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miércoles, 16 de abril de 2008

Descartes y los miserables

Estando en el mar, en un barquito que había alquilado para él solo a fin de trasladarse de Embden a West-Frise, Descartes se encontró con la necesidad de tratar "con unos marineros que eran de lo más bárbaro y rustico ... No tardó mucho tiempo en percatarse de su maldad, pero -después de todo- eran los amos del barco ... Ellos observaban en él que tenía un carácter muy tranquilo, muy paciente, y por la dulzura de su rostro y la honradez que manifestaba para con ellos, lo juzgaban como hombre sin experiencia, y decidieron que "les tendría mejor cuenta" arrebatarle la vida. No tuvieron ningún inconveniente en celebrar consejo ... en su presencia, pues no creían que supiese otra lengua que la que hablaba con su criado; deliberaban sobre la conveniencia de matarlo a golpes o de tirarle al mar y aprovecharse de sus despojos.

"El Sr. Descartes, viendo que la cosa iba muy en serio, cambió de actitud, se levantó de repente, sacó su espada con una fiereza imprevista, les habló en su lengua con un tono que les sobrecogió, amenazándoles con atravesarlos a todos si se atrevían a ultrajarle ... La intrepidez de que dio pruebas en esta ocasión tuvo un efecto maravilloso en el espíritu de aquellos miserables ..
l.

1 Vie de Monsieur Descartes, por Adrian BAILLET, éd. de la Table Ronde, París, 1946, págs. 47-48.

Casi como un signo del Altísimo, he encontrado -al fin- en esta anécdota cartesiana (tomada del libro de Jacques Maritain, Filosofía Moral), el texto que dé el tono adecuado a las dificultades que -como me comentó el feacio Borja- sufren, en estos momentos, muchos profesores de filosofía de educación secundaria. Esto no es algo que venga de nuevo (ya en la universidad había, de tanto en cuando, manifestaciones de los estudiantes de filosofía a favor de una mejora del papel de su disciplina en los colegios e institutos), pero en los últimos años se ha radicalizado con la ocurrencia de reducir las horas lectivas de filosofía, a favor de Educación para la Ciudadanía; esto es, que estos profesores cedan parte de su tiempo -y den las clases- a la asignatura de "nuevo cuño".
Quienes quieran saber un poco más de este asunto, les aconsejo que entren en estos dos enlaces (aquí y aquí). Quizá después de leerlos, se planteen -como el Sr. Descartes- defenderse, negarse a ser ultrajados por unos miserables...

miércoles, 27 de febrero de 2008

La educación de Gargantúa

Respecto a Aprendizaje y heroísmo de Eugenio d´Ors.

CAPÍTULO XXIII
CÓMO GARGANTÚA FUE SOMETIDO POR PONÓCRATES A UNA DISCIPLINA QUE LE HACÍA APROVECHAR TODAS LAS HORAS DEL DÍA.

Cuando Ponócrates conoció la viciosa manera de vivir de Gargantúa, decidió educarlo de otra manera... para comenzar su labor con más acierto suplicó a un sabio médico de aquellos tiempo, llamado Teodo, que le indicara, a ser posible, lo mejor para llevar a Gargantúa al nuevo camino....
Con el fin de lograr mejor su propósito, le proporcionó la compañía de gentes cultas, que aguijaban su ingenio y le estimulaban el amor al estudio.
Después le hizo tal plan de trabajo, que no le permitía dejar de aprovechar ni una sola hora del día. Todo su tiempo lo dedicaba a las letras y al honesto saber.
....
A los comienzos se leían gratas historias de antiguas proezas, hasta que llegaba el momento de beber vino; entonces, si les parecía bien, continuaban la lectura, y si no, discutían alegremente sobre la virtud, propiedad, eficacia y naturaleza de todo lo que les iba sirviendo: el pan, el vino, el agua, la sal, las carnes, los pescados, las frutas, las verduras, las uvas y las composiciones de todo ello. Por ese medio aprendió en poco tiempo los pasajes con esto relacionados de Plinio, Ateneo, Dioscórides, Julio Polux, Galeno, Porfirio, Oppiano, Polibio, Heliodoro, Aristóteles, Elian y otros. Luego hacía traer la mesa, con frecuencia, para mayor seguridad, los libros y comprobaban las citas, aún cuando su memoria retenía perfectamente las citas, aún cuando su memoria, retenía perfectamente estas nociones, con tal precisión que ningún médico de entonces le hubiera igualado
.....
En plena noche, antes de retirarse, salían al lugar más descubierto para examinar el cielo; veían los cometas, si los había, y las figuras, situaciones, aspectos, oposiciones y conjunciones de los astros.
Después con su preceptor, recapitulaba brevemente, a la manera de los antiguos pitagóricos, cuanto había leído, aprendiendo, hecho y escuchado todo el día.
Por último rogaba a Dios creador, adorándole, ratificándole su fe y glorificándole su fe y glorificándole por su inmensa bondad; y dándole gracias por todo lo pasado, se recomendaba a su divina clemencia para el provenir.
Hecho esto, se entregaba al reposo. "

Para leer el comentario que Auerbach realizó en su libro Mímesis sobre Gargantúa, pinchar aquí. Cortesía de Zápiro.

lunes, 18 de febrero de 2008

Aprendizaje y heroísmo

"El arte de ayudar a los estudiantes se llama Pedagogía. Y el peligro de la Pedagogía está, como el de tantas cosas, en la ideología romántica. Desde Rousseau hasta Spencer, y aún más tarde, ella ha impuesto, en la obra de enseñanza, con la superstición de lo espontáneo, la repugnancia a lo que hemos llamado, desdeñosamente,"medios mecánicos", o "medios librescos", y sensiblemente, "medios fatigosos" de aprender. Se dice que esta pedagogía viene ya del Renacimiento. Pero hay aquí, me parece algún error. Casi nada es, en el siglo XIX, continuación del Renacimiento. Rousseau abre un ciclo mental, no ya distinto, sino contrario al iniciado por Rabelais. Hay en el gran libro de éste un admirable capítulo en que se contiene toda su doctrina pedagógica, aquel capítulo matriz sobre la reforma de la educación de gargantúa. Lo que le da sentido es su exaltación del esfuerzo, de la tensión de cada hora, en cada minuto, su espíritu de voracidad, de gula intelectual, característicos del humanismo. ¿Qué tiene que ver romanticismo con humanismo? Comparemos el espíritu heroico de la educación y del aprendizaje que estalla magnificamente en el Gargantúa, con las blanduras del Emilio rousseauniano, de donde ha salido la ralea infinita de blanduras modernas:claramente podremos ver que en estas últimas hay ya un principio de retorno a la sensualidad viciosa, oprobio de los primeros maestros del Gigante y de que le redimieron sus nuevos maestros renacentístas."

Eugenio d´Ors. Aprendizaje y heroísmo (1915)

miércoles, 6 de febrero de 2008

El latín y la vertebración de Europa

Hace unos días, en un amistoso diálogo en el blog de Juan Pedro Quiñonero en torno a la vertabración de la literatura y la cultura de Europa y de España, propuse al latín como uno de los caminos por los que podría afianzarse una Europa que vaya más allá de las instituciones de la Unión Europea... y puse como ejemplo y muestra, la existencia en Madrid de un Circulus Latinus Matritensis en el que se habla de vez en cuando (una vez al mes) la lengua de Ciceron. Puesto en contacto con uno de sus miembros, me abrió los ojos a un mundo que no conocía en toda su profundidad: la existencia de una autentica red de páginas (ver aquí y aquí), blogs y hablantes latinos a lo largo de todo el mundo, de periodicos (ver aquí ), de radios online (ver aquí y aquí) , de cursos gratuitos, de centros de inmersión linguistica en latín (uno es la universidad de Lexington, en Kentacky y otro, el Vivarium Novum, en Montella, cerca de Nápoles, en donde se estudian a los clásicos y se puede convivir unos días en latín), e incluso de un programa de busqueda por la red de latinoparlantes através del programa Skype.

¿Quién dijo que el latín era una "lengua muerta"?

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El magisterio según San Agustín

Como sé que muchos de los que leéis este blog, pertenecéis o tenéis alguna relación con la enseñanza, aquí os envío -en homenaje- un pequeño párrafo del libro de San Agustín Del profesor (De magistro.)

“¿Acaso pretenden los maestros que se conozcan y retengan sus pensamientos, y no las disciplinas que piensan enseñar cuando hablan? Porque ¿quién es tan tan neciamente curioso que envíe a su hijo a la escuela para que aprenda qué piensa el maestro? Mas una vez que los maestros han explicitado las disciplinas que profesan enseñar, las leyes de la virtud y de la sabiduría, entonces los discípulos consideran consigo mismos si han hecho cosas verdaderas, examinándolo según sus fuerzas aquella verdad interior. Entonces es cuando aprenden; y cuando han reconocido interiormente la verdad de la lección, alaban a sus maestros, ignorando que elogian a hombres doctrinarios más bien que a doctores, si con todo, ellos mismo saben lo que dicen. Mas se engañan los hombres en llamarse maestros a los que no lo son, porque, la mayoría de las veces, no media ningún intervalo entre el tiempo de la locución y el tiempo del conocimiento; y porque, advertimos, piensan haber sido instalados por la palabra exterior del que enseña”