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miércoles, 26 de junio de 2013

(Mini) Especial: Las ventajas de ser un adolescente. Edición Extra con KIDS

O el arte de ser un adolescente. O una historia casi divertida sobre un adolescente. El cine adolescente a veces puede ser un horror. Es que suena hasta mal: el cine adolescente. Proliferan las películas chorras, estúpidas y que, desde luego, no reflejan lo que es ser un adolescente. Sin embargo, hay películas que sí se los toman en serio, y enseñan lo complicado que puede ser vivir esa época, lo difícil que es entrar en el mundo adulto. Adolescentes más reales, con problemas, que tratan de sobrevivir como pueden. A veces, llegan con la etiqueta de cine indie, que no siempre es una garantía, pero que otras tantas, nos trae muchas sorpresas agradables. Se podrían hablar de muchas más películas, pero recuerdo que vi casi seguidas El arte de pasar de todo y Una historia casi divertida, hará ya un año o quizá casi dos, y pLas ventajas de ser un marginado, y me acordé de esas dos, tienen cierto aire parecido. Me ha parecido buena idea juntarlas, películas recientes con una visión parecida sobre la adolescencia, muy a tener en cuenta. Y de extra, Kids, que a falta de no haber visto aún Spring breakers, también la vi hace poquito, y es un buen contraste. Y me apetecía hablar de ella. Cuatro visiones sobre la adolescencia, diferentes y parecidas.



ensé que tendría que hablar de las dos, comparándolas. No hace mucho vi

Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012)

Un adolescente muy tímido y solitario (por cierto, el actor protagonista, Logan Lerman, me recuerda mucho físicamente al protagonista de Una historia casi divertida), bastante inestable emocionalmente, conoce a un chico y a su hermana, y entrará en su grupo de amigos. La película nos cuenta lo difícil que es encontrar un lugar en el que encajar, y la felicidad que se siente cuando por fin sientes que has encontrado ese lugar. Habla de la amistad, de los primeros amores, de las primeras fiestas, de las primeras experiencias con las drogas y el alcohol, los enfados, los sueños, las largas noches, hacer cosas que jamás habrías imaginado que harías...

Creo que esa es la parte que mejor funciona de la película. A mí me da cierta nostalgia, retrata bien esas primeras veces, y algunos sentimientos de esa época. Y también, la alegría de vivir. La importancia de la amistad, de encontrar esas personas que te apoyan, que te entienden, y con quienes estás a gusto. Poder ponerte de pie en un coche, y escuchar la música a tope de volumen, y sentirte vivo. 

Por otro lado, creo que también tiene sus defectos. Hay partes que me parecen menos interesantes, más centrada en una historia de amor con instantes tópicos; o ese momento en el que se enfadan con el protagonista, que me parece bastante cutre cómo le dan la espalda. En ocasiones, también me parece recargada la idea de: mirad qué alternativos y cultos que son. Centenares de referencias muy indies y cool, demasiadas frases para reafirmar lo distintos que son...y luego no saben ni quién es David Bowie ni conocen la canción Heroes. La trama relacionada con el pasado del protagonista tengo la sensación de que se resuelve de golpe, y no me termina de convencer. Y, el mejor personaje de la película, no es el protagonista. Ni el personaje de Emma Watson. Es el interpretado (de forma genial) por Ezra Miller. Se come absolutamente la pantalla y a sus compañeros cuando aparece. Me hubiera gustado que tuviera más protagonismo. En fin, una película entretenida, agradable, que trae buenos recuerdos de esa época (si ya la has pasado, y si la estás viviendo, supongo que te sentirás identificado), aunque tiene alguna cosa más cargante y que la hace flojear más. 

El arte de pasar de todo (Gavin Wiesen, 2011)


“Desde los inicios de la historia, han nacido unos ciento diez mil millones de personas en el mundo. Ni una sola de ellas ha sobrevivido. Hay seis mil ochocientos millones de habitantes en el planeta. Y cada año mueren unos sesenta millones. ¡Sesenta millones de personas! Alrededor de ciento sesenta mil al día. De niño leí una vez esta frase: Vivimos solos y morimos solos. Lo demás es todo una ilusión. Si morimos solos, ¿por qué tengo que pasarme la vida trabajando, sudando y luchando? ¿Por una ilusión? Porque ni tener amigos, o novia, ni realizar tareas como conjugar el pluscuamperfecto, o calcular la raíz cuadrada de la hipotenusa, me ayudarán a evitar mi destino. TENGO COSAS MEJORES EN LAS QUE EMPLEAR MI TIEMPO.” 

Así empieza El arte de pasar de todo. Creo que es la mejor manera de definir a su protagonista. Y en esta película, el protagonista es clave: creo que te gustará más la película cuanto más te identifiques con él. George, un nuevo Holden Caulfield, un guardián sin centeno perdido en Nueva York, interpretado por un crecido Freddie Highmore, que estaba más en nuestra memoria por Charlie y la fábrica de chocolate o Descubriendo Nunca Jamás cuando era un niño. El chaval sigue creciendo, y ahora es Norman Bates en la serie Bates Motel. George es solitario, George está deprimido. Un día te levantas y le ves poco sentido a la vida, te asusta, te deprime, no tienes ganas de nada. ¿Y de qué te va a servir perder tu tiempo estudiando en el instituto? ¿Y si sacrificas horas de tu vida en los estudios, en lugar de estar ocupado viviendo, y mueres al día siguiente? ¿Futuro? Y una mierda el futuro. Lo que importa es la vida.

Pero es complicado vivir cuando uno se siente así. Empiezas a dejar todo de lado, no luchas por nada. Ni siquiera por ti mismo, a quién también estás dejando de lado, al igual que tu vida. Quizá llegues a tener suerte, y te cruces con alguien que haga que te despiertes. Que empiece a hacerte sentir bien. En este caso, es Sally (Emma Roberts). Aunque encontrar a una persona, y empezar a sentir cosas por ella, también puede ser otro motivo de dolor de cabeza. Y si todo esto se junta con varios problemas que van haciéndose más gordos, como le sucede a George, la situación es casi insostenible. Y de repente, todo explota. ¿Cómo salir adelante?

Pues encontrando una razón. Hodlen Caulfield encontró la suya, para continuar, para retomar su vida, para tener un futuro a pesar de todo. George también tiene que encontrarla. Algo que le interese, algo por lo que luchar, encontrar el equilibrio en su familia. Puede que el instituto no sea estimulante, pero quizá encuentre otro motivo por el que luchar, y necesite ponerse las pilas. Y eso, no tiene por qué significar dejar de vivir la vida. No tiene por qué significar que te mueras mañana sin haber vivido. Eso solo depende de cada uno, no de unos deberes o de un examen. Darse cuenta de cómo vivir la vida es uno de los procesos que te llevan a convertirte en un adulto.

Comprendo perfectamente cada cosa que siente George, así que para mí esta es una de esas películas especiales, que me hacen sentir bien, que me llegan dentro. Puede no ser perfecta, pero está hecha desde el alma, y para aquel que pueda sentirse así, puede notarlo. Prefiero una película en teoría imperfecta que me haga sentir las cosas de esta. Freddie Highmore me parece que está muy bien en su papel, muy melancólico. Emma Roberts tiene un algo que me gusta mucho, tiene carisma esta chica. Y bueno, sobre el final, voy a comentar algo en SPOILER: *Algunos dicen que es un happy end típico. Yo digo que no. Ella no se va con el otro tío, y vuelve con George, pero porque realmente no le apetecía irse con el otro tío. No sabe muy bien lo que quiere, y se arrepiente. Sí, seguramente se juntará con George. Pero nadie nos promete nada con ese final, es muy abierto. Se gustan, pero en la película nadie nos dice que la cosa vaya a salir bien. Lo intentarán, pero todo se verá. No es un final que nos asegure un amor eterno entre ambos, así que tampoco lo veo tan happy ni tan típico.* FIN SPOILER

Una historia casi divertida (Anna Boden, Ryan Fleck, 2010)


Craig (Keir Gilchrist), un chico de 16 años, acude por su propio pie al hospital tras tener pensamientos suicidas. No es la primera vez que lo tiene, sufre de depresión y ya ha sido tratado antes. Él pretende que le receten pastillas, pero allí deciden que es conveniente y más seguro que se quede allí una semana. La planta psiquiátrica de adolescentes está cerrada, así que todos los pacientes comparten la misma ala del hospital. Allí conocerá a Bobby (Zach Galifianakis) y a una chica de su edad, Noelle (Emma Roberts, otra vez por aquí).

Aunque es distinta de la anterior, tiene sus similitudes. Los dos protagonistas son adolescentes en una situación emocional similar, y ambos no están sabiendo vivir su vida. En ambas, se nos enseñará cómo hay que buscar lo que nos gusta, y nos puede devolver la ilusión. En ambas películas, además, coincide que es una forma de expresión: el dibujo, la pintura. En las dos películas se apuesta por la vida, aunque el recorrido de los personajes sea distinto. Si hasta tenemos a Emma Roberts repitiendo como chica de la película, aunque en papeles muy diferentes. 

A mí esta película me encanta. Me transmite un buen rollo tremendo, me hace acabar con una sonrisa, con ganas de vivir. Me hace sentir bien, ¿qué más le puedo pedir a una película? Me gusta mucho su protagonista, y creo que también puedes sentirte identificado con él. Quizá alguno no haya llegado al punto de querer suicidarse o atravesar una depresión cuando era adolescente, pero seguro que ha sentido el estrés, la presión, la sensación de estar perdido y de sentirse así de mal. Y me encanta como normaliza a la gente con enfermedades de ese tipo, desde una gravedad menor a una mayor. Me tocó tragarme muchas películas sobre hospitales psiquiátricos hace un año para un trabajo de clase, y esta era la que trataba el tema con mayor normalidad. Cualquiera podemos ser Craig, Noelle o Bobby. Podemos acabar ahí, y no es algo de lo que avergonzarse. Hay que encontrar la manera de salir, y encontrar el lado positivo de la vida.

La pareja de Craig-Bobby me gusta mucho. Podemos ver a Craig en Bobby, y a Bobby en Craig. Bobby es una persona interesantísima, divertida (grande Galifianakis, según lo que vi en los extras, él es clave:  hay cosas de su cosecha e improvisa, y parece que acertadamente). Pero tiene que aprender a levantarse y no volver a caerse, porque si no, su vida seguirá destruyéndose. Es como un reflejo de lo que podría llegar a ser Craig si no consiguiera salvarse

Así que, es una película en la que uno tiene que encontrar la manera de salvarse a uno mismo, y de saber buscar y encontrar la ayuda para salir adelante. Encontrar los motivos, la importancia, otra vez, de la amistad. Preocupaciones de un adolescente, y también de no tan adolescentes. Y una película que es un canto optimista, al final. Porque una noche de pizza, o escuchar música, pueden ser momentos que hagan que la vida merezca la pena. Y de eso se trata, de que la vida merezca la pena, de vivirla lo mejor que se pueda.

Kids (Larry Clark, 1995)


La visión más oscura y pesimista de la adolescencia, en comparación a las otras tres. Y sin comparaciones: Kids, con guión de Harmony Korine, es pesimista, es dura, es brutal. Y es tan brutal porque es real. ¿No estáis hasta las narices de que las películas de adolescentes que tratan el sexo lo hagan de forma estúpida? ¿Que ellos sean unos frikis insoportables y desagradables obsesionados con el tema, haciendo chistes de mal gusto? ¿Y ellas? Bueno, ellas no hablan de sexo, parece ser. Y si hablan, es la típica virgen puritana, o la típica tía que siempre es una ligerita de cascos y suele haberse tirado a medio instituto. ¿De verdad alguien se ve reflejado en eso?

Kids empieza con sexo, y hay más sexo. Y muchas conversaciones sobre sexo. Y son conversaciones reales, son conversaciones que podrías haber tenido con tu grupo de amigos. Y tenemos la visión de ellos, y también la de ellas, que disfrutan del sexo tanto como ellos, y no son ningunos zorrones por ello. Maravillosa la parte del principio de la película en la que vemos al grupo de chicos hablando, y al grupo de chicas paralelamente. Es muy natural, y se ven las diferencias entre los dos grupos.

No solo se habla de sexo. También de drogas, de alcohol. De unos chavales que se pasan el día fuera, con unos padres que no piden explicaciones y a los que parece no importarles a la hora que lleguen a casa. Así que, no es de extrañar que ocupen su tiempo como lo ocupan. La fiesta final en la casa me recordó mucho a la maravillosa Skins: Skins ha tenido que beber de esta película sí o sí. El alcohol, las fiestas, el sexo, estar con los amigos... pueden ser cosas divertidas. Pero también pueden ser situaciones tristes y peligrosas, si no se tiene consciencia de lo que se hace, si no se controla.

En medio de todo eso, tenemos un problema. No voy a desvelar qué es o quién lo padece, pero en los 90 todavía no estaba muy normalizado ni bien visto. Una consecuencia de actuar sin ese control, una consecuencia terrible que puede destruir las vidas de unos jóvenes. Y una consecuencia que puede pasar de unos a otros. Absolutamente bestial cómo está tratado esto, sobre todo en el tramo final.

No sabría deciros por qué Kids me parece tan genial. Es una de esas películas que tiene algo. Es real, tiene cosas bien tratadas, un final que te deja roto, sí. Pero Kids es algo más. Es algo muy grande condensado en algo que parece pequeño y sencillo. Es algo real, es algo que molesta, es algo que al mismo tiempo se disfruta. Y es algo que no se puede olvidar.

lunes, 30 de enero de 2012

Desmontando a los bastardos: Parte IV

¡Increíble! ¡Pero si estoy actualizando! Yay. Pues eh, tengo excusa otra vez. Estaba de exámenes(+ trabajos + prácticas), y claro... que me apetecía actualizar y todo, si tengo varias entradas pensadas y películas acumuladas para comentar.
Toma, y encima vuelvo con los bastardos (la volví a ver no hace mucho que la pillé por la TV, fue mi segunda película de este año, y ay, cada día me gusta más esta puñetera película), algún día acabaré de desmontarlos, lo sé. Ya solo me queda un capítulo más. Por supuesto, esto contiene spoilers a punta pala, si no has visto la peli, no seas idiota: vete a verla, y luego, coméntame en el blog.

Capítulo 4: Operación Kino

Este capítulo fue el que menos me gustó de la película la primera vez que la vi. Luego me ha gustado más, y he acabado rendida. Aunque en realidad, creo que sería el último que escogería como favorito. Pero eso no quita que sea muy amor.

En este capítulo, Tarantino vuelve a demostrar que eso de crear tensión se le da bien. En el primero, lo hacía con Hans Landa. Una escena aparentemente calmada, de diálogo, pero que te hacía sentir que todo iba a torcerse. En esta sucede algo parecido. Aunque bueno, antes hay una escena en la que Tarantino se dedica a hablar del cine alemán de la época. Referencias, y más referencias. Es lo que es Tarantino.

En esta ocasión no es la presencia de Christoph Waltz la que genera inquietud habrá una reunión de parte de los bastardos con una famosa actriz alemana (Diane Kruger), que actúa de infiltrada y espía. Necesitan planear su llegada al estreno de la película de Goebbels, al que acudirá el mismísimo Hitler. Total, que se juntan en una taberna de mala muerte que siempre está vacía....pero esa noche no. Ya avisa Tarantino de que la cosa puede acabar mal antes de que ellos entren en la taberna: dicen que es un sótano, y que ese es el peor sitio para pelear si se arma el lío.



Hay un grupo de soldados alemanes celebrando el nacimiento del hijo de uno de ellos. Los bastardos llevan uniforme, pero claro, puede ser bastante
peligroso: ¿y si los pillaran? Desde el momento en que Tarantino pone ahí a los nazis, ya sabes que te la está liando. Que se puede ir todo al garete en cualquier momento, y que lo raro es que no se fuera. Pero claro, no es solo eso. No son cinco minutos de escena predecible y ya. La escena, de hecho, es bastante larga.

Y ahí está la gracia de la tensión de la escena. Desde que empieza, sabes que algo va mal, que algo irá mal, pero Tarantino se recrea en alargar la tensión y, el desenlace no llega pront
o. En lugar de eso, vemos como los bastardos intentan desenvolverse lo mejor que pueden con la ayuda del personaje de Diane Kruger, que lo lleva todo con más naturalidad. Guapísima, simpatiquísima y elegantísima ella. Muy amor. Bueno, el grupo de soldados resulta que está bastante bebido, y que no molestan demasiado a los bastardos. ¿Quizá haya esperanza de que salga bien?

Pero entonces, se une otro soldado nazi, que había estado oculto, con pinta de cabrón y que no está bebido. Y ahí dices: ya está, la hemos liado. De hecho, empieza sospechando de los acentos y duda de la procedencia de los bastardos. Tarantino te convence que de esa no salen ni de coña...pero, la situación parece reso

lverse. Aunque aún crees que el nazi desconfía. Y para co
lmo, se une a ellos. Y se ponen a beber y a jugar. Y ahí vienen las conversaciones cordiales y triviales que llevan dándose lugar toda la escena, la sonrisa de Diane Kruger que logra aliviar tensiones, y las caras de circunstancia de los bastardos, que lo están pasando peor que el espectador preguntándose qué coño pasará. Vale, sabes que no puede salir bien...pero, ¿y sinsas que puede que se acaben librando.tienen suerte? Es lo que tiene alargar tanto la escena, que ya hasta pie

Y de hecho, eso parece hasta que por un detalle que el espectador no puede percibir, el nazi vuelve a poner más cara de hijo puta, y les asegura que les ha pillado. Yo pensé: lo debe de saber todo el rato, solo estaba fingiendo para asegurarse.
Pero no es tan sencillo, aunque no lo sabremos hasta después. Total, hasta que llega este momento, habrán pasado unos 15 minutos. 15 minutos que se pasan rapidísimo. Y es que, aunque sepas como acaba la escena, cuando vuelves a ver la película, la escena te sigue atrapando, y cuando te das cuenta, ya está la liada montada.


En fin, y una vez liada piensas: ¿y ahora qué? Pues ahora un bastardo decide morir con estilo y antes apurar su whisky. Claro que sí. Y luego...pues un intercambio de tiros dónde más duele, y un tiroteo liado en todo el bar con todos implicados. Hasta el dueño. Todo pasa muy rápido, y vemos que solo queda en pie el nazi que había sido padre. Coño, aún queda un capítulo de película, y ya han muerto unos cuantos bastardos. Llega la reconfortante voz de Brad Pitt, que yo es escucharlo con ese acento y ya muero del amor, y descubrimos que el personaje de Diane Kruger ha sobrevivido.

En fin, todo esto nos lleva a una escena en la que Diane Kruger se pregunta cómo narices va a ir al estreno con la pierna escayolada -le han disparado-, y con Brad Pitt, el Oso Judío y otro bastardo ofreciéndose como los acompañantes italianos. Una frase que resuma el percal: Brad Pitt diciendo que el último bastardo acompañante es el tercero que mejor habla italiano, a lo que el bastardo dice: no hablo italiano, y Aldo Raine (Brad Pitt) confirma: "lo que yo decía, el tercero que mejor lo habla". Si con las muertes del bar, la incorporación de los "italianos", y el plan de Shosanna de quemar el cine no fuera suficiente para esperar el final ansiosamente -y de paso, presentir que puede liarse otra vez muy parda-, vemos a Hans Landa yendo a la taberna...de la que recoge un zapato y el autógrafo de la actriz alemana. Cuando Hans Landa aparece, sabemos que algo va a pasar. Y si encima, encuentra pruebas... sálvese quien pueda.
Y con esto, solo queda la traca final, capítulo que amo tanto que hasta me dan ganas de no tardar un mes en actualizar para hablar de él.

Ah, y a todo esto, ¿por qué los descubren? Porque un bastardo, al pedir tres whiskeys, levantó tres dedos que nunca levantaría un alemán al pedirlo. Pues a pesar de lo mal que pintaba todo, al final fue un simple detalle el que costó que todo se estropeara.

miércoles, 22 de junio de 2011

Cosas que odio del cine (Vol 1)

Parece una entrada de Todas las cosas que odio, pero no. Yo también tendo derecho a odiar.
El cine es algo más que una película. Es toda la gente que participa en ella, es el momento en el que la ves, con quién, dónde, los comentarios sobre ella... Muchas cosas. Y de entre tantas, no soporto unas cuantas.

Las típicas comedias románticas o dramones del rollo romántico. Americanadas en este ámbito, vaya. Las comedias románticas me parecen todas iguales, estúpidas, sin gracia...Encima, muchos de sus actores, tipo Jennifer Aniston (tampoco la soporto en Friends, odiadme fans acérrimos de la serie), me parecen igualmente insoportables. Igual hay alguna más decente que me llega a entretener y la salvo algo de la quema, pero pocas. Los dramones...me refiero a esos que son una pastelada, que tienen que decirse lo muchísimo que se quieren cada dos minutos de la manera más cursi posible aunque su relación no tenga ni pies ni cabeza, y metan con calzador elementos supuestamente dramáticos para que me muera de la pena porque no pueden estar juntos. Anda ya. Odio este tipo de relaciones en pantalla, de verdad.

La gente que desprecia a los cinéfilos más jóvenes: de la tirria por la década de los 90 en adelante.
Últimamente, me he encontrado muchos comentarios en Internet sobre lo mismo: los más jóvenes no tenemos ni zorra de cine, así que no tenemos derecho a opinar, y no conocemos películas anteriores a los 90. Bueno, tengo 21 años. Nací justo en los 90. Sí, he visto cine anterior a los 90. Obviamente, sí, me queda mucho por ver. Obviamente también, no puedo haber visto el mismo cine que alguien con más años que sea otro aficionado y dedique mucho tiempo a ver películas. Con el tiempo, voy remediándolo. No me creo en igualdad de condiciones para opinar que alguien que haya visto trescientas mil películas más que yo y tenga ciertos conocimientos, pero no creo que por no haberme visto (todavía) la filmografía entera de Billy Wilder u Orson Welles sea una subnormal que no tiene ni puta idea, y cuya opinión vale menos que una mierda.Por otro lado, me hace gracia lo de que citemos películas de los 90. Nací en esa época, he crecido con los estrenos de a partir de los años 90, igual que uno de los 80 lo hizo a partir de esa década. Es lógico que mis referencias más recientes y abundantes sean de la década de los 90 y de la década de los 2000. Por otro lado, que nombre películas de estas décadas, no quiere decir que no haya visto cine anterior. Mi película favorita es Oldboy, del año 2003. ¿Me convierte eso en una cateta que huye de los clásicos? Pues no. Y otra cosa...ya sé que mola despreciar el cine actual (que sí, que hay mucha mierda, pero se hacen cosas buenas también) y amar el pasado. Pero dentro de unas décadas, las películas que marcaron en los 90 y en la década de 2000, pasarán a considerarse joyas del pasado. Supongo que en ese momento, se criticará a la gente que solo cite películas que se han hecho a partir del 2030, y no pasará nada si citas una de los 90.

Ah, y otro detalle relacionado, que me lleva a otro punto: si citas a Tarantino, es que tampoco tienes ni idea de cine. Dan por supuesto que los fans de Tarantino creemos que éste inventó el cine. Sé que Tarantino no ha inventado nada. ¿Y? Si adoro a Tarantino no es porque crea que sea un innovador increíble como no hay otro igual, sino porque me hace disfrutar con sus películas. Me encantan, las amo. Punto final, no hay más. Otros aman a Nolan y lo tratan como inventor del universo, y tampoco creo que haya inventado nada nuevo; pero se les critica mucho menos que si dices que eres fan de Tarantino. Igual que con Tarantino, pasa con algún otro director, tipo Tim Burton, otro al que adoro, y que ha dejado películas creo que demasiadísimo dignas como para menospreciar a alguien porque diga que es fan suyo.

Gente que hace listas para demostrar cuánto sabe (y no, no me refiero a hacer listas de películas como hacemos todos porque sí).
Como véis, la gente pedante que se cree superior me saca bastante de quicio. Hay más puntos sobre ellos, alguno se quedará para el Vol. 2. En este caso, no sé si os habrá pasado, o lo habréis visto por Internet. Una persona comenta algo sobre una película, otra no coincide con sus gustos, y se lo hace saber, opinando de forma completamente distinta, e incluso diciendo alto tipo: pero cómo dices eso, estás loco... Vamos, expresiones para mostrar que no estás de acuerdo, típico. La primera persona, no sé si sentirá amenazada o no será capaz de tolerar que alguien ponga en duda sus conocimientos y su refinado gusto. Para que eso no quede en duda, se dedica a hacer listas enormes de películas (o a nombrarlas, si no es por Internet...yo es que esto lo he visto mucho en blogs), tipo: mira cuánto he visto, cuánto sé, más que tú, chincha. ¿Por qué narices hacen esto? Quizá la persona que le puso pegas, es capaz de hacer listas muuuucho mayores y ha visto más cine. O quizá no, pero es que aunque no pudieran, me sigue pareciendo igual de absurdo. Si tienes tan clara tu postura, y estás tan confiado sobre tus conocimientos, ¿por qué en lugar de argumentar lo que defienden, se dedican a recitar nombres para intentar quedar por encima y demostrar cuánto saben? No lo entiendo.

El doblaje de las películas asiáticas.
Supongo que muchas son porque tienen poca difusión, y el doblaje es barato y cutre...pero otras que tienen más presupuesto, siguen siendo cutres. Imagino que influye el que los asiáticos interpretan de manera muy distinta a la occidental, y los actores de doblaje tal vez no son capaces de cogerle el punto y queda en una mera imitación que es ridícula: por ejemplo, cuando los asiáticos gritan mucho. Doblado queda de chiste. Y también la forma de hablar y expresarse: a veces dicen cosas que los occidentale sno diríamos, o no de esa manera, y escucharlo de la voz del actor de doblaje suena raro de cojones. El caso, que no veáis películas asiáticas dobladas si podéis evitarlo. Yo no encontraba The Host para descargar en VO, y me la bajé en castellano. Casi me da algo viendo a Song Kang-Ho (actorazo)llorando como un loco con esa voz tan absurda, que hacía que sus gritos y sus llantos fueran un chiste. Menos mal que ahora la tengo un DVD (edición especial tres discos *__*), cuando la vuelva a ver, no tendré que soportar eso.

La gente que no acepta sus "guilty pleasures".
Y lo pongo entre comillas, porque yo lo veo una gilipollez: si te gusta algo, te gusta, y punto. ¿Por qué te tienes que sentir culpable? Y lo que es peor, ¿por qué tienes que esconderlo y no admitirlo? O admitirlo a medias: sí bueno, es que está entretenido... Cuando en realidad, se lo han pasado de la hostia. No seáis imbéciles, anda. Si os gusta, os gusta. Y ya está. Puedes ser consciente que no es la séptima maravilla, pero oye, la comida basura a veces apetece mucho y sienta como Dios. Además, pensad que luego, hay películas que como tienen respaldo de críticos o mucho público, aunque sean una castaña, si te gustan, ya no da cosa admitirlo. Ahí tenéis Avatar (iba a hacer yo una entrada sobre odio y no nombrar a James Cameron, sí claro...señoras inglesas que en realidad son James Cameron, ¡yay!).



Y el resto de odios, los dejo para una segunda parte. O una tercera. Que oye, es ponerme a criticar, y podría seguir, y seguir, y seguir...

domingo, 29 de mayo de 2011

Traumas de cine: La Pianista

Juro que desde que actualicé, salvo el fin de semana pasado que lo dediqué a descansar y no hacer nada, no he tenido un rato suficientemente largo como para actualizar. Malditos trabajos, o malditos libros aburridos que subrayar, malditos exámenes...Los ratos libres, intento despejarme como puedo, y no me da para ponerme a escribir una entrada. Pero bueno, aprovecho ahora.
Bueno, seguro que tenéis alguna película que os ha traumatizado. Quizá no sea la película en sí, si no tal vez alguna escena, algún personaje...que se te quedan ahí, grabados, de manera irreversible, y no hay manera de superarlo. Una de las que más me ha traumatizado, y recuerdo más a menudo -él ya se sabe de qué va, y hasta a veces la nombra él antes que yo ante una situación que recuerda a ella de tanto que le doy la paliza...- es La pianista, de Michael Haneke.

En realidad, no sé por qué me traumatizó tanto. El tema es, simplificándolo mucho, los gustos sexuales peculiares de una mujer. Ni siquiera enseña nada -ya se sabe, es Haneke-, pero no sé. Igual si se tratara de una película simplemente explícita y ya está, igual me hubiera traumatizado muchísimo menos. Haneke sabe, sabe sobre lo que cuenta, y sabe cómo contarlo y diseccionarlo.

No son las tendencias sexuales de la mujer...es el ambiente enfermizo de su personaje, de toda la película, el contagio de esa sensación que se produce en ti mientras la ves, y en el chico protagonista. No sé, es algo imparable, es algo que no puede acabar bien, es algo que proviene de otros problemas, de otras cosas que ya no puesen curarse ni remediarse. La represión total. Una mujer, ya madura, que vive con su madre, totalmente dominada y controlada por ella de una manera que sobrepasa los límites. Una mujer fría como el hielo, aparentemente fuerte, por ese semblante duro y su actitud arisca, estirada. Pero luego... Seguro que recordáis muchas profesoras así. No las veréis igual después de esta película.

No sé, es un cúmulo de cosas. Son las situaciones descontroladas, extremas, violentas. Secretos que esconden las personas, incluso las que parecen completamente normales pueden tenerlos, o dejarse contagiar por ellos.

La verdad es que pienso sobre ello, y sí, sé los puntos de esta película. No es fácil de ver. Es fea. Es dura. Pero no logro entender del todo que mi trauma sea tan grande. Pero ahí está, en mi cabeza. Aún me impresiona, aún me inquieta. Y tantas cosas me hacen recordar a la dichosa pianista...

Bueno, seguro que Isabelle Huppert tiene parte de culpa. Está genial en su papel. Me perturba nada más verla.

Por cierto, curiosidad por conocer vuestros traumas.

domingo, 24 de abril de 2011

Desmontando a los bastardos: Parte III

Mil años después, llega...

Capítulo 3: Noche Alemana en París

Iba a seguir con esto antes, pero me dije: hey, tienes el guión de la película en tus manos. Espérate para seguir cuando lo hayas leído, total, cinco meses antes, cinco meses después...La semana pasada, de viaje de unas ~maravillosas vacaciones~, me llevé mi guión querido y lo leí. Y cada vez me gusta más esta puta película. Pero vamos al capítulo 3.

Me parece muy bien que le reconozcan a Christoph Waltz la perfecta actuación que hace del grandísimo Hans Landa. Ahora, ¿¿por qué se olvidaron de Mélanie Laurent y su Shoshanna?? Para mí, está a la par que Waltz, y el personaje es el más profundo de toda la película. Al menos, yo lo veo así.

En este capítulo conocemos a Shoshanna, aquella chiquilla que huyó después de que Landa asesinara a sangre fría a toda su familia, y que sobrevive hábilmente en la París ocupada por los nazis, en su cine. Que no falten las referencias cinéfilas o las muestras de amor al cine por parte de Quentin. Y aparece el personaje de Daniel Brühl, un soldado alemán que luego descubriremos que, además, es un héroe de guerra y estrella de la nueva película de Goebbels. Y se acerca a Shoshanna, con buenas intenciones. Claramente, él se siente atraído por ella. Toma ya, un joven y amable soldado nazi ligando con una judía que intenta ocultar que lo es después de que un nazi matara a su familia. ¿Podría ser mejor? Sí. Aunque Shoshanna no quiera, algo en él le gusta. No hace falta que lo diga, no hace falta que deje de mostrar que no está cómoda y que siente repulsión por su uniforme. Hay algo (Tarantino lo indica en el guión, y en la película con la expresión de Mélanie Laurent es suficiente para que lo notemos).

El joven soldado nazi se encuentra a Shoshanna, y vuelve a hablar con ella. Ella lo rechaza, pero insisto: algo hay. Algo impensable, peligroso, una locura. ¿Un soldado nazi tirándole los trastos insistentemente? Vaya tela. Un soldado nazi pidiendo que se le juzgue por algo más que por un uniforme. Bueno, al fin y al cabo, ¿no querrían los judíos que no se les juzgara solo por ser judíos? Pero coño, él es un puto nazi. Aunque le gusta ella. Esto no puede acabar bien.

Después, una de mis escenas favoritas de la película. Liada suma: unos nazis aparecen en el cine de Shoshanna y la obligan a ir con ellos. La cara de ella es un poema. Llega a un restaurante: Daniel Brúhl (lo siento, se me olvida el nombre del personaje, los nombres alemanes son complicados) la espera, y agradece que haya aceptado su "invitación" para reunirse con él. ¿Y con quién está él? Con el mismísimo Goebbels (y su amante e intérprete). Jo-der. Una judía allí, sentada en la mesa de uno de los grandes del régimen nazi, por culpa del soldado nazi que quiere con ella. Y todavía se complica más la cosa: Daniel Brühl quiere estrenar su película en su cine. Estreno nazi en el cine de una judía. En serio, es que es todo taaaaaaaaaaaaan fuerte. Tensión, tensión, tensión.

Pero todo puede empeorar más: aparece Hans Landa. Si en la primera escena de la película, Tarantino sabía transmitir la tensión gracias al ritmo pausado y la presencia de Hans Landa, aquí se sirve de nuevo de Landa, y del duelo interpretativo. Hans Landa, por un lado, haciéndote sentir que lo sabe todo, que sabe quién es ella. No sabes cómo ni por qué debe saberlo, ni qué va a hacer, pero seguro que lo sabe. Ella: el terror en una mirada, intentando contenerlo. Me rindo ante Mélanie Laurent en esta escena, de verdad. Se quedan solos. Hans Landa habla. Te da la sensación de que cada cosa que dice, le va a llevar a descubrir la identidad de ella. Hable de lo que hable, aunque use ese tono cordial y agradable. Y notas que ella siente lo mismo: y se te contagia su miedo, su nerviosismo.Hans Landa insiste en tomar un postre. No quiere que ella lo pruebe hasta que llegue la nata. Según leí, los judíos no pueden mezclar esos dos alimentos (supongo que será verdad). Vaya cabronazo. Finalmente se va, sin muestras de que quiera ir a joderla, de que sepa quién es. Pero no nos quedamos tranquilos, sabemos que lo sabe. De alguna manera, lo sabemos. Shoshanna deja escapar todo lo que ha estado conteniendo mientras estaba con Landa. La angustia que transmite es tremenda.

Solo le ha hecho falta dos personajes (y dos actores tremendos) y una conversación sobre nada en particular para crear una atmósfera de tensión y nerviosismo como pocas. Cuando la vi por segunda vez, aunque sabía que no iba a pasar nada, no pude evitar sentir lo mismo. Es tremendo el poder de Landa, cómo te identificas con Shoshanna. Genial.

Y el capítulo de presentación de Shoshanna no podía acabar mal. Junto con Marcel, su pareja que trabaja en el cine, decide que van a rodar una película. Para los nazis. ¿De qué película hablará? ¿Cómo será? Bah, lo que te dé por imaginar no va a ser ni la mitad de épico que luego resulta ser.
Ah, bueno, y dice que va a incendiar el cine la noche del estreno, que las películas hechas con nitrato son muy inflamables. Detalle sin importancia que promete un final de mierda, sí. Forma muy poco interesante de acabar el capítulo y una manera malísima de hacerte sentir interés por el personaje de Shoshanna y su venganza (venganzaaa, venganzaaaaaaaaaaaaaa....de una mujer de los pies a la cabeza. Quiero ser un personaje femenino de Tarantino, quiero ser poderosaaaaaaa).

Ya solo quedan dos capítulos. El último es para hacer una fiesta con confeti y piñata de lo supa dupa ~awesome~y ~epic~ que es.

martes, 14 de diciembre de 2010

Desmontando a los bastardos (Parte II)

Capítulo 2: Malditos Bastardos

Elegir mi capítulo favorito de esta película resultaría muy complicado. Pero si tuviera que elegir uno para ver una y otra vez, uno que no me importaría en absoluto que el dvd se rayara y comenzara a reproducirlo una vez acabado de nuevo, probablemente sería este.
La presentación de los bastardos, soldados americanos judíos que van a liarla parla en Francia, liderados por un Brad Pitt cojonudo, con su gran Aldo Raine. Aldo Raine da un discurso a sus hombres: deben aniquilar a los nazis. Los nazis deben sufrir, los nazis deben recordarles por lo cabrones que van a ser. Sus hombres le deben cien cabelleras nazis. Este discurso es genial. Tiene ese toque, al igual que el resto del capítulo, más tarantiniano de la película. Ahí vemos, a un grupo de hombres, con un humor muy peculiar, hablando al estilo Tarantino, y comentando actos violentos o brutalidades que nos van a parecer divertidas.
Me recuerda este discurso a los días en los que esperaba esta película. Veía el trailer una, y otra, y otra vez. Parte de este discurso era la base del trailer. Joder, es que ese Brad Pitt, con su acentazo, diciendo esto...es épico.

A continuación, aparición estelar de Hitler. ¡Grandeee! Tarantino nos da a un gran Hitler, a un Hitler divertido, ridiculizado. Y cabreado porque los bastardos los están jodiendo a base de bien. Tendremos en paralelo, entonces, la audiencia de Hitler con un soldado alemán que sobrevivió a los bastardos, y las escenas de lo que sucedió aquel día con ese soldado y los bastardos.

Ahí comprobamos lo cachondos y bestias que son los bastardos. Y por eso, les amamos. Vamos a ver cómo putean a base de bien a unos nazis. Mención aparte, tiene la presentación de Hugo Stiglitz, un alemán que se cargó a varios de los suyos, y al que los bastardos van a rescatar a prisión. Genial esa parte. Con ellos irrumpiendo cargándose a todos, apareciendo poco a poco frente a la celda de Hugo con esa música -siempre bien elegida por Quentin-, Brad Pitt proponiéndole sumarse a los bastardos. Ese momentazo en el que un nazi malherido gime en el suelo y un bastardo -no recuerdo cuál- lo calla de un tiro sin mirar. Lo que yo diga, este capítulo es muy tarantiniano.
Hugo, y los bastardos, nos están ganando. Sin darnos cuenta, estamos adorándolos. Y eso que muchos ni han abierto la boca. Pero joder, molan que te cagas. Y esto la verdad, es otro gran mérito de Tarantino: en una película tan coral, conseguir que todos los personajes principales de ese coro sean carismáticos...Pero estamos hablando del hombre que en Pulp Fiction se inventó al Sr Lobo, personaje mítico donde los haya, que apenas aparecía en la película.

Bien, los bastardos siguen torturando a los soldados nazis que se han encontrado, entre risas. Y llaman al Oso Judío. Oh Dios. Me da igual que Eli Roth haya dirigido cosas como Hostel, como si hubiera dirigido una película sobre que las hojas se caen de los árboles. Me declaro fan de este hombre gracias a esta película. Lo amo, irremediablemente. Está jodidísimo de la cabeza. El Oso Judío aparece en escena para reventarle la cabeza a un nazi con un bate de beisbol. Aparece desde una especie de un túnel oscuro, avisando con golpes del bate.

Y sí, después es cuando aparece Eli Roth con su cara de loquísimo, y el Oso Judío hace su trabajo. Y se pone a gritar cosas como un auténtico pirado. ¿Es o no es amor?

Uno de los soldados nazis, el que logró sobrevivir, después de tal panorama, se ofrece a contestar lo que dicen los bastardos. Lo dejarán irse vivo, pero con dos condiciones: primero, debe contar lo que allí ha sucedido; y segungo, se irá con una marca especial. Porque a los bastardos no les gusta que los nazis puedan quitarse el uniforme. No. Quieren que se pueda ver que son nazis siempre. Para ello, ¿qué mejor que dibujarles con un cuchillo en la frente una esvástica?

Lo que yo diga: amamos a los bastardos. Yo los amo, al menos. Y bastó solo este capítulo para hacerlo. Tienen carisma, tienen un gran líder, tienen ese estilo tarantiniano, tienen gracia, tienen buenos métodos. Tienen talento en lo suyo: joder y matar nazis. Después de un primer capítulo con un enorme Hans Landa y tensión, Tarantino nos regala uno de descanso, uno divertido, uno en el que nos da a conocer a sus bastardos, para que los adoremos, del primero al último.

Es un poco complicado de explicar. Lo mejor que se puede hacer con este capítulo, es sentarse y disfutar de él. Imposible no hacerlo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Desmontando a los bastardos (Parte I)

Antes que nada, Leslie Nielsen. Nos ha dejado, y la verdad es que es raro. Entre muchos recuerdos de mi infancia, guardo el de ver una infinidad de veces sus películas sentada en el sofá con mi familia. Creo que a todos nos ha dado muchos buenos momentos, así que, que descanse en paz.


Por otro lado, el viernes por la noche, pusieron por el Plus Inglourious Basterds. Yo que no tenía nada mejor que hacer, y desde que la vi allá por su estreno, no la había vuelto a ver, me puse a verla. Y joder. La recordaba buena, pero no tan tremenda. Tarantino me hizo volver a flipar como él sabe, por eso lo amo tanto. Y lo hizo a pesar de ese doblaje criminal: Hans Landa parece un gay alocado e impone la mitad, Brad Pitt pierde la mitad de la gracia sin su acentazo, Daniel Brühl parece retrasado, Eli Roth parece que esté menos loco, Danie Kruger está un poco ridícula y la pedazo de escena en italiano pierde todo el sentido. Creo que la que mejor parada sale con diferencia es Mélanie Laurent, pero bueno. El caso es que, a pesar de querer asesinar a quien aprobó ese doblaje, flipé con la película otra vez. Y me di cuenta de lo enorme que era, capítulo por capítulo, cada uno acojonante a su manera.

Así que he decidido hacer como un especial de los bastardos, y comentar capítulo por capítulo, porque lo merece. Aviso que voy a destripar los capítulos sin pensar en si hago spoilers o no, así que, si no la habéis visto, no leáis nada de lo que venga a partir de ahora.

No sé si haré las cinco actualizaciones seguidas o intercalaré con otras cosas. Probablemente esto último para no saturar. Y a todo esto, aún no sé qué será de mi conexión... Pero allá vamos.

Capítulo 1: Érase una vez...En la Francia ocupada por los nazis

Supongo que una película puede empezar incluso mejor que como lo hace esta. Pero no creo que, esta película en concreto, pueda empezar mejor de cómo lo hace.

No recuerdo exactamente, pero creo que son más de 20 minutos de escena. ¿Y en qué consiste la escena? Señoras y señores, con ustedes, el irrepetible Hans Landa. Inglourious Basterds tiene un coro muy grande de personajes, muy grandes y carismáticos, pero probablemente Hans Landa sea el que más fuerza tiene.

Y aquí lo tenemos, en la primera escena. Hans Landa en estado puro. Imposible no temerle y no amarle al mismo tiempo. Lo vemos entrando en la cabaña, entablando una conversación amistosa con el granjero que incluso lo está pasando peor que nosotros. Ahí vemos a Hans Landa, pasándose del francés al alemán, para que los judíos que esconde el granjero no entiendan ni una palabra de lo que dice.

Esta película tiene muchas virtudes, pero una que llama mucho mi atención es la capacidad que demuestra Tarantino para crear tensión. Una tensión nerviosa, angustiosa. Y todo con la simple presencia de Hans Landa. Yo que ya la había visto, y sabía lo que pasaría, me encontré otra vez con los nervios en el cuerpo, con esa sensación de mal rollo, con ese Hans Landa que impone y lo hace suyo todo: el escenario, la cámara, la escena, el diálogo, el ambiente.

Sabes que algo malo va a pasar. Lo sabes desde que lo ves bajarse de su coche, y ves cómo se dirige a la casa del granjero. Lo sabes con más seguridad conforme Hans Landa va introduciendo poco a poco el tema de los judíos, aunque lo haga con esa sonrisa mientras se bebe un vaso de leche. Lo sabes, también, porque el señor LaPadite sufre y sabe que la cosa puede acabar muy mal. No hay escapatoria. Pero el conflicto se alarga. Hans Landa habla, y habla. Sin prisa. Lo cual crea aún más desesperación.

Tarantino se permite hasta meter un toque de su humor, cuando Hans Landa decide sacar su pipa para fumar, el triple de grande que la de LaPadite. Y se permite uno de esos puntos de guión que te hace pensar que es un jodido genio.

Hablo de la comparación que hace Hans Landa de los judíos con las ratas. Es impresionante. Cómo resume la esencia del odio, de la intolerancia; del sin sentido que supone, y cómo nos hace hacer examen de conciencia, haciéndonos ver que todos podemos pecar de ello. Con unas simples frases, con una simple comparación. Para quitarse el sombrero, es que no hace falta añadir nada, ni explicarla. Es que Hans Landa lo dice todo de una manera tan sencilla...

Por supuesto, sí, todo acaba mal. LaPadite acaba reconociendo que esconde judíos, y se los entrega en bandeja a Landa. No podemos culparle, hemos sufrido con él. Probablemente, hubiéramos hecho lo mismo, y no habríamos aguantado tanto tiempo. Quizá con otro oficial nazi, no hubiera sido igual. Pero era Hans Landa.

El cazador de judíos atrapa a sus presas. Pero una escapa. ¡Au revoir, Shoshanna!

Y sin darte cuenta, ha acabado el primer capítulo. Esta primera historia de las cinco que componen la gran historia que es Inglourious Basterds. Hemos conocido a Hans Landa, y en poco tiempo, nos hemos dado cuenta de lo que es capaz, de cómo nos hace sentir. Hemos estado casi media hora (o media hora) aguantando la respiración, con el corazón en un puño. Acabamos de ver un comienzo increíble, nada fácil de conseguir. Tiene que ser el principio de algo muy grande. Y lo es.

jueves, 21 de octubre de 2010

Los límites del cine

Muchas veces surge la polémica sobre si en el cine todo vale, o si hay que censurar (el caso más reciente, el de Saw VI, vergonzoso para mí, y eso que solo me gusta la primera película).

Bueno, y a lo largo de la historia, películas que levantaron polémica y que se censuraron. Películas que hoy son clásicos del cine, como La naranja mecánica.

La polémica vuelve con la proyección de A serbian film en el Festival de Sitges. No he visto la película, aunque sí he leído bastante sobre ella. La verdad es que con la brutalidad explícita tratada de forma real, soy demasiado sensible y me traumatizo en seguida, así que prefiero evitar ver estas cosas.

El caso es que el tema ha llegado al punto de que los super progres de Cuatro, hicieron un supuesto debate sobre el tema, en el que intentó participar el director del festival. Y digo intentó, porque no le dejan hablar, y la Campoy tiene las santas narices de decirle que abra su mentalidad cuadriculada. En fin, básicamente dicen que esto es horrible, una aberración, que no debería proyectarse, y demás. Por supuesto, no han visto la película. Dejo el video, que no tiene desperdicio, si tenéis tiempo, miradlo:



Una de las cosas que más llaman mi atención es que dicen que la película es delictiva. Llegan a comparar el intercambio de pornografía y la pederastia con lo que se filma en esta película. ¿Pero estamos locos o qué? Vale que son burradas muy enormes, pero, ¿a estas alturas de la vida no sabemos diferenciar la realidad de la ficción? Se ve que ellos no, porque comparar una película con ser pederasta...No es real lo que se muestra, señores. Leonardo DiCaprio sigue vivo y no se ahogó en el Titanic.

Yo no defiendo la película. Primero, porque no la he visto. Y porque a mí este tipo de cosas, ya he dicho, no me gustan. Me parece muy enfermizo y extremo, pero sé que es una película. Yo no quiero ver estas cosas, las rechazo. Pero yo no soy nadie para imponer que otros no deben verla, y decir que no es ético y es igual que cometer delitos reales.

Lo que no comprendo es que, por ejemplo, acepten Saló. Otra que cuando salió, consiguió que se armara una buena. ¿Por qué unas cosas sí y otras no? ¿Quién debe poner los límites? ¿Censura solo en algunos casos y en otros no? Pues qué bien, si se actuara según lo que dicen estos personajillos tan progres ellos, La naranja mecánica en su día no habría tenido distribución, deberían haber quemado todas las copias y haber encerrado a Kubrick y a Malcolm McDowell, de paso. No la estoy comparando con A serbian film, pero intento ver las consecuencias de lo que esta gente considera moral y correcto.

Pero en fin, después de ver cómo tratan al director del festival... Otra cosa que me encanta es que parece que se llegue a la conclusión de que si se muestra algo, se hace apología de ello.

La verdad es que muchas veces pienso en la literatura. Por qué, por ejemplo, se permite que en la literatura se describan escenas violentas. O abusos a menores, por ejemplo. La literatura es ficción, y el cine también, ¿no? Entonces, ¿por qué uno sí y otro no? Ah, que el cine hace que lo veamos, y nos impacta mucho más. Y como nos jode lo que vemos, pues a decir que es poco ético. No le veo sentido, de verdad.

En fin, que yo no creo que vea A serbian film. No quiero, se me revuelve todo solo de pensar en algunas escenas descritas. Pero no diré que el director es un criminal y que deba encerrarse la película bajo llave. A lo mejor es que tengo la mente cuadriculada como esa gente tan profesional, que encima se ríen en la cara del director del festival cuando dice que es técnicamente buena. Y que sepáis que el sinónimo de calidad técnica suprema son los Oscars. Claro. Con dos cojones.

Así que...¿el cine entonces no debería tener límites? ¿Todo vale en el cine?

martes, 23 de febrero de 2010

Directores: Quentin Tarantino


Querido Quentin:

Tenía ganas de hablar contigo, y hablarle sobre ti a todos. Bueno, los que me conocen (o incluso los que no, solo hay que ver la cabecera del blog), saben que te adoro. También pueden saber que adoro cada una de tus películas. Pero quizá los motivos sean confusos. En fin, ahora, te tengo en mi cuarto (gracias por regalarme a mini Quentin *___*) y podemos hablar con tranquilidad. Bueno, puedo hablarte. Con lo que te gusta hablar a ti, no sé por qué te quedas tan callado. Deberías estar dándome envidia por todo lo que sabes de cine y recomendándome mil películas, y adorando unas cuantas, proponiéndote que hagas un remake de Battle Royale y hablándote de mi lunar del pie derecho, para ver si consigo que al menos saques mis pies en uno de tus planos y puedo sentirme realizada como persona.

Te descubrí un poco tarde, la primera película tuya que vi fue Kill Bill. Después de aquello, no pude parar. Antes, mi director favorito era Tim Burton. Ahora, os tengo a ti, a Tim y a Woody (bueno, y a Park Chan-Wook también) en mi pedestal de directores favoritos, pero creo que lo tuyo es algo especial. Quizá, si tuviera que elegir uno, te elegiría a ti. Aunque no, que no me hagan elegir.

Es por tus guiones. Molaría tener todo el de Pulp Fiction enmarcado a lo largo de los pasillos de una casa, porque es el más impresionante. No sé qué tomarías en Amsterdam cuando lo escribiste, pero estabas sembrado. Eres capaz de que un comentario acerca de hamburguesas sea mítico. O sobre las propinas, o sobre de qué va Like a virgin. Conviertes lo cotidiano en una genialidad. Tu humor negro es insuperable. Creo que el ingenio sale de ti de forma tan natural como las palabras cuando te pones a hablar tan rápido.

Están tus personajes. Algún día me tienes que decir de dónde sacas esas ideas, cómo consigues que en una sola película haya tantísimos personajes de esos que adoras, de esos que se te quedan grabados, de esos que son legendarios. Ríete de los que digan que no hay profundidad en tus películas, porque los personajes están jodidamente bien definidos. Cada uno es único. Y para profundidad Kill Bill, si la gente solo es capaz de quedarse con que hay sangre y hostias, cuando hay escenas como la de Beatrix despertando del coma viendo que no tiene a su bebé, es que son gilipollas. Jules, Vincent Vega, Mia Wallace, el Sr Lobo, el Sr Rubio, La Novia, Bill, Elle Driver, Alabama, Hans Landa, el Oso Judío, Aldo Raine... Y seguiría, y seguiría. Y lo gracioso es que hay muchos que apenas aparecen en pantalla, pero desde el momento que abren la boca o simplemente aparecen sabes que son grandes e inolvidables.


Son tus historias. Cuentas la historia de un atraco sin enseñarlo, haces películas de gente hablando sin argumento que son geniales, lo enrevesas todo en tu película negra, la segunda mejor historia de venganza que he visto (aunque con la que más he disfrutado), cambias la historia, por si te llaman machista, película de chicas hablando, haces que una carrera de coches a alguien que no le gustan los coches le parezca de las cosas más alucinantes que ha visto en su vida. Te permites el lujo de atreverse a cosas que nadie se atreve: hacer que el personaje más crack de una película, tal vez el mejor, sea un nazi. Que les jodan con sus críticas de mierda, sabes cerrar bocas.

La verdad es que son miles de detalles. Hasta para elegir la banda sonora aciertas. Conviertes la violencia en algo divertido, o en algo estético. Y la verdad, quienes te califiquen de demasiado violento...manda huevos, no hay tanta violencia en tus películas. Hay poca. Salvo en Kill Bill, y es totalmente irreal, ya que su estilo es a lo cómic y se convierte en pura estética. Y que se atrevan a decir que defiendes la violencia cuando de pequeño te pegaron...Lamentable. La gente se toma las cosas demasiado en serio. La gente no sabe lo que es el cine. También está tu forma de sorprender: ninguna película tuya es igual. Cada una es completamente distinta a la anterior, aunque esté tu sello tarantiniano. Fíjate, eres tan único que hasta hay un adjetivo para describir tu estilo.



Me sigue impresionando el final de Kill Bill Vol 2. Es precioso. Precioso, triste, alegre, esperanzador...Todo. Hay tantos sentimientos en ese final, que me cuesta creer que la gente esté tan ciega como para no darse cuenta. No, ellos necesitan oír frases cursis que les indiquen que está pasando algo bonito, sino, no son capaces de darse cuenta.

Y me sigue impresionando y sorprendiendo cuando descubro que cierta cosa de una película es parte de tu vida. Me encanta cómo te metes a ti mismo en las historias. Me encanta tu forma de contarlas, de desordenarlas, de hacer lo que te da la gana con los planos, la cámara, los personajes, las situaciones que creas...Todo. Hasta tus planos a los pies y a los culos, tus fetiches.

Espero que vuelvas a salir en tu próxima película. Me gusta cuando apareces, ya sea para hablar de vírgenes y pollas, para hacer de marido pringado o para hacer de uno de mis psicópatas favoritos en la peli de tu amigo. Que esa es otra, qué bien me caéis Robert Rodríguez y tú. Moláis, en serio.

Pero la verdad, es que aunque a alguien no le gustes, son demasiado ignorantes (aunque se las den de cultos con sus gilipolleces técnicas que ni entienden) si dicen que eres un mierda sobrevalorado. Has visto tantísimo cine...el cine es tu vida. Ellos, ni yo, llegaremos a ver un cuarto de las películas que tú has visto. Ni a conocer todos los actores, directores, guionistas... que tú conoces, señor enciclopedia de cine andante. Es que, aunque no te adorara, te mereces más que nadie poder hacer tus películas. Quentin, eres cine. Eso es innegable. Lo eres. Me alegro de que puedas vivir de lo que eres.

La verdad, me lo paso genial en tus películas. Las disfruto demasiado. Gracias. Y joder, cómo me gusta que no seas pedante, que te la sude si la gente dice que x película es una mierda, porque tú las vas a recomendar si te gustan, y punto. Sin avergonzarte. Y qué gracia me hace cuando algunos se escandalizan con tus listas de películas diciendo que tienes un gusto raro, o incluso malo. Solo por ser sincero contigo mismo y no tener miedo de disfrutar de cualquier película.



Molas. Mucho. Solo hay que verte al lado de Brad Pitt o bailando estilo Pulp Fiction (esa es otra, ¿cómo crear una escena mitiquísima y absolutamente perfecta solo con un baile? Algún día me lo tienes que explicar, Quentin) con la monísima y majísima Mélanie Laurent.



Me pasa contigo lo que a ti cuando hablas de cine, supongo. He hablado mucho. Pero siento que quedan demasiadas cosas por decir y que podría seguir y seguir. Lo dejaré por hoy, que me están dando ganas de bailar Stuck in the middle with you, mientras desespero a Robert De Niro diciéndole que diga QUÉ otra vez con una katana en las manos y acento americano cerradísimo.

Quentin, estás como una jodida cabra. Y eres un puto genio.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

[Especial] Frases: Trainspotting

He caído, soy débil. No podía no ponerlo.

Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact-disc y abrelatas electricos.
Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos.
Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos unos trajes en una amplia gama de putos quejidos.
Elige el bricolaje, y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá y ver teleconcursos que embotan la mente y explotan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura.
Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo, siendo una carga para los jóvenes a quiénes has engendrado para reemplazarte.
Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa.
¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?


Fin del especial. Fin de año casi ya, a empezarlo lejos, dónde sé que está mi propio camino.

sábado, 26 de diciembre de 2009

[Especial] Películas: Trainspotting

De qué se puede hablar cuando ya he hablado de todos los personajes, de algún momento, de partes de la historia...pues se puede hablar de más, de mucho más.

Al elegir la temática del blog, podría pensarse que al decidir que fuera de cine, limito los contenidos. Que quizá, mejor hacer un blog de temática general, en el que pudiera hablar de todo. Pero es que resulta, que si hablas de cine, puedes hablar de todo, de cualquier cosa. No es solo ficción, no son solo mundos o historias, es más, es mucho más.
Trainspotting es un buen ejemplo de lo que digo. No es una película sobre la droga y todo lo que ella abarca, por eso, entre otras cosas, es un gran error compararla con Requiem por un sueño. O al menos, no es una película solo sobre la droga. En la película se habla sobre la droga porque los personajes son adictos, no porque se quiera hablar sobre la droga y se inventen esos personajes como consecuencia.

Trainspotting es una crítica brutal a nuestra sociedad, a nuestra forma de vida, a cada uno de nosotros; reflejada especialmente desde la voz de Renton, pero presente en demasiados momentos de la película. Una sociedad acomodada, conformista, consumista, sin vida, sin alternativas al camino marcado, sin un final feliz, sin una existencia feliz en muchos casos debido a lo vacía, monótona y superficial que resulta.

También habla de la madurez, del crecimiento, del avance de uno mismo por su propia vida. De la necesidad de encontrar un lugar o un camino. En el caso de los personajes de la película, sobretodo de Renton, de buscar su propio camino, su propia forma de vida, encontrar lo que es mejor.

Es amistad. Desde esa amistad que en realidad no lo es, con ese colega que no sabes ni por qué le hablas, hasta ese amigo que lleva años contigo, pasando por el distanciamiento por determinadas causas.

Tiene humor. Tiene momentos duros, asfixiantes -el intento de rehabilitación obligada de Renton, sufriendo por el mono, es terrible...y no sería tan terrible sin Ewan McGregor y la actuación que nos regala-. Es surrealista. Es irónica. Es realista también. Es un cóctel de personajes demasiado geniales que se llevan gran parte del mérito. Es entretenimiento puro. Es rápida. Es corta, pero intensa, muy intensa. Hasta la banda sonora es perfecta, con la resurrección de Iggy Pop y más artistas como David Bowie (junto a Iggy Pop en Nightclubbing), Blur o Lou Reed. Cada canción encaja perfectamente en cada momento, aportando aún más a lo que ya era demasiado bueno sin ellas. Te hace tener mil sentimientos a la vez, incluso sentimientos contradictorios al mismo tiempo, como en la famosa escena del retrete más sucio de toda Escocia, en la que yo, al menos, siento una mezcla entre repulsión y fascinación.


No sé cómo Danny Boyle después de hacer algo así, hizo el bodrio de La playa. Que mira que era difícil, después de leer el libro pensé que era el libro más difícil de adaptar en una película que había leído nunca...y ahí está, la adaptación perfecta. ¿Que el libro siempre es mejor que la película? Bueno, me gustaría ver cuántos que dicen eso se han leído, por ejemplo, el libro en que está basado Forrest Gump. En este caso -coincido también en el de La naranja mecánica, por citar otro ejemplo-, la película me parece mejor.

Elige comedias románticas absurdas. Elige super producciones que son una copia una de otra. Elige directores creyéndose dioses solo por controlar la cámara aunque no te cuenten nada. Elige el ego de James Cameron. O el de Gus Van Sant. Elige cine clásico porque así quedas de culto y de entendido y molas que te cagas. Elige Casablanca o Ciudadano Kane porque son los grandes clásicos aunque disfrutes más con películas que siempre dirás que son una basura. Elige vampiros que brillan. Elige una gran historia destrozada por un remake o la versión americana, como ver a un gilipollas haciéndose llamar Goku en Dragon Ball Evolution o la intención de Spielberg de hacer un remake de Oldboy. Elige ver las segundas partes de Disney que nunca debieron existir -especialmente la de Pocahontas-. Elige ver solo cine americano o alguna de cine español y ve de que puedes mantener una conversación de cine con alguien que ha visto 500 películas más que tú solo porque de vez en cuando pagues por unas palomitas y una butaca. Elige pagar 6 euros en el cine por la película que tenga el cartel más grande.


¿Pero por qué iba a querer yo ver algo así? Yo elegí no e
legir 6 euros para ser gastados en esas basuras. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes Trainspotting?