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viernes, 2 de agosto de 2013

Parejas De Cine: Jesse y Celine ( Trilogía Antes del amanecer, atardecer, anochecer)

Cuando se anunció una tercera parte para Antes del amanecer y Antes del atardecer, tuve miedo. El final de la dos me parecía perfecto, y no quería que estropearan la saga. Sin embargo, ahora no sé si decir si mi favorita es la segunda o la tercera. A lo largo de los años, a lo largo de tres películas, hemos podido ver distintas fases del amor y la vida a través de la relación de Jesse y Celine. Voy a hablar de esas tres fases con spoilers, pero por separado de cada una de ellas. Si no habéis visto ninguna, huid. Si habéis visto alguna, podéis leer sobre la que ya hayáis visto. O podéis no leer nada si no os apetece, claro.

Primera fase: Antes del amanecer


Cuando vi hace muchos años las dos primeras entregas, esta era mi favorita. Ahora, es la que menos me gusta de las tres, aunque no por ello significa que no me guste. Creo que tiene cosas mejorables, demasiado dulzonas e irreales. Tenemos a dos jóvenes que se conocen, conectan, se gustan y se sienten atraídos el un por el otro de inmediato. Conforme avanza el día, todo eso crece y crece. Creo que en esa edad, sintiendo eso, teniendo solo ese día y esa noche... debería haber algo más físico entre los dos. Sí, hay besos; al final, hay sexo. Pero al sexo apenas se le da importancia, y tampoco da la sensación de que haya un excesivo contacto físico. Digamos que sería 90% hablar y pasear, y 10% de lo otro. Teniendo en cuenta los factores ya mencionados... me resulta poco creíble. Por otro lado, también es parte de la gracia de la película. Que se centre en enseñar otras cosas, pero para mí lo ideal sería un punto equilibrado. Celine dice que quiere evitar el sexo para que no sea un encuentro más y se olviden. Un rollo como otro cualquiera. Pero, si la conexión y los otros sentimientos están ahí, no los va a eliminar el sexo.

Dejando a un lado eso, y que a veces para mi gusto algunas conversaciones rocen la pedantería, tiene muchas virtudes. Lo que más me gusta de esta saga es cómo enseña lo que es el amor (en diferentes fases, y cómo la vida te influye a la hora de vivirlo), y esta tiene unos cuantos detalles que me encantan. Me encanta cómo enseña cuando conoces a alguien que te gusta, me encanta cómo con las miradas de ellos se dice todo. Me encanta la química, me encanta como te crees en seguida que están hechos para estar juntos, aunque suene un poco precipitado pensarlo de alguien a quien acabas de conocer. Me encanta la escena de la tienda de discos, ese juego de miradas, esas sonrisas. Me encanta como se enseña que, una vez conoces a la persona adecuada, te puedes pasar horas hablando de cualquier cosa. Confiesas ciertas cosas o pensamientos que tal vez no contarías a nadie más, y tienes ganas de seguir hablando, y hablando, porque lo disfrutas como con ningún otro, y te interesa mucho lo que diga la otra persona. Aunque la otra persona no piense en absoluto como tú, qué importa, es parte de la diversión.

Me encanta como enseña lo que es saber que eso es finito. No todas las parejas tienen que sufrir esto, pero desgraciadamente, algunas tienen que decir adiós, y volver a sus casas. Y sus casas están muy lejos la una de la otra. No pueden, al día siguiente, quedar para volver a verse. O ir al sitio al que no les ha dado tiempo a ir. El tiempo pasa. Y no puedes dejar de pensar en que cada vez quedan menos horas, pero no quieres pensarlo porque eso te pone triste, y quieres disfrutar al máximo el tiempo que queda. Solo con la expresión de los dos, con los silencios, puedes sentir eso. Y puedes sentir lo horrible que es cuando llega el momento de la despedida, el no saber cuándo va a ser la próxima vez, el saber que ya se ha acabado cuando solo quieres que dure siempre. Pero la historia continúa.

Segunda fase: Antes del atardecer


Para mi gusto, esta segunda película es más realista que la primera. Es cierto que no vemos ni tan siquiera un beso, pero no es necesario. No es necesario porque, de nuevo, la química entre los dos es brutal. Y porque se nota la atracción, hay tensión sexual, y se habla más de sexo que en la primera. Aunque no aparezca, el sexo está presente. Especialmente en ese maravilloso final, pero yo creo que durante toda la película.

Jesse y Celine se reencuentran nueve años después. En ese tiempo, han pasado muchas cosas. Ellos han crecido, y han tenido otras relaciones. Él está casado y tiene un hijo, aunque no es feliz en su matrimonio; ella tiene un novio al que apenas ve. Estas cosas pasan. Seguro que lo habéis visto a vuestro alrededor alguna vez: parejas que no se quieren, parejas que están juntas por estar, parejas que se casan porque es lo que toca, relaciones que no llevan a ninguna parte... Y puede que hayas tenido la suerte que han tenido ellos dos: que encontraron a la persona con la que podrían pasar el resto de su vida. No sé si hay una persona indicada para cada uno, pero creo que sí que puede haber una persona con la que conectas y a la que quieres de una manera que solo pasa una vez en la vida. Igual no era la persona adecuada, pero para ti no habrá otra igual, y siempre estará ahí, contigo, aunque pasen los años, aunque ya no estés con ella. Si tienes más suerte todavía, sigues con esa persona.

Jesse y Celine lo saben. Lo saben porque han pasado por eso. O al menos, creían saberlo, porque tras solo un día juntos, nueve años no pueden borrarlo. Ni otras personas han sido capaces de superar lo que sucedió ese día. Volver a verse solo lo confirma. Como dice Celine: cuando eres joven, crees que puedes conectar así con alguien muchas veces, pero solo pasa un par de veces en la vida. Y al reencontrarse, se muestra cómo vuelven a sentir lo mismo. Como a veces hablan de cosas que no importan, cuando en realidad están a punto de explotar. Él no puede parar de pensar en qué habría sido de su vida si ella hubiera aparecido en la cita, por qué ha tenido que ir todo tan mal; y por qué, al estar con ella otra vez, tiene ganas de dejarlo todo. Y ella sabe lo malas que han sido sus relaciones, como no ha sido feliz, y como recuerda todo de ese día; y como, al volver a verlo, todo se repite. 

Hay veces que la gente dice que tal película es muy bonita porque hay una (cursi) declaración de amor. Y en esta película, se enseña sin que ni siquiera tengan que decir una palabra. Aunque sí se lo dicen. No se dirán: eres lo mejor que me ha pasado en la vida, pero cuando él escribe ese libro, lo está haciendo. Cuando ella empieza a decirle esas cosas sobre las relaciones que ha tenido cuando están en el coche, también, de otra manera, se lo está diciendo. Se lo están diciendo cuando se miran, cuando notas que necesitan tocarse, cuando sabes que se están conteniendo y no saben qué hacer. Lo sabes cuando se tienen que despedir, y se buscan cualquier excusa para estar unos minutos más juntos. Lo sabes cuando no son capaces de afrontar el separarse otra vez, y tienen que hacer algo. Y lo hacen.

Tercera fase: Antes del anochecer


Esta es la más oscura de las tres. ¿La más realista? Seguramente. Aunque yo creo que lo que pasa en la dos también es realista, solo que no se muestra nada negativo de la relación de ellos porque estaban en otra fase. Estaban dando los primeros pasos, y en los primeros pasos, todo suele ser bonito. 

Jesse y Celine llevan juntos desde el último encuentro, y son padres de dos niñas. Viven en Francia, y él ve cuando puede a su hijo, que sigue en Estados Unidos, pues su exmujer tiene la custodia y está resentida con él. En la primera escena que tienen los dos juntos, vemos que sigue existiendo eso que había entre ellos. Es especial. Pero no todo es bonito, y no todo es fácil. A veces, ni siquiera es culpa de la otra persona. A veces, son las circunstancias. La vida te pone ciertas barreras que hay que superar, y no siempre es fácil. Quizá sin esos problemas, apenas se discutiría. Pero están ahí, una pareja tiene que afrontarlos... y ver si puede superarlos.

¿Qué pueden ser? Mil cosas, desde la más pequeña, relacionada con la convivencia del día a día, hasta problemas más grandes. Saber que no estás viendo crecer a tu hijo; o saber que la otra persona está sacrificando no ver crecer a su hijo por ti. No estar en momentos esenciales, tragar varios problemas. Niños. Jesse dice algo así como que los años de su vida que fueron suyos, fueron los que vivió desde que se fue de casa de sus padres hasta que fue padre. Ambos recuerdan los últimos años de su vida marcados por lo que les pasa a sus hijas. No tienen tanto tiempo para ellos. No es que tener hijos sea un problema, pero sí te cambia radicalmente la vida, y tiene sus cosas negativas. Probablemente, todo el que sea padre piense que las positivas ganan, pero eso no quiere decir que no se sienta agotamiento o se añore la libertad. Y que puedan surgir cosas como: es que tú no te ocupaste de ellas aquel día, es que no me ayudas; es que no estabas cuando nacieron y me sentía perdida; o es que tú no me dejas hacer nada. 

También pueden surgir problemas más gordos, como pensar que cada uno podría querer llevar un rumbo de vida distinto, que los alejara el uno del otro. En esta película, la verdad es que el personaje de Celine sale peor parado, porque es más histérica, y en medio de la discusión, aún cuando tiene razón, parece que lo lleva mucho más al extremo que él (más de uno, en una discusión, hemos perdido un poco los papeles). Pero se podría haber cogido cualquier otro momento de la pareja, y puede surgir otra discusión en la que él fuera el que estuviera exagerando las cosas. Es lo natural, las discusiones, los problemas, el pensar que no tiene solución, el aguantar muchas cosas incluso durante años, que ambos se hayan equivocado y se hayan hecho daño, que quieran tirarse los trastos a la cabeza. Que por momentos, hasta puedan no soportarse y piensen en un final. ¿Eso significa que no se quieren? ¿Eso significa que ninguna pareja, a la larga, puede ser feliz?

No. Jesse y Celine se quieren. Y lo demuestran más de una vez. Pero la vida es así. Creer que todo va a ser perfecto para toda la vida, aún cuando haya obstáculos, es creer en una fantasía, como dice Jesse al final de la película. Lo que demuestra que una pareja se quiere no es que se discuta menos, o que tengan menos cosas que reprocharse. Todos somos humanos, nos equivocamos. Lo que demuestra que se quieren es que siga existiendo esa conexión, que a pesar de todas las cosas malas, quieras seguir con esa persona. Que sacrifiques todo, y que pienses que volverías a hacerlo. Que decidas luchar por superarlo todo, por muy difícil que sea, al lado de esa persona. Es cierto que la parte de la gran discusión es agridulce, pero cuando la ves, sientes que eso es la vida. Ellos también ayudan: siguen tan naturales como siempre, y yo me los creo mucho como pareja. Podría ser una discusión de cualquier pareja. Y luego, tenemos ese final. Ese final que te devuelve la sonrisa. Porque a pesar de todo lo que se han dicho, sabes que tienen que estar juntos, que se quieren. Que merece la pena continuar. Puede no ser una relación perfecta, de fantasía, dice Jesse. Pero es real. Puedes abandonar cuando las cosas se pongan feas en busca de algo irreal, una idea del amor que no existe. O puedes aceptar lo que la vida te dé, aguantar los malos momentos, y disfrutar de los buenos junto a esa persona que lucha por ti y te quiere, aunque no sea perfecta y se equivoque. Y al igual que tan pronto están disfrutando de la compañía del otro y se ponen a gritarse, también


pueden dejar de discutir para volver a tener esos momentos que les hacen recordar por qué todo merece la pena.

PD: Hace mucho tiempo que le debía una entrada sobre esta pareja a una persona. He tardado, pero aquí está : )

miércoles, 17 de abril de 2013

Parejas de cine: Philippe y Dris de Intocable

No soy una fan de una de las sensaciones del año pasado, la francesa Intocable. Me parece una película muy entretenida y bastante agradable, con algunos puntos buenos (y otros no tanto).  Una película que da buen rollo y te hace pasar un buen rato. Pero, sin duda, para mí, el mejor punto de la película, que consigue hacerla interesante, es la relación de los dos protagonistas.  

Tenemos a Philippe (François Cluzet), el hombre rico, que está tetrapléjico y que necesita a alguien que le cuide. Y por el otro lado, tenemos a Driss (Omar Sy), un inmigrante al que Philippe contratará. La idea de dos personas diferentes, de clases y hasta de raza distintas siempre suele dar juego, e Intocable no es la excepción. Hay bastantes tópicos cuando se muestran las diferencias entre ellos, como que al pobre la ópera le parezca ridícula, la música clásica aburrida, el arte moderno una chorrada, y que decida enseñarle las cosas que a él le gustan que el rico desconoce. Pero la verdad es que esos momentos funcionan bien, porque son escenas simpáticas. Omar Sy es el alma de la película, y aunque no te parezca graciosísimo lo que estás viendo, es fácil acabar contagiado con su risa. Además, muchos de los que vemos la película hemos pensado alguna vez como él: ¿que un cuadro que podría pintar cualquier vale tanta pasta? ¿que eso es arte? 

Dejando a un lado las diferencias, la pareja conecta. Y nació el bromance. Incluso los momentos en los que difieren les sirven para apreciar al otro, ya que descubren nuevos puntos de vista y lo pasan bien juntos. No se puede pasar por alto lo importante que es la actitud del personaje de Driss con respecto al problema de Philippe: se tiene tendencia a sentir compasión, y se puede llegar a tratar a esas personas de forma diferente. Aquí, Driss aporta el trato que tiene con cualquier otra persona desde el minuto uno. Esto se agradece en la película en general, es otra de las cosas que más me gustaron: nada de sentir pena y meter drama innecesario.

En fin, poco a poco, asistimos a la construcción de una amistad muy fuerte. Vemos cómo van conectando, cómo van sintiéndose a gusto el uno con el otro, ayudándose mutuamente, y necesitándose. Y como en cualquier relación de amistad buena, pues vemos también los puteos, bromas y buenos momentos juntos. Hay química, y algunas conversaciones entre ellos resultan bastante divertidas. Vemos cómo la vida de Philippe sin Driss es una vida muy distinta, mucho más amarga; y comprobamos que aunque parezca que Driss sonríe mucho, con Philippe sonríe muchísimo más.

Indudablemente, forman una buena pareja. Las hemos visto muchas veces de este tipo, pero no siempre se acierta, ni se tiene gracia. O se centrar en crear una pareja con gracia, y no tanto en la amistad. Aquí, funciona bien y la amistad de los dos es lo que lleva el peso de la película. Quería acabar la entrada con un vídeo del momento que más me gusta: cuando Driss le afeita, hacia el final de la película. Bastante mejor que, por ejemplo, cuando van en parapente, que me pareció demasiado visto. Pero no encuentro el vídeo por youtube, así que, lanzo una pregunta, a ver si alguien puede contestarme.

Cuando veía la película, pensé que al personaje de Driss, por su situación y teniendo en cuenta que es francesa, le pegaba que fuera musulmán más que alguien de raza negra. Cuando acaba la película, te dan datos de los personas en las que está basada, y efectivamente, es musulmán. Tengo curiosidad por saber por qué este cambio. Sobre todo en regiones como Francia o España mismo, creo que los musulmanes están bastante peor vistos que los negros; y si hubiera sido musulmán, el tema del racismo en la película hubiera dado bastante más juego. Me pregunto si es una estrategia comercial el coger a un negro gracioso y, como leí no recuerdo dónde, que parece salido de una pasarela, antes que a un musulmán. O si hay otros motivos detrás. Si alguien lo sabe, que me lo diga. Tengo curiosidad desde que la vi.

martes, 20 de noviembre de 2012

Parejas De Cine: Sam y Suzy (Moonrise Kingdom)

Sam y Suzy son perfectos, y eso se sabe solo con mirarlos. Se sabe, porque la ves a ella, con sus prismáticos y sus vestidos, y a él, que parece más pequeño, con su traje de Scout, y no se puede negar que algo especial deben de tener. De ser. Los dos, probablemente por separado, pero más todavía los dos juntos.

 Y entonces los ves en una especie de Nunca Jamás improvisado: la entrada a los adultos no está permitida, y los niños toman el control. Siguen sus propias reglas. Y el núcleo de ese Nunca Jamás son ellos dos. Quizá se pueda pensar que la historia de dos niños de doce años enamorándose puede ser un bonito cuento, pero solo eso, un cuento. Son niños, al fin y al cabo, qué van a saber ellos del amor.

Y yo digo que quizá el amor, el amor de verdad, tenga mucho que ver con ser un niño. Y Sam y Suzy son el mejor ejemplo de ello. Son el ejemplo de un amor puro, inocente y sincero. Se fugan juntos, aprenden a convivir. Se respetan, y quieren conocerse el uno al otro. Disfrutan de su compañía y prueban cosas nuevas: ya sea bailar en ropa interior en una playa solitaria, que sentarse junto al fuego de noche, mientras ella le lee una de sus historias favoritas, y él escucha mientras fuma en su pipa.

Se necesitan el uno al otro. Con doce años, ya se puede haber tenido tiempo de comprobar que la amistad no es algo sencillo, y que la soledad puede ser dura. Pero si se tienen el uno al otro, no están solos. Y los prejuicios sobran, y no importa lo que digan los demás. Se quieren, y quieren llegar a quererse más y a compartir más tiempo juntos. 

Aún están a tiempo de hacer locuras. Están muy lejos del tener que pensarse mucho las cosas por miedo a las consecuencias, o de retrasar la toma de decisiones porque "es muy precipitado" o "es una locura". Ellos pueden cometer locuras, y decisiones sin pensarlas demasiado. Eso no significa que sean precipitadas: así lo sienten, así actúan. ¿Y quién tiene derecho a decirles que lo que sienten no es amor, si están dispuestos a todo por estar juntos, y a sacrificarse el uno por el otro, o preferir morir a vivir el uno sin el otro? Aunque quizá no se entienda mucho lo que de verdad significa morir, da igual. 

Sam y Suzy sí saben lo que es ser una buena pareja, y lo que es el amor. De verdad. Y es que el amor tiene mucho de recuperar esa inocencia, aunque nuestra voz adulta a veces nos hable demasiado alto, y tengamos miedo o nos perdamos muchas cosas por pensar demasiado. Pero si tienes a alguien con quien bailar en la playa de forma absurda, el mundo se parece un poco más a Nunca Jamás, y se convierte un lugar mejor.


domingo, 22 de agosto de 2010

Parejas de Cine: Bruce Willis y Haley Joel Osment

No es una pareja en el sentido esperado de la palabra. No tienen una relación amorosa, pero son la pareja protagonista de El sexto sentido. Y como ahora estoy adorando a Shyamalan más que nunca, pues me hace recordar la primera película que vi de él. Y como ya de pequeña, me fascinó.

Una de las cosas que más me han gustado siempre de esta película, entre muchas otras, es la relación de Malcolm (Bruce Willis) y Cole (un impresionante Haley Joel Osment...¿qué ha sido de él? Prometía mucho...). A pesar de la diferencia de edad entre ambos, él un hombre adulto casado y él un crío de nueve años, se parecen más de lo que aparentan a simple vista. Los dos tienen un secreto. No creo que a estas alturas haya alguien que no conozca el final de la peli, así que paso de avisar de spoilers.

El secreto de Cole es que ve muertos. El de Malcolm, que está muerto. Los dos secretos solo los conoce Cole. Los dos tienen un problema: Malcolm está muerto y no lo sabe, y no puede comunicarse con su mujer; Cole vive asustado sin saber qué hacer, no tiene amigos en el colegio, echa de menos a su padre y su madre está preocupada por él. Básicamente, los dos necesitan ayuda. Necesitan encontrar alguien que les comprenda. Y se encuentran el uno al otro.

Claro, no es inmediata la conexión. La evolución de la relación que tienen ambos me encanta. Malcolm cree que Cole es un niño más con problemas al que ayudar por trabajo. Cole no confía en él. Pero Malcolm continúa yendo a visitarle. Aunque Cole continúa rechazándole, poco a poco, empieza a creer que tal vez Malcolm pueda ayudarle. Es cuando decide contarle su secreto. Secreto que Malcolm no cree en un principio. Pero Cole necesita que Malcolm crea en él:

¿Cómo va a ayudarme...si todavía no cree en mí? Alguna magia es verdad

Mi frase favorita de la película. Nunca la olvido. Cole se la dice a Malcolm, sabiendo que este no se ha creído que vea muertos. Y esa es la clave. Malcolm debe de creer en él para ayudarle, si no, nunca podrá hacerlo. Y Malcolm acaba creyendo.

Es aquí cuando su relación se vuelve más profunda. Malcolm cree en Cole, y juntos intentan encontrar una solución al problema. Pero no solo eso: la confianza que tienen el uno en el otro se hace muy fuerte. Malcolm empieza a contarle sus propios problemas a Cole. Cole sabe que no puede decirle que está muerto. Es algo que Malcolm debe descubrir por sí solo, con pistas que Cole le va dando. Además, debe ayudarle para que logre hablar con su mujer.

Juntos, logran sus objetivos. Cole no puede hacer que los espíritus dejen de visitarlo, y ha descubierto que puede seguir ayudando a mucha más gente. Y que debe confiar en su madre. Malcolm descubre la verdad y puede despedirse de su mujer; después de despedirse de Cole. El trabajo ya estaba hecho, ya había ayudado a Cole. Aunque fue mucho más que un trabajo. Pero, debían decirse adiós. Aunque Cole decidió elegir no tener que despedirse, y fingir que al día siguiente volverían a verse.

Simplemente, se trata de dos desconocidos que se encuentran. Y, de forma inesperada, resultan ser lo que necesitaban en ese momento. Necesitaban a una persona en quien confiar, una persona de la que obtener ayuda. Y la ayuda mutua, la confianza...solo puede conseguirse si de verdad crees en la otra persona. No ayudas a otro negando su problema o intentando eliminar ciertas cosas que quizá borrarían al problema (me recuerda a Soy un cyborg esto...ella cree que es un cyborg, y los médicos y su madre creen que para ayudarla, deben convencerla de que no lo es. El chico protagonista es el único que ve que la única manera de ayudarla es comprenderla: si ella cree que es un cyborg, es un cyborg, y ya está). Le ayudas si crees en él, si confías, si le comprendes. Es entonces, cuando de verdad puedes ayudarle.

En fin, siempre me encantó la amistad efímera de estos dos personajes. Uno de los muchos motivos para ver El sexto sentido. Grande Shyamalan.

domingo, 17 de enero de 2010

Parejas De Cine: Woody Allen y Diane Keaton

Tras una serie de problemas técnicos, ya que mi torre del ordenador, en concreto, su placa base, decidió amargarme la vida y separarme de ella por unos días (todavía espero su vuelta), vuelvo a actualizar, e inicio sección. Parejas de cine, para hablar de esas parejas tan entrañables que nos han regalado en pantalla, y no todas ellas con una relación sentimental de por medio, claro.

Al pensar en la sección, la primera que se me vino a la cabeza fue la que han formado tantas veces Woody Allen y Diane Keaton, y la verdad, es la pareja perfecta para empezar esta sección. O tal vez no, pero yo los adoro, y como es mi blog, viva la democracia.

Woody Allen y Diane Keaton, en pantalla, forman la pareja imperfecta que a mí me parece perfecta. La verdad es que son un contraste. Está Woody, con sus histerias, su carácter hipocondríaco y todas esas cosas que forman su personalidad y lo hacen, para mí, tan graciosamente adorable e interesante. Tan pequeñito, tan delgadito, en su primera época con un pelo imposible, sus gafas grandes. Woody Allen, sencillamente. Y está Diane Keaton. Elegante, una preciosidad de mujer.

La gracia de la pareja no está en ese primer contraste, no solamente, ya que Woody se ha rodeado de más chicas con las que causa también una impresión similar. Pero es impresionante la química que Woody y Diane Keaton tienen. Traspasa. Hasta cuando, como es habitual, Diane Keaton se dedica a rechazar a Woody al principio, hay química y forman una pareja ideal. Sí, se podría pensar que también es fácil que tengan química porque también eran pareja en la vida real. Pero no, no es solo eso. Muchas parejas de actores podrían y pueden trabajar juntos, pero el caso de Woody y Diane Keaton es especial. O a mí, por lo menos, me lo parece.

Además, después de Manhattan, volvieron a trabajar juntos en Misterioso asesinato en Manhattan, en el año 93, tras años y años separados, sentimental y cinematográficamente. Y ahí está, siguen teniendo la misma química, sigo viéndolos como el complemento perfecto el uno del otro. Woody, el hombrecito que mejor queda al lado de Diane Keaton (y eso que a Diane la he visto al lado de Michael Corleone/Al Pacino, y Al Pacino Corleone tiene tela), y Diane Keaton la mujer para compartir todas las excentricidades y que mejor va a comprenderlo, al fin y al cabo. Solo hay que ver Love and death, no creo que hubiera nadie mejor que ella para participar en ese universo tan Woody que se crea en esa película.

Aunque se dejen, vuelvan, cometan infidelidades, a pesar de sus excentridades, de sus discusiones, de sus incompatibilidades...a pesar de todo, son como un matrimonio eterno, que, al menos en la pantalla, no puede romperse y por mucho que tomen caminos separados o inicien nuevas relaciones, algo les una. Y que te dé la sensación que ninguna de las personas de las que encuentren, va a igualar a Woody o a Diane Keaton.

Por supuesto, hay que nombrar Annie Hall. Annie es el apodo de Diane Keaton. Hall, su verdadero apellido. Con eso lo digo todo. La película es autobiográfica en cuanto a la relación de ambos. Me encanta. Me encantan.

Y, no puedo no dedicarle esta entrada hoy a cierta persona, que sé que también los adora. ¡Felicidades!