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08 octubre 2011

LA ALMADRABA DE TABARCA


La almadraba es un arte de pesca formado por un conjunto de redes y barcos que se emplea en la captura fundamentalmente de atún, pero también de otras especies de menor tamaño como la caballa, el visol (estornino, similar a la caballa) y la melva. Estos peces se pueden pescar empleando otro tipo de artes, pero el que proporciona un mayor número de ejemplares, el más eficaz, es la almadraba. Su funcionamiento está basado en la interceptación de los ejemplares y la posterior concentración en un lugar cercado por redes donde se capturan de forma masiva.


La instalación se arma al paso de los atunes en su migración gamética desde el Océano Atlántico hasta el Mar Mediterráneo, donde las aguas son más cálidas y la salinidad mayor. La entrada en el Mediterráneo tiene lugar en primavera, entre abril y junio, y el retorno hacia el Atlántico a finales del verano y principios del otoño. Por ello, las almadrabas pueden ser de paso o de derecho, cuando se capturan atunes que van a desovar, y de venida o de revés, cuando los peces vuelven al Atlántico (migración trófica). Los ejemplares más grandes son los de paso, ya que el atún cuando inicia el periodo reproductivo deja de alimentarse, por lo que en otoño ha perdido hasta un 35% de su peso. Estas especies nadan en grupos siguiendo las corrientes por las mismas rutas durante toda su vida, por lo que el conocimiento preciso de sus movimientos resulta imprescindible con el fin de calar la almadraba en el lugar adecuado.


Las alusiones más antiguas al término almadraba se datan a finales del siglo XIV. Las diversas propuestas sobre el origen etimológico coinciden en apuntar su procedencia del árabe al-mah-draba, que viene a traducirse como lugar donde se golpea, significado que veremos que está sobradamente justificado. Tradicionalmente se han identificado tres tipos de almadrabas:
  • La más antigua, empleada hasta el siglo XVIII, es la de vista o de tiro. En este sistema un vigía, denominado thynnoscopos en las fuentes clásicas y atalaya en las obras modernas, se sitúa en lugares estratégicos elevados junto a la costa para avisar de la llegada de los peces. Una vez avistado el cardumen, las barcas se colocan con las redes en el lugar indicado y, tras la captura de los ejemplares, dos barcas llevan a tierra las redes que se sacan arrastrándolas desde la costa a brazo o con la ayuda de animales de tiro, donde se remataban a golpes, de ahí el origen etimológico del término. Una variante más perfeccionada de este arte es la almadraba de cinta o de sedal, cuyo funcionamiento básico es igual a la anterior, pero empleando un mayor número de redes y barcas.
  • El segundo tipo es la almadraba de monteleva o de monte y leva, donde, al contrario que en la anterior, los aparejos están fijos al fondo marino y en tierra firme mediante anclas y mascaranas (un tipo especial de anclas). Por lo general, las almadrabas de monteleva eran de paso, estaban servidas por siete barcas y se solían armar con el inicio de la temporada, al término de la cual se recogía. Sin embargo, las almadrabas de este tipo empleadas a mediados del siglo XX en las costas alicantinas se montaban y desmontaban cada jornada, por lo que deberían ser de dimensiones reducidas. Esta era la que inicialmente se utilizó en Nueva Tabarca.
  • La almadraba de copo o de buche es la más compleja y la que se emplea en la actualidad. Es igualmente la que se utilizó durante la época más floreciente de la Almadraba de Tabarca. Cuenta con una parte fija, el cuadro, y con unas redes móviles con las que se obliga a los atunes a entrar en la almadraba. Se fija a tierra mediante la rabera de dentro o de tierra, una red cuya longitud varía en función de la distancia a la que se arme la almadraba. Hacia mar adentro se coloca otra red, la rabera de fuera, mediante la cual se empuja a los peces a la boca del cuadro, entrando en la almadraba. El cuadro, situado en paralelo a la línea de costa, es la parte central de la instalación y está formado por tres o cuatro espacios consecutivos, la cámara, el buche y el bordonal, por los que pasan los peces hasta que llegan al copo, la zona final que cuenta con redes en el fondo: matador, safina clara y safina espesa. Los peces se van concentrando en la cámara y, cuando hay una cantidad suficiente, se procede al ahorro, es decir a pasar a los atunes al copo. A continuación, el arráez (capitán) da la señal y desde las barcas, que se han ido colocado alrededor del copo, se tira de las redes, teniendo lugar la levantada. De este modo se acercan los atunes a la superficie y los almadraberos situados en las barcas, en ocasiones con una pierna fuera y otra dentro, van capturando los ejemplares mediante unos ganchos pasados por la muñeca y bicheros, aprovechando los coletazos que dan los atunes cuando se sienten heridos. Por lo general, se solían hacer dos levantadas por jornada. Para sacar el pescado más grande se servían de los garfios, y a veces le daban con una maza para rematarlo, aunque esto sólo lo hacían una vez estaba el pez embarcado, ya que era conveniente servirse de sus movimientos para izarlo.
Representación esquemática de una almadraba de copo o de buche

La Almadraba de Tabarca hemos visto que pertenece a ésta última modalidad, que ya aparece documentada varias veces en el siglo XVIII como Almadraba de los Farallones. Se calaba desde 1770 frente al peñón o islote de La Galera, en la división de los arrecifes, a una milla náutica mar adentro, en dirección Sureste. Pero en 1791, Sáñez Reguart señala que inicialmente la almadraba tabarquina era del tipo de monte y leva, y era trabajada por 25 pescadores y 2 oficiales, marineros de Villajoyosa y Benidorm. Pero con el tiempo fueron entrando los isleños hasta ser la totalidad trabajadores tabarquinos, y se cambió a la modalidad de almadraba de copo. Hasta entonces, por falta de agua y salinas en la isla, la pesca se trasladaba íntegramente al continente.

Elementos de la Almadraba de Tabarca (González Arpide, 1981)

En el siglo XIX la almadraba pertenecía al Gremio de Pescadores de Sant Jaume, de Alicante, y en 1831 se concede su explotación al vecino de Benidorm, Miguel Orts. Gracias al estudio que Carlos Llorca hace del Libro de Gastos de la Almadraba de Tabarca 1898-1915, sabemos que la almadraba pasó a manos de la sociedad vilera Lloret y Llinares en 1898. Esta empresa hizo una fuerte inversión inicial que provocó importantes pérdidas los dos primeros años de explotación. Los beneficios aparecieron a partir del tercer año, y encontraron su máxima expresión en 1913.


Las referencias pesqueras de atún en Tabarca quedan recogidas en los Llibres de Consells del Archivo Municipal de Elche, que señalan la descarga de la pesquera en el Puerto del Cap de l'Aljub (Santa Pola), aunque en la isla ya funcionaba una pequeña factoría donde se secaba y salaba parte del atún antes de trasladarlo a Santa Pola y Alicante. Entre 1939 y 1960 operó de forma continuada (con las excepciones de los años 1957 y 1959), entre el 1 de febrero y el 30 de octubre, con buenas capturas hasta 1948 en que comenzó el lento declive, con repuntes muy puntuales. Fue la última almadraba alicantina en cerrar, lo que aconteció tras la temporada de 1960.


Antonio Más i Miralles, sobre fuentes de Manuel Chacopino, detalla de este modo el calamento de la Almadraba de Tabarca, textual:

De la Galera hasta fora, hasta 1000 metros, axò era la cua. Después venia el quadro, un puesto que dien l'anditxe, era per on passaven les tonyines pa arribar al cop. Allí havia una barca, que era el bateo, i el capità enmig i una atra que era la fragata. S'encarsellava de llevant i quan arribava al cap, dia isa, i tiraven de les cordes. Primer plegaven una sàrsia més fina que era el cop, después venia una sàrsia con el dit de grossa que era el mataor, i ahí anaven les tonyines. Havien 3 o 4 hómens que des d'unes embarcacions i en ganxos sagarraven dels aparejos i tiraven dins de la barca. A voltes en mataven 500 o 600. Pescaven també melves i pex menut en la sàrsia que tenia un cel molt finet. També estaven les ancores. Havia una àncora gariquenya que guantava la cua i 50 o 60 més pa aguantar les atres parts de la cua. Se'n gastaven més de 100 àncores.

Situación y distribución aproximada de la Almadraba de Tabarca (Google Earth)

Manuel Oliver Narbona, en su libro Almadrabas de la costa alicantina (1982), recoge multitud de datos sobre la de Tabarca. Así, por ejemplo, los materiales para el arte constaban de:
  • Cables: unos 32.000 m de diverso calibre. 
  • Redes: unos 18.000 kg de abacá para el cuadro y unos 8.000 kg de cáñamo para el copo.
  • Corcho: 18 tm de corcho nuevo y 14 tm de usado.
  • Anclas: unas 95, totalizando 62 tm, tamaños de 20 a 1.000 kg.
Las redes las construían en la isla unas 12 ó 15 muje­res a lo largo de todo el año. El valor del arte superaba al cambio actual los 120.000 €. Era una almadraba pura de copo y adoptaba las dos posturas, de paso y de retorno. Los almacenes estaban en el centro de la playa principal, y además había una casita dando al lugar don­de se ponía la almadraba frente a La Galera.


Trabajaban en ella 30 almadraberos, todos de la isla. Recibían el sueldo y el tanto por ciento de las capturas. Hubo épocas que sólo la usaron de paso, durando de enero a junio; en 1935 la época duraba desde octubre a junio o desde el 11 de septiembre hasta el 19 de noviembre del año siguiente. Para observar las capturas usaban el procedi­miento de introducir un tubo en el agua. Las capturas al principio las llevaban a la pescadería donde se subastaba, posteriormente las trabajaba Lloret y Llinares, propietarios de la almadraba, aunque también podían llevarse a la Lonja. El traslado lo hacían en época reciente con barcas de vapor, eran famosas las llamadas Pajarito e Isleño.


Por último, sigue explicando Oliver Narbona, para darnos una idea de las capturas, se nos ofrecen los siguientes datos:
  • Atún: los había hasta de 300 kg. Se cogía todo el año, aunque desde septiembre era más pequeño.
  • Melva: llegaba a cogerse doce o catorce mil piezas en una levantada, principalmente de mayo a octubre, hasta de 3 kg.
  • Bacoreta: podía llegar a pesar hasta 7 kg.
  • Bonito: de hasta 4 kg, sobre todo en marzo, abril y mayo.
  • Emperador: de hasta 200 kg.
  • Marrajos: de unos 300 kg.
  • Lecha: las había de 20 kg.
  • Sardina y otros peces menores.
En junio y julio podían hacerse capturas de hasta 40 tm. Se recuerdan levantadas con tales capturas que, en tres días, conseguían unas 80 tm.


Así recordaba Felipe Manzanaro Ruso, en entrevista realizada el 19 de julio de 1990, cómo era la pesca en la almadraba en la que trabajó, textual:

Mosatros anaven diari a replegar tonyines. Mos alçàvem a la una del mati, si era fosca, que no havia lluna. Encenien unes làmpares que anaven a carburo i en aplegar fora, foc a les làmpares. Entonces l'arraig de l'almadrava sobre lo que veïa, si eren tonyines o si era pex menut, melva, alatxa, cavalla o sardina, manava un treball o un altre. Quan arribaven al cop conduïts per la llum, mosatros alçàvem el cop, a uns 14 o 15 metros, apagaven les llums i entonces ens encarregàvem els colpejaors de traure el pex en canastes. En terra havia un guàrdia i l'arraig li dia que avisarà la gent a la una, o si no havia lluna que avisarà a les set del matí. Entonces anava casa en casa i mos avisava. Mosatros abaxàvem i mo n'anaven. Anàvem en bots bogant hasta 1'almadrava. Mos portaven una barceta d'espart en 1'esmorzar, per si havia faena, menjàvem. Si exíem a les set del matí, a la una estàvem en terra. En terra teníem treball. Les sàrsies que teníem escampaes en la platja havia que espolsa-les perquè tenien molt de llimac, i si no havia que recomenda-les, hasta que estigueren ben seques que les replegàvem i les guardàvem en el magatzem. I ja estaven preparacs per a fer un recanvi.


La búsqueda de noticias sobre la Almadraba de Tabarca, muy laboriosa, arroja datos muy irregularmente esparcidos en el tiempo, en ocasiones contradictorios, y la mar de variopintos. Veamos unos ejemplos para acercarnos a la cambiante realidad de estas artes de pesca, algunos rayan incluso en lo novelesco o en lo legendario.


Para empezar nos encontramos con la noticia, aparecida en numerosos medios de la época, locales y nacionales, de que el 20 de marzo de 1879, un laúd de Nueva Tabarca desembarcó por la mañana en el muelle de costa de nuestro puerto, lo que calificaba de pez monstruoso, y concretaba que se trataba de una lamia, pez de la familia de los tiburones que pesó unas 80 arrobas (una arroba equivalía a unos 11,5 kg). Tenía cerca de 3 m de largo por 80 cm de ancho, el cuerpo era cilindrico y la boca espantosa, armada con una doble hilera de dientes de 1,5 cm de largo, afilados como si fuesen lancetas. Su hígado pesaba 8 arrobas, y se le extrajeron del vientre dos peces de 2 arrobas cada uno. Fue cogido en la almadraba de la isla y parece ser que fue adquirido para llevarlo a Madrid.

El Constitucional, 21 de marzo de 1879, página 3
El Graduador, 22 de marzo de 1879, página 3
Diario de San Sebastián, 24 de marzo de 1879, página 3

El 18 de noviembre de 1887, la historia se repetía. Durante la noche, los pescadores de la almadraba notaron bruscos movimientos y arreones en las redes, y su experiencia les aconsejó dejar que se enredara en ellas, pues no era propio de un atún, ni siquiera de grandes dimensiones. Así envuelta la presa entre las redes, hicieron camino hacia tierra y, ya de mañana, llegaron al muelle de costa de la capital, descubriendo entonces que lo que traían era un enorme pez de cerca de 3 m de longitud y un peso de 25 arrobas. Se describe con una cabeza relativamente pequeña al tamaño de su cuerpo, así como los ojos respecto a la cabeza, su boca está bien armada de dientes, como de una pulgada de largas en forma de saeta y bien afilados y finos, a los lados tiene dos aletones y otro más pequeño en el dorso, su piel es lisa y sin escamas, la redondez de su cuerpo es casi tan grande como su longitud.

Los pescadores le daban nuevamente el nombre de lamia, y según ellos su carne era de escasa utilidad para el consumo, así que se tomó la decisión de disecarlo, lo que se encomendó al taxidermista ilicitano Vicente Bañón. Una vez abierto, dentro de su estómago se han encontrado dos cabezas de atún aun intactas y gran porción de carne que sería indudablemente de los atunes a quienes pertenecerían aquellas cabezas. Fue expuesto en los Baños de Diana, célebre balneario situado en la Playa del Postiguet.

El Liberal, 19 de noviembre de 1887, página 2

Almadraba, 1923

Dejando (de momento) el terreno de la anécdota, ya en 1924 nos encontramos con unos artes de pesca valorados en 38.750 pesetas, en los que trabajaban 30 empleados embarcados y 3 en tierra, que percibían unos salarios totales de 46.000 pesetas. El peso del pescado recogido fue de 42.500 kg, íntegramente destinado a consumo, que alcanzó un valor de venta de 86.750 pesetas. La almadraba pagaba un canon anual de 8.102 pesetas.

Almadraba, años 40

Y tras este paréntesis retomamos las historias de monstruos marinos, en este caso del más enorme que recogen las crónicas, con la noticia que salta a la primera página del Diario Información de nuestra ciudad del 11 de agosto de 1946, con ecos posteriores en la prensa nacional, con el titular Monstruo marino capturado en Tabarca, muy bien documentada e incluso con testimonio fotográfico de la mano de Francisco Sánchez, una de cuyas fotografías acompañaba la noticia. Merece la pena trascribir su texto íntegro:

En la almadraba de la isla de Tabarca, de «Lloret Llinares y Compañía», fue capturado ayer mañana un monstruo marino, de la especie llamada entre los pescadores tabarqueños con el nombre de «llamia». El espléndido ejemplar penetró en la almadraba a las ocho de la mañana, en persecución de un bando de atunes. Fue muerto después de ponerlo casi en seco, y la pontona que en aquella isla tiene destacada la Junta del Puerto para las obras del refugio que allí se realizan izó la formidable «pesca» a la motora auxiliar de la almadraba, que la condujo a nuestro puerto a mediodía.
Alrededor de cuarenta hombres intervinieron en las operaciones de desembarco del enorme pez. Su peso arrojó la extraordinaria cifra de 1.790 kilos, y sus dimensiones eran de seis metros de largo por dos y medio de diámetro en la parte más ancha. Después de haber sido admirado por numerosos curiosos atraídos en cuanto circuló en el puerto la noticia, y como dicho pez es comestible fue descuartizado, adquiriéndolo completo Vicente Enrique, que pagó por él 1.200 pesetas.
Se le encontró al extraordinario animal en el vientre un atún de 40 kilos de peso. Dicho atún presentaba dos mordiscos, uno en la parte de la cola y otro en la cabeza, habiendo sido tragado entero por la «llamia». Su captura fue muy difícil dentro de la almadraba, cuando ya el animal había averiado grandes trozos en la red. Como detalle curioso citaremos que el hígado, pesado aparte, dio en la báscula 300 kilos y que, de haber habido un sistema apropiado de instalación industrial prensadora, como en las factorías especializadas, dicho hígado hubiese proporcionado alrededor de 100 litros de aceite. Un barril completo... Viejos pescadores del puerto nos manifestaron que desde hace veinte años no se ha visto en Alicante una captura accidental de semejante tamaño.

Diario Información, 11 de agosto de 1946, portada (AMA)
Diario Información, 11 de agosto de 1946, página 5 (AMA)
ABC, 11 de agosto de 1946, página 34
La Vanguardia, 11 de agosto de 1946, página 4

Por cierto, si alguien todavía no se ha percatado, una lamia o llamia no es ni más ni menos que la denominación en el argot marinero valenciano del tiburón blanco (Carcharodon carcharias), también denominado jaquetón en nuestras aguas.

Tiburón blanco, llamia o jaquetón, capturado en la Almadraba de Tabarca
la mañana del 10 de agosto de 1946
(fotos Sánchez, AMA)

En 1948 la almadraba trabajó del 1 de diciembre (de 1947) al 30 de octubre. Estaba valorada en 300.000 pesetas. Incluía dos motoras y dos veleros. Sus 29 pescadores percibían unos salarios por un total de 96.980 pesetas. Sin embargo, la pesca capturada sólo alcanzó un valor de 77.842 pesetas.

Almadraba, 1949
Almadraba, 1950
Atún de 500 kg capturado en 1952

La temporada de 1953 dio inicio el 1 de febrero y finalizó el 30 de noviembre. La flota constaba de 10 embarcaciones, valoradas en 170.000 pesetas. Sus 29 trabajadores de a bordo y el trabajador de tierra cobraban unos salarios de 95.516 pesetas. Las capturas ascendían a 40.700 kg, sobre todo de atún, que alcanzaron un valor de mercado de 512.450 pesetas.

Llegado 1959, la almadraba, en desuso al igual que lo estuviera en 1957, era situada geográficamente en 38º 09' 30" N y 0º 28' 12" W; su situación Centro estaba en 38º 09' 12" N y 0º 28' 20" W; y sus extremos en Ext. W 0º 28' 14" W y Ext. E 0º 28' 22" W. Entonces era ya la única almadraba superviviente en este distrito, todavía de paso y retorno, y dejaría definitivamente de funcionar tras la temporada de 1960.

(Publicado conjuntamente con el blog "La Foguera de Tabarca")







25 julio 2010

ADAGIO ALICANTINO

El 14 de abril de 1841, D. Mariano Roca de Togores, primer Marqués de Molíns, escribía una letrilla al poeta castellano D. Manuel Bretón de los Herreros, en la que ensalzaba las excelencias climatológicas de Alicante. Su título quedaría grabado de forma indeleble e inseparable al nombre de nuestra ciudad: «La Millor Terra del Món», aunque su título original era «Alicante», y según lo publicara la Sociedad del Liceo de Alicante, se trataba de un «Adagio Alicantino», que efectivamente iba dedicado al citado poeta.

D. Mariano Roca de Togores y Carrasco (Albacete 1812 - Lequeitio 1889), orador, escritor y político conservador, era de distinguida familia oriunda de nuestra provincia, en concreto de la pedanía oriolana de Molíns, y que de hecho residía en Orihuela en el Palacio familiar que su padre, el Conde de Pinohermoso (actualmente Ducado de Pinohermoso), tenía junto a la Catedral de Orihuela, lo que hizo que aquí tuviera numeroso bienes y residiera grandes temporadas, muy especialmente en una finca de la capital que se denominaba «El Carmen», conociendo así sobradamente nuestro magnífico clima. Que naciera en Albacete es anecdótico, pues se dio la circunstancia de su madre dio a luz durante un viaje de regreso de Madrid a Alicante, precisamente al pasar por esta capital manchega.

D. Mariano Roca de Togores,
Marqués de Molíns

Llegó a ostentar varios ministerios, como el de Fomento, reformando la Real Academia Española de la Lengua (que dirigió en 1865), la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Medicina y Ciencias Naturales y la Real Academia de Leyes de estos Reynos y de Derecho Público, y fundando la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Fue varias veces Ministro de Marina, y también de Regencia, además de Embajador de España en Londres, París y la Santa Sede. Se interesó especialmente por la promoción y el cuidado de los intereses morales y materiales del pueblo alicantino, y ello le hizo acreedor en 1848 de su título nobiliario que hace referencia al lugar de donde era oriundo. Era además Vizconde de Rocamora, Caballero de la Gran Orden de Caballería del Toisón de Oro (1863), Gran Cruz de la Orden de Carlos III, Caballero de las Órdenes de San Juan y de la de Calatrava, Maestrante de Valencia, Diputado y Senador vitalicio del Reino, Académico de las Reales Academias de Historia, de Bellas Artes de San Fernando y de Ciencias Morales y Políticas, y fue designado Director de la Biblioteca Nacional y Presidente del Ateneo de Madrid.

Como escritor cultivó todos los géneros, desde el drama histórico hasta la seguidilla popular. En sus obras poéticas se mezclan las piezas neoclásicas y románticas. En sus romances jocosos y letrillas hay verdadera gracia y alegría. También hay poemas de amor y religiosos, así como numerosos artículos. Fue un mecenas de las Artes y las Letras y eran famosas sus veladas literarias en su palacio de Madrid, en las que se reunían los mejores artistas y escritores de la capital, entre ellos Bretón de los Herreros, siendo además introductor del romanticismo teatral en nuestro país. Escribió también biografías, entre ellas precisamente «Bretón de los Herreros: recuerdos de su vida y de sus obras» (1883).

En cuanto a D. Manuel Bretón de los Herreros (Quel 1796 - Madrid 1873), uno de los mejores poetas festivos del teatro español del siglo XIX, a sus 16 años de edad se sintió impulsado durante la Guerra de la Independencia a iniciarse en el servicio de las armas, eligiendo Alicante por ser una de las contadas plazas que no se habían doblegado a las huestes de Napoleón, siguiendo la carrera militar durante 10 años y regresando a Madrid, donde sería bibliotecario en la Biblioteca Nacional, dirigida entonces como hemos visto por Roca de Togores. Ese tiempo que aquí estuvo fue suficiente para que Alicante le dejara una huella imborrable.

D. Manuel Bretón de los Herreros

Tras haber coincidido varias veces en Madrid, a partir de 1828 ambos trabaron una gran amistad, viajando juntos con frecuencia. Fue Secretario Perpetuo de la Academia Española de la Lengua, que había sido reformada y era dirigida por Roca de Togores, y asiduo del Ateneo de Madrid, presidido igualmente por Roca de Togores. Y de este modo, en una de las frecuentes misivas de éste a su amigo Bretón de los Herreros, escrita en su finca «El Carmen», que por cierto estaba situada donde el actual Parque Municipal del Palmeral, en la entonces Partida de Babel, y que contaba con más de 7000 palmeras, Roca de Togores evocaba con los versos citados íntegramente a continuación, tratando de provocarle sana envidia a su amigo, la ciudad que ambos conocían:

Sepades, señor Bretón,
que de Poniente a Levante,
es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Mientras que a vos embozado
por las mañanas de enero,
a la orilla del brasero
os da un dolor de costado,
yo me voy desabrochado
desde el Muelle al Malecón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Sólo en pasas, por estrenas,
gastáis vos un Potosí,
mientras abundan aquí
racimos como azucenas,
y venden por dos seisenas
el Porrat de San Antón;
que es si disputa Alicante
la millor terra del món.

Vos ponderáis la dulzura
de las hijas de la villa:
buen provecho su mantilla
os haga y su empopadura;
que si yo busco ternura,
le clavo el diente al turrón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Su donaire no descreo,
mas niego su primacía;
y aún os juro por Talía
que si vierais lo que veo
desde este sitio en que leo,
que mudarais de opinión:
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Ni es mucho, ni yo lo dudo,
que la gente cortesana
tenga la lengua liviana
y el entendimiento agudo;
pero aquí aun el sordomudo
despunta por socarrón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Mientras vos sudáis lo tinto
empotrado en la luneta,
yo al compás de la retreta
bajo el verde terebinto
estoy oyendo el requinto,
¡sin ver tanto farolón!
Que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

¡Vos en remojo y no es cuento,
en una sartén de estaño,
mientras tengo el mar por baño
y por toldo el firmamento,
y aún a veces represento
la fábula de Acteón!...
Que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

¡Bailes! ¡Vaya noramala!
¿Qué es el ver en una hora
al son de dulzaina mora
juntarse tanta zagala,
y tornar un barrio sala
y danzar en procesión?
Que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Espectáculo gentil
vuestro circo representa,
y es su diversión cruenta
digna de plebe servil;
aquí de plaza y toril,
hace cualquier callejón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

¿Llega el pez vivito aún
a Madrid desde Bilbao?

Denme arroz con bacalao
y ancha torta con atún,
y del aloque común
añadan medio porrón;
¡y nieguen que es Alicante
la millor terra del món!

¿No veis en el breve espacio
que el mar cierra y las montañas,
en vez de humildes cabañas
tanto soberbio palacio?
¿Y de perlas y topacio
las uvas de promisión?
Pues negad que es Alicante
la millor terra del món.

Junto al nopal de Occidente
se alza la palma lozana,
y en la estación más temprana
ni aun el almendro imprudente
de dar su flor se arrepiente
al soplo del Aquilón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Nunca el mar a esta ribera
niega su plácida brisa,
ni su apacible sonrisa
esconde la primavera;
un naufragio pareciera
fabulosa tradición;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Mas como en fin la marea
dentro del puerto importuna,
aún recuerdo la tribuna
y la pública Asamblea;
pero disipa esta idea
un trago de fondillón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Hoy que, mísero trofeo
de robustos aquilones,
miro tornarse en baldones
los ensueños del deseo,
hallo aquí en nuestro Liceo
fraternal consolación.
¡Salud, salud, Alicante,
mi puerto de salvación!

¡Salud! si arreciado zumba
el vendaval enemigo,
tú me darás un abrigo
junto a la paterna tumba;

y al menos cuando sucumba
en la común disensión,
reposarán mis cenizas
donde está mi corazón.

Y sabed, en fin, Bretón,
que hasta el postrimer instante
será para mí Alicante
la millor terra del món.

Han pasado 170 años, y nadie puede negar que esta letrilla no sólo conserva todavía plena vigencia, sino que la mantendrá por mucho tiempo, pues como más fácil y conocido ejemplo de ello, tenemos el famoso fragmento de «Himne d’Alacant», compuesto en 1902 por Juan Latorre Baeza, con letra de José Mariano Mileto y Francisco Martínez Yagües, que se inspiraron sin duda en esta letrilla, y que reza de este modo:

Es la millor terra del mon,
així el poeta heu va dir...

17 abril 2009

EXALTACIÓN DE LA PROVINCIA DE ALICANTE - GASTÓN CASTELLÓ



En el mosaico de 50 metros cuadrados, he querido compendiar el folklore y el trabajo de tantos pueblos diseminados a lo largo y ancho de la provincia alicantina. La primera superficie, con 30 metros cuadrados, arranca desde el descansillo de la escalera, formando un tríptico central que es señero y guión del conjunto. Las tres figuras que lo integran, para destacarlas con rotundo vigor sobre las demás, han sido realizadas con grandes trozos de mármoles de Carrara, de Suecia, Bélgica, granito gallego, basalto y rojo Bilbao. Tal tríptico lo componen: una mujer estilizada, portadora del escudo provincial, ante un fondo de casitas de nuestro típico barrio de Santa Cruz, dominadas por el castillo de Santa Bárbara. A la derecha, apoyado en una rueda dentada, la recia silueta de un hombre vestido con un mono gris, simboliza nuestra pujante actividad industrial; y a la izquierda, una campesina entre viñas y almendros floridos, muestra los distintos y ricos frutos de las ubérrimas huertas de nuestra geografía.
Al pie del tríptico campean los 14 escudos de la antigua división en partidos judiciales de la provincia. Desde aquí en adelante, la elaboración del mural, se hace con teselas de mármol de dos y tres centímetros.
La parte izquierda de este panel se dedica al sin par folklore de fiestas, con un moro y un cristiano, ricamente vestidos, como símbolos y puntales de estas arrogantes fiestas de fama universal. En su parte superior, surgen las fiestas del Fuego, con un estilizado caballo griego, montado por un arlequín con paraguas, un hipocampo y, sobre un capitel, un botijo "pollastret d´Agost". A los pies del caballo un ninot femenino, con los brazos extendidos, espera el sacrificio del fuego.
A la derecha del lienzo vertical, irrumpen la figura de una recia mujer vistiendo la bella falda de Monóvar, listada horizontalmente de vivos colores, mantoncillo y larga trenza al viento, marca un paso de danza a su pareja, un jijonenco en traje típico. Son los bailadores del "ball xafat" de la jota de Onil, o de Jijona, de la sandigna, etc.

Sobre la pareja, una moza de Torremanzanas lleva sobre su cabeza el "pa beneit" (pan bendito de San Gregorio), gran "toña" dulce coronada por un ramo de flores; de este pan que se apoya en un plato de cerámica, caen sobre la doncella finísimas mantillas que la envuelven hasta la falda. Esta nota folklórica es la más extraña y subyugante de nuestras tierras.

Seguimos en marcha ascendente hacia el paraíso de los niños. Una chica de Ibi nos sale al paso sosteniendo un trenecillo cual muestra de las sensacionales e importantes fábricas de juguetes de la villa; la doncella lleva falda negra plisada, mantón blanco, sombrero negro de pastora con apliques de oro y coronado de flores. Junto a ella, las deliciosas muñecas de Onil, y los refinados juguetes de Denia.

En un zapato de elegante trazo, está simbolizada la pujante producción zapatera de Elda, Elche, Petrel, Villena, Monóvar y Cocentaina, industria importantísima y poderosa que ha procurado al Estado español abundantes divisas. En lo más alto de este sector vertical, un telar esquemático sirve de fondo a un obrero que muestra al viento, los paños de toda la producción textil de Alcoy.
Remontamos la escalera y pasamos al piso superior en donde el mosaico continúa, apaisado, cubriendo veinte metros cuadrados. El dios del vino, Baco, rollizo y coronado de pámpanos, recostado en un tonel, nos ofrece el buen vino de las comarcas de Pinoso, Monóvar, Villena, Benejama y Benisa. El pedestal de tan optimista dios es un bloque de mármol noveldense o monovero que Baco, para su comodidad, cubrió con una alfombra de Crevillente. Tras él, campos de viñas y rius-raus de Jávea, Denia, Benisa, Teulada y Calpe, sombreando las pasas, sirven de marco a la majestad de los castillos de Villena y Biar, que representan a los cien castillos de la provincia.
Una joven campesina de albas vestiduras avanza entre naranjos y limoneros mostrando la artística Orihuela, con las ubérrimas huertas de la Vega Baja del Segura, y las no menos exhuberantes de los distritos de Denia, Pego, Callosa y Polop. El dulzor y la fama de Jijona se sintetiza en una rama de almendro, de la que penden, entrelazados, esas cajas de turrón de nuestro orgullo que llegan a los más lejanos confines del mundo.

La composición terrena se completa con la bella presencia de la Dama de Elche, de extraordinario valor arqueológico y las fenicias diosas Tanit, aparecidas a lo largo de nuestras costas.
En un mar de azules y grises, una sirena de áureos cabellos se apoya en un pequeño "llaüt" pesquero, sosteniendo el popular "barquito de sal" de Torrevieja. La costa desde ésta hacia el norte, termina en la luminosa Denia, la rica y antigua Diana de los romanos, de nítida blancura al pie de su legendario castillo. Sigue el arrogante Peñón de Ifach oteando los caminos del Mediterráneo, Jávea y Altea en la feracidad de sus comarcas, el cosmopolita Benidorm, llamado el milagro del siglo XX, las casas marineras de colores típicos de Villajoyosa, de Santa Pola y Guardamar y un horizonte de las cumbres, Aitana, Cabeçó d´Or, Bernia y Puig Campana, son el marco lírico y azul de nuestra amada provincia alicantina.

15 abril 2009

LA MONA DE PASCUA



Pasada la Semana Santa, llegan para los más pequeños las deseadas vacaciones de la Semana de Pascua y con ella, las tradiciones que año tras año, desde tiempos inmemoriales, se repiten transmitiéndose generación tras generación.
"La Mona" es una de estas tradiciones tan arraigadas, y pertenece al ámbito gastronómico de la Semana Santa junto a las torrijas, los pestiños y los buñuelos de viento, siendo típica de la Comunidad Valenciana y Cataluña. Se trata de una torta de la Pascua, cuya simbología tradicional se asocia a que la Cuaresma y sus abstinencias se han acabado.


Mona tradicional de Valencia y Alicante.

El huevo cocido le da un toque de diversión a este dulce, y un aporte alimenticio a la merienda.

En Cataluña la mona es una torta en la que predomina el chocolate y las formas que con él se pueden moldear. Sin embargo, en nuestra región, la mona tradicional no tiene chocolate, y está compuesta por un bollo dulce y seco, con un huevo cocido (con cáscara) incrustado en el centro. Los ingredientes de la masa son harina, azúcar, huevos y sal. Es una masa que conlleva mucho trabajo en su amasado, y requiere una hora de reposo previa a su cocción.


El nombre de este dulce proviene del árabe munna que significa "provisión de la boca", regalo que los moriscos hacían a sus señores. El pueblo que más fama tiene en la fabricación de este producto alimenticio es el de Alberic, aunque también puede encontrarse por los pueblos cercanos dónde se consume durante todo el año. Sin embargo en la mayor parte de la Comunidad Valenciana su consumo está más restringido a la Pascua.
Mona de Pascua catalana, hecha con chocolate.

Existen diversas variedades, siendo la que se consume durante todo el año conocida como panquemado o toña. La que se consume durante las fiestas de Pascua es un bollo elaborado con la misma masa que el panquemado que lleva uno o varios huevos (dependiendo del tamaño) con la cáscara pintada. Estos huevos son introducidos como elemento decorativo aunque también ayudan a dar forma al dulce. Las formas son muy diversas aunque suelen ser la de algún animal como una serpiente, lagartija o mono.

 Mona de pascua con forma de lagarto, anisetes de colores decorativos y huevo de chocolate. Hasta los dulces evolucionan a los gustos del consumidor infantil.


La variante catalana surgió como una evolución de la mona tradicional que tomamos en Alicante, y aunque actualmente sólo tengan de parecido el nombre, tienen un origen común. Esta "tarta de chocolate" empezó como una mona de bollo típica a la que se le sustituyó el huevo de gallina por uno de chocolate, combinando la tradición local con las tradiciones de Semana Santa en Europa (quizá por influencia francesa en Cataluña). Este cambio y la introducción del chocolate acabó siendo la base de la mona haciendo los pasteleros auténticas filigranas arquitectónicas con el chocolate.
En muchas poblaciones las pastelerías compiten para exhibir en su escaparate la escultura de chocolate más espectacular, que puede ser una maqueta de un edificio una figura de un personaje popular o un conjunto de tartas con figuras de chocolate o guirlache.

En los últimos años, se han introducido nuevas variantes en las monas alicantinas que llegan a combinarse con las monas catalanas y los dulces de pascua típicos del centro de europa, dando lugar a monas de pascua recubiertas de chocolate y anisetes de colores, o monas de bollo con un huevo de pascua de chocolate.



La tradición de la mona viene concatenada con la de los rituales del Domingo de Ramos, que de un modo u otro, son parte de nuestra historia y cultura, aunque poco a poco vaya perdiendo la carga religiosa y se esté tornando una tradición popular ligada al periodo estival de Pascua. Así lo explica Daniel Sala: 
Los ramos de olivo o de florido y perfumado naranjo en manos de la chiquillería se convertían en improvisadas armas que, teniendo como fondo el canto del  Pueri hebraeorum, provocaban la intervención apaciguadora de aquel concejal portador de una hermosa y blanca palma traída de Elche, cuando no del señor cura párroco que recordaba a los presentes la seriedad de los actos. Después, ramos y palmas irían al balcón de la casa, donde preservarían a ésta de tormentas y desgracias, al tiempo que el humo producido al quemar una pequeña porción ahuyentaría al temido pedrisco destructor de cosechas en días de tormenta.

Con el tiempo, las reformas postconciliares, la simplificación litúrgica de una Iglesia más preocupada del fondo que de la forma, los cambios experimentados por una sociedad cada vez más sometida a un proceso de laicismo… han ido convirtiendo la Semana Santa, para unos, en un simple período vacacional cada vez más alejado del sentido religioso de la misma, mientras que para otros, los creyentes y, sobre todo, generaciones más jóvenes, la conservación de algunas de aquellas ceremonias que el Ritual Romano establecía, les pueden resultar extrañas cuando siguen presentes en algunos (muy pocos) núcleos rurales de nuestra geografía. Tal es el caso de "la Salpassa". Y se complace uno en ver que ha sido objeto de estudio de folcloristas, etnólogos y antropólogos cuando repara en un hermoso trabajo que, en 1995, publicó la Generalitat Valenciana, en su Serie Minor del Consell Valencià de Cultura, bajo la autoría del antropólogo Álvaro Monferrer, quien lleva a cabo una clara exposición del origen, celebración ritual y festiva de la misma y sus variantes en diferentes localidades de las tierras valencianas.

Salpas, salispassa, salispassia, sarpasia, sarpassa... Con ser muchas las denominaciones registradas en diferentes lugares, se refiere al acto de bendición de las casas que el Ritual Romano de Pío V, en 1614, establecía para el Sábado de Gloria, por más que en la mayoría de los pueblos tenía lugar el Miércoles Santo. El párroco, revestido con sobrepelliz y estola, acompañado por los acólitos, visitaba todas y cada una de las casas de la vecindad para su bendición pascual. El ceremonial revestía distintas formas según localidades, pero con un denominador común: la bendición del agua y de la sal, elementos esenciales para la vida familiar. El sacerdote rezaba las palabras del Ritual, al tiempo que un acólito mezclaba la sal y el agua benditas de las que era portador con la que el ama de casa había dispuesto en la entrada de la misma en adornada y limpia mesa con las mejores galas; el otro acólito, recogía los huevos que, como obsequio, había depositados sobre la mesa. En las parroquias que disponían de un Lignum crucis , se daba este a besar a los presentes y con el hisopo o rama de romero aspergía las dependencias de la casa. Pero lo más llamativo de la Salpassa era el acompañamiento popular de la chiquillería que, adelantándose a la comitiva, golpeaba con sus pequeñas mazas de madera puertas y aceras, más que entonando, recitando simples melodías en tetracorde dórico de variado y estrambótico contenido por el que desfilaban personajes locales, sin quedar a salvo de las mismas "ni el retor ni l’escolà" y de las que S. Seguí, M. T. Oller, V. Torrent, F. Martínez y Martínez, J. Martí Gadea, A. Salvá Ballester y tantos otros, nos han dejado constancia en sus trabajos de campo ( "Ous a la pallissa, ous al ponedor, bones massades al senyor retor; ous ací, ous allà, bones massades a l’escolà").

La misa del Jueves Santo era la más importante del año, la de la institución del sacramento de la Eucaristía. La reserva del Santísimo en su Sagrario, acompañado bajo palio con el canto del Tantum ergo... , ascendiendo el escalonado Monumento, repleto de velas y flores, daba paso al silencio sepulcral observado hasta el momento de la Resurrección, sólo interrumpido por las matracas y batzoles que hacían sonar por las calles los niños para avisar a la celebración de los oficios divinos en la parroquia. Tras en rezo de las siete estaciones y la vela nocturna ante Monumento, con los primeros rayos de sol salían los fieles hacia el monte calvario entre cánticos y rezos para celebrar las catorce estaciones del Vía Crucis que entre viejos cipreses recuerdan la pasión y muerte de Cristo.

Con la solemne y silenciosa procesión del Santo Entierro del viernes, sólo interrumpida por el canto del Miserere, culminaban los actos de la Semana Santa. Al día siguiente, Sábado de Gloria, con el ritual de la bendición del agua y el fuego, las letanías y el resto del oficio, el canto del Gloria indicaba la Resurrección de Cristo; el rogle , todas las campanas de la iglesia y las de la torre campanario parecían enloquecer de alegría; como si todo volviera a renacer; las mujeres barrían las calles, se hacía limpieza general, todos marchaban a la fuente a lavar sus caras y manos en un claro simbolismo de renovación; por las calles se esparcía el perfume de ‘monas’, dulces y variada repostería que, en un constante ir y venir, llevaban las mujeres en la post sobre sus cabezas para cocerlas en el horno del pueblo; todo eran preparativos para la alegría de la celebración de la Pascua: variados cánticos infantiles ( "Xinxes marranxes, eixiu del forat, que el nostre Senyor ha ressucitat" ), algarabía callejera...

El Domingo de Pascua, con los primeros rayos del sol y alegres semblantes, la procesión del Encuentro iniciaba los festejos. Las mujeres, acompañando a la Virgen Dolorosa, cubierta con negro manto, salían de la parroquia por una calle, mientras los hombres seguían la imagen de Cristo por otra para encontrarse en la plaza mayor. La Virgen era despojada de su manto y aparecía vestida de blanco con rostro radiante de alegría; el canto dialogado entre ambos grupos del "Regina coeli laetare. Alleluya..." , la traca, el volteo general de campanas, y los cánticos de resurrección de vuelta al templo, preludiaban un día de gran fiesta.

Y, a partir de aquí, el aspecto profano de la Pascua. Los tres días de su celebración iban acompañados de las meriendas de ritual: mona, cassoleta y guisadet . Niños y mayores marchaban hacia el campo para celebrar entre juegos, bailes y canciones la alegría de un tiempo nuevo; y, entre ellas, ninguna como la que mejor define la Pascua valenciana: la Tarara.


Diferencias gastronómicas aparte entre catalanes y valencianos, la tradición se ha venido repitiendo, como un ritual simultáneo y casi sincronizado que mueve a miles de familias, año a año, por estas fechas, en la Comunidad Valenciana y en Cataluña, como un eslabón cultural que une a estos pueblos hermanos, como si de un ritual heredado se tratara, y lo repitiéramos año tras año, evocando lo aprendido de pequeños y transmitiéndolo a las nuevas generaciones. Los mismos preparativos costumbristas, idéntica alegría y el disfrute del contacto con la naturaleza son los invariables conocidos de cada pueblo o ciudad. Los grupos de jóvenes que quedan para hacer sus primeras escapadas siempre guardan los recuerdos de estos días como un tesoro muy especial.
La tradición indica que son los padrinos los que regalan la mona a sus ahijados el Domingo de Pascua después de misa, y a continuación la familia y los amigos se dirigen al campo para disfrutar de una comida en la naturaleza, siendo este el "Día de mona".



Cada pueblo tiene su monte o campo típico donde acudir a disfrutar de esta tradición. En Alicante era siempre muy típico acercarse a los campos de Los Ángeles, Babel, Vistahermosa, los dos castillos... Mientras que en el resto de la provincia había paisajes para todos los gustos: desde el carrascal de la Font Roja a los montes de Xorret de Catí, de las Dunas de Guardamar y Santa Pola a las calas de Campello como la Coveta Fumà... 
Seguro que a muchos os trae buenos recuerdos de cuando de pequeños por estas fechas os acercábais con la familia y los amigos a pasar un día de campo, disfrutando de los primeros días de buen tiempo y sol bajo la sombra de los árboles, volando las típicas cometas o catxirulos. Tras la comida (acompañada de la siempre deliciosa  longaniza de Pascua), para merendar, os tomábais "la mona" (sola o acompañada de unas onzas de chocolate), con la tradición añadida de "esclafar" el huevo cocido en la frente de alguien después de la correspondiente persecución hasta agarrarle.

Después, todo tipo de juegos populares amenizaban la tarde de los más jóvenes, ritual que iba siempre acompañado de los mismos ingredientes: mona, cassoleta y guisadet. Había un gran repertorio de canciones que se cantaban mientras se saltaba a la cuerda:
"Más arriba del cielo vive mi suegra
¡ay, ay!
Por no tener zapatos no voy a verla
¡ay, ay!
No voy a verla!"

"Dicen que Santa Teresa 
cura los enamorados.
Santa Teresita es buena
pero a mí no me ha curado"


“El dia de Pasqua,
Pepito plorava
perquè el catxirulo
no se li empinava.
La tarara sí, la tarara no,
la tarara, mare, que la balle jo”

"San Serenín del monte
San Serenín cortés..."

"¿Quién hace ese ruido?
¿Quién anda por ahí
que de día y de noche
no me deja dormir?"
La tradición de chafar el huevo en la frente.
Receta de Mona de Pascua: 

Ingredientes:
  • 3 Kilos de harina
  • 12 huevos
  • 1 Litro de Aceite de oliva
  • Medio kilo de azúcar
  • La ralladura de 1 Limón
  • 125 Gramos de levadura de pastilla
  • 125 Gramos de levadura natural
  • Agua tibia
Preparación:
Disolvemos primero la levadura de pastilla con agua tibia y un poco de harina. A continuación añadimos con ella la levadura natural, y dejamos que la mezcla fermente.

Tomamos un recipiente profundo y batimos en él los huevos, y añadimos a ellos la ralladura de limón, el azúcar, la harina y el aceite. Mezclamos bien formando una masa, y cuando estén fermentadas las levaduras, las añadimos y amasamos bien. Dejaremos luego reposar entre 2 y 3 horas.

Pasado ese tiempo, amasaremos de nuevo bien la pasta, y ya podemos formar las monas. Pueden ser de diferntes formas según la imaginación de quien las elabore; esféricas como los panquemaos, alargada o trenzadas, en forma de rollos, o como nos parezca. 
A continuación, las pintamos con huevo batido y se puede colocar como adorno por encima un huevo cocido, incluso teñido para dar color. Podemos además levantar una clara a punto de nieve y hacer adornos con la manga pastelera por encima, o montañitas. Se pueden esparcir por encima anises de colorines, pero sobre todo, se deben espolvorear bien con abundante azucar.

Las monas las habremos formado sobre obleas o sobre papel engrasado para horno, y las colocaremos sobre la bandeja de horno, para cocerlas a unos 180º durante 30 minutos.


Ahora, recordemos la parte social y familiar de esta tradición, de la mano del periodista Vidal Masanet, que describía de este modo la tradición de la Mona en el Diario Información en el año 1957:


La "mona"; tres días de bulliciosa festividad. Cronológicamente son aceptadas así: Importante, más importante, y... ¡lástima que todo acabe!
¿Qué es la "mona"? Alicante mismo que abres sus ventanas al verano. La ciudad que hace excursión.

Con anterioridad a la Semana Santa cada hogar ha sido escenario de los múltiples preparativos. La mamá ya ha pedido al papá el presupuesto de los múltiples preparativos. La mamá ya ha pedido al papá el presupuesto. vestidos livianos y de colorines para las chicas; pantalones y camisas para los chicos. Y alpargatas para todos. Falta por añadir el renglón comestible: conejos, pollos, conservas, huevos, patatas, tomates, etc.
Hace años -los tiempos cambian-, en los hogares donde predominaba el sexo débil, las cestas representaban un gasto mayor al de las casas integradas por varones. Era costumbre que las chicas aportaran la merienda. Ahora, impera el prorrateo o lo que popularmente se llama el "escote".
Elaboración de la mona de Pascua. Foto: Hermanos García.

Lo típico en estas tres jornadas es la "mona". Lo casero va dando paso a lo prefabricado; elaboración, sin complicaciones, ofrecida en los escaparates de los hornos y las pastelerías. Una razón de comodidad. En cambio, en un gran sector de familias subsiste todavía la costumbre de preparar las "monas" en casa. Recetas que constituyen un motivo de orgullo. Sabor, olor y presentación. En ello influía la levadura, y su reacción un tanto sincronizada, que siempre corría a cargo de la abuela. Y de la abuela -la tía Rosa, la "mare" Florentina, o doña Paca, etc.- hablaba la nieta a la hora de poner punto final a la merienda. ¿No fue el elogio a la "mona" el dintel de presentación del pretendiente?

Estas fechas tenían -y tienen- mucho de vínculo de relación. Los padres conocían a los novios de sus hijas. En todo, y con todo, andaba -y continúa andando- Cupido por medio. El muchacho, con gafitas, de la oficina de la esquina, ha sido invitado por tal o cual grupo. Entre las chicas, está la hija de don Florentino, del tercer piso. Han merendado juntos, y entre ellos existía ya un brote de simpatía.
Imágenes de las celebraciones de mona. Foto: Hermanos García.

La "mona" es campestre, aún cuando el confort la haya residenciado en patios azoteas o en las terrazas de algunos restaurantes. Lo auténtico es al aire libre, en los castillos de Santa Bárbara y San Fernando. Corretear y saltar a la comba. La entrada a los juegos infantiles, el baile en la planicie, y por música, los discos de una gramola. Al atardecer, el regreso a la ciudad. Y en la ciudad, baile en cualquier esquina, y el bullicio de la juventud en la Explanada. Y la preparación del "plan" para el día siguiente.
Los aburridos se refugian en los cines. Y también el cinematógrafo para los enamorados independientes. O indicado para un tercer día con los músculos cansados. Película y bocadillo

Así describía las estampas típicas de la tradición de la Mona el periodista Bernardo Capo para el Diario Información el 6 de Abril de 1958.

Sirva este recuerdo gastronómico, para abrir boca y que con el sabor recordado afloren los recuerdos de aquellos soleados días de excursiones al campo en cualquier monte o parque tranquilo de la provincia, a modo de anticipo del verano, donde años atrás, muchos cogieron de la mano a su primer amor, se escaparon por primera vez al campo con los amigos sin sus padres, o simplemente, pasaron días geniales de juegos y risas.


Fuentes:
Wikipedia
Comarca Rural
Diario Las Provincias
Diario Información 

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