Edward Bloom es valentía, es optimismo, es ganas de vivir. Edward Bloom me ha enseñado que todo, absolutamente todo, es posible. Me ha contado, entre historia e historia, que hay que coger tu vida, cargarla a la espalda y vivirla, no esperar a que nadie la viva por ti ni a que te lo den todo hecho. Eso nunca. Hay que luchar por lo que se quiere. Aunque haya que llamar a todas las tiendas de narcisos del mundo, después de haber trabajado un año entero en un circo para conseguir a la persona con la que vas a casarte. Porque él sabía que se iba a casar con ella. Lo sabía, lo quería y lo consiguió. Así es Edward Bloom.
También me ha enseñado bastante del amor, o de historias sobre el amor, o ambas cosas.
"Para tu padre, solo existían dos mujeres en el mundo: tu madre, y todas las demás"
Seguro que no con todas se le detenía el mundo al conocerlas, por ninguna luchó tanto, ninguna le comprendió como ella lo hizo, ninguna le hubiera abrazado así en la bañera. De todos modos, Edward Bloom es único, y tenía que tener una mujer única.
Y no puedo acabar la entrada sin decir que Ewan McGregor es genial para ser Edward Bloom, por esa sonrisa que se saca no sé de dónde, pero esa sonrisa es Edward Bloom. E igual con Albert Finney, que nos da el único Edward Bloom que podría existir con esa edad, en cama, y aún contando sus historias.