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domingo, 24 de abril de 2011

Desmontando a los bastardos: Parte III

Mil años después, llega...

Capítulo 3: Noche Alemana en París

Iba a seguir con esto antes, pero me dije: hey, tienes el guión de la película en tus manos. Espérate para seguir cuando lo hayas leído, total, cinco meses antes, cinco meses después...La semana pasada, de viaje de unas ~maravillosas vacaciones~, me llevé mi guión querido y lo leí. Y cada vez me gusta más esta puta película. Pero vamos al capítulo 3.

Me parece muy bien que le reconozcan a Christoph Waltz la perfecta actuación que hace del grandísimo Hans Landa. Ahora, ¿¿por qué se olvidaron de Mélanie Laurent y su Shoshanna?? Para mí, está a la par que Waltz, y el personaje es el más profundo de toda la película. Al menos, yo lo veo así.

En este capítulo conocemos a Shoshanna, aquella chiquilla que huyó después de que Landa asesinara a sangre fría a toda su familia, y que sobrevive hábilmente en la París ocupada por los nazis, en su cine. Que no falten las referencias cinéfilas o las muestras de amor al cine por parte de Quentin. Y aparece el personaje de Daniel Brühl, un soldado alemán que luego descubriremos que, además, es un héroe de guerra y estrella de la nueva película de Goebbels. Y se acerca a Shoshanna, con buenas intenciones. Claramente, él se siente atraído por ella. Toma ya, un joven y amable soldado nazi ligando con una judía que intenta ocultar que lo es después de que un nazi matara a su familia. ¿Podría ser mejor? Sí. Aunque Shoshanna no quiera, algo en él le gusta. No hace falta que lo diga, no hace falta que deje de mostrar que no está cómoda y que siente repulsión por su uniforme. Hay algo (Tarantino lo indica en el guión, y en la película con la expresión de Mélanie Laurent es suficiente para que lo notemos).

El joven soldado nazi se encuentra a Shoshanna, y vuelve a hablar con ella. Ella lo rechaza, pero insisto: algo hay. Algo impensable, peligroso, una locura. ¿Un soldado nazi tirándole los trastos insistentemente? Vaya tela. Un soldado nazi pidiendo que se le juzgue por algo más que por un uniforme. Bueno, al fin y al cabo, ¿no querrían los judíos que no se les juzgara solo por ser judíos? Pero coño, él es un puto nazi. Aunque le gusta ella. Esto no puede acabar bien.

Después, una de mis escenas favoritas de la película. Liada suma: unos nazis aparecen en el cine de Shoshanna y la obligan a ir con ellos. La cara de ella es un poema. Llega a un restaurante: Daniel Brúhl (lo siento, se me olvida el nombre del personaje, los nombres alemanes son complicados) la espera, y agradece que haya aceptado su "invitación" para reunirse con él. ¿Y con quién está él? Con el mismísimo Goebbels (y su amante e intérprete). Jo-der. Una judía allí, sentada en la mesa de uno de los grandes del régimen nazi, por culpa del soldado nazi que quiere con ella. Y todavía se complica más la cosa: Daniel Brühl quiere estrenar su película en su cine. Estreno nazi en el cine de una judía. En serio, es que es todo taaaaaaaaaaaaan fuerte. Tensión, tensión, tensión.

Pero todo puede empeorar más: aparece Hans Landa. Si en la primera escena de la película, Tarantino sabía transmitir la tensión gracias al ritmo pausado y la presencia de Hans Landa, aquí se sirve de nuevo de Landa, y del duelo interpretativo. Hans Landa, por un lado, haciéndote sentir que lo sabe todo, que sabe quién es ella. No sabes cómo ni por qué debe saberlo, ni qué va a hacer, pero seguro que lo sabe. Ella: el terror en una mirada, intentando contenerlo. Me rindo ante Mélanie Laurent en esta escena, de verdad. Se quedan solos. Hans Landa habla. Te da la sensación de que cada cosa que dice, le va a llevar a descubrir la identidad de ella. Hable de lo que hable, aunque use ese tono cordial y agradable. Y notas que ella siente lo mismo: y se te contagia su miedo, su nerviosismo.Hans Landa insiste en tomar un postre. No quiere que ella lo pruebe hasta que llegue la nata. Según leí, los judíos no pueden mezclar esos dos alimentos (supongo que será verdad). Vaya cabronazo. Finalmente se va, sin muestras de que quiera ir a joderla, de que sepa quién es. Pero no nos quedamos tranquilos, sabemos que lo sabe. De alguna manera, lo sabemos. Shoshanna deja escapar todo lo que ha estado conteniendo mientras estaba con Landa. La angustia que transmite es tremenda.

Solo le ha hecho falta dos personajes (y dos actores tremendos) y una conversación sobre nada en particular para crear una atmósfera de tensión y nerviosismo como pocas. Cuando la vi por segunda vez, aunque sabía que no iba a pasar nada, no pude evitar sentir lo mismo. Es tremendo el poder de Landa, cómo te identificas con Shoshanna. Genial.

Y el capítulo de presentación de Shoshanna no podía acabar mal. Junto con Marcel, su pareja que trabaja en el cine, decide que van a rodar una película. Para los nazis. ¿De qué película hablará? ¿Cómo será? Bah, lo que te dé por imaginar no va a ser ni la mitad de épico que luego resulta ser.
Ah, bueno, y dice que va a incendiar el cine la noche del estreno, que las películas hechas con nitrato son muy inflamables. Detalle sin importancia que promete un final de mierda, sí. Forma muy poco interesante de acabar el capítulo y una manera malísima de hacerte sentir interés por el personaje de Shoshanna y su venganza (venganzaaa, venganzaaaaaaaaaaaaaa....de una mujer de los pies a la cabeza. Quiero ser un personaje femenino de Tarantino, quiero ser poderosaaaaaaa).

Ya solo quedan dos capítulos. El último es para hacer una fiesta con confeti y piñata de lo supa dupa ~awesome~y ~epic~ que es.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Desmontando a los bastardos (Parte I)

Antes que nada, Leslie Nielsen. Nos ha dejado, y la verdad es que es raro. Entre muchos recuerdos de mi infancia, guardo el de ver una infinidad de veces sus películas sentada en el sofá con mi familia. Creo que a todos nos ha dado muchos buenos momentos, así que, que descanse en paz.


Por otro lado, el viernes por la noche, pusieron por el Plus Inglourious Basterds. Yo que no tenía nada mejor que hacer, y desde que la vi allá por su estreno, no la había vuelto a ver, me puse a verla. Y joder. La recordaba buena, pero no tan tremenda. Tarantino me hizo volver a flipar como él sabe, por eso lo amo tanto. Y lo hizo a pesar de ese doblaje criminal: Hans Landa parece un gay alocado e impone la mitad, Brad Pitt pierde la mitad de la gracia sin su acentazo, Daniel Brühl parece retrasado, Eli Roth parece que esté menos loco, Danie Kruger está un poco ridícula y la pedazo de escena en italiano pierde todo el sentido. Creo que la que mejor parada sale con diferencia es Mélanie Laurent, pero bueno. El caso es que, a pesar de querer asesinar a quien aprobó ese doblaje, flipé con la película otra vez. Y me di cuenta de lo enorme que era, capítulo por capítulo, cada uno acojonante a su manera.

Así que he decidido hacer como un especial de los bastardos, y comentar capítulo por capítulo, porque lo merece. Aviso que voy a destripar los capítulos sin pensar en si hago spoilers o no, así que, si no la habéis visto, no leáis nada de lo que venga a partir de ahora.

No sé si haré las cinco actualizaciones seguidas o intercalaré con otras cosas. Probablemente esto último para no saturar. Y a todo esto, aún no sé qué será de mi conexión... Pero allá vamos.

Capítulo 1: Érase una vez...En la Francia ocupada por los nazis

Supongo que una película puede empezar incluso mejor que como lo hace esta. Pero no creo que, esta película en concreto, pueda empezar mejor de cómo lo hace.

No recuerdo exactamente, pero creo que son más de 20 minutos de escena. ¿Y en qué consiste la escena? Señoras y señores, con ustedes, el irrepetible Hans Landa. Inglourious Basterds tiene un coro muy grande de personajes, muy grandes y carismáticos, pero probablemente Hans Landa sea el que más fuerza tiene.

Y aquí lo tenemos, en la primera escena. Hans Landa en estado puro. Imposible no temerle y no amarle al mismo tiempo. Lo vemos entrando en la cabaña, entablando una conversación amistosa con el granjero que incluso lo está pasando peor que nosotros. Ahí vemos a Hans Landa, pasándose del francés al alemán, para que los judíos que esconde el granjero no entiendan ni una palabra de lo que dice.

Esta película tiene muchas virtudes, pero una que llama mucho mi atención es la capacidad que demuestra Tarantino para crear tensión. Una tensión nerviosa, angustiosa. Y todo con la simple presencia de Hans Landa. Yo que ya la había visto, y sabía lo que pasaría, me encontré otra vez con los nervios en el cuerpo, con esa sensación de mal rollo, con ese Hans Landa que impone y lo hace suyo todo: el escenario, la cámara, la escena, el diálogo, el ambiente.

Sabes que algo malo va a pasar. Lo sabes desde que lo ves bajarse de su coche, y ves cómo se dirige a la casa del granjero. Lo sabes con más seguridad conforme Hans Landa va introduciendo poco a poco el tema de los judíos, aunque lo haga con esa sonrisa mientras se bebe un vaso de leche. Lo sabes, también, porque el señor LaPadite sufre y sabe que la cosa puede acabar muy mal. No hay escapatoria. Pero el conflicto se alarga. Hans Landa habla, y habla. Sin prisa. Lo cual crea aún más desesperación.

Tarantino se permite hasta meter un toque de su humor, cuando Hans Landa decide sacar su pipa para fumar, el triple de grande que la de LaPadite. Y se permite uno de esos puntos de guión que te hace pensar que es un jodido genio.

Hablo de la comparación que hace Hans Landa de los judíos con las ratas. Es impresionante. Cómo resume la esencia del odio, de la intolerancia; del sin sentido que supone, y cómo nos hace hacer examen de conciencia, haciéndonos ver que todos podemos pecar de ello. Con unas simples frases, con una simple comparación. Para quitarse el sombrero, es que no hace falta añadir nada, ni explicarla. Es que Hans Landa lo dice todo de una manera tan sencilla...

Por supuesto, sí, todo acaba mal. LaPadite acaba reconociendo que esconde judíos, y se los entrega en bandeja a Landa. No podemos culparle, hemos sufrido con él. Probablemente, hubiéramos hecho lo mismo, y no habríamos aguantado tanto tiempo. Quizá con otro oficial nazi, no hubiera sido igual. Pero era Hans Landa.

El cazador de judíos atrapa a sus presas. Pero una escapa. ¡Au revoir, Shoshanna!

Y sin darte cuenta, ha acabado el primer capítulo. Esta primera historia de las cinco que componen la gran historia que es Inglourious Basterds. Hemos conocido a Hans Landa, y en poco tiempo, nos hemos dado cuenta de lo que es capaz, de cómo nos hace sentir. Hemos estado casi media hora (o media hora) aguantando la respiración, con el corazón en un puño. Acabamos de ver un comienzo increíble, nada fácil de conseguir. Tiene que ser el principio de algo muy grande. Y lo es.