Nada más llegar de Amsterdam, donde me sorprendió las miles de bicicletas que llenaban sus calles, tanto en movimiento como aparcadas en cualquier lugar, me di de bruces con la noticia: después de tantos dimes y diretes, quedaba terminantemente prohibido circular en bici por el Muro (paseo de la playa San Lorenzo). A los responsables se les había ocurrido la brillante idea de hacer una chapuza de carril-bici, si así se puede llamar, que ni siquiera cubría el trayecto al completo, sin el ancho mínimo establecido y dejando una parte del recorrido sin él, con lo cual, al llegar a la Escalerona, o sigues por la carretera o tienes que bajarte de la dos ruedas y con ella en mano llegar hasta donde buenamente encuentres otro carril, o sea, en casa Cristo, porque además está la pasma esperando a multarte y dejarte sin agosto. Pero no acababa todo aquí. Para hacer aún más surrealista la cosa, se les ocurría ¡¡¡crear una biciescuela para circular de forma segura por la calzada!!!, donde los ciclistas puedan aprender de forma autónoma, segura y responsable a circular por la misma. ¡¡¡Grrrñññjjjfffzzzzxxxxxxppppp!!! Esto fue lo más suave que dije.
Ya llevábamos tiempo con la dichosa polémica de obligar a la gente a llevar casco hasta por ciudad y llegará el día en que nos dicten por ley que hay que salir a la calle con paraguas cuando llueve para no coger un resfriado y no saturar los servicios públicos. Señores, acabo de llegar de Holanda donde los miles de ciclistas que circulan por las ciudades lo hacen sin ningún tipo de imposición y sin ningún problema. Hay que tener cuidado y mirar varias veces a ambos lados pero se trata de hacer la vida más cómoda a los habitantes. Éstos tienen preferencia y pueden aparcar donde les resulte más cómodo, siempre intentando no fastidiar al vecino. Muchas de las bicicletas no llevan ni frenos, otras tienen pequeñas sillas donde llevan a sus críos (también sin casco), otras llevan carros delante donde meten sus compras y algunas no llevan ni luz. En definitiva, un vehículo que puede circular por los carriles-bici que pueblan la ciudad compartiendo sitio con las motos, por la carretera o incluso por las pocas aceras que se ven por el centro.
¿Me quieren decir por qué diantres tengo yo que vestirme como para ir a la guerra y encima tener que rodear villa y media para poder llegar cada mañana hasta el Grupo, cerca de El Molinón? Hace unos días, un coche se quedó atrapado en uno delos pivotes que separan el mini-carril de la carretera. Hasta que no haya un disgusto gordo, tendremos que aguantar este suplicio, al menos este verano. Eso sí, los patinadores pueden hacer zig-zag por todo el Muro y sortear a viejos y a niños en cualquier momento. Ellos no estorban. Además, hace un par de semanas, la policía paró a un chico que iba en bici y éste, borracho, tuvo la mala suerte de atropellarlo, con lo cual tuvo que pagar la friolera de 700€. Multa por ir por donde ya no dejan y por ir bebido. Nos acabarán multando por beber dos vinos e ir por la acera tranquilamente. Hay que reconocer que siempre hay algún cantamañanas en bici o no, que hace lo que no debe y se cree Induráin pero la mayoría íbamos pegaditos a la derecha y sin correr demasiado y no por ello tenemos que pagar justos por pecadores, como no se le registra a la gente el bolso al salir de casa por si lleva un cuchillo, porque de vez en cuando haya un apuñalamiento.
Sé de muchos que estarán encantados de que en este Gijón del alma sólo puedan disfrutar del paseo los peatones y los demás seamos habitantes de segunda sin los mismos derechos. Qué se puede decir de una ciudad tan envejecida como esta donde está feo ir en bici pero no mear en la playa o escupir en la calle y en la que las regulaciones están bien para los demás. En fin, odio el invierno pero espero al menos, que nos traiga la buena noticia de que vuelva todo a la normalidad.