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martes, 22 de marzo de 2022

La unidad no se mantiene porque se la nombre

UNIDAD DEL CAMPO POPULAR: MODERACIÓN O PUEBLO

    “(…) La unidad no se mantiene porque se la nombre. Se mantiene si continúan activas las políticas que le dieron origen. Es desde el exterior de sí misma que la palabra unidad toma sentido. Hay unidad porque hay otra cosa que justifica que la unidad exista. Esa otra cosa son las políticas que la estructuraron. La negación de ese exterior constitutivo de la unidad despolitiza la discusión de las tensiones de la unidad.
    Las crisis suelen resolverse con la apelación a lo obvio: la unidad política requiere de permanente debate político. Ello es lo que falta y a eso convocamos. En este sentido, un grupo de compañeros y compañeras proponen, en un reciente documento, una discusión en la que el gobierno del Frente de     Todos parece no tener ni origen ni sujeto. Por un lado, la palabra unidad flota en un vacío autosuficiente, como si no hubiera sido consecuencia de acuerdos entre diversos sectores políticos. Por el otro, el sujeto al que debieran dirigirse las políticas públicas -la base electoral del Frente de Todos- es apenas nombrado en un par de párrafos rápidos. Ni la memoria colectiva, ni el pueblo trabajador, ni la base social del Frente de Todos son protagonistas. Apenas hace alguna referencia lejana a mantener la “unidad para construir la transformación material progresiva sobre la cual se despliegue el día a día de las trabajadoras y los trabajadores y sus familias”.
    Los términos “Macri”, “macrismo”, “Juntos por el Cambio”, “sistema financiero”, “precarización”, “concentración”, “desigualdad” no son utilizados en el documento citado. No hay oponente concreto.     En el mundo del consenso, y en las formas suaves del lenguaje, no hay lugar para oposiciones fuertes ni para el desarrollo de conflictos. Hay un lenguaje de la política encapsulado.
    Mientras tanto, la política gubernamental ha llegado a su punto más trágico: la preparación de escenarios de anuncios donde no se realizan anuncios. Es la práctica fallida de anticipar políticas que no se concretan: el mismo gobierno genera las expectativas y la defraudación de las expectativas. Allí irrumpen los instantes crueles en donde la moderación se transforma en impotencia. Deciden bajarle la intensidad a la política y, como efecto no deseado, suprimen a la política. Proponen ir despacio pero terminan inmóviles. Pretenden hablar suave pero se vuelven inaudibles. Todo lo que se presenta moderado termina siendo débil y sin capacidad transformadora. Es necesario recordarlo: los gobiernos no se evalúan por sus intenciones, sino por sus realizaciones.
    Juntos por el Cambio ha construido su identidad, supuestamente racional e institucional, en contraste con otra “irracional y extrema”, la de los partidarios y partidarias de la actual vicepresidenta. Trasladar ese criterio de legitimación política desde afuera hacia adentro del Frente de Todos estaría más en línea con la eliminación del adversario que con el compromiso de ampliar el debate político.
    Las crisis se superan muchas veces con redundancia: las diferencias políticas se resuelven con más política. A eso convocamos a los compañeros y compañeras que, lo sabemos, están plenamente comprometidos con la ampliación de la discusión pública.
    A riesgo de ser repetitivos: el problema del documento con el cual estamos dialogando, a nuestro juicio, es que, en sus páginas, no resulta nítido ni el origen de la unidad ni el sujeto destinatario de sus políticas. En ese sentido, la ausencia absoluta del nombre “Macri” es muy elocuente.
    El expresidente neoliberal le entregó el gobierno al presidente Alberto Fernández con una economía 4% más chica de cómo la recibió, con una caída de 20 puntos de los salarios reales y con sendas crisis externas y de endeudamiento (público y privado) mutuamente reforzadas. Tampoco es cierto que entregó un país sin déficit fiscal: sólo cambió la composición de ese déficit a través del incremento del pago de intereses de su creciente endeudamiento. En paralelo, el gobierno macrista avanzó con la colonización y la cooptación de las herramientas de poder del Estado, sobre todo en materia de política económica.
    Ni en aquel momento, apenas asumió el nuevo gobierno del Frente de Todos, ni ahora, en el documento con el que dialogamos, ha aparecido la decisión de describir con nitidez las ruinas que dejó este nuevo experimento neoliberal. Hay, por lo tanto, una doble renuncia al origen: a la constitución de la frontera con el macrismo, por un lado, y a la defensa del lazo representativo con los sectores afectados por ese proyecto neoliberal, por el otro. Esa doble renuncia es una sola: la nitidez del proyecto propio requiere de una clara diferenciación con el programa neoliberal.
    El dilema que se presenta entonces es que cuando se pretende hablarles a todos se termina hablándole a nadie. Cuando se pretende no pelearse con nadie, se termina peleado con todos. El conflicto existe.     No asumirlo, lejos de ampliar la base de sustentación, diluye, a los que no lo protagonizan, en la nada política.
    Por eso, el problema de la unidad se resuelve reponiendo el origen y el sujeto destinatario de la unidad. No se soluciona con una apelación a la reducción de la intensidad (es decir, a la moderación).         El problema más importante no es de velocidad ni de magnitud: es de orientación de las políticas.
    Paradójicamente, la unidad a la que se convoca, en el marco de políticas regresivas, puede profundizar la crisis de la otra unidad: la de la base electoral del Frente de Todos. La unidad por arriba puede continuar desorganizando la unidad por abajo. Por eso, no se puede pensar la unidad desvinculada de las políticas que esa unidad expresa en términos de políticas públicas. En este sentido, insistimos, en las dimensiones de representación electoral y social: la “Unidad” del Frente de Todos se rompió en noviembre de 2021 cuando más de cuatro millones de electores que lo acompañaron en el 2019, ya no lo hicieron en las elecciones de medio mandato. Reconstruirla es el objetivo.
    La debilidad de la diferenciación discursiva de ambos proyectos – el macrista y el de nuestro gobierno- se extendió al diseño de algunas políticas: en el último trimestre de 2020, con la centralización de la estrategia económica en torno a los lineamientos del FMI, comenzó un camino de ajuste relativo. Esta política económica se extendió hasta las elecciones PASO de 2021 (sólo comenzó a corregirse en el último trimestre de ese año). Si bien la crisis global producida por la pandemia sanitaria explica parte de la debacle electoral en las elecciones legislativas de 2021, no es el único factor. A ello hay que sumarle las políticas de ajuste implementadas por nuestro propio gobierno.
    La clase trabajadora, por ejemplo, perdió en la puja distributiva y se produjo una nítida transferencia de recursos del trabajo hacia el capital, con especial énfasis desde finales de 2020. Si comparamos el salario real promedio de los trabajadores registrados del bienio 2018-2019 con el mismo valor promedio del período 2020-2021, la caída fue del 8%. Este atraso del salario explica que el excedente empresario haya captado más de 3 puntos del PBI adicionales respecto del gobierno de Macri. Desde finales de 2020 el excedente empresario se recuperó en términos reales, mientras la masa de salarios perdió valor real.
    Volvemos al inicio, entonces: ¿Unidad para qué política? ¿Unidad que garantice la transferencia de recursos desde los trabajadores hacia el capital? ¿Unidad que rompa el contrato electoral y en la que los trabajadores resultan perjudicados?
    Queda claro: no estamos ante un problema de moderación o intensidad. El problema es de orientación de las políticas.
    La unidad del gobierno del presidente Alberto Fernández y de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner nació alrededor de un decidido proyecto de crecimiento con distribución e inclusión social.     Ese es el proyecto que nos convoca y que nos moviliza. Es unidad, sí: pero para llevar adelante un programa de transformaciones.
    En el contexto del acuerdo con el FMI, y de sus previsibles presiones trimestrales, resulta imprescindible dinamizar las instancias institucionales de debate, movilización y búsqueda de acuerdos en el Frente de Todos. Como se dijo en estos días: “Las diferencias que tenemos entre quienes debatimos cuál es la mejor manera de resolver este problema son infinitamente menores de las diferencias con quienes generaron este problema”.
    Tenemos una nueva oportunidad. Esta vez hay que ir a fondo: con institucionalidad y con decisiones consensuadas entre los integrantes de la coalición. Todos y todas juntos para sostener la utopía de una patria justa, libre y soberana.
    Lo afirmó de modo muy contundente Néstor Kirchner: “Todos hablan del consenso, de todos juntos. Sí, todos juntos, pero ¿para qué? ¿Todos juntos para hacer un acuerdo de espaldas a la gente para mantener la burocracia política? No.
    Todos juntos para transformar la Argentina, para renunciar a privilegios, para construir lo que nuestro país necesita. ¿Todos juntos para decir que hay que renunciar a principios que son fundamentales para construir este país, todos juntos para bajar banderas? No. Todos juntos para sostener banderas, para sostener principios, para sostener las utopías que creyeron toda la vida y que sostuvieron nuestro inmortal conductor Perón y la inmortal Evita que era la llama viva del cambio permanente. Para eso todos juntos”.
    La correlación de fuerzas no es una foto. Es una construcción social, un devenir dinámico y endógeno. No es un dato exógeno de una ecuación a “resolver”. Un elemento central en la constitución de la correlación de fuerzas son las propias acciones y posicionamientos. Analizar esa correlación de fuerzas sin incorporar cómo modificarlas es un mecanismo conservador que inmoviliza. Las políticas públicas rupturistas de un orden injusto e insustentable no son irracionales e infecundas; son las que mejoran la vida de nuestro pueblo, fortalecen la base material de nuestra economía y expanden los grados de libertad de la Patria.
    La obligación de la política nacional y popular es expandir el campo de lo posible y no al revés: a partir de la definición de lo posible, sostener el statu quo.
    Hay muchos ejemplos latinoamericanos que demuestran que las correlaciones de fuerzas económicas, sociales y políticas no son un “hecho natural”, fijo y establecido para siempre.     Mencionemos sólo el del compañero Néstor Kirchner: asumió el gobierno con el menor porcentual de votos de la historia argentina y una “correlación de fuerzas” mínima a su favor. La respuesta popular a cada una de las medidas de gobierno fue construyendo una nueva correlación de fuerzas que habilitó un período de 12 años de continuidad del gobierno nacional-popular y la concreción de decenas de políticas que mejoraron ostensiblemente los niveles de vida de nuestro pueblo y ampliaron derechos como nunca antes, desde el gobierno del primer peronismo con Perón y Evita.
    Esta perspectiva de una “correlación de fuerzas negativas”, que condicionan las posibilidades de llevar a cabo medidas de profundización de un modelo nacional- popular, se transforma así en una puerta de justificación que –con sus más y sus menos- favorece el statu quo, lo que en nuestras sociedades significa el mantenimiento de la inequidad, la desigualdad y el incremento de la pobreza. Y de allí surge la idea de que, lo que debe primar en el Frente de Todos a cargo del gobierno, es la moderación en la toma de definiciones políticas.
    El concepto “moderación” es por demás riesgoso para cualquier gobierno popular latinoamericano.     En primera instancia, porque todos los gobiernos de carácter nacional-popular deben enfrentarse cotidianamente con elites que aplican todo el tiempo la lógica de la desmesura política. La experiencia histórica de este Siglo XXI en América Latina nos indica claramente que, de manera precisa, aquellos gobiernos nacional-populares que aplicaron medidas que iban en contra de la lógica “moderada”, fueron no sólo los que más cambios positivos lograron, sino los que mayor apoyo popular tuvieron: Néstor y Cristina Kirchner, Hugo Chávez, los dos mandatos de Lula Da Silva, Rafael Correa, los gobiernos de Evo Morales.
    No parece que sea útil apelar a unidades de medida. Es decir, definir al otro según las cantidades de moderación con la que cuenta y, a partir de allí, delimitar el espacio político “extremo e irracional” que es necesario separar o marginar. Ello supondría trasladar al interior del Frente de Todos, las prácticas estigmatizantes utilizadas por el macrismo contra Cristina Fernández de Kirchner y el Kirchnerismo.
    ¿Es posible negociar con el poder real y las derechas desde la búsqueda de consensos basados en la idea de una moderación “compartida”? No pareciera ser el caso en estos dos años de experiencia de gobierno de nuestro Frente de Todos: la respuesta a propuestas políticas moderadas (acuerdos de precios, control cambiario, congelamiento de las retenciones, por ejemplo) y, aún, a políticas imprescindibles –por ejemplo, las políticas de cuidado y vacunación durante la pandemia global – contaron con la oposición brutal y desmedida de las derechas.
    ¿Cuáles fueron los consensos logrados de este modo? ¿Cuál es, entonces, la mejor estrategia para enfrentar en el contexto latinoamericano a las fuerzas de las derechas?
    La lógica de la moderación y la correlación de fuerzas negativa nos lleva a una paradoja circular: si los gobiernos toman medidas “moderadas”, entonces ganarían en gobernabilidad frente al poder real. El problema es que la moderación deja a los dos sectores en pugna –el poder real y los sectores populares- en situación de descontento: las elites de derecha y el establishment leen la moderación como debilidad de los gobiernos populares y, en vez reducir la presión política, la incrementan. A la vez, los movimientos sociales, los partidos políticos y los sectores populares sienten y viven –en el caso de los más vulnerables- la situación de que la vida cotidiana no les ha mejorado sustancialmente desde la llegada de un gobierno popular al poder.
    Cuando en el año 2019 la compañera Cristina ideó y convocó a la construcción de un Frente de     Todos como herramienta electoral para derrotar al más crudo neoliberalismo, se dirigió a todas las fuerzas del campo nacional-popular. La razón de ser de ese Frente de Todos no era, claramente, sólo derrotar al macrismo sino reponer e incrementar las políticas de derechos e inclusión de los 12 años de gobiernos nacional-populares movilizando al pueblo y nunca moderando sus demandas o “mandando a desensillar hasta que aclare”. La discusión, desde nuestro punto de vista, es sobre la orientación de las políticas públicas que deben expresar la unidad de las fuerzas que integran el Frente de Todos.
    Se sale con más política y no con más encierro.
    Se sale compartiendo con el pueblo el conocimiento de las dificultades: enfrentándolas y no eludiéndolas.
    Se sale convocándonos todos y todas a un proceso de discusión pública fecundo y fraterno.”


Firman: Teresa Parodi, Eduardo Basualdo, Liliana Herrero, Roberto Salvarezza, Adrián Paenza, Cynthia García, Alberto Kornblihtt, Rita Cortese, Noe Jitrik, Andrea Varela, Victoria Onetto, Carlos Rozanski, Araceli Bellota, Rubén Dri, Artemio López, María Pía López, Daniel Tognetti, Roberto Caballero, Alejandro Kaufman, María Sondereguer, “Mempo” Giardinelli, Marcelo Figueras, Gustavo Cirelli, Telma Luzzani, Andrés Asiain, Cynthia Ottaviano, Eduardo Rinesi, Jorge Elbaum, María Seoane, Carlos Barragán, Luisa Kuliok, Carlos Ciappina, Pablo Manzanelli, Martín Piqué, Silvia Delfino, Juan Martín Gené, Sandra Russo, Glenn Postolski, Rosa Bru, Conrado Geiger, María Quintero, Diego Hurtado, Raquel Robles, Juan Diego Incardona, María Sucarrat, Flavio Rapisardi, Ayelén Sidún, Mariano Hamilton, Viviana Vila, Sebastián Fernández, Ernesto Bauer, Juan Pablo Olsson, Paula de Luque, Julio Ferrer, Lalo Painceira, Marina Glezer, Julián Saud, Juan Alonso, Francisco “Paco” Oliveira, Alejandro Montalbán, Marina Arias, Marcelo Camaño, Susana Martins, Juan Valerdi, Eduardo Dvorkin, Marcelo Ruiz, Daniel Bello, Félix Requejo, Rolando González José, Adriana Serquis, Eduardo de la Serna, Jimmy Herrera, Tony Fenoy, Graciela Vazan, Ricardo Carrizo (Curas en Opción por los Pobres), Carlos Gómez (Curas en Opción por los Pobres), Rafael Villegas, María José Castells, Colectivo de Teología de la Liberación Pichi Meisegeier, Carta Abierta La Plata, Pablo Llonto, Stella Escoba, Sebastián Palma, Mónika Arredondo, Mauricio Erben, Cristian Weber, María Bernarda Tinetti, Pedro Dehleye, Ximena Talento, Luis Zarranz, Siro Colli, Liliana Viola, Emanuel “Peroncho” Rodríguez, Sergio Ranieri, Gustavo Bulla, Ricardo “Kiko” Cerone, Celeste Abrevaya, Julio Reta, Juan Montes Cato Verónica Baston, Pablo Bilyk, Raquel Márquez, Pablo Antonini, María Cabrejas, Alejandra Cebrelli, Juan Guzmán, Julia Narcy, Diego Conno, Julia Saud, Facundo Ábalo, Diana Rogovsky, Mauro Beltrami, Marcela Di Croce, Guillermo Clarke, María Cristina Demo, Ricardo Plazaola, Luis Schinca, Claudio Panella, Patricia Berrotarán, Fabio Prado González, Fabián Bertero, Cintia Rogovsky, Martín Daniel Castilla, Alicia Sarno, Omar Musa, Mag De Santo, Lucas Ayala, Guillermo Pilía, Flora Ferrari, Duilio Lanzoni, Carlos Schmerkin, Guillermo Wierzba, Ignacio Velez, Silvio Schneck, Aurelio Narvaja, Ilda Lucchini, Jorge Barbeito, Ursula Asta, Ana Berezin, Carlos Vargas, Mirta del Campo, Maximiliano Coria, Mirna González, Luis Freire, Eleonora Artigas, Juan Artigas, José Slimobch, Victor Portnoy, Monika Aredondo, Cristina Pilar Bejar, Mirta Botzman, Claudia Albertal, Fabian Gatica, y siguen las firmas

jueves, 11 de noviembre de 2021

MIGUEL GAYA Por qué voto al Frente de Todos




POR QUÉ VOTO AL FRENTE DE TODOS

Supongo que a pocos les importa a quién voto, y a quiénes les importa un poco (por afecto, por cercanía) ya lo saben y no piden explicaciones. Pero como estos días ha cundido una suerte de “voto al Frente, pero...” y sigue una larga enumeración de condiciones que el Frente debe cumplir para ser merecedor del voto, yo me sumo y digo que no pongo ninguna.

Yo voto al Frente, y lo votaría en todos los distritos del país. No me importa demasiado a quien lleva de candidatos. No soy tonto, no es lo mismo uno que otro, y los unos y los otros hacen la diferencia entre ganancia y lastre. Pero voto al Frente de Todos. 

No condiciono mi voto, no exijo nada, no espero nada. Sé en qué condiciones hemos vivido los años del macrismo y cuáles fueron las de nuestro gobierno. ¿Se podría haber hecho otra cosa? Seguro. Del mismo modo que mirando un partido desde la tribuna se puede afirmar que se habría podido hacer otro juego. ¿A quién le importa? 

No fue el mejor gobierno que hemos tenido de 1983 hasta acá, pero está lejos de haber sido el peor. Hoy me basta comprobar que la gestión de la pandemia fue exitosa, en grado sumo, y que en estas condiciones extremas de necesidad económica, financiera y social, se ha podido administrar el estado razonablemente bien. No es poco, y menos en este país. Así que, sin beneficio de inventario, este es mi gobierno, y estas son mis razones para votarlo:

1. La oposición es horrible, y tiene fuerzas para ganar y/o condicionar el gobierno y/o ganar en 2023.

2. Cuando digo que es horrible, afirmo que es, en acto y potencia, antidemocrática. Que no le importa, y abomina, del estado de derecho. Que impulsará una política general en salud, seguridad, educación, infraestructura, internacional y ambiental que se lleva por delante el derecho a tener una vida digna del grueso de la población. Otra vez, no ignoro las diferencias entre personajes, pero todos juntos, unos más otros menos, están de acuerdo, o se pondrán de acuerdo, para gobernar con esas políticas. 

3. Los llamados poderes fácticos, oligarquía o clase empresarial dirigente han demostrado una y otra vez su nula vocación de sentar las bases de una mínima convivencia, no digo democrática, sino tan siquiera de conveniencia. Poco se puede esperar de su inteligencia y se debe temer mucho de su angurria. 

4. La izquierda, en todas sus expresiones, no ha ayudado en modo alguno a fortalecer una coalición democrática para hacer frente a las fuerzas descriptas en los puntos anteriores.

5. El gobierno, y todas las fuerzas variopintas que lo componen y sostienen, han demostrado ser los únicos, en este país y en estas condiciones, con vocación de gobernar democrática y racionalmente. Han tenido sus errores y divergencias, algunas soterradas y otras estentóreas, pero nunca rompieron ni perdieron el rumbo. Se puede, y debe, discutirse sus tácticas y políticas, pero no sus valores.

Votar el Frente de Todos el próximo domingo es, para mí, votar por fortalecer un gobierno democrático, amplio y perfectible, y la única garantía que tenemos de mejorarlo.

viernes, 17 de septiembre de 2021

CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER Una vez más me dirijo a mis compatriotas




Como siempre… sinceramente.
Una vez más me dirijo a mis compatriotas como lo he hecho en otras oportunidades. No es la primera vez. Hace ya casi un año, el 26 de octubre de 2020, me dirigía a los argentinos y las argentinas con el documento “27 de octubre. A diez años sin él y a uno del triunfo electoral: sentimientos y certezas”. 
Allí desgranaba reflexiones acerca del funcionamiento institucional, y de lo que considero el problema central de la economía argentina y la necesidad de abordarlo desde un acuerdo amplio de las distintas fuerzas políticas. 
Hoy, releo aquellas líneas de inusitada actualidad en las que también mencionaba que las decisiones en el Poder Ejecutivo argentino siempre las toma el Presidente de la Nación y en las que decía sin eufemismos ni operaciones de prensa en off, que había funcionarios y funcionarias que no funcionaban.
También recuerdo el acto que se llevó a cabo en el Estadio Único de La Plata el 18 de diciembre de 2020, del cual participamos muchos compañeros y compañeras del Frente de Todos junto al Presidente de la Nación, cuando expresé textualmente: “… pero ojo, yo no quiero que ese crecimiento -el crecimiento económico del año 2021 que acertadamente pronosticara el compañero que me había precedido en el uso de la palabra- se lo queden tres o cuatro vivos nada más. Para esto, me parece que hay que alinear salarios y jubilaciones, obviamente, precios, sobre todo los de los alimentos y tarifas.”. En esa oportunidad también señalé: “por eso le digo a todos aquellos que tengan miedo o que no se animan, por favor… hay otras ocupaciones además de ser ministro, ministra, legislador o legisladora. Vayan a buscar otro laburo, pero necesitamos gente en los sillones que ocupen de ministro, ministra, de legislador o legisladora… sean para defender definitivamente los intereses del pueblo”.
Como no soy mentirosa y mucho menos hipócrita (nunca digo en público lo que no sostengo en privado y viceversa), debo mencionar que durante el año 2021 tuve 19 reuniones de trabajo en Olivos con el Presidente de la Nación. Nos vemos allí y no en la Casa Rosada a propuesta mía y con la intención de evitar cualquier tipo de especulación y operación mediática de desgaste institucional.
En las primeras 18 reuniones, la última de ellas el 07/09/2021, siempre le plantee al Presidente lo que para mí constituía una delicada situación social y que se traducía, entre otras cosas, en atraso salarial, descontrol de precios -especialmente en alimentos y remedios- y falta de trabajo, sin desconocer, obviamente, el impacto de las dos pandemias: la macrista primero y la sanitaria a los 99 días de haber asumido el gobierno. Igualmente siempre remarqué la falta de efectividad en distintas áreas de gobierno.
También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez… me cansé de decirlo… y no sólo al Presidente de la Nación. La respuesta siempre fue que no era así, que estaba equivocada y que, de acuerdo a las encuestas, íbamos a ganar “muy bien” las elecciones. Mi respuesta, invariablemente, era “no leo encuestas… leo economía y política y trato de ver la realidad”. Una realidad que me indicaba que en el año 2015 perdimos las elecciones presidenciales en segunda vuelta y por escasa diferencia, con el mayor salario en dólares de Latinoamérica -que representaba más del doble del salario actual-, con una inflación que era menos de la mitad que la actual y con un candidato, Mauricio Macri, que decía que no le iba a sacar a nadie lo que ya tenía, sino que sólo iban a cambiar las cosas que estaban mal.
Fui, soy y seré peronista. Por eso pensaba que no podíamos ganar. Y se lo decía no sólo al Presidente. Muchos compañeros y muchas compañeras escucharon mis temores.
El domingo 12 de septiembre de este año el peronismo sufrió una derrota electoral en elecciones legislativas sin precedentes. Mientras escribo estas líneas tengo el televisor encendido pero muteado y leo un graph: “Alberto jaqueado por Cristina”. No… no soy yo. Por más que intenten ocultarlo, es el resultado de la elección y la realidad. Es más grave aún: en la Provincia de Buenos Aires, termómetro inexcusable de la temperatura social y económica de nuestro país, el domingo pasado nos abandonaron 440.172 votos de aquellos que obtuvo Unidad Ciudadana en el año 2017 con nuestra candidatura al Senado de la Nación… con el peronismo dividido, sin gobierno nacional ni provincial que apoyara y con el gobierno de Mauricio Macri y su mesa judicial persiguiendo y encarcelando a ex funcionarios y dueños de medios opositores a diestra y siniestra.
Recuerdo que, cuando perdimos las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires del año 2009, con Néstor como candidato a Diputado Nacional -después de la 125 y de la crisis global del 2008-, quien Alberto considera con justicia el mejor presidente de la democracia, el día lunes siguiente a las elecciones no sólo renunció a la titularidad del Partido Justicialista, sino que yo como Presidenta de la Nación pedí la renuncia de quien fuera mi Jefe de Gabinete, entre otros. Y ¡ojo!… habíamos perdido en la Provincia de Buenos Aires pero habíamos ganado a nivel nacional. A Néstor Kirchner hay que recordarlo en versión completa y no editada.
Sin embargo ahora, al día siguiente de semejante catástrofe política, uno escuchaba a algunos funcionarios y parecía que en este país no había pasado nada, fingiendo normalidad y, sobre todo, atornillándose a los sillones. ¿En serio creen que no es necesario, después de semejante derrota, presentar públicamente las renuncias y que se sepa la actitud de los funcionarios y funcionarias de facilitarle al Presidente la reorganización de su gobierno?
El martes 14 tuvo lugar, otra vez en Olivos, mi última reunión con el Presidente de la Nación. Habían transcurrido 48hs sin que se comunicara conmigo y me pareció prudente llamarlo y decirle que tenía que hablar con él. Deje pasar 48hs deliberadamente, para ver si llamaba (debo decir que de las 19 reuniones, la mayoría fueron a iniciativa mía). Allí le manifesté que era necesario relanzar su Gobierno y le propuse nombres como el del Gobernador Juan Manzur para la Jefatura de Gabinete. Sé que sorprenderá mi propuesta, es de público y notorio las diferencias ya superadas que he tenido con quien fuera mi Ministro de Salud desde el año 2009, cuando debí remover a quien entonces era mi Ministra de Salud por el fracaso en el abordaje de la pandemia de la gripe A (H1N1). Juan permaneció en su cargo hasta que renunció para disputar la candidatura a Gobernador de la Provincia de Tucumán en el 2015, cargo que obtuvo y revalidó por el voto popular no sólo a través de su reelección, sino también en la elección del pasado domingo. 
Aunque en realidad, nadie debería sorprenderse por mi propuesta: el 18 de mayo de 2019 le propuse a todos los argentinos y argentinas como candidato a Presidente de la Nación a Alberto Fernández. ¿Por qué cuento esto? Porque no voy a seguir tolerando las operaciones de prensa que desde el propio entorno presidencial a través de su vocero se hacen sobre mí y sobre nuestro espacio político: Alberto Fernández quería que el Dr. Eduardo De Pedro fuera su Jefe de Gabinete y fui yo la que no estuvo de acuerdo. Mal podría ahora promoverlo para ese cargo.
A propósito de la categoría de funcionarios que no funcionan… el vocero presidencial escaparía a aquella clasificación. Es un raro caso: un vocero presidencial al que nadie le conoce la voz. ¿O tiene alguna otra función que desconocemos? ¿La de hacer operaciones en off por ejemplo? Verdadero misterio.
Por la misma razón me comuniqué con el Ministro de Economía cuando se difundió falsamente que en la reunión que mantuve con el Presidente de la Nación, había pedido su renuncia. Las operaciones son permanentes y, finalmente, sólo terminan desgastando al gobierno. Es increíble que no lo adviertan. Es una pena tanto daño autoinfligido.
Confío, sinceramente, que con la misma fuerza y convicción que enfrentó la pandemia, el Presidente no solamente va a relanzar su gobierno, sino que se va a sentar con su Ministro de Economía para mirar los números del presupuesto. El año pasado, con ocasión de presentarse el mismo, se estableció que el déficit fiscal iba a ser del 4,5% del PBI sin pandemia a partir de marzo del 2021 -situación que no se verificó como es de público y notorio-. Cada punto del PBI en la actualidad es alrededor de $420.000 millones.
  A agosto de este año, a cuatro meses de terminar el año y faltando apenas unos días para las elecciones, el déficit acumulado ejecutado en este año era del 2,1% del PBI. Faltan ejecutar, según la previsión presupuestaria, 2,4% del PBI… más del doble de lo ejecutado y restando sólo cuatro meses para terminar el año… con pandemia y delicadísima situación social. No estoy proponiendo nada alocado ni radicalizado. Al contrario, simplemente estoy recogiendo lo que en este contexto global de pandemia está sucediendo a lo largo y a lo ancho del mundo, desde Estados Unidos, pasando por Europa y en nuestra región también: el Estado atemperando las consecuencias trágicas de la pandemia. 
He sido Presidenta durante dos períodos consecutivos. En el 2008 nos tocó atravesar la crisis global más grande después de la Gran Depresión del año ’30. Soportamos corridas cambiarias permanentes -con muchas menos reservas en el Banco Central que en la actualidad- y el asedio de los Fondos Buitre. Sé que gobernar no es fácil, y la Argentina menos todavía. Hasta he sufrido un vicepresidente declaradamente opositor a nuestro gobierno. Duerman tranquilos los argentinos y las argentinas… eso nunca va a suceder conmigo.
También estoy convencida que será imposible solucionar los problemas que dejó el macrismo de bajos salarios, altísima inflación, endeudamiento vertiginoso con acreedores privados y la vuelta del FMI con un préstamo de 44 mil millones de dólares, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc… votando al macrismo o votando sus ideas.
Cuando tomé la decisión, y lo hago en la primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a Presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi Patria. Sólo le pido al Presidente que honre aquella decisión… pero por sobre todas las cosas, tomando sus palabras y convicciones también, lo que es más importante que nada: que honre la voluntad del pueblo argentino.