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viernes, 12 de abril de 2019

JULIÁN AXAT Rodolfo Jorge Axat y Ana Inés della Croce, detenidos- desaparecidos el 12 de abril de 1977 en La Plata


RODOLFO JORGE AXAT
ANA INÉS DELLA CROCE
DETENIDOS - DESAPARECIDOS EL 12 DE ABRIL DE 1977 - LA PLATA

42 AÑOS DESPUÉS

Siempre está la foto / En el recuerdo está Ana y está Fel
Detrás / la biblioteca y el fuego / La leña crepita en la chimenea
en la Quinta de Villa Argüello/ Con una mano ella se acaricia la panza
El pelo le llueve lacio por la toca de la mañana
Fel de traje y corbata/ tiene rostro serio/ Ambos miran atribulados
Es un instante de expectación/ Como si percibieran lo que se acerca
El niño en su vientre (o sea / yo) / Los siente/ pero / No sabe / que no los va a conocer
Por el evidente estado del embarazo/ parece correr febrero o marzo de 1976 /
Yo miraré cosas que ustedes no / Aunque digo:
¿Harán el amor estando yo ahí? / ¿Sabrán que los observo detenidamente 42 años después?
¿Qué dirán de la falta del rayo de mi generación?
¿Y si toda la tristeza de esos años se perdiera en nosotros?

Su hijo Julián y sus nietas Juana y Matilda


viernes, 29 de marzo de 2019

JULIÁN AXAT Querido Joaquín





DIALOGO DE ULTRATUMBA CON JOAQUIN V. GONZALEZ


   Querido Joaquín

te escribo para contarte que fui echado como rata
como profesor de tu maravilloso Colegio
pero no te preocupes
eso me pasa por no seguir la línea de Henríquez Ureña
y dejar morirme en el camino al aula
tener que dedicarme al derecho y no la literatura
a esta altura me da cierta vergüenza
aunque escribir poesía en un país de imbéciles
no nos deja lectores  & tampoco alumnos
ayer entraba a las aulas y sentía
el aroma a mortuorio de las autoridades
parecen claveles del aire de un final incierto
limpiando todo el día el sarcófago de su porvenir
trayendo extraños mensajes
infatuados espíritus de alpargatas y sin libros

   Querido Joaquín
qué poco queda de tu Sabato o de tu Gamerro
ese sueño de las luces más cóncavo que convexo
Universidad neutra y aburrida
de otra dimensión
Ya absolutamente desconocida

   Querido Joaquín
no hay peor mal para estos claustros que
el tiempo perdido
desde sus cimientos


Julián Axat, City Bell / La Plata,   28/3/2019







lunes, 5 de octubre de 2015

Julián Axat, Qué hubieras hecho padre de no haber desaparecido


HAMLET HUBIERAS


     ¿Y vos qué hubieras hecho padre de no haber desaparecido?

     ¿Hubieras criado a tus hijos o los habrías llevado contigo para otro sueño?

     ¿Hubieras cobrado una pensión por ex guerrillero o un sueldo de burócrata?

     ¿Hubieras abierto una unidad básica o te hubieras pasado de bando y leerías La Nación?

     ¿Te hubieras guardado a llorar dentro de tu casa sin salir? ¿Cuántos cuadros hubieras querido bajar de las paredes infames de la Historia? ¿Hubieras devenido empresario o espurio financista? ¿Pagarías tus impuestos? ¿Escribirías tus memorias?
¿Hubieras vendido cámaras de seguridad para municipios? ¿Pedirías mano dura para los delincuentes? ¿Llenarías las calles de policías? ¿O hubieras sido echado de alguna empresa indemnizado si acaso hubieras?


     ¿Y si más tarde hubieras muerto por otra causa dado por enfermo, entonces el “hubieras” sería ridículo? ¿Hubieras proyectado tu espíritu joven sobre el de tu hijo o el de tus nietos? ¿Hubieras sido mejor padre que yo? ¿Hubiera sido yo quien soy o sería otro incalculable? ¿Qué hubieras hecho me pregunto mientras la sombra de mi propia neurosis se desvanece? 



.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Julián Axat, llegó el día


     Llegó el día. Mañana declaro ante el Tribunal Oral Federal de La Plata en la causa “Cacha”. Declararé como hijo, como testigo, como víctima, como querellante por el secuestro y desaparición de mi mamá Ana Inés Della Croce y mi papá Rodolfo Jorge Axat, ocurrido en la madrugada del 12 de abril de 1977. Yo por entonces tenía siete meses y estaba en el momento de su desaparición; estaban también mi tía Cristina y mi abuela materna Nelly. Crecí con el relato de ellas sobre lo que ocurrió esa noche. Por eso, después de 37 años, seré el testigo judicial de un momento que viví, pero mediado por la voz de mi familia.

     En la víspera de una declaración judicial me atraviesa un vértigo sobre qué contar y no contar. Conozco perfectamente la forma de los relatos judiciales porque convivo a diario con los sistemas judiciales. Ahora seré yo el testigo de mi propio proceso. Pero, ¿cómo ser ese testigo? ¿Cómo hablar de un momento en el que tenía siete meses? Los mejores testigos deberían ser mis padres, aunque esa imposibilidad radical me pone en el banquillo a mí. Pero yo nunca podría ser ellos, como tampoco podría ser la voz de mi tía y de mi abuela. ¿Qué contar en el juicio? ¿Cómo contar mi vida? Estar parado ante la propia Historia en un momento bisagra y después de años de impunidad. ¿Por dónde arrancar?

     Me siento cual Hamlet generacional, eligiendo mis palabras frente a la verdad, buscando piezas de mí mismo para la construcción de la memoria y la Justicia que, por fin, llegó. En esa investigación sobre mí mismo percibo que quise ser abogado para defender mi historia, para defender a mis padres. Yo quise llegar acá y dejar de ser víctima. Voy a hablar, voy a contar. Por fin soy testigo.

     Desde hace meses que vengo estando presente en las declaraciones de mis compañeros, y estas preguntas nos las hicimos todos, cada uno a su manera. Nos juntamos a pensar esas declaraciones. ¿Ser testigos o no serlo? El cómo, el qué, el porqué, el cuándo. Esas son las preguntas que nos hacemos antes de llegar a los estrados. Discutimos el aspecto político y cómo acompañarnos. Desde afuera es sorprendente la imagen de los hijos delante de jueces y atrás, los asesinos de nuestros padres. Pero la más sorprendente es la de los nietos, nuestros hijos mirando entre el público a sus padres, hablando de sus abuelos desaparecidos frente a los asesinos. Tres generaciones que transfieren memoria frente a la Justicia.  


     En estos días volví a reordenar mi archivo, los papeles de mi abuelo, a leer los hábeas corpus rechazados, el testimonio de mi fallecida abuela en los Juicios por la Verdad, las cartas rogando al Episcopado, las denuncias a la OEA, etcétera. Pero me detuve en declaraciones de mis compañeros. Esos son los papeles de mi archivo que más me interesan: el archivo de los hijos testigos. Traté de recopilar los testimonios que estaban transcriptos y los puse sobre la mesa. Los fui analizando uno a uno, clasificando por maneras de decir: declaraciones de hijos con fuerte impronta política, más de tipo intimistas, más historiográficas y detallistas. El laberinto de las palabras y las cosas. Cierta enciclopedia china de la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado argentino. Todas formas desgarradoras de decir la verdad, todas maneras particulares en el orden que tiene cada hijo frente a su historia, que es a la vez la Historia trágica de este país.

 
     Pienso que esas formas del relato que asumen los hijos al declarar en los juicios, van ingresando a las actas y se plasmarán como un antes y un después. Atravesamos un momento en el que si esto es posible, es porque un contexto social y político lo permite. Esta es la conquista de todos estos años, y el resultado es la voz diversa de los hijos como testigos.

     Se puede pensar que los hijos testigos somos la estructuración de nuestra identidad a la hora de posicionar el archivo de la memoria individual frente a los jueces que, al fin, llegaron a escuchar ese reservorio biográfico que nos constituye como memoria colectiva, antes negada. El momento de declarar en los juicios, a esta edad en la que incluso superamos la edad de nuestros padres al ser secuestrados, constituye uno de los momentos más importantes para nuestras vidas y para la Historia institucional. El momento de la declaración judicial como un punto de inflexión, como verdad pública ante años de ocultamiento e impunidad. Dado que los represores siguen en su pacto de silencio, quizás el momento de la declaración de los hijos sea uno de los hechos más radicales de los juicios por derechos humanos. Al hijo testigo lo pienso como una suerte de aullido generacional. La poesía después de la ex ESMA.

     La búsqueda y construcción de una identidad dentro de los efectos del terrorismo de Estado llevan a la metáfora del detective de la historia, el armador de un rompecabezas que se posiciona como testigo (de la Historia). Mi generación es una generación de armadores de rompecabezas, una generación de detectives (políticos, jurídicos y literarios); por eso testigos de ese armado. Nuestra identidad es el conjunto de piezas sueltas que patearon las botas de los milicos al irrumpir en nuestras casas cuando teníamos pocos meses. Cada pieza que juntamos es una palabra, una caricia perdida; como un fémur, una tibia, la osamenta de un cuerpo que todavía no está y hay que hay que salir a buscar, o reconstruir sobre el terror de la ausencia. La sensación de justicia es cuando el rompecabezas ya casi está armado. El hijo testigo es el momento de poner en funcionamiento la novela de nuestras vidas. La última pieza siempre falta.

     La escritura o la vida. Pienso si el miércoles debo llevar algo así como un libreto armado a mi declaración. Creo que no. No quiero estar cómodo cuando declare, quiero sentir la adrenalina de estar ahí, y que mi cuerpo hable por mí. Llevo muchas voces guardadas que van a salir en el momento. Ese es mi archivo. Me confío. Llevo mi cuerpo. No voy ya como víctima. Voy a afirmar mi identidad. 


http://juicioporlacacha.blogspot.com.ar/

viernes, 20 de diciembre de 2013

Julián Axat, juicio a La Cacha

La madrugada del 12 de abril de 1977 mis padres Rodolfo Jorge Axat y Ana Inés della Croce fueron detenidos en La Plata y trasladados al centro clandestino conocido como La Cacha. Hay testigos que sobrevivieron y los vieron en ese lugar. Para agosto de 1977, ya no se sabe más sobre el destino de mis padres. Cuando esto sucedió, yo tenía sólo siete meses; tuve la suerte de que en el momento estaban mi abuela y mi tía, con quienes me crié. Hoy tengo 37 años y voy a comenzar a presenciar el juicio que marca mi historia.

Recuerdo que cada vez que mi familia pronunciaba la palabra Cacha se producía un fuerte silencio. El nombre refiere a la bruja desaparecedora de la tira Hijitus, Cachavacha, con el que los propios represores bautizaron cínicamente el lugar. Con el tiempo fui investigando más sobre el tema. La primera reconstrucción sobre el CCD es gracias a los sobrevivientes Néstor Torrillas, Nelva Falcone, Alberto Diessler, Roberto Amerise, Ana María Caracoche, José Luis Cavalieri, Alcira Ríos y Luis Pablo, cuyas declaraciones brindadas en 1983 ante la Comisión Arquidiocesana de San Pablo (conocida como Clamor) fueron indispensables para identificar lugares, apodos de represores, personas vistas y funcionamiento interno.

Según el informe posterior elaborado por la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, por La Cacha pasaron al menos 239 personas, 98 de las cuales fueron desaparecidas, 64 liberadas, de 15 se desconoce el destino, y hubo al menos nueve niños nacidos en cautiverio, muchos de ellos apropiados desde el hospital de la Unidad Penitenciaria Nº8.

El CCD fue creado en el marco de una etapa definida del plan sistemático de represión ilegal diseñado por la junta militar y respondió a la necesidad de obtener información precisa para desmantelar los últimos vestigios de resistencia organizada a la dictadura. Funcionó entre mediados del ’76 y fines del ’78 en la antigua planta transmisora de Radio Provincia, en Olmos, emplazado a 50 metros de lo que hoy es la entrada principal de la ex Unidad Penitenciaria Nº8 y a unos cien metros del muro de la Unidad Nº1 Olmos. Por sus características, fue uno de los centros clandestinos de detención más sofisticados, por la coordinación represiva entre policía, penitenciarios, Fuerzas Armadas, Marina y varios órganos de inteligencia que actuaron en el lugar.

En una inspección judicial ordenada en 2011, tuve la oportunidad de visitar el predio que aún pertenece a la órbita del Servicio Penitenciario Provincial. Si no fuera por una medida de no innovar, los resabios del perpetrador seguirían destruyendo prueba esencial, así como ocurrió con el galpón de varios niveles que albergaba a los detenidos, que para 1978 ya había sido desmantelado. Recientes excavaciones muestran el perímetro de cemento escondido debajo del descampado, lugar donde fueron hallados los restos de una picana. Es el “aquí no ha pasado nada”, el mismo silencio que permite al Servicio Penitenciario que, todavía a cien metros, se siga torturando en la Cárcel de Olmos.

Anuladas las leyes de impunidad en 2003, reabierta como causa Nº 16.419 “Dr. Félix Pablo Crous s/ denuncia (La Cacha L. Olmos)”, ésta quedó radicada en el Juzgado federal (electoral) de Manuel Blanco, quien recién en diciembre de 2009 ordenó detenciones, que se efectivizaron en marzo de 2010. Aunque como suele ser costumbre, las detenciones alguien las sopla de antemano, lo que dio plazo de gracia a tres imputados fundamentales a fugarse: Ricardo Luis Von Kyaw (hay denuncias de que lo vieron en Paraguay y que maneja importantes empresas de seguridad privada en Argentina), Teodoro Aníbal Gauto (aún hoy en Israel) y Miguel Angel Amigo (integrante del Destacamento 101 finalmente detenido en junio de 2012 y sumado a la causa en agosto de 2013).

Las imputaciones mediatas recayeron sobre Ibérico Saint Jean (muerto en 2012) y su ministro de Gobierno Jaime Smart; 13 integrantes del Destacamento 101 (incluido su jefe Arias Duval, quien falleció en 2012). Dos penitenciarios (el Oso Acuña y su jefe Isaac Miranda) y un marino (Juan Carlos Herzberg). Sobre un total de 137 casos de secuestros y torturas, 10 homicidios y tres apropiaciones de niños, restando los ocho genocidas que murieron en el transcurso de la causa y quedaron impunes, y sin contar a dos de los prófugos mencionados, llegan entonces al juicio sentados en el banquillo Carlos Hidalgo Garzón, Jorge Di Pasquale, Gustavo Cacivio, Ricardo Fernández, Luis Perea, Roberto Balmaceda, Emilio Herrero Anzorena, Carlos Romero Pavón, Anselmo Palavezzati, Jaime Smart, Juan Carlos Herzberg, Raúl Espinoza, Claudio Grande, Héctor Acuña, Rufino Batalla, Isaac Miranda, Miguel Angel Amigo, Miguel Osvaldo Etchecolatz, Julio César Garachico, Eduardo Gargano, Horacio Elizardo Luján.
 
Más allá de las dudosas fragmentaciones procesales avaladas por el juez instructor electoral, con prófugos, dilaciones y muerte mediante de genocidas; aun así, el camino de la lucha dada todos estos años por parte de organismos, familiares, sobrevivientes ha sido el que nos llena de orgullo y esperanza, porque –en este derrotero– se lograron saltar etapas, y hoy sentimos que en los tiempos que corren aún es posible creer en memoria, verdad y justicia. El día del juicio a La Cacha llegó, y eso es lo importante. Cuando el debate quede abierto, para nosotros, la historia ya comenzará a ser otra.



Julián Axat, poeta y Defensor juvenil. Víctima querellante.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Julián Axat, ¿cómo hacer para que los rostros vuelvan a aparecer?









¿CÓMO HACER PARA QUE LOS ROSTROS VUELVAN A APARECER?

 a Enrique Schmukler


sacar a los pueblos de los álbumes policiales

y que vuelvan a ser millones de álbumes familiares

quien fabrica su propia imagen

desborda legajos



A propósito de la nota que escribí hoy en Página/12, jueves, 12 de diciembre de 2013:
LOS FISCALES Y LOS ÁLBUMES DE MALVIVIENTES



Hace pocos días tuve oportunidad de acceder a la denuncia realizada por el diputado nacional Leonardo Grosso contra un fiscal de la capital, presuntamente involucrado en prácticas discriminatorias en las investigaciones penales que lleva en el Barrio Mitre, en especial por la cuestionada utilización de álbumes de fotos (mal) llamados “libros de malvivientes” contra personas seleccionadas por el mero hecho de ser pobres y vivir en una zona vulnerable.

Más precisamente, dice el diputado Grosso: “En su fiscalía tiene un álbum de fotos de la gente del barrio (muchas de ésas desactualizadas), que cada vez que le llega un hecho para investigar exhibe a los denunciantes para que identifiquen a un autor del hecho del que fueron víctimas y, si no lo identifican, él o cualquiera de sus empleados, que tienen la misma forma de trabajar, inducen a la persona a que marque a alguno. Con esa indicación, que en general es manipulada por el fiscal José María Campagnoli, y sin realizar ninguna investigación ni la mínima constatación de los hechos o de la responsabilidad de la persona, vienen y allanan las casas”.

El uso de fotografías nos remite a los orígenes de la policía, siendo casi tan antiguo como la cámara oscura. Podríamos decir que el lombrosianismo autóctono tiene su genealogía desde la galería de delincuentes (léase, de inmigrantes) de la capital elaborado por Fray Mocho a fines del siglo XIX, pasando por las fichas de las personas (militantes sociales) consideradas como “subversivas” por parte de las Fuerzas Armadas durante la dictadura, muchas de las cuales hoy están desaparecidas (el Decreto Nº 1019 dictado por Onganía en 1967 ordenó la creación de los álbumes). Y en la actualidad, por las fuerzas de seguridad que obtienen todo tipo de imágenes (de manera ilegal) de personas pertenecientes a los sectores vulnerables que viven en determinada zona y sólo por esa razón pasan a ser portadoras de sospecha; es decir, sus rostros conforman un libro de fotos de posibles peligrosos que se correspondería con poblaciones marginales (no es necesario que sean reincidentes, en los allanamientos, detenciones por averiguación de identidad, la policía obtiene fotos).

Los álbumes de fotos de presuntos peligrosos, además de violar derechos constitucionales e introducir un criterio de selectividad discriminatorio, resultan una herramienta de baja calidad probatoria, pues el margen de error que generan es muy amplio y más que un modo orientativo se convierte en un sesgo o placebo para las víctimas. Lo que quiero decir es que hay fiscales que compran este tipo de recetas policiales, dejando la puerta abierta para el “armado de las causas” a personas inocentes, sólo porque figuran en estos álbumes de fotos.

Claro que para algunos, en la guerra contra el delito todo vale, y los álbumes de fotos con personas pobres dan imagen de “efectividad” a las autoridades y a la población; permitiendo a la policía seguir reproduciendo consumo de estereotipo e introducir en los expedientes recorridos que siempre llevan a los mismos lugares, donde opera el derecho penal subterráneo cargado de los peores prejuicios sociales (nunca un ladrón de guante blanco, nunca un blanco, nunca un rubio).

Esta cuestión no es reciente y como defensor público me ha tocado denunciar este tipo de prácticas en muchísimas oportunidades (incluyendo a fiscales); especialmente sobre personas menores de edad, logrando que en la provincia de Buenos Aires queden taxativamente prohibidas desde 2011. También he asistido a situaciones en las que se involucra a personas inocentes al serles exhibidas fotos a las víctimas que más tarde en el juicio (luego de una larga prisión para el señalado en la foto) la propia víctima entra en duda y se llega a la absolución. El caso más impactante que me tocó asistir fue el de Gabriel Roser, un pibe que vivía en los márgenes de La Plata y que estuvo un año preso como consecuencia del señalamiento en una foto, hasta que con ayuda del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) se demostró en el juicio que era inocente y que la foto fue la única culpable.

El margen de error al exhibir fotos de poblaciones reducidas y por criterio clasista es muy amplio, la práctica tiene capacidad de sesgo y se presta al armado de causas a inocentes, por lo que también sirve como forma de chantaje policial (“si no robás para mí vas a estar en el álbum”). Por eso las técnicas de identikit hablado, o el dibujo de rostro (técnica de Bertillón) son las más confiables cuando existen “autores ignorados” de un delito. Echar mano a álbumes de fotos extraídas en forma espuria a los pobres es una mala práctica que habla de una fuerza policial desprofesionalizada y de fiscales prestos a avalar el clasismo y la demagogia.

Como dijo alguna vez Michel Foucault, “el saber es poder” y, aunque pasado de moda, Lombroso sigue teniendo arraigo en muchos imaginarios de saber-poder discriminatorios. En la era tecnológica y de Facebook, en la que los rostros quedan encriptados como si nada, la Justicia no debería permitir el “todo vale”, ni frente a las víctimas ni frente a los victimarios. Fiscales que avalan este tipo de prácticas contra los sectores populares no sólo especulan y delegan, sino que siguen aferrados a lo peor del pasado. Mejor que se vayan.



Julián Axat es Defensor juvenil de La Plata. Poeta.

viernes, 13 de mayo de 2011

Rodolfo Jorge Axat y El hombre en frack


EL HOMBRE EN FRACK

Dormida está en la calle,
La noche es muda y fría,
No deja en su agonía
Ni un rumor en la ciudad.
Envuelto con las sombras,
Camina entre la noche
Un desmayado coche
Sin saber a donde va...
Bajo un farol mezquino
Se para y tambalea
Frente al ya desierto
Un austero y viejo frack
Lleva un tubo por sombrero,
Dos diamantes por gemelos,
Un bastón entre los dedos
Y al ojal una gardenia,
Su corbata pajaril
Tiene un color
Evocador del año mil.
Se avecina lentamente
Y su paso es elegante,
Melancólico y ausente,
Y del mundo está distante,
Sin saber de dónde viene
Ni a dónde va.
¿De quién será el viejo frack?
Bonne nuit, bonne nuit,
Adiós, buona notte...!
Va diciendo a cada cosa,
A un farol iluminado
Y a un gato enamorado
Que asustado escapará.
Se despide muy severo
Del caballo y del cochero
El cumplido caballero
Con su austero y viejo frack...








“Con el tiempo fui encontrándome con sobrevivientes que me contaron que los vieron dentro del Centro Clandestino conocido como ‘La Cacha’, que funcionaba en la cárcel de Olmos. Me dijeron que mi papá ayudaba, conversaba bajito, daba fuerza. Alguien me contó alguna vez que mi papá animaba a los compañeros tabicados, que les pedía que tararearan con él una canción. Según me contaron, muchos de los que estaban secuestrados junto con él lo seguían y cantaban. A veces fuerte, a veces bajito. Esa canción era de un famoso cantautor italiano de los ‘60: Doménico Modugno. Es una canción de despedida: El título: ‘El hombre en frack’”, dijo Julián. Y agregó: “El último sobreviviente que los vio a mi mamá y a mi papá fue en julio de 1977”.“Me gustaría terminar este encuentro con esa canción porque esa es la manera que encontré para recordarlo. Por suerte la canción no es un golpe bajo. No se asusten, es medio bizarra, pero vale”, dijo Julián, con una sonrisa.



Rodolfo Jorge Axat

Julián Axat fue al Colegio Nacional de La Plata para participar de la presentación de un libro sobre deportistas desaparecidos. Fue porque su papá fue jugador de rugby y está desaparecido. Julián es un hijo de desaparecidos. Aquel día, hace poco más de un mes, el 22 de marzo, en la presentación de Deporte y Dictadura, de Gustavo Veiga, Julián hablaba con la rectora del colegio, María José Arias Mercader, sobre su papá, un ex alumno secuestrado y desaparecido por la última dictadura cívico militar. Así fue, contó, que surgió la idea de bautizar una de las aulas del segundo piso, en el sector de Lengua y Literatura, con el nombre de su papá: Rodolfo Jorge Axat.El acto fue ayer al mediodía en el marco de una política del colegio por mantener viva la memoria, la verdad y la justicia, que aborda críticamente la dictadura, sus causas y consecuencias, y que incluye bautizar las aulas con los nombres de los ex alumnos desaparecidos.Julián aprovechó para contar la historia de su papá, un joven hombre al que un grupo de tareas secuestró el 12 de abril de 1977, cuando tenía 30 años. “Yo hoy tengo 34 años, 4 más que él”, dijo. Y, en la primera línea nomás, se salió del libreto que se había armado para decir una de las cosas que más impactaría entre los alumnos: “mi papá es más chico que yo. Siempre tiene 30 años”.“No conocí a mi papá porque desapareció cuando yo tenía 7 meses”, dijo Julián, y contó que Rodolfo Jorge Axat cursó sus estudios en la escuela Anexa y en el Colegio Nacional entre 1959 a 1964, fue Jugador de Rugby de La Plata RC hasta los 18 años, hizo la colimba –Servicio Militar Obligatorio– en 1965 y estudió medicina y filosofía, pese a la preocupación de su papá, el abuelo de Julián, al que le parecía muy complicado que siguiera dos carreras.Dijo Julián que su papá conoció a su mamá, Ana Inés Della Croce, también desaparecida, en 1972, cuando tenían 25 y 21 años, y juntos incursionaron en el Movimiento Humanista y eran seguidores de su fundador, Silo, quien daba conferencias sobre “la no violencia” a los pies de la cordillera de los Andes, en Mendoza; hicieron retiros en el Valle del Yala, en Jujuy, y ascensos a la montaña del Chañie; hasta que en 1973 leyeron a John William Cooke y se convencieron: “la lucha de clases y la revolución socialista no era posible sin Perón”, decía Cooke, recordó Julián.El papá y la mamá de Julián, que todavía no había nacido, se metieron en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y empezaron a hacer militancia barrial, pasaron a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de ahí a Montoneros. “Estoy hablando de 1974”, dijo Julián al auditorio. Y contó cómo el día del regreso definitivo a la Argentina de Juan Domingo Perón, luego de casi 18 años de exilio, el 20 de junio de 1973, su papá fue herido en una pierna por un disparo de los activistas que estaban en el palco –militantes de la derecha peronista–, lo que lo marcaría en su militancia.Sin eufemismos, Julián contó que su papá era un soldado que que realizó tareas de inteligencia y logística, que se casó con su mamá en 1974 y que vivieron en la clandestinidad en un edificio de 36 entre 10 y 11 hasta finales de 1975, cuando discutió la política militarista de Montoneros con sus superiores, fue juzgado y degradado por tener “desvíos pequeñoburgueses” y condenado a salir de la clandestinidad y entrar como obrero al Frigorífico Swift, en Berisso, donde debía hacer tareas de agitación y propaganda. “En agosto de 1976 nazco yo”, dijo Julián.Rodolfo y Ana alquilaron una casa en Ringuelet, donde vivieron hasta el 12 de abril de 1977. En el frigorífico, que estaba intervenido por los militares, había inspecciones y delaciones. Varios trabajadores habían sido desaparecidos. Su papá sería uno de ellos. “Alguien lo canta”, contó Julián.
Un día antes de secuestrar a la pareja, un grupo paramilitar se presentó en la inmobiliaria en la que habían alquilado su casa y pidió información sobre Rodolfo Jorge Axat. El dueño accedió, pero cuando los militares se fueron llamó por teléfono al abuelo de Julián, para advertirle sobre lo que había ocurrido. Esa noche, Rodolfo y Ana decidieron resguardarse en la casa de los padres de ella. Después de dar vuelta de arriba abajo la casa de Ringuelet, a las 3 de la madrugada, del día 12 de abril de 1977, los asesinos tocaron el timbre de la casa de los abuelos de Julián y se llevaron a sus padres.“Con el tiempo fui encontrándome con sobrevivientes que me contaron que los vieron dentro del Centro Clandestino conocido como ‘La Cacha’, que funcionaba en la cárcel de Olmos. Me dijeron que mi papá ayudaba, conversaba bajito, daba fuerza. Alguien me contó alguna vez que mi papá animaba a los compañeros tabicados, que les pedía que tararearan con él una canción. Según me contaron, muchos de los que estaban secuestrados junto con él lo seguían y cantaban. A veces fuerte, a veces bajito. Esa canción era de un famoso cantautor italiano de los ‘60: Doménico Modugno. Es una canción de despedida: El título: ‘El hombre en frack’”, dijo Julián. Y agregó: “El último sobreviviente que los vio a mi mamá y a mi papá fue en julio de 1977”.“Me gustaría terminar este encuentro con esa canción porque esa es la manera que encontré para recordarlo. Por suerte la canción no es un golpe bajo. No se asusten, es medio bizarra, pero vale”, dijo Julián, con una sonrisa.Arias Mercader les recordó a los alumnos que aquellos jóvenes como el papá de Julián tuvieron una existencia real, que quisieron hacer una patria mejor para todos y aseguró que hoy está trabajando para que aquellos sueños se cumplan. Entonces, agradeció el relato y dio paso a la música, que los chicos recibieron con aplausos, aunque a algunos les dio vergüenza y se retiraron más rápido del salón de actos.“El tipo cantaba para poner algo de felicidad al campo de concentración. Por eso aplaudimos”, explicaba a sus amigas una alumna de cuarto año.

En diario Diagonales de La Plata de hoy.