Creo que he sido especialmente injusto con el bueno de Quique Gonzalez. Realmente su música me gusta bastante y me creo al artista, lo que ya es mucho. Compartimos muchas querencias similares por el rock clásico americano (Dylan, Petty, Mellencamp....) y también el tío creo que es coherente y honesto con lo que hace. Tengo amigos que lo tienen subido en un pedesteal (supongo que merecido) pero yo solo acudo a el de tiempo en tiempo. Hay discos que me los conozco muy bien y otros a los que apenas he prestado atención. Mi favorito, a día de hoy, es Salitre 48. Un album (de previsible portada) de esos que me dicen muchas cosas y al que suelo acudir a menudo.
Es evidente el innegable poso que discos como Wildflowers de Petty o determinadas etapas de Dylan tienen en la música y en la forma de afrontarla por parte de Quique Gonzalez. Eso le ha generado muchas criticas negativas (injustas, a todas luces, cuando el artista siempre ha dejado clara su dueda con sus influencias) y ser carnaza de frases lapidarias de dudoso gusto y conocimiento. Partiendo de esa premisa, Quique nunca lo ha tenido fácil. Ese espíritu de lucha y tenacidad heredado de un perfil mas a lo Neil Young le ha hecho ganar enteros, poco a poco, entre el publico mas exigente. Me gusta mucho su voz, su corte melódico sin sonar pastoso y la forma en la que encara liricamente una canción. De esas, en este disco, hay unas cuantas. Solo se trata de descubrirlas y disfrutar de ellas. Me falta verlo en directo. Para los conciertos me he convertido en un vago impenitente.