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Por el camino de Jerez a Arcos.
La alcantarilla del Salado: un viejo puente con siglos de historia.




En entornoajerez nos gusta transitar por los carriles y cañadas de la campiña, por esos viejos y olvidados caminos en los que aún es posible descubrir algunos testimonios de la importancia que en tiempos pasados jugaron en las comunicaciones entre poblaciones cercanas. A sus orillas se instalaron antiguas ventas y casas de postas y, cuando su trazado se veía interrumpido por un arroyo, se habilitaban vados o se construían alcantarillas. La mayoría de estas últimas han ido desapareciendo a medida que la construcción de nuevas carreteras las iba sustituyendo por puentes más sólidos, cuando no caían arrastradas por las crecidas de los ríos y arroyos que cruzaban. Sin embargo, muchos de estos pequeños puentes han llegado hasta nuestros días y aún es posible encontrarlos, entre olvidados y perdidos, en aquellos parajes por los que un día discurrían antiguas vías de comunicación. Hoy vamos a visitar uno de ellos, un sobreviviente con cuatro siglos de historia entre sus sillares y arcos de ladrillo: la alcantarilla del Salado, en el camino de Arcos a Jerez.

Por las tierras de El Guijo, Valdejudíos y Macharaví.



Las carreteras cambian de trazado y de fisonomía, pero los paisajes que atraviesan conservan muchos elementos que los hacen reconocibles a pesar del paso del tiempo. La que une Arcos y Jerez recorre, en buena parte, los mismos parajes que el camino que unía estas poblaciones hace cinco siglos, según los testimonios que han llegado hasta nosotros. En uno de estos puntos, donde arranca la cuesta de Valdejudíos, entre los cerros del Guijo y de La Mina y los olivares de Macharaví, la carretera atraviesa el curso del Salado de Espera, afluente del Guadalete y río de desbordantes avenidas. En numerosas ocasiones, inunda los llanos que se abren junto a sus riberas habiendo llegado a cortar en sus crecidas la antigua carretera de Arcos a la altura de la conocida Venta La Mina. En este paraje, como un auténtico superviviente del azote de las furiosas riadas de los últimos siglos, aún sigue en pie un pequeño puente de un solo ojo, edificado con sillares de piedra y ladrillo: la alcantarilla del Salado.

Esta singular obra es conocida también con otros nombres. Así en la hoja 1049 del Instituto Geográfico (en su primera edición de 1917) figura como Puente de Valdejudío, mientras que en otras fuentes es denominada como “alcantarilla de Matajaca”, o incluso como “alcantarilla de Jerez”, como veremos. El puente se encuentra en la actualidad, casi oculto entre la vegetación de ribera, “fuera de servicio”, aguas abajo de los viaductos de la autovía Jerez-Arcos y del nuevo puente de la carretera cuyo tablero fue elevado en los años 90 para evitar las frecuentes inundaciones en la zona.

Su abandono hay que buscarlo a comienzos de la década de los 60 del siglo pasado cuando se realizaron obras en los alrededores de la Venta de La Mina y se varió parcialmente el trazado de la carretera, entonces, “la alcantarilla del Salado, el sitio de Barreros y Valdejudíos, fueron los pasajes más afectados en el camino de Jerez” (1).

Un pequeño puente con siglos de historia.

La alcantarilla del Salado, guarda, pese a lo modesto de su fábrica, una larga historia. El célebre historiador arcense Miguel Mancheño aporta algunas pistas, un tanto confusas en ocasiones,



extraídas de los archivos municipales de Arcos, acerca de su construcción y sus sucesivas reparaciones. En la primera de estas referencias, al relatar una serie de acontecimientos que tuvieron lugar en la población durante el año 1611, indica: “Construyóse un puente de un solo ojo en el camino de Jerez sobre el salado, que aún existe después de varias reformas” (2). Mancheño, que escribe sus Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera en 1896, identifica la alcantarilla del Salado “que aún existe”, es decir, la que hoy conocemos, con aquella que las crónicas señalan que se construye en los inicios del s. XVI, y que aún se mantiene en pie, gracias a “varias reformas”.

Otra posible cita sobre el origen de este puente la encontramos en este mismo autor que apunta que “Labráronse en 1695 las alcantarillas del camino de las Nieves y el de Jerez” (3). Si se refiere a la misma obra, estaría retrasando casi un siglo su construcción en relación con la primera referencia, si bien tal vez pueda interpretarse como una profunda reforma o reparación de aquella, o con la construcción de otras obras menores sobre los arroyos que cruzan el Camino de Arcos a Jerez. Más explícito es el dato que apunta a un origen más cercano de la obra cuando, en los hechos destacables acontecidos en la ciudad durante el siglo XVIII, indica que “labróse por el ayuntamiento en 1772 la alcantarilla de Matajaca sobre el arroyo Salado, para facilitar el tránsito de ganados, caballerías y viandantes de uno a otro lado de la campiña” (4).

De la existencia de este singular puente durante el siglo XVIII tenemos también referencias a través de un curioso manuscrito de la Biblioteca Nacional, “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, de autor desconocido, escrito en torno a 1744. Detallando el camino que, partiendo de Arcos se dirige a Jerez, esta antigua guía de camino señala que “A la media legua (de Arcos) hay el arroyo Salado de esta ciudad, que pasa por una puente pequeña de ladrillo y mampostería, es el mismo que se encuentra al principio del camino que va a Las Cabezas” (5). Al referirse al camino de Arcos a Las Cabezas, vuelve a mencionarse nuestra alcantarilla: “hay en dicho camino, a la media legua, un arroyo llamado el Salado de Arcos, en donde se cuaja sal; tiene una alcantarilla pequeña de ladrillo y de mampostería, y su origen en el término de la villa de Espera, como a la media legua más arriba y a la derecha del camino que va a dicha villa desde dicha ciudad; corre por ambos términos y desagua en el río Guadalete, junto al molino de Casinas” (6).

Un siglo después, a mediados del XIX, Pascual Madoz nos aporta nuevas referencias sobre este pequeño puente, vital para las comunicaciones entre Arcos y Jerez. En su conocido Diccionario Geográfico, al referirse a los arroyos del partido judicial de Arcos menciona, entre los más importantes al Arroyo Salado de Espera y señala que “los más caudalosos tienen su alcantarilla ó puente de piedra y los demás se vadean” (7). De la misma manera, al describir los caminos más destacados de la provincia, se detiene en el de Arcos a Jerez indicando que se trata de un “Camino de ruedas, pero dificultoso en el invierno, de 5 leg. de long., de E. á O., abierto en terreno llano y colinas de labor. A unos ¾ de leg. De Arcos, después de atravesar por olivares sembrados en muchas y altas colinas, se pasa por un puente de un ojo llamado la alcantarilla de Jerez, sobre el Salado de Arcos que desagua en el Guadalete”. (8)

Si en el siglo XVIII, como hemos visto, el puente aparece como paso obligado de los caminos de Arcos hacia las poblaciones cercanas, en el siglo XIX, con el incremento del comercio, la alcantarilla jugará un papel fundamental en las comunicaciones entre Arcos y Jerez, ciudad esta última a la que se transporta buena parte de la producción agrícola de la campiña arcense. El historiador Miguel Mancheño se lamenta, a finales del XIX (1895), de lo dificultoso de esta empresa habida cuenta del mal estado de los caminos, que obligaban a que, en el transporte de mercancías entre ambas ciudades, en un carro tirado “por cinco poderosos mulos”, se invirtiera de 8 a 10 horas. De la misma manera, nos informa que los viajeros tuvieran que contentarse con “una sola empresa de carruajes establecida en Jerez, con servicio bastante deficiente, hace una expedición diaria de Jerez y otra de Arcos, por precio de cuatro pesetas por persona invirtiendo en el trayecto cuatro mortales horas” (9).

La alcantarilla del salado de Espera en la actualidad.



El viajero curioso que quiera visitar la alcantarilla del Salado puede acceder fácilmente a ella desviándose de la carretera de Arcos a la altura del paraje conocido como Venta de la Mina a orillas del arroyo Salado de Espera, un par de kilómetros antes de la cuesta de Valdejudíos. En este lugar -que debe su curioso nombre a la mina de azufre que allí existió, y de la que otro día nos ocuparemos-, siguiendo el curso del arroyo por un carril que discurre paralelo a su orilla derecha, descubriremos al poco, escondido entre carrizos y eneas, este singular puentecillo.

Sus estribos son de sillares y mampostería y su sólido arco está construido por hiladas de ladrillo contrapeadas para ganar en resistencia y solidez. En su parte superior discurre la calzada sobre la fábrica, que tiene unos 30 m. de longitud y algo más de 5m de anchura, conservando aún restos del asfalto que la cubría, señal inequívoca de su uso hasta hace menos de cincuenta años. El grosor del arco de ladrillo es de 1,30 m, uno de los mayores que recordamos en las alcantarillas del siglo XVIII que aún se mantienen en pie.

De acuerdo a las fuentes consultadas por el historiador Miguel Mancheño que llevan su construcción hasta 1611, la alcantarilla del Salado, reformada en los siglos posteriores, cumplió hace unos años cuatro siglos. Sea como fuere, ahora que también se ha reabierto -ya renovada- la antigua Venta La Mina, donde paraban los arrieros y carreteros que frecuentaban estos caminos, sería un buen pretexto para que su entorno fuese adecentado y se consolidasen sus estribos y su calzada de manera que pudiese ser visitada con mayor comodidad. En todo caso, sugerimos al lector curioso acercarse a este original puentecillo que debe figurar, por méritos propios como un elemento singular del patrimonio de la caminería de nuestro entorno rural.

Para saber más:
(1) De las Cuevas J. y J.: Arcos de la Frontera. Diputación de Cádiz. 1985. Pg. 14-15
(2) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 160.
(3) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes… pg. 169.
(4) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes… pg. 229.
(5) Jurado Sánchez, J.:Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989. Pg.67
(6) Jurado Sánchez, J.:Descripción… Pg. 66.
(7) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Ed. facsímil. Ámbito, Salamanca, 1986. Pg. 45.
(8) Diccionario Geográfico… Pg. 82.
(9) Mancheño y Olivares, Miguel: Riqueza y cultura de Arcos de la Frontera… pg. 54-55.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Puentes y obras públicas, Paisajes con historia, Arcos de la frontera y su entorno, Patrimonio en el medio rural.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 25/03/2018

Por el camino de Jerez a Arcos.
Un recorrido en 1744.




En “entornoajerez” nos gusta transitar por los carriles y antiguas cañadas de la campiña, por esos viejos y olvidados caminos en los que aún es posible descubrir algunos testimonios de la importancia que en el pasado jugaron en las comunicaciones entre poblaciones cercanas.

En nuestro paseo de hoy nos vamos a trasladar a mediados del siglo XVIII, de la mano de un curioso manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional, dado a conocer hace unos años por el historiador Antonio Domínguez Ortiz. De autor desconocido, lleva por título “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, y fue escrito en torno a 1744 como apunta José Jurado Sánchez, quien ha estudiado este interesante documento que nos permite conocer la estructura de la red viaria de buena parte de la provincia (1). Para ser fieles al texto realizaremos nuestro “viaje” partiendo de Arcos para entrar en Jerez por los “callejones de las viñas”.

Cinco leguas de camino.



La descripción del camino, saliendo de Arcos, comienza aportando unos datos generales sobre la distancia entre ambas poblaciones y las características del terreno que atraviesa: “Hay desde Arcos a Xerez 5 leguas. El terreno es bueno; a la media legua está poblado de olivar, dos leguas de tierra limpia de lavor y como 3 cuartos de legua poblados de viña y olivar, sin otro monte alguno, a lo que se sigue para entrar en Xerez unos callejones, como de media legua, formados de las cercas de viñas, olivares, etc.” (2)



La distancia por carretera que hoy día hay entre ambas poblaciones es de 32 km, y algo menor (29 km) por la autovía de reciente construcción, por lo que las 5 leguas (unos 29 km) se aproxima bastante a la actual, aunque el trayecto, como veremos, se trazaba por distintos lugares. También el paisaje agrícola guarda algunas semejanzas y así, al salir de Arcos, tras bajar la cuesta de Valdejudíos las laderas de los cerros junto a la carretera están cubiertas en parte con el extenso olivar de Macharaví. Más adelante, en el camino hacia Jédula, también nos encontramos con amplias extensiones de tierra “limpia y de labor”, como a mediados del s. XVIII que pertenecen a los cortijos de La Torre, La Cantarera, Cortijo Nuevo, Jédula, ... Entre Vicos y La Peñuela, completando también las dos leguas que se apuntan en el manuscrito, se repiten las lomas de tierras de secano, apareciendo las primeras viñas en La Cartuja de Alcántara, lejos aún de la ciudad de Jerez, a diferencia de las de los callejones que se mencionan en el relato dieciochesco.

El paso de ríos y arroyos.



La red hidrográfica también está presente en esta suerte de “guía de viajes” ya que la eventualidad de tener que cruzar ríos y arroyos y la existencia de vados, pasadas o puentes era un asunto de vital importancia para un viajero. Así se indica que: “A la media legua hay el arroyo salado de esta ciudad (Arcos), que pasa por una puente pequeña de ladrillo y mampostería, es el mismo camino que se encuentra al principio del camino que va a Las Cabezas. Así mismo, a las 3 leguas y media se encuentra el arroyo que llaman del Gato, termino de Xerez; tiene su origen en las tierras que llaman Quartillos, que son pobladas de olivar y viña, y desagua en el arroyo de Sepúlveda. A las 4 leguas y media hay otro que llaman el Valadejo, tiene una calzada para pasarse, su origen en las marismas de Lebrija y Trebujena y desagua en el río de San Pedro".

El arroyo salado al que se alude no es otro que el Salado de Espera, que cruza actualmente la carretera y la autopista en el punto conocido como Venta La Mina, un singular paraje así denominado porque desde mediados del siglo XIX y hasta comienzos del XX se explotó allí una mina de azufre. Este arroyo, que se une al Guadalete en las cercanías de la Junta de los Ríos, ha tenido siempre furiosas crecidas que lo hacían intransitable en la época de lluvias. No es de extrañar por ello que, al menos desde el siglo XVII, haya contado con pequeños puentes o alcantarillas para cruzarlo. En la actualidad aún se mantiene en pie la “puente pequeña de ladrillo y mampostería” a la que se alude en nuestra “guía de viajes” cuya visita recomendamos al lector.



La alcantarilla del Salado, a los pies de los cerros del Guijo, junto a la antigua Venta La Mina, era también conocida como Puente de Valdejudíos, mientras que en otras fuentes es denominada como “alcantarilla de Matajaca”, o incluso como “alcantarilla de Jerez”. Al menos desde 1611 ya consta la existencia de un puente en este lugar del camino de Arcos a Jerez (3), así como otras referencias a su reparación y reconstrucción a lo largo de los siglos XVII y XVIII (4).

Aunque en la Descripción no se hace mención a otros arroyos que el camino de Arcos debió también cruzar (los de Jédula, Arroyo Dulce y Canillas) sí que repara en el “arroyo que llaman del Gato”. Este arroyo, que figura ya en todos los mapas de los siglos XVIII y XIX, pasa hoy día desapercibido a los viajeros. Tiene su origen, como bien apunta el texto, en “las tierras que llaman Quartillos”, entregando sus aguas al “arroyo de Sepúlveda” que no es otro que el actual arroyo Salado de Caulina. La cabecera del arroyo del Gato la encontramos junto al cortijo de Alcántara, cercano a Cuartillo, donde una hermosa galería de olmos lo escoltan en su primer tramo. Curso abajo es embalsado en la zona trasera del Circuito de Velocidad y del Campo de Golf de Montecastillo, al que abastece de agua de riego. Canalizado después por un modesto desagüe abierto entre los aparcamientos del Circuito, se une al Salado de Caulina en las tierras de la antigua finca de Sepúlveda, que en otros tiempos dieron nombre a este último arroyo. Como se ve, el antiguo



camino de Arcos en el s. XVIII, seguía a partir de la Torre de Melgarejo la traza de la actual Cañada de Bornos que discurra junto a la carretera que hoy en día comunica Estella del Marqués con el Circuito. Evitaba así el cruce de Los Llanos de Caulina que en aquel siglo era una tierra encharcadiza e inculta, cubierta por palmares y juncales, que sólo permitía su tránsito en la estación seca.

Desde el arroyo del Gato, y ya a solo media legua de Jerez (algo menos de tres km), la “guía” nos indica que el camino se encontraba con otro arroyo que “llaman el Valadejo,” y que éste “tiene una calzada para pasarse”. El Valadejo (metátesis de Badalejo o Albadalejo), no es otro que el actual arroyo Salado de Caulina. El descansadero de Albadalejo (todavía conserva este nombre) es el paraje en el que se edificaría en parte el pueblo de Estella del Marqués, y el que daba nombre a este rincón de la campiña surcado por el arroyo Salado. Para cruzarlo existían dos puentes (como puede verse en todos los mapas de los siglos XVIII y XIX, ya que, en este lugar, junto a la actual Venta La Cueva y al Vivero Los Cántaros, el arroyo se bifurcaba en dos brazos, que volvían a unirse aguas abajo, buscando ya el Guadalete en un curso paralelo a la autopista.



Como dato curioso (erróneo en este caso), el texto señala que el arroyo tiene su origen en las marismas de Lebrija y Trebujena, aunque en realidad procede de la confluencia de los pequeños cursos fluviales que bajan de la sierra de Gibalbín. Los altos de Montegil forman una divisoria que impide la comunicación de estas aguas con las de las marismas, que vierten ya al Guadalquivir. De gran interés resulta también la afirmación de que el Valadejo… “desagua en el río de San Pedro” en lugar de en el Guadalete, al que se une junto al Monasterio de La Cartuja, a la altura de Viveros Olmedo. La explicación de este cambio de nombre hay que buscarla en el hecho de que el Guadalete presentaba hasta mediados del s. XVII dos brazos en su estuario: el que desembocaba en El Puerto de Santa María, y el conocido como “madre vieja” o Albadalejo que en 1648 el Cabildo jerezano (bajo el auspicio de la cofradía de San pedro) comunicaron con un canal para darle salida a la Bahía de Cádiz en las cercanías de Puerto Real (5). Este brazo (que luego sería cortado) pasaría a llamarse desde entonces río San Pedro.

Los cortijos del camino de Arcos a Jerez.



Pero dejemos los arroyos y volvamos de nuevo al camino para fijarnos en los cortijos que describe esta “guía de viajeros”. Partiendo de Arcos, “…. A los 3 cuartos de legua está el cortijo de Yllena; a las 2 el de Jedala; a las 4 el de Melgarejo, y a la izquierda otro de Jedala, a las 2 leguas de esta ciudad; a 3 el de Bicos, a las 3,5 el de la Peñuela y a las 4 el de los Aziagos, y otros muchos que no son de nombre”.

El cortijo de Yllena (o de Illena, en otras fuentes) ya desaparecido con este nombre (6), es el actual cortijo de La Torre oculto a los viajeros que circulan por la carretera, tras las lomas cercanas al cortijo de La Cantarera, a la derecha del camino. Por sus tierras aún se conserva la vieja traza del ferrocarril de la Sierra que comunica con la antigua estación de Jédula. Más adelante, tras dos leguas de recorrido, el camino de



Arcos dejaba a ambos lados los cortijos de “Jedala”. Se trata de los actuales de Jédula (a la izquierda) y Jedulilla (a la derecha), ambos absorbidos por el casco urbano de esta poblada pedanía arcense, pero que hasta mediados de los cincuenta del siglo pasado aún podían verse aislados entre sus tierras de labor.



Continuando el camino, y a una legua de ambos, estaba a la izquierda el de “Bicos”, actual cortijo de Vicos sede de la Yeguada militar, por cuyas cercanías atravesaba antes de llegar a La Peñuela. Este último fue siempre uno de los de más renombre de la campiña por la extensión de sus propiedades y por su poblado caserío. En el XVIII y hasta casi mediados del pasado siglo, las de La Peñuela fueron tierras de olivares, como



lo fueron las de sus vecinos Alcántara y Cartuja de Alcántara, fundos todos que pertenecieron al monasterio cartujano, si bien en este último se plantaron también viñas. Por último, la “guía” menciona el cortijo de los “Aziagos”, el actual de Los Garciagos, donde en los años 80 del siglo pasado se construyeron el circuito de Velocidad y el campo de Golf de Montecastillo. En estas tierras de cerros cubiertos de monte bajo, se explotaron durante varios siglos canteras de caliza y de rocas de yeso para la fabricación de cal y yeso en sus conocidas caleras.



Después de recorrer cinco leguas, el camino de Arcos entraba en Xerez por unos “callejones, como de media legua, formados de las cercas de viñas, olivares” cuyo trazado debió corresponder en parte con el primer tramo de la actual carretera de Cortes, a la salida de los puentes de Albadalejo que como se ha dicho estuvieron situados en el paraje en el que hoy se encuentra el puente de la autopista que conduce a Estella del Marqués. Aunque el camino descrito no coincide a partir de la Torre de Melgarejo con el que sigue la actual carretera de Arcos, hay que recordar que también existió otra variante, más directa, que cruzaba los Llanos de Caulina, si bien, como se ha dicho, en la estación lluviosa no podía ser utilizado.



Así lo deja patente el conocido mapa de Tomás López (7) que ilustra este artículo y donde se reflejan las dos variantes de este camino centenario que hoy hemos querido recorrer como lo hicieron los viajeros del siglo XVIII.

Para saber más:
(1) Jurado Sánchez, J.:Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989.
(2) Jurado Sánchez, J.:Descripción…” pp. 66-67. Todos los entrecomillados referidos a este manuscrito han sido extraídos literalmente de estas dos páginas.
(3) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 160.
(4) García Lázaro, A. y J.: La alcantarilla del Salado. UN viejo puente con cuatro siglos de historia, www.entornoajerez.com, publicada el 27 de abril de 2012.
(5) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 189-190
(6) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199, pp. 194 y 273.
(7) López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes…1787. En este trabajo hemos manejado la versión digitalizada por nuestro amigo Francisco Zuleta Alejandre conservándose otro original en el AMJF, C. 13, nº 27. 33 x 42 cms.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Paisajes con Historia, En torno a Arcos, Carreteras secundarias.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/11/2017

Viejos puentes en viejos caminos (y II).
Los puentes del Guadaxabaque y el Matarrocines




En el artículo anterior hacíamos un recorrido por los viejos puentes y alcantarillas del Arroyo Salado, un curso fluvial que desde la Sierra de Gibalbín drena los Llanos de Caulina, al este de Jerez, para unirse al Guadalete en las cercanías del Monasterio de La Cartuja.



Hoy vamos a ocuparnos de los arroyos de Guaxabaque y Matarrocines que discurren por las tierras situadas al oeste y al sur de la ciudad y que, por tanto, debían ser cruzados por los caminos que conducían a Rota, los Puertos o el Portal.

No es de extrañar que fuese necesario construir sobre ellos pequeños puentes de los que ya nos da cuenta el Bartolomé Gutiérrez, en su “Historia de Jerez” (1756) donde relata que “… de los otros arroyos que ay en las Playas de San Telmo y camino del Puerto, tenemos en cada uno dos puentes, dos en Guadaxavaque, y dos en Mata Rosines, las unas para el camino del Puerto y las otras para el transito de las Playas por el nuevo arrezife que oy se esta haziendo como también un famoso muelle para el embarcadero y descarga de Naves y Carruages que allí concurren” (1). Este mismo historiador da cuenta de que en 1755 comenzaron las obras del arrecife o camino que unía la ciudad con el embarcadero de El Portal y el Puerto de Santa María, a través de las playas de San Telmo, noticia que recoge también Joaquín Portillo. Esta obra fue de gran importancia y contó con la autorización y respaldo real “…para cuyo efecto vino de la Corte don Tomás Geraldino; y para costearlo, dio el rey don Fernando VI, hermano de don Carlos III, facultad para que vendieran 450 caballerías de tierras de los baldios de esta ciudad; y con efecto se ejecutó con asistencia del corregidor que lo era el marqués de Alcocébar. Dicho arrecife se acabó por octubre de 1756”, como señala Portillo. (2)

Aquellos puentes del Guadajabaque y el Matarrocines.



El camino atravesaba los terrenos del actual “Polígono Industrial El Portal” cruzando el arroyo de Guadajabaque en un paraje próximo a la actual Estación Depuradora de Aguas Residuales, para llegar después al embarcadero de El Portal. Posteriormente continuaba hacia el Puerto de las Cruces, en dirección a El Puerto de Santa María debiendo cruzar antes el arroyo de Matarrocines en el punto que hoy lo vemos, procedente de las faldas de la Sierra de San Cristóbal, discurriendo en paralelo a la Cañada del Carrillo. En este mismo lugar se construiría a mediados del siglo XIX un sólido puente de cantería, con sillares de arenisca de las canteras de la cercana sierra de San Cristóbal, sobre el que cruzaba la carretera general Madrid-Cádiz antes de que se le diese el nuevo trazado por la conocida cuesta de “Matajaca”. Este puente del Matarrocines aún puede verse bajo el renovado tablero que se colocó sobre él, estando ubicado junto a otro nuevo, de rasante más elevada, que se construyó recientemente para evitar las inundaciones que este caudaloso arroyo sigue provocando en los años lluviosos.

Otro de los antiguos puentes mencionados por el historiador Bartolomé Gutiérrez, es el que aún se mantiene sobre el arroyo Matarrocines en las proximidades de la viña de Matacardillo y el cortijo de Espanta Rodrigo. El puente se encuentra en la actualidad en un preocupante estado de conservación, pero aún sigue “prestando servicios” ya que sobre él discurre hoy día una vía pecuaria, a modo de camino de servicio de la autovía de El Puerto. Este puentecillo se construyó en el siglo XIX y, probablemente, sustituyó a otro de factura anterior para acoger el nuevo camino que, por la conocida “Trocha” acortaba la distancia entre Jerez y el Puerto a través de la cuesta de Matajaca y el Puerto de Buenavista.



Madoz, describiendo los caminos entre Jerez y El Puerto en 1843, y después de señalar que el principal es el que pasaba por El Portal, se refiere igualmente a esta última vía de comunicación y apunta que “también hay otro camino carretero, aunque sin concluir, desde el Puerto a Jerez, que pasa por el puerto de Buena-vista, y disminuye la distancia en unos ¾ de legua”. Por este mismo autor conocemos que “...como proyecto de nuevo camino en esta provincia puede considerarse la modificación, propuesta hace más de 6 años, en la línea de carretera general comprendida entre Jerez y el Puerto de Santa María. Consiste en la ejecución de un trozo de carretera de más de 1 ¼ de legua de long. Desde la primera de aquellas dos ciudades, hasta empalmar con la carretera general en el punto llamado Revuelta de Buenavista a 1 y media legua de distancia de El Puerto de Santa María; con lo cual se conseguiría tener la comunicación directa más corta entre estas dos poblaciones; evitando el considerable rodeo que da la carretera general, con el objeto de que pase por El Portal… Esta obra fue propuesta a la Dirección general de caminos y aprobada por el Gobierno, bajo el presupuesto de 1.036.700 rs. e que se reguló su costo; pero hasta ahora no se ha puesto en ejecución por carecer sin duda de los fondos necesarios para ello” (3).

El camino se trazó en los años posteriores y el puente de Matarrocines, que sufrió diferentes reparaciones, queda como testimonio de la importancia de esta vía de comunicación que desplazó definitivamente a la que pasaba por El Portal. El viejo puente, al que sería necesario proteger antes de que se arruine (ya se han desplomado y perdido sus pretiles), nos muestra todavía su sólido arco de doble rosca de ladrillos colocados de canto o “a sardinel”, esto es, mostrando su lado mayor y unidos por sus caras anchas y en disposición radial.



Semioculto por los tarajes y los carrizos, con el telón de fondo de la Sierra de San Cristóbal, las viñas de Matacardillo y las tierras bajas encharcables de Espanta Rodrigo, el modesto puente del arroyo de Matarrocines ha sobrevivido al paso de los tiempos y a los embates de las arroyadas.



A lo que no podrá vencer otra vez será a los ataques de las excavadoras que en una reciente limpieza del cauce del arroyo han destruido parte de su arcada. A eso y a la desidia de quienes debieran protegerlo.

El “Puente Romano” de la Cañada de la Isla.

Otro antiguo puente que se conserva en las cercanías de Jerez es el conocido como “Puente romano” de la Cañada de la Isla. La mayoría de los viajeros que desde El Portal se dirigen a Puerto Real o al área recreativa de la Dehesa de La Yeguas por la llamada “Carretera de Bolaños”, reparan en un llamativo cartel que puede verse a la altura del km. 7, a la izquierda de la vía: “Cocodrilos Kariba”. Muchos conocen que se trata del indicador que anuncia los accesos a la única Granja de Cocodrilos de Europa. Más desapercibido, sin embargo, pasa un panel informativo que en este mismo lugar indica la presencia de los restos de un “puente romano”.



A juzgar por el aspecto de la construcción, el viejo puente de la Cañada Real de Arcos a Puerto Real como señala el cartel, nos recuerda más a una obra medieval o a un puente de los siglos XVIII o XIX, similares a los que hemos visto en Arcos en el arroyo Salado de Espera, o al ya mencionado del Matarrocines. Conocido también como “Alcantarilla del Salado”, el puente conserva todavía la embocadura así como buena parte de sus pretiles y su arcada principal, formada por dos roscas de ladrillo que se asientan firmemente en estribos de sillares de cantería. En su parte superior, todavía se aprecian los restos de la última reforma que quiso reforzar con hormigón su tablero, señal inequívoca de la utilidad que, hasta hace sólo unas décadas, prestó este viejo puente.

Esta alcantarilla permitía el cruce del Arroyo Salado de Puerto Real, que corre por entre las tierras de La Carrascosa, el Cerro de La Tinaja y La Zarza, buscando el Río San Pedro, en las cercanas marismas del antiguo estuario del Guadalete. Formaba parte de la Cañada de Arcos a Puerto Real, cuyo tramo jerezano es conocido como “Cañada Real de la Isla o de Cádiz y Puerto Franco” que arranca en el Puente de Cartuja, para seguir hasta aquí un trazado muy similar al de la actual carretera de Bolaños. Si bien hoy tiene un papel secundario, este camino fue, en otros tiempos, de gran importancia para la comunicación de nuestra ciudad con las poblaciones de la Bahía, ya que hasta la construcción de los primeros puentes sobre el Guadalete y el San Pedro en el Puerto de Santa María, ésta era la principal vía terrestre para llegar a Cádiz, a través del Puente Suazo, bordeando el estuario y las marismas (4).

Algunos autores sostienen que, un trazado parecido al que lleva en este tramo la Cañada Real de la Isla, era el que posiblemente seguía una calzada romana (tal vez un ramal de la Vía Augusta) que procedente de Gades y Ad Pontem (Puente Zuazo) bordeaba la marisma y cruzaba el Guadalete, camino de la campiña. Conviene recordar que en las proximidades de este viejo puente, se han encontrado diferentes enclaves con restos de alfarerías romanas (El Tesorillo, Barja, Bolaños, La Zarza)… que nos permiten imaginar que, efectivamente, esto fuese así.

¿”Puente romano”? Los restos que se conservan apuntan a una obra más reciente, que tal vez tuvo pudo tener su origen en los primeros siglos de nuestra era, cuando la presencia romana en estas tierras está más que confirmada. En todo caso, el paraje bien merece una visita para observar los restos de la vieja alcantarilla, escondida entre lentiscos y acebuches, que podremos completar con un paseo por los senderos señalizados en las cercanías del puente. Desde aquí podemos enlazar con la Cañada Real del Camino Ancho. Esta vía forma parte del Parque de las Cañadas de Puerto Real, integrado en la red Andaluza de Vías Pecuarias. Viejos caminos que discurren por parajes donde se conserva el matorral típico del monte mediterráneo, entre pinos, lentiscos y acebuches que nos esperan para ser recorridos y en los que estos antiguos puentes son uno de sus principales alicientes.



Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol. I P. 47-48.
(2) Portillo, Joaquín.: Noches Jerezanas. Tomo I, p. 153. Jerez. 1839.
(3) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. pp. 79 y 85.
(4) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.:Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 135-136 y 153-154.
Para todo lo relacionado con las obras públicas en el Siglo XVIII recomendamos la lectura de Arquitectura y Urbanismo en el jerez del Siglo XVIII, de Fernando Aroca Vicenti. C.U.E.S.-Caja San Fernando. Jerez 2002 y en especial el Cap. III, 4. pp. 149-159.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/10/2015

 
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