Una de las cosas que más me entusiasma de la primavera, es que llueve un poco y enseguida aparecen caracoles para dar paseítos por la hierba jugosa y fresca.
En este caso fue uno sólo, tal vez era la avanzadilla, no sé. Lo descubrí retozando en el perejil y me llamó la atención su atuendo. Quise preguntarle si era tendencia ese nuevo diseño de cascarón en forma de gorro de gnomo, pero creo que el bichejo en cuestión era un tanto vergonzoso, porque en cuanto notó que le miraba se le subieron los colores y puso cara de yo sólo pasaba por aquí, pero ahora mismo me marcho.
No quise importunarle y dejé que se fuera con su cáscara a otra parte.
No tuve mucho tiempo para pensar en el caracol errante con gorro de gnomo porque en la planta de al lado, había crecido...
¡¡¡¡ Un bolso !!!!
¡Bendita lluvia de primavera!
Desde ese día me despierto cada mañana tarareando una canción infantil
¡Qué llueva, qué llueva...!
Aunque ahora que lo pienso, tal vez fuera el fertilizante.
Me debí de pasar con la dosis.
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