¡¡¡Rock and Roll!!! A esto se resume el bolo dinamitero de la noche del viernes. Perfectamente podría con estas tres palabras definir la actuación de George Thorogood, como bien comentábamos al término del show con un agradable lector del blog. En eso estábamos todos de acuerdo: nos había fulminado y nuestras caras de satisfacción lo retrataban. No podíamos disimularlo ni tampoco queríamos. ¡Qué narices!
Madrid siempre es especial para este tipo de conciertos, más cuando es una primera vez. Que a los 63 años Mr. Thorogood debute en España es para hacérnoslo mirar pero quién sabe, como él mismo dijo, quizá este sea el principio de una larga amistad. Todo rocker que se precie y al que aún le quede algún euro para ocio o vicio, debería haber estado esa noche en La Riviera. A ojo de buen cubero, me dio la sensación de que la entrada fue buena, pero el personal tardó en dejarse ver. Peinaban canas y eso suele ser sinónimo de que algo bueno se avecinaba, como así fue.
A una hora decente, las 9, comenzó una voz en off diciendo: "Ladies and gentelman, George Thorgood and The Destroyers" y las llamas se apoderaron de la sala. Vestido de negro riguroso, hizo su impactante entrada con gafas de sol y pañuelo a la cabeza. "Rock Party" se encargó de calentar el ambiente y de tirar las gafas a casa Dios, como diría sabiamente mi difunto suegro. La alargada y reconocible sombra de Bo Diddley en "Who Do You Love" nos puso sobre aviso de por dónde iban los tiros y esta vez fue el pañuelo el que se apeó del incorregible George. Estaba claro que no había tiempo ni gana para baladitas ñoñas ni para medios tiempos, que uno ya tiene una edad y una reputación que mantener. Chulería a dolor, técnica a la guitarra, maneras, arrogancia, pose, actitud, presencia... Así hay que salir a escena, a matar y a decir, aquí estoy yo y mis pelotas, si te gustan bien y si no, ya sabes.
La frenética "Night Time" dio paso a "I Drink Alone" y, como no, al clásico de John Lee Hocker, "One Bourbon, One Scotch, One Beer", imprescindible en todo buen concierto de rock-blues que se precie. Una a una fueron cayendo clásicos del blues, soberbiamente interpretados y debidamente alargados. Como si de un bluesman se tratara, Thorogood, nos introducía en un show sucio y descarado, como él, y nos hacía cómplices a todos de sus pecados. Y cómo disfrutábamos. No faltaron tampoco, homenajes a Johnny Cash con "Cocaine Blues", a Hank Williams en "Move It On Over", Willie Dixon y su "Tail Gragger", Elmores James en "Madison Blues" o Mr, Chuck Berry con "Johnny B. Goode" para despedir la velada.
Cien minutos de farra, bullicio y cachondeo, mucho cachondeo. Él pareció pasarlo bien, nosotros lo pasamos de miedo y entre el oé, oé, oé y aullidos varios, volvió a escena para despedirse y agradecernos la asistencia no sin antes, obsequiar a una chica venida de Gijón y cara de asombro su bottelneck. ¿Os suena? Aquí la prueba del hallazgo.
Gracias George por el presente y el bestial bolo y gracias también a los numerosos lectores del blog que se acercaron a saludar amablemente y con quiénes tuvimos el placer de charlar y cambiar impresiones tanto antes como después del bolo, amén de los conocidos de siempre. Así da gusto.