TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!



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MENSTRUACIÓN



Todo lo que los hombres ya deberían saber sobre la menstruación
No es teatro. Tampoco es histeria. Los efectos del ciclo sexual femenino contados para quienes nunca los han padecido
El ser humano es una especie de primate de organismo complejo, cuya biología siempre se impone sobre disfraces o convenciones. Y usted dirá: ¿a qué viene esta clase de primero de biología? Pues a que entender el cuerpo es crucial para nuestras relaciones. Y que de nada sirve conocer al dedillo los gustos musicales de su hermana, madre, hija o o novia, si luego observa como un marciano las fases de su ciclo menstrual, un proceso fisiológico que viven las mujeres sexualmente maduras. ¿Qué deben saber los varones sobre la menstruación de las féminas? Que las hormonas vienen y van. “En estas alteraciones y los subsiguientes efectos físicos y del ánimo influyen muchos factores. Todas las mujeres experimentan subidas y bajadas de estrógenos, progesterona y testosterona, pero no afecta a todas por igual. Es más, una misma fémina, a lo largo de todos los ciclos de su vida fértil, puede tener meses muy tranquilos y meses complicados. Entender esto es duro para muchos hombres, e incluso para las mujeres con ciclos sin sobresaltos”, relata el ginecólogo Carlos Cerdán Darder, jefe del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirón de Palmaplanas de Palma de Mallorca y miembro de Top Doctors.
A esta confabulación de las hormonas pueden sumarse factores externos. “El estrés laboral, el abatimiento personal o la ansiedad, pueden acrecentar los cambios de humor o la sensación de cansancio o irascibilidad. Normalmente, después de la maternidad, los ciclos se sobrellevan mejor, se atenúa el síndrome premenstrual y las reglas son menos dolorosas”, precisa Cerdán. A sabiendas de que no hay dos ciclos iguales en una misma mujer y, mucho menos, dos de ellas que pasen exactamente por lo mismo a lo largo de los 28 días que dura el proceso de desarrollo de los gametos, estos son algunos de los efectos frecuentes que a estas alturas cualquiera, independientemente de su sexo, debería conocer.
1. Dolor, cansancio y más dolor
El viaje empieza en el día 1 del ciclo. La llegada de la regla. Los niveles de progesterona (algo así como una droga antiansiedad natural) y estrógenos (energizantes) quedan bajo mínimos. “Esta situación hormonal favorece un estado de abatimiento y cansancio generalizado”, explica el ginecólogo. Para terminar de estropear la situación, irrumpen las prostaglandinas, unos lípidos que actúan de manera similar a las hormonas. “Desencadenan unas contracciones en el útero para expulsar el endometrio (el recubrimiento que habría albergado al feto en caso de embarazo). En algunas mujeres esas contracciones son especialmente intensas y es lo que ocasiona el clásico dolor de regla. Los anticonceptivos orales y los analgésicos como el ibuprofeno suelen ser los medios más habituales para reducir su presencia y así mitigar el dolor”, añade la doctora Mª Mar Sánchez Gila, ginecóloga del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada. ¿Cuentos de mujeres quejicas? En absoluto. “La disminorrea o regla dolorosa afecta, en algún momento de su vida, al 50% de los individuos que menstrúan. Las molestias suelen ser de leves a moderadas, pero hasta el 25% de las mujeres pueden presentar dolor agudo, náuseas, vómitos, diarreas, cefalea e incluso perdidas de consciencia”, advierte el doctor Duque Frischkorn, de la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional. “Lógicamente, ante esta situación de malestar y dolor es comprensible que la fémina no se sienta animada para hacer muchas actividades”, comenta Cerdán.
2. Chute de energía
El 85%  de las mujeres en edad fértil experimenta el síndrome premenstrual (acné, cambios de humor, náuseas, dolor de estómago o insomnio), pero menos del 10% lo hace con toda su virulencia
Nada más terminar de menstruar, se entra en la fase folicular. Y como quien no quiere la cosa, de un día para otro, algunas de ellas se sienten electrizadas, con ganas de hacer mil cosas. Los responsables: los niveles de estrógenos y testosterona subiendo como la espuma y capaces de producir importantes cambios a nivel cerebral. Un equipo dirigido por el neurólogo Jean-Claude Deher, del Instituto Nacional de salud Mental de Bethesda (EE UU), demostró con resonancias magnéticas que las mujeres en la fase folicular responden mejor a los estímulos asociados a una recompensa. “Esto implica estar más dispuestas a realizar inversiones de dinero o emprender acciones arriesgadas durante esos días [unas 9 jornadas de duración, justo después del sangrado]. E incrementa la libido”, señala.
3. Felicidad absoluta
Durante los días centrales del ciclo, el momento ovulatorio, la sensualidad y vitalidad de la semana anterior llegan a su plenitud. Son los días fértiles. La neuropsiquiatra Pauline Maki, directora del Programa de Salud Mental Femenina de la Universidad de Chicago, sostiene en su estudio Variaciones de la Memoria Implícita Durante el Ciclo Menstrual que, además, ese pico de estrógenos podría incidir en una agudización de la memoria y la motricidad fina (movimientos de precisión).
4. Días de caos
Arranca la fase lútea, que dura entre 11 y 16 días. Caen los niveles de estrógenos y testosterona mientras aumenta la progesterona. Baja la energía fulgurante, sube tranquilidad. Pero la paz no dura mucho. A medida que se acerca la menstruación, también se desploma la progesterona, y, con ella, puede que la libido y la calma. Con mayor o menor fuerza, ella entra en el síndrome premenstrual. El Colegio de Obstetras y Ginecólogos Americano estima que el 85% de las mujeres en edad fértil experimenta, al menos, uno de los síntomas asociados a ese estado (acné, cambios de humor, náuseas, dolor de estómago, insomnio, baja concentración o retención de líquidos). “Afortunadamente, solo menos del 10% de las féminas lo sufre con toda su virulencia”, señala Alek Itsekson, del departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Meir (Israel) en su artículo Síndrome Premenstrual y Enfermedades Asociadas a la Hipersensibilidad de la Mujer a las Hormonas Femeninas. “Conocemos los síntomas y su correlación con los cambios hormonales. Lo que la ciencia aún no acierta a determinar es por qué a unas mujeres les afecta más que a otras ni por qué un mes pasa desapercibido y, al siguiente, la misma persona está que no puede con su cuerpo”, apunta Cerdán. No se extrañe si, de pronto, ese manjar que a ella tanto le gustaba la pasada semana, hoy le parece repulsivo: afecta al gusto. También es probable que aumente el apetito hacia alimentos dulces o grasos. En otras palabras: el helado de chocolate. Así lo afirman investigadores de la Universidad de Copenhague en el artículo Impacto del Ciclo Menstrual en los Determinantes de la Ingesta de Energía.



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¿PUEDES SUPERAR TUS APEGOS?


LA VIDA POR LA LIBERACIÓN DEL YO.

La vida entregada en la ayuda al otro requiere múltiples exigencias, no puede abrazarse desde la decepción o el fracaso ni debe estar orientada hacia el enriquecimiento o satisfacción de la vanidad; sino desde la ilusión y el enamoramiento.
El coach no puede ser una persona decepcionada del mundo, sino enamorada de la Emancipación. La experiencia de vacío, de desilusión, o de fracaso, puede jugar algún papel en la pedagogía de la Emancipación. Pero jamás puede convertirse en la motivación fundamental o en la razón definitiva para optar por el seguimiento del coaching.
Ayudar en el camino que nos conduce hacia la Emancipación  requiere un compromiso “con el otro” así como una disciplina con nuestro trabajo , en nuestra vida diaria desde la sinceridad más trasparente.
El coach debe trabajar dentro del concepto de voluntad común que rige en toda sociedad. No debe buscar “emancipaciones especiales” y su ayuda en el trabajo en equipo puede cimentar en el coachee una conducta de acercamiento hacia una emancipación cercana a la pluralidad. El coach estabilizado es humilde y discreto renunciando al apego como herramienta vital en la guía de voluntades.
El compromiso con el coaching debe estar rodeado de una verdadera vocación de servicio donde la reflexión permanente debe enriquecer tan docta misión que de manera sencilla creará tendencias para acercar al otro en la senderos de su Emancipación.
Ser coach es un “don” que debe ejercerse con amor, responsabilidad y espíritu de superación.


LA FORMA EN QUE VES A LA GENTE ES LA FORMA EN LA QUE LA TRATAS, Y LA FORMA EN LA QUE LA TRATAS ES EN LO QUE SE CONVIERTE

Las puertas que abre ser alguien de trato fácil

Sonreír, mantener la discreción, o ayudar a los demás. Claves para ser alguien agradable con quien todos desearán relacionarse.

En inglés se llaman easy going persons. En castellano se podría traducir como personas flexibles, de trato fácil con las que puede relacionarse cómodamente. Todos tenemos en mente a alguien así: dan los buenos días con una sonrisa sincera, se ofrecen y prestan ayuda, hablan con un tono y volumen conversacionales, son discretos y apetece estar con ellos.


Hablo a todos de la misma forma, ya seael basurero o el presidente de la universidad
Albert Einstein

Mostrarse relajadamente le llevará a disfrutar más. Las relaciones que establecemos pueden llegar a ser una fuente de satisfacción o todo lo contrario. Uno está a diario en contacto con otros, desde la pareja a los hijos, pasando por los compañeros de trabajo, el personal que le atiende en una ventanilla o el taxista que le lleva a su destino. De ahí la importancia de tener alrededor a gente de trato fácil y poder entrenarse para ser uno de ellos. Es difícil tener una vida de la que se sienta orgulloso y feliz si no la disfruta. Y si las relaciones sociales son estresantes, su vida también estará llena de tensiones.
Los hombres y mujeres agradables son gente con la que apetece contar y compartir el tiempo de ocio, se les tiene en cuenta para planificar un viaje, una barbacoa o tomar un café relajado, y se convierten en un modelo al que le gustaría parecerse. ¿Por qué? Porque su presencia le hace sentir bien y relajado.
Cambiar nuestra forma de ser es posible. Huya del “yo soy así” y entrene los puntos que aparecen a continuación. Es imposible fallar en todos. Puede que necesite trabajar unos cuantos. No se agobie. Los cambios requieren el deseo de renovarse, planificarlos, pasar a la acción, entrenarlos a través de la repetición y tener paciencia con ellos. Interprete con benevolencia. Si tiene alguna duda de la intención de un comentario o de la acción de alguien, es mejor que le pregunte antes que decidir que lo ha hecho o dicho para fastidiarle. Si piensa que los demás tienen malas intenciones, no se dará cuenta de lo bueno que puedan hacer por usted.
Expectativas positivas. El “piensa mal y acertarás” solo le lleva a anticipar que la gente le va a fallar. ¿Usted falla a los demás, es poco fiable, deshonesto, mentiroso? No, la mayoría de nosotros somos personas de bien. Nos equivocamos y cometemos errores, pero no suelen ser intencionados. Yo creo que ese refrán lo inventó el mismo que dice que “cree el ladrón que todos son de su condición”. Lo que esperamos de los demás condiciona el trato que tenemos con ellos. Si espera cosas buenas, será amable, sonreirá, dará tiempo, se sentirá tranquilo, confiará. Pero también ocurrirá lo contrario. Si espera que le fallen se fijará más en detalles negativos. Está claro que alguien en algún momento de nuestra vida va a ser injusto con nosotros. Pero sacar conclusiones de que todo el mundo será igual es un sinvivir. No es fácil relacionarse con personas desconfiadas porque nos hacen sentir deshonestos.

Busque relacionarse con personas con una escala de valores parecida. Esto le allana el camino y le facilita las relaciones. Las personas parecidas nos facilitan el trato. Las similitudes permiten anticiparnos y estar en una zona confortable. Relacionarse con clientes de otras culturas o con valores distintos genera un sobreesfuerzo, porque lo que usted entiende que está bien, a otros les puede parecer un disparate. Hay culturas en las que los comerciantes no entienden que no se les regatee, y clientes que se sienten incómodos cuando tienen que pactar el precio. Por eso, ser parecidos nos convierte en personas de trato fácil con ese grupo de gente.

Flexibilidad. ¡Qué difícil es mantener una relación tranquila con alguien terco e inflexible! La capacidad de adaptación es una conducta inteligente y requiere flexibilidad. Transigir no es una debilidad. Ceder es tener empatía y reconocer que la opción del otro también es una buena opción. Si consiente, los demás también lo harán. Pero si no es capaz de adaptarse a los planes de los demás y se ofusca cuando no se sale con la suya, nadie querrá contar con usted porque supondrá una barrera para las prioridades del equipo o de otra persona. La flexibilidad mejora mucho la comunicación y facilita el entendimiento.
Dulzura. La dulzura se encuentra en el volumen, el tono, en la expresión facial, en las palabras que elige o en su mirada. Las personas dulces proyectan una calidez sincera. Su expresión facial invita a devolverles una mirada o sonrisa iguales. Su manera relajada de pedirle algo hace que se sienta valorado y querido. La dulzura es la mejor rival de la agresividad y del trato seco.
Transparencia. Guarde un as en la manga para los trucos de magia, pero no para relacionarse con los demás. Hable, exprese cómo se siente, qué le ocurre o lo que le preocupa. Hágalo con naturalidad. Las personas que hablan de sí mismas con naturalidad nos parecen cercanas. Por el contrario, hay personas que parecen misteriosas y que esperan que los demás adivinen lo que les pasa. Es gente que no nos hace sentir cómodos.
Deje la seriedad para las emergencias. No es sinónimo de responsabilidad. Sea divertido y desenfadado. Relacionarse con personas serias a veces es incómodo. No provoca un ambiente relajado y distendido en el que los demás se sientan con confianza para ser ellos mismos.

La flexibilidad mejora la comunicación y facilita el entendimiento
Trabaje su expresión facial y sus gestos. La sonrisa invita al otro a sonreír, y los demás le interpretan como una persona asequible, relajada y abierta a relacionarse. Sonreír es gratis y le abrirá muchas puertas. No mire por encima del hombro, ni levante el dedo acusador. La naturalidad a la hora de expresarse de forma agradable requiere un entrenamiento. Si ha decidido sonreír más, lo normal es que al principio su gesto risueño no le salga con toda la naturalidad del mundo. Pero concédase un tiempo.
Sea un tipo divertido y páselo bien. Cuanto más disfrute de la vida y más desarrolle su sentido del humor, mayor satisfacción y bienestar tendrá. No es atractivo ni grato relacionarse con personas rencorosas, envidiosas y victimistas. Lo mismo que hace ahora puede realizarlo con más diversión: ponga música, sea creativo, caricaturice la situación y recuerde emociones positivas que le hagan sentir vivo durante un momento de estrés. Hay muchas maneras de cambiar su estado emocional. No permita que las situaciones ni otras personas le superen y le sumerjan en la apatía y la rabia. Modifique su mundo y se transformará usted.
Escuche y preste atención. Nos gusta relacionarnos con las personas que se interesan por nosotros y nos escuchan. Haga sentir bien a los demás prestándoles atención, reforzando las pasiones del otro, valorando sus progresos, elogiando detalles, desde la ropa que llevan a su último logro laboral. Deje la crítica y los consejos no pedidos. Se trata de pasar un buen rato, no de dar lecciones a otros.

La forma en que ves a la gente es la forma en la que la tratas, y la forma en la que la tratas es en lo que se convierte
Goethe
Pregunte e interésese por los otros. A las personas les gusta hablar de ellas mismas y se sienten a gusto cuando se les da la oportunidad de contar sus cambios, su vida en pareja, el futuro de sus hijos, intereses, el trabajo… No sea el protagonista de las conversaciones. No necesita tener una relación íntima con la persona para interesarse.
Sea servicial, que no servil. Haga favores gratuitos, de esos que salen de uno con la única finalidad de ayudar y contribuir al bienestar de otra persona. No mida, actúe en función de su corazón, valores y sentimientos. Las personas serviciales se ofrecen: “¿Puedo ayudarte en algo?”. No se trata de estar al servicio de los demás y perder espacio para nosotros. Pero también hay que olvidarse de vez en cuando de uno mismo para pensar en qué y cómo puedo contribuir y prestar ayuda. Busque el término medio para tener tiempo para todo.
Mejor tener paz que tener razón. ¡Qué tranquilidad da poder permitirse no justificar todo, no tener que argumentar las ideas para sentirse comprendido y qué relax para cualquier intercambio, sobremesa o conversación! Las personas que siempre quieren llevar razón son agotadoras. Muestran con orgullo sus conocimientos, argumentos y se creen en posición de la verdad. No es agradable conversar con ellos.
Sea discreto, sobre todo con la información de otros. En este mundo de cotilleo en el que muchos viven la vida de los demás por no vivir la suya propia, se ha terminado por convertir el hablar de otros en algo normal. La indiscreción y la imprudencia le alejan de las relaciones de confianza. No hable de la vida privada, chismes o intimidades de nadie, y menos sin haber pedido permiso. No espere que le digan: “Esto no lo cuentes”. Coja la costumbre de no hacerlo.
Dice un proverbio del libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie: Si quiere coger miel, no pegue puntapiés a la colmena. Esperamos ser bientratados porque forma parte del respeto que merecemos y porque nos hace sentir especiales. Pero este deseo debe acompañarse de comportamientos recíprocos y bidireccionales.
elpaissemanal@elpais.com

CADA ALMA ES Y SE CONVIERTE EN LO QUE CONTEMPLA

El deseo de desconectar

Queremos libertad pero nos sentimos cojos sin compañía tecnológica. Hay que buscar la felicidad de estar ilocalizables

Cuanto más complejas se vuelven nuestras sociedades, más proclives son a generar paradojas como aquella que hizo furor unos años atrás: “Vivimos mejor a costa de sentirnos peor”. Nuestras vidas transcurren entre dualidades por las que surfeamos intentando encontrar cierta mesura aristotélica. ¿Cómo conciliar el ritmo acelerado con la serenidad? ¿Cómo conjugar la inmediatez con la reflexión? ¿Cómo crear nada si no tenemos tiempo?
Otra de las paradojas actuales, quizás la más llamativa, tiene que ver con la sed de desconectarse. En un mundo que se mantiene hoy más que nunca a través de la conectividad, es sintomático tanto deseo de desconexión. Vivimos conectados, deseando desconectarnos.

No es de extrañar que se oiga con insistencia: ¡nos vamos el fin de semana a desconectar! En realidad, no es más que otra paradoja. Realmente lo que hacemos es ir a encontrarnos con lo que probablemente sea lo único y más necesario: buscarnos por un rato a nosotros mismos, a los nuestros, a lo que es verdaderamente auténtico, a lo natural más que lo artificial. La sustancia frente a la materia.

¿Qué tiene la conectividad que nos atrapa tanto? Doy por hecho el carácter útil y funcional de las tecnologías y programas que añaden valor a la sanidad, la educación, el ocio y las relaciones interpersonales. Aunque se exigen grandes dotes de distinción entre el grano y la paja, la socialización del conocimiento y la información, incluso de las opiniones personales, no tiene parangón.
No obstante, la insaciable capacidad del ser humano de practicar el autoengaño y crear estados ilusorios convierte los mismos instrumentos en señuelos a los que se sucumbe por su poder seductor. Veamos algunos:
Si no estás conectado no estás en el mundo. Ya que las creencias organizan los mundos en los que habitamos, para muchas personas la idea de mantenerse conectadas todo el día les crea la ilusión de que forman parte activa de la sociedad en la que viven. Acaban convencidas de la fuerza de sus opiniones, de su capacidad influyente, del interés que despiertan en los demás aunque sea para que hablen mal de ellas. Hay mucho de narcisismo en una cultura que presume de “colgar en la Red” toda su vida (fotos, opiniones, símbolos, gustos y prejuicios). Es la forma que ha encontrado la posmodernidad de recrear el sentimiento de pertenencia. O te ven o no eres nadie. ¿A quién le interesa que nos lo creamos?
Cada alma es y se convierte en lo que contempla
Cuando uno se pasa el día consultando, opinando, chateando, respondiendo al minuto ante todo lo que pasa, o bien es su trabajo, o bien ha quedado atrapado en la red, nunca mejor dicho. Quizás la idea de estar todo el día conectados esconde una dificultad mayor: llenarse de algo que no existe. Es solo un espejismo pasajero. Como el adicto, se necesita huir del propio vacío, o dolor, o tristeza, para abrazar lo que sucede allí, en un mundo aparente, donde no paran de ocurrir cosas que, en realidad, les pasan a los demás.
Tomarlo como obligación. No cabe duda de que la comunicación interpersonal se ha visto alterada por la obligación de la conectividad. Aparecen hoy múltiples formas de conflictos entre parejas, padres e hijos o colegas de trabajo. No solo por cuestiones de malos entendidos y presuposiciones sobre los mensajes, sino por las exigencias que se atribuyen a la conectividad: hay que estar siempre disponible. Por ahí se cuela un conflicto, de nuevo, entre la libertad y la necesidad.
La confianza hoy no se basa en la sinceridad, sino en la pruebas. Las ingeniosas aplicaciones de los móviles tienen una contrapartida controladora que nos puede convertir en policías del otro. ¿Cómo es que estabas conectado y no me contestaste? Me consta que recibiste el mensaje, ¿dónde estabas? ¡Muéstrame la conversación si es verdad que no tienes nada que ocultar! ¿De quién son esas fotos?

El filósofo y ensayista bilbaíno Daniel Innerarity escribió para EL PAÍS del domingo 24 de mayo de 2015 un artículo titulado La libertad como desconexión. El autor reflexiona sobre la sensación más habitual de estar desbordados, sometidos a un torrente de estímulos que requieren nuestra perpetua atención. La obligación de estar conectados invade todos los ámbitos de la sociedad y convierte la cotidianidad en un asunto extenuante.

Los móviles, los chats, los mensajes son hoy fuente de sospecha. No nos fiamos de la persona, sino del instrumento, como si fuera la máquina de la verdad. En las consultas de los especialistas hay gente que confiesa haber hecho lo inimaginable: meterse en la cuenta de Internet de su pareja; hurgar las conversaciones del móvil; consultar el historial de páginas y lugares que visita... No tener el móvil a la vista o cerrar con contraseña el ordenador son fuente de angustia y de propósitos perversos. No pueden ser entendidos como actos de libertad o autonomía. Son evidencias que someten la relación a consideración.
Es una auténtica incomodidad relacionar la privacidad con el engaño. Dicho de otro modo, si alguien engaña no será por culpa de los instrumentos. En cambio, su uso como pruebas permanentes de sinceridad y de lealtad se convierten en un ataque a la parcela personal y un control desmedido al espacio relacional. La exigencia de transparencia puede convertirse en una necesidad peligrosa. Hay que aprender a ser libremente responsables y resolver, si los hay, los problemas de fondo de toda relación.
Vivir a destiempo. Una de las características más llamativas de la vida en conectividad es su capacidad de romper las barreras del tiempo. Hoy vivimos a destiempo, aunque se imponen la inmediatez y el entretiempo. En el caso de la inmediatez hay que hablar ya de una auténtica obsesión por permanecer conectados y activos, hasta el extremo de conducir mandando mensajes. Nos jugamos la vida por no tener paciencia, por creer que estamos obligados a responder de inmediato, porque hemos acelerado tanto la existencia que ya nos olvidamos de vivir. Cuenta solo el instante. Cuenta hacer la foto más que vivir la experiencia. Tiene prisa el que manda el mensaje y tiene prisa el que lo espera.
Por otro lado, sería interesante comprobar las horas que pasamos conectados. No importa el contenido, sino su entretenimiento. No hay espacio para más mientras estamos en ese entretiempo en el que, en realidad, no sucede absolutamente nada. Porque lo importante está dicho con pocas palabras. Porque lo que realmente importa ocurre. El resto es mera distracción.
La conectividad es tanto un imperativo técnico como moral
Daniel Innerarity
Al final llegamos a la conclusión de que tal vez sería bueno empezar a desconectar o, al menos, reducir los momentos y la necesidad de mantenerse enchufados. De hecho, cada día aparecen más personas que proclaman su baja en las redes. Lo viven como una liberación, como quien se aligera de una pesada carga, de una obligación.
Es necesario recuperar el propio ritmo, ser coherentes con nuestra manera de estar y vivir la vida. No hay que acelerarse; no hay que atender todas las demandas, no hay que saberlo todo, ni estar al día de cualquier cosa que suceda. Hay que rechazar las comunicaciones innecesarias y poner la atención en lo que realmente tiene valor. Hay que aislarse de tantos estímulos y de tanto ruido comunicativo. Hay que encontrar tiempo para uno mismo, para las relaciones reales, e incluso para no hacer nada, para simplemente contemplar. Existe un gran aliado: el silencio. Y existe una estrategia: la felicidad de estar ilocalizable, como diría Miriam Meckel.
La última paradoja es la siguiente: los aparatos que nos conectan posibilitan también la desconexión. Así, no es la tecnología la culpable de nuestros males, sino la actitud que tenemos ante ella. Enredarse es una decisión. Apropiarse del tiempo y del espacio, una liberación.

TEXTOS PARA EL ALMA 359


Cuando nuestra mente esta despierta, atenta y lista para ser usada, encontraremos que podemos crear cualquier cosa que estemos dispuestos a tener. Nuestra mente y formación nos da el poder tanto para crear como para destruir.
La voluntad es lo que genera la energía y el valor para crear. Esa es nuestra naturaleza.
El querer por sí mismo; no es suficiente. Estar dispuestos nos mueve más allá de nuestras limitaciones y nos conduce hacia la grandeza.
Cuando damos por sentado nuestro éxito, no nos brindamos la oportunidad de aprender del proceso y aplicarlo en otras áreas de nuestra vida. EL FRACASO ES SIMPLEMENTE UN RESULTADO QUE DIFIERE DEL QUE ESPERAMOS.
Podemos tener éxito ahora o más tarde; depende solo de nosotros. El éxito está esperando, aquí y ahora. No le importa de dónde venimos, lo que hacemos o lo que hicimos. Está disponible a todo aquel que lo quiere y está preparado para salir a tomarlo.
NO SIEMPRE PODEMOS OBTENER LO QUE QUEREMOS.
Cuando más practiquemos en crear éxito en un área, mas fácil será crearlo en otras. Mas para ser exitosos lo que hacemos, debe importarnos y comprometernos.

"TODOS LOS DÍAS TENEMOS INFINIDAD DE OPORTUNIDADES PARA APROVECHAR UN NUEVO COMIENZO"

TEXTOS PARA EL ALMA 358


 Establecer la prioridad en cada caso y momento es un reto que requiere cuajo y sabiduría.
Nuestra ubicación en el universo social, habitualmente está regida por las necesidades corporales y emocionales.
Salirse de esa "norma" cuesta mucho y no siempre es posible dado que estamos "presos" en el egoísmo.
¿Cómo escaparse de tan triste destino? ......aquí empieza el reto.
La prioridad no siempre a de satisfacer la demanda personal a corto plazo. Mirar también al bien común nos ayudara a tomar decisiones más holísticas y consecuentemente más completas y plurales.Sin el bienestar social no cabe felicidad individual ya que aparece rápido la incómoda posición del Yo.
Así una prioridad primera es el colectivo y para ello hay que "sacrificar" proyectos individuales de "glorias" momentáneas aceptando que el progreso o es colectivo o no es.
Tal prioridad primera no debe estar soportada por el "fraude" social ni por la inexistencia de valores como el respeto al otro y el amor por el trabajo.
Respetar las "reglas" debe suponer un acto cívico que nos permita abandonar la selva conformando un modelo evolucionado de convivencia.
En este marco la opinión del otro no es un lastre, sino una aportación a la evolución del proyecto fijado por la prioridad pues aunque esta es temporal ayuda a construir en método.
Llegado este "estadio" de "abandono del árbol" aparece el amor en toda su plenitud. Surge entonces como acción vital en la relación humana plena.
Se constituye como PRIORIDAD marco de TODO, donde el mutuo respeto enmarca la paz, la evolución y el progreso de aquello que llamamos vida social y profesional.


EL MAYOR OBSTÁCULO PARA UNA BUENA CONVERSACIÓN ES LA INCAPACIDAD DEL SERE HUMANO PARA ESCUCHAR AL OTRO

La magia de conversar

La verdadera comunicación es algo más que enviar mensajes desde el móvil


Desde la irrupción de las redes sociales y la mensajería móvil, mantener una conversación cara a cara se ha convertido en algo casi exótico. Estamos en contacto de forma abreviada y superficial con un número creciente de personas, pero cada vez nos sentimos más solos.
Para mejorar nuestras relaciones con los demás, comprenderlos y ser comprendidos, es esencial recuperar el buen hábito de hablar con tiempo y verdadera atención.
Parece demostrado que un déficit de conversación hace al sujeto más susceptible de padecer trastornos psicológicos. La falta de comunicación, directa e interactiva, con otras personas que puedan darle su opinión y relativizar los acontecimientos facilita que estos queden atrapados en la mente.
Cuando una experiencia se estanca en el circuito cerrado de un solo individuo, las emociones se amplifican y los mismos hechos se acaban distorsionando, algo que podría haberse evitado con una charla en buena compañía.
Deborah Tannen, profesora de lingüística de la Universidad de Georgetown, explica al respecto que “una conversación bien llevada es una visión de cordura, una ratificación de nuestro propio modo de ser humano y de nuestro propio lugar en el mundo”. Sin embargo, esta actividad tan humana se puede volver en nuestra contra cuando no la realizamos de forma saludable o con las personas adecuadas. “No hay nada más profundamente inquietante que una conversación que fracasa (…) Si sucede con frecuencia, también eso puede hacer tambalear nuestra sensación de bienestar psicológico”.
Esta autora comenta en su ensayo Hablando se entiende la gente que muchas de las disputas que se producen en las parejas heterosexuales tienen su origen en nuestra formación social, durante la infancia y adolescencia, con amigos de nuestro mismo sexo. Esto provoca que, en muchos casos, se creen estilos conversacionales separados por falta de interacción entre géneros.

El mayor obstáculo para una buena conversación es la incapacidad del ser humano para escuchar al otro con inteligencia, habilidad y comprensión
A partir de aquí se generan mitos como que “los hombres no saben escuchar” o que “las mujeres hablan de sus problemas sin cesar”, lo cual son claros prejuicios de género. Como sucede con cualquier otra actividad humana, hay diferentes grados de implicación y dominio en la comunicación oral con los demás. En el lado más ligero de este arte, estaría la charla informal, que según Debra Fine está injustamente poco valorada:
“La charla tiene el estigma de ser considerada la humilde hijastra de la verdadera conversación, aun cuando cumple una función extremadamente importante. Sin ella es muy difícil entablar un verdadero coloquio. Quienes dominan la charla informal son expertos en lograr que los demás se sientan involucrados, valorados y cómodos, y eso ayuda a reforzar una relación laboral, cerrar un trato, dejar la puerta abierta a una nueva relación amorosa o entablar una amistad”.
Según esta experta en oratoria, la conversación informal es el primer paso para que pueda surgir la empatía entre dos personas. Aunque charlemos sobre un tema poco trascendente, en ese primer contacto en realidad estamos diciendo mucho, porque empezamos a crear un vínculo en el que ya se transmite cercanía o distancia, confianza o reservas hacia el otro.

El mito de la locuacidad femenina

Contra la creencia popular de que las mujeres hablan mucho más que los hombres, en 2007 un estudio llevado a cabo por las universidades de Texas y de Monterrey demostró que el número de palabras vertidas diariamente por uno y otro género son prácticamente las mismas. En el curso de las conversaciones cotidianas registradas con un dispositivo, tanto hombres como mujeres invirtieron un promedio de aproximadamente 16.000 palabras al día. En la investigación, publicada en la revista Science, curiosamente, fueron dos hombres los que se situaban en los extremos de la locuacidad. El que más hablaba empleó unas 47.000 palabras en un solo día, y el que menos, cerca de 500.
En palabras de Debra Fine: “La conversación intrascendente es el equivalente verbal a la primera ficha de dominó: dispara una reacción en cadena, con todo tipo de consecuencias”. Contra el prejuicio de que un desconocido no tendrá nada en común con nosotros, al arriesgarnos a charlar nos podemos llevar más de una grata sorpresa.
¿Cuántas parejas, buenos negocios o amistades tienen su origen en una conversación casual? Probablemente, la mayoría. Más allá de las habilidades comunicativas de cada uno, el arte de la conversación puede ser aprendido y potenciado. Los antiguos griegos daban gran importancia a ejercitar la oratoria y, en tiempos modernos, ya en 1875 Cecil B. Hartley mencionaba en su Guía de un caballero de etiqueta una serie de claves que siguen siendo vigentes, ya que lamentablemente aún hoy nos pasan por alto muchas de ellas.
Podemos resumirlas en estos 10 puntos:
1. Aunque estemos convencidos de que el otro está totalmente equivocado, en lugar de discutir es aconsejable cambiar hábilmente de conversación. Es absurdo pretender que los demás estén de acuerdo con nosotros.
2. Nunca hay que interrumpir ni anticiparnos a la historia de nuestro interlocutor. Saber escuchar es la regla dorada del buen conversador.
3. Evitemos poner cara de fatiga durante el discurso de otra persona, así como distraernos con otra cosa mientras está hablando. Hartley mencionaba como entretenimientos “mirar el reloj, leer una carta u hojear un libro”. El equivalente actual sería la irritante costumbre de mirar el móvil.
4. La modestia nos ahorrará muchas antipatías. No hay que exhibir conocimientos, méritos o posesiones que haga sentir a los demás que se encuentran en inferioridad.

Existen pocas buenas conversaciones: debido a la escasez de posibilidades de que dos transmisores inteligentes se encuentren
Truman Capote
5. No es necesario hablar de uno mismo, a no ser que nos pregunten. Nuestros interlocutores se enterarán de nuestras virtudes sin necesidades de que se las precisemos.
6. La brevedad ocurrente es siempre más eficaz que entregarse a largos discursos o a historias aburridas.
7. Criticar o comparar unas personas con otras, así como censurar a los ausentes, puede parecer divertido, pero acabaremos causando una mala impresión.

8. Nunca hay que señalar ni corregir los errores en el lenguaje de los demás, aunque sean extranjeros, ya que se sentirán humillados por la observación.

9. No hay que ofrecer asistencia o asesoramiento a no ser que nos hayan pedido consejo expresamente.
10. El elogio excesivo crea desconfianza, pues nuestro interlocutor puede pensar que tenemos intenciones ocultas.
Al final, la esencia del buen diálogo es nuestra capacidad de entregarnos al intercambio con el otro como si de una coreografía se tratara. Los participantes hacen danzar juntas sus ideas, que se encuentran, se separan –para ampliar su horizonte de opiniones– y vuelven a unirse para crear nuevos significados.
Es por eso que después de una conversación profunda nos sentimos transformados. Nos hemos nutrido con nuevas ideas y hemos sometido nuestra propia óptica a un enfoque diferente que amplía nuestra comprensión sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
En su libro Conversación, el pensador Theodore Zeldin sostiene que “dos individuos, conversando con honestidad, pueden sentirse inspirados por el sentimiento de que están unidos en una empresa común con el objetivo de inventar un arte de vivir juntos que no se ha intentado antes”.

Una buena conversación es como el café negro; estimulante y tan difícil de dormir después
Anne Morrow Lindbergh
Puesto que es uno de los pocos placeres que no requieren otra inversión aparte del tiempo, merece la pena recuperar este viejo arte para volvernos a sentir humanos.
Si el tiempo que gastamos en enviar o responder cientos de mensajes de compromiso los dedicamos a compartir nuestro universo con personas que puedan enriquecerlo, viviremos con un mayor “ancho de banda” y afrontaremos los problemas que nos traiga la vida de forma más inteligente y serena.

TEXTOS PARA EL ALMA 355



APRENDIZAJE
El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos territorios sino en tener nuevos ojos.
Todos sabemos que el cambio está ocurriendo; sin embargo nos cuesta mantenernos en constante aprendizaje.
No es frecuente que personas que están en liderazgo se comprometan a aprender por muchas razones conocidas como "los enemigos del aprendizaje" que recuerda, son:
La CEGUERA sobre nuestra incompetencia.
El MIEDO a reconocer nuestra ignorancia.
La VERGUENZA y el miedo al ridículo que puede darnos el aprender.
El ORGULLO que impide pedir ayuda.
La ARROGANCIA de creer que uno ya sabe y no tiene necesidad de aprender.
La PEREZA en dedicar tiempo para prepararse.
La IMPACIENCIA por querer aprender todo ya y no tolerar la frustración de no poder explicarlo inmediatamente.
La desconfianza al no dar autoridad de conocimiento a las demás personas.



TEXTOS PARA EL ALMA 354

 La soledad hace, que muchas veces las personas tomen decisiones desesperadas. La Emancipación siempre llega con su infinito amor en el momento que más la necesitas.
No te deja solo ni un segundo. Te fortalece y te sostiene ante el miedo.
Tus palabras, tus sueños y tus pensamientos tienen el poder de crear condiciones de vida.
Aprovecha esta acción de tu mente para ser positiva
El humano puede acercarse a su plenitud cuando no abandona su lucha por la dignidad.
La felicidad puede estar cuando deposita su confianza en la Emancipación.
En ella está el misterio de la alegría que guiada por el amor al otro es capaz de hacer bailar a las montañas.
Mas es camino empieza en descubrir-nos nosotros. ¿Qué guía nuestros actos? ¿Para qué nos relacionamos con el otro? ¿Vivimos para el momento?
Estas y otras preguntas deben suponer una profunda radiografía de la existencia de aquello que llamamos alma y que no es otra cosa que el "sentido" de la materia.
Si, si todos tenemos un "alma potencial" con amplia posibilidad de mejora. Dicho potencial está dormido dado que "el modelo social" así lo ha determinado. Se trata pues de liberar tu caudal de inteligencia abandonando las "tendencias" que los "arquitectos del poder" han dibujado para ti.
Tu dignidad no está comprando en las rebajas ni viajando por todo el mundo. Acercarse a la libertad que otorga la dignidad puede ser analizar "el modelo social"  que nos propone "la casta" y liberarte de él.

No huyas de gestionar tu libertad.......eso es EMANCIPACION, eso es dignidad.

TEXTOS PARA EL ALMA 352


En los momentos en los cuales caminas por el "valle" puedes estar segura de que no estás sola.
Su presencia es real y nos acompaña durante los momentos difíciles y en los cambios que tiene la vida.

La Emancipación, aunque caminemos por el valle con la sombra de la muerte, siempre estará contigo infundiéndote aliento. Su luz guiara tu crecimiento para que abandones las cadenas del egoísmo y vanidad.

TEXTOS PARA EL ALMA 351



La derrota no es la peor de las tragedias. La verdadera tragedia es no haberlo intentado.
¡Se fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, la Emancipación esta esperándote.
"El que quiere hacer algo encuentra el camino. El que no quiere hacer nada, encuentra la excusa.

La Emancipación que habita en ti es más fuerte que toda resistencia. Tu puedes derribar todas las barreras tras las que te refugias, tu puedes arrancar las máscaras tras las que te escondes, tu puedes liberarte de esa prisión solitaria.

AMADA MIA





Em delírios de um final de tarde, hoje imaginando, viajando nestas deliciosas brincadeiras de amor, onde por vezes soltamos as amarras, quebramos paradigmas e leves e soltos nos permitimos infantilizar a beleza da vida e do amor.

"CUANDO NOS HABLAN NO DEBES ESCUCHAR LAS PALABRAS. ESCUCHA EL SILENCIO"





RESISTENCIAS

La resistencia es una cualidad de la materia y de la vida que da consistencia a las cosas y solidez a las personas. Si no existiera, el mundo se desmoronaría al menor embate.
Aguantar forma parte del proceso de transformación y esa resistencia nos ennoblece. Pero la ofuscación nos endurece. Cuando nos obstinamos, el dolor crece hasta hacerse insoportable. Necesitamos rebasar los límites de lo insostenible para que se produzca…. La entrega. Hasta que no llega, la rigidez provoca diferentes formas de sufrimiento.
Dolor y sufrimiento se confunden y nutren mutuamente. El dolor es un recurso de la vida que nos advierte de una inadecuación, de una distorsión, de algo que nos agrede.
Es una señal del organismo o de la psique para que nos demos cuenta de que se ha producido un asalto al cuerpo o al alma.
El dolor es inmediato, claro, inocente.
El sufrimiento es dolor atenazado, atrapado en el corazón y en la mente. Es un cultivo del pensamiento que alimentamos con la comparación, el reproche, el reclsmo o la anticipación. Proviene de la frustración por lo que desearíamos que fuera y no es, por lo que deseamos que hubiera sido y no fue, por lo que deseamos que sea y no llega.
Si nos soltamos y aceptamos que lo que vivimos forma parte del recorrido que nos llevará al Mar, creceremos más allá de lo que habíamos imaginado o deseado.
Vivir de manera que lo que duela nos duela sin aumentarlo con nuestras exigencias, expectativas o preferencias, es un estado de gracia poco común, una inocencia difícil de alcanzar.
Exigente es la libertad que nos permite recibir lo que adviene sin confusiones entre las condiciones que le imponemos a la vida y lo que ella nos ofrece.
Ceder no es claudicar. Es aceptar y dejarse tomar por el brazo del instante, abrirse a la confianza de que todos los recorridos van a dar al Mar, porque el Mar es el fondo de cada recodo del trayecto, por desconcertantes que nos parezcan sus meandros. Tan solo se nos pide que seamos capaces de soltarnos y confiar.
Melloni

¿NOS ALERTAN LAS EMOCIONES EN LOS CAMBIOS NATURALES EN EL RÍO DE LA VIDA?



¿QUÉ DELATAN NUESTRAS EMOCIONES?

Todos hemos oído alguna vez comentarios del tipo: “Soy una persona lógica, sé dejar las emociones a un lado y analizar las situaciones objetivamente”
Esta afirmación lleva implícito el considerar la razón y la emoción como dos entidades totalmente separadas que se pueden activar o desactivar a voluntad.
Algo muy lejos de la realidad. Ambas están más separadas en nuestra mente teórica que en nuestro tangible cerebro. La interacción entre la parte encargada de las emociones (amígdala) y la zona responsable del pensamiento racional (córtex) es constante, y las vías que los unen, complejísimas. Además existen más vías de la amígdala hacia el córtex que a la inversa, así que las emociones lo tienen más fácil para influir en nuestros pensamientos. La razón lo tiene más complicado para manejar al “corazón” Nuestro cerebro necesita al corazón para pensar.
Estos sentimientos no solo son imprescindibles para tomar decisiones, planificar,  reflexionar, sino que cumplen una función clave para activar al organismo y para relacionarnos con los demás. Han ido surgiendo a lo largo de la evolución con ciertas finalidades. Son una parte esencial de nuestro software.
Ser humano significa sentirlas. Obviedad que a veces olvidamos. Al ver a alguien triste, rabioso, ansioso, casi como un acto reflejo vamos a calmarlo, como si quisiéramos desactivar esa emoción. Sin embargo, la alarma solo se nos debería disparar cuando alguno de esos sentimientos se instala permanentemente dentro. Entonces sí que debemos dedicarnos a descubrir qué nos está pasando.
Vamos a centrarnos en algunas de las emociones más estudiadas: enfado, miedo, culpa, vergüenza y tristeza. En nuestro cerebro se encuentran las cinco. La sensibilidad de cada uno de ellos varía entre las personas. Veamos:
ENFADO. Esta emoción se pone en marcha ante la ofensa entendida como un agravio o ataque hacia nuestra persona o nuestros allegados. En la época de nuestros ancestros, los que se enfadaban tenían más probabilidades de sobrevivir que los que no. Somos hijos de los que se enfadan, por eso conservamos esa sensación. En nuestros días, esa agresividad ha perdido, en muchas situaciones, el sentido.
Gritar o pegar no suelen ser buenas estrategias para afrontar lo que vivimos como una ofensa. Las personas que se enfadan constantemente son las que lo interpretan todo como un ataque. Tienen la tecla de la ofensa muy sensible y cualquier situación puede activar esa rabia. En el caso de que sea el enfado lo que más nos caracteriza, deberíamos preguntarnos por qué lo interpretamos todo como un ataque. ¿Quizá nos sentimos inseguros de nuestro comportamiento? ¿Quizá nos valoramos poco? ¿Quizá partimos  de que la mayoría de las personas les gusta atacar?
MIEDO. La percepción de peligro es lo que lo activa. En los días de nuestros abuelos cavernícolas, el miedo se ponía en marcha ante un animal peligroso, por ejemplo. Esa  secreción de adrenalina desencadenaba una serie de cambios fisiológicos para preparar el cuerpo para atacar o huir. El corazón latía más rápido para que la sangre llegara con mayor celeridad a la musculatura, la sudoración aumentaba para refrigerar, las pupilas se dilataban para captar mejor la fiera que teníamos delante….Está claro que venimos de los miedosos. Los valientes, los que no experimentaron estas reacciones, murieron comidos por el depredador. Hoy día, en muchas circunstancias, estas reacciones pierden sentido.
¿Para que sirve sudar cuando contestamos un examen? Ese miedo ancestral que llevamos en nuestras células explica por qué algunas veces parece que nos va la vida ante trajines cotidianos. ¡Los problemas con el jefe, la pareja, los hijos….los vivimos como si fueran un león a punto de comernos! Cuando experimenta miedo, con frecuencia es porque lo vive todo como amenazante. Si es ese nuestro caso, deberíamos identificar el porqué. A veces se debe a que creemos que no tenemos suficientes recursos o habilidades para afrontar la situación; otras, a que cargamos todo con una elevada importancia, puede que veamos el mundo como un lugar extremadamente hostil.
CULPA La culpa aparece cuando hemos trasgredido alguna norma, si no hemos actuado como creemos que hubiéramos tenido que  hacerlo. ¿Por qué apareció la culpa cuando todavía vivíamos en las cuevas? Pues porque sin ella no hubiéramos podido funcionar bien como tribu. Las “normas” optimizan el rendimiento grupal. Por tanto, un sentimiento negativo al transgredirlas impedía o disminuía la probabilidad de que es comportamiento (que no favorecía al grupo) se volviera a repetir.
Ese sentimiento hoy lo conservamos aumentado. La presión social. La imposición de nuestra tribu es enorme. Si al mirarnos vemos que es la culpa el sentimiento que más nos acompaña, es sin duda porque damos una extrema importancia a todas las normas sociales. Tanta que dejan de ser sociales y pasan a ser personales. Autoexigencias. La sociedad empieza por domesticarnos, pero acabamos autodomesticándonos. Detectar que lo que vivimos como normas impuestas son en el fondo autoexigencias es uno de los pasos más gigantescos que podemos dar para superar la culpa.
VERGÜENZA  La vergüenza la sentimos cuando creemos que hemos fracasado, que no hemos actuado de la forma ideal. La persona que siente vergüenza es la que carga con una gran mochila de ideales. Ideales sobre cuál debe ser el peso, la forma de vestir, el coche, el comportamiento en actos sociales…Si somos de los que experimentamos esta emoción frecuentemente, convendría analizar esos paradigmas y bajarlos de allá arriba. El mejor antídoto es la aceptación de la realidad tal cual es. Los ideales, si son demasiados altos, lo único que provocan es frustración y vergüenza.
TRISTEZA. La tristeza se presenta al valorar lo que nos pasa como una pérdida. Cuando estamos tristes, nuestras energías disminuyen, paramos, vamos más lentos, nos cobijamos, no queremos relacionarnos, nos retraemos. El hecho de parar y no actuar sin más ayuda a la reflexión, a entender, a procesar lo que nos ha pasado. La tristeza, como el resto de las emociones, fue útil y lo sigue siendo, pero, como siempre, no en todas las circunstancias y no cuando se vuelve sentimiento permanente. Si la pena es nuestra compañera constante, debemos preguntarnos por qué valoramos lo que sucede como una pérdida.
¿Es una pérdida o simplemente un cambio natural en el rio de la vida?


TEXTOS PARA EL ALMA 85

¿QUÉ PENSARÍAS CUANDO TE DIERAS CUENTA QUE LA REVELACIÓN ERES TÚ?






Frecuentemente y sino somos espirituales más, estimamos que los cuentos bíblicos son eso, cuentos muy alejados de la ciencia antropológica.
Si algo conocemos sobre un tal JESUS son cosas banales propias de los "curas" que nos "comen el coco" para apartarnos del sexo y el alcohol.
¿Qué diríamos al descubrir que esa historieta de dibujos animados, es la descripción de nuestro potencial de existencia?
Todos hemos nacido en el pesebre o cueva de la ignorancia. Hemos pasado una infancia y juventud poco relevante -Como ese tal JESUS en la Biblia- y al alcanzar la madurez nos enfrentamos a la incomprensión del SANEDRIN. En la mayoría de los casos, de tal enfrentamiento surge un CALVARIO de sufrimiento e inexorablemente nos lleva a la cruz de la vejez, de la enfermedad,  del olvido.
Esta es la verdad revelada y temida que nadie desea conocer ni tener presente.
Así lo que quieren revelarte es tu existencia y la obviamos considerando son simplezas de los "aguabendita"
Conocerte no es arrodillarte ante un altar, ni rezar el rosario con devoción. Conocerte es potenciarte para cuando llegue el calvario.

"EL ENOJO, LA IRA O LA RABIA SON SENTIMIENTOS HERMANOS QUE TIENEN UN MISMO ORIGEN: EL MIEDO"

Los que duermen en el suelo nunca que caen de la cama






El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti. Y así es, cuanto más y más frecuentemente nos enfadamos, más y más profundos miedos albergamos.
El enfado, el enojo, la ira ola rabia son sentimientos hermanos que tienen un mismo origen: el miedo. Y también tienen un mismo destino: el sufrimiento.
Cuando un amigo no nos devuelve las llamadas, tememos dejar de ser importantes en su vida. Si en el trabajo no se consideran nuestras propuestas, sufrimos por la posibilidad de acabar siendo prescindibles y, por tanto, despedidos. Nuestros enfados están conectados con un miedo concreto, personal e intransferible que nos hace sufrir. Hagamos la prueba Recordemos la última vez que nos hemos disgustado de verdad y tiremos del hilo de las emociones. En el centro del laberinto nos toparemos con el miedo responsable de que perdiéramos el control y nos sumergiésemos, por unos instantes, en el lado oscuro de la fuerza.
¡Buenas noticias! Cuanto más oscura es la sombra, más intensa es la luz que la provoca, y debemos saber aprovechar esa intensidad de forma positiva, constructiva e inspiradora.
De forma más o menos metafórica, el enfado hace que señalemos con el dedo, dirigiendo de esta manera nuestro disgusto hacia aquello que nos está haciendo sufrir. Ese dedo acusador actúa como una varita mágica que canaliza la energía oscura que se ha formado en nuestro interior, liberándola para amansar el estrés. Mucho se ha hablado acerca de tratar de dominarse, de no decir cosas que luego nos avergüencen y recuperar cuanto antes el control de la situación. Bien. Pero lo que nos importa ahora es ver que junto a ese dedo acusador hay tres que nos apuntan a nosotros y nos dan la oportunidad de reflexionar.
Imaginemos que nos hemos enfadado con un amigo porque no nos ha visitado cuando estábamos enfermos  y se lo lanzamos a la cara.
Sufrimos incluso más que cuando no vino a vernos. Ahora repasamos qué tres reflexiones debemos hacer:
•     ¿He agotado todas las vías para transmitir lo importante que era
para mí que viniera a visitarme? ¿Le he llamado y le he dicho que no solamente estoy enfermo, sino que además estoy bajo de moral y me haría muy feliz que viniera a verme? ¿O he esperado que mi amigo los adivinase? Si somos sinceros, veremos que en la mayoría de ocasiones hay algo que podríamos haber hecho, algo que estaba en nuestras manos y que nos hubiera ahorrado el disgusto.
•     ¿Qué hice? Es el momento de preguntarnos cómo hemos actuado
nosotros en situaciones similares. ¿Siempre hemos estado cuando nos ha necesitado un amigo? Seguramente ha habido ocasiones en las que, arrastrados por las inercias de nuestros días, no hemos estado todo lo presentes que nos hubiera gustado. Esta pregunta nos tiene que  servir para ponernos en el lugar de nuestro amigo, entenderle y excusarlo, al menos, con la misma indulgencia con la que nos justificamos a nosotros mismos.
•     ¡Qué haré? Bien, estamos enfadados. ¿Y ahora qué? Hay dos
alternativas. O bien, gracias a nuestras dos anteriores reflexiones, nos hemos apaciguado y decidimos expresar nuestro malestar de forma conciliadora, o bien decidimos que aquel a quien creíamos nuestro amigo realmente no lo es. En este segundo caso no tenemos que enojarnos con esa persona, sino con nosotros mismos, por no saber escoger amistades que satisfagan nuestras necesidades emocionales.
Si, nos irritamos porque tenemos miedo, y en la mayoría de las ocasiones el miedo es una alarma, una intuición a la que damos la espalda. Mirarlo a los ojos lo diluye hasta que se transforma es una fuente de energía y superación personal. Si nos enojan las malas notas de nuestros hijos, no estamos sabiendo transmitir un ambiente de estudio, dedicación y responsabilidad en casa. Cada vez que nos acaloramos debemos reflexionar para plantearnos a qué miedo está atado ese berrinche. Descubrirlo y actuar sobre él. Encauzarlo de forma inspiradora, hacia nosotros mismos, y ver qué podemos hacer mejor. No podemos cambiar a los demás, pero sí influenciar en los otros. Si creo que no soy importante en mi trabajo, no puedo hacer nada desde los demás. No puedo ir a mi jefe y decirle: “Eh, considéreme más, que yo valgo mucho”. Eso es absolutamente contraproducente. Sí que puedo, no obstante, analizarme. Ser crítico. Enfadarme conmigo mismo sin culpar al ambiente, al entorno o la alineación de los astros. Porque esas cosas no las puedo controlar. Sí puedo mejorar mis contribuciones, descubrir mis puntos débiles y mitigarlos. A partir de ese enfado inspirador es muy posible que mejore mis aptitudes y mis contribuciones y acabe siendo mi jefe quien me llame y diga que yo valgo mucho. Aunque sea por una vez, mi jefe tendrá razón.


CONTEMPLANDO COMO PASAN LA OBRA Y LOS ACTORES DE UN TEATRO VACIO





FRACASOS Y PASIVIDADES.
No solo tenemos que aprender a asumir las pérdidas externas. También hemos de afrontar la quiebra de proyectos en los que nos proyectamos o el derrumbamiento de la imagen que nos hemos forjado de nosotros mismos.
Fracaso significa quebrantar,  romper, cascar. Toda la energía invertida, las expectativas generadas, las esperanzas sostenidas, el deseo anticipado, se desfondan. La línea de avance que parecía invulnerable y certera se desmorona. La interrupción abrupta, la nada no elegida dejan sabor a polvo, junto con el aturdimiento de la caída. Abandono y dolor inconsolables que se derrumba.
Pero ¿qué se derriba? Las fantasías no colmadas y nuestra imagen herida. Aparecen la confusión, la vergüenza,  la desconfianza ante nosotros mismos convertidos de pronto en desconocidos.
Es la ocasión de detenernos y de revisar el camino.
¿Qué es el éxito? Embriaguez, Espuma….Una a una, las burbujas estallan. Bajo el hervor que disminuye se va colmando la copa de la verdadera sustancia ya no henchida de nada.
Nos habíamos detenido es una falsa identificación. Cuesta rehacer el rumbo. Es fatigoso volver a palpar el propio contorno sin los referentes que nos sostenían. La silueta se ha desdibujado y nuestros puntos de apoyo han cedido.
¿Cómo volver a confiar en otro soporte si también puede perecer?
¿Cómo ser sin tantos teneres que en cualquier momento se puede perder?
Crecer es ir ganado en libertad respecto de los soportes que pensábamos imprescindibles y que acaban haciéndonos adictos.
“Los fracasos tienen poder re revelación: ser uno lo que es y nada más que lo que es”
Al final, aparece la verdadera mesura de lo que debemos contener. Traspasamos las nociones de éxito y fracaso, todavía referidos a un yo que tiene necesidad de autoafirmarse y que se resiste a retroceder.
Más libres de nosotros mismos, avanzamos hacia lo que somos, desembarazados de lo que pensábamos que éramos, de la meta donde nos habíamos detenido. En esas imágenes parciales nos confundíamos con nuestras necesidades y en ellas habríamos quedado prendidos.
“En el fracaso de la búsqueda se revela lo que nos encuentra: lo que pide ser acogido en el vacío de lo que nos fue arrancado”
No acaban aquí los aprendizajes. Hemos de asumir dentro de nosotros otras pasividades que nos disminuyen y que nos hacen ir por donde no quisiéramos. Continuamente experimentamos zonas que declinan.
Estas caídas nos asustan.
¿Perdemos las fuerzas antes de llegar al mar?
¿Disminuiremos de tal modo que no lo podremos alcanzar?
La enfermedad y la vejez nos intimidan porque nos mutilan y nos privan de seguir siendo como éramos.
Sin embargo, otros las han atravesado y no solo no han perecido, sino que al pasar por ellas han crecido frutos de bondad, de empatía y de sabiduría que antes no habían cultivado.
El decrecimiento forma parte de nuestro recorrido hacia el Océano. No podemos llegar a él como conquistadores ni altivos. Todos hemos de atravesar disminuciones y experimentar la paradójica bendición del decrecer. Lo hemos de aprender colectivamente. La Emancipación nos advierte que nuestra opulencia es letal de diversos modos:
•    Para la madre tierra, porque le estamos usurpando sus últimos tesoros.
•    Para muchos habitantes del planeta, porque vivimos a costa de su saqueo y expolio.
•    Porque estamos enfermos de abundancia y nos desesperamos cuando escasea porque nos hemos hecho adictos a ella.
Hoy, como ayer, es difícil escuchar a los profetas. Aún así, los oráculos no nos dejan de ver.
¿Hará falta tocar fondo hasta dejar un planeta inhabitable a nuestros descendientes?
¿Tendrá nuestra generación suficiente madurez para acoger tal lucidez?