Mostrando entradas con la etiqueta Diane Kruger. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diane Kruger. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de enero de 2012

Desmontando a los bastardos: Parte IV

¡Increíble! ¡Pero si estoy actualizando! Yay. Pues eh, tengo excusa otra vez. Estaba de exámenes(+ trabajos + prácticas), y claro... que me apetecía actualizar y todo, si tengo varias entradas pensadas y películas acumuladas para comentar.
Toma, y encima vuelvo con los bastardos (la volví a ver no hace mucho que la pillé por la TV, fue mi segunda película de este año, y ay, cada día me gusta más esta puñetera película), algún día acabaré de desmontarlos, lo sé. Ya solo me queda un capítulo más. Por supuesto, esto contiene spoilers a punta pala, si no has visto la peli, no seas idiota: vete a verla, y luego, coméntame en el blog.

Capítulo 4: Operación Kino

Este capítulo fue el que menos me gustó de la película la primera vez que la vi. Luego me ha gustado más, y he acabado rendida. Aunque en realidad, creo que sería el último que escogería como favorito. Pero eso no quita que sea muy amor.

En este capítulo, Tarantino vuelve a demostrar que eso de crear tensión se le da bien. En el primero, lo hacía con Hans Landa. Una escena aparentemente calmada, de diálogo, pero que te hacía sentir que todo iba a torcerse. En esta sucede algo parecido. Aunque bueno, antes hay una escena en la que Tarantino se dedica a hablar del cine alemán de la época. Referencias, y más referencias. Es lo que es Tarantino.

En esta ocasión no es la presencia de Christoph Waltz la que genera inquietud habrá una reunión de parte de los bastardos con una famosa actriz alemana (Diane Kruger), que actúa de infiltrada y espía. Necesitan planear su llegada al estreno de la película de Goebbels, al que acudirá el mismísimo Hitler. Total, que se juntan en una taberna de mala muerte que siempre está vacía....pero esa noche no. Ya avisa Tarantino de que la cosa puede acabar mal antes de que ellos entren en la taberna: dicen que es un sótano, y que ese es el peor sitio para pelear si se arma el lío.



Hay un grupo de soldados alemanes celebrando el nacimiento del hijo de uno de ellos. Los bastardos llevan uniforme, pero claro, puede ser bastante
peligroso: ¿y si los pillaran? Desde el momento en que Tarantino pone ahí a los nazis, ya sabes que te la está liando. Que se puede ir todo al garete en cualquier momento, y que lo raro es que no se fuera. Pero claro, no es solo eso. No son cinco minutos de escena predecible y ya. La escena, de hecho, es bastante larga.

Y ahí está la gracia de la tensión de la escena. Desde que empieza, sabes que algo va mal, que algo irá mal, pero Tarantino se recrea en alargar la tensión y, el desenlace no llega pront
o. En lugar de eso, vemos como los bastardos intentan desenvolverse lo mejor que pueden con la ayuda del personaje de Diane Kruger, que lo lleva todo con más naturalidad. Guapísima, simpatiquísima y elegantísima ella. Muy amor. Bueno, el grupo de soldados resulta que está bastante bebido, y que no molestan demasiado a los bastardos. ¿Quizá haya esperanza de que salga bien?

Pero entonces, se une otro soldado nazi, que había estado oculto, con pinta de cabrón y que no está bebido. Y ahí dices: ya está, la hemos liado. De hecho, empieza sospechando de los acentos y duda de la procedencia de los bastardos. Tarantino te convence que de esa no salen ni de coña...pero, la situación parece reso

lverse. Aunque aún crees que el nazi desconfía. Y para co
lmo, se une a ellos. Y se ponen a beber y a jugar. Y ahí vienen las conversaciones cordiales y triviales que llevan dándose lugar toda la escena, la sonrisa de Diane Kruger que logra aliviar tensiones, y las caras de circunstancia de los bastardos, que lo están pasando peor que el espectador preguntándose qué coño pasará. Vale, sabes que no puede salir bien...pero, ¿y sinsas que puede que se acaben librando.tienen suerte? Es lo que tiene alargar tanto la escena, que ya hasta pie

Y de hecho, eso parece hasta que por un detalle que el espectador no puede percibir, el nazi vuelve a poner más cara de hijo puta, y les asegura que les ha pillado. Yo pensé: lo debe de saber todo el rato, solo estaba fingiendo para asegurarse.
Pero no es tan sencillo, aunque no lo sabremos hasta después. Total, hasta que llega este momento, habrán pasado unos 15 minutos. 15 minutos que se pasan rapidísimo. Y es que, aunque sepas como acaba la escena, cuando vuelves a ver la película, la escena te sigue atrapando, y cuando te das cuenta, ya está la liada montada.


En fin, y una vez liada piensas: ¿y ahora qué? Pues ahora un bastardo decide morir con estilo y antes apurar su whisky. Claro que sí. Y luego...pues un intercambio de tiros dónde más duele, y un tiroteo liado en todo el bar con todos implicados. Hasta el dueño. Todo pasa muy rápido, y vemos que solo queda en pie el nazi que había sido padre. Coño, aún queda un capítulo de película, y ya han muerto unos cuantos bastardos. Llega la reconfortante voz de Brad Pitt, que yo es escucharlo con ese acento y ya muero del amor, y descubrimos que el personaje de Diane Kruger ha sobrevivido.

En fin, todo esto nos lleva a una escena en la que Diane Kruger se pregunta cómo narices va a ir al estreno con la pierna escayolada -le han disparado-, y con Brad Pitt, el Oso Judío y otro bastardo ofreciéndose como los acompañantes italianos. Una frase que resuma el percal: Brad Pitt diciendo que el último bastardo acompañante es el tercero que mejor habla italiano, a lo que el bastardo dice: no hablo italiano, y Aldo Raine (Brad Pitt) confirma: "lo que yo decía, el tercero que mejor lo habla". Si con las muertes del bar, la incorporación de los "italianos", y el plan de Shosanna de quemar el cine no fuera suficiente para esperar el final ansiosamente -y de paso, presentir que puede liarse otra vez muy parda-, vemos a Hans Landa yendo a la taberna...de la que recoge un zapato y el autógrafo de la actriz alemana. Cuando Hans Landa aparece, sabemos que algo va a pasar. Y si encima, encuentra pruebas... sálvese quien pueda.
Y con esto, solo queda la traca final, capítulo que amo tanto que hasta me dan ganas de no tardar un mes en actualizar para hablar de él.

Ah, y a todo esto, ¿por qué los descubren? Porque un bastardo, al pedir tres whiskeys, levantó tres dedos que nunca levantaría un alemán al pedirlo. Pues a pesar de lo mal que pintaba todo, al final fue un simple detalle el que costó que todo se estropeara.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Desmontando a los bastardos (Parte I)

Antes que nada, Leslie Nielsen. Nos ha dejado, y la verdad es que es raro. Entre muchos recuerdos de mi infancia, guardo el de ver una infinidad de veces sus películas sentada en el sofá con mi familia. Creo que a todos nos ha dado muchos buenos momentos, así que, que descanse en paz.


Por otro lado, el viernes por la noche, pusieron por el Plus Inglourious Basterds. Yo que no tenía nada mejor que hacer, y desde que la vi allá por su estreno, no la había vuelto a ver, me puse a verla. Y joder. La recordaba buena, pero no tan tremenda. Tarantino me hizo volver a flipar como él sabe, por eso lo amo tanto. Y lo hizo a pesar de ese doblaje criminal: Hans Landa parece un gay alocado e impone la mitad, Brad Pitt pierde la mitad de la gracia sin su acentazo, Daniel Brühl parece retrasado, Eli Roth parece que esté menos loco, Danie Kruger está un poco ridícula y la pedazo de escena en italiano pierde todo el sentido. Creo que la que mejor parada sale con diferencia es Mélanie Laurent, pero bueno. El caso es que, a pesar de querer asesinar a quien aprobó ese doblaje, flipé con la película otra vez. Y me di cuenta de lo enorme que era, capítulo por capítulo, cada uno acojonante a su manera.

Así que he decidido hacer como un especial de los bastardos, y comentar capítulo por capítulo, porque lo merece. Aviso que voy a destripar los capítulos sin pensar en si hago spoilers o no, así que, si no la habéis visto, no leáis nada de lo que venga a partir de ahora.

No sé si haré las cinco actualizaciones seguidas o intercalaré con otras cosas. Probablemente esto último para no saturar. Y a todo esto, aún no sé qué será de mi conexión... Pero allá vamos.

Capítulo 1: Érase una vez...En la Francia ocupada por los nazis

Supongo que una película puede empezar incluso mejor que como lo hace esta. Pero no creo que, esta película en concreto, pueda empezar mejor de cómo lo hace.

No recuerdo exactamente, pero creo que son más de 20 minutos de escena. ¿Y en qué consiste la escena? Señoras y señores, con ustedes, el irrepetible Hans Landa. Inglourious Basterds tiene un coro muy grande de personajes, muy grandes y carismáticos, pero probablemente Hans Landa sea el que más fuerza tiene.

Y aquí lo tenemos, en la primera escena. Hans Landa en estado puro. Imposible no temerle y no amarle al mismo tiempo. Lo vemos entrando en la cabaña, entablando una conversación amistosa con el granjero que incluso lo está pasando peor que nosotros. Ahí vemos a Hans Landa, pasándose del francés al alemán, para que los judíos que esconde el granjero no entiendan ni una palabra de lo que dice.

Esta película tiene muchas virtudes, pero una que llama mucho mi atención es la capacidad que demuestra Tarantino para crear tensión. Una tensión nerviosa, angustiosa. Y todo con la simple presencia de Hans Landa. Yo que ya la había visto, y sabía lo que pasaría, me encontré otra vez con los nervios en el cuerpo, con esa sensación de mal rollo, con ese Hans Landa que impone y lo hace suyo todo: el escenario, la cámara, la escena, el diálogo, el ambiente.

Sabes que algo malo va a pasar. Lo sabes desde que lo ves bajarse de su coche, y ves cómo se dirige a la casa del granjero. Lo sabes con más seguridad conforme Hans Landa va introduciendo poco a poco el tema de los judíos, aunque lo haga con esa sonrisa mientras se bebe un vaso de leche. Lo sabes, también, porque el señor LaPadite sufre y sabe que la cosa puede acabar muy mal. No hay escapatoria. Pero el conflicto se alarga. Hans Landa habla, y habla. Sin prisa. Lo cual crea aún más desesperación.

Tarantino se permite hasta meter un toque de su humor, cuando Hans Landa decide sacar su pipa para fumar, el triple de grande que la de LaPadite. Y se permite uno de esos puntos de guión que te hace pensar que es un jodido genio.

Hablo de la comparación que hace Hans Landa de los judíos con las ratas. Es impresionante. Cómo resume la esencia del odio, de la intolerancia; del sin sentido que supone, y cómo nos hace hacer examen de conciencia, haciéndonos ver que todos podemos pecar de ello. Con unas simples frases, con una simple comparación. Para quitarse el sombrero, es que no hace falta añadir nada, ni explicarla. Es que Hans Landa lo dice todo de una manera tan sencilla...

Por supuesto, sí, todo acaba mal. LaPadite acaba reconociendo que esconde judíos, y se los entrega en bandeja a Landa. No podemos culparle, hemos sufrido con él. Probablemente, hubiéramos hecho lo mismo, y no habríamos aguantado tanto tiempo. Quizá con otro oficial nazi, no hubiera sido igual. Pero era Hans Landa.

El cazador de judíos atrapa a sus presas. Pero una escapa. ¡Au revoir, Shoshanna!

Y sin darte cuenta, ha acabado el primer capítulo. Esta primera historia de las cinco que componen la gran historia que es Inglourious Basterds. Hemos conocido a Hans Landa, y en poco tiempo, nos hemos dado cuenta de lo que es capaz, de cómo nos hace sentir. Hemos estado casi media hora (o media hora) aguantando la respiración, con el corazón en un puño. Acabamos de ver un comienzo increíble, nada fácil de conseguir. Tiene que ser el principio de algo muy grande. Y lo es.