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Con nombre de mujer.
Topónimos femeninos en la campiña de Jerez (y 2).




Como continuación de nuestro artículo de la semana anterior, en el que hacíamos un recorrido por los distintos lugares de la campiña que tienen nombre de mujer, les proponemos hoy un nuevo “paseo” para recordar otros muchos topónimos femeninos que aún se conservan. No siempre es fácil distinguir si algunos nombres de fincas, dehesas, caminos o parajes hacen referencia a las mujeres con las que estuvieron vinculados o si



por el contrario se ha adoptado la forma femenina para indicar la posesión de un propietario con un determinado apellido, como era habitual en algunas viñas. Sea como fuere, todavía es posible encontrar muchos de esos rincones con nombre de mujer.

Con nombre propio

Algunos lugares de nuestro entorno conservan el nombre propio de las que en tiempos pasados fueron sus poseedoras. Es el caso, por señalar sólo algunos ejemplos, de las hazas de Doña Rosa (en las Mesas de Santa Rosa, junto a Cañada Ancha), Doña Ana (en La Mariscala), Doña Inés (en El Barroso) o Doña Isabel (junto al Rancho de los Colores).



Entre las viñas, muchas llevan también nombre propio de mujer y así, repartidas por los alrededores de la ciudad, mencionamos las de Agustina (Cuartillos), Angélica (Solete), Carmen (Torrox), Emilia e Isabel (Macharnudo Bajo), La Ramona y La Ramoncita (ambas



en el Pago de Almocadén), como ejemplo de las muchas que aún se conservan. Una muy conocida es la de Dos Mercedes, cuyo caserío corona el cerro desde el que se domina todo el pago de Carrascal.

Las Vegas de Elvira es el nombre de un cortijo y de un rincón de la campiña en las proximidades del embalse de Guadalcacín, por cuyas tierras pasaba el acueducto romano de Tempul-Gades y pasan aún los acueductos de Tempul (s. XIX) y de los Hurones (S. XX).

La Dolores da nombre a unas tierras inundables junto a la cañada de Burujena. Otra antigua cañada, la de Juana Franco, es también conocida como la de Doña Juana, antropónimo con el que se denomina igualmente a unas tierras cercanas al Caño del Bujón, colindantes con el Arroyo Blanquillo y con el Cerro de Doña Inés.


Algunos apellidos.



Si en nuestro anterior paseo hicimos un recorrido por algunos lugares que vinculados con apellidos que se remontan muchos siglos atrás (La Catalana, La Suara, La Rendona, La Bernala, La Basurta, Las Pachecas, Las Pavonas…), queremos ahora recordar otros no menos singulares. Así, por ejemplo, La Guillena, da nombre a una dehesa, un cortijo y un arroyo en las faldas de la Sierra de Gibalbín y La Cortés a otro muy conocido situado en Los Llanos del Valle, frente a la Boca de la Foz. Más dudoso es el topónimo de La Gordilla, referido a una dehesa y una garganta junto al Cortijo de Rojitán que puede ser también interpretado como un apelativo. El arroyo de La Carriona, hace honor al apellido de una dama, como sucede con La Marañona, una loma situada junto al cortijo de Alijar donde hoy se levanta un parque eólico, o La Marrufa, nombre con el que se conoce a un


sector de la Dehesa de la Alcaría, en los Montes de Jerez.

Entre las viñas son abundantes las que hacen referencia a los apellidos de sus poseedoras aunque, en algún caso, también eran denominadas con la forma femenina siendo su propietario un hombre. Como ejemplos señalamos el de La Panesa (Alta, Baja y Grande), un hermoso viñedo que perteneció a la familia del marqués de Villapanés, ubicado en el pago de Carrascal y desde el que se obtienen unas magníficas vistas sobre las marismas de Asta. Junto a La Panesa está también la viña de La Pavona, con su caserío erigido en sillares de arenisca. En la carretera de Trebujena otra viña, la de La Carreña, nos muestra todavía su singular entrada, sus lagares y su caserío, habilitado hoy como alojamiento rural.



En Cerro Pelado, en un paraje alejado de los caminos, sobrevive La Gallarda (o la Pinta Gallarda), otro magnífico ejemplo de casa de viña que se asoma a las marismas de Tabajete.



Peor suerte ha corrido el caserío de La Polanca, una gran construcción arruinada en buena parte, que destaca en las laderas del cerro de Santiago, a espaldas de la viña Cerro Viejo, dominando los llanos por los que discurre la cañada del Amarguillo

Oficios y ocupaciones.

Son muy habituales las viñas y los parajes en los pagos de viñedo con nombres que aluden a profesiones, oficios u ocupaciones de sus antiguos poseedores y también los relacionados con algún apelativo con el que eran conocidas sus familias. En algunos casos, estos nombres no indican forzosamente que su titular fuese una mujer, ya que a veces era también costumbre denominar a la
viña con la forma femenina de la ocupación de su propietario.

Entre los ejemplos más significativos encontramos los de de La Doctora, que da nombre a una propiedad en el pago de La Carrahola, o La Boticaria, que hace lo propio con otra del Pago de Cuartillos. Como La Sobajanera (la moza –o el mozo- que, en los cortijos, hacía los recados en la ciudad) es conocida una antigua viña y una hijuela entre el Cerro de



Santiago y la Cañada del Amarguillo. La Carpintera da nombre a sendas casas de viña ubicadas en los pagos de Balbaina, junto a la carretera de Rota y de Almocadén. Junto a esta última discurre la colada de La Pescadera, otro apelativo femenino que se remonta al siglo XIX.



En este catálogo de oficios y ocupaciones de mujeres que nos ofrece la toponimia de la campiña no faltan tampoco La Relojera (en el pago de Balbaina), La Candelera (Mesas de Santiago), el rancho y viña de La Cartera (en la carretera del Calvario) o el Rancho de La Carnicera, en el pago de Parpalana, junto al cerro de la Liebre, camino de El Portal. La Hortelana y La Escribana son viñas del pago de Macharnudo Bajo, aunque esta última da también nombre a otra del pago de Almocadén. La Vaquera (casa, hijuela y fuente) nombran a una finca de Montealegre que encontramos en la Hijuela del Serrallo, y que se asoma al valle del Salado y Lomopardo. En sus tierras aflora una célebre fuente en la que en el siglo XIX se realizaron estudios para contribuir con sus aguas al abastecimiento de la ciudad. La Lechera y La Calderera se encuentran en el pago de viñas de Cuartillos. Esta última da también nombre a otras dos viñas en Parpalana. La Carbonera se ubica junto al Rancho de los Colores, en el Guadajabaque, la viña y la hijuela de La Recovera en el Pago de Rui Díaz y La Pavera junto a la viña-bodega de Vistahermosa. En los confines del término, en la Dehesa del Quejigal, encontramos también la Cañada de La Cantarera.

Como nombres llamativos traemos aquí los del Rancho de La Contrabandista, en la Cañada de los Isletes, junto a San José del Valle y el de la viña de La Carabinera, en Macharnudo Bajo, ambos lugares convenientemente separados por muchos kilómetros de distancia para evitar posibles disputas entre sus propietarias.

Distinciones, rangos y títulos…

No menos curiosos son los topónimos femeninos que nos hablan de rangos distinciones y títulos. La Doña da nombre a unas tierras junto a las marismas de Rajaldabas y Las Dueñas a una zona de prados en las cercanías de Mesas de Asta. Un conocido cortijo en la carretera de Trebujena, es el de La Mariscala, también situado junto a Mesas de Asta, cabecera de una gran explotación agrícola y habilitado hoy como alojamiento rural.



Un nombre más cuestionable es el de “Capitana”, que puede aludir a la graduación militar del marido de las propietarias o, simplemente (y lo más probable) derivar del apellido Capitán. En todo caso conocemos el Rancho de La Capitana (en la Cañada Ancha) y las viñas de La Capitana en el Cerro de Santiago, próxima a Cerro Viejo y también junto a la carretera de Rota, en la cañada de las Huertas. En las cercanías de esta última viña encontramos la de La Condesa. El Haza de La Condesa es también el nombre de una finca agrícola junto a la Cañada de La Loba, así como de unas tierras cercanas a los cortijos del Parralejo y el Algarrobillo. El Cortijo de La Condesa otra propiedad del pago de La Gallega. No faltan tampoco en nuestra campiña topónimos similares como el de La Condesilla o el de La Marquesa. Este último bautiza un sector ya absorbido por el casco urbano colindante con la Ronda Este. Con todo, uno de los más llamativos lo hallamos en las cercanías del Cortijo de Picado: el enigmático Arroyo de la Reina Loca.



Gentilicios.

A veces, los nombres de lugares y de algunas propiedades delatan el lugar de procedencia, el gentilicio, de sus antiguas propietarias o de las mujeres relacionadas con ellos. Estos son los casos de La Gallega, que da nombre a un pago de viñedos situado junto a la carretera de Rota y a dos casas de viña, una de ellas en la Cañada de las Huertas y la otra en Macharnudo Bajo. La Canaria la encontramos en Torrox, junto a la Cañada del Carrillo y el Rancho de la Montejaqueña, colindante con El Granado, en las proximidades de San José del Valle.

En el Pago de Ducha, próxima a la Viña del Diablo, aún pueden verse las ruinas de la antigua casa de La Francesa y en las faldas del cerro de Macharnudo, a los pies de la Torre, encontramos la viña de La Panameña.



Otros topónimos femeninos curiosos.

Sin pretender agotar el tema ni la paciencia de los lectores, no queremos terminar este recorrido sin mencionar algunos topónimos curiosos que aluden también a mujeres anónimas pero que han pervivido en nuestros paisajes. Así, en la zona de los Montes de Propios de Jerez llaman nuestra atención el Cerro y Piedra de La Novia (Dehesa del Cándalo) o la Loma y Puerto de La Gitana (Dehesa de Garganta Millán). Junto al cortijo de Zarpa, en la conocida como carretera de Morabita, está el Haza de las Doncellas, y en Burujena, próxima ya a las marismas de Maritata, La Doncellita. En el pago de la Gallega, junto a la Cañada de las Huertas, se encuentra la antigua viña de La Churumbela, reconvertida hoy en centro ecuestre. Otra viña de Cuartillos es conocida como La Chavala y junto al cortijo del Chorreadero encontramos el Arroyo de la Chica. Entre el Cerro de los Silos y el cortijo de Fuente Rey discurre la Cañada de La Mujer en la que encontramos también el Pozo de la Mujer, mientras que en el pago del Amarguillo se ubica la viña de La Comadre. Junto a La Arenosa, en las cercanías de San José del Valle, están las tierras de La Borracha y en la zona de los Montes de Jerez el Llano y Pozo de La Papicha, apelativo con el que también se conoce un paraje ubicado junto a Fuente Rey y el Berroquejo. Con todo, uno de los topónimos más misteriosos es el que da nombra a una dehesa y a un arroyo próximo al Mojón de la Víbora, en los confines del término de Jerez: La Fantasma.



Otros nombres de lugares como Dos Hermanas o Dos Hermanillas no aluden a mujeres, sino a cumbres gemelas que se alzan en parajes serranos. De la misma manera, algunos topónimos singulares como los de Mari cuerda, Mar Ibáñez, Marihernandez o Maritata, no guardan relación con mujeres y de su curioso significado nos ocuparemos en otra ocasión. También sería muy extensa la relación de nombres de viñas, parajes y rincones de nuestra campiña vinculados al santoral o a lo religioso (Las Monjas, La Santa, La Beata…). De todos ellos tendremos oportunidad de tratar en futuros paseos “entornoajerez”.

Para saber más:
- Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez.
- Domecq, B.: Los pagos de los viñedos de Jerez. Diario de Jerez, 01/03/2014
- García de Luján, A.: La viticultura del Jerez. Mundi-Prensa Libros, S.A. Madrid, 1997.
- García del Barrio Ambrosy, I.: La tierra del vino de Jerez. Ed. Sexta S.A. Imp. Gráficas del Exportador. Jerez, 1979. Véase también De Las Cuevas J. y J.: Vida y milagros del vino de Jerez. Ed. Sexta S.A. Imp. Gráficas del Exportador. Jerez, 1979
- González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970.
- Lechuga y Florido, A.: Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera. Arreglado a la escala 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. Incluyendo una información similar al anterior Plano, es también de gran interés el plano de detalle titulado Plano de los Viñedos de Jerez de la Frontera. Litografía y Tipografía de M. Hurtado, 1897.
- López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
- Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004,
- Pemartín, J.: Diccionario del vino de Jerez. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1965.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con Con nombre de mujer. Topónimos femeninos en la campiña de Jerez (1), Toponimia, El paisaje y su gente, y Cortijos, Viñas y Haciendas

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/03/2015

Por el antiguo Camino de Lebrija (1)
Al encuentro de los paisajes y la historia por la carretera de Morabita.



El antiguo Camino de Lebrija, conocido más popularmente como “carretera de Morabita”, es al una vía de comunicación cuyos orígenes se pierden en la memoria. Escasamente transitado quedar desplazado de los itinerarios habituales, el recorrido de esta ancestral ruta que hoy les proponemos, es un feliz pretexto para acercarnos a los paisajes de la campiña y de las marismas y asomarnos también a la historia que guardan muchos de sus rincones.

El Camino de Lebrija existía ya en el Jerez medieval y partía de las cercanías de los muros de la ciudad, junto al célebre Pozo del Olivar. En el s. XIX será una de las zonas de expansión de aquel Jerez en constante crecimiento y en las fincas de sus márgenes las familias acaudaladas comienzan a construir notables casas de recreo, como sucederá también en el camino de Sevilla o Paseo de Capuchinos (actual Avenida). El mejor ejemplo de ellas es la que se levanta en 1865, a iniciativa de la familia Pemartín, conocida en sus orígenes como “El Palacio” y que hoy es el “Recreo de las Cadenas” (1). Los tramos iniciales del camino de Lebrija (calles Ponce y Pozo del Olivar o Avenida Duque de Abrantes) serán absorbidos por el crecimiento urbano relegando al olvido aquella antigua vía que fue después rebautizada como Carretera de Morabita.

Para reencontrarnos con aquel antiguo camino iniciamos la ruta junto a las antiguas Bodegas Croft, recorriendo en su primer tramo la actual Avenida de Lebrija, vía urbana que ha rescatado en su denominación el tradicional topónimo del Camino de Lebrija. Tras dejar a la derecha el parque empresarial salva por un puente la Ronda Oeste para internarse ya en la campiña, tomando la dirección N-NE que no abandonará ya hasta Lebrija.



A la izquierda de la carretera veremos las instalaciones de las Bodegas de Diéz Mérito rodeadas de los primeros viñedos, mientras que a la derecha, en las tierras de El Carrerista y La Norieta, los campos albergan cultivos de secano en torno a la barriada rural de Mesas de Santa Rosa. A lo lejos, en esta misma dirección, divisamos los nuevos barrios y polígonos industriales que desde Jerez se extienden hacia Guadalcacín y los Llanos de Caulina y llegan hasta las cercanías del aeropuerto, teniendo como telón de fondo los perfiles de la Sierra de Grazalema que cierran el horizonte.



Apenas hemos recorrido dos km. cuando, a la izquierda, una larga hilera de palmeras nos anuncia el acceso a la viña El Telégrafo, cuyo caserío se encarama en el cerro de Capirete (94 m.), uno de los de mayor altitud de estos contornos. Su llamativo nombre evoca una curiosa historia que se relaciona con la instalación en este lugar de una de las 59 torres de la línea de telégrafo óptico de Andalucía, entre Madrid y Cádiz, que se construyó entre 1844 y 1853 bajo la dirección del brigadier José María Mathé. Estas torres, que estaban conectadas visualmente, se transmitían los mensajes mediante un sencillo sistema de señales.



La Torre de Capirete, como se conocía a la que se alzaba en la Viña el Telégrafo, servía de enlace entre las situadas en el Alto de Montegil (que contemplamos desde aquí en dirección NE a unos 11 km. en línea recta) y la situada en el Cerro Cabezas (El Puerto de Santa María), desde el que la señal se transmitía a las Puertas de Tierra de Cádiz. Por la relevancia de esta instalación no es de extrañar que aquella desaparecida Torre de Capirete acabara bautizando, ya para siempre, el paraje que desde entonces pasó a conocerse con los nombres de Cerro del Telégrafo, Telégrafo de Capirete o Viña El Telégrafo, como hoy se la denomina.

Tras recrearnos en el paisaje, continuamos la marcha. Se suceden ahora, a la izquierda del camino, cuidados viñedos que albergan centenarias casa de viña como la de La Canariera o la más antigua de Viña Romano que, desde la entrada, nos deja ver su singular pozo junto al carril de acceso.




Ambas viñas pertenecen a la marca vinatera González Byass que construyo la casa de La Canariera en 1846 -según reza en la lápida que puede verse en la puerta- como cabecera de sus explotaciones agrarias cumpliendo también, desde hace muchos años, la función de centro de actividades sociales de la empresa (2).

La Cañada Ancha o de Janina.

Atravesamos por estos lugares las tierras del Pago del Carrascal, uno de los más afamados y de mayor solera del Marco de Jerez al que pertenecen también la Viña dos Mercedes, la de La Panesa o las de Clavería, cuyos accesos nos salen también al encuentro.

En estos parajes se incorpora por la derecha la Cañada Ancha, parte de cuyo trazado se ha transformado, lamentablemente, en un vertedero incontrolado. Esta importante vía de comunicación de la campiña, cuya anchura legal es de 75,22 m, es un camino centenario que viene desde el sur del término municipal buscando la ruta de Mesas de Asta y el Guadalquivir.

Con diversos nombres en función de sus distintos tramos, la Cañada Ancha fue en tiempos pasados una importante arteria de comunicación que ponía en conexión las tierras del interior de la provincia con los caminos que se dirigían hacia el norte. Tras bordear la Laguna de Medina y cruzar el Guadalete, continúa por Lomopardo hasta Albadalejo, cruzando después los Llanos de Caulina por la margen izquierda del Arroyo Salado.



En las cercanías de la actual Ciudad del Transporte cruza la autovía de Sevilla y toma la dirección de Mesas de Asta, fundiéndose, durante una parte de su recorrido con el Camino de Lebrija, por el que transitamos (3).

A veces, el asfaltado de la calzada deja mucho que desear y aunque se está renovando en varios tramos conviene circular algo más despacio lo que nos permite también disfrutar del paisaje por este camino tan poco transitado. Cuando iniciamos una suave bajada, vemos a la derecha una hilera de olmos que arranca desde la carretera, ladera arriba hasta una antigua casa de viña. Su nombre “El Denario” nos hacer recordar otros muchos topónimos de resonancias “latinas” presentes también en la zona. Algo más adelante, a la izquierda, muy cerca del arcén, aún se conserva el antiguo Pozo de Zarpa, en un pequeño descansadero a la orilla de la Cañada Ancha por la que se trazó la carretera y que en este tramo también se conoce como “Cañada de Janina”. Tras pasar una curva, se nos muestra sobre una loma que dejamos a la izquierda, una singular edificación: la Cuadra de Zarpa. Se trata de una gran nave, destinada en su día a cobijar los animales de labor, indispensables en los trabajos del campo y que aún destaca en el horizonte como una sólida construcción que impone su rotunda silueta entre los sembrados.

El camino ha ido descendiendo suavemente hasta una gran Arroyo vaguada que se nos abre a derecha e izquierda surcada por el de Zarpa que cruza la carretera bajo un puentecillo.

Una parada junto al arroyo de Zarpa.

Paramos un momento junto al arroyo, en el inicio del carril que corre en paralelo al cauce para recrearnos en el paisaje.

A la derecha, siguiendo el cauce del riachuelo, aguas arriba, la vista se nos pierde en dirección SE y entre las suaves lomas de este rincón se abre un gran llano por donde discurre perezosamente el arroyo. Son las tierras del Haza del Alcarracero, curioso topónimo que aparece ya en los mapas del siglo XIX, y que alude a un viejo oficio alfarero: el de fabricante de alcarrazas o botijos. ¿Hubo aquí una antigua alfarería? ¿Fue el poseedor de estas tierras algún conocido fabricante de alcarrazas? En estas disquisiciones andamos cuando descubrimos, como telón de fondo de este valle abierto y despejado, los perfiles de una lejana arboleda. Se trata de las plantaciones de eucaliptos que acompañan al canal del Guadalcacín en el tramo que pasa junto al Aeropuerto, a más de 4 km de este lugar. Esta distancia es cubierta, casi en línea recta, por el cauce del arroyo, debido a que las fincas agrícolas cercanas lo han deformado, transformándolo en un canal de drenaje de las escorrentías de los campos de labor de estos parajes. Conviene resaltar que el arroyo de Zarpa vierte sus aguas en las marismas de Asta y, aunque desde aquí lo vemos venir desde las inmediaciones de La Parra, existe una pequeña divisoria en las proximidades del cortijo Zurita Garabato, junto a la carretera Madrid-Cádiz, que impide actualmente la conexión física de este cauce con los Llanos de Caulina.



A la izquierda, siguiendo el curso del arroyo, aguas abajo, la vista nos conduce hasta las marismas de Asta. Cerrando el horizonte vemos la loma sobre la que se asienta la barriada rural de Mesas de Asta y el cerro amesetado donde estuvo la antigua ciudad de Asta Regia, de la que nos separan apenas 5 km. Si miramos en esta dirección, podremos ver muy cerca del punto donde nos hemos detenido, el caserío del Cortijo de Zarpa -a la derecha del carril y del arroyo- rodeado de una arboleda entre la que despuntan olmos y palmeras. Desconocemos el origen del nombre de este cortijo y de este paraje conocido como “Zarpa” pero, antes que dejarnos llevar por el significado más usual del término (el de “mano de ciertos animales”) preferimos apuntar a la segunda acepción que el diccionario de la RAE le atribuye: “lodo o barro que se pega en la parte baja de la ropa”. “Hacerse alguien una zarpa” es también sinónimo de “mojarse o enlodarse mucho”. Justo lo que nos sucede a nosotros cuando caminamos por estos vericuetos, que las recientes lluvias han convertido en un barrizal y que décadas atrás, antes de trazarse los caños de drenaje de las marismas de Asta, se encharcaban con gran facilidad.



El de Zarpa fue, de antiguo, uno de los cortijos más notables de estos pagos que empleaba a buen número de jornaleros. En los años convulsos de finales del siglo XIX, este cortijo es noticia en las páginas de sucesos, siendo asaltado en abril de 1883 por “cuarenta hombres armados… robando pan y dinero. De ellos, han sido presos diez por la Guardia Civil” (4). Son los años duros en los que los trabajadores del campo han empezado a organizarse en la campiña de Jerez contra los abusos del caciquismo, años en los que la oligarquía terrateniente acude a la invención de “La Mano Negra”, para frenar el crecimiento de las organizaciones obreras y justificar la represión ejercida contra los campesinos. Como curiosidad, recordamos que estos mismos campos que ocupan las cotas más bajas del cortijo de Zarpa, albergaron innovadores cultivos de tabaco en la década de los 20 del siglo pasado, cuando en distintos lugares de la campiña (Vegas de Zarandilla, Llanos de la Ina, Cortijo del Herrrador, Rosa Celeste…) se ensayó sobre la viabilidad de estas plantaciones (5).

Este paraje de las cercanías del cortijo de Zarpa está ligado también, desde hace varias décadas, a las observaciones astronómicas que realizan asociaciones locales de estudiosos de la astronomía como “Orión” o “Magallanes”. Por sus especiales condiciones topográficas, al estar situado en el fondo de un pequeño valle rodeado por cerros, se evita aquí la contaminación lumínica de la ciudad, siendo un enclave de gran interés para la observación del cielo nocturno.

Junto al cortijo, asciende por las empinadas laderas de la loma de Espartinas un carril que conduce a las antiguas casas de viña que se reparten por las faldas de este alargado cerro de más de cuatro km de longitud. Al comienzo del camino, destaca la silueta de un solitario y añoso ciprés, que hemos incluido en nuestro particular listado de árboles singulares de la campiña. En este punto en el que nos encontramos, la Cañada Ancha abandona la carretera de Morabita para dirigirse en línea recta, como si fuese directamente al encuentro de la historia, hacia Mesas de Asta. En su trazado, y unido estrechamente a ella, el Arroyo de Zarpa encaja su cauce entre tarajes para fundir sus aguas en las marismas de Asta, drenadas ahora por el caño que las conduce hasta el Guadalquivir.

La conexión de las cuencas del Guadalete y Guadalquivir: una antigua polémica geográfica.

Antes de proseguir nuestro camino, queremos llamar la atención de los lectores y paseantes (a quienes hemos invitado a detenerse aquí un rato, a la orilla de este modesto arroyo) acerca de una controversia geográfica y académica: la conexión geográfica en épocas históricas de las cuencas del Guadalquivir y Guadalete a través de los Llanos de Caulina. En el centro de esta discusión, el principal protagonista es nuestro humilde Arroyo de Zarpa.

Mucho se ha especulado sobre esa probable conexión por este lugar en el que nos encontramos que, aunque parece cuestionada por estudios geológicos (6), es planteada como posible por algunos autores. Así lo ha expuesto por ejemplo, el investigador A. Cuadrado, quien apoyándose en fuentes cartográficas, sugiere la unión de ambas cuencas en épocas históricas a través del posible enlace entre las marismas de Asta, el Arroyo de Zarpa, el Arroyo Salado de Caulina y el Guadalete. Sostiene este autor que así parece deducirse del Plano General de Ángel Mayo (1861) y también del F. Coello (1868), si bien en este último se confunde el nombre del Arroyo de Zarpa con el de Guadajabaque. En ambos puede apreciarse esta conexión entre ambas cuencas si bien, hoy día, el Arroyo de Zarpa vierte sus aguas a las marismas de Asta y no existe nexo físico con el Salado de Caulina. Esta variación en el cambio de sentido de la corriente se justifica, según el mencionado autor en “la acumulación de las obras públicas justo en ese punto, (en el canal que unía el Guadalquivir con el Guadalete), que han hecho cambiar la divisoria de aguas. Las carreteras, el aeropuerto y el ferrocarril, han cambiado completamente la fisonomía del paisaje, elevando el terreno en numerosos puntos varios metros, desviando cursos y desecándolos” (7). En diferentes ocasiones hemos visitado el entorno del cortijo Zurita Garabito (junto a la nacional IV, frente al aeropuerto) y no nos queda clara sobre el terreno esta hipótesis, al apreciarse una pequeña loma que pudiera ser una divisoria natural. En relación a los mapas, conviene también mantener algunas reservas ya que, pese a haber sido trazados por el prestigioso ingeniero Ángel Mayo, presentan más bien el aspecto de “croquis” o “Plano”, tal como se indica en su título y en ellos aún no se emplean las modernas técnicas topográficas. Sea como fuera, el cauce del Arroyo de Zarpa y el espacio geográfico que define jugó siempre, a buen seguro, un papel de conexión física entre Los Llanos de Caulina y las Marismas de Asta que no puede ser puesta en duda.

En la próxima entrega continuaremos nuestro camino por la carretera de Morabita hacia las Marismas de Casablanca y Lebrija.

Para saber más:
(1) Caro Cancela, D.: Burguesía y jornaleros. Jerez de la Frontera en el Sexenio Democrático (1868-1874). Caja de Ahorros de Jerez, 1990, p. 51.
(2) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes, 2002.
(3) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez.
(4) La Vanguardia, 7 de abril de 1883.
(5) Así lo leemos en el diario La Constancia, San Sebastián. Edición del 29 de agosto de 1924, donde se da cuenta de la visita que realizan a Zarpa el director de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla y el ingeniero y propietario Pablo Armero.
(6) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 19-33.
(7) Cuadrado Román, AM.: “El mapa de Ángel Mayo: la unión del Guadalquivir con el Guadalete”. En Diario de Jerez, 10-01-2012. y CEHJ.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Carreteras secundarias, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios y Por el antiguo Camino de Lebrija (2). Por tierras de Espartinas, Capita-Arana y Morabita.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 23/11/2014

 
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