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viernes, 26 de mayo de 2017

Daniel Ponce, Males




MALES

     En un programa televisivo, de esos que llenan espacios, el escritor inútil Federico Andahazi se dedicó a historiar las raíces místicas de la administración macrista. Entrevistó a una vidente, de nombre imposible de retener, que mencionó que vivía en el exterior y que había sido convocada para “limpiar” la residencia presidencial. Andahazi, de cejas pintadas con betún y barba candado de falso encantador de serpientes, observaba a la vidente con los ojos entrecerrados. La estrategia era ramplona: poner un mensaje político en clave de misterio. Los efluvios del kirchnerismo, segregados por íncubos del inframundo, debían ser neutralizados porque constituyen la sustancia del mal, un mal que podría instilar sus poderes en los nuevos habitantes de la casa.

     El filósofo de la felicidad, Alejandro Rozitchner, posee un refugio en la Casa Rosada. Nadie conoce sus horarios de labor, ni las comodidades que goza, pero algo se ha especulado sobre su sueldo, un estipendio que asustaría a un banquero. El filósofo se encarga de elaborar frases, corregir discursos, escribir algunos pliegos y, casi seguro, dormir la siesta. A juzgar por su porte, por su expresión de somnolencia y su barriga podríamos decir que es el ejemplo vivo de la felicidad posprandial, una felicidad sólo accesible luego de un platazo de macarrones con estofado. Este chamán aconseja al Presidente antes de cada aparición pública y es autor de la famosa respuesta: “Esa te la debo”, que esgrimió el Ingeniero Macri al ser consultado en una conferencia de prensa. Para el filósofo de la felicidad, el bien está en “sincerar las cuentas y limpiar la corrupción y la mentira, implica pasar un año mal”.

     La gobernadora Vidal suele hacer recogimientos espirituales en la Ciudad de Rodríguez. La acompaña su gabinete y cuatro o cinco iniciados que se dedican a la digitopuntura, la velomancia y la numerología. La señora Vidal ve con desconfianza “las malas actitudes de los gremialistas docentes”.

     El diputado Eduardo Amadeo, haragán proverbial, rentado perpetuo, correveidile, alcahuete con pinta de mayordomo de estancia, solicitó a los Decanos de las Facultades de la UBA la lista de los alumnos extranjeros, de países limítrofes, alegando que hay que conocer al dedillo la historia académica de los mismos para saber si abusan de la gratuidad de la educación universitaria argentina y si son dignos de la misma. Amadeo afirmó que “el mal está donde menos lo pensamos”.

     El senador Miguel Ángel Pichetto está seguro de que muchos de los males del país se deben a la migración incontrolada de paraguayos, bolivianos y peruanos. Para Pichetto, el “mal se expresa en el adormecimiento de las costumbres”.

     El diputado Olmedo apuesta doble contra sencillo que un muro de contención fronterizo sería la solución contra los narcos y malentretenidos que atraviesan la frontera para corromper a la juventud de nuestro país desde Bolivia. Además, Olmedo es un declarado homófobo y empleador negrero de peonada. Para este diputado “el mal es algo importado ya que los criollos son nobles por naturaleza”.

     El actual agregado cultural en la Embajada de Alemania, señorito Lopérfido, de crines teñidas con tinta Pellikan y aspecto de reaparecer vivo luego de una juerga de malhechores, porfía, gracias a sus investigaciones, que la cifra de desaparecidos no  alcanza las 30.000 víctimas sino que se trata de un número mucho menor. La cifra, según sus sesudas pesquisas, fue abultada por el kirchnerismo para favorecer a una multitud de clientes políticos que se vieron beneficiados por planes de reparación. Lopérfido juró que éste era uno de “los males de la sociedad argentina”.

     El Ministro de Economía, Nicolás Dujovne, afirma que el país se recupera luego de haber pasado por una hecatombe.  Para Dujovne, el mal es “haber tenido una economía cerrada”.

     En su columna de opinión, el señor van der Kooy escribió, hace un tiempo: “El Presidente ha comenzado a interpelarse sobre la metodología del vínculo con la diputada. Tal vínculo es políticamente ineludible. Pero aspira a garantías diferentes. Complicado. Dedica horas a los encuentros personales con Carrió. Los entendería como una especie de terapia para controlar a la mujer. Pero ella posee la velocidad de una liebre: “Suponen que me contienen. Pero yo les anticipo lo que estoy dispuesta a hacer”. Ha sellado con Macri una relación cordial. Aunque presume que el ingeniero continúa arrastrando un costado oscuro de su historia cuyo origen habría que rastrearlo en las raíces familiares. La diputada estaría dispuesta a exorcizarlo de todos aquellos males que lo acechan”.

sábado, 27 de febrero de 2016

Daniel Ponce, Misceláneas argentinas



     El señorito descocado Esmeraldo Lopérfido sufrió un duro revés. Sabe, de ahora en adelante, que la lengua deberá usarla para relamerse, evitando, así, que se la hagan tragar cuando mencione que los derechos humanos fueron parte de una timba para negociar sangre por dólares y cuando presente estadísticas que sólo ocurren debajo de su melena teñida. Afirmó, por ejemplo, que los desaparecidos son muchísimos menos que los 30.000, y que, quizá, se trate una sumatoria irrelevante. Dos millones y medio de firmas avalaron el pedido de renuncia de Esmeraldo. Es innegable, por lo tanto, que el mencionado "gestor cultural" goza de popularidad, negativa.

     El walking dead Carlos Méndez, ex presidente, sportsman, latin lover y bon vivant, dijo, en un reportaje que se suponía picante, que no recordaba haber tenido trato íntimo con travestis pero de lo que sí estaba seguro era que Cristina Kirchner había matado a su marido, debido al maltrato que éste le propinaba. Se eximió de precisar si Néstor Kirchner había sido muerto de un martillazo o si había sido envenenado con Racumín.

     Para desgracia de operadores filosófics como Santiago Kovadloff, teórico de la tolerancia postvolteriana, el bibliófilo Alberto Manguel fue designado director de la Biblioteca Nacional. El susodicho reside en Canadá y posee una granja medieval en cierto paraje de la campiña francesa, donde, se dice, atesora 30.000 libros. Su permanencia en Buenos Aires duró cinco días, que utilizó para una media docena de reuniones y para infundir zozobra a los trabajadores de la Biblioteca. Aseguró que no será su función echar gente. Y partió. Es altamente probable que ocupaciones más interesantes e impostergables hayan influido en su decisión de dejar el país. Se puede asegurar, también, que la elección del bibliófilo fugado sea toda una opinión de la dirigencia oficial respecto de la cultura: por un lado la noción de cultura vinculada al coleccionismo fetichista -porque nadie en sus cabales puede afirmar que leyó 30.000 volúmenes- y, por otra parte, la necesidad de encontrar a un personajón desdibujado pero imbuido de cierto tufillo francobritánico como reaseguro de la alta cultura. En definitiva, la suma de dos prejuicios decimonónicos de país colonial.

     El Presidente Macri difundió una fotografía de su perro, llamado Balcarce, sentado en el sillón presidencial. 

     La Secretario de Comercio, Miguel Braun, que proviene del grupo económico Braun Menéndez-Menéndez Behety, propietarios de la cadena se supermercados La Anónima, difundió la noticia de que los "precios cuidados" culminarán en abril de este año, anunciando así la defunción del único control de precios que favorecía a los consumidores y que daba oportunidad a segundas marcas para tener mercado. De continuar una política de precios libres, favorable a los grupos monopólicos, podría proponérsele al Secretario de Comercio que inculque a los empresarios una práctica que sus ancestros patagónicos llevaron al paroxismo: pagar salarios con vales, sólo cangeables en los establecimientos de los emisores de los vales. Esta política premonetaria, también utilizada por Patrón Costas en sus establecimientos de Salta, resolvería, además, el problema de la emisión indebida, de la liquidez, de la competencia y, más aún, de los salarios. 

     Se pueden consultar los cortes programados de energía en la página del ENRE. El titular del ENRE fue gerente de Edesur, de modo que es aceptable que la información sea fidedigna.

     El Estado se endeudó en 5.000 millones de dólares. Recurrió a un grupo de bancos extranjeros, entre ellos el HSBC, el Deutsche Bank y el JP Morgan, para que le prestaran la divisas. Como garantía de este préstamo el Estado entregó 10.000 millones en títulos públicos con una cláusula de devolución de 11 meses. De no pagarse este compromiso, los bancos usureros se quedarán con los bonos más una ganancia de 300 millones de dólares que es el costo financiero de la operación. Los bancos intervinientes como prestamistas tienen funcionarios en la administración macrista, distribuidos en puestos claves de la dirigencia económica.

     Barak Obama visitará a la Argentina el próximo 24 de marzo, día en que se cumplen 40 años del sangriento golpe de Videla y sus neoliberales. La Dra. Lilita Carrió anunció que no irá a Roma.

     Durante el aquelarre justicialista o congreso partidario, el senador por Río Negro, Miguel Ángel Pichetto, jefe de la bancada de senadores de FPV solicitó un acuerdo político para que gobernadores e intendentes que requieren ayuda financiera la logren para salir del default. Fue abucheado pero Pichetto se mantuvo lo más campante. Pocos días atrás, había criticado duramente la política económica impulsada por Kicillof, culpándolo de la errática situación actual por haber sido "un mal ministro de economía".

     El regreso al libre mercado y, por ende, la paulatina desactivación del Estado como regulador y promotor de políticas públicas, muestra su cara feroz en las medidas adoptadas en los últimos tiempos por el gobierno macrista. El festín de los grupos económicos, el enriquecimiento derivado de la transferencia de fondos y del levantamiento de medidas restrictivas a la importación, la desregulación del control cambiario, son algunos de los lados de una caja que encierra nuevos obstáculos. Una devaluación del 50 %, la suba desorbitada de los precios del consumo, el alza de las tarifas -en algunos casos de hasta el 500 %, los despidos... Economistas salvajes y agoreros como Espert, Broda o Melconián comienzan a ver cumplidas sus profecías: el mercado es el supremo hacedor y los salarios son un costo que hay que evitar.

     Un viejísimo y agrio adagio español puede ser útil para tipificar la indiferencia y el utilitarismo de los ricos, aunque la palabra se le asigna, en el refrán, a un campesino bruto: “Justo que el burro se había acostumbrado a trabajar sin comer, se me murió”. 

lunes, 14 de diciembre de 2015

Daniel Ponce, El festín de las hienas



EL FESTÍN DE LAS HIENAS

La escalinata que lleva a la puerta principal del Teatro Colón estaba iluminada como si se tratara de alguno de los tantos galardones que rifan las corporaciones norteamericanas del show bizz. Repiten una estética decadente en la que los notables son objetos observables como fugaces meteoros a los que debe prestarse atención, en base a sus vestiduras, peinados, apliques, pelucas, maquillajes y prótesis. Son algo así como seres reconstruidos artificialmente en base a un patrón de construcción que no puede ni debe alterarse. Por la mencionada escalinata, comparecieron los personajes selectos de la restauración conservadora  y esto es toda una opinión de clase y una declaración de principios. Mascarones de proa, máscaras, antifaces, yelmos, que poco podían decir, salvo saludar, algunos dificultosamente, moviendo un poco la mano empolvada. Amor con amor se paga, y esta premisa de lealtad se vio cumplida cuando Mirtha Legrand, que a gatas puede con sus caderas, momificada la testa, revocada con enduido, agitó sus anillos, del brazo de un señorón teñido que tenía cara de salir de una colitis. El mago sin dientes con una galera al estilo de las que gastaba Abraham Lincoln pasó, raudo, acariciando un bastón de cotillón. Susana Giménez, cinchada como si le hubiesen hecho una aventración, mostró los dientes de escualo, hechos con las teclas del piano de Richard Clayderman, y meció sus cabellos, tejidos en largas sesiones de telar por Miguelito Romano. Por allí, Darío Lopérfido, francófilo, fruncido, hablando con la voz ahuecada como los ventrílocuos, buscaba con la mirada al afrancesado Jorge Telerman, hombre de firmes convicciones, tan firmes que aceptó pasarse con armas y bajeles al nuevo gobierno, durante el interregno en que gobernó Pinedo. Chiche Gelblung, encorvado, del brazo de una señora que había emergido de una tostadora, sonreía con dientes fuera de escala como si se los hubiese pedido prestados a Luciana Zalazar. Imposible fue que las cámaras apostadas sobre la pasarela y la escalinata tomaran al grupo de choque de la restauración, brillaba por su ausencia, aunque es altamente probable que, a esas horas, descansaran de tantos años de dura labor; hubiese sido estimulante ver a Leuco, sin cuello, devorado por la gastritis, los ojos de ajusticiado, o ver al Doctor Castro que, en esos momentos rutilantes de figuración, estaría tragando una sopa de Vitina junto a su mamá, o al señor Lanata, siempre a punto de explotar dada la cantidad de canapés que le provee Magnetto, dirigiéndose a los paparazzi con su fuck you, o al autoayudado Paluch, que habla de templanza pero que no puede aplicar este concepto a su propia conducta, o la larga ristra de evangelizadores del odio: Van der Kooy, Morales Solá (ese rostro insidioso de falso Lenin mezclado con Litto Nebbia gorila), Santo Biassatti, especie despavorida de lobo marino pero ganado por la siesta y el aire acondicionado, Pagni, con sus conceptos macarrónicos intentando explicar la malicia del kirchnerismo buscándola en la antigüedad griega, Santiaguito Kovaddloff, esa suerte de Manolo Galván -aunque resulte ofensivo para Manolo- tan apto como presentador de kermese de damas de caridad, tan alumno aplicado o regente de preceptores. La lista de los infantes, de la primera línea de operadores no enmascarados sería inmensa. Pero no se los pudo avizorar entre los figurantes. Sí, las luces de las cámaras tomaron los flecos batidos en la cabeza nívea de Guillote Coppola, empeñado en saludar a quien se le cruzara, inclusive al ex presidente De la Rúa, un tanto alelado y ausente, aunque, todavía, respirando por sus branquias de vieja tararira. Nadie podrá explicar el por qué de estas funciones de gala, a menos que se retrotraiga al mundo extinto de los Luises, de las grandes pelucas piojosas y perfumadas, de los lunares hechos con puntos de terciopelo y pegados con resina en los pómulos yertos, a menos que se remonte al mundo crepuscular de los cortesanos, al guignol que los financistas manipulan para burlarse del pueblo.



Jorge Daniel Ponce (Buenos Aires, 1956).