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Viejos puentes en viejos caminos.
Un recorrido por antiguos puentes y alcantarillas en torno a Jerez.



Hace unos días, la inauguración del Puente de la Constitución de 1812 en la bahía de Cádiz ha sido noticia nacional e internacional por la magnitud y grandiosidad de esta gran obra pública que figura ya entre las más destacables de su género a nivel mundial.

Sirva esta breve referencia al mayor de nuestros puentes para proponerles un recorrido en la historia por otros mucho más modestos. Lamentablemente, entre los diferentes elementos singulares que integran el patrimonio de nuestro entorno rural, apenas quedan ya vestigios de aquellos viejos puentes que durante siglos, cumplieron un papel fundamental en la red de vías de comunicación que conectaba Jerez con las ciudades vecinas. Caminos y puentes son, probablemente, los primeros y más básicos nexos de unión entre territorios y pueblos, razón por la cual han sido construidos y mantenidos en buen estado de conservación desde la más remota antigüedad. Sin embargo, pocas obras públicas han estado expuestas a tantas vicisitudes como los puentes y, salvo excepciones (como el puente de Cartuja, obra del siglo XVI) la mayoría de ellos no han resistido el paso del tiempo.

Los puentes son, como acertadamente han dejado escrito distintos autores, unas de las primeras “víctimas civiles” que toda guerra trae consigo. Sin embargo no ha sido esta la principal razón por la que apenas queden ya restos de antiguos puentes y alcantarillas en nuestros ríos y arroyos.



El motivo principal de la ruina y destrucción de muchos de ellos hay que buscarlo en el carácter torrencial de los cursos fluviales que discurren por nuestro entorno y en el abandono de los caminos tradicionales. Con el trazado de nuevas vías, se dejó de mantener y reparar estas obras que un día fueron tan necesarias. El lamentable olvido y la falta de protección de estos elementos singulares de nuestro patrimonio, han hecho el resto del trabajo y, en algunos casos, han contribuido más a su deterioro que siglos de arroyadas y avenidas.

Puentes y alcantarillas con historia.

A través de la historiografía local podemos seguir el rastro del legado de la caminería medieval y la pequeña historia de algunos pequeños puentes que permitían salvar los arroyos cercanos a la ciudad. Muchos de ellos se siguieron utilizando, con las necesarias reparaciones, hasta los siglos XVIII y XIX en los que se inicia la renovación de la extensa red de caminos de la comarca que, en lo sustancial de sus trazados, ha llegado hasta nuestros días.



Puentes, alcantarillas, pontones, tajeas… eran todas obras de diferente naturaleza y finalidad que posibilitaban cruzar ríos, arroyos y otros cauces menores, como lo permitían también las “barcas”, de las que nos ocuparemos en otra ocasión, o los peligrosos vados y pasadas, por los que atravesaremos otro día nuestros ríos. De algunos de estas obras medievales da cuenta el profesor Juan Abellán en un interesante estudio sobre los puentes y caminos del Jerez del siglo XV (1). Se mencionan en él la alcantarilla que sobre el arroyo Guadaxabaque mando construir la ciudad a comienzos del siglo XV a expensas del molinero Simón Ruiz de Torres, quien había edificado una casa molino sobre dicho arroyo. El azud construido para retener las aguas provocaba inundaciones río arriba que impedían el cruce de los vecinos para ir desde la ciudad a sus propiedades situadas en los actuales pagos de Torrox, Anaferas y Parpalana por lo que se hizo preciso levantar aquel puente. En dicho estudio se informa también de la construcción de otro puente de madera para cruzar el arroyo Salado en dirección hacia Arcos “por el camino que va a las caleras”. La obra se llevó a cabo en un lugar que en la actualidad se corresponde, aproximadamente, con el paraje donde se sitúa el puente de la carretera de Cortes que cruza este arroyo a la altura de la Venta Las Cuevas en Estella del Marqués.



Muy cercano a la ciudad, otro pequeño puente del que tenemos noticia es el que permitía el paso del arroyo de Curtidores en el entorno de la Ermita de Guía, en las proximidades de la Puerta Nueva del Arroyo, tal como puede apreciarse en diferentes grabados del siglo XIX en los que se conserva testimonio gráfico de su aspecto y de su emplazamiento. Una parte de la calzada que lo cruzaba salió a la luz en los trabajos arqueológicos que se realizaron cuando se construyó un enorme edificio residencial en este mismo emplazamiento. Esta obra permitía salvar el arroyo al camino que desde Jerez conducía a las cercanas poblaciones de El Puerto de Santa María, Sanlúcar y Rota. Existen también sospechas fundadas de que bajo la Alameda Cristina puedan existir los restos de un pequeño puente que permitiría sortear el arroyo que discurría por los alrededores de los muros y que trazaba su curso en el Jerez medieval por las actuales calles Porvera, Honda y Arcos (2).



Las alcantarillas del Salado.

Dejando a un lado las referencias al más célebre de nuestros puentes, el de Cartuja, al que volveremos en otra ocasión de la mano del completísimo estudio que sobre él ha realizado Manuel Romero Bejarano, tal vez sea el arroyo Salado de Caulina (conocido también con los nombres de Salado de Cuenca, Badalejo, Badalac, Badalae, Albadalejo…) el más citado en las fuentes documentales. Refiriéndose a este arroyo, que desemboca en el Guadalete junto al Monasterio de la Cartuja, el historiador Bartolomé Gutiérrez (1756) señala que: “Tiene este referido Badalae dos puentes, una dilatada por el passo del Hato de la Carne; y otra en la atraviesa desde Cartuxa al Puente Grande, que es indispensable camino de toda la costa desde Puerto Real y Cádiz hasta Alcalá, Ximena y toda la Serranía y costas del mediterráneo, por ser este tránsito el alambique por donde deben pasar quantos fueren y vinieren de una y otra marina Atlántica y Mediterranea” (3).



El primero de los puentes mencionados permitía el paso del Salado en el Hato de la Carne, paraje situado en los Llanos de Caulina, en las proximidades del actual cruce de las autovías de Arcos y Sevilla. Por este lugar pasaban el río los caminos que se dirigían a la Torre de Melgarejo, Arcos y Bornos, casi por el mismo lugar en el que hoy se cruza este arroyo que, en años lluviosos ha llegado a arrastrar sólidos puentes (ver fotografía). El segundo de los citados, quizás el más conocido después del de Cartuja (“el Puente Grande”), era la llamada “alcantarilla del Salado”, que estuvo situada en un punto muy próximo al lugar por el que en la actualidad cruza este arroyo el puente por el que se accede a Viveros Olmedo. Desde este mismo puente, aguas abajo, se aprecian aún los estribos de dos de esos viejos puentecillos, uno de los cuales estuvo en servicio hasta comienzos del siglo XX.



Esta alcantarilla del Salado, que aparece también reflejada en antiguos mapas y planos, era para la ciudad de Jerez de una gran importancia estratégica, por ser de paso obligado para acceder también al puente de Cartuja y a los caminos que se dirigían a Medina, Vejer, La Puente y Cádiz. No es de extrañar por ello que a lo largo de los últimos seis siglos existan abundantes referencias documentales acerca de las numerosas reparaciones de las que fue objeto.



El profesor Abellán, en el estudio anteriormente mencionado, informa que ya en la sesión concejil del 10 de junio de 1457, se dan instrucciones para que el regidor Íñigo López, junto al jurado Alfonso de Trujillo, acompañen a los “alcaldes de los alarifes de esta ciudad que vean la dicha alcantarilla e vean lo que es menester para reparar bien la dicha alcantarilla e lo traygan por escripto para que ellos lo vean” (4). La ruina del puente debió de continuar al menos un año más, a juzgar por las noticias que de él nos da el historiador Bartolomé Gutiérrez quien informa al respecto que “en 14 de septiembre se trató de componer la Alcantarilla del salado que va a Medina y destinaron para ello por Diputados a Pedro de Sepúlveda y a Alfonso de Trujillo, que fue el que dio el aviso para que con los Alarifes entendiesen en su fábrica. Era obrero de los muros de Xerez Fernan Ruiz Cabeza de Vaca 24 de Sevilla y Regidor de Xerez su Patria” (5). Tras numerosas vicisitudes, en las que se narra como el puente estuvo en ruina durante unos años en los que los vecinos arrancaban sus piedras para “enriar lino”, parece que, como indica Abellán, la obra se había reparado ya en 1466.

En los siglos posteriores se siguieron realizando numerosas obras de mantenimiento y reformas. De algunas de ellas nos da cuenta el historiador Joaquín Portillo en su obra “Noches Jerezanas”, donde se apunta que “… el año 1706, siendo corregidor don Andrés Santo de Rosas, y diputado del pósito don Diego Suárez de Toledo y Torres,… se reedificó la alcantarilla del Salado… y últimamente, por acuerdo del constitucional Ayuntamiento de 1837, siendo alcalde 1º don Juan Esteban Apalategui, se renovaron las alcantarillas del antedicho Salado y se consumó su arrecife. Empezó la obra el 17 de agosto, y se concluyó el 9 de noviembre, gastándose en tan preciosa y útil alcantarilla que tiene 80 pasos de largo, 83.193 ½ reales, siendo director el arquitecto don Manuel Zayas, y diputados don Juan Antonio Zalazar y don Sebastián Benítez…” (6). En esta última referencia parece apuntarse la existencia de dos puentecillos, los mismos de los que aún se conservan los arranques en el cauce del Salado, junto a Viveros Olmedo.



En el Museo Arqueológico de Jerez se conserva una lápida que recuerda la reedificación de la alcantarilla del Salado en 1706 a la que aludía Joaquín Portillo. La transcripción de la misma es la siguiente:



“REINANDO EN ESPAÑA LA MAG(ESTAD) DE D(ON) FHELIPE 5 POR AC(UER)DO DE LA M(VY) N(OBLE) I M(VY) L(EAL) CIV(DAD) DE XEREZ DE LA FRA S(IEN)DO SV COREXIDOR EL SR D(O)N ANDRES ANTO(N) DE ROZAS MARQ(VE)S DE AÑAVETE COM(ENDAD)OR DE TOROBA DEL ORDEN DE CALATRABA CAVA(LLERI)ZO DE S(V) MAG(ESTAD) SVPERINT(ENDEN)TE E REN(TA)S R(EALE)S DE ESTA z(IVDAD) I PARTIDO CAV(ALLER)O 24 DIP(VTA)DO DE POSITO EL SR D(ON) DIEGO SVAREZ DE TOLEDO I TOR(R)ES SE REDIFICARON ALMAZ(ENES) AZUDAS CANNALES MPLINO PVENTE I LA DE LA ALCANTARIL(LA) DEL SALADO AÑO DE 1706”.



El próximo domingo, continuaremos en nuestro recorrido por los viejos puentes y alcantarillas en torno a Jerez, visitando (o recordando) los que se levantaron en en los arroyos de Matarrocines y Guadaxabaque, o en la cañada de la Isla para salvar el Salado de Puerto Real.

Para saber más:
(1) Abellán Pérez, J.:Construcción y reparación de estructuras viales. Jerez de la Frontera en el siglo XV”. Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales, nº 3, vol 1, pp. 7-21, 2002.
(2) Montero, V.:La historia de Jerez, a golpe de “click””. Diario de Jerez, 14/11/09/. Recogiendo declaraciones de la directora del Museo Arqueológico de Jerez, Rosalía González
(3) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol. I P. 47-48.
(4) Abellán Pérez, J.:, obra citada, pg. 15.
(5) Gutiérrez, B.: Obra citada, T.II, p. 29.
(6) Portillo, Joaquín.: Noches Jerezanas. Tomo I, p.98 y p. 153. Jerez. 1839.
Para todo lo relacionado con las obras públicas en el Siglo XVIII recomendamos la lectura de Arquitectura y Urbanismo en el jerez del Siglo XVIII, de Fernando Aroca Vicenti. C.U.E.S.-Caja San Fernando. Jerez 2002 y en especial el Cap. III, 4. pp. 149-159.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 12/10/2015

Tras las huellas del Guadajabaque y del Arroyo de Morales: la Laguna de Torrox (2)




Como se apuntaba en la primera parte de este artículo, la antigua Laguna de Torrox –que tenía dimensiones mucho más reducidas que las de los nuevos estanques creados en 2007- se mantuvo hasta la década de los 60 del curso pasado como una pequeña cuenca endorreica sin conexión directa con el Guadalete. El arroyo Morales no vertía sus aguas en la laguna, sino que lo hacía directamente en el río, en las cercanías de El Portal, en un lugar próximo al punto en el que actualmente desagua la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Jerez. En ocasiones, cuando el arroyo se desbordaba o cuando en época de grandes lluvias la laguna y su entorno se saturaban, podía formarse una gran lámina de agua que ocupaba ambos cauces así como buena parte los terrenos situados en las cotas más bajas de este sector de la ciudad.

Esta laminación natural de las crecidas se mantuvo hasta mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, momento a partir del cual comenzó a urbanizarse la que hoy se conoce como Zona Sur de Jerez. En las ortofotografías del conocido como “vuelo americano” de 1956, donde se aprecia con nitidez la cuenca de la laguna y se adivina el cauce del arroyo, pueden apreciarse los momentos iniciales del gran cambio paisajístico que empieza a experimentar la ciudad de la mano de la urbanización de las denominadas Playas de San Telmo. Estas actuaciones traerán también como consecuencia la alteración de la red hidrográfica de la zona y la práctica “desaparición” de los arroyos que la drenaban, especialmente del arroyo Morales conocido anteriormente como Guadajabaque. ¿Qué ha sido de él?

Morales o Guadajabaque: el arroyo “perdido”.

Haciendo un breve inciso, queremos aclarar que el Arroyo Morales ha sido conocido con diferentes nombres a lo largo de la historia, tal como se desprende de las fuentes documentales y cartográficas consultadas. De la misma manera, los distintos tramos de este arroyo-río y sus pequeños afluentes tributarios han recibido también distintas denominaciones lo que ha provocado que esta modesta red hidrográfica cuente sin embargo con una amplia lista de nombres para sus contados cursos de agua. Aunque dejamos para otra ocasión el estudio de estos curiosos hidrónimos, diremos que el mapa del IGN en su edición de 1918 (1), es el primero que atribuye el nombre de Morales al tramo final de este arroyo. En él puede verse como su cauce, en su tramo final, discurre desde El Balneario en paralelo a la antigua carretera Madrid-Cadiz (por su margen derecha), encajado en las vaguadas existentes al pie de los cerros de Gibalcón, de La Liebre y de las laderas del pago de Parpalana, tierras que luego se ocuparían por el Polígono Industrial El Portal.

Alcantarilla del arroyo de Curtidores

El Plano Parcelario de López Cepero de 1904 (2) lo bautiza en este mismo tramo con el nombre de Arroyo de Curtidores, pequeño cauce que “nace” en el corazón del casco histórico y que da nombre desde los siglos medievales, a la plaza y calle del mismo nombre. El Arroyo de Guadabajaque se representa en este mapa como afluente de aquel uniéndose ambos en un lugar próximo a la actual rotonda de El Balneario. A su vez, el Guadabajaque toma dicho título –según esta misma fuente cartográfica- a partir de la confluencia de los arroyos del Amarguillo y La Loba.

Si nos remontamos algo más atrás en el tiempo, el Plano de Lechuga y Florido (1897) introduce un nuevo nombre y denomina Arroyo de las Salinillas al que el anterior plano nombraba como Guadaba-jaque (3). Este último topónimo, que ha sido rescatado recien-temente para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas en este paraje, es el que se descubre en las fuentes escritas más antiguas y el que enlaza con la denominación árabe del que fuera Wadt as-sabak, “río de las redes” o Guadaxabaque (4). Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque son también otras formas alteradas de aquel nombre original y cuentan todas ellas con numerosas referencias en las fuentes documentales (5), como veremos en otro artículo en el que recorreremos este histórico arroyo con nombre de río desde su nacimiento hasta su desembocadura. Para el lector curioso baste decir que aún pueden recorrerse las orillas del Guadabajaque en algunos puntos, como la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, como muestran las fotografías que adjuntamos.



Pero para no “enredarnos” más en este “río de las redes” o Guadajabaque volveremos al Arroyo Morales, como se le conoció después, hasta casi su práctica “desaparición”. Ésta hay que buscarla a mediados de la década de los 60 del siglo pasado, durante el periodo en el que dirigió la alcaldía de Jerez Miguel Primo de Rivera. Fue entonces cuando se cambió definitivamente la fisonomía de este sector de la ciudad, al urbanizarse las parcelas colindantes a la antigua carretera Madrid Cádiz para la creación del Polígono Industrial El Portal. El trazado



de la actual calle Sudáfrica, que bordea el polígono en su sector oeste, se corresponde en buena medida con el que seguía el antiguo cauce de dicho arroyo. A todo ello hay que añadir que la construcción en esta zona de la ciudad de nuevos barrios (Federico Mayo en 1951, Cerrofruto en 1952, Santo Tomás de Aquino en 1959, Liberación en los 70…) y sus correspondientes obras de rellenos y redes viarias, alteraron también la absorción natural de las aguas pluviales, lo que dificultó su capacidad de drenaje, incrementándose por ello la escorrentía.



Los nuevos colectores del saneamiento urbano, que vertían directamente al Guadalete, se trazaron –como no podía ser de otra manera- en las cotas más bajas de este sector ( el talweg o vaguada), como sucede en la citada avenida de Sudáfrica y su prolongación hasta la EDAR. Esta canalización subterránea ocupa en gran parte de su desarrollo el lecho del antiguo arroyo que terminaría por desaparecer, literalmente, en su tramo final, absorbido y desplazado por la urbanización que acabó sellando su cauce, sus riberas y su entorno.



Pero si, por diferentes razones, pareciera que el arroyo se había “difuminado”, no sucede lo mismo con su cuenca. Un reciente informe municipal (6) nos recuerda que la del Arroyo Morales es una “cuenca rustica situada en la parte Noroeste, Oeste y Suroeste de la ciudad con una superficie aproximada de 4.680 Has, la parte alta de la misma se encuentra a la cota 104,00 y las zonas bajas a la cota 7,00. Es una cuenca cuasi - endorreica donde la salida natural de las aguas fue ocupada en su momento por la construcción del Polígono Industrial El Portal provocando, las aguas pluviales procedentes de esta cuenca, frecuentes inundaciones en el citado Polígono y Áreas habitadas como la barriada de la Liberación, etc.” El mismo informe menciona que otra cuenca urbana de unas 500 Has, la denominada de Curtidores (en recuerdo del antiguo arroyo existente en el centro histórico) canalizada hacia la EDAR, puede aportar también las aguas pluviales superficiales, en caso de lluvias intensas, a la zona de El Balneario y el Polígono industrial El Portal, incrementándose así los riesgos de inundaciones.

“Jerez, tenemos un problema”.

Pronto quedó en evidencia que cuando se producían episodios de grandes precipitaciones, la cuenca del Arroyo Morales se transformaba en un gran embudo que conducía las aguas a sus cotas más bajas. Y aquí se empezó a echar en falta el antiguo cauce y las extensas áreas donde se laminaban las crecidas ocupadas por el polígono industrial y las nuevas barriadas de la Zona Sur que… se sufrían inundaciones con relativa frecuencia. La red de alcantarillado, ese “río subterráneo artificial” en que se había transformado el arroyo, no era capaz de canalizar los grandes volúmenes de escorrentía que, procedentes de una amplia cuenca, llegaban hasta la zona tratando de buscar la que había sido su “salida natural”: el arroyo Morales. El agua buscaba su cauce y éste había sido “entubado” o, simplemente, había desaparecido. No es de extrañar que, las inundaciones del polígono industrial El Portal, de los alrededores de El Balneario o de barrios como La Liberación fueran algo habitual cada vez que se registraban fuertes precipitaciones.

Al problema de las inundaciones periódicas de la Zona Sur había que añadir también el deterioro medioambiental de los parajes cercanos a la Laguna de Torrox que se habían convertido, poco a poco, en la mayor escombrera de la ciudad. Si las lluvias transformaban este espacio en un aguazal, los vertidos incontrolados acabaron por desnaturalizar definitivamente este enclave que en su día fuera un rico humedal lleno de vida.

En junio de 2002 el Ayuntamiento presentó un ambicioso proyecto para la recuperación de la “Laguna de Torrox”. “Un vergel en Jerez”, así titulaban los diarios la noticia en la que daban cuenta de la intervención prevista para la zona, que presentaban el alcalde de la ciudad, Pedro Pacheco, y el director técnico de Ajemsa, Eduardo Campos. (7)

Un ambicioso proyecto.



El proyecto de recuperación de la laguna de Torrox fue fruto de un convenio de cooperación entre el Ayuntamiento de Jerez y la Junta de Andalucía al objeto de realizar las obras de infraestructura necesarias que permitieran laminar las avenidas del arroyo Morales en la zona inmediata al suelo edificable situado al suroeste de la ciudad. Su desarrollo incluía la creación de dos grandes estanques (con una superficie permanente de 29,7 hectáreas) y la urbanización y ajardinamiento de la zonas verdes que los rodean, a cargo del municipio, y la construcción de un canal de desagüe de algo más de 3 km. de longitud que unía el segundo de los estanques con el río Guadalete, obra que debía ejecutar la Junta. El coste total del proyecto superó los 14 millones de euros. De ellos 8.848.269 correspondieron a la primera fase, asumida por el Ayuntamiento con la ayuda de fondos de cohesión de la Unión Europea (80% del coste) y con la participación de AJEMSA, que se hizo cargo del restante 20%. La Junta de Andalucía sufragó las obras del canal-aliviadero que tuvo un presupuesto inicial de 5,9 millones de euros.

Las obras de los estanques se iniciaron en 2005 y se terminaron en 2007. Las del aliviadero o desagüe se retrasaron algo más y no concluyeron hasta marzo de 2009. De una publicación municipal (8) sobre las obras de la laguna extraemos las principales características de los trabajos realizados:

La recuperación de la Laguna de Torrox ha contribuido a la enorme transformación que viene experimentando la zona sur de la ciudad en los últimos años. El proyecto, ejecutado por Aguas de Jerez y la Gerencia de Urbanismo, persigue un doble objetivo: evitar que se produzcan inundaciones en época de lluvias frecuentes y recuperar un espacio de gran valor medioambiental, de forma que el humedal pueda mantener los niveles necesarios de agua durante todo el año, con el consiguiente beneficio para el mantenimiento de su flora y fauna. La recuperación de la Laguna de Torrox aporta un horizonte verde y azul al patrimonio paisajístico de Jerez, y se suma al inventario de espacios públicos promovido por la Gerencia de Urbanismo para disfrute de la ciudadanía”.

De gran interés son los datos técnicos más relevantes del proyecto. Así, la superficie total intervenida supera el medio millón de m2 (512.831), con un volumen embalsado de 446.998 m3, casi medio Hm3. La lámina de agua prevista tendría una superficie permanente de 29,7 hectáreas. Rodean la laguna grandes praderas de césped (165.000 m2) en las que se plantaron inicialmente 800 árboles. Un paseo peatonal de 4,4 km. permite recorrer el perímetro de los dos estanques cuya superficie de encharcamiento aparece delimitada por una rústica barandilla de madera. En la citada publicación se exponen los grandes objetivos de este proyecto:

La Laguna de Torrox fue, hasta la creación del polígono industrial de El Portal, en los años 60, una laguna endorreica alimentada por el arroyo Morales. Hasta entonces mantuvo una rica diversidad de flora y fauna lacustre, que desapareció tras su desecación. Ahora, gracias a la actuación recientemente finalizada por Aguas de Jerez y Urbanismo, será posible rescatar esta diversidad biológica y recuperar el ecosistema de la laguna. Para ello, se mantendrá un aporte de agua permanente durante todo el año, gracias a las aguas procedentes de la Estación Depuradora de Aguas Residuales EDAR, las cuales recibirán un tratamiento previo a su vertido en la laguna”.



Pedro Pacheco, concejal de urbanismo manifestaba en su visita a la laguna en febrero de 2007 que con esta actuación “Ajemsa y la GMU han contribuido a solucionar los problemas de inundaciones que ocasionalmente padece la zona, apostando por una ciudad más sostenible y fomentando la proyección de la zona sur de Jerez como una de las de mayor atractivo residencial”. La revista señalaba que “La Gerencia de Urbanismo se encargará del mantenimiento de los márgenes de la laguna, mientras que Aguas de Jerez asume el mantenimiento de la lámina de agua, que será alimentada artificialmente para cubrir las pérdidas por evaporación y procurar el riego de las zonas verdes mediante la reutilización de aguas procedentes de la EDAR”. (8)



Para saber más:
(1) Mapa del Instituto Geográfico Nacional. Hoja 1062 (Paterna), Edición de 1918.
(2) Plano Parcelario del Término de Jerez de la Frontera. Adolfo López Cepero. 1904. Ayuntamiento de Jerez.
(3) Plano de Término Municipal de Jerez de la Frontera. Escala 1: 100.000. Antonio Lechuga y Florido. 1897
(4) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(5) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(6) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez. Diciembre de 2011. Pgs. 48 y 49.
(7) La noticia puede leerse en los diarios locales, p. ej. en Información Jerez, 27/06/2002, pg. 10, de donde se ha tomado la imagen que aparece en este post.
(8) Laguna de Torrox. Aguas de Jerez y Gerencia Municipal de Urbanismo. Ayuntamiento de Jerez. Febrero de 2007.


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