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sábado, 1 de febrero de 2014

Aves que chocan con cristales

Paloma torcaz víctima de choque con cristalera de gimnasio en la Avenida de los Pirineos
(Zaragoza, 16/09/12)
Los choques con cristales de edificios son una causa muy importante de mortalidad de aves en las ciudades. Aunque la incidencia real de este tipo de accidentes es difícil de calcular, se han citado estimas de cientos de miles de aves muertas cada año en España por esta causa. 

Aves colisionadas recogidas en una sola estación migratoria bajo los rascacielos del distrito financiero de Toronto. (Imagen tomada del trabajo: Les oiseaux, le verre et la lumière dans la construction, de Schmid, H., W. Doppler, D. Heynen & M. Rössler. 2012) 

El problema se acrecienta a medida que prolifera la moda de las grandes superficies acristaladas cubriendo las fachadas de muchos edificios, fenómeno que podemos apreciar claramente en Zaragoza estos últimos años. Es fácil toparse con cadáveres o grupos de plumas de aves colisonadas que aparecen al pie de modernos edificios de oficinas (Ciudad de la Justicia), mamparas protectoras contra el viento (Puente del Tercer Milenio) o contra el ruido (salidas de la Z-40), centros deportivos y culturales, etc.
Los choques se producen contra cristales totalmente transparentes, o que reflejan el entorno, y que las aves son incapaces de detectar, de manera que interpretan que se dirigen -por ejemplo- hacia una atractiva zona arbolada. Existen soluciones paliativas de este problema señalizando los cristales con elementos que permitan detectarlos a tiempo como obstáculos, pero resultaría mucho más eficaz evitar un uso tan exagerado del vidrio como material de recubrimiento de fachadas, lo que en muchos casos favorecería además una climatización más eficiente y racional de los edificios.

La huella del choque de una paloma torcaz contra la cristalera del mismo gimnasio de la primera foto. Puede apreciarse a la perfección la impresión del choque frontal de la paloma en pleno vuelo. (Zaragoza, 16/09/12)
Más información útil y de libre acceso en PDF en:

sábado, 28 de septiembre de 2013

Palomas torcaces: del monte a la ciudad

Paloma torcaz (Columba palumbus)
Hace unos doce años comencé a ver las primeras palomas torcaces establecidas dentro de Zaragoza, primero en el Parque Grande y Pinares de Venecia, y poco a poco extendiéndose por el resto de la ciudad. 
La torcaz (Columba palumbus) es bastante más grande que la paloma doméstica y, a diferencia de ésta, nidifica en árboles construyendo una somera plataforma de ramillas.
Antes de colonizar ciudades como la nuestra, las torcaces eran aves totalmente silvestres propias de bosques y zonas arboladas, protagonizando migraciones espectaculares con bandos de miles de palomas norteñas cruzando por los collados pirenaicos y los del Moncayo en otoño para invernar en las dehesas del cuadrante suroeste peninsular.
En las últimas décadas las pautas migratorias de las torcaces han cambiado bastante y, por otra parte han colonizado con éxito muchas ciudades incrementándose su población global. Según datos de BirdLife, en 2004 se estimaba entre 27 y 51 millones el número de torcaces en Europa, con tendencia a aumentar.
En nuestra ciudad es muy fácil verlas "pastando" en el césped de parques y zonas ajardinadas o escuchar su  potente y grave "arrullo" emitido desde algún árbol.
Paloma torcaz comiendo frutos de Ligustrum japponicum

A continuación, un vídeo de dos torcaces procurándose cuidados posadas sobre una farola en pleno barrio de ACTUR-Rey Fernando