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La gran riada (II): Arcos y Junta de los Ríos.
Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917.


En estos días se cumplen cien años de la gran riada de marzo de 1917 que tuvo consecuencias graves en toda la cuenca del Guadalete. Para recordar aquel suceso, recreamos la semana pasada su incidencia en Grazalema, Villamartín y Bornos. Hoy continuamos con los impactos de aquella excepcional avenida en Arcos y en el curso bajo del río.

La riada en Arcos.

Al igual que en toda la provincia en Arcos descargó “una espantosa tormenta de agua y granizo” (1). Como relataría el corresponsal de El Guadalete en su sección de “Notas Arcobricenses”, "desde las primeras horas de la noche del lunes (5 de marzo) hasta las nueve de la mañana de hoy miércoles (7 de marzo), no ha cesado de llover en esta ciudad unas veces, la mayoría, de un modo torrencial y otras aguaceros, todo acompañado de un viento fortísimo que impedía el tránsito del vecindario por las calles. Los daños causados por el temporal en la población y riberas del río Guadalete son enormes. Jamás se ha conocido una crecida tan alta... pues ha subido más de ocho metros sobre su nivel ordinario” (2).

Todos los diarios nacionales (La Nación, El País, ABC, Heraldo de Madrid, La Correspondencia…) avanzaban los daños más relevantes causados por la inundación en términos parecidos: "hay dos ahogados; pero se cree que no se reducen a estas las desgracias. Se ha hundido el ojo central de un puente. Un desprendimiento del terreno arrastró un molino que tenía más de 6.000 arrobas de aceite. Muchas casas del pueblo han quedado destruidas y la desolación es enorme. Como se conserva parte del puente, tratase activamente de unirle a la otra orilla” (3). A las 8 de la noche, el alcalde de Arcos consiguió hacer llegar un telegrama al de Jerez, Julio González Hontoria, dándole cuenta de la catástrofe y solicitando que se dirigiera al gobernado civil demandando socorros para Arcos, ante la imposibilidad de hacerlo él directamente. Aunque a esa hora el nivel del río ya había descendido unos cuatro metros, el panorama no podía ser más desolador (4). El diputado jerezano Moreno Mendoza, también recibió un telegrama del alcalde en el que le daba cuenta de la grave crisis obrera desencadenada, así como del hundimiento del puente y del consiguiente corte de comunicaciones con la mayoría de las polaciones cercanas, circunstancias de las que el diputado informó al gobierno de la nación solicitando, especialmente, la inmediata reconstrucción del puente de San Miguel (5).

En el casco urbano los daños causados fueron muy importantes. La fuerza del huracán tronchó árboles en el Paseo Duque de Almodóvar del Río, en la Plaza de la Constitución, en el Camino de las Nieves, en la calle Alameda… Se derrumbaron también “varias casas que se encontraban en estado ruinoso, un lienzo de muro de más de 200 metros de longitud, a espaldas del convento de Monjas Mercedarias” (6). El suministro eléctrico quedó interrumpido, al quedar paralizada la fábrica de electricidad a causa del temporal (7), ante lo que el gobernador civil de Cádiz telegrafío al de Sevilla “rogándole que gestione de las Compañías de electricidad faciliten fluido al pueblo de Arcos, en el que se halla paralizada su industria a causa del temporal” (8). Las crónicas de prensa no podían ser más explícitas: “la población se encuentra a oscuras por averías en los cables del alumbrado” (9).



Daños en la industria, los molinos y las huertas.

Junto a los daños en el casco urbano y en el puente, las instalaciones industriales y los molinos, quedaron también muy afectados. Ubicadas a orillas del Guadalete, la fábrica de corchos del Sr. Vázquez Segovia o la de curtidos del Sr. Reguera Marín, sufrieron importantes daños quedando “en medio del río” viendo destruidas sus instalaciones. Con todo, la peor parte la llevaron los molinos. La corriente “arrancó de cimiento el molino harinero llamado de Angorrilla”, inundándose también en el Barrio Bajo varios molinos de aceite “entrando las aguas en las tinajas y depósitos donde se encerraba el pecioso líquido subiendo éste a la superficie de aquellas, siendo arrastrado por la corriente. En el molino de D. Francisco Martel, se calculan en más de tres mil arrobas de aceite las llevadas por el río. En el D. Antonio Matos, llamado Valdespino son incalculables los perjuicios y destrozos causados por la riada. Todo el aceite que se encerraba en sus depósitos ha desaparecido… Igual le ha ocurrido a D. Antonio Dueñas en su molino La Condesa en el cual no ha quedado una gota de aceite, de las quinientas y pico arrobas que tenía almacenadas” (10).



Las huertas y los campos quedaron aún peor parados. El diario ABC resumía los efectos con esta lacónica frase: “en Arcos el temporal destrozó la campiña” (11). El corresponsal de El Guadalete describía en su crónica la triste escena que la riada había dejado en los campos cercanos al río: La ribera de huertas está completamente inundada viéndose solamente las copas de los árboles, y en los tejados de las casas, los colonos, sus familia y operarios aguantando el temporal desde media noche, ateridos de frío, dando gritos de socorro que nadie podía prestarle. Multitud de personas que habían acudido al Paseo de Boliches para desde alli contemplar la arriada, se retiraban con los ojos arrasados en lágrimas al ver el horroroso cuadro… Han perecido cientos de cabezas de ganado lanar, cabrío, cerda, vacuno y algunas caballerías” (12). Con la vuelta de las aguas a su cauce, apenas diez días después, pudieron apreciarse mejor las consecuencias de la riada: “Apena el ánimo ver nuestra frondosa y exhuberante ribera de huertas, hoy arrasadas por completo, sin vallados, casi sin arboleda, por haberla arrancadao la fuerza de la corriente y sus blancas casitas derruidas y algunas convertidas en un montón de escombros. ¡Pobres huertanos! ver en unas horas desaparecer el fruto de su constante y rudo trabajo, sus enseres de labor, sus ganados, muebles, ropas y pequeños ahorros” (13).

Las inundaciones habían dejado el campo y la industria arrasados y el hundimiento del puente de San Miguel y de otros en la cuenca, habían bloqueado las comunicaciones. La crisis social no se hizo esperar y el mismo día 8, aunque el temporal había amainado y las aguas del río habían descendido, se desataron las primeras protestas, siendo requerida la Guardia Civil para proteger las panaderías por temor de sufrir asaltos ante la carencia de víveres. Ese mismo día se llevó a cabo “un reparto de pan, siendo socorridos 625 obreros; pero muchos quedaron sin sustento. Algunos industriales desaprensivos intentaron elevar el precio de los artículos de primera necesidad; pero el alcalde lo impidió enérgicamente. De Jerez se enviaron a Arcos por orden superior 5.000 k. de harina y 1.000 de pan. Se gestiona que la Compañía Sevillana de electricidad facilite fluido a la fábrica de pan de Arcos” (14). Ante la desesperación y la falta de recursos, no faltaron quienes fueron a buscarlos al río donde “las guardias civil y rural hicieron regresar ayer a numerosas personas que se dirigían a los sitios inundados y al río con objeto de apoderarse de las carnes de los animales que habían perecido ahogados.” (15).

El puente de San Miguel destruido.



Una de las peores consecuencias que para Arcos tuvo la riada fue sin duda la destrucción del Puente de San Miguel. Levantado en 1867 con un coste de dos millones de reales de la época, esta sólida obra de sillería retuvo entre sus ojos los grandes árboles arrancados por la corriente, pero no pudo resistir la onda de avenida que empujó con una fuerza sorprendente al puente hasta derribarlo. Si la destrucción del puente de Villamartín cortó la carretera Jerez-Ronda, el arrastre del de San Miguel, dejaba incomunicada la campiña con El Bosque y la Serranía de Grazalema.

Como medida urgente, el mismo día 8 el alcalde ordena tender una “guindaleta” entre ambas orillas del puente “por medio de la cual se ha establecido comunicación con los vecinos de la otra parte del río los que gracias a este medio, pudieron proveerse de los artículos de primera necesidad de que carecían" (16). Gracias a este cable (en realidad, una cuerda de cáñamo), que logra tenderse a las dos de la tarde se pasan vivéres y otros artículos de primera necesidad (17).

En los días siguientes se suceden las peticiones para la construcción de un nuevo puente. El ingeniero jefe de Obras Públicas, D. Enrique Martínez, comunicó de inmediato al gobernador civil que era “…urgentísima la construcción del Puente de San Miguel, que se proyecta construir de hierro o de hormigón armado, cuyo proyecto se enviará a la aprobación del ministro de Fomento. Mientras tanto ha sido habilitado un vado para que pasen coches, carros y automóviles, y se espera que dentro de tres días quedará en condiciones de que pasen personas” (18).

Junto a los vados se plantean de inmediato la instalación de un puente de madera y de una barca de pasaje. El primero frente al molino del Algarrobo, la segunda, en el mismo emplazamiento del viejo puente de San Miguel. Apenas una semana después de la riada el Conde de los Andes, diputado en Cortes por la provincia, informó al alcalde de Arcos de la aprobación por el Ministerio de Fomento de un proyecto de barca para el que se destinaron 40.000 pesetas (19). En los días posteriores la prensa local informaba que “con objeto de terminar cuanto antes la construcción de la balsa que ha de servir para establecer la comunicación con la otra banda del río, se ha dado ocupación a todos los carpinteros de Arcos. Se cree que aquella se inaugurará muy en breve dado el número de obreros empleados en su construcción” (20). La barca o balsa, que entró muy pronto en servicio no estuvo exenta de polémica, pues si al principio se anunció que sería gratis hasta la construcción del nuevo puente, en pocos días comenzó a cobrarse el pasaje, lo que trajo como reacción que “un numeroso grupo de obreros se colocara en actitud levantisca, siendo necesaria la presencia de la autoridad para calmar los ánimos, quien ordenó pasaran todos gratis. Hoy se está cobrando el pasaje con el auxilio de fuerzas de la guardia municipal” (21).



Menos problemas dio el puente de madera que comenzó a construirse apenas dos semanas después de la riada. Así, la prensa local recogía una noticia del 22 de marzo en la que se apuntaba que “han dado principio los trabajos para construir un puente provisional de madera sobre el río Guadalete junto al molino harinero "Algarrobo", capaz de soportar el tránsito de caballerías y carruajes. Las maderas que se emplearán en la obra proceden del puente de Villamartín y a los trabajos se les imprimirá gran actividad” (22). Junto a este puente que permitía el paso de carruajes, y del que han quedado testimonios gráficos, existieron también otros pequeños puentes provisionales de madera para el paso de personas, utilizandose también los vados y pasadas tradicionales cuyo cruce en los días posteriores a la riada estuvo a punto de llevarse la vida de algunos arcenses. Tales fueron los casos de Alejandro Fernández Medina, de 65 años, quien al vadear el río por la pasada de La Molina, se hundió su caballo en el fango, pudiendo salvarse por ser un excelente nadador; o el del joven Antonio Murciano Meza, quien fue arrastrado por la corriente en el vado de Los Carriles, lográndose salvar gracias a la poderosa caballería que montaba (23).



Con todo, la principal preocupación de los arcenses fue la construcción del nuevo puente. Tras la riada, el alcalde Juan J. Velazquez Gaztelu, así como el gobernador civil y distintos diputados a Cortes por la provincia solicitaron al Ministerio de Fomento su intervención para acelerar las obras. Apenas dos semanas depués el alcalde confirmaba que “el proyecto del nuevo puente se remitirá a Madrid antes del 15 del próximo” (24). Unos días más tarde, un telegrama del Conde de los Andes informaba que “el puente estará terminado en muy breve plazo. Aquel se construirá en los Altos Hornos de Bilbao y su costo ascenderá a unas 300.000 pesetas; será colgante y de un solo tramo” (25). El nuevo puente de San Miguel, proyectado por el ingeniero Juan Romero Carrasco (como el de Villamartín), fue construido finalmente en los talleres de "La Artística Valenciana", entidad con la que se contrataron las obras, siendo inaugurado el 14 de octubre de 1920. De vigas metálicas parabólicas, y con una luz de 63m, tuvo un coste de 288.00 pesetas y utilizó como apoyos los estribos del viejo puente de cantería destruido por la riada del Guadalete (26).



La riada en la Junta de Los Ríos y la vega de Abadín.

Dejando atrás Arcos, la riada inundó lo Llanos de las Huertas, las vegas de Coviches y La Pedrosa y la Vega del Drago, donde el molino de Matos quedó semidestruido por las aguas del Majaceite.

En la Junta de los Ríos, unidos los caudales del Guadalete y de sus tributarios, el Salado de Espera y el Majaceite, los efectos de la riada se multiplicaron. La presa de Guadalcacín, construida unos años antes, pudo frenar los efectos de la crecida, laminando en parte la avenida. Aún así, por su alividadero llegaron a evacuarse 500 m3 por segundo, calculándose el caudal de ambos ríos entre la Junta y La Florida, en unos 2000 m3 por segundo en los momentos de apogeo de la avenida (27). No es de extrañar por ello que la fuerza de la riada arrastrará también el puente de la Junta de los Ríos, en la carretera Arcos-Vejer, como lo había hecho aguas arriba con los de Villamartín y San Miguel. El puente de fábrica, de 5 claros de 18 metros de luz cada uno, había sido construido en 1866 y ya había sufrido graves daños por una riada en 1881, aunque en esta ocasión no pudo soportar el empuje de la avenida (28). El mismo día 7, así lo comunicó por telegrama el alcalde de Arcos al de Jerez (29), dando también de ello cuenta los diarios nacionales que informaban de que “en el sitio llamado Junta de los Ríos, se hundió el ojo central del puente” (30). Para sustituirlo, el ingeniero Juan Romero Carrasco proyecto un nuevo puente de hierro, similar al de Villamartín, que sería inaugurado en 1925.



Durante los ocho años en los que la carretera estuvo sin puente, el paso del río se solucionó parcialmente con la instalación de una barcaza de sirga de la que conocemos sus características por las fotografías antiguas que de ella se conservan, similar a la instalada en Villamartín (31).

Aguas abajo, en las vegas de Casina y La Misericordia el río alcanzó una anchura extraordinaria, inundando totalmente las vegas de Albardén y Abadín, ya en término de Jerez, con una lámina de agua superior a un metro. En este último lugar, el diario El Guadalete informaba con el titular “A punto de perecer” que “en el caserío de la huerta de Lavadín, próxima a la Junta de los Ríos, estuvieron a punto de perecer sus moradores. A las cuatro de la mañana el contratista de las obras del Pantano de Guadalcacín don Federico Sáez, que tiene aquí alquilada una habitación en la expresada huerta, fue avisado de que estaba completamente inundada la planta baja. El Sr. Sáez, con la precipitación que exigía la gravedad del peligro, ensilló su caballo y montó a la grupa a la esposa del colono de la huerta. Éste y un mozo, en otro caballo y una mula, siguieron al señor Sáez, conocedor del terreno, orientándose como podía, dada la oscuridad de la noche, se dirigió a una choza enclavada a una altura y distante de la huerta unos quinientos metros, llegando a ella, por fortuna, sin más consecuencias que el remojón sufrido, pues hay que tener en cuenta que el agua llegaba a los caballos a la altura del vientre” (32)



Sin embargo, lo peor aún estaba por venir. Aguas abajo, en La Florida, la avenida del río iba a destruir el puente sifón del acueducto de Tempul, cortando así el suministro de agua potable a la ciudad de Jerez.
(Continuará)
Para saber más:
(1) La Correspondencia, 8 de Marzo de 1917, p. 3.
(2) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(3) La Correspondencia, 9 de Marzo de 1917, p. 3.
(4) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p. 1.
(5) Heraldo de Madrid, 8 de marzo de 1917, p. 2.
(6) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1. La crónica contiene la información del día 7.
(7) La Época, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(8) La Nación, 10 de marzo de 1917, p. 9.
(9) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(10) Íbidem.
(11) ABC, 8 de marzo de 1917, p. 9.
(12) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(13) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(14) El Día, 9 de marzo de 1917, p. 2. El Imparcial destaca también esta noticia así como que, ante la insuficiencia del reparto, “hubo un conato de alteración del orden” El Imparcial, 10 de marzo de 1917, p.1.
(15) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p. 2.
(16) El Guadalete, 10 de marzo de 1917, p. 1.
(17) El Día, 9 de marzo de 1917, p. 2.
(18) La Correspondencia, 11 de Marzo de 1917, p. 3.
(19) El Guadalete, 29 de marzo de 1917, p. 1.
(20) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(21) El Guadalete, 31 de marzo de 917, p. 1.
(22) El Guadalete, 26 de marzo de 1917, p. 1.
(23) El Guadalete, 17 de marzo de 1917, p. 1.
(24) El Guadalete, 26 de marzo de 917, p. 1.
(25) El Guadalete, 31 de marzo de 917, p. 1.
(26) "Puente de Villamartín y de San Miguel, sobre el río Guadalete, en la provincia de Cádiz", Revista de Obras Públicas, vol.71, nº 2382, junio e 1923, pp. 62-63
(27) Gavala y Laborde, Juan.: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, p. 27-28. Véase también González Quijano, P.M.: “Los bosques y las inundaciones”, La Correspondencia Española, Año LXVIII Número 21593 - 1917 marzo 27, p. 3.
(28) García Lázaro, A. y J.:El puente de hierro de la Junta de los Ríos”, Diario de Jerez, 13 de noviembre de 2016.
(29) El Guadalete, 8 de marzo de 1917, p. 1.
(30) ABC, 8 de marzo de 1917, p. 9. y La Correspondencia, 9 de marzo de 1917, p. 3, entre otros.
(31) García Lázaro, A. y J.:El puente de hierro…”, obra citada.
(32) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p. 2


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre El Guadalete se desborda, Paisajes con Historia, Río Guadalete, La gran riada (I). Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917., La gran riada en Jerez (III). En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917. y Jerez: una ciudad sin agua. En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917 (y IV).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 19/03/2017

El Puente de Hierro de la Junta de los Ríos.
Puentes con “encanto” (1).




En las últimas décadas va ganando terreno el interés por la conservación y la recuperación del denominado patrimonio industrial y de la obra pública. En él se incluyen todos aquellos objetos, elementos, instalaciones o edificios que forman parte de cultura industrial y que, de una u otra forma poseen algún valor tecnológico, histórico, científico o arquitectónico. Antiguas fábricas y maquinarias, talleres, instalaciones mineras, edificios industriales, chimeneas, almacenes, molinos… integran este rico patrimonio del que también forman parte algunas antiguas infraestructuras de transporte y obras públicas singulares.



En nuestra campiña y en los alrededores de Jerez existen no poco bienes que, por sus especiales características, deben ser considerados como elementos relevantes del patrimonio industrial, de los que nos iremos ocupando en próximos artículos. Como muestra de ello traemos hoy a nuestros lectores un claro exponente de cuanto hablamos, un viejo puente metálico que ha resistido el paso del tiempo y las avenidas de los ríos Majaceite y Guadalete, pero al que es preciso rescatar del abandono y la desidia antes de que se desplome.

Un puente para dos ríos: el comienzo de la historia.

El puente de hierro de la Junta de los Ríos se encuentra situado en un hermoso paraje entre frondosas arboledas donde confluyen los ríos Majaceite y Guadalete. Hasta su sustitución en la década de los noventa del siglo pasado por un nuevo puente de vigas de hormigón pretensado, estuvo en servicio durante tres cuartos de siglo, siendo lugar de paso obligado en este rincón de la campiña. Pero su historia se remonta muchos años atrás.

En el último tercio del XIX (1864) se construye la carretera Arcos-Vejer, para abrir una nueva vía de comunicación entre las tierras del interior de la provincia, como se recoge en la “Memoria sobre el progreso de las obras públicas en España” (1). Uno de los puntos más conflictivos de esta obra era el que planteaba el paso del Guadalete y el Majaceite que se cruzaban tradicionalmente por vados o con barcas (2). La solución adoptada fue la construcción de un único puente de fábrica en el Guadalete, en un lugar próximo a la confluencia de ambos ríos. El 5 de febrero de 1864 se anuncia oficialmente la subasta pública "…de las obras de un puente sobre el río Guadalete en la carretera de tercer orden de Arcos a Veger. Presupuesto 1.422.565 rs. 99cs”. (3).

Avanzadas ya las obras de la carretera, se acometen en 1866 las del puente tal como se recoge en una noticia breve aparecida en la Revista de Obras Públicas: “En la carretera de tercer órden de Arcos a Veger, ya construida, se ejecuta actualmente el puente, en la confluencia de los ríos Majaceite y Guadalete, compuesto de cinco arcos de 18 metros de luz cada uno, de ladrillo con aristones de sillería, alzándose en la altura de los arranques las pilas y estribos” (4).

En 1881, apenas 15 años después de su puesta en servicio, sufrió serios daños como consecuencia de un episodio de fuertes lluvias invernales que ocasionaron una gran riada. De este desastre se hace eco el diario local jerezano El Guadalete, donde se informa que “…ayer se nos aseguró por una persona procedente de Arcos que el puente de la confluencia del Majaceite y el Guadalete en la carretera de Arcos a Paterna, estaba casi destruido por la riada” (5). El puente fue reconstruido, siendo de nuevo dañado en otras ocasiones por la inestabilidad del terreno y por la confluencia en este lugar de las grandes crecidas del Guadalete y Majaceite que todavía no contaban en sus cuencas con ningún embalse. Finalmente, el puente sería destruido por una gran avenida en marzo de 1917, tal como muestran las fotografías de la época.

De la traza y aspecto original de este primer puente de fábrica nos da cuenta Pedro González Quijano, quien fuera ingeniero y director del pantano de Guadalcacín, al describir la obra de construcción de los sifones sobre el Guadalete y Majaceite, informando que en la Junta de los Ríos “la carretera de Arcos a Vejer… atravesaba el río por un puente de fábrica de 5 claros de 18 metros de luz cada uno, prolongados a uno y otro lado de los estribos por muros de acompañamiento”. Se trataba de arcos escarzanos o rebajados, construidos en ladrillo y con bordes de sillares de arenisca calcárea, como las pilas en las que se apoyaban, los pretiles y las rampas de acceso a los estribos del puente.

El ingeniero pretendía aprovechar este puente para el paso del sifón del canal de riego, que iría alojado en un cajón de hormigón armado sobre el que se situaría la calzada. Presenta así en 1915 un proyecto que nos permite conocer el puente original, con cinco pilas de apoyo en el cauce, salvando los vanos de 18 metros que presentaba el puente. La idea se desechó finalmente porque obligaba a elevar mucho la rasante de la carretera y porque, a juicio de Quijano “el emplazamiento del puente era poco afortunado. Situado en la misma confluencia, estaba expuesto a las avenidas de una u otra corriente, no siempre completamente concordantes, lo que podría hacer variar y reforzar, en condiciones difíciles de prever, la fuerza de socavación”. Prueba de ello es que el río ya había destruido uno de los arcos del primitivo puente, que hubo de reconstruirse en 1906. El ingeniero, tras recorrer el terreno en 1916 hace notar que “…cuando se construyó la obra, hace ya cincuenta años… parece que entonces hubo de estar la confluencia unos 200 m. agua arriba, como resulta de los planos del Instituto Geográfico y Estadístico, cuyos datos se tomaron por aquella época, que confirman referencias de gente anciana de lo cual aún se encuentran indicios en las madres viejas o antiguos cauces, casi del todo cegados hoy, que surcan los tarajales de la inmediata vega de la Pedrosa…” (6).

Sus intuiciones estaban bien fundamentadas y en marzo de 1917, una extraordinaria avenida del Guadalete, con una fuerza y un caudal que no se recordaba, arrastró el primitivo puente de la Junta de los Ríos, el mismo que ligeramente reformado, dibuja Quijano en su proyecto. La riada se llevó por delante también los puentes de Villamartín, Arcos y el que cruzaba el río en La Florida hacia Jerez, con la tubería de abastecimiento del manantial del Tempul (7).

El nuevo puente de hierro.



Así las cosas, cincuenta años después de que se hubiese levantado el antiguo puente de mampostería, fue necesario reparar la carretera y levantar uno nuevo. En esta ocasión se optará por una construcción metálica y se incorporarán innovaciones técnicas para salvar la distancia de 100 metros entre los estribos de ambas márgenes con tres tramos de vigas rectas, que se apoyaran en los estribos y en sólo dos pilares en el cauce.

El proyecto del nuevo puente fue encargado al ingeniero de caminos Juan Romero Carrasco, quien lo realizó en 1919. Las obras se subastaron en 1924, siendo finalmente inaugurado en 1925 . Natural de Ubrique, Romero Carrasco llevó a cabo numerosas obras públicas en la provincia de Cádiz entre 1904 y 1932, año de su muerte. Junto a los distintos tramos de carreteras que diseñó y ejecutó (en las de Ubrique a Jimena, de Jerez a Cortes, de Alcalá de los Gazules a Puerto de Galiz, de Arcos a El Bosque…) se deben también a él los proyectos de los distintos puentes realizados sobre el Guadalete para sustituir a los destruidos por la riada de marzo de 1917 (8). El primero de ellos, el del puente metálico de San Miguel, en Arcos, fue redactado en 1917, apenas dos meses después de la destrucción del anterior puente de mampostería, terminándose las obras en 1920. El nuevo puente metálico de Villamartín (el conocido como “puente de los hierros”) fue también proyectado por Romero Carrasco. Con un diseño similar al de la Junta de los Ríos (pero con cuatro tramos de vigas rectas, en lugar de tres), se terminó en 1923 (9).

Durante los ocho años en los que la carretera Arcos-Vejer estuvo sin puente (1917-1925), el paso del río se solucionó parcialmente con la instalación de una barcaza de sirga de la que conocemos sus características por las fotografías antiguas que de ella se conservan. Debe recordarse que en esos tiempos, anteriores a la construcción de las presas en la cuenca, la anchura y el caudal del río en este paraje era mucho mayor que en la actualidad. A modo de plataforma con barandillas de protección, este pequeño trasbordador permitía el paso de vehículos y de personas, consiguiendo mantener de este modo las comunicaciones entre Arcos y Medina, o entre Jerez y la recién estrenada presa de Guadalcacín que, hasta la construcción del puente de La Barca, se canalizaban por este lugar. Una barcaza similar sería instalada también en Villamartín.

Una obra singular: algunos datos.



La solución técnica para el puente proyectado por el ingeniero Romero Carrasco fue la realización de una estructura en celosía metálica, tipo Pratt. El puente está constituido por tres tramos que se apoyan en dos pilas o apoyos centrales cimentados en el cauce del río. La corriente, salvo en épocas de grandes crecidas, discurre habitualmente al pie de la pilastra izquierda. Las pilas, construidas con grandes sillares de piedra arenisca, tienen una altura máxima de 9 m sobre el nivel habitual de la lámina del río, un grosor de casi 3,50 m y una longitud de 10 m, oponiéndose a la corriente con tajamares curvos de sección semicircular.

El tablero está formado por tres grandes arcos o bastidores de unos 35 m. que salvan en total un vano de 104,50 m. Esta armazón metálica, formada por grandes vigas de hierro, soporta el peso del puente. La sección central se apoya en las pilas y las dos laterales lo hacen también en los bordes de los estribos, descansando en cilindros de rodadura para posibilitar la dilatación de los materiales. La anchura total del puente es de 6,6 m., mientras que la de la calzada interior se limita a 4,50 m., con pasos peatonales a ambos lados de 75 cm de anchura.



Las grandes vigas que forman los arcos de los bastidores tienen una anchura de 45 cm y sobre ellas se trazan los tirantes y riostras diagonales que forman una trama, a modo de doble celosía, que da solidez a la estructura impidiendo también su torsión y flexión. La altura total de estas estructuras laterales, es de 3,50 m. Sobre ellas se apoya la calzada por encima de la cual sobresalen 2,35 m. evitándose así también que ningún vehículo pudiera caer al río. Todas las piezas están unidas con pletinas, ángulos y perfiles mediante roblones, clavijas de hierro con cabeza en un extremo, que después de pasadas por los taladros de las piezas, había que remachar en caliente hasta formar otra cabeza en el extremo opuesto (10).



Las piezas del puente fueron fabricadas por la empresa bilbaína Sociedad Española de Construcciones Metálicas, a la que se le adjudicó en pública subasta en 1924.

Los estribos están construidos con grandes sillares de piedra de arenisca, al igual que los muros de acompañamiento que protegen los taludes de acceso al puente, presentando un resalte para el asiento de los tramos metálicos.

Si bajamos hasta la orilla del río, a los pies del puente, podremos observar su estructura desde otra perspectiva y veremos cómo los arcos laterales del bastidor están unidos por debajo por grandes vigas, a modo de travesaños, arriostradas con otras viguetas diagonales formando un entramado sobre el que descansa la calzada. De la misma manera, si nos fijamos en los grandes sillares de areniscas de las pilas, comprobaremos como muchos de ellos han sido desgastados por las corrientes y desprovistos de su capa superficial, mostrándonos así su constitución geológica, apreciándose numerosos restos de conchas fosilizados.



Por las características de la piedra, bien pudiera haberse traído de las canteras de la cercana Sierra del Calvario o de Barrancos, donde abunda este tipo de arenisca calcárea (calcarenita) rica en fósiles similares a los que aquí se observan.

Un espléndido mirador… que reclama una restauración.

En 1987, cuando visita el puente el equipo del ingeniero J.A. Fernández Ordóñez, apunta que “presenta oxidaciones localizadas. Buen estado en general” (11). Lamentablemente, 30 años después, su estado ha empeorado y en la actualidad muestra claros signos de deterioro visibles en toda su estructura, debido al abandono y a la falta de mantenimiento desde hace más de dos décadas. A ello hay que añadir los actos vandálicos que ha sufrido, al sustraerse parcialmente el hierro de las barandillas y celosías. Afortunadamente, hace unos años, con motivo de los trabajos de restauración de riberas realizados por la Consejería de Medio Ambiente (12), fueron retirados los eucaliptos que crecían entre su estructura y que resquebrajaban las piedras de sus pilares, causando serios daños. De la misma manera, se aprecia una perdida casi generalizada de la pintura que le servía de protección y que ha



dejado paso a la progresiva oxidación de muchas de sus piezas. Pequeños agujeros en el tablero y el pavimento o en las pasarelas peatonales, la rotura de las barandillas de protección, el robo y desmontaje de algunas piezas, las aparición de pintadas… son otras de las amenazas que comprometen el futuro de este viejo y hermoso puente, que, como queriendo pasar desapercibido, se ha ocultado entre la arboleda del río camuflándose entre los eucaliptos, melias, lentiscos y ailantos de sus taludes.

Tal vez espera, como ha sucedido con los puentes de San Miguel en Arcos o con el de La Barca, que llegue el momento de su restauración y no le suceda como al viejo puente del ferrocarril sobre el Guadalete en El Puerto, salvado “in extremis” cuando ya estaba siendo desmontado para chatarra hace tan solo unos años.



No se merece ese trato este singular puente que, a nuestro juicio, debiera formar parte del patrimonio arqueológico industrial provincial y ser restaurado, consolidado y puesto en valor como mirador privilegiado sobre un paraje fluvial excepcional, la Junta de los Ríos, en cuyas riberas se han realizado trabajos de restauración de los sotos y alamedas y de retirada de lodos y eucaliptos.

El puente merece por si sólo una visita a este lugar, donde también podremos admirar los “sifones”, esos grandes arcos que salvan el río conduciendo las aguas del canal de riego del embalse de Guadalcacín, conocidos popularmente como “las morcillas”. O pasear por las orillas del Guadalete y del Majaceite, o visitar el antiguo Vivero de Obras Públicas, que acoge las instalaciones de la Granja-Escuela Buenavista. O acercarnos hasta los cercanos cortijos de Casablanca, Casinas o El Abadín, que tanta historia e historias guardan. O descansar y tapear en la conocida Venta de la Junta de los Ríos una de la que tiene más “sabor” de cuantas encontramos en la provincia...



Por estas y otras muchas razones, el viejo puente de hierro de la Junta de los Ríos merece ser salvado del abandono y la desidia y recuperarse como mirador en este hermoso rincón de la campiña.

Para saber más:
(1) Memoria sobre el progreso de las obras públicas en España durante los años 1861, 1862 y 1863. Ministerio de Fomento. Dirección General de Obras Públicas, Imprenta Nacional (Madrid) – 1864, pg. 97
(2) García Lázaro A. y García Lázaro J.:Al pasar la barca. Las barcas de la Florida, Berlanga, el Majaceite y Tempul”. Diario de Jerez, 12 de junio de 2016. Disponible también en:
http://www.entornoajerez.com/2016/06/al-pasar-la-barca-y-3-las-barcas-de-la.html
(3) Revista de Obras Públicas, 1864, p. 24. Subastas.
(4) Revista de Obras Públicas, 1866, p. 164. Sección de noticias breves firmada por Francisco González.
(5) El Guadalete, 1 de febrero de 1881, Jerez.
(6) García Lázaro, A.: El Guadalete, Cuadernos de Jerez. Ayuntamiento de Jerez, 1989. pp. 38-39
(7) Pedro M. González Quijano.: Sifón del Guadalete. Rev.de Obras Públicas. 1923 pp. 231-236
(8) Gavira Vallejo, José Mª.: El ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco… en http://loscallejones5u.blogspot.com.es/, (consultada el 7 de noviembre de 2016).
(9) “Puente de Villamartín y de San Miguel, sobre el río Guadalete, en la provincia de Cádiz (Crónica)” Revista de Obras Públicas vol.71, nº2.382, junio 1923 pg. 62-62. D esta publicación proceden las ilustraciones de ambos puentes.
(10) José A. Fernández Ordóñez, Tomás Abad Balboa, Pilar Chías Navarro, Luis F. López Ruiz y Carmen Romero Doral.: Inventario histórico de los puentes de Andalucía - Provincia de Cádiz, Cátedra de Estética de la Ingeniería de la ETS de Ingenieros de Caminos, Centro de Estudios Territoriales y Urbanos, Consejería de Obras Públicas y Transporte, Junta de Andalucía, 1985. Pp. 101-102
(11) José A. Fernández Ordóñez…: Obra citada, Ficha del Puente de Hierro de la Junta de los Ríos. De esta ficha hemos tomado el croquis del puente, obra del mismo autor.
(12) García Lázaro A y García Lázaro J.: Obras de restauración ambiental en el Guadalete (1): en la Junta de los Ríos, 18 de septiembre de 2011: http://www.entornoajerez.com/2011/09/obras-de-restauracion-ambiental-en-el.html


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Arcos de la Frontera y su entorno, Paisajes con historia, Puentes y obras públicas, Patrimonio en el medio rural, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 13/11/2016

 
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