La tarde se desmaya en mi ventana.
Aún hace calor.
Afuera,
bandadas de gorriones exaltados
preparan la dormida
discutiendo por las mejores ramas del jardín.
A lo lejos,
justo detrás de la torre cristiana de los Púlpitos,
una luna naranja asoma su carita.
Viene alegre,coqueta,sofocada,
de tanto caminar detrás del sol.
Cáceres se relaja.
Y yo,
desde mi alma nostálgica,callada,
siento un escalofrío de ternura
al recordar otra tarde como esta,
prendido de sus ojos,de su boca,
rendido por su amor.
Octubre se desgrana lentamente,
con brillos excesivos,
sin ganas de traernos el otoño.
Rebelde e indignado,como todos.
Presiente que este otoño
vendrá con una extraña sementera
de papeletas blancas:
semillas de promesas incumplidas en urnas de cristal.
Y se rebela.
Me salgo a la terraza
cuando la noche ya envuelve con su manto
la vida en la ciudad.
La luna,más tranquila,
pasea su soledad por la gran avenida de los sueños
aluzada de estrellas.
Se ha empolvado la cara
para que el sol la encuentre de mañana
más guapa,más mujer.
Silencio en el jardín.
Los gorriones,cansados de disputas,
se han quedado dormidos.
Sigue haciendo calor.
Octubre está indignado y se rebela.
© Jerónimo.Octubre 2011
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domingo, 16 de octubre de 2011
Octubre
viernes, 23 de septiembre de 2011
Otoño
La tarde nos regala aromas inocentes,
como de niño chico,
tras los gruesos olores del verano.
tras los gruesos olores del verano.
La luz se ha vuelto tibia,delicada.
El alma se sosiega y,
los ojos,
cansados de relumbres,
otean las alturas en busca de aire fresco.
otean las alturas en busca de aire fresco.
Es el plácido otoño que llegó,de repente.
Llegó ayer,en silencio,
cargado de tristezas amarillas y ocres melancolías.
Más tarde,
cuando se vuelva viento,
rondará por las noches,
rondará por las noches,
silbando en las ventanas de doncellas ardientes.
Y después traerá
bandadas de hojas muertas
descendiendo en zig-zag:
de mi alma a la tuya,
de tu alma a la mía.
descendiendo en zig-zag:
de mi alma a la tuya,
de tu alma a la mía.
Otoño reincidente,
matando un año más,
sin premeditación ni alevosía,
el brillo de oropel de otro verano...
sin premeditación ni alevosía,
el brillo de oropel de otro verano...
Cuando lleguen tus tediosos domingos
de interminables tardes,
soñaré con sus ojos,
dibujaré sus labios con mi dedo
en el húmedo vaho de la ventana.
soñaré con sus ojos,
dibujaré sus labios con mi dedo
en el húmedo vaho de la ventana.
Y luego miraré como se elevan en raudos remolinos,
desde el parque desierto,
las hojas de los álamos
mezcladas con leves servilletas de papel
que el verano olvidó entre los parterres...
Otoño de tristezas amarillas,
de ocres melancolías.
Otoño de sosiegos...
Otoño de sosiegos...
Es el plácido otoño que llegó, de repente...
Octubre-2010
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