muerte de numerosas aves. Si con anterioridad a los vertidos llegaron a contabilizarse unas 200 parejas reproductoras de 17 especies diferentes, en 2015, cuatro años después de que cesaran, apenas lo hicieron unas 20 parejas de 7 especies, cuando ya la laguna había iniciado su lento proceso de recuperación (17). Especies tan emblemáticas y en peligro de extinción como malvasía, cerceta pardilla o focha cornuda se reproducían en Las Quinientas antes de que la contaminación originara graves episodios de mortandad de aves que llegaron a superan los 2.000 individuos tan sólo en el periodo 2005-2011 (18).

La lucha del movimiento ecologista por la recuperación de Las Quinientas.

Como es de suponer, esta situación fue denunciada desde el primer momento por colectivos ecologistas, quienes en numerosas ocasiones solicitaron el cese de los vertidos industriales y la regeneración del humedal. Una de las primeras muestras de alarma la encontramos ya en 1984



en una nota de prensa del delegado de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Jerez, Manuel Flores, en la que denunciaba el “atentado ecológico” que suponían los vertidos del emisario de la azucarera (19).

Durante 1988 la Federación Ecologista Pacifista Gaditana (FEPG, que luego se transformaría en Ecologistas en Acción) solicitó a la Agencia del Medio Ambiente la declaración como reserva integral de Las Quinientas pidiendo la paralización de los vertidos y la urgente regeneración del humedal que ese verano mostraba signos de recuperación, ya que en la campaña de 1987 la azucarera apenas había derivado caudales. Ese mismo año llegaron a reproducirse malvasías, produciéndose “el misterioso robo de 12 huevos” de esta especie en dos nidos, tal como denunciaban los medios de comunicación. Los ecologistas mencionaban en su informe la capacidad regenerativa de la laguna: “la vegetación es abundante y su riqueza ornitológica es tan obvia que en la primavera pasada llegaron a criar varias parejas de malvasías. Desafortunadamente la falta total de vigilancia propició que unos desconocidos robasen los huevos de esta especie en peligro de extinción” (20).

En los años siguientes, la lucha ecologista por la recuperación de la laguna no cesó. En 1989 AGADEN denunciaba la pasividad del responsable provincial de la AMA, Francisco Blanco, ante los vertidos y la FEPG hacía lo propio con la autorización para que el agua de la laguna pudiese ser utilizada por los agricultores para el riego ante las sospechas de que se mezclaran en Las Quinientas las aguas procedentes del lavado de la remolacha con las más tóxicas procedentes del quentín (21). Con todo, los episodios más críticos se vivieron en 1990. En junio, la FEPG remitía un escrito a la AMA solicitando la “prohibición definitiva de los vertidos”. Ante la pasividad de todos, los ecologistas llegaron a cortar el colector de la azucarera y a taponar el conducto por el que los vertidos llegaban a la laguna reclamando la regeneración de la laguna y su calificación como reserva natural. Miembros de AGADEN hicieron una ocupación simbólica de la azucarera pidiendo la clausura del emisario y denunciando que “la combinación de vertidos y de la acción del sol sobre el agua contaminada genera una concentración de sales y sustancias tóxicas letal para la vida”. Ese mismo verano se sucedieron los episodios de mortandad de aves y los ecologistas recogieron en la laguna numerosos ejemplares de focha, porrón común, ánade real, cigüeñuela, polla de agua…, denunciándose que la dirección provincial del AMA había excluido esta laguna de los itinerarios de vigilancia de su guardería, así como que los vigilantes de la azucarera retiraban y eliminaban las aves muertas para ocultarlas. A raíz de las denuncias, la CE abrió expediente por esta mortandad (15/8/1990). Ante la falta de respuesta, desde el movimiento ecologista se acusó a la AMA de plegarse a los intereses de la empresa (22).

En 1991 la FEPG, en escrito dirigido al presidente de la C. H. del G., reclama de nuevo la declaración de Reserva Natural para esta laguna y el cese de los vertidos llegando a presentar, en julio de ese mismo año denuncia en los juzgados de Jerez ante un nuevo episodio de mortandad de aves y galápagos. A través de Manuel Gómez de la Torre, parlamentario de IU, la FEPG formuló pregunta sobre la situación de la laguna en la que el entonces consejero de Medio Ambiente, J.M. Suárez Japón informó de las medidas correctoras que la azucarera había empezado a adoptar para reducir la carga contaminante de sus vertidos (feb.1992). El colectivo Albariza solicitaba también en esos años (1993-94) la intervención del alcalde y del delegado de urbanismo de Jerez para el cese de los vertidos toda vez que ya había entrado en funcionamiento la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Jerez que podría asumirlos (23).

Por no hacer interminable este relato, las dos décadas siguientes se repitieron las denuncias si bien, las medidas adoptadas por la azucarera redujeron en parte los impactos. Pese a todo, en 2009, cuando se celebraba el 20 aniversario de la declaración de las lagunas de Cádiz como Reservas Naturales, la de las Quinientas figuraba aún en la vergonzante “lista negra” de humedales perdidos en espera de su regeneración. Como recordaba Juan Clavero: “la situación de la laguna de Las Quinientas, con una superficie de unas 20 has. es de los más sangrante, pues en los años 80 del siglo pasado se autorizó por la entonces AMA y por el Ayuntamiento de Jerez su uso como balsa de decantación.

Las consecuencias fueron catastróficas; una laguna convertida en una charca pestilente, mortandades continuas de aves, subida repentina del nivel de agua en pleno verano inundando nidos de aves, sobre todo de cigüeñuelas. En el año 1988 llegó incluso a nidificar la malvasía, pero los huevos desaparecieron y los adultos de esta rara y protegida especie abandonaron la laguna cuando comenzaron en verano los vertidos de la azucarera
” (24).

Un humedal en proceso de recuperación.

Desde un tiempo a esta parte, las cosas han cambiado mucho y para bien, hasta el punto de que puede afirmarse que la recuperación de la Laguna de las Quinientas como espacio natural es sólo cuestión de tiempo. Tras los acuerdos hace unos años entre la entonces Azucarera Ebro y la Consejería de Medio Ambiente, se cambiaron los protocolos de actuación en materia de vertidos reduciendo drásticamente la carga contaminante. Sin embargo, esas medidas no eran suficientes y en el año 2012 se firmó un nuevo convenio de colaboración, por el que la empresa solicitó y recibió de la administración andaluza un fondo de 42.035 € a través de las Ayudas a la Biodiversidad. Las obras de restauración ambiental que se llevaron a cabo permitieron eliminar el emisario, el vaciado del humedal, la retirada de fangos del vaso lagunar, el cese de los vertidos y la progresiva naturalización de este espacio, lo que ha traído como consecuencia el cese de la mortandad de aves (25).

En la actualidad, con una superficie de 12 has., su cubeta presenta hasta 3 m de profundidad, poseyendo en sus orillas una incipiente orla de vegetación en la que predominan los tarajes, carrizos y juncos.



La recuperación de este enclave natural requerirá un largo periodo de tiempo, sin embargo, resulta esperanzador que ya en 2015, en el último censo de aves acuáticas realizado en la laguna de las Quinientas, se hayan contabilizado 20 parejas de 7 especies distintas que han conseguido reproducirse: avoceta, chorlitejos chico y patinegro, ánades azulón y friso, cigüeñuela y pagaza piconegra (26). Ahora que esta laguna ha empezado a funcionar como un enclave natural, libre ya de las aguas y los fangos contaminantes, esperamos que, si las lluvias acompañan, vuelva la vida a sus aguas y como sucedía con anterioridad a 1969, muchas especies de aves saquen adelante a sus pollos en este paraje cercano al Guadalete y a la Bahía de Cádiz. Esperamos eso y que, de manera progresiva pueda ser visitada por la ciudadanía a través de visitas concertadas o de “jornadas de puertas abiertas”.

En 2015, cuando se presentaron oficialmente las actuaciones realizadas, los medios de comunicación reconocieron como en este proceso de recuperación de la laguna, junto a la Consejería de Medio Ambiente y la empresa de la Azucarera de El Portal, había jugado un papel fundamental los ecologistas. Juan Clavero, portavoz de Ecologistas en Acción, resumía en aquella visita la lucha de tantos años: "es una alegría celebrar el Día Mundial de los Humedales con la recuperación de uno de ellos, porque en los años 80, cuando se convierte en una balsa de decantación, la fauna no desaparecía, sino que moría sistemáticamente. Gracias a las denuncias y a la colaboración de la Azucarera podemos



ver esta imagen, una laguna nueva, con aguas limpias, con poca vegetación porque tendrá una regeneración natural pero que tarde o temprano se convertirá en una zona de enorme importancia ecológica. Creo que lo que hay que aprender de estos conflictos es que es mejor prevenir que restaurar
" (27).

Para saber más:
(8) Levé a vue de la route de Jeres a Medina Sidonia, Echelle en mètres 1: 20.000, 1842, Centro Geográfico del Ejército.
(9) Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz.
(10) Pueden consultarse al respecto: Lechuga y Florido, A.: “Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000 y Mapa de la Provincia de Cádiz, Instituto Geográfico y Catastral, Escala 1: 200.000, 1935.
(11) Dantín Cereceda, J.:La aridez y el endorreismo en España. El endorreismo bético” .Estudios Geográficos, año 1, nº 1, Octubre de 1940, p. 110.
(12) Pardo L.: Catálogo de los lagos de España. Biología de las aguas continentales VI. Ministerio de Agricultura. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, Año XIX, nº 41, Madrid, 1948, p. 408.
(13) Atlas Hidrogeológico de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. 1985.
(14) Casado de Otaloa S. y Montes del Olmo C.: Guía de los lagos y humedales de España. AMA. Junta de Andalucía. 1995, p. 176.
(15) Laguna de las Quinientas. Delegación Territorial de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, 2 de febrero de 2015, p. 1-2.
(16) VV.AA.: Gestión activa y restauración de la Laguna de Las Quinientas, Congreso Nacional de Conservación y Restauración de Humedales. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Junta de Andalucía, 2015.
(17) Lobato. J.P.: El renacer de una incubadora natural. Diario de Jerez, 3 de febrero de 2015
(18) Laguna de las Quinientas… Obra citada, p. 3.
(19) Ayuntamiento de Jerez. Nota de prensa: La muerte de la laguna de las Quinientas, 6 de agosto de 1984. Firmada por Manuel Flores Girón, concejal delegado de Medio Ambiente. Archivo de Ecologistas en Acción Jerez (AEAE).
(20) Diferentes noticias aparecidas en los medios de comunicación daban cuenta de estos episodios y de las denuncias ecologistas. Entre otras: “La FEPG pide a la Junta la declaración de reserva integral para seis lagunas". Diario de Jerez, 18 de mayo de 1988. “Los ecologistas denuncian el misterioso robo de 12 huevos de malvasía”, Diario de Cádiz, 29 de junio de 1988. la Asociación Ecologista Guadalete (AEG) había localizado dos nidos con doce huevos, que “desaparecieron”. “La FEPG propone la protección de 8 zonas Húmedas”, agosto de 1988. Se trataba del resumen de un amplio dossier elaborado por la FEPG emitido a los medios y a las instituciones. Estos documentos pueden consultarse en el Archivo de Ecologistas en Acción Jerez.
(21) “AGADEN acusa a Francisco Blanco de tirar por tierra toda la política proteccionista de la Junta”, Diario de Cádiz, 12 de agosto de 1989. Se denunciaba que las balsas de decantación de la azucarera, conteniendo contaminantes altamente tóxicos eran vaciadas también a la laguna junto a las aguas procedentes del lavado de la remolacha que son las que contaban con autorización. Carbajo, M.: Los agricultores podrán regar con el agua de Las Quinientas. La capacidad de la misma es de unos 100.000 m3. El Periódico del Guadalete, 26 de agosto de 1989. Se apuntaba que se analizarían previamente para asegurarse que no se mezclaban con las aguas del quentín, altamente contaminantes. FEPG.: Nota de Prensa, 28 de agosto de 1989. En la que denunciaba el acuerdo para utilizar las aguas de las Quinientas para riego según el acuerdo al que habían llegado la Azucarera de El Portal y la AMA. En 1989 la FEPG presentó alegaciones a la Ley de Espacios Naturales de Andalucía para la inclusión de Las Quinientas con la figura de Reserva natural Concertada, sin que la administración andaluza fuera sensible a estas peticiones, tal como puede verse en VV.AA.: Espacios Naturales de la Provincia de Cádiz, Federación Ecologista-Pacifista Gaditana, 1989. p.27
(22) En junio de 1990 la FEPG remitía un escrito a la AMA solicitando la “prohibición definitiva de los vertidos”, de lo que se hacía eco la prensa: Lobato, O.:Solicitan la prohibición definitiva de vertidos en Las Quinientas”, Diario de Jerez, 24 de junio de 1990, p.5. Los episodios del taponamiento de colector pueden seguirse en “Ecologistas cortan el colector de la azucarera de El Portal. La tubería vertía agua contaminada a la laguna de Las Quinientas”. Diario de Cádiz, 25/06/1990; “Los ecologistas taponaron el conducto de residuos que la azucarera vierte a las aguas de la laguna”, 26 de junio de 1990; “Los ecologistas insisten en que Las Quinientas es una reserva natural”, Diario de Jerez 26 de Junio de 1990, p. 7; “Los ecologistas cierran el vertido de Las Quinientas”, El Periódico del Guadalete, 26 de junio de 1990 p. 8; “Protestas contra los vertidos de las azucareras. Ecologistas piden para Las quinientas la calificación de reserva natural”, Diario de Jerez, 26 de junio de 1990. Portada y p. 7; “La Azucarera del Guadalete ocupada por los ecologistas”, El Periódico del Guadalete, 30 de junio de 1990; Lobato, O.: “Nueva mortandad de aves en la laguna de Las Quinientas. Agaden la imputa a vertidos de una azucarera”, 27 de julio de 1990, p. 10; Lobato. O.:Expediente de la CE por la muerte de aves en Las Quinientas”, Diario de Jerez, 15 de agosto de 1990. “Ecologistas acusan a la AMA de plegarse a la Azucarera”. Diario de Jerez 23 de agosto de 1990, p. 3.
(23) FEPG: Carta al Presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 21/06/1991. Denuncia en los Juzgados de Jerez, FEPG, 9 de Julio de 1991. “Y van Quinientas. Nueva denuncia de los ecologistas contra la AMA por permitir vertidos en la laguna y llevarse nidos de aves”, Diario de Jerez, 11 de julio de 1991; Parlamento de Andalucía: Respuesta a D. Manuel Gmez de la Torre del Consejero de Medio Ambiente, D. Juan Manuel Suarez Japón, sobre denuncias ecologistas en la Laguna de las Quinientas, 7 de febrero de 2992. Colectivo Ecologista Albariza, escritos dirigidos al alcalde de Jerez (5 de julio de 1993) y al delegado de urbanismo (23 de junio de 1994) sobre denuncias de la situación de la laguna de Las quinientas. Estos documentos pueden consultarse en el Archivo de Ecologistas en Acció.n Jerez.
(24) Clavero Salvador, J.: “Conservación y perspectivas de futuro. El movimiento ecologista y la protección de los humedales gaditanos” p. 135, en Humedales de Cádiz: veinte años de conservación, Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, 2009.
(25) Laguna de Las Quinientas. Delegación Territorial de Agricultura, pesca y Medio Ambiente, 2 de febrero de 2015.
(26) Ibidem.
(27) Lobato, J.P.:El renacer de una incubadora natural”, Diario de Jerez 3 de febrero de 2015


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Lagunas y humedales, Paisajes con historia, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 11/02/2018

Por la Laguna de las Quinientas (1).
Historia de un antiguo humedal en vías de recuperación.




A nuestro amigo José Trujillo Martínez.

Todos los años, el 2 de febrero, se celebra el Dia Mundial de los Humedales, fecha en la que se conmemora la adopción de la Convención sobre los Humedales, que tuvo lugar en la ciudad iraní de Ramsar en 1971. Este tratado intergubernamental, al que se han adherido la inmensa mayoría de los estados miembros de Naciones Unidas, ofrece el marco para la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos. La edición de 2018 tiene como lema de "Humedales para un futuro urbano sostenible”, y pretende llamar la atención acerca de los valores de estos espacios y de los múltiples beneficios que reportan para la vida de los habitantes de las ciudades.

Conviene recordar que las zonas húmedas son una parte importante de nuestro patrimonio natural y ecológico. En ellos encuentran refugio un gran número de especies animales y vegetales lo que los convierte en uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad. Por esta razón, y al objeto de que este rico patrimonio no se deteriore y pueda mejorarse, tanto la Unión Europea como otros organismos internacionales han puesto en marcha distintas figuras de protección para tratar de preservar estos espacios naturales. En nuestro país, el Inventario Nacional de Zonas Húmedas incluye más de 2.500 humedales distribuidos por todo el territorio. A pesar de esta abultada cifra de espacios catalogados, organizaciones como SEO-BirdLife o Ecologistas en Acción vienen recordando cada año los principales riesgos que amenazan su conservación y nos alertan acerca de la pérdida y degradación de muchos de ellos. La SEO advierte que han llegado a desaparecer casi el 80% de las llanuras de inundación de los ríos (transformadas en cultivo y desecadas), el 68% de las lagunas interiores y el 59% de los humedales costeros (1).

Entre los humedales más sobresalientes que encontramos en el término municipal de Jerez destacan sin duda los declarados como Reservas Naturales, entre las que se incluyen la Laguna de Medina y las lagunas de Las Canteras y El Tejón.

Desde 1989, forman parte del Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía por sus valores ecológicos y por la importancia de la avifauna acuática que albergan, llegando a identificarse unas 120 especies, entre las que destacan las pertenecientes a las familias de las anátidas, limícolas y ardéidas (2). La importancia de estos espacios para la fauna posibilitó también su reconocimiento como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) o su catalogación como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

Frente a estos humedales en buen estado de conservación, hay que lamentar la desaparición de no pocas lagunas de nuestro entorno que, hasta mediados del pasado siglo, se mantenían aún en distintos rincones de la campiña. Recordamos así las de Rajamancera, Torrox, La Isla, Bocanegra o los Fosos, por citar sólo algunas (2). Un caso aparte es el de las lagunas de Los Tollos, Mesas de Asta y Las Quinientas que en los últimos años se están recuperando de un abandono de décadas. Ello ha sido posible gracias a la presión de grupos ciudadanos y ecologistas y a las obras de restauración ambiental llevadas a cabo por las administraciones implicadas en colaboración con empresas privadas. Desde Entornoajerez, para sumarnos a la celebración del Dia Mundial de los Humedales, vamos hoy a ocuparnos de una de estas lagunas, la de Las Quinientas, tan cerca de la ciudad como desconocida para la mayoría de sus habitantes.

La laguna de las Quinientas: una mirada a la historia.



La laguna de Las Quinientas está enclavada en la antigua dehesa del mismo nombre, en una amplia zona llana que se extiende en la margen izquierda del Guadalete. Oculta a la vista del paseante por una pequeña loma, ocupa una cubeta natural que se encuentra a los pies de un cerro presidido por las edificaciones del cortijo de Las Quinientas, inconfundible construcción de comienzos del siglo XX con aspecto de “castillo”. Se llega hasta ella a través de un camino que parte a la izquierda de la carretera que desde el Puente de Cartuja se dirige a Puerto Real (CA-9001), y que arranca frente a la finca de Los Potros.

Situada a una distancia aproximada de 3 km del puente, la laguna de las Quinientas es una de las pocas sobrevivientes del conjunto de pequeños humedales (Rajamancera, La Isla, Las Pachecas, Bocanegra…) que hasta mediados del siglo pasado existían en torno a la Laguna de Medina de la que la separan algo más de 3 km (ver mapas).

En los siglos medievales, este rincón de la campiña era conocido como Dehesa de las Quinientas Aranzadas, tierras entonces de propiedad municipal, situadas junto a la vereda de Martín Díaz, camino también conocido después como Cañada Real de la Isla o de Cádiz y Puerto Franco, nombre con el que



se denominaba la vía que, desde el Puente de Cartuja se dirigía a Puerto Real bordeando la margen izquierda del estuario del Guadalete, y que era paso obligado de las comunicaciones por tierra con las poblaciones de la Bahía de Cádiz (4).

A comienzos del siglo XVI, cuando se realiza su amojonamiento de estas fincas por los jueces de términos, se la denomina también como dehesa de Los Potros, nombre que se ha mantenido hasta nuestros días en un sector de la finca. En la descripción de la misma se apunta que está situada "... junto al río de Guadalete, en la vereda e vadera de Martín Días, que es junto a las QuinientasArançadas, que an por linderos tierras de los frailes de San Gerónimo de Bornos e de tierras de las que esta çibdad tómo de las monjas del Espíritu Santo para se las dar en otra cosa y en linde del dicho río" (5). Como su propio nombre indica, en su origen debió tener una gran extensión (quinientas aranzadas) que se fueron ampliando con sucesivas incorporaciones de terrenos colindantes y con permutas de tierras como sucedió con las que pertenecieron a las monjas del Espíritu Santo que daban, hasta comienzos del siglo XX nombre a un sector de la finca.

La Dehesa de Las Quinientas o de los Potros limitaba entonces con las posesiones del monasterio de San Jerónimo de Bornos que se correspondían con parte de las actuales dehesas de Roalabota y las de la Fuente del Suero y del Amarguillo. De la misma manera colindaba también con las tierras que pertenecieron, como se ha dicho, al convento del Espíritu Santo (al sur de la laguna) y con el río Guadalete (6).



Este rincón de la campiña era cruzado por el pequeño arroyo de Las Quinientas y por el de Bocanegra, que desde las faldas del Cerro del Viento llegaba hasta la dehesa de las Quinientas desaguando en su laguna. El arroyo de Buitrago, que drena los Llanos de las Pachecas para unirse después al Guadalete, también atravesaba una parte de esta extensa dehesa.

Bueyes, yeguas y potros junto a la laguna de las Quinientas.

Si el propio nombre de Dehesa de Las Quinientas Aranzadas o de los Potros nos ofrece referencias sobre su superficie, también nos pone en la pista sobre sus usos en el pasado, cuando estas tierras, lo fueron de uso comunal o concejil. Como otras repartidas por nuestro extenso alfoz, esta dehesa surgió



por iniciativa del concejo jerezano, quien solicitó a la corona el permiso para acotar estos llanos y lomas a orillas del Guadalete al objeto de reservarlos como pastos para los animales de labor. En los siglos medievales, como sucedió también con la dehesa de Los Potros, sirvió de lugar de pastos para potros y yeguas, animales estos últimos imprescindibles para el mantenimiento de la afamada cabaña caballar jerezana y para determinadas faenas agrícolas como la trilla, en las que resultaban insustituibles.

Junto a los pastos de yeguas y potros, Las Quinientas fue destinada a partir de 1576 a dehesa boyal, por acuerdo del concejo confirmado también en 1609, como nos recuerda el profesor Pérez Cebada, “dado que la anterior ubicación de la dehesa boyal, en la Jarda, se hallaba a excesiva distancia, lo que dificultaba el tráfico de este ganado desde las tierras de labor. Así, por Real Provisión se dispone que se acoten anualmente desde el primero de octubre hasta fin de diciembre las dehesas de la Espadañuela y Quinientas de la Puente "para abrigo de los bueyes de labor y carreteros" (7). El curioso nombre de “Quinientas de la Puente”, servía para diferenciarla de otra dehesa con idéntica denominación situada en las cercanías del arroyo Salado, junto a la actual carretera que desde Estella del Marqués conduce al circuito de velocidad.



Las Quinientas contaba con amplios espacios abiertos donde no faltaban las arboledas, representadas aquí por bosquetes de encinas y acebuches, así como las especies de ribera en las orillas de los arroyos que cruzaban la dehesa, la laguna o el río Guadalete donde crecían álamos, olmos, fresnos, sauces o tarajes. La proximidad a importantes vías pecuarias como la Cañada de la Isla, la de Medina, el camino de Vejer o el Puente de Cartuja dotaban a esta dehesa de un emplazamiento óptimo para el fácil acceso de los animales desde distintos sectores de la campiña. A todas estas ventajas había que sumar la disponibilidad de agua durante todas las estaciones, bien en los arroyos o en la Laguna de Las Quinientas o bien en el propio río Guadalete, en cuyas orillas podía abrevar el ganado en la estación seca en caso de necesidad.

Junto a Las Quinientas se emplaza actualmente la finca Los Potros, situada en las proximidades del Puente de Cartuja, junto a la planta elevadora del canal del bajo Guadalete, conservando aún en su nombre el uso que como dehesa concejil tuvieron estos parajes hace siglos.
Continuará...

Para saber más:
(1) SEO/ BirdLife.: Proteger los humedales. Una respuesta al cambio climático. 2009, Disponible en: www.seo.org/wp-content/uploads/tmp/docs/Cuaderno_Proteger_Humedales.pdf, consultado el 28/01/2018.
(2) J. y A. García Lázaro.: Humedales en torno a Jerez (1). Un recorrido por las principales lagunas cercanas a la ciudad. Diario de Jerez, 31 de enero de 2016. También puede consultarse en este enlace: http://www.entornoajerez.com/2016/04/monografias-entornoajerez.html
(3) J. y A. García Lázaro.: Las lagunas perdidas. Humedales en torno a Jerez (2). Diario de Jerez, 7 de febrero de 2016. También puede consultarse en este enlace: http://www.entornoajerez.com/2016/04/monografias-entornoajerez.html
(4) Sobre el recorrido de esta cañada puede verse: Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez, Ayto. de Jerez, 1948.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 247.
(6) Ibidem, p. 195
(7 VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, p. 219. Información más completa puede encontrase también en Pérez Cebada, D.: San José del Valle, Diputación provincial de Cádiz, 1998.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Lagunas y humedales, Paisajes con historia, Parajes naturales.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 04/02/2018

Humedales en torno a Jerez (1).
Un recorrido por las principales lagunas cercanas a la ciudad.




“Un humedal es un sitio donde te mojas los pies pero no puedes nadar”. Con esta llamativa expresión no exenta de intención humorística, con la que un conocido científico trataba de aproximarse a la definición del complejo mundo de los humedales, inician los profesores e investigadores Santos Casado y Carlos Montes su “Guía de lagos y humedales de España” (1).



Los humedales son ecosistemas a medio camino entre los ambientes terrestres y los acuáticos, mundos de frontera, zonas de transición difíciles de encasillar por su naturaleza ambivalente. En un sentido más amplio, se incluyen bajo la denominación de humedales una gran variedad de lugares como las marismas, las zonas pantanosas y lagunas del interior, las orillas encharcadas de ríos o lagos, los aguazales próximos a la costa formados entre el continente y el mar, las colas de los embalses, las charcas, las balsas… espacios todos caracterizados por su carácter fronterizo y cambiante, entre la tierra y el agua.

Desde 1997, cada 2 de Febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, fecha en la que los medios de comunicación, las instituciones y organismos oficiales y los grupos ecologistas y conservacionistas, ponen el acento y traen al debate público los valores de los humedales, los beneficios que reportan y las principales amenazas que les afectan. Conviene recordar que estos espacios son una parte importante de nuestro patrimonio natural y ecológico en los que encuentran refugio un gran número de especies animales y vegetales que los convierten en uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad. Por esta razón, y al objeto de que este rico patrimonio no se deteriore y pueda mejorarse, tanto la Unión Europea como otros organismos internacionales han puesto en marcha distintas figuras de protección para tratar de preservar muchos de nuestros humedales.

El Inventario Nacional de Zonas Húmedas incluye más de 2.500 humedales distribuidos por todo el territorio. A pesar de esta abultada cifra de espacios catalogados, organizaciones como SEO-BirdLife o Ecologistas en Acción vienen recordando cada año los principales riesgos que amenazan su conservación y nos alertan acerca de la pérdida y degradación de muchos de ellos.

La SEO advierte al respecto que los humedales “ya no son lo que fueron” y se han llegado a perder casi el 80% de las llanuras de inundación de los ríos (transformadas en cultivo y desecadas), el 68% de las lagunas interiores y el 59% de los humedales costeros.

Humedales en torno a Jerez.

Con el feliz pretexto de que el próximo día 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, vamos a ocuparnos de los enclaves más significativos de nuestro entorno. De los que se conservan, de los que se perdieron y de aquellos nuevos espacios “naturalizados” que, como las gaveras inundadas, los embalses, las balsas y pantanetas construidas en estos años para los riegos de fincas agrícolas, actúan “funcionalmente” como humedales.

Entre los más sobresalientes que encontramos en el término municipal de Jerez destacan sin duda las declaradas como Reservas Naturales entre las que se incluyen la Laguna de Medina y las lagunas de Las Canteras y El Tejón. Desde 1989, forman parte del Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía por sus valores ecológicos y por la importancia de la avifauna acuática que albergan, llegando a identificarse unas 120 especies, entre las que destacan las pertenecientes a las familias de las anátidas, limícolas y ardéidas. La importancia de estos espacios para las aves posibilitó también su reconocimiento como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) o su catalogación como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

Laguna de Medina.



La Laguna de Medina (a la que dedicaremos otro artículo monográfico), es sin duda la más conocida. Tras la desecación de la de La Janda a mediados del siglo pasado, pasó a ser también la de mayor extensión de la provincia de Cádiz. En la actualidad ocupa el segundo lugar de las lagunas andaluzas tras la de Fuente de Piedra, estando incluida en la Lista de Humedales de Importancia Internacional al amparo del Convenio Ramsar, siendo por méritos propios la “estrella” de nuestros humedales. La Reserva Natural tiene una superficie de 121 hectáreas abarcando su zona de protección un total de 254 hectáreas. Si bien su profundidad media está en torno a los 2 metros, en años excepcionalmente húmedos su cubeta ha llegado a registrar hasta 3,5 metros.

Pese a su valor para la avifauna, desde hace unos años, la Laguna de Medina ya no es lo que era debido a la presencia en sus aguas de un gran número de carpas.



Esta especie invasora, ajena al ecosistema llegó a la cubeta lagunar tras el rebosamiento de una balsa cercana, situada en una finca particular, en la que había sido introducida. Las carpas producen un efecto muy negativo sobre el medio, la fauna y la flora ya que remueven el cieno del fondo enturbiando el agua. Al ser especies herbívoras que alcanzan gran tamaño, llegan a esquilmar la flora que crece bajo las aguas y las especies vegetales semisumergidas, de las que dependen en buena medida la supervivencia de las aves acuáticas y, en general, la fauna de la laguna. Como consecuencia de ello, disminuyó drásticamente la presencia de aves en este enclave natura, lo que obligó en 2007, a la Consejería de Medio Ambiente, a llevar a cabo una serie de actuaciones para la eliminación de las carpas. Sin embargo, nuevamente han hecho su aparición en la laguna con las perniciosas consecuencias en el ecosistema y en la degradación de la comunidad de aves de la zona, por lo que se precisan nuevas intervenciones que acaben de una vez por todas con esta especie exótica que supone una seria amenaza para la segunda laguna andaluza en importancia.



Lagunas de Las Canteras y El Tejón.



Más desconocidas, por encontrarse en lugares más apartados de las vías de comunicación, son las lagunas de Las Canteras y El Tejón. Declaradas también como la de Medina, Reserva Natural desde 1989, están enclavadas en un hermoso paraje en el interior de las dehesas de Martelilla, al sur de la Laguna de Medina, donde se conservan los restos de antiguos encinares



a los que los cultivos han ido ganando terreno progresivamente. La zona periférica de protección de esta Reserva Natural es de 200 Ha, estando separadas ambas por algo más de un km.

De pequeña extensión, la superficie de cubeta de laguna Las Canteras es de 3,75 Ha., presentando una lámina de agua de manera permanente, salvo los años muy secos. De escasa profundidad, buena parte de la laguna está ocupada por la vegetación emergente que sirve de refugio a las aves. En el cinturón vegetal que la rodea crece una banda muy densa de carrizos, así como eneas y juncos de agua, escaseando los tarajes ya que son ramoneados por el ganado. En sus cercanías crecen bosquetes de eucaliptos y grupos de viejas encinas y acebuches. El nombre de esta laguna se debe a la proximidad de las antiguas canteras de Martelilla, de donde en el siglo XVI y en las centurias siguientes, se extrajo piedra para la construcción del Puente de Cartuja, el Cabildo Municipal de Jerez, el Monasterio de la Cartuja, la Catedral de Sevilla y otros muchos edificios de la ciudad.

La laguna del Tejón, de 6 ha, se sitúa un km al sur de la anterior y presenta una lámina de agua poco persistente, llegando a secarse durante buena parte del año, salvo en los meses lluviosos. El cinturón perilagunar alberga las mismas especies que en Las Canteras, si bien es menos denso y poblado. El fondo y las laderas de las cubetas de ambas lagunas están afectados por el pisoteo del ganado que las utiliza a veces como lugar de pastoreo y abrevadero.

Laguna de los Tollos.



En orden de importancia, en cuanto a los humedales de nuestro término municipal, siguen a los anteriores las lagunas de Los Tollos y Las Quinientas. La Laguna de Los Tollos (o “El Tollón”) está situada a caballo entre los términos municipales de Jerez y El Cuervo siendo, con más de 80 ha. de cubeta y 650 ha de cuenca, la tercera en extensión de Andalucía, tras la malagueña de Fuente de Piedra y la de Medina. Esta laguna figura ya en la Crónica de Alfonso XI (siglo XIII), al ser lugar de parada habitual de sus tropas en las cinco expediciones que este monarca castellano realizó para la conquista de Algeciras y el cerco de Gibraltar. El topónimo “tollo”, delata la naturaleza de este paraje ya que alude “terreno húmedo” o a “charco formado por el agua de lluvia”.

Desde que en 1976 se autorizase una concesión minera para la extracción de arcillas especiales (sepiolita y atapulgita) en su vaso, la laguna sufrió un permanente deterioro hasta el cierre de la explotación en 1998. Las denuncias y luchas de los colectivos ciudadanos y ecologistas llevaron a que en 2007, la Consejería de Medio Ambiente

anunciara su compra y la posterior elaboración de un proyecto de restauración (Life Los Tollos) que comenzó en 2011 y que está prácticamente concluido tras el sellado y relleno de las antiguas cortas mineras que ha permitido la recuperación de la antigua topografía de la laguna.



Este valioso humedal es de gran relevancia ecológica, por la importancia de sus comunidades biológicas y por las relaciones que las poblaciones humanas han establecido con este espacio a lo largo del tiempo. Tradicionalmente ha contado con la presencia de especies significativas de nuestra avifauna como focha cornuda, cerceta pardilla, calamón, tarro canelo, malvasía, porrón pardo… algunas de ellas en peligro de
extinción. A pesar de las alteraciones funcionales que sufrió, a consecuencia de su explotación minera durante más de dos décadas, la reciente restauración de su cubeta y los trabajos de reforestación llevados a cabo en el cinturón perilagunar hacen albergar grandes esperanzas para la regeneración de este espacio natural que aún precisa algunas intervenciones para la recuperación de algunos cauces tributarios, la mejora de su entorno paisajístico y la reforestación y uso público.



Laguna de Las Quinientas.

La Laguna de Las Quinientas es, como la de Los Tollos, otra víctima del desarrollismo que imperó durante la década de los sesenta y setenta del siglo pasado y que dispuso del medio natural al servicio de intereses mercantilistas sin escrúpulos. En esos años, y durante las décadas posteriores, fue utilizada por la Azucarera del Guadalete como balsa de decantación de sus vertidos industriales, destruyendo así un enclave natural de gran importancia, por su situación estratégica a medio camino entre el valle del Guadalete y la Bahía de Cádiz.

Ubicada junto a la antigua Cañada de la Isla y Cádiz, junto a la actual carretera que desde el Puente de Cartuja se dirige a Puerto Real, en sus orígenes la laguna de las Quinientas presentaba una extensión casi el doble de la actual, siendo alterada su topografía natural por la construcción de drenajes y por un muro que dividió en dos el antiguo vaso lacustre, para su transformación en balsa de vertidos y para la puesta en cultivo del resto de su superficie.

Este uso industrial de la laguna, provocó desde los primeros momentos importantes episodios de mortandad de aves que fueron denunciados por los grupos ecologistas en numerosas ocasiones, solicitando una y otra vez una solución a este tipo de actuaciones impropias de países desarrollados.

Tras los acuerdos hace unos años entre la empresa azucarera y la Junta de Andalucía, se firmó un convenio de colaboración en 2012, que ha permitido el vaciado de la laguna, la retirada de fangos del vaso lagunar, el cese de los vertidos y la progresiva naturalización de este espacio, lo que ha traído como consecuencia el cese de la mortandad de aves (2).

En la actualidad, con una superficie de 12 ha, su cubeta presenta hasta 3 m de profundidad, poseyendo en sus orillas una incipiente orla de vegetación en la que predominan los tarajes, carrizos y juncos. La recuperación de este enclave natural requerirá un largo periodo de tiempo, sin embargo resulta esperanzador que ya en 2015, en el último censo de aves acuáticas realizado en la laguna de las Quinientas, se hayan contabilizado 20 parejas de 7 especies distintas que han conseguido reproducirse: avoceta, chorlitejos chico y patinegro, ánades azulón y friso, cigüeñuela y pagaza piconegra.



Ahora que esta laguna ha empezado a funcionar como un enclave natural, libre ya de las aguas y los fangos contaminantes, esperamos que si las lluvias acompañan, vuelva la vida a sus aguas y como sucedía con anterioridad a 1969, muchas especies de aves saquen adelante a sus pollos en este paraje cercano al Guadalete y a la Bahía de Cádiz.



Pero si Los Tollos y Las Quinientas, pese a su deterioro, han pervivido en el tiempo, otras lagunas y humedales del entorno de Jerez se han visto aún más alteradas llegando incluso a desaparecer, evidenciando así la gran fragilidad de estos ecosistemas. Lo veremos la próxima semana.

Para saber más:
(1) Casado de Otaola S. y Montes del Olmo C.: Guía de lagos y humedales de España. J.M. Reyero Editor. Madrid, 1995.
(2) Laguna de Las Quinientas. Delegación Territorial de Agricultura, pesca y Medio Ambiente, 2 de febrero de 2015.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar en Lagunas y Humedales, Toponimia, Rutas e itinerarios, Parajes Naturales, Las lagunas “perdidas”. Humedales en torno a Jerez (2) y
  • Humedales en torno a Jerez (y 3). Un recorrido por las lagunas salobres, marismas y balsas.
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    Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 31/01/2016

     
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