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martes, 22 de enero de 2013

La joven alameda

 Os preguntaréis, porqué os muestro éstas imágenes de dos troncos de Álamos, pues bien os quería enseñar como en muchas ocasiones las historias se repiten, el caso es que entre ámbas tomas hay varios años de diferencia, y por algún motivo que desconozco, volví a fotografiar ese mismo tronco unos diez años más tarde, cuando descargué las imágenes al ordenador me vino a la cabeza una imágen similar, y tras buscar en el archivo la encontré, la pasé a Blanco y Negro y allí estaba...... el encuadre no es el mismo exactamente, pero se aprecian cambios significativos en las imágenes, el joven bosque va creciendo y con el la vegetación circundante, el paso de los años se va haciendo patente en la corteza resquebrajada del tronco, incluso alguien dejó su huella tatuando su nombre en la corteza, el paso de los años es implacable, yo volví a recordar aquel día en el que fotografié la joven alameda con sus juegos de luces y sombras, y que ya habían pasado por allí hace unos años, y allí me vi con diez años más en las espaldas. Espero volver a aquel lugar y reencontrar ese tronco dentro de otros diez años más y volver a fotografiarlo y pensar en épocas pasadas y en antigüos momentos fotográficos.

miércoles, 1 de abril de 2009

Recuerdos de Noruega

Que recuerdos me trae aquél viaje que realicé con unos amigos al "Gran Norte", a Noruega, varios dias disfrutando de aquellos desolados parajes de una belleza incomparable, la sensación de libertad era absoluta, campo y campo por explorar, multitud de lugares mágicos, todo ello acompañado de millones y millones de mosquitos, pero eso es otra historia, la luz fué de las mejores con la que podér fotografiar, el sueño de cualquier fotógrafo de naturaleza o paisaje y lo mejor de todo es que era de día prácticamente las 24 horas, los atardeceres eran eternos, los pajarillos ralentizaban su actividad y otros al contrario continuaban con sus quehaceres cotidianos.
El único inconveniente era que con tantas horas de luz y tanto por descubrir apenas dedicabas tiempo a

descansar, con lo que el agotamiento tras varios dias era normal, pero a todo te acostumbras. Me traje unos maravillosos recuerdos
y unas enormes ganas de volver a patear por la inhabitada estepa, por esas enormes montañas peladas donde no había más que líquenes y pequeños abedules,
Ahora recordando aquellos momentos, los quiero compartir con todos vosotros que seguís mi blog y que tanto os agradezco.
También se lo queiro dedicar a Javier López y a César Álvarez Laó que fueron los cómpis que se embarcaron en la aventura.




Os recomiendo a todos los que podais, unos días por Noruega no os defraudará.

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