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Topónimos curiosos en torno a Jerez.
“Hermanos grandes y hermanos chicos” en los cortijos de la campiña.



En muchos lugares de nuestra campiña encontramos curiosos topónimos que se presentan en dos “versiones” distintas, una de ellas en diminutivo, y hacen alusión a lugares, fincas o cortijos próximos entre sí o incluso colindantes. En algunos casos pertenecieron a una misma propiedad y dan la pista de la mayor importancia, preeminencia o antigüedad de quien ostenta el nombre principal. Estos son algunos de estos singulares nombres:

Alijar y Alijarillo, El Barroso y El Barrosillo.

Este es el caso de algunos conocidos cortijos como los de Alijar y Alijarillo, situados junto a la carretera de Sanlúcar, coronando sendas lomas desde las que se domina el paisaje de la campiña. Este rincón del término de Jerez, conocido como Los Alijares, se encuentra colindante con el de Sanlúcar y en los siglos medievales, de acuerdo a los



restos cerámicos encontrados, pudo albergar una alquería andalusí de las muchas que se repartían en el extenso alfoz jerezano. El topónimo que bautiza estos cortijos es de origen árabe, vinculado tal vez a su pasado andalusí. De él dice el historiador Bartolomé Gutiérrez que “…La voz Alijar, quiere decir, exido y salidas espaciosas para recreo, y no desdicen del terreno estas ethimologias porque el paraje y salida en nuestro término (que es donde están) es divertida…” (1). Y es que, conviene recordar que entre las distintas acepciones que el DRAE recoge para “alijar”, se encuentran las de “dehesa”, “cortijo” y “aduar” (pequeña población formada por chozas o cabañas). Alijarar es también repartir tierras incultas para su cultivo. Frente al viajero, a la derecha de la carretera se alza el caserío de Alijar, escoltado por los aerogeneradores de un parque eólico que se enclava en sus tierras, a la izquierda, el de



Alijarillo. Ambos pudieron tener su origen en sendas villas romanas y en el de Alijar aún se conservan los restos de una torre-atalaya de origen medieval que formaba parte de las que controlaban el alfoz jerezano (2).



En la conocida como carretera del Calvario o de Las Viñas, a orillas del que en el siglo XIX fuera el camino de Jerez a Bonanza, se encuentran los cortijos de El Barroso y El Barrosillo. El Barroso se asienta en la explanada de un antiguo descansadero de ganado donde confluían las cañadas de Marihernández, del Amarguillo y de Tabajete que comunicaban Las Tablas y Añina con Mesas de Asta, atravesando parajes que lo fueron de marismas. Estas tierras tuvieron como ilustre propietaria, ya en el s. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno. Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el cortijo de El Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar, que debe su



nombre a la naturaleza arcillosa y encharcadiza del suelo, el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Montegil y Montegilillo, La Torre y La Torrecilla.



Al norte de la ciudad, en dirección a Sevilla la campiña guarda otras curiosas parejas de topónimos como Montegil y Montegilillo. En el caso de Montegil, el nombre hace alusión a un cerro de 136 m situado entre Jerez y El Cuervo, junto a la carretera nacional IV y al antiguo cortijo que allí se emplaza. Esta elevación domina las marismas de Casablanca, Morabita y El Cuervo y en sus alrededores existen numerosos yacimientos arqueológicos. Por su posición geográfica el Alto de Montegil albergó una torre del telégrafo óptico, una de las 59 de las que constaba la línea Madrid-Cádiz, puesta en marcha en 1844 por el brigadier José María Mathé por encargo del Ministerio de la Gobernación. En dirección a Madrid se conectaba desde aquí visualmente con la torre del Cerro de Cornegil (próximo al Rancho de Majada Vieja), a mitad de camino entre El Cuervo y Lebrija. En dirección a Jerez la conexión era con la torre de Capirete, que estuvo situada en la actual Viña El Telégrafo, que ha conservado en su nombre el recuerdo de aquel curioso sistema de comunicación (4). La torre de Montegil estuvo ubicada en el paraje donde hoy pueden verse grandes antenas de telecomunicaciones. Desde este punto se observa una inigualable perspectiva sobre las campiñas y marismas del bajo Guadalquivir. Montegilillo, por su parte, da nombre a un cortijo colindante con aquel. Situado junto a la derecha de la carretera en dirección a El Cuervo. En relación con el curioso nombre de Montegil, el profesor Pascual Barea, sugiere la posible relación de este orónimo con “montecellu”, (vocablo del latín tardío) que derivaría de monte (mons, montis) y el sufijo -cellu, del que procede el sufijo castellano -cillo. “Montegil equivale por tanto al castellano ‘montecillo´”, por lo que este topónimo “documentado en textos árabes y castellanos medievales, remonta a la Antigüedad tardía” por lo que, rizando el rizo, Montegilillo vendría a significar “pequeño montecillo” (5).



Apenas a 7 km de aquí, a los pies de la Sierra de Gibalbín y junto a la Cañada de Casinas que unía la zona de Lebrija con Calsena, la antigua capital andalusí situada en la junta de los Ríos, encontramos los cortijos de La Torre y La Torrecilla. Accedemos a ellos por la carretera que comunica Gibalbín y El Cuervo, desde la que un desvío señalizado a la derecha nos lleva a La Torre de Pedro Díaz, como también se conoce a este antiguo cortijo de posibles raíces árabes (6). La Torre formaba parte de la cadena de fortalezas, torreones y atalayas repartidos por el extenso alfoz de Jerez. Ubicada a los pies de la Sierra de Gibalbín, en las proximidades de los caminos medievales que conducían a la campiña sevillana, el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez nos recuerda que también era conocida como torre de la Hinojosa, “cuyo Donadío, era y es perteneciente á la familia de los cavalleros Hinojosas de esta ciudad… (7). Si la torre ya existía en tiempos de la conquista castellana, cabe pensar que su origen fuese andalusí (8). Aunque los restos originales que de ella se conservan son escasos, se aprecian en sus esquinas y en los arranques de los muros los sillares de cantería con los que debió ser reforzada en época cristiana. En su parte más alta se adivina un pequeño murete de tapial, al igual que en distintos puntos de la cerca que rodeaba esta construcción, a modo de pequeña muralla defensiva, por lo que su posible origen islámico es más que probable.

A escasa distancia de La Torre se encuentra el cortijo de La Torrecilla en cuyas tierras crecen hoy frondosos olivares. En el Nomenclátor Estadístico de 1857, estos cortijos se encuentran entre los más poblados del término contando con 138 habitantes censados.

Berlanga y Berlanguilla.



Situadas en la zona este del término, en las proximidades de La Barca de la Florida y del Guadalete, las tierras de Berlanga y Berlanguilla están cargadas de historia. Ocupan parcialmente los suelos de antiguas terrazas fluviales que vieron ya en el Paleolítico Inferior, unos 700.000 años atrás, la presencia de los primeros grupos humanos en estos parajes (9). En los primeros tiempos de la conquista castellana pertenecieron al término de Arcos y la aldea de Berlanga era conocida originariamente como La Guarda (10). Tras la cesión por la corona del Castillo de Tempul y sus términos a nuestra ciudad en el primer tercio del s. XIV, se fueron ocupando por los jerezanos algunas dehesas arcenses como las del Abadín, Cespedosa o La Bernala, que, como la de Berlanga, se incorporarían finalmente a nuestro alfoz tras pleitos que duraron siglos (11). La vinculación de Berlanga con Arcos permaneció durante siglos, llegando a denominarse la parte central de la conocida “Peña” como Peña de Berlanga, por dar vista a esta dehesa (12).

Aunque en la actualidad el cortijo de Berlanga posee un caserío renovado, sus orígenes se remontan también a los siglos medievales. A comienzos del XVI su propietario era el genovés Jácome Adorno y durante buena parte de los siglos XVIII y XIX perteneció a los marqueses de Valhermoso (13). Por su parte, las tierras de Berlanguilla, más próximas al Guadalete, fuero propiedad del convento de Santo Domingo de Alcalá de los Gazules desde 1516. En 1835, un año antes de la desamortización de Mendizábal, los dominicos arrendaron la dehesa a Domingo Varela, ganadero de Medina Sidonia, siendo subastada en 1837 y vendida en más de dos millones de reales (14). De la importancia de estas dehesas da también cuenta Madoz, quien a mediados del XIX las menciona en su Diccionario Geográfico. Sobre Berlanga, apunta que cuenta “con una Venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo… y el río Guadalete que la baña por el Oeste, el cual se pasa por la barca de la Florida y vados de la Berlanguilla”.



El terreno es “montuoso, con encinas y acebuches, y produce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados: hay caza de conejos y perdices, y en el río sábalos, barbos y otros peces de agua dulce, pasando por este terreno el camino que conduce a la sierra de Jerez”. De Berlanguilla, Madoz señala que tiene en sus tierras “el rico manantial del Lobo, que la divide de la de Berlanga”. Su terreno es “montuoso, con encinas, alcornoques y álamos blancos, y lo baña el Guadalete que se cruza por la barca de le Florida y los vados del Encerradero y de la Barca” (15).



En la actualidad, los dos cortijos mantienen su explotación ganadera y agrícola, con cultivos de algarrobos, y el aprovechamiento de sus dehesas, donde aún perviven restos del que fuera un gran alcornocal de llanura donde se mantienen algunos ejemplares sobresalientes incluidos en el Catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de la provincia de Cádiz, tales como el alcornoque, el acebuche o el piruétano de Berlanguilla (16). Este cortijo fue también célebre por sus granjas y desde hace unos años alberga también un complejo ecuestre-deportivo, con campos de polo y un establecimiento de turismo rural.

Pajarete y Pajaretillo, Casa Blanca y Casablanquilla.



Un caso similar a los anteriores es el de los cortijos de Pajarete y Pajaretillo, nombres con los que se conocen también los parajes que los rodean, a la espalda de la Sª del Valle. Llegamos a ellos por la carretera que desde San José del Valle se dirige a Alcalá de los Gazules donde los encontramos poco antes de llegar a las Mesas del Esparragal. El de Pajarete quedó incluido en el término vallense, mientras que el de Pajaretillo, colindante del anterior forma parte del alfoz jerezano.

El topónimo de Pajarete aparece ya en el s. XIV en los documentos de amojonamiento del término de Tempul y de su donación a Jerez por Alfonso XI, donde se señala. “[…] E el otro mojón cabe adelante que está ençima de la cantera de Gigonça, ques a ojo a Penna Harpada e a la bastida. E el otro mojón adelante está a par de Gigonça la Vieja, çerca del camino que va de Arcos a Alvela. E el otro mojón adelante está en esa caueza grande que está entre Gigonça la Vieja e Pajarete...” (17). En el s. XV, las tierras de este cortijo figuran entre los echos destinados al ganado vacuno, contando ya con pozo abrevadero. En 1519 pastaba aquí la vacada de Alfonso de Cabra, jurado de la collación de San Dionisio, integrada por 600 cabezas, en aquellas fechas una de las mayores del término (18). Situado en los límites del término jerezano con el de Alcalá de los Gazules, Pajarete aparece también reflejado en un curioso plano del S. XVIII, realizado en pergamino, donde se señalan los cortijos más importantes del término (19). Madoz, a mediados del s. XIX lo cita en el camino de Arcos a Alcalá señalando que se llega hasta él “desde la Parada y Garganta del Valle”, atravesando por “tierra áspera” hasta llegar al cortijo de Pajarete, donde se vadea su garganta y se continúa por tierras de labor hasta el Esparragal “donde está la Torre-Alico de construcción moruna…”. Este mismo camino es el que se refleja en el primer mapa provincial de Cádiz, Obra de Francisco Coello, donde figura también el cortijo de Pajarete (20).

El hecho de encontrarse al pie de esta vía de comunicación que une las campiñas de Jerez y Arcos con las de Alcalá y Medina le hizo testigo de las operaciones militares que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Primera Guerra Carlista, cuando las tropas cristinas de los generales Rivero y Narváez perseguían a las carlistas del General Gómez que pasó por estas tierras en su retirada desde Alcalá a Villamartín en noviembre de 1836. Sorprendido por los batallones de Narváez en las cercanías de la angostura del Majaceite y del Peñón Amarillo, los carlistas vieron cerrada su salida ya que, a sus espaldas, acampadas en Pajarete, las tropas de Rivero, integradas por 7.500 infantes y 800 jinetes, salieron también en su busca (21).

En la actualidad el cortijo de Pajarete, como su colindante el de Pajaretillo, se dedica básicamente a los cultivos de secano y a usos ganaderos si bien, hasta hace unas décadas, una buena parte de sus tierras se cubrían de olivares. Entre su caserío aún se conservan las dependencias del antiguo molino hidráulico, las instalaciones para el lavado de aceitunas y la bodega de tinajas para el aceite. En la puerta de entrada al cortijo, sendos rulos cónicos nos lo recuerdan. El de Pajaretillo embalsa en sus tierras las aguas del arroyo del Chorrito, afluente del Río Álamo (22).



En el caso de los cortijos de Casablanca y Casablanquilla, a diferencia de los anteriores, no existe proximidad geográfica. Ubicado en las proximidades de la Estación de El Cuervo, el de Casablanca se alza a los pies del cerro de Montegil, junto a la carretera de Morabita, dominando el paisaje de las marismas que llevan su nombre. Entre los cultivos de cereal sobresale su blanco caserío integrado por diferentes construcciones que se organizan entorno a un patio central. En él destaca un antiguo granero con arquerías, una de las piezas de mayor interés de este centenario cortijo, junto al que se conserva también, aislado, el edificio de su antigua escuela y capilla. Junto a la entrada del cortijo puede verse un hermoso retablo cerámico que representa al Sagrado Corazón de Jesús, obra de la trianera Cerámica Montalván (23).

Sin guardar relación con Casablanca, en las proximidades del cortijo de Jara, se encuentra el de Casablanquilla. Llegamos a él por un desvío a la derecha en la carretera que une Torre de Melgarejo con Gibalbín, Colindante con los cortijos de La Basurta y de Los Ballesteros, sus tierras son cruzadas por los arroyos del Chivo y de Santiago y están dedicadas a cultivos de secano. En estos parajes, tal como informa el I.A.P.H., “Se han detectado presencia de industrias líticas, un posible asentamiento neolítico, restos de un posible poblado Calco/bronce, cerámica del bronce final, cerámica prerromana, romanas: campaniense y sigillata, así como ladrillos decorados paleocristianos y cerámicas visigodas” (24).



El Álamo y El Alamillo constituyen un caso similar al anterior, aunque en este caso el cortijo de El Alamillo fue de creación anterior tanto al de El Álamo, como a su vecino de Los Álamos, situados todos junto al Guadalete, en las proximidades del Puente de El Torno a ambos lados del río. Como dato curioso recordamos que en este mismo paraje estuvo situada la barca del Alamillo de la que ya se tiene noticia a mediados del XVIII. Durante la ocupación francesa fue destruida, siendo repuesta posteriormente y estando en uso hasta finales del XIX (25).

(Continuará)
Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, pp. 30-31.
(2) Sobre Alijar y Alijarillo pueden verse: García Lázaro, J. y A.: Los Alijares. Un rincón de la campiña en el camino de Sanlúcar, Diario de Jerez, 22/11/2015; Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 243 y García Lázaro, J. y A.: Un recorrido por las torres y castillos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 23/11/2013.
(3) En López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 163-164, pueden verse interesantes imágenes aéreas de vestigios del antiguo trazado de la Vía Augusta por este rincón. Cesar Pemán recuerda como los vestigios han sido visibles en las cercanías del cortijo de Tabajete hasta mediados del siglo pasado en su estudio: “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz”. A.E.Arq. XXI: 255-268. Pg. 258, Madrid, 1948.). El mapa de la provincia de Cádiz de F. Coello (1868) señala también el antiguo trazado de la Vía Augusta en las cercanías de Tabajete. De ello han escrito R. González Rodríguez y D. Ruiz Mata (1999): “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Historia de Jerez. T. 1, pg. 153); J. Caballero Ragel en “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez” Diario de Jerez 12/06/2012, o J. Montero Vítores (2012):Los caminos de la Vía augusta en torno a Ceret”: Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez ISSN: 1575 – 7129.
(4) García Lázaro, J. y A.: Por los altos de Montegil y Capirete: el telégrafo óptico en Jerez. Diario de Jerez, 19 de octubre de 2013. Puede verse también: Sánchez Ruiz, C.: Los telégrafos ópticos de Jerez. Diario de Jerez, 13/10/2003 y Sánchez Ruiz, C.: "Las Líneas telegráficas de Cádiz (1805-1820)." Actas del X Congreso de la SEHCYT. I Simposio de Historia de las Telecomunicaciones. Badajoz, 10-14 de septiembre de 2008.
(5) Pascual Barea, J.: Del latín tardío "Montecellu" al topónimo andaluz Montejil, Gades, nº 22, 1997, pp. 607-620.
(6) García Lázaro, J. y A.: Por la Torre de Pedro Díaz, Diario de Jerez, 21/09/2014
(7) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, 31-32.
(8) Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 244.
(9) Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (2001):El registro arqueológico de los primeros grupos humanos en la comarca de Jerez y su contexto en el sur de la península. Resultados de un proyecto de investigación. Revista de Historia de Jerez, N.º 7. Cuaderno de arqueología. 2001, p.12. Sobre otros enclaves cercanos con presencia humana en la prehistoria puede verse: Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle: de desierto a colonia agrícola, 1998.
(10) Astillero Ramos J.M.:La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 131.
(11) Mancheño Olivares, M.: Arcos de la Frontera. Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera, 1922, p. 246; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(12) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 75.
(13) Mingorance Ruiz, J.A.: La colonia extranjera en Jerez a finales de la Edad Media, Cádiz: Peripecias Libros, 2014 pp. 86-88, citado por Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 102. Sobre Berlanga y el marqués de Valhermoso: Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86.
(14) Ramos Romero, M.: Alcalá de los Gazules, Diputación de Cádiz, 1983, p. 348; VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, pp. 156-157.
(15) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 59, Voces Berlanga y Berlanguilla. Sobre las barcas de Berlanga y Berlanguilla, García Lázaro, A. y J.: Las barcas de La Florida, Berlanga, Majaceite y Tempul, 12 de junio de 2016
(16) García Lázaro, A. y J.: Árboles singulares en torno a Jerez, 26 de octubre de 2012; Árboles y arboledas singulares de Andalucía. Cádiz. Junta de Andalucía. C. de Medio Ambiente, Sevilla, 2004, págs. 22, 40 y 114.
(17) Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle… op. cit. págs. 249-251; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural… op. cit. págs.120-121.; Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol. II, p. 191.
(18) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, op. cit. págs. 65 y 97.
(19) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(20) Madoz, P.: Diccionario Geográfico… op. cit., p. 82.; Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(21) Pantoja Antúnez J.L. y Ramírez López, M.: Los Carlistas en Jerez (la primera guerra 1833-1840), Jerez, 2002, págs. 58-59; Patrón Sandoval, J.A.: 1836: La defensa de Tarifa durante la incursión carlista de Gómez en el Campo de Gibraltar. Aljaranda, nº 62, septiembre de 2006, págs. 24-26 Los hechos sucedidos en torno al cortijo de Pajarete fueron recogidos por la prensa británica, donde se hace referencia a la presencia de las tropas en este cortijo como puede leerse en The Waterford Mail, Vol. XIII, nº 1387, december, 14, 1836, disponible en internet.
(22) VV.AA.: Cortijos… op. cit. págs. 350-351.
(23) García Lázaro, A. y J.: Azulejos devocionales. Un recorrido por los retablos cerámicos de la campiña, Diario de Jerez, 9 de noviembre de 2013.
(24) I.A.P.H.: Base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, Cortijo de Casablanquilla, http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i20223, consultada el 28/02/2018.
(25) García Lázaro, A. y J. : Las barcas de El Portal, La Greduela y El Alamillo, Diario de Jerez, 25. junio de 2016


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos, viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 4/03/2018

Al pasar la barca (2).
Las barcas de El Portal, La Greduela y el Alamillo.




El domingo pasado iniciamos una pequeña historia de las barcas de pasaje que cruzaban el Guadalete a su paso por el término de Jerez. En este recorrido río arriba, nos ocupamos de la Barca de Florinda y de la Barca de Puerto Franco situadas ambas en el curso bajo, en las tierras situadas a los pies de la Sierra de San Cristóbal. Hoy, siguiendo nuestro paseo por la historia y los paisajes del Guadalete, vamos a ocuparnos de las barcas de El Portal, La Greduela, El Alamillo y El Boyal. ¿Se suben con nosotros?

Barcas en El Portal.

Como es conocido, el “puerto de Jerez”, históricamente estuvo ubicado en El Portal, sobre la margen derecha del río Guadalete. Aunque el primitivo emplazamiento parece ser que se situaba en el lugar que hoy conocemos



como La Corta, en los siglos XIII y XIV hay ya referencias al embarcadero en el lugar en el que permaneció hasta mediados del XIX: El Portal.

No es de extrañar por ello que las primeras barcas de pasaje en el Guadalete de las que se tiene constancia documental haya que situarlas también en este enclave. El paso del río por El Portal, era ya conocido desde la antigüedad y en los siglos medievales debió ser el más utilizado, junto al del Vado de Medina, para enlazar con los caminos que iban a “la puente de Suazo”, a la Isla de León y a Cádiz y también a Vejer y a Medina. Junto al cortijo de La Herradura, a los pies del Palmar del Conde, discurría la Cañada Real que conducía a estas poblaciones, siguiendo, quizá, la ruta de la antigua Vía Augusta o de uno de sus ramales.

El historiador Bartolomé Gutiérrez da cuenta de ello su “Historia de Xerez” y apunta que ya en 1494tenía por suyas la ciudad” las rentas de “la barca del Portal y el pasaje de ella” (1). El profesor Juan Abellán, en un interesante estudio sobre las barcas del Guadalete en El Puerto de Santa María (2), confirma documentalmente que la existencia de esta barca es muy anterior y nos informa de las frecuentes contiendas entre los barqueros jerezanos y los portuenses, dándonos a conocer el nombre de algunos de aquellos barqueros de El Portal que no dejaron de plantear quejas al concejo de Jerez. Así, en 1480, su titular era Juan Martínez, en 1481 aparece como arrendador Diego Carrillo. En 1491 la concesión pasa de nuevo a manos de Juan Martínez, sin que los problemas de explotación y uso de esta barca hubiesen cesado (3).

Bartolomé Gutiérrez relata algunos pormenores de este curioso litigio que tuvo como protagonistas las barcas de pasaje del Guadalete, en esta zona entre El Portal y El Puerto, en las dos últimas décadas del siglo XV. El origen hay que buscarlo en la licencia que el regidor de El Puerto de Santa María, el jerezano Charles de Valera, pidió a la ciudad de Xerez para ”fabricar un molino en la boca del Río Guadalete” así como para la “fábrica de una Barca… que debía ocuparse solamente en llevar y traer lo perteneciente al molino y para pasar los moledores ya la habían hecho de pasage” (4). Al parecer, en la mencionada barca, su propietario había “pasado personas por dinero”, con lo que se perjudicaba grandemente a los concesionarios de la barca de El Portal, los únicos autorizados por el Concejo de nuestra ciudad, quienes trasladaron sus



quejas a las autoridades jerezanas. La reacción no se hizo esperar y como Bartolomé Gutiérrez cuenta, en 1496 “vino Alonso de Coria, Arrendador de la Barca del Portal de Xerez quejándose de que por la Barca que puso Charles de Valera, alcaide del Puerto, para el pasage del Molino en que pasaba mucha gente, se hacía menoscabo de pasage de la suya. Estaba esta Barca del Portal de Xerez junto a una Hermita llamada del Portal” (5).

El conflicto entre los barqueros debió ir a mayores ya que, ante la negativa del alcalde de El Puerto a dejar de utilizar la barca con la que cruzaba la “boca del Guadalete”, de manera “ilegal”, “ciertos vecinos de Xerez… fueron con mano armada por el río Guadalete y se trajeron una Barca que estaba junto al Molino del Sr. Charles de Valera, Alcalde de aquella Villa”, tal como denunciaron después los regidores de El Puerto en una carta dirigida a la Ciudad de Jerez, que desestimó esta petición a favor de los derechos de pasaje de la Barca de El Portal (6).

Sea como fuere, Alonso de Coria, compró en 1496 una barca nueva con la que transportaba el pasaje que se dirigía a El Puerto ya que, al parecer, la barca vieja, propiedad de la ciudad se encontraba inservible. “Los oficiales del cabildo ordenaron a los contadores de la ciudad que mandasen a los mayordomos que deshicieran la barca vieja y vendieran la madera y clavazón, y que de lo recaudado dieran cuenta de ello con las rentas de sus propios de 1496” (7).

Barcas en La Corta.

Como es sabido, La Corta es el paraje del Guadalete más cercano a la ciudad. Desde los siglos medievales existió un embarcadero y ese mismo lugar era uno de los más utilizados para cruzar al otro lado del río por el conocido Vado de Los Hornos. No es de extrañar por ello que fuese elegido como uno de los primeros lugares de baños y que en sus orillas se establecieran también pescadores, areneros y barqueros que residían en las cercanías (La Corta, Las Aceñas, Los Albarizones…). Hay constancia de que algunos de estos barqueros tenían autorización para utilizar sus lanchas como pequeñas barcas de pasaje.

Como ejemplo citamos aquí la información facilitada por Antonio Tenorio Notario sobre una de estas barcas, la de José Carmona Montero, que en 1937 contaba con la autorización de la Ayudantía de Marina de El Puerto para que “pueda con la embarcación “Paquita” … pasar individuos de un lado a otro del Río en el sitio denominado “La Corta”. Sólo puede conducir seis individuos en cada viaje. Valedero por la actual temporada de verano”.

Barca del vado de Martín Dávila.

En una pasada del río Guadalete, conocida como “Vado de Martín Dávila”, así bautizada en honor del caballero jerezano de este nombre que dio muerte al alcaide moro de Ronda (8), se instaló a mediados del siglo XVII una barca de pasaje. Juan de la Plata da cuenta de ella al describir la barcas que cruzaban el río: “la más antigua de todas, es la que se autorizó a Esteban Salazar en 17 de abril de 1652, para restablecer la barca del vado de la torre de Martín Dávila" (9).

Barca de la Greduela.



A mediados de la década de los 50 del siglo pasado se pusieron en regadío varias fincas de la margen derecha del Guadalete en la zona de los Llanos de la Ina y La Gredera. Entre ellas se encontraba la de La Greduela que quedaba prácticamente “encerrada” en el seno de un gran meandro que forma el río en las proximidades de la Ermita de La Ina, entre los cerros de Los Yesos y La Sierrezuela. Para facilitar el acceso a los colonos, que llegaban a sus parcelas por un accidentado camino que enlazaba con la carretera que une Lomopardo y Estella, se habilitó una barca en el punto conocido como Venta de las Carretas. La barca sustituyó la tradicional soga o maroma, por un cable de acero que unido a un mecanismo manual accionado desde la barca, facilitaba el cruce del río. A finales de los sesenta, con la construcción en este lugar del “Puente de la Greduela” dejaría de utilizarse la que fue, junto a la del Alamillo, una de las últimas barcas activas en el Guadalete. El viejo puente, que con frecuencia se veía cubierto por el río en sus avenidas dejando aislados a los vecinos, sería sustituido por el existente en la actualidad, inaugurado el 8 de diciembre de 2005.

Barca del Alamillo.



El paraje del Alamillo está situado en las inmediaciones de El Palomar de Zurita, junto al cortijo del mismo nombre. Hoy cruza el río por este lugar a través de un puente, construido en la década de los 70 del siglo pasado, la carretera que parte desde la que une La Ina con Torrecera y se dirige a los poblados de colonización de El Torno y San Isidro. Desde antiguo, existió en este lugar un vado en el Guadalete a través del cual que se ponían en comunicación las vías pecuarias más importantes de la vega baja: la Cañada Real de la Sierra (carretera de de Cortes) y la Cañada del León, ambas unidas por la conocida como Cañada del Lentisco, que cruzaba el río por el vado del Alamillo. En sus proximidades se encontraban antiguos cortijos como Salto al Cielo, Rancho Perea, Revilla (donde se levantaría San Isidro de Guadalete), El Torno, La Florida, El Palomar de Zurita, Chipepe… y el Alamillo, en cuyas tierras se ubicaba la barca, por lo que el vado era muy transitado.

Por un expediente conservado en el Archivo Municipal (10) conocemos que esta barca comenzó a funcionar en 1768, siendo una de las de mayor permanencia en el tiempo. En noviembre de ese año, la Ciudad concedió permiso a Juan de Oncala para establecer en El Alamillo una barca de pasaje y hacer unas chozas para su albergue en el baldío junto a la tradicional pasada del río. Como quiera que el barquero construyó su choza en la cañada y ocupó unas tierras colindantes, pronto empezaron los conflictos con los dueños de las tierras próximas. Así, Dª Antonia Bustillo y Quincoces, a quien la ciudad había dado posesión del baldío de Chipipe, reclamaba el paso hasta el río para las aguadas de sus ganados por una la cañada “que desde tiempo inmemorial llegaba hasta el Guadalete”, frente al Alamillo y que el dueño de la barca había ocupado, impidiendo el paso. Oncala llegó a hacer una gavia en la cañada, por lo que ante las denuncias de su usuarios, el caballero diputado Álvaro Ramírez, instruyó autos ordenando su restitución. En 1800 murió Juan Oncala y sus herederos vendieron la barca a Pedro Borrego quien mantuvo también litigios con la ciudad por el uso de las tierras del baldío del Alamillo. En 1810, los franceses que ocuparon Jerez y se establecieron en La cartuja, destruyeron la barca y no se volvió a tener noticias de ella hasta 1817 en que se concedió a José Rodríguez permiso para restablecerla e instalarse también en la suerte de tierra colindante que había disfrutado su antecesor. Años más tarde, en 1845, le fue concedida la licencia de la barca del Alamillo a José González.

Madoz (1846) la cita también como una de las cuatro que cruzaban el Guadalete en el término de Jerez a mediados del XIX, señalando que esta del Alamillo permitía franquear el río a quienes hacían el camino de Jerez a Paterna. (11) De gran interés es la información que aporta el “Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera(1897) de Antonio Lechuga y Florido, en el que puede verse aún la leyenda “Barca del Alamillo”, así como el emplazamiento de una “Casa del Barquero” junto al río (12), prueba de la gran importancia que debió tener en su día esta barca si tenemos en cuenta que entre el Puente de Cartuja y el Vado de la Florida, existía un gran tramo fluvial de casi 20 km que sólo podía ser cruzado con seguridad a través de este paso. En el Padrón Municipal de 1904 aún figuraba este enclave con el nombre de Barca del Alamillo con 5 habitantes (13).



En el mismo lugar donde estuvo emplazada esta barca se construiría en la década de los 70 del siglo pasado el conocido como “puente de El Torno” que une en la actualidad las vegas del Palomar de Zurita y el Álamo con las del Alamillo, situadas al otro lado del río.

Las barcas de El Boyal y Torrecera.

A los pies del Cerro del Castillo en Torrecera, El Guadalete forma grandes meandros entre los que se extienden la Vega de El Torno y la Vega de El Boyal, al otro lado del río, junto a Torrecera. Desde los siglos medievales, las tierras de la Dehesa Boyal, situada en estos parajes junto al río, fueron comunales, destinadas a pastos para los animales de labor. No es de extrañar por ello que se localizaran en este tramo del río vados y pasadas utilizadas por los jerezanos para el tránsito de ganados y mercancías. El Vado de Sera, el Vado de la Harina, la Pasada del Boyal, son algunos de estos lugares que, todavía hoy permiten en ocasiones cruzar el río. Cuando las aguas venían crecidas, era preciso utilizar barcas o lanchas para el paso de los lugareños. Bartolomé Gutiérrez da pistas una de ellas en 1756 y así, al describir la Dehesa Boyal señala que está en el “linde del Guadalete y tiene la fuente de la Barca” (14).

Dos siglos después, en los inicios de la construcción de los pueblos de colonización de la vega del Guadalete por parte del INC, existieron también pequeñas barcas y lanchas de paso entre ambas orillas, y en especial entre El Torno y Torrecera. De una de estas pequeñas barcas ha quedado testimonio gráfico en el libro “Colonos y colonizaciones en la provincia de Cádiz” (15), donde se nos muestra al lanchero que durante la década de los 50 y 60 del pasado siglo, cruzaba el río a los trabajadores del campo de estos pueblos. Estas pequeñas barcas de maroma, (como se aprecia en la imagen) al igual que sucedió con la de La Greduela, dejaron de utilizarse tras la construcción de los puentes de la Venta de las Carretas y de El Torno.
(Continuará...).
Para saber más:
(1) Gutiérrez B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC, Jerez, 1989, T. II. Libro 3º, págs. 298.
(2) Abellán Pérez, J.: Las Barcas del Guadalete: las relaciones entre la villa de El Puerto de santa María y la ciudad de Jerez de la Frontera en época de los Reyes Católicos. Revista de Historia de El Puerto, nº 47, 2011, pp. 9-23.
(3) Ibidem, pp.14-15.
(4) Gutiérrez B.: Historia y Anales...T.II, pp. 315-316.
(5) Ibidem, p. 328.
(6) Ibidem, p. 330.
(7) Abellán Pérez, J.: Las Barcas del Guadalet… p. 18.
(8) Gutiérrez B.: Historia y Anales... T. IV, p. 20. Este episodio protagonizado por Martín Dávila también es relatado en: Parada y Barreto D. I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera. Edición facsímil. Extramuros, Sevilla, 2007. P. 122.
(9) Juan de la Plata.:Las cinco barcas del río”. Diario de Jerez, 10/12/1989
(10) AMJF: M. 2, folº 298-305 Barca del Alamillo.
(11) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86.
(12) Lechuga y Florido, A.: Plano del Término Micipal de Jerez de la Frontera. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897.
(13) AMJF: Padrón Municipal de 1904, T. 0868, 0869 y 0870. Véase al respecto el interesante trabajo de Blanes Guerrero, J.M.: “Estudio social y demográfico del ámbito rural de Jerez de la Frontera a principios del siglo XX”, pp. 275-316 en Siguiendo el hilo e la Historia: nuevas líneas de invetigción en archivística y arqueología, Ediciones La Presea de Papel, Jerez, 2013.
(14) Gutiérrez B.: Historia y Anales...T.IV, pp. 318.
(15) Oslé Muñoz, J.: Colonos y colonizaciones en la provincia de Cádiz . Los pueblos de Jerez. Retrato de un tiempo. Fundación Provincial de Cultura. Diputación de Cádiz, 1996.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Río Guadalete, El Guadalete se desborda, Paisajes con historia,“Al pasar la barca”. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el río Guadalete (1), “Al pasar la barca” (y 3). Las barcas de La Florida, Berlanga, el Majaceite y Tempul.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 29/05/2016

 
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