A la hora esperada y con, esta vez sí, una plaza abarrotada, comenzó el concierto con mucho disco, soul, rythm&blues y destellos de pop. Según avanzaba la noche me daba la sensación de estar viendo a un grupo de esos de grandes éxitos aptos para todos los públicos. Padres, madres, hijos, tíos, sobrinos, abuelos... todos se lo pasaban en grande y yo me sentía algo desubicada. Y es que los shows familiares nunca han sido lo mío. Por momentos parecía una verbena pero con el glamour sesentero correspondiente, si bien es cierto que nada se les puede reprochar a estas señoras. Sus ganas de transmitir energía y de animar al personal hacía que vieses el evento con cierta permisividad. Repasaron su carrera y sonaron muchos de sus temas más conocidos como "Nothing but I heartache". También hubo tiempo para versiones, como no de Michael Jackson con todo el mundo aplaudiendo a rabiar; de una gran ifluencia para ellas como fue Lionel Richie con "Easy like sunday morning", y esa "Dancing in the street", un éxito de los 60 de la Motown popularizado años más tarde por Mick Jagger y David Bowie.
A la hora exacta de actuación se despidieron estas tres divas del soul esperando no volver a tardar otros 40 años en aparecer.
En fin, una corta noche que no pasará a la posteridad pero que nos hizo pasar el rato.
El sábado más y esperemos mejor.