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30 enero 2018

CONFERENCIA "EL BARRIO DE BENALÚA: HISTORIA DE ALICANTE"


El pasado martes, 23 de enero de 2018, Ernesto Martín Martínez realizó una conferencia en el teatro Arniches llamada "El barrio de Benalúa: Historia de Alicante". Gracias a nuestro amigo y colaborador Daniel Climent os podemos ofrecer (casi) íntegra la charla en dos vídeos a los que podéis acceder desde aquí mismo. ¡Esperamos que lo disfrutéis!



Imágenes de la conferencia:
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02 febrero 2017

ALICANTE VIVO EN ALACANTÍ TV (88): EL CIERRE DEL DIARIO 'LA VERDAD' (02/02/17)

Las tres últimas portadas de la edición alicantina de LA VERDAD


28 enero 2013

OBRAS SON AMORES (6): COM LES PALMERES DE JUNT AL MAR!


Pasear por la Explanada de España, al amparo de sus frondosas y altivas palmeras, se ha convertido en una de las costumbres más practicadas por los habitantes de esta tierra desde tiempos inmemoriales, y en uno de los anhelos más deseados de todos aquellos que vienen a visitarnos desde lejanos países allende los mares. Estas joyas exóticas del reino vegetal, compañeras inseparables de muchas localidades levantinas, adornan nuestros recuerdos y nuestras fotografías más personales como si de un miembro más de nuestra familia se tratase, escondiendo en su pasado, eso sí, un misterio que se remonta a los años más antiguos de nuestra historia. 

Como nos contaba el insigne alicantinista D. Jaime Pomares Bernad, si bien la palmera “es actualmente el árbol más representativo de Alicante”, lo cierto es que para nuestros ancestros era una especie totalmente desconocida o, al menos, de contemplación muy esporádica. Se habla que fueron los fenicios, con su gran poder comercial y aún más destacado bagaje cultural en toda la cuenca del Mar Mediterráneo, quienes la introdujeron en “la terreta” desde Oriente Próximo; otras hipótesis convertidas en leyenda, en cambio, apuntan al sanguinario imperio cartaginés, capitaneado en estos lares –según ciertas teorías no contrastadas- por Almícar Barca, como el máximo responsable de tal asunto, suponemos que por aquello de su “Akra Leuka” y nuestro “Promontorio Blanco”. 

Fuera quien fuese el responsable de aquello, y teniendo como segura la única y verdadera certeza “de que el impulso grandioso de su propagación se debe a los árabes que las plantaron por millares desarrollando su cultivo”, hasta el derribo de nuestras murallas a partir del año 1858, Alicante “estaba comprimida dentro de un cinturón de calles estrechas y empinadas, insalubres y sucias, sin ningún espacio libre”, en las que florecían especies vegetales y arbóreas de pequeño porte, tan diferentes entre sí como los álamos –negros y blancos-, chopos o pinos. Pero palmeras, lo que se dice “palmeras”…pocas o muy pocas. “En las calles y avenidas, el suelo era de peña, y los alcorques quedaban aprisionados entre bordillos de acera y adoquines”. Incluso la actual Explanada, “estaba formada por acarreos de cascotes y piedra de cantera”


 “Tuvo que ocurrir un hecho tan luctuoso como el fusilamiento de Pantaleón Boné y sus “Mártires de la Libertad un 8 de marzo de 1844” para que, aprovechando los terrenos liberados al desartillarse el Baluarte de San Carlos “y los que se iban ganando al mar con los materiales del derribo de las susodichas murallas”, se crease con frondosa y exuberante vegetación el paseo que hoy recibe el nombre de Explanada de España y antaño, solo, Malecón. Fue entonces cuando se pensó en engalanarlo “con el árbol que mejor crecía y resistía a los ambientes salinos y los temporales de Levante: la palmera. Palmeras que, como no, llegaron de nuestro vecina y querida localidad de Elche, donadas por el prócer y Alcalde de la localidad, D. Antonio Bernad Sánchez, y plantadas por el Ingeniero Agrónomo, también ilicitano, D. Mariano Llofriu Ibarra”. Silenciemos, pues, ridículas e infantiloides disputas entre vecinos que no vienen al caso. 

Poco a poco, la palmera “fue invadiendo Alicante; primero cambió sus especies la calle de San Vicente (popularmente conocida como “Carrer dels arbres”, por motivos obvios); después vistieron las avenidas de Gadea, Soto y Marvá, para terminar coronándose como la reina indiscutible de la Rambla, Alfonso el Sabio, Avenida de la Estación, Oscar Esplá y Aguilera”. Altas, longevas, limpias, majestuosas, de cultivo rentable… incluso acompañante de los juegos infantiles tradicionales, “cuando nos ejercitábamos con piedras para obtener dulces y baratos dátiles, caídos del cielo, y para correr delante del guardia civil de turno que pretendía acabar con lo que entonces se calificaba de intolerable conducta”. ¡Cómo han cambiado los tiempos, Señor!

El 3 de Marzo de 1933, siendo Alcalde D. Lorenzo Carbonell Santacruz, se elevó en el pleno del Ayuntamiento de Alicante una pregunta del Concejal socialista, D. Manuel González Ramos, para que el primer edil “explicara la razón de sustituir los tradicionales árboles de Alfonso el Sabio por palmeras”, ya que consideraba que los primeros eran más adecuados para la ciudad que las segundas. El Alcalde respondió entonces aquello de “Ya me darán la razón los vecinos cuando dentro de dos años haya desaparecido el insano polvo de sus calles, pues el árbol que produce más salud y más sanidad es la palmera. No tiene nidos, ni moscas, ni mosquitos, ni insecto alguno, y tamiza el suelo de tal forma que lo hace firme”. El bueno de “Llorenset” no sufría en sus carnes, sin duda, la plaga del esclarecido “picudo rojo” que tantos dolores de cabeza produce a nuestros gobernantes de un tiempo a esta parte. 

Por último, la tradición oral cuenta, no sabemos si con acierto o equivocación, que durante los tres años que duró la despiadada Guerra In-Civil, los alicantinos nos comportamos de forma noble y respetuosa no sólo con nuestras palmeras, sino con el resto de especies vegetales y arbóreas que poblaban nuestros circundantes montes. En tiempos de escasez de alimentos, dramas personales e imposibilidad de conseguir combustible alguno para sobrevivir, el civismo de los ciudadanos quedaba patente de una manera generalizada con el cuidado y respeto de nuestra masa forestal. “Pocas palmeras desaparecieron de nuestras calles, y escasos árboles de la frondosa ladera del Benacantil se talaron en aquellos luctuosos meses”, recuerdan algunos vecinos del Raval Roig, “a pesar de la urgente necesidad de la población para cocinar o calentarse”. Y aquellos salvajes y desaprensivos que actuaron sin escrúpulos en la zona del Tossal, fueron inmediatamente reprimidos por las autoridades a través de bandos municipales.

Parece que ya entonces, entre tantas vicisitudes y tragedias humanas, las palmeras eran benignas con nosotros..., y nosotros clementes con ellas. Una lección de respeto y amor propio la que todos deberíamos aprender siempre.

No somos nadie. 

JUAN JOSÉ AMORES

21 enero 2013

OBRAS SON AMORES (5): EL GRITO DE LA VIDA


El oficio de pregonero es antiguo y noble. Casi se podría afirmar, sin miedo a error, que es tan ancestral como el propio mundo. “Publicar y hacer notoria, a voz en cuello, alguna cosa de interés por las calles y mercados”, siempre fue una forma de comunicación más útil y rápida que aquella que se hacía a través de papeles, pues hasta no hace excesivos años –siempre hablando en tiempo histórico- no eran muchos los alicantinos que sabían leer y escribir. Si nos atacaba un enemigo o la municipalidad subía el precio de la harina, pongamos unos ejemplos, existía una urgente necesidad de contarlo al populacho; y aquello de “el señor Alcalde hace saber…”, gritado por las calles y recovecos de Alicante, corría de boca en boca mucho más rápido que un chismorreo de Dña. Antonia “la viuda”. 

No obstante, un día llegó la modernidad; y, con ella, la merma considerable del analfabetismo entre la población. ¡Deo Gratias! “Los pregoneros y vendedores dejaron de vocear, hurtándonos así un entrañable trajín urbano y humano”. Se seguía subiendo el precio de la harina, el agua, la luz o la leche –que les voy a contar- pero, a diferencia de antaño, la municipalidad ahora gritaba poco y hablaba quedo, casi en susurros, consciente quizá que no era de recibo asustar al pobre ciudadano que yacía todos los días agachado de espaldas y con los pantalones bajados. “El pregonero había quedado para vestir santos o, como mucho, para anunciar cucañas o celebraciones populares”. Ahí tenemos al rapsoda de las fiestas de Moros y Cristianos, Fogueres de Sant Joan, Navidad, Semana Santa, barrio o pedanía… y paren ustedes de contar.

D. Víctor Viñes Serrano, periodista veraz y narrador elocuente de “las cosas que fueron en nuestro Alicante”, nos acercó hace la friolera de 60 años la vieja estampa de los vendedores ambulantes, desaparecidos de tal forma de nuestra historia que ya ni la memoria de los más ancianos nos hacen cuenta de ellos. En su libro “Al pie del Benacantil”, quedó patente el soplo de fuerza y vida que exhalaron a esta aletargada ciudad… y así quedó para la eternidad aprisionado en sus ronzales, tarros y tinajas de gratos condumios.

 El pregonero según Gastón Castelló

El “slogan” de cada pregonero, obviamente, era único, personal e intransferible, quedando siempre prendido en el ambiente popular de antaño. Tanta fue su perdurabilidad, que los vendedores se relevaban unos a otros, “jalonando toda una serie de recuerdos engarzados en sus gritos y conjuntando una verdadera narración de nuestras costumbres y economía”.

Ese fue el caso de Juanita “La Pastillera”, muy popular en las noches verbeneras del estío, a principios del Siglo XX. Frecuentaba las terrazas de los cafés más selectos de la Explanada –Novelty, Suizo o Comercio- peripuesta, “con vistosas blusas de mangas de farol, amplios encajes en el escote y larga falda negra al gusto de la época”. Portaba una poco voluminosa cestita con golosinas, que unas veces le servían para su pequeño negocio callejero y otras para disimular contactos masculinos menos inocentes: “¡Caramelos! ¡Pastillas de café con leche… son de Logroño!” La rima fácil nos hace suponer cuáles eran esos contactos “menos inocentes”.

Del pintoresquismo de aquellos personajes también cabe recordar a “Don Pitocho”, atildado memorialista de nariz roja y mirada perdida que, entre adivinación y adivinación, ejercía la noble profesión de escribir cartas por encargo a las madres y criadas analfabetas que tenían algún familiar destinado en la Guerra de África, sobre una mugrienta mesilla instalada en la actual Plaza del Ayuntamiento. O aquella “Tía Chamela” de la Plaza de San Cristóbal, que expendía “pringosas confituras contenidas en oxidados botes de hojalata”.

Entre “Ajos de Villena”, “Bachoquetes de Santana” y “Arrop i tallaetes…mel de romer”, circulaban personajes y personajillos que poco o nada entregaron a la ciudad de Alicante más que su encanto y picaresca natural. El “Tío Curruco”, vendedor de golosinas con una conocida fachenda -“el tío de los currucos son de alta novedad, son los currucos de crema del submarino Peral”-, que era respondido con la misma tonadilla por el respetable –“al tío de los currucos, mala puñalá le den; ha puesto a mi niña enferma, con los currucos de ayer”-; o la vendedora de sangre de cordero, que tan buena está frita con cebolla, cuando antiguamente no existía Ministerio de Sanidad alguno capaz de impedir su dispensación pública. “¡Sangueta Calenteta…acabaeta de bollir!”, gritaba a voz en cuello en los atardeceres de verano, cesta en brazo atestada de blancos y limpísimos lienzos que guarnecían “los coágulos de la sangre de cordero, húmedos y esponjosos”.

Aquello sí era un manjar, pues “no había más “tapas” en los bares que las almendras tostadas y saladas, las gambas hervidas y los cangrejos enrojecidos capturados en nuestra costa”, que se expendían por vendedores ambulantes a las puertas del “Café de las Naciones”, “La Austríaca” o “El Chufero”.

Y así, acompañados desde el cálido abrigo de la cama por la voz rota y estridente del sereno –“¡Sereeeeeeeno, ¡qué hora es!”… “¡Las dos y media y lloviendo… Sereeeeeeno!”-, la del tapicero de sillas viejas -“¡Eeeeeeel cahirero!”, o la del vendedor nocturno de café, a diez céntimos el vaso  –“¡Quitoooo… Ponme un café deixos…!”, fueron pasando los años y las eras, hasta llegar, cosas del progreso, a un momento en que, por no acordarnos, ya ni nos suena “El Ciego Gostino”, tocado con mugrienta chistera, que entraba en nuestras casas al son de “¡Ave María Purísima!” -“¡Sin pecado concebida!”, respondido- para recitarnos por cinco o diez céntimos “la orasió del día”, a medio tono y con la vista clavada en el techo con estéril fijeza. 

Como dijo D. Víctor Viñes, “es una auténtica desgracia que todos estos momentos se perdieran”, como asimismo las costumbres y los chascarrillos del ayer. Quizá ahora seamos más listos –o no…-, y también más modernos; pero nadie me negará, llegado el caso, que sin tantas muestras de devoción del populacho alicantino, también somos un poco más huérfanos. 

JUAN JOSÉ AMORES

14 enero 2013

OBRAS SON AMORES (4): LA SOTANA Y LA PIQUETA


La palabra “arqueología” evoca hoy, cosas del cine y la narrativa, la idea de ciudades milenarias y ruinas olvidadas en lugares remotos, oscuros y atestados de telarañas y tibias enjironadas. El arqueólogo, por su parte, sería el intrépido aventurero de sombrero alado y barba descuidada, de tez morena y aviesa cicatriz en el rostro que, en ningún caso, osaría afear su porte esbelta, grecorromana; y allí él, portador de mochila y brújula, no dudaría en cruzar mares y ríos, montes y cuevas, con tal de descubrir un brillante tesoro oculto bajo la X de un ajado mapa que siempre, siempre, marca el lugar. 

Sueños juveniles aparte, la arqueología es mucho menos bucólica en el día a día de las ciudades; el héroe del celuloide ha dado paso a un sencillo aunque ilustrado ciudadano que excava y escarba los restos de un pasado que en Alicante, concretamente, dormita bajo nuestros pies. Aún así, si les sorprende la idea de un Indiana Jones levantino saltando las murallas del Castillo de Santa Bárbara, mientras el Guardia Civil de turno lo persigue revolver en mano… ¿no sería igual de sorprendente descubrir a un sacerdote, de los de amplia sotana y crucifijo en ristre, ejercitando tales menesteres? Pues en Alicante lo hubo…, y no hace de aquello tanto tiempo. Era cura, sí, y portaba sotana, claro. Y era muy, muy real. Se llamaba D. José Belda Domínguez. Simple y llanamente, el “Padre Belda”.

Así nos lo relataba nuestro ilustre y mentado D. Emilio Soler Pascual: "El día de la Primera Comunión es una fecha que difícilmente se olvida (...) Mi memoria, que se pierde indefectiblemente con el tiempo, queda fija en la foto en blanco y negro, pegada sobre un cartón decorado con purpurina para darle más valor, en la que se contempla un niño más o menos rubio, de unos 8 años de edad, arrodillado frente al sacerdote que le está dando la comunión. Yo, en aquellos momentos, no podía imaginar que algunos años después, bastantes, iba a tratar personalmente al sacerdote al que le había tocado estar presente en la fotografía: el Padre Belda". 


Curioso en ocasiones; extravagante, en otras; excesivo, quizá, siempre. De D. José se decía, en los ambientes cercanos al Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), que era un asiduo cliente del Bar Iglesias. “Miguel Iglesias, su propietario, le servía a su llegada un café con leche y unas gambitas”, cuentan los vecinos más ancianos de la zona. “El Padre Belda, sin dudar, las pelaba, las mojaba en tan suculento caldo, y se las comía complaciente”. Como vemos, lo de “personaje atípico” le venía, seguramente, como anillo al dedo, pues su sotana, siempre desgastada y mugrienta, delataba su labor en yermos parajes y angostos pedregales. “Durante la Guerra Civil fue un cura itinerante, sin parroquia propia”, afirman, “pues no era infrecuente verle un día oficiar misa en tal lugar, al siguiente bautizar neonatos en tal otro, y concluir con una extremaunción acullá”. Siempre, eso sí, con su aspecto enjuto y desaliñado.

Otro ilustre, en este caso el insigne Cronista Oficial de Xixona, D. Bernardo Garrigós Sirvent, nos acercó amablemente su biografía, no exenta de grandísimos hallazgos capaces de encumbrarle, sea cual fuere su idiosincrasia, en un pedestal de honor dentro de la arqueología de la provincia. D. José Belda había nacido en Bocairent –Valencia- el 11 de agosto de 1890. Fue en esta ciudad donde aprendió las primeras letras y despertó su vocación sacerdotal, que hizo efectiva en Abril de 1914. En 1922 fue trasladado a la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, de Penáguila. Allí comenzaría a recoger fósiles por el campo, llegando a conseguir una importante colección de carácter comarcal.

 “Poco a poco comenzó a realizar diferentes prospecciones arqueológicas por los alrededores de la villa: en 1926 descubrió su primer yacimiento, El Penyò del Comanador (…); en 1927 realizó excavaciones en La Foya de Cortés (…) y en 1928 prospectó el yacimiento ibérico de La Solaneta, en Xixona”. No pocas voces criticaron sus métodos poco ortodoxos –dinamita-, ni la desaparición de numerosas piezas; recordemos, sin embargo, que la arqueología de antaño distaba mucho de la actual.

 Adscrito en Alicante a la Iglesia de Santa María, fue D. Francisco Figueras Pacheco quien lo propuso como Director del recién inaugurado Museo Arqueológico de Alicante. Accedería a ese cargo en Septiembre de 1940, tras la enfermedad del anterior Director. “En su labor incrementó los fondos y encaminó todo su esfuerzo en crear un nuevo montaje expositivo”. El Padre Belda sentía verdadera pasión por excavar; en cambio, rehuía de las labores de despacho. “Se planteó entonces la excavación del Castillo de la Torre Grossa, de Xixona”, mientras la Corporación Provincial le abría un expediente por dejación de sus funciones. “A pesar de los múltiples intentos que se realizaron para que dimitiera, éste no lo hizo, interponiendo múltiples recursos ante el Ministerio por su disconformidad a que lo nombraran Director Honorario y le concedieran una pensión anual. Finalmente, la plaza fue otorgada por oposición a D. Enrique Llobregat.”

 D. José Belda moriría en 1969, en un hospital para sacerdotes de Quart de Poblet. Hoy, afortunada o desgraciadamente –decidan ustedes-, ya no quedan “Padres Beldas”. La arqueología ha pasado de ser una actividad amateur y elitista para convertirse en una ciencia sólo apta para grandes eruditos y aviesos profesionales: D. Lorenzo Abad, D. José Lafuente Vidal, D. Enrique Llobregat, D. Pablo Rosser…. Eminentes –y también- intrépidos arqueólogos que, piqueta y brocha en mano, han demostrado que ya no hacen falta cartuchos de dinamita para dar luz a un oscuro pasado alicantino, casi negro. 

Y si bien nunca desaparecerá el suelo bajo sus pies ni trampa maya los sepultará en un abismo sin fin cual película americana, lo cierto es que el terreno sigue siendo hoy inhóspito, aunque ahora sea a consecuencia de intereses urbanísticos, empresariales o políticos.


JUAN JOSÉ AMORES

07 enero 2013

OBRAS SON AMORES (3): LA BARCA DEL AKRA LEUKA


Fue D. Juan Mateo Box quien dijo que “las leyendas alicantinas son narraciones tejidas con algo de realidad y un mucho de poesía, trozos de una Historia que puede estar más o menos idealizada por la imaginación popular pero que, indudablemente, tiene en su origen una huella viva y real”. Amar las leyendas es amar también esas pequeñas narraciones populares nacidas en el corazón de la gente que tanto nos gustan en “Historias de la terreta”, y que se enquistan en el alma de la ciudad hasta el extremo de sobrevivir al rudo paso del tiempo… que ya es harto complicado en esta ingrata tierra.

La cuestión es que, dícese que se era, el Senado cartaginés mandó, siglos ha, al bravo –y sanguinario- General, Amílcar Barca, a la conquista de la Península Ibérica, “propiedad” entonces del imperio helénico e íbero. Esto ocurrió allá por el año 237 antes de Cristo, y la leyenda asegura que “Amílcar y sus dos hijos –Aníbal, de solo nueve años, y Asdrúbal- desembarcaron en la ciudad de Cádiz, exterminando de forma cruenta cuanto se le oponía al paso de sus legiones”. Todo sucumbió ante él y nada con vida quedó, excepto los despojos de sus enemigos, que incorporó como propios a su ejército en forma de esclavos mercenarios. “Primero se arrodilló Andalucía, después la región próxima a Mastiena –Murcia-, y por último pasó a cuchillo a la región de Gimneta –Alicante-, en donde borró del Mapa todo ese vestigio de cultura y comercio griego del que eran ricas nuestras costas”.

Esta hermosa -a la par que triste- leyenda convertida en Historia, o esta historia convertida en hermosa –a la par que triste- Leyenda, fue poéticamente escrita por D. Domingo Tafalla en su libro “El Lucentum Hispano Romano de Benalúa-Antigons”, y aún nos despierta en el rostro una curiosa mueca de sorpresa cuando imaginamos un Alicante helénico con dos únicas calles principales y una amplia carretera que, bordeando el promontorio –Tossal de Manises-, unía el puerto comercial con la Acrópolis erigida bajo la protección de la diosa Artemis. “En esta dulce nirvana, medida tan sólo por el metrónomo de las estaciones del año y el fino acompasar del reloj de arena, fueron pasando suaves las eras, como el manto airoso de lino que cubrían los cuerpos de aquellos hombres y mujeres. Pero un nefasto día, el viento trajo el rumor de los gritos, tambores y clarines de Amílcar Barca”.

 Con él llegaron los malos presagios… y las huestes cartaginesas entraron a sangre y fuego por nuestras playas. Nuestra “Leukon-Teijos” se defendió con valentía, pero las fuerzas militares apenas estaban preparadas para hacer frente a algún pequeño ataque íbero, en ningún caso para afrontar la embestida de miles de aguerridos soldados y centenares de bestias. “Las tropas atacaron el recinto amurallado con catapultas. Talaron los campos, incendiaron las viviendas y aniquilaron obstáculos”. Los elefantes embistieron sobre la masa humana, que pereció aplastada, degollada o violada. Aquella gloriosa ciudad, cuyos restos ensangrentados prendió fuego Amílcar Barca, solo había vivido en paz noventa y cinco años.

La leyenda asegura que el clima de esta tierra y su privilegiada situación topográfica, fueron clave para sus fines militares y sus ulteriores conquistas. “Akra Leuka”, la denominó Amílcar desde entonces. “Altura Luminosa” o “Promontorio Blanco”, en nuestra lengua. Él fue el primero, según cuentan los más ancianos, en fijarse en el Monte Benacantil en detrimento del Tossal de Manises. Y como antecesor del Castillo de Santa Bárbara, “situó en su cumbre, un yermo penacho enhiesto, un Cuartel General cual gigantesco nido de águilas, desde el que ver, primero, a sus muchos enemigos”.


 “¿Cómo acabó todo?”, se preguntarán ustedes. Cuentan que Amílcar, en su afán conquistador, se dirigió a la ciudad de “Helike” –Elche- a ponerle sitio. “Ordenó que la mayor parte de su ejército invernara en “Akra Leuka” con los elefantes”, y sólo se llevó a unos pocos hombres, entre ellos, sus hijos. Su confianza le costó la vida. El Caudillo Orisón no fue un rival fácil para él; Amílcar, en su huida a caballo, “se metió en un gran torrente de agua y sucumbió en la corriente”. La leyenda tuvo como epitafio su propia alabanza.

Pero… ¿que hay de veracidad en toda esta historia? Poco o nada, para ser sinceros, tal y como demostró el afamado arqueólogo D. Lorenzo Abad Casal. La hipótesis de que Alicante fuera “Akra Leuka”, a pesar de las siglas en su escudo, no tiene base argumental firme. Los yacimientos ibéricos de los que tenemos noticias en el término de Alicante son sólo eso: yacimientos ibéricos, y no necesitan adornarse con ropajes griegos o cartagineses. “Lo único que probaría una conquista púnica es en el aspecto blanquecino de la línea de costa original” –lo poco que queda de ella- , pero ni de eso se han localizado hallazgos arqueológicos contundentes. Tampoco está probado que “Helike” sea Elche; los datos son escasos y apoyar la aseveración en simples acercamientos fonéticos resulta poco serio. Por último, el indígena que lucha contra Amílcar “es el rey de los oretanos y no el rey Orisón, y el río en que muere el general cartaginés es identificado como el Ebro. Pero sea el propio Ebro, el Tader –Segura- o el Vinalopó, siempre se encontrarán argumentos a favor y en contra.”

Verdad o ficción –más lo segundo que lo primero-, si “Akra Leuka” se escapa de Alicante, también lo hace “Leukon Teijos” y Amílcar Barca con sus elefantes y sus bestias. Quedamos huérfanos de antepasados milenarios con nombres ilustres “y nos vemos reducidos a contar como tales a unos humildes iberos que, desde su pequeño promontorio en el Tossal de Manises, vieron pasar de lejos los ejércitos cartagineses. Y que, como mucho, asistieron a la llegada por mar de comerciantes griegos con los que, eso sí, comerciarían en ocasiones y mantendrían sus disputas y rencillas internas en otras, llegando en no pocas ocasiones a las armas”. Y eso es un poco triste…¿no creen?

No somos nadie.

JUAN JOSÉ AMORES

31 diciembre 2012

OBRAS SON AMORES (2). JORGE JUAN. UN MARINERO A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

 “Este eminente científico español del siglo XX”, dijo el gran historiador, escritor –y amigo personal-, D. Emilio Soler Pascual, “es al mismo tiempo (paradojas de la vida) una de las personalidades menos conocidas de nuestro reciente pasado”. Y si tal aseveración surge de la pluma de todo un maestro en Historia Moderna como él, motivo de más para acercar su figura y la de su tiempo a Alicante Vivo, ahora que se cumple el III Centenario de su nacimiento, ocurriera donde ocurriese –Novelda o Monforte-. “Pues el tiempo, único amigo fiel en temas del pasado, ha demostrado que el genial marino fue, ante todo y sobre todo, un gran provinciano de Alicante”


Querer conocer un poco –o mucho- la figura de D. Jorge Juan y Santacilia, Caballero de la Orden de Malta, Jefe de la Armada Española, Capitán de los Guardamarinas, Fundador del Real Observatorio Astronómico de San Fernando, Rector del Seminario Real de Nobles de Madrid, Constructor de Barcos, espía, escritor, etcétera, etcétera y etcétera, supone adentrarse en la fascinante obra del señor Soler, “Viajes de Jorge Juan y Santacilia”, texto completamente indispensable para vislumbrar el pasado –y presente- del más grande “ilustre” que ha dado esta tierra. Y si no nos creen, miren, miren….

Había nacido el 5 de enero de 1713 –ya ha llovido desde entonces- en la masía solariega del siglo XVII “Fondonet”, propiedad de su padre y situada en el término municipal de Novelda. “Otro asunto fue su bautizo, que tuvo lugar cuatro días después en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, en Monforte, entonces adscrita a Alicante (…), debido supuestamente a una fuerte riada en el Vinalopó que impidió a su familia acercarse a Novelda”. Independientemente de qué población quiso contar entre sus próceres a tan insigne científico, lo cierto es que su figura se convirtió en universal desde el mismo momento en que quedó huérfano de padre y pasó a la tutela de su tío, D. Cipriano Juan y Canicia, bailío de la Orden de San Juan.

 Tras cursar estudios elementales en el Colegio de los Jesuitas de Alicante, marchó a Zaragoza primero, en donde se graduó de Gramática y Humanidades, y a Malta después, ciudad en la que sería nombrado Caballero de dicha Orden y Comendador de Aliaga tras coronar con éxito cuatro campañas navales contra los piratas berberiscos. Tenía entonces 18 años, y “su barco ya había escoltado al futuro rey Carlos III desde Antibes a Liorna”. En su último servicio en el Mediterráneo, accidentado por una “epidemia de tifus que acabó con la vida de más de quinientos hombres”, Jorge Juan enfermó gravemente y tuvo que regresar a Cádiz para proseguir sus estudios en la Academia Naval. Fue allí donde, recuperado milagrosamente, conoció a D. Antonio de Ulloa, otro joven oficial con el que compartiría, sin saberlo, el viaje más emocionante de sus vidas.

 “Los llamaban 'Los Caballeros del Punto Fijo', pues siempre se hallaban ensimismados midiendo la forma y magnitud del globo terráqueo”. Ese fue su cometido y su gran viaje, un empeño personal del monarca Felipe V, que deseaba mandar una expedición al continente sudamericano para realizar tareas científicas. “Isaac Newton había deducido la hipótesis de que la Tierra no era una esfera perfecta sino achatada por los polos (...), pero los astrónomos franceses Piccard, La Hire y Cassini la rebatieron”. Felipe V, enterado que su homólogo galo, Luis XV, iba a mandar a un grupo de eminentes personalidades encabezadas por Louis Godin, Pièrre Bouger y Charles M. de la Condamine, para dilucidar ese entuerto, “hizo lo mismo con Jorge Juan y Antonio, dos jóvenes capaces de impedir que la gloria recayese en manos extranjeras”.

 Y lo consiguieron. “Su llegada causó estupor y risa entre los veteranos y renombrados miembros franceses, que veían en aquellos dos jóvenes españoles inexpertos el fracaso de toda la nación hispana”. Los cinco investigadores se dividieron en grupos y, tras nueve años de investigaciones entre las ciudades de Quito y Cuenca, en ocasiones con unos instrumentos antiguos o defectuosos que impedían medir con exactitud un grado de meridiano en el Ecuador, se llegó a la conclusión de que los resultados más precisos fueron los que obtuvieron Jorge Juan y Antonio de Ulloa, y que confirmaban la hipótesis de Newton sobre la forma de la Tierra.

 
Tumba de Jorge Juan

Aquello marcó indefectiblemente el resto de la trayectoria de nuestro marino, que fue ascendido a Capitán de Fragata y titulado como Miembro de la Real Academia de Ciencias. Tras eso, publicó varios libros sobre sus observaciones astronómicas, ganándose severos problemas con la Inquisición por admitir el sistema heliocéntrico copernicano y que hubieran acabado como el Rosario de la Aurora de no ser por el insistente apoyo del censor-jesuita D. Andrés Marcos.

 “Observador de los métodos de construcción de barcos extranjeros bajo el nombre clave de Mr. Josues” –lo que en nuestro pueblo siempre se ha llamado “espía”-, sus últimos años los pasó como Director del Observatorio Astronómico de San Fernando, centro aún hoy en activo “que se ocupa del control del tiempo cronológico de España por medio de avanzados relojes atómicos”.

 Enfermo de epilepsia y con dos cólicos biliosos graves, regresó a Madrid en 1773 tras pasar unos días de recuperación en el balneario de Busot de su Alicante natal. Allí entraría en coma y moriría el 21 de junio “víctima de un accidente alferético”. Su cuerpo, tras el triste adiós, viajaría por España más que el baúl de Concha Piquer, pues tras ser enterrado en dos ocasiones en la Iglesia de San Martín, sus restos fueron exhumados en la Guerra de la Independencia y almacenados temporalmente dos años en los sótanos del Ayuntamiento de Madrid. Por fin, un 2 de Mayo de 1860, serían trasladados al Panteón de los Marinos Ilustres de San Fernando, Cádiz, en donde continúan bajo la enseña: “Entregó al Señor su vida tras ennoblecerla con su piedad y buenas costumbres”.

Descanse en paz.

JUAN JOSÉ AMORES
 
Otros enlaces:

24 diciembre 2012

OBRAS SON AMORES (1): CÁNTICO A LA NAVIDAD


Un año más, la Nochebuena y la Navidad rondan nuestras puertas. Es ese tiempo, curioso donde los haya, en que los creyentes celebran con pasión el advenimiento de Jesús, mientras los no-creyentes festejan con ardor –nunca mejor dicho- el advenimiento de los turrones, mantecados y peladillas. Y aunque “a nadie le amarga un dulce”, si llama poderosamente la atención el febril ambiente costumbrista de fiesta que surge del y para el pueblo. El boticario –y Alcalde- de Alicante, D. Agatángelo Soler Llorca, ya se percató de ello a principios de la década de los sesenta; y tanto fue así que hubo de plasmar en su libro “Historias de la placeta de Sant Cristófol” –para gozo de propios y extraños- toda aquella “iluminación, ruido y trasiego de tantos seres humanos que obran, como si pensaran por un momento, que nada hay complicado en la vida si se tiene tiempo para reflexionar en algo que no sean las dificultades”.

Y es que, de repente, todo huele a abacería, confites, canela, pan tierno y turrón, elementos más que suficientes para que nuestras “caras se tornen bondadosas y alegres (...) Se olvidan los sinsabores, las penas, el mal humor y las úlceras de estómago”. Bueno... las úlceras de estómago, no. Incluso los niños “encuentran a las personas mayores menos ariscas, menos preocupadas y aún incluso, simpáticas”. ¡Qué ya es difícil! Sólo por ese pequeño viaje a nuestro pasado más popular, hemos decidido rememorar hoy junto a ustedes “la multitud de recuerdos de los tiempos que se fueron, de todas las Navidades del ayer, buenas y malas, que marcaron la infancia, juventud y madurez de nuestros padres y abuelos”. ¿Nos acompañan?

 Mercado de la Cascaruja (Foto del Archivo Municipal de Alicante)

El viaje comenzó para D. Agatángelo a las once de la noche de un día 24 de Diciembre cualquiera. Nochebuena. “De frío, nada. Frescoreta alacantina, en todo caso, que a tantos balda si los coge en descuido”. Atrás quedaba la copiosa cena familiar, de olores y sabores, finiquitada con viejos villancicos, zambombas y panderetas. Atrás quedaba también el recuerdo de los que ya no estaban, “como mi madrina, la tía Matilde”. Y nos damos cuenta que todos nosotros, usted y yo, amable lector, hemos tenido en alguna ocasión una tía Matilde en Nochebuena, “delgada, pequeña, fragilísima de salud, que estuvo en vida siempre muriéndose –según ella- y que acabó enterrando a todo Cristo: hermanos, hermanas, cuñados, cuñadas, sobrinos, sobrinas, familiares cercanos, familiares lejanos…”

Pero ahora era el momento de la Misa del Gallo, y entre canciones marchaba el gentío a las Iglesias de Alicante, en donde los sacerdotes “atienden a esos pecadores con aliento a vinos y aguardientes, a licores, sidra o champán”. La Concatedral de San Nicolás siempre fue muy solemne para todo esto: “Per omnis saecula saeculorum; paz domini sit semper bobis cum”. La Plaza del Abad Penalva estaba siempre repleta “de casi todos los tontos de Alicante, que por entonces eran tres o cuatro”. Ahí se veía a “El Chache”, con su guardapolvo amarillento, vendiendo flores y molinillos de papel; a “Pahuet”, desgarbado, contrahecho y estrafalario, bailando al son de un “tam-tam” de madera; a “Chelín” y su bigotuda esposa, “oliendo ambos a pescado y gato”; y, como no, al “Negre Lloma”, mirando con esos grandes ojos que casi se le salían de las órbitas. “La gente le tiraba monedas y él no las cogía por no agacharse, aunque las necesitara”. Desde luego, Alicante siempre fue una ciudad diferente en todo.

Al día siguiente, la Navidad traía las “estrenas”, también llamadas “aguinaldos”. Los niños iban a ver “a sus parientes, que les daban duros de plata y piezas de dos y una peseta; también moneditas de dos reales”. La tradición del “aguinaldo” sobrevive en la actualidad a malas penas –demos gracias a la Feria de Navidad por ello-, pero en aquellos años “se mantenía por la finura y educación de los carteros, faroleros, barrenderos, basureros, vigilantes, recaderos, butaneros y lavacoches”. ¡Ahí es nada!

En el menú de la sobremesa siempre había un invitado de excepción: “el puchero en tarongetes”, con pavo, jarrete de vaca, huesos de caña, pie de puerco y codillo, blanquitos y morcillas de cebolla. “Y para el picadillo, magro y ternera, con raspadura de limón y ajo, amasado en la sangre del pavo, con pan rallado, piñones y yemas, bien sazonado todo ello con sal, pimienta, nuez moscada y perejil”. ¡Menudas pelotas!, con perdón, del tamaño de “tarongetes”. “Te deum” a gran orquesta. Eso sí… había que hacerlo grande, ¡muy grande!, pues nos tenía que durar 365 días, luna arriba, luna abajo.

 Feria de Navidad (Foto del Archivo Municipal de Alicante)

Por la tarde, mientras los mayores hablaban de sus cosas –los hombres de unas, y las mujeres de otras-, era el turno de “los caballitos”. La Feria recibía ese nombre “por la cantidad de tíovivos que se instalaban movidos por un asno, caballejo o abuelo con espardenya, y que sonaban mitad a manubrio cascabelero, mitad a cajita de música averiada (…) Se podía entrar a misteriosos barracones para ver a la mujer barbuda, a los enanos trepadores, al encantador de serpientes y a las motos de la muerte”. Incluso si la comida familiar no había sido del todo saciante, allí había churros, patatíbiris, manzanas glaseadas, tramusos y quisquillas saladas, llenas de polvo y con olor a urinario. Todo transcurría en la Plaza de Séneca, antaño yerma, terrosa y desangelada, y ahora igualmente yerma, terrosa y desangelada. ¡Carajo… hay cosas por las que parece que no pasa el tiempo!

Rememorar nuestras Navidades pasadas, como aquel personaje siniestro y avaro de Charles Dickens, nos obliga también a visitar el “Mercado de la Cascaruxa”, instalado en la Plaza del Ayuntamiento –conocida popularmente como “Plaza de los Porches”-. Allí, los vendedores de “golosinas, turrones, torraos, cacahuetes salados, figues en cofí, orejones y pasas, ofrecían su manduca”, que había de portar en bolsas de tela similares a fundas de almohada porque aquello del “plástico” aún estaba por venir. O recordar la Lotería de Navidad, que como no había ni televisión ni casi radio, se seguía la lista de los premios “por medio de grandes pizarrones de la Rambla, al lado de los Maristas (…) Un gran gentío provisto de libretas apuntaba los números que aparecían en blanco, sobre las negras tablas”. Pues, como dijo nuestro desaparecido Alcalde y boticario, “si hay algo que resiste al paso de los años, es la vana ilusión navideña de una suerte con nombre de riqueza que siempre nos resulta cochina”.
Nos marchamos ya sin dilación, pues bastante les hemos molestado en un día tan señalado como hoy. Sin embargo, no quisiéramos despedirnos sin desearles antes –con permiso de esta maldita crisis-, unas felices fiestas, las vivan como las vivan, pues al final, digan lo que digan, no hay más dicha y alegría que el disfrute personal de cada uno. No somos nadie. 


JUAN JOSÉ AMORES

27 julio 2010

BERENGUER DE PUIGMOLTÓ: ALCAID D'ALACANT

Aquest article està orientat a divulgar i descobrir el nostre passat, i enfront d’aventures com la d’enaltir figures de curta vida històrica i alienes a la nostra cultura, com és el cas de Nicolas Peris, vull recordar aquells que realment tingueren un record important per la nostra història, van dirigir el nostre passat i deixaren empenta. Una d’aquestes figures és el cavaller Berenguer de Puigmoltó, que fou alcaid del castell d’Alacant i d’altres durant un període de temps considerable.
           
Recomane en primer lloc l’article de Pedro C. Picatoste Navarro, del departament d’història medieval, historia moderna y ciències y tècniques historiogràfiques de la Universitat d’Alacant: EL CABALLERO BERENGUER DE PUIGMOLTÓ, GUERRERO Y FUNCIONARIO AL SERVICIO DE JAIME II, un treball realitzat dins del projecte “La bailía general del Reino de Valencia en la época toral medieval» de l’àrea d’Història Medieval de la Universitat de Alicante, i que podeu trobar a aquesta adreça:
        

Tan sols vull fer esment d’aquelles parts que considere importants en referència a recuperar la figura de l’oblit al que s’ha sotmès per part de la societat alacantina i dels seus dirigents al llarg del temps. L’autor, Picatoste Navarro, defineix al seu article qui és aquest cavaller/guerrer que acompanyava el rei Jaume II en la campanya de l’antic regne de Múrcia “Personatge que rere la conquesta s’estableix en estes contrades, assolint un paper important en el desenvolupament històric posterior d’aquesta zona incorporada a la corona d’Aragó”.
            
I més avant explica “A les distintes lluites que porten a termini els grans senyors medievals, els cavallers proporcionen un cos d’elit que, a més a més de guerrers, formen un grup d’oficials als quals es poden confiar importants responsabilitats com els castells o la protecció de les terres o propietats conquerides. Jaume II posa en pràctica aquesta teoria amb el cavaller Berenguer de Puigmoltó”.

A tall biogràfic de Puigmoltó faré esment d’aquelles fites que considere importants deixant la lectura de l’article de Picatoste Navarro com eina indispensable per conèixer d’aprop aquest cavaller medieval.
          
1296. Una vegada presa la fortalesa d’Alacant per Jaume II, resta Berenguer de Puigmoltó en qualitat de justícia d’Alacant.
       
1296. Puigmoltó intenta millorar l’estat general de la vila i obté del monarca català, prèvia sol.licitud, la creació d’una fira anual durant tot el mes d’agost.
           
1298. Puigmoltó es recompensat pels seus serveis, amb una nova concessió reial, se li concedeix l’Alcàsser de la vila d’Elx. De la mateixa manera el rei li concedeix la batllia de la torre de la Calahorra d’Elx. Malgrat que aquesta concessió no es duu a termini i la fortalesa no canvia de mans.
             
1301. Como a persona de confiança i al servei del rei continua rebent oficis d’administració i govern. Aquest any se li anomena encarregat de l’economia i recaptació de rendes i tributs d’un districte d’Elx.
             
1302. Jaume II ordena a Bernat de Sarrià, procurador del regne de Múrcia, que encarregue a Berenguer de Puigmoltó la batllia del castell d’Oriola, plaça que ocuparà finalment en 1305.
         
1302 Trobem a Berenguer de Puigmoltó com funcionari, assignat a l’ofici de lloctinent del Procurador del regne de Múrcia.
        
1305 Berenguer de Puigmoltó fou anomenat Lloctinent del procurador de les terres dellà Xexona. Veiem un Berenguer de Puigmoltó més funcionari i polític que soldat, però sense oblidar aquesta funció.
          
1307. Deixa el càrrec de lloctinent i en 1308 Berenguer de Puigmoltó trasllada les seues activitats a Elx.
         
1311. Es anomenat en document reial procurador interí dellà Sexona.
          
1320. Jaume II anomena alcaid del castell d’Alacant a Berenguer de Puigmoltó amb caràcter vitalici, rebent els drets habituals del càrrec.
            
Per no rebassar el límit de resum d’aquest article, conclouré en esmentar que deu anys més tard, es troba la darrera referència documental de Berenguer de Puigmoltó al llibre antic de beneficis de la parroquial església de Santa Maria d’Alacant, on apareix una de las clàusules del testament de Berenguer de Puigmoltó per la qual disposa que s’edifique una capella. Com diu l’autor, veiem com en trenta-quatre anys d’estada del cavaller en terres alacantines ha assolit un important patrimoni que denota el seu poder polític i econòmic i la seua rellevància en la configuració del nostre passat.

Miquel Àngel Martinez

24 abril 2010

ALACANT I ALFONS EL SAVI

Acontinuació ús presente l’article íntegre que l’arqueòleg i amic Rafael Azuar Ruiz, publicà para el llibre de festes de moros i cristians de San Blas d’Alacant l’any 2001 del qual tan sols m’he permès traduir-lo a la nostra llengua. Al meu parer l’article desvetlla una més de les elucubracions de la historiografia pan-castellana a la que foren tan avesats els historiadors locals i que traïen l’esperit del nostre regne, enaltint el que fou una conquesta curta i militar, com fou la castellana, i oblidant premeditadament la catalana que des del 1296 fins 1707 ens donà lleis, furs, reis i llengua.

Miquel Àngel Martinez

El 6 de desembre de 1247, Alfons X el Savi conquerí Alacant?
La Federació Alacantina de Moros i Cristians organitzà el passat pont de la Constitució la festa de moros i cristians de la ciuta d’Alacant, en la que participaren diverses filades i comparses dels diferents barris de la ciutat, tenint una participació destacada les nostres de San Blas.
     
Aquesta festa ve a reprendre una iniciativa de l’ajuntament i de molts festers desitjosos que algun dia s’instituïsca i normalitze una celebració integradora de totes les comparses de moros i cristians de la ciutat. Festa que poguera celebrar-s’hi entre els dies 4 i 6 de desembre de cada any, commemorant, segons conta la tradició, la conquesta musulmana d’Alacant per les tropes del monarca castellà Alfons X el Savi. Dic “tradició” perquè no existeix document algú que prové que la ciutat fora arrabassada als musulmans els dies 4 o 6 de desembre de l’any 1247. Aleshores es preguntaran, d’on prové que cada 4 de desembre de l’any se celebre a la ciutat i per la corporació municipal un acte al castell de Santa Bàrbara en record de la conquesta de la nostra ciutat pels cristians?
      
L’origen d’aquesta tradició hi ha que cercar-lo en el segle XIX i es deu a la ploma d’un dels nostres més il.lustres cronistes. Ens referim a D. Rafael Viravens i Pastor, que fou Arxiver Municipal i Cronista de l’Excel.lentíssim Ajuntament d’Alacant des de 1875. Un any després, en 1876, publicava la seua obra més coneguda i fonamental per conèixer la història de la nostra ciutat; ens referim ala “Crónica de la Muy Ilustre y Siempre Fidel Ciudad de Alicante”. Obra voluminosa i molt documentada, gràcies a la seua condició d’arxiver municipal que li possibilitava l’accés als privilegis i documents oficials conservats als prestatges des del mateix segle XIII i alguns d’ells escrits pocs anys després de la conquesta castellana de la ciutat. A la pàgina 25 diu el següent: “D. Alfonso, que en el año1246 se había casado con la Infanta doña Violante, hija del Rey D. Jaime el Conquistador, I de Aragón, volvió a esta plaza, y el día 6 de diciembre de 1247 lanzó definitivamente de ella a todos los moros, sin dejarles un solo barrio; pobló la villa de Cristianos viejos, entre los cuales había sacerdotes, caballeros y gentes honradas, a quienes en nombre del Rey su padre, les dio heredades y otras franquicias, mandando purificar la mezquita que los árabes tenían fuera de la población y hacer en el edificio algunas obras de ensanche; y como su gloriosa conquista tuvo efecto el día de san Nicolás de Bari, consagró el templo a este santo Pontífice de Mira, aclamándolo patrón de la Villa”.
      
Com ja demostrà el professor e historiador J. Manuel Del Estal en el seu llibre “Conquista y anexión de las tierras de Alicante, Elche, Orihuela y Guardamar al Reino de València por Jaime II de Aragón (1296-1308)”, publicat en Alacant en 1982, no existeix cap document ni cap crònica que esmente amb tal exactitud que el dia 6 de desembre de 1247 es conqueria la ciutat d’Alacant. A sobre, sabem que l’últim governador musulmà fou Zayyan Ibn Mardanish, concretament darrer senyor de la ciutat de València què, una vegada pactada la seua rendició el 1238 amb Jaume I, passà a ser governador de Múrcia, abandonant el càrrec l’any 1241 i passant a ser el “Ra’is” o senyor de la ciutat o districte d’Alacant fins el 1247. Any en el qual, segons el cronista àrab Ibn Jaldun, abandonà Alacant per a retirar-se a la ciutat de Tunis sota la protecció del Sultà Abu Zkariyya.
     
De tots aquest fets i d’aquells darrers anys de domini islàmic de la ciutat, escassament sabem allò descrit: vagues notícies d’uns anys i uns esdeveniments que constitueixen encara una de les més importants llacunes de la nostra història: com, quan i de quina manera l’Infant Alfons el Savi conquerí Alacant. Tal vegada, la millor manera de celebrar aquest misteriós succés històric siga el d’omplir els nostres carrers i places de la música de dolçaines i tabalets, d’eixe olor a pólvora què, de forma secular i incruenta, recorden aquells anys de guerra i conquesta entre moros i cristians.
Rafael Azuar Ruiz

   
Miquel Àngel Martinez

02 agosto 2009

LA SEMANA TRAGICA EN LA PROVINCIA DE ALICANTE

 
            
La tensión se respiraba en muchas ciudades alicantinas la mañana del domingo 25 de julio de 1909 .
La gente formaba corros a las puertas de las casas, leyendo y comentando las noticias en grupo conforme salían las ediciones matutinas o vespertinas de los diarios, o al llegar por correo. En los locales de las sociedades obreras, en los casinos y en los cafés se sucedían las conversaciones en torno a los actos públicos convocados contra la guerra, los cuales habían sido organizados para aquella misma tarde en buena parte de las ciudades de la provincia, aunque fueron prohibidos sistematicamente por las autoridades locales siguiendo directrices gubernativas específicamente emitidas días atrás.
                
En Alcoy, la solicitud de manifestación instada oficialmente por socialistas y republicanos había sido también denegada, lo que llevó a la publicación de un manifiesto en el diario La Fraternidad, denunciando la usurpación constitucional y anunciando que la convocatoria se mantenía, secundada ahora por casi todas las sociedades obreras y aclamada por la población. 
                                
La alarma corría por las calles de la ciudad del Serpis. Los obreros estaban decididos a actuar, mientras las fuerzas de orden público se acuartelaban en la comandancia del Regimiento Vizcaya, cuyo destacamento se encontraba en servicios mínimos por estar numerosos soldados de permiso veraniego.
A media tarde, se inició una manifestación multitudinaria hacia la parte alta de la ciudad, recorriendo las calles de la villa. Al llegar a las principales plazas se detenía la marcha, pronunciándose encendidos discursos extensamente aplaudidos.
                
Ciudad de Barcelona durante la Semana Trágica. Fotografía de El País
                                         
No tardó en presentarse la guardia civil a caballo, que inmediatamente dió comienzo a su característico ritual de intimidación; pero frente a los toques de atención, la multitud desafiante profería gritos y amenazas. A pesar de la tensión alcanzada, no es probable que se llegara a producir un enfrentamiento abierto en este momento, dado que al parecer algunos representantes de los manifestantes y el alcalde, acordaron que al retirarse las tropas la concentración se disolviera.
                 
A continuación, y mientras muchos aún definían posiciones en plazas y cafés, se organizó por un lado, una manifestación de miembros de las sociedades obreras encabezada por la La Unión del Arte Fabril en la que se lanzaron consignas anticlericales y antimilitaristas y se llamó a la huelga general. Por otro, obreras, madres y niños que recorrieron la población, clamando contra la guerra y demandando de puerta en puerta la solidaridad con las familias de los reservistas.
                
Seguramente esa noche se cortó el fluido eléctrico dejando a oscuras la ciudad, brillaron las antorchas en las calles y quizás se escuchara algún petardo o se rompieran cristales de algún edificio, pero parece que no pasó de ahí.
              
De nuevo se reprodujeron los hechos la tarde del lunes, alimentados por las noticias que recortadas llegaban sobre el levantamiento iniciado ese día en Barcelona, y las que goteaban relacionadas con los heridos de Melilla. La llamada a la huelga general del día anterior había sido secundada; y además esa misma tarde fue conocido oficialmente, el nombre de los tres reservistas locales que debían embarcar para Africa al día siguiente.
             
Aquella noche sí fue larga.
               
Se sucedieron persecuciones entre grupos de manifestantes organizados y fuerzas de seguridad, pero sin que al parecer se produjeran heridos. Probablemente fue aquella misma noche, cuando se asaltaron y destruyeron los registros administrativos relacionados con el cobro de impuesto sobre consumos, y cuando de madrugada el alcalde resigna su autoridad civil en la militar, que imediatamente declara el estado de guerra en la ciudad.
             
El martes amanecen piedras bloqueando las vías ferroviarias a la entrada del tunel de Cocentaina, se asalta el coche-correo y en las inmediaciones de la Estación de Alcoy se congregan varios miles de personas encabezadas por mujeres y niños para protestar por la marcha de los reservistas y llegado el momento, con el apoyo del resto de la población, tratar de impedir el embarque de los soldados en los trenes.                 
                       
                                       
La presión popular consiguió sobrepasar el escaso cerco policial y lograron que dos de los tres reservistas locales, se unieran a ellos entre la aclamación generalizada. Las fuerzas de seguridad se reorganizaron y ante la negativa de las masas a disolverse, el lanzamiento de piedras y algúna bala perdida, respondieron a la vieja usanza. Sucesivas cargas de caballería y andanadas por toda la zona, dejaron un balance de, al menos, tres muertos y decenas de heridos.

El estado de excepción se impone al resto del día con las fuerzas de seguridad situadas en los puntos claves de la población; boca calles, edificios militares y casas consistoriales. Comienzan a sucederse las numerosas detenciones que se prolongarán durante los días siguientes, así como el registro, destrucción y clausura de varios centros obreros. Además se procede a la suspensión de las editoriales a ellos vinculados.
                 
La mañana del miércoles 28 se percibía una calma tensa en la población.
                  
La huelga es secundada mayoritariamente en ese punto, siendo coordinada por las comisiones de obreros que se movían de un lugar a otro, pidiendo solidaridad allí dónde se comenzaba a trabajar a primera hora e intentando su propagación a poblaciones vecinas (Cocentaina y Bocairente).
                   
Los industriales y gente de bién ante el cariz de los acontecimientos comienzan a abandonar la ciudad.
                       
Los obreros se juntan en gran número en la partida rural del Molinar, y esa misma tarde se acuerda una reunión entre la autoridad militar de la plaza, las fuerzas vivas y los representantes de alguna sociedad obrera, pero no se consigue llegar a ningún acuerdo. Ni se pone en libertad a los detenidos, ni los obreros abandonan la huelga que hasta el viernes 30, será secundada en la mayoría de talleres y fábricas .
            
Una vez las noticias sobre los graves sucesos de Alcoy se iban confirmando, las redes obreras de la provincia se organizan.
              
En las ciudades del interior, ese fin de semana corren rumores que en Alicante se estaban produciendo altercados, protagonizados por algunos obreros que se habían declarado en huelga; y a su vez, tras un mitin en la propia Alicante, llega la noticia que en la vecina Elche se había declarado el Paro General, lo que llevó a muchos a desplazarse hasta allí, unas montadas y otras a pie. 
                  
                      
El paro del 2 de agosto declarado por los alpargateros ilicitanos fue mantenido hasta el día 4, lo que da indicios de cierto seguimiento; pero la manifestación convocada no se llegó a realizar, probablemente ante el refuerzo de la presencia policial en las calles con guardia civil desplazada al municipio desde la capital. Si a ello añadimos las detenciones de varios dirigentes socialistas, la clausura del círculo obrero que llegó a permanecer cincuenta y cinco días cerrado, y que se publiquen noticias al respecto, cuyo encabezamiento marca entre parénteis por correo, podría indicarnos que tambien allí se dio algún tipo de alteración puntual del orden.

La situación es parecida al menos también en Alcoy, dónde la convocatoria paralela es finalmente desactivada por la detención generalizada de obreros y por la presencia de numerosos retenes policiales a la entrada de las fábricas, que no comenzarían a retirarse hasta el día siguiente.
           
A partir de aquí, comienza a actuar la maquinaría de represión estatal, ya a pleno rendimiento después de coger ritmo durante unos días. Una vez reprimidos los revoltosos, había ahora que anular la capacidad de la prensa de avivar el conflicto en las calles.
          
La censura se va adueñando de los canales de comunicación y cesa el flujo de noticias sediciosas sobre Alcoy. La narración secuencial de los hechos se dificulta. Ya solo hay una fuente, la versión oficial, y cualquier opinión que cuestione este punto de vista será denunciada y perseguida, lo que conlleva numerosos procesamientos y multas a la prensa de la provincia.
           
Ya el día 26 se había impuesto el control editorial, de facto y con carácter previo a la suspensión de garantías constitucionales, estableciendo la prohibición de hablar de huelgas, dar información sobre idas o venidas de tropas o cualquiera otra que contraviniera a la correspondencia oficial. Cuando esto fue burlado, condujo a la detención y encarcelamiento de varios periodistas.          
                
Fotografía del Diario ABC
             
Es obligado mencionar el caso de Juan Botella, detenido en Alicante el día 28 por haber publicado un manifiesto a favor de la protesta de Alcoy en su periódico La Fraternidad. Fue condenado a muerte con el cargo de sedición, del cual no sería finalmente indultado y liberado hasta el 15 de noviembre. Entre otros de los que se tenga constancia documental, está también la de otro periodista detenido en San Vicente.
           
Esta situación de permanente acoso institucional a la prensa será denunciada desde los primeros momentos, aunque de una forma bastante genérica, ...En todas partes se oyen los mismos lamentos, los mismos ayes de dolor. No sabemos nada o casi nada; el gobierno, con su extremada censura, amordaza la prensa...; llegando a articularse porteriormente bajo la cobertura de la Asociación de Prensa
            
Paralela a la consolidación de la represión estatal, se aprecia la activación de una reacción social que intenta canalizar los sentimientos patrióticos y pro-belicistas frente a las movilizaciones obreras y populares, la cual estará abanderada por la prensa ultraconservadora de la provincia.
                            
...descomposición social y política (que) amenaza hoy con dar al traste y derrumbar la vieja máquina de su constitución nacional, podrida en sus cimientos por el orín del ateismo, del antipatriotismo, del anarquismo, del socialismo y de otra porción de ismos que se resumen en uno sólo, bastante para derribar por si sólo las más altas empresas y los más generosos ideales de la infeliz y flaca humanidad: el satanismo... , La Voz de Alicante 31-07-1909.
          
 
  
  
 
"La Voz de Alicante", de fecha 31 de julio de 1909. 
                     
Como blanco perfecto de la campaña por la Buena prensa, Francisco Ferrer, exponente de lo que frecuentemente era calificado como el trust de los medios editoriales de la oposición. 
               
Este movimiento revolucionario que se ha iniciado en Cataluña, es el fruto que recogen los gobiernos liberales de esa libertad nefasta de imprenta en mal hora consentida; de esa libertad de asociación torpemente tolerada, de esa pasividad de ciertas autoridades ante la extensa propaganda que viene realizándose hace tiempo por parte de los socialistas y acratas. Por eso salen a la calle los bárbaros de Lerroux y encarándose con el gobierno piden su muerte; aquellos polvos traen estos lodos. Por eso salen armados a la vía pública los discípulos de Morrals y Ferrer, y sacan las últimas consecuencias de una enseñanza atea y revolucionaria que los gobernantes han tenido a bien consentir..., La Defensa Alcoy 30-07-1909.
                                          
Formando parte de esta reacción, existen también referencias a manifestaciones públicas de apoyo entusiasta a las tropas cuando estas eran embarcadas en tren como en el caso de San Vicente; o ya tras los acontecimientos de Elche, la adhesión de la corporación municipal de Crevillente a la actuación del gobierno. Incluso encontramos menciones a manifestaciones espontáneas y solemnes en defensa de los valores nacionales, como sucedió en el caso de Villajoyosa
               
También es el caso de la proliferación institucionalizada de caritativos grupos de mujeres (Juntas de Damas) generalmente de clase media-alta, que recaudando fondos para los militares y heridos, organizando soporíferos actos benéficos o acudiendo compungidas a repartir calderilla, tabaco y estampitas a los soldados que marchaban para Melilla, no buscaban otra cosa que deslegitimar el papel consustancial de las mujeres y obreras tanto en las revueltas como en las tareas asistenciales que emprendían.
                
Apunte específico reclama la presencia activa de grupos carlistas, cuyos núcleos principales estaban en Elche, Orihuela o en Novelda. Fue en este último lugar donde se había celebrado, ya el 21 de julio, uno de los actos públicos más importantes de los que se repetirán en otros puntos de la provincia a raíz de la muerte de Carlos de borbón .
             
A partir de ese momento, los niveles de tensión se van rebajando paulatinamente a lo largo del mes de agosto, en parte por la contraofensiva conservadora organizada frente a la iniciativa levantisca y revolucionaria.
           
Pero las cosas no quedaron ahí, ni mucho menos
                         
Ante la imposibilidad de manifestaciones críticias en torno a la naturaleza del conflicto, comienzan a producirse un abanico de acontecimientos que nos hablan de ciertas pautas de sociabilidad presentes en aquellos momentos, nos hablan del grado de intensidad con que se vivió el posicionamiento frente al conflicto a pie de calle; sobre todo de aquellos que veían censurado su punto de vista al respecto y que intervinieron en actitud de protesta o de condescendencia.
                     
Fue relativamente frecuente por ejemplo, hacer ondear a media asta la bandera en la sede de algunos círculos republicanos o en la mayoría de los centros obreros mientras permanecieron abiertos; o incluso colgar crespones negros en balcones de algunas viviendas conforme se confirmaba la gravedad de los hechos .
               
En el mismo sentido, recordemos que nos encontramos en pleno verano, cuando en las calles de la mayoría de los municipios alicantinos se celebran las fiestas patronales y de barrio, que en algunos casos verían alterada su programación por la aparición de tensiones sociopolíticas encuadrables en el desarrollo general de los acontecimientos.
              
 
  
  
"La Defensa de Alcoy", de fecha 30 de julio de 1909
                  
Estos se pueden interpretar como indicadores indirectos de cierta presión social, firme unas veces para impedir la celebración de cualquier tipo de actos lúdicos o religiosos y otras para consolidar valores probelicistas y respaldar las decisiones gubernamentales a través de ellos.
                  
Entre los primeros podríamos nombrar el caso de la propia Alicante, dónde llegaron a suspenderse varías corridas de toros, las fiestas del barrio Nuevo o las verbenas de la Explanada y el parque de Canalejas. Esto se repite en otro lugares de la provincia como en Santa Pola, Aspe, Elche o en Monóvar .
                     
En sentido contrario, allí donde los festejos no sufrieron alteraciones programáticas significativas, se aprecia que pudieron llegar a utilizarse a modo de válvula de descompresión institucional, sirviendo de apoyo a campañas de fomento de valores cohesionadores, bajo la forma de la asistencia a los reservistas locales y a sus familias, como parece ser que sucedió en Orihuela, Crevillente, Castalla o Elda.
                  
Pero el caso más revelante es el de Villena.
                 
Recordemos que tras los altercados callejeros por la detención del militante socialista que colgó crespones negros en señal de duelo, la corporación municipal en pleno extraordinario, no sólo suspendió los conciertos que se venían celebrando en esos momentos, sino que por aclamación popular toma la decisión de anular las fiestas patronales previstas para septiembre.  
      
Llegado el momento del comienzo de las fiestas y dado que a lo largo del mes de agosto los niveles de conflictividad parecían haber decaído bastante, algunos miembros de la corporación se empeñaron en retomar la celebración de algunos de los actos que habían sido anulados, con el argumento del beneficio que ello comportaría para la economía y la fe de los villenenses, es decir, como parte de un programa festivo de mínimos religiosos ineludible
   
El domingo 5 de septiembre, en contra de la opinión de una buena parte del pueblo, se decidió pasear a la virgen desde la ermita provocando la reacción popular que desemboca en el posterior sabotaje de la procesión de la patrona. Amotinamiento probablemente encabezado por algunas sociedades obreras, e incluso respaldado por los concejales municipales que habían manifestado su oposición pública a la celebración de actos festivos.
              
La procesión ...formando comitiva el alcalde, algunos concejales, la banda de música, clero y demás..., tuvo que ser suspendida a la entrada del pueblo por la lluvia de piedras y garrotazos que cayó sobre los que la encabezaban, ...poniendo en fuga precipitada a los que la componían... 

                                     
Problablemente los altercados se prolongaron durante algún día más aunque sin volver a reproducirse los altercados, y sin que haya datos sobre víctimas más allá de las políticas. Esto se desprende del baile provisional de gobernadores civiles que provocó y del desplazamiento de fuerzas de la Guardia Civil desde Alicante para poner orden, realizar algunas detenciones y asegurar la realización de las fiestas.
                 
Pero el hecho que coincidieran los acontecimientos de Villena, el enjuiciamiento de Ferrer por la vía militar y el cierre de escuelas laicas también en esos mismos días, sin duda volvió a elevar los niveles de tensión .
          
Por ejemplo esto es apreciable a través de la controversia periodística del momento en torno a la figura del pedagogo racionalista, actúa como reflejo del trasfondo ético y social existente, escenario de representaciones sociales antagónicas, polos contrapuestos de la estrategia de desarrollo y modernización social: Educación o Guerra .

...Se han presupuestado en diferentes ocasiones, enormes cantidades para edificios del ramo de Guerra...( ) ...y en cambio no ha habido un ministro al que se le haya ocurrido el edificar escuelas ( ) ... esto que sucede desprestigia al pueblo español, y le coloca al nivel de Turquía y de Marruecos... ( ) Millones de pesetas se han gastado en España en la construcción de soberbios cuarteles, lo cual no censuramos ( )...y en cambio se escatiman algunos miles de pesetas que solicitan los amantes de la enseñanza para construir un modesto local, El Pueblo-Monóvar 04-09-1909.
          
Otro ejemplo de estos indicadores de confrontación social latente, tuvo como protagonista a una de las tantas bandas de música de inspiración regeneracionista y societaria, que en aquellos momentos tomaban parte en la infinidad de actos benéficos, organizados y fomentados por las capas sociales más conservadoras, en principio en nombre de las familias de los reservistas
          
Ante el fuerte cariz patriótico de uno de estos actos, los miembros de la orquesta La Constancia realizaron un sonoro plante en el teatro de Monóvar, que llegó a alcanzar cierta repercusión en la prensa de la provincia .
                   
Por contra, con motivo de la cacareada victoria del Gurugú, se realizaron manifestaciones de júbilo nacionalista por las calles de algunas ciudades de la provincia como en el caso de Elda, acompañadas de banda de música y considerable algarabía. Se repetirían también en otras poblaciones dando lugar a algún altercado conocido, como en el caso de Alicante, donde se increpó y se lanzaron piedras contra algunas casas engalanadas con crespones negros o pertenecientes a miembros opositores destacados .
             
La noche del día 14 de octubre, una vez confirmado oficialmente el rumor del más que anunciado asesinato de estado de Francisco Ferrer Guardia, comienzan las reacciones y algunos anarquistas alicantinos pegan carteles denunciando el hecho, lo que al parecer generó algunas detenciones. No trascendió noticia oficial .

Alvaro Gran Marhuenda

 
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