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Seamos sinceros, deberíamos haber desconfiado de antemano ante semejante título. Ese gesto de escepticismo de Gibbons en la portada tampoco ayuda, aunque creo que es lo mejor del disco de largo. Pero es que si te adentras en el contenido y comienzas a leer los nombres del listado de temas, te empiezan a entrar escalofríos: Sal y pimiento, Hombre sin nombre, Quiero más dinero, Piedras Negras... Partiendo de la base de que no entiendo eso de "sal y pimiento"; será "sal y pimienta" como aderezo, si no sería "pimiento con sal" o "pimientos a la sal", en su defecto. Es como decir "tomate y sal", no tiene ningún sentido. Tanto al pimiento como al tomate hay que echarle sal no siendo que seas hipertenso, que ese es otro tema.
Pero dejémonos de recetas culinarias y de dietas medicinales y vamos al asunto que me ha traído loca durante tres tristes días. Y es que no es para menos. La audición continuada de este disco puede provocar graves efectos secundarios y las contraindicaciones pueden ser varias. Para empezar, no es un álbum para fans del célebre guitarrista. De hecho, diría que está perfectamente indicado para todo lo contrario. No se me ocurre qué se le ha podido pasar por la cabeza al famoso barbudo, aparte de haber tenido contacto cercano con la cultura latina. ¡Coño!, también yo y no se me ocurriría jamás en la vida sacar un disco así.
Teniendo claro que hay cosas en el mundo que no tienen explicación posible y que la incertidumbre nos mantiene vivos y con gana de aprender, intentaré explicaros de qué va este Infectamundo, digooooo... Perfectamundo. Pues va de eso, de lo que a Gibbons le da la gana que vaya: ritmos latinos, africano-cubanos, maracas, timbales, bongos, algún disperso solo guitarrero para que no nos olvidemos de quién es el disco y poco más, que ya es bastante. Incluso el órgano Hammond B3 puede escucharse en algún corte pero sin hacerse ilusiones. Es tal el despropósito que si lo escuchas en Spotify y salta la publicidad, no desentona en absoluto y casi no te das ni cuenta. Disparate tras disparate que estás esperando acabe en algún momento pero no tiene fin. Ni siquiera logra salvarse Baby Please Don't Go y mira que es difícil hacerla mal. Bueno, si consigues quitarte el cabreo y mal humor de encima, quizá puedas disfrutar de la única tabla de salvación con esa Q-Vo con la que cierra el disco, pero tampoco te lo aseguro.
Recapitulando, que es gerundio: mantente lo más lejos posible de este engendro molinero que da vueltas sobre sí mismo y no digas que no te avisé. Los restos de nuestros queridos ZZ Top, ni están ni se les espera, ni falta que hacen aquí.
Nota: 1