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martes, 25 de agosto de 2020

EDUARDO DUHALDE Siniestro





SINIESTRO ANIMAL SUELTO


Dice "es ridículo que piensen que el año que viene va a haber elecciones"
Dice “¿Por qué va a haber elecciones? Tenemos un récord, la gente no lo sabe o se olvida: entre 1930 y 1983 hubo 14 dictaduras militares, presidentes militares"
Dice "sabemos que Brasil es un gobierno democrático cívico-militar, sabemos lo que es Venezuela, lo que es Bolivia, sabemos que en Chile quedan como factor de poder los carabineros, como antes, y el ejército"
Dice "Argentina corre el riesgo porque este es un desastre tan grande que no puede pasar nada bueno"
Dice "no va a haber elecciones porque Argentina es la campeona de los golpes militares"
Dice sin que se le caiga la cara de vergüenza 



domingo, 30 de septiembre de 2018

NORBERTO GALASSO La historia se ha ido falsificando con su consiguiente efecto político





     La historia se ha ido falsificando con su consiguiente efecto político: Evita podía ingresar al panteón de las grandes figuras a condición de que ello sirviera para impedir el ingreso de su esposo y del peronismo como expresión de movimiento de masas que había cuestionado el orden oligárquico nacionalizando los depósitos bancarios y el comercio exterior, junto a otras tropelías cometidas contra la clase alta y el capital extranjero.

     El liberalismo conservador y la izquierda abstracta se habían concentrado en aceptar a Evita, no ya como compañera del general y puente entre éste y los trabajadores, eslabón fundamental en la conducción bonapartista del movimiento policlasista, sino reduciéndola al asistencialismo y aún más, convirtiéndola en la izquierda que se oponía a la tendencia derechista y profascista de su esposo. Todo lo que en ella configuraban virtudes aparecían como la contracara de la inescrupulosidad, la mendacidad y la falta de sentimientos de su esposo.

     Ésta fábula se creaba especialmente para consumo de los amplios sectores de la clase media seudoculta de las grandes ciudades, que necesitaban superar su viejo gorilismo dando paso a una apreciación más progresista del peronismo, demostrando así su amplitud de criterio sin por eso caer en posiciones "populistas" o antiimperialistas. En última instancia consistía en elevar aquel viejo gorilismo a un nivel superior que permitiese los méritos de Evita sin por eso reconocer los de Perón.

     Se comenzó a impulsar una estrategia, cuyo primeros esbozos correspondieron a intelectuales provenientes de la autotitulada izquierda, es decir aquellos que apoyan a los movimientos obreros y campesinos de todo el mundo (con profusas citas de Marx y Lenin) para reservarse el derecho de descalificar a todos los movimientos populares surgidos en el propio país, a unos por bárbaros e inorgánicos, a otros por populistas y sometidos a la burguesía, y a otros por fascistas, inmorales y autoritarios.

     Desde esa izquierda, que venía de una ardorosa lucha contra el peronismo, brotó esa estrategia que sería tan bien recibida por las minorías dueñas de la Argentina. Se trataba de reconocer parcialmente a Evita, sacralizarla, convertirla en un póster (como lo harían luego con el "Che") o en una santa sin política, toda ella entregada a satisfacer los pedidos de los desvalidos y carenciados.

     No una Evita, como había sido, puente entre Perón y los trabajadores, cumpliendo un rol fundamental dentro del frente policlasista, sino la misma hada buena con que la había rotulado la estupidez de los burócratas del peronismo. A una hada o santa se la podía venerar pero no imitar porque son cosas del más allá.

     Esa Evita que fabricaron debía quedar desgajada del movimiento popular y de Perón, flotando en el cielo de la misericordia o en el póster rojo de la revolución abstracta.
Cuando uno lee cierta prensa, piensa que una gran parte de los intelectuales argentinos ha hecho un pacto con el diablo. En general, son tipos inteligentes, informados, brillantes algunos, capaces de comprender hasta la minucia el desarrollo social de algunos pueblos lejanos donde actúan dirigentes de exóticos nombres, pero resultan de una gran ceguera para ver el cuadro grandioso que se desarrolla en su propio país, como si su alma estuviese enajenada para todo lo que significa aprehender la realidad nacional.

     David Viñas declara en Página 12 del 29 de marzo de 1988: "Eva Perón habrá sido subversiva, rebelde, todo lo que quieran, pero no fue una revolucionaria porque no cuestionó el régimen actual de la propiedad". Y agrega: "Revolucionaria fue Rosa Luxemburgo".

     Yo le contesto que el error suyo consiste en suponer que la única revolución posible en América Latina es socialista. El viejo Lenin le hubiese advertido que en los países sometidos por el imperialismo la tarea esencial es la revolución nacional y que los socialistas, en vez de menospreciarlo, deben luchar, desde su propia perspectiva y tras sus propios objetivos, junto al resto de los luchadores antiimperialistas porque ese es el camino hacia el socialismo.

     Mao le hubiese dicho que la tarea de la revolución China consistía en una revolución nacional y en una revolución democrática. Es decir que son revolucionarios quienes enfrentan al imperialismo, aunque no sean socialistas.

     Si descalificamos a Eva y a Perón como revolucionarios (a ellos que lideran el proceso de liberación nacional más profundo llevado a cabo en la Argentina), entonces no hay ningún revolucionario en nuestra historia. Ni San Martín, ni Dorrego, ni Varela porque no eran socialistas, ni Yrigoyen cuya concepción era agrarista, ni los dirigentes de la izquierda tradicional que no consiguieron obtener la confianza de los trabajadores.

     Claro usted dice revolucionaria fue Rosa Luxemburgo; y a mi suena como esa opinión de los argentinos recién vueltos del viaje a Europa y que proclaman con los ojos en blanco: “¡subterráneos son aquellos... qué limpieza... y qué educación!”, mientras le hacen asco al país de mierda en que les tocó nacer.

     Aquella admirable mujer, Rosa Luxemburgo, le diría a usted señor Viñas: "en lugar de rendirme elogios ¿por qué no se ocupa de averiguar en qué caminos anduvo y anda la clase trabajadora de su país, esos socialistas en potencia que guardan afecto a Eva y a mí apenas me conocen? Sea usted socialista Viñas, pero de su propio país y de su época. No se desencuentre, una vez más, con los hombres y mujeres de trabajo que veneran a Evita...”.




Del blog Discípulos de Cooke, 08/12/2011. En Verdades y mentiras acerca de Perón y Eva Perón, 1996 

viernes, 26 de mayo de 2017

Daniel Ponce, Males




MALES

     En un programa televisivo, de esos que llenan espacios, el escritor inútil Federico Andahazi se dedicó a historiar las raíces místicas de la administración macrista. Entrevistó a una vidente, de nombre imposible de retener, que mencionó que vivía en el exterior y que había sido convocada para “limpiar” la residencia presidencial. Andahazi, de cejas pintadas con betún y barba candado de falso encantador de serpientes, observaba a la vidente con los ojos entrecerrados. La estrategia era ramplona: poner un mensaje político en clave de misterio. Los efluvios del kirchnerismo, segregados por íncubos del inframundo, debían ser neutralizados porque constituyen la sustancia del mal, un mal que podría instilar sus poderes en los nuevos habitantes de la casa.

     El filósofo de la felicidad, Alejandro Rozitchner, posee un refugio en la Casa Rosada. Nadie conoce sus horarios de labor, ni las comodidades que goza, pero algo se ha especulado sobre su sueldo, un estipendio que asustaría a un banquero. El filósofo se encarga de elaborar frases, corregir discursos, escribir algunos pliegos y, casi seguro, dormir la siesta. A juzgar por su porte, por su expresión de somnolencia y su barriga podríamos decir que es el ejemplo vivo de la felicidad posprandial, una felicidad sólo accesible luego de un platazo de macarrones con estofado. Este chamán aconseja al Presidente antes de cada aparición pública y es autor de la famosa respuesta: “Esa te la debo”, que esgrimió el Ingeniero Macri al ser consultado en una conferencia de prensa. Para el filósofo de la felicidad, el bien está en “sincerar las cuentas y limpiar la corrupción y la mentira, implica pasar un año mal”.

     La gobernadora Vidal suele hacer recogimientos espirituales en la Ciudad de Rodríguez. La acompaña su gabinete y cuatro o cinco iniciados que se dedican a la digitopuntura, la velomancia y la numerología. La señora Vidal ve con desconfianza “las malas actitudes de los gremialistas docentes”.

     El diputado Eduardo Amadeo, haragán proverbial, rentado perpetuo, correveidile, alcahuete con pinta de mayordomo de estancia, solicitó a los Decanos de las Facultades de la UBA la lista de los alumnos extranjeros, de países limítrofes, alegando que hay que conocer al dedillo la historia académica de los mismos para saber si abusan de la gratuidad de la educación universitaria argentina y si son dignos de la misma. Amadeo afirmó que “el mal está donde menos lo pensamos”.

     El senador Miguel Ángel Pichetto está seguro de que muchos de los males del país se deben a la migración incontrolada de paraguayos, bolivianos y peruanos. Para Pichetto, el “mal se expresa en el adormecimiento de las costumbres”.

     El diputado Olmedo apuesta doble contra sencillo que un muro de contención fronterizo sería la solución contra los narcos y malentretenidos que atraviesan la frontera para corromper a la juventud de nuestro país desde Bolivia. Además, Olmedo es un declarado homófobo y empleador negrero de peonada. Para este diputado “el mal es algo importado ya que los criollos son nobles por naturaleza”.

     El actual agregado cultural en la Embajada de Alemania, señorito Lopérfido, de crines teñidas con tinta Pellikan y aspecto de reaparecer vivo luego de una juerga de malhechores, porfía, gracias a sus investigaciones, que la cifra de desaparecidos no  alcanza las 30.000 víctimas sino que se trata de un número mucho menor. La cifra, según sus sesudas pesquisas, fue abultada por el kirchnerismo para favorecer a una multitud de clientes políticos que se vieron beneficiados por planes de reparación. Lopérfido juró que éste era uno de “los males de la sociedad argentina”.

     El Ministro de Economía, Nicolás Dujovne, afirma que el país se recupera luego de haber pasado por una hecatombe.  Para Dujovne, el mal es “haber tenido una economía cerrada”.

     En su columna de opinión, el señor van der Kooy escribió, hace un tiempo: “El Presidente ha comenzado a interpelarse sobre la metodología del vínculo con la diputada. Tal vínculo es políticamente ineludible. Pero aspira a garantías diferentes. Complicado. Dedica horas a los encuentros personales con Carrió. Los entendería como una especie de terapia para controlar a la mujer. Pero ella posee la velocidad de una liebre: “Suponen que me contienen. Pero yo les anticipo lo que estoy dispuesta a hacer”. Ha sellado con Macri una relación cordial. Aunque presume que el ingeniero continúa arrastrando un costado oscuro de su historia cuyo origen habría que rastrearlo en las raíces familiares. La diputada estaría dispuesta a exorcizarlo de todos aquellos males que lo acechan”.

sábado, 27 de febrero de 2016

Daniel Ponce, Misceláneas argentinas



     El señorito descocado Esmeraldo Lopérfido sufrió un duro revés. Sabe, de ahora en adelante, que la lengua deberá usarla para relamerse, evitando, así, que se la hagan tragar cuando mencione que los derechos humanos fueron parte de una timba para negociar sangre por dólares y cuando presente estadísticas que sólo ocurren debajo de su melena teñida. Afirmó, por ejemplo, que los desaparecidos son muchísimos menos que los 30.000, y que, quizá, se trate una sumatoria irrelevante. Dos millones y medio de firmas avalaron el pedido de renuncia de Esmeraldo. Es innegable, por lo tanto, que el mencionado "gestor cultural" goza de popularidad, negativa.

     El walking dead Carlos Méndez, ex presidente, sportsman, latin lover y bon vivant, dijo, en un reportaje que se suponía picante, que no recordaba haber tenido trato íntimo con travestis pero de lo que sí estaba seguro era que Cristina Kirchner había matado a su marido, debido al maltrato que éste le propinaba. Se eximió de precisar si Néstor Kirchner había sido muerto de un martillazo o si había sido envenenado con Racumín.

     Para desgracia de operadores filosófics como Santiago Kovadloff, teórico de la tolerancia postvolteriana, el bibliófilo Alberto Manguel fue designado director de la Biblioteca Nacional. El susodicho reside en Canadá y posee una granja medieval en cierto paraje de la campiña francesa, donde, se dice, atesora 30.000 libros. Su permanencia en Buenos Aires duró cinco días, que utilizó para una media docena de reuniones y para infundir zozobra a los trabajadores de la Biblioteca. Aseguró que no será su función echar gente. Y partió. Es altamente probable que ocupaciones más interesantes e impostergables hayan influido en su decisión de dejar el país. Se puede asegurar, también, que la elección del bibliófilo fugado sea toda una opinión de la dirigencia oficial respecto de la cultura: por un lado la noción de cultura vinculada al coleccionismo fetichista -porque nadie en sus cabales puede afirmar que leyó 30.000 volúmenes- y, por otra parte, la necesidad de encontrar a un personajón desdibujado pero imbuido de cierto tufillo francobritánico como reaseguro de la alta cultura. En definitiva, la suma de dos prejuicios decimonónicos de país colonial.

     El Presidente Macri difundió una fotografía de su perro, llamado Balcarce, sentado en el sillón presidencial. 

     La Secretario de Comercio, Miguel Braun, que proviene del grupo económico Braun Menéndez-Menéndez Behety, propietarios de la cadena se supermercados La Anónima, difundió la noticia de que los "precios cuidados" culminarán en abril de este año, anunciando así la defunción del único control de precios que favorecía a los consumidores y que daba oportunidad a segundas marcas para tener mercado. De continuar una política de precios libres, favorable a los grupos monopólicos, podría proponérsele al Secretario de Comercio que inculque a los empresarios una práctica que sus ancestros patagónicos llevaron al paroxismo: pagar salarios con vales, sólo cangeables en los establecimientos de los emisores de los vales. Esta política premonetaria, también utilizada por Patrón Costas en sus establecimientos de Salta, resolvería, además, el problema de la emisión indebida, de la liquidez, de la competencia y, más aún, de los salarios. 

     Se pueden consultar los cortes programados de energía en la página del ENRE. El titular del ENRE fue gerente de Edesur, de modo que es aceptable que la información sea fidedigna.

     El Estado se endeudó en 5.000 millones de dólares. Recurrió a un grupo de bancos extranjeros, entre ellos el HSBC, el Deutsche Bank y el JP Morgan, para que le prestaran la divisas. Como garantía de este préstamo el Estado entregó 10.000 millones en títulos públicos con una cláusula de devolución de 11 meses. De no pagarse este compromiso, los bancos usureros se quedarán con los bonos más una ganancia de 300 millones de dólares que es el costo financiero de la operación. Los bancos intervinientes como prestamistas tienen funcionarios en la administración macrista, distribuidos en puestos claves de la dirigencia económica.

     Barak Obama visitará a la Argentina el próximo 24 de marzo, día en que se cumplen 40 años del sangriento golpe de Videla y sus neoliberales. La Dra. Lilita Carrió anunció que no irá a Roma.

     Durante el aquelarre justicialista o congreso partidario, el senador por Río Negro, Miguel Ángel Pichetto, jefe de la bancada de senadores de FPV solicitó un acuerdo político para que gobernadores e intendentes que requieren ayuda financiera la logren para salir del default. Fue abucheado pero Pichetto se mantuvo lo más campante. Pocos días atrás, había criticado duramente la política económica impulsada por Kicillof, culpándolo de la errática situación actual por haber sido "un mal ministro de economía".

     El regreso al libre mercado y, por ende, la paulatina desactivación del Estado como regulador y promotor de políticas públicas, muestra su cara feroz en las medidas adoptadas en los últimos tiempos por el gobierno macrista. El festín de los grupos económicos, el enriquecimiento derivado de la transferencia de fondos y del levantamiento de medidas restrictivas a la importación, la desregulación del control cambiario, son algunos de los lados de una caja que encierra nuevos obstáculos. Una devaluación del 50 %, la suba desorbitada de los precios del consumo, el alza de las tarifas -en algunos casos de hasta el 500 %, los despidos... Economistas salvajes y agoreros como Espert, Broda o Melconián comienzan a ver cumplidas sus profecías: el mercado es el supremo hacedor y los salarios son un costo que hay que evitar.

     Un viejísimo y agrio adagio español puede ser útil para tipificar la indiferencia y el utilitarismo de los ricos, aunque la palabra se le asigna, en el refrán, a un campesino bruto: “Justo que el burro se había acostumbrado a trabajar sin comer, se me murió”. 

lunes, 14 de diciembre de 2015

Daniel Ponce, El festín de las hienas



EL FESTÍN DE LAS HIENAS

La escalinata que lleva a la puerta principal del Teatro Colón estaba iluminada como si se tratara de alguno de los tantos galardones que rifan las corporaciones norteamericanas del show bizz. Repiten una estética decadente en la que los notables son objetos observables como fugaces meteoros a los que debe prestarse atención, en base a sus vestiduras, peinados, apliques, pelucas, maquillajes y prótesis. Son algo así como seres reconstruidos artificialmente en base a un patrón de construcción que no puede ni debe alterarse. Por la mencionada escalinata, comparecieron los personajes selectos de la restauración conservadora  y esto es toda una opinión de clase y una declaración de principios. Mascarones de proa, máscaras, antifaces, yelmos, que poco podían decir, salvo saludar, algunos dificultosamente, moviendo un poco la mano empolvada. Amor con amor se paga, y esta premisa de lealtad se vio cumplida cuando Mirtha Legrand, que a gatas puede con sus caderas, momificada la testa, revocada con enduido, agitó sus anillos, del brazo de un señorón teñido que tenía cara de salir de una colitis. El mago sin dientes con una galera al estilo de las que gastaba Abraham Lincoln pasó, raudo, acariciando un bastón de cotillón. Susana Giménez, cinchada como si le hubiesen hecho una aventración, mostró los dientes de escualo, hechos con las teclas del piano de Richard Clayderman, y meció sus cabellos, tejidos en largas sesiones de telar por Miguelito Romano. Por allí, Darío Lopérfido, francófilo, fruncido, hablando con la voz ahuecada como los ventrílocuos, buscaba con la mirada al afrancesado Jorge Telerman, hombre de firmes convicciones, tan firmes que aceptó pasarse con armas y bajeles al nuevo gobierno, durante el interregno en que gobernó Pinedo. Chiche Gelblung, encorvado, del brazo de una señora que había emergido de una tostadora, sonreía con dientes fuera de escala como si se los hubiese pedido prestados a Luciana Zalazar. Imposible fue que las cámaras apostadas sobre la pasarela y la escalinata tomaran al grupo de choque de la restauración, brillaba por su ausencia, aunque es altamente probable que, a esas horas, descansaran de tantos años de dura labor; hubiese sido estimulante ver a Leuco, sin cuello, devorado por la gastritis, los ojos de ajusticiado, o ver al Doctor Castro que, en esos momentos rutilantes de figuración, estaría tragando una sopa de Vitina junto a su mamá, o al señor Lanata, siempre a punto de explotar dada la cantidad de canapés que le provee Magnetto, dirigiéndose a los paparazzi con su fuck you, o al autoayudado Paluch, que habla de templanza pero que no puede aplicar este concepto a su propia conducta, o la larga ristra de evangelizadores del odio: Van der Kooy, Morales Solá (ese rostro insidioso de falso Lenin mezclado con Litto Nebbia gorila), Santo Biassatti, especie despavorida de lobo marino pero ganado por la siesta y el aire acondicionado, Pagni, con sus conceptos macarrónicos intentando explicar la malicia del kirchnerismo buscándola en la antigüedad griega, Santiaguito Kovaddloff, esa suerte de Manolo Galván -aunque resulte ofensivo para Manolo- tan apto como presentador de kermese de damas de caridad, tan alumno aplicado o regente de preceptores. La lista de los infantes, de la primera línea de operadores no enmascarados sería inmensa. Pero no se los pudo avizorar entre los figurantes. Sí, las luces de las cámaras tomaron los flecos batidos en la cabeza nívea de Guillote Coppola, empeñado en saludar a quien se le cruzara, inclusive al ex presidente De la Rúa, un tanto alelado y ausente, aunque, todavía, respirando por sus branquias de vieja tararira. Nadie podrá explicar el por qué de estas funciones de gala, a menos que se retrotraiga al mundo extinto de los Luises, de las grandes pelucas piojosas y perfumadas, de los lunares hechos con puntos de terciopelo y pegados con resina en los pómulos yertos, a menos que se remonte al mundo crepuscular de los cortesanos, al guignol que los financistas manipulan para burlarse del pueblo.



Jorge Daniel Ponce (Buenos Aires, 1956).

domingo, 13 de diciembre de 2015

Eduardo Dalter, Mientras el ridículo rubicundo bailaba


DEFENSA ENCENDIDA DEL BALCÓN

                                           
                              A Eva, en memoria

Mientras el ridículo rubicundo
bailaba, como en el quincho
de su quinta, y ella entonaba
cumbia en karaoke, yo pensaba:

¿podrá vivir el año que viene
la gente humilde del país?;
¿los jóvenes, los vecinos
podrán respirar, hablar tranquilos?

Mientras como zopenco bailaba
y reía, yo pensaba, pensaba,
y miles seguramente pensaban,
en la historia entrañable y grande

de ese balcón, y en cuánto
costaron los laureles y tristezas
entre las sombras, los bordes
y los hachazos de estos años.

Mientras el ridículo rubicundo
bailaba, como en el quincho
de su quinta. (Cómo bailaba, dios,
había que ver cómo bailaba…)

La historia era polvo, manojo
de ruina en sus pasos; y era
un baldío de fantasmas la Plaza
de niebla hundida y de olvido.




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miércoles, 18 de febrero de 2015

Horacio Verbitsky, entrevista a una Gorila


BEATRIZ GUIDO  ENTREVISTADA POR HORACIO VERBITSKY


                                                                    Revista Confirmado, Nº 56, 14 de julio de 1966. 



CONFIRMADO: –¿Cómo caracterizaría a su generación?
BEATRIZ GUIDO: –Por el resentimiento.

C.: –Resentimiento ¿por qué?
B.G.: –Pertenezco a una generación marcada por el antiperonismo, por el fubismo.

C.: –¿Usted fue de la FUBA?
B.G.: –Sí, cuando estudiaba Filosofía y Letras, alrededor de 1941. Yo, David Viñas, el Che Guevara, Ramón Alcalde, pertenecemos a esa misma generación golpeada, resentida. No teníamos más remedio que ser antiperonistas, pero eso nos cerró las posibilidades de expresión. Hubiéramos podido publicar, pero a ninguno de nosotros se le hubiese ocurrido colaborar en la prensa peronista. Incluso nos llamaban, pero nos negábamos.

C.: –¿Por qué?
B.G.: –Eso es lo que nos preguntan todos los jóvenes de hoy, una generación que no tiene esa problemática. El Che Guevara luchó contra Perón, en las calles de Buenos Aires, en Bartolomé Mitre, en Cangallo. Era un fubista de la Facultad de Derecho. Los que hoy tienen entre 18 y 30 años no son resentidos ni se sienten enjuiciados como nosotros. Mi generación comenzó a hacerse conocer poco antes de la caída de Perón. Yo, en 1954, gané el premio Emecé, en un concurso en el que salió segundo Dalmiro Sáenz. Sé lo que cuesta ganar un concurso literario.

C.: –¿Qué le costó ganar ese concurso?
B.G.: –Muchísimo. ¡Fue tan fácil!: era amiga de todos los jurados. Los concursos son tremendos. A mí me premiaron por amiguismo, y cuando yo fui jurado premié también a amigos.

C.: –¿A quiénes?
B.G.: –Qué importa... lo grave no es eso.

C.: –¿Qué es lo grave?
B.G.: –Que por ayudar a amigos que eran escritores menores, dejé pasar un libro de Cortázar sin premiar. ¡Qué generación! Yo publiqué en el ’54, en el ’56 David Viñas ganó el premio Kraft, después Marco Denevi. Eramos todos los que nos habíamos abstenido durante el peronismo, como todo el estudiantado. Las únicas vías de expresión eran Sur y La Nación. Había que esperar años de turno.

C.: –¿Por eso son resentidos?
B.G.: –Es que todo lo que hacemos está manchado de antiperonismo. Hasta el libro de Sebreli sobre Eva Perón. No hay nada más terrible, está lleno de desprecio. En cambio, tengo fe en el libro de Viñas.

C.: –¿No dijo antes que Viñas pertenece a esa misma generación resentida?
B.G.: –Sí, pero sé que tiene dudas, piensa muy bien y va a dar toda su verdad. ¡Es tan serio David! Mire, de Estados Unidos traje un contrato en blanco para editar su libro sobre Eva Perón, simultáneamente en inglés y en castellano. Y ¿sabe qué dijo? Que no, que tiene dudas y quiere madurar más el tema. Se pierde una punta de miles de dólares. 


C.: –Hay algo que todavía no le entendí: ¿piensa que está bien o que está mal ese antiperonismo?
B.G.: –Ni bien ni mal. Lo que pasa es que nosotros, aunque querramos reconocer los méritos del peronismo, lo único que hacemos es pactar. Y es un pacto deshonesto. Somos una generación endeble: queremos acercarnos al peronismo, pero íntimamente no es más que una concesión, la concesión de los señores y los fubistas. Y al intelectual no se le puede pedir deshonestidad. Es falso. Prefiero leer a los jóvenes que dan su punto de vista. A Rodolfo Walsh, que era antiperonista y cambió por un shock emocional cuando los fusilamientos, o a Ricardo Piglia, autor de unos cuentos magníficos, porque no está comprometido afectivamente con el pasado. Para mí, el acercamiento al peronismo no tiene sentido. Cada peronista que he conocido dice: el peronismo salvará al país del socialismo. Eso me deshace.

                                                                              
C.: –¿Por qué?
B.G.: –Es como Franco, negar una ideología que rige a la mitad de la humanidad...

C.: –También se podría decir que el peronismo es lo más parecido al socialismo de todo lo que hubo en la Argentina...
B.G.: –No, de ninguna manera. El Caribe me ha dado una gran lección. Si no hay reforma agraria no sirve.

C.: –¿El único camino es la reforma agraria?
B.G.: –Exclusivamente. Sin eso no hay otros cambios. Perón significó 160 leyes obreras. Nada más.

C.: –¿Le parece poco?
B.G.: –Poco y mucho. Tan endeble como las 150 o 200 leyes obreras de Mussolini. ¿Cuál es la consecuencia? La nefasta Italia de hoy, el país más horrible de Europa. En cambio, Fidel Castro podrá caer, pero Cuba habrá cambiado y no podrá volver a ser como antes. Esas 160 leyes obreras de Perón beneficiaron, pero sin dar conciencia revolucionaria de estructura filosófica socialista.
C.: –Usted pregona la reforma agraria. Si ocurriera, ¿no perjudicaría a su familia?
B.G.: –No... ya venían en gran decadencia hace muchos años. En la década del ’20, por ser demasiado románticos habían perdido el parque Larrañaga de Montevideo. Pero le quiero contar lo que estoy escribiendo ahora. Es el encuentro entre el Che Guevara y un joven argentino en México, en Ciudad Juárez, una ciudad espantosa, como La Habana de antes, con prostitución y juego para extranjeros. Los dos se encuentran en Boutique Fantasque, un lugar espantoso, siniestro, con prostitutas enanas. Usted me dirá que me viene justo...

C.: –¿Por qué?
B.G.: –Como yo soy siempre así, cuando escribo, tan truculenta... Bueno, ahí se encuentran. Mi protagonista es un argentino de 26 años que estuvo junto con su hermano mayor para hacer un pacto con Perón. El hermano es un político poderoso. El muchacho es representante de lo pasivo. Viene de un hogar de viejos anarquistas, demoprogresistas, todos varones. Y se encuentra con el Che, que ya se fue a Cuba y está de incógnito, y él no sabe que es el Che. Se sientan a charlar en el umbral, se abre la puerta y los agarran las enanas. Ese muchacho es un producto de la desolación argentina, que es la herencia del peronismo. Ese desconcierto tremendo. Por eso es necesario que ese nombre de cinco letras sea reemplazado por un ideólogo. Quiero ideología, estructuras. No nombres.

C.: –¿Y si la realidad no los da?
B.G.: –Que los dé. Cuando estuvo Bob Kennedy en la Argentina, vino a casa, hubo una reunión de ilustres. También había peronistas. Ver a Cafiero hablando con Cueto Rúa... Qué impresión, están todos ligados. No puedo ver pactos. Como no puedo ver la honesta claudicación de Fidel Castro ante Estados Unidos y el sacrificio de Guevara. Por eso se desconciertan los jóvenes.

C.: –La juventud de hoy no parece desconcertada ante el peronismo...
B.G.: –Es cierto, la juventud de hoy no tiene esos problemas. No le preocupa que un disco de Perón haga ganar una elección. A mí me deshace. En Nueva York escuché 60 horas de grabación de conversaciones con Perón, a lo largo de 15 días...

C.: –¿Qué grabación es ésa?
B.G.: –Para la revista Play Boy; tienen más material sobre Perón que la SIDE. No podía aguantarlo, lloré las 60 horas. ¿Usted se acuerda de La razón de mi vida, cuando dice: “Yo soy tu paloma, tú eres mi águila”. Intelectualmente podrá superarse el rechazo que eso inspira, pero emocionalmente, yo no puedo. Los jóvenes de hoy, en cambio, no se horrorizan por toda esa fantochada, han conseguido superarlo. Usted me preguntará por qué...
C.: –Sí.
B.G.: –Hay quienes dicen que porque no vivieron esa época. Sería ingenuo. Lo que pasa es que han llegado a una madurez ideológica que nosotros no tuvimos. Ellos saben en qué consiste el socialismo, saben que hay que quemar etapas y que no importa si en esas etapas hay fantochadas. Yo no puedo, aunque David Viñas diga que los escritores como Bioy Casares y yo nos deslumbramos con los obreros y los sirvientes, románticamente.

C.: –Pero usted sólo se deslumbró por los pulcros obreros norteamericanos...
B.G.: –Con los de Perón también, una sola vez.

C.: –¿Cuándo?
B.G.: –El primer 17 de octubre. Me impresionó tanto como un fresco de Siqueiros o Rivera.

C.: –¿Y por qué sólo se impresionó el 17 de octubre?
B.G.: –Porque esa vez no fueron obligados. Después los llevaban. Iban por miedo, por adulación, por obsecuencia. ¡Ay, pero yo no puedo seguir opinando sobre eso, soy tan parcial! Prefiero saber qué piensan los jóvenes. Estoy esperando un libro sobre el peronismo que me conmueva tanto como esos frescos.

C.: –¿A quiénes odia?
B.G.: –En primer lugar a Perón, por su falta de rigor en las estructuras filosóficas.

C.: –¿A quién más?
B.G.: –A Jauretche, a Alfredo Palacios, a Ezequiel Martínez Estrada. Son los grandes traidores de una generación que nos dejó sin maestros. A Martínez Estrada no le puedo perdonar que haya estado contra Lisandro de la Torre. Para mí, las personas se dividen en a favor y en contra de Lisandro de la Torre. Hay actitudes que marcan. Además, Martínez Estrada quiso renegar de la ciudadanía argentina. Se fue a Cuba justo cuando cayó Perón; ésa es una inmoralidad histórica. Pero igual, yo nunca puedo odiar más de diez minutos a nadie. A Martínez Estrada lo odio y, sin embargo, lo admiro como literato; siempre que viajo me llevo un ejemplar de Radiografía de la pampa junto con los discursos de Lisandro de la Torre. También odio a Ramón Prieto, el hombre que estuvo junto a Perón y que ahora le hace ganar a Balaguer una elección que va a deshacer a la República Dominicana. Odio a Ramiro de la Fuente y a Juan Martín Biedma, los de la censura que secuestraron Morir en Madrid. ¿No vio la foto que tengo en este marquito los dos secuestrando la película? También odio a Pinedo y a Kelly, que perseguía a los judíos, y a los hermanos Cardozo.

C.: –¿Y a quién quiere?
B.G.: –Al general Paz, a Leguisamo, a Borges. ¡A tanta gente! Sobre todo cuando estoy afuera. Soy tan chauvinista. Soy capaz de aplaudir treinta minutos al Don Rodrigo de Ginastera, de llorar ante la ovación que recibió Marta Argerich, de emocionarme cuando entro en una librería en Nueva York y veo una edición en inglés de Rayuela, la novela de Cortázar. Me emociono con los éxitos de Accavallo, sufrí en Milán por la derrota de Independiente con el Inter. Cuando estoy afuera de la Argentina soy insoportable. Habíamos ido a las carreras en Nueva York, y encontramos un taxista argentino. El no sabía que éramos argentinos y estuvo todo el viaje cantando Mi Buenos Aires querido. ¡Cómo me olvidaba! A Gardel, lo adoro. Y a Sarmiento, por encima de todo. Y me fascina Cassius Clay.

C.: –¿Lo conoce?
B.G.: –Lo vimos un día en Nueva York. Cuando subió al ring lo silbaron, lo querían linchar, lo odian.

C.: –¿Por qué?
B.G.: –Porque es antiamericano, es de los musulmanes negros y se hace el retardado para no ir a pelear a Vietnam. Me fascina. Y él goza con ese odio, se burla de todos. Subió al ring vestido de rojo, con un smoking rojo. Es un negro buenmocísimo. Soy muy nacionalista, yo. Mire, cuando yo me iba de Nueva York llegaba Sabato, que iba a un congreso del Pen Club. Soy tan nacionalista que si me lo cruzaba en la calle corría a abrazarlo. Con eso le digo todo.

C.: –¿Se lo cruzó?
B.G.: –No, que lástima, ¿no le parece? Ah, pero cuando estoy afuera también desprecio. Había un argentino que renunciaba a la ciudadanía argentina. Me acerqué y le pregunté por qué hacía eso.

C.: –¿Qué le dijo?
B.G.: –Que en la Argentina no se podía vivir, que los teléfonos no andan y las calles están llenas de baches, que no se gana plata. Allá, en cambio, tenía un restorán. Como decía Sarmiento: lo peor que tenemos en la Argentina son los argentinos, pero es lo único que tenemos. ¡Quejarse de los baches, fíjese! Como si en Nueva York las calles fueran mejores; cuando nieva no puede pasar nadie y se paraliza el tránsito; y los domingos, la basura en las calles. Claro, afuera también se ven cosas interesantes.

C.: –¿Por ejemplo?
B.G.: –La moda. Me encantaría entrar en una gran tienda norteamericana. Acá tenemos un gusto sensacional, un gran refinamiento, pero las grandes tiendas están en Estados Unidos o en Europa. También vi a los duques de Windsor. ¡Ay, los miré con una curiosidad!

C.: –¿Por qué?
B.G.: –Los miré fijo para entender. Se dice que él renunció a todo por amor. Más bien pienso que eligió el confort de no ser rey y salvarse de la guillotina.

C.: –¿De la guillotina?
B.G.: –Todos los reyes terminan así. ¿No le parece? Incluso los de Gran Bretaña.

C.: –Usted se queja contra los que se van del país, pero acaba de volver después de un año de ausencia y sólo para estar veinte días e irse...
B.G.: –Ah, sí, pero eso se acaba pronto. Hacemos una película más y volvemos para siempre. Es tan difícil estar lejos del país. Si hace falta vendo todo y empezamos a vivir como pobres. ¡Es que vivimos a lo loco, pero cómo extrañamos! A mí en realidad lo que me fastidia es esa clase media argentina capaz de entusiasmarse con un show espantoso en un hotel de Puerto Rico, y que acá no se digna ir al Nacional, donde las revistas son mejores. O me molesta Cortázar cuando se queja porque en todos lados dicen el escritor argentino Cortázar. Yo no me quejo de que me digan la escritora argentina Beatriz Guido o que a Torre Nilsson le digan el director argentino. Tenemos que comprender que estamos edificando Latinoamérica, como decía un poema tan lindo de César Fernández Moreno.

C.: –¿De qué manera?
B.G.: –Hay que comprender que todos nosotros estamos edificando Latinoamérica, y a eso contribuyen tanto las novelas de Cortázar como las películas de Torre Nilsson o la misma Eva Perón.

C.: –¿Eva Perón?
B.G.: –Sí, es tremendo, me angustia, pero es así. En Nueva York, todos los canales de televisión pasan un cortometraje sobre la vida de Eva Perón. A mí me revienta, pero también gracias a esas cosas allí ya saben que la Argentina tiene calles de cemento y que no está llena de indios.

C.: –Las reuniones en su casa son famosas. Se dice que usted es la más hábil encargada de relaciones públicas del país.
B.G.: –La humanidad me encanta.

C.: –Sobre todo la que escribe en los diarios.
B.G.: –Da la coincidencia de que esa parte de la humanidad se ha criado conmigo. Todos los amigos de mi padre eran periodistas e intelectuales. No he tratado a otra gente. Se dice que yo tengo una libretita de nombres clave para organizar las reuniones. Una vez, en broma, me la pidieron.

C.: –¿La prestó?
B.G.: –No tengo libretita. No me hace falta, porque conozco todos los números de memoria. Por eso todo me fue tan fácil. ¿Se da cuenta? ¿Cómo me voy a presentar a un concurso si todos son amigos y sé que me van a premiar?

C.: –¿Tiene alguna idea definida sobre el amor?
B.G.: –Tiene que ser absolutamente monogámico. Es el único. En la India, un hombre se había enamorado de su chiva y la llevaba al cine. Eso también es amor. Que sea de cualquier tipo, pero monogámico.

C.: –¿Y el sexo? Porque el ejemplo del hindú lo excluye, supongo.
B.G.: –Leí un artículo de León Rozitchner sobre el sexo como problema burgués.

C.: –Pero usted, ¿qué piensa?
B.G.: –¡Estoy de acuerdo con él! Puedo decir que el sexo neurótico, femenino, no me interesa en absoluto. Me interesa cuando se da en amor, con funcionalidad. En la era atómica, con la horrible guerra de Vietnam y todo lo demás, la humanidad no puede estar detenida en un diván de psicoanálisis. Sin embargo, ¡qué curioso! En Nueva York, Leopoldo me mostró un diario: un héroe de la guerra de Vietnam había sido asesinado por su mujer, que lo encontró con otra. Y me dijo: “¿Ves?, en medio de los bombardeos aún queda lugar para lo pasional”. De todos modos, a mí no me interesa. Yo jamás me suicidaría por amor. En los últimos cinco años la nueva generación me ha enseñado que se puede morir de pena, por una ideología o por no tenerla, pero jamás por amor, wertherianamente. Lo burgués no me interesa más.

C.: –¿Ahora la gente se muere de pena?
B.G.: –Sí, porque no puede soportar el desengaño, el fracaso de sus creencias. Otros, por sus claudicaciones.

C.: –Usted es bastante snob.
B.G.: –Terriblemente snob. Me doy cuenta. Pero tomar el té en el Plaza, ¡me inspira tanto! O comer pizza en Los Inmortales, que también es tan snob. Lo que pasa es que soy muy burguesa.

C.: –¿No dijo que lo burgués no le interesaba?
B.G.: –Sí, claro, no me interesa. No me interesa para nada.

C.: –¿Entonces?
B.G.: –Lo que pasa es que cuando debo elegir entre la libertad y la justicia elijo, por autodefensa, el país de la libertad. Por ejemplo, si fuera a Checoslovaquia me deslumbraría: la justicia, el socialismo, las industrias, el cine. Pero después terminaría protestando por la mala comida.

C.: –Una buena contradicción...
B.G.: –Terrible. Usted no sabe cómo me duele. Me espanta ser así. Como intelectual es tremendo, ¿no? Pero como creación literaria me divierte. Verme a mí misma como personaje. Mi fuente de inspiración viene de tomar el té en el Plaza y no de la incomodidad de un ómnibus en Avellaneda. ¿Qué le puedo hacer? Elijo la libertad.

C.: –Pero dijo que la guerra de Vietnam no le gustaba.
B.G.: –No, claro, ¡qué horrenda es! En Estados Unidos me hicieron un reportaje, y me escapé por la tangente.

C.: –¿Cómo?
B.G.: –Les dije que me asustaba ver con qué terror o ingenuidad ellos no comprenden por qué se suicidan los monjes budistas.

C.: –¿Ahora también se quiere escapar por la tangente?
B.G.: –Sí, claro, ¡qué gracioso! Usted sabe que vivíamos detrás del Waldorf Astoria. Siempre vamos cerca de uno de los grandes hoteles, así aprovechamos las paradas de taxi y todas las comodidades. Y allí vimos toda una humanidad hablando contra la guerra, manifestando contra Johnson. Y también escuché por radio a un cadete recién salido de la Escuela Militar de West Point: decía que lo de Vietnam estaba bien porque era una capacitación para la próxima guerra. ¡Siniestro, siniestro! Pero yo admiro a los norteamericanos.

C.: –¿Por esas cosas que cuenta?
B.G.: –Sí. Son maravillosos. Hay una mayoría que llora a Kennedy y no quiere la guerra. Antes de conocer Estados Unidos odiaba a los turistas yanquis porque son antiestéticos, los operan de cáncer y viven cien años, usan lentejuelas, las viejas se visten de nenas. Pero cuando conocí al pueblo norteamericano, ¡qué maravilla! Los norteamericanos quieren llegar al poder total por la destrucción del enemigo. Como las historias sobre los self made man, que suben a costa de los demás. Por eso son un pueblo tan triste. ¡Y si oyera las cosas que le dijeron a Johnson esa noche!, una maravilla.



Tomado del blog La cosa y la causa, de Eva Row.

Fotos: Sara Facio.

sábado, 4 de junio de 2011

Carlos Aprea y la nata de los capitales




LA NATA DE LOS CAPITALES


¿Qué fue de tus ideales,
qué canción te compró?
La nata de los capitales
pobre tu corazón...
La nata de los capitales...
no se te banca más.

¿Por qué vamos a llorar?
¿Porque hoy sos vos el que dice:
"Vamos, vamos, la fama,
la oportunidad está aquí"?
La nata de los capitales...
no se te banca más.

Vas con Clarín, con la Señora
con la T.V. negadora,
con los políticos bien decorados,
con tus blasones todos quemados,
gente re humana, gente derecha
de leche inmunda cual fugazzetta!
La nata de los capitales...
no se te banca más.

A buscar el pan y el vino
todos fuimos muchas veces,
¿pero a negar el camino?
¿Qué mal te aqueja?, ¡no transes más!
La nata de los capitales no se banca más.

No se banca más!
La nata de los capitales no se banca más.

lunes, 9 de mayo de 2011

Norberto Galasso y Evita

ESA MUJER



El 7 de mayo de 1919 nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, una niña que llamaron Eva María Ibarguren, denominación que ha suscitado el comentario maligno de una escritora por anteponer el nombre de una pecadora al nombre de la virgen. Era la quinta hija de doña Juana Ibarguren y su concubino, Juan Duarte (padre). Familiarmente, la apodarían Chola y pasaría a la posteridad como una de las mujeres más importantes del mundo durante el siglo XX con el nombre de Eva Perón, aunque en el rincón más cálido de las emociones populares en la Argentina sería, como ella quiso, simplemente Evita.
Desde su nacimiento, cargaba esta criatura con tres humillaciones: ser hija extramatrimonial, no reconocida por su padre (que, en cambio, había reconocido a sus cuatro hermanos), ser mujer, grave delito para aquella sociedad machista para la cual sólo debería servir para la cocina y la cama, y ser pobre, receptora, un 6 de enero, cuando tenía 7 años, de una muñeca con una pierna rota que era lo único que habían podido regalarle unos Reyes Magos demasiado menesterosos.
Probablemente de estas humillaciones brotó su rebeldía y su confraternidad con todos los desamparados de su tierra, marginados de las instituciones, expoliados por los poderosos, víctimas también de la discriminación por género.


Trasladada con su familia a Junín, a los once años, se ahoga en el ámbito aletargado de la ciudad pueblerina, abrumado de prejuicios y rutinas, con la misa dominguera y la caminata alrededor de la plaza en los atardeceres. Allí recita en el escenario de la escuela para las fiestas patrias mientras remonta sueños, proyectos, triunfos en el mundo del espectáculo, hasta que a los quince años se lanza a la aventura de la Buenos Aires pletórica de músicas y luces de neón donde –está segura– habrá de alcanzar el éxito y dejará de ser la Chola para ser Eva Duarte en las carteleras de teatros y cinematógrafos.
Llegan entonces los años difíciles para abrirse camino en el campo minado de los productores, directores, representantes artísticos y periodistas, hasta llegar a la tapa consagratoria de la revista Antena (1939). Según algunos comentaristas, “mala en la cinematografía, era mediocre en el teatro y alcanzaba lo mejor de sí misma en la radiofonía”. Pero, a través de esas diversas vicisitudes mantiene una consecuencia: “Tengo en el corazón un sentimiento fundamental: mi indignación contra la injusticia”.


En 1943, antes de conocer a Juan Domingo Perón, ya interviene en la creación de un gremio: la Asociación Radial Argentina, de la cual es presidenta poco después. (Este suceso será sugestivamente olvidado en la lucha política pues le imputarán a Perón hacer pareja con una actriz –o cosas peores–, en vez de admitir que se une sentimentalmente con una gremialista.)
Como es sabido, un día de enero de 1944, en el festival del Luna Park para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan, lo conoce al Coronel y esto marca un hito fundamental en su vida. Su rebeldía, su indignación contra la injusticia, inclusive su difusa vocación por una sociedad igualitaria aprendida de un novio anarquista de adolescencia, encuentra ahora cauce escuchando los proyectos que él le confía en una Munich de la Costanera, con el río por telón de fondo. No participa en el 17 de octubre –como pretende un mito innecesario– pero crece con el movimiento popular hasta hacerse símbolo de los descamisados y de los derechos femeninos. En esa época, goza los mejores días de su vida en la quinta de San Vicente, de enamoramiento y admiración por el líder que está emergiendo y el movimiento nacional en marcha.
En él ocupa inicialmente el lugar de “La primera Dama” vengándose, con los mejores vestidos, de las señoronas de la clase alta en las noches de gala del Teatro Colón. Pero a partir de 1946 se convierte en algo así como un ministro de Trabajo paralelo respecto del secretario de Trabajo y Previsión José María Freire, recibiendo los reclamos, anhelos y sugerencias de los trabajadores, que transmite al Presidente. Armando Cabo, uno de los principales dirigentes gremiales de la época, dirá que su labor fue fundamental “como puente entre Perón y la clase trabajadora”. En el armado policlasista del frente de liberación nacional, el General necesitaba un contacto directo con “la columna vertebral” –los sindicatos– y esa tarea la realizó ella, que ya empezó a ser “Evita” y dejó los vestidos lujosos por el traje sastre y el peinado con rodete. Después, vino su viaje a Europa y al regresar, la puesta en marcha de la Fundación, duplicando así la tarea social de apoyo al movimiento.


Allí entregó su vida. “No era beneficencia –recordaba su confesor, el padre Hernán Benítez–. Le llevaba remedios a un enfermo pero además lo besaba sin importarle sus llagas. Yo, pastor de Cristo, daba un paso atrás para no contagiarme y ella me reprendía: –No venimos a traer remedios, padre. Venimos a dar solidaridad, afecto, al compañero que sufre… Un día –recuerda Benítez– íbamos en el auto a la residencia cuando ella advirtió que en la puerta de un Banco una anciana lloraba. Hizo detener el auto y cuando se enteró que no le habían pagado la jubilación por una cuestión burocrática, entró con ella al Banco –y yo detrás, porque iba sin custodia– y dijo bien fuerte, en el medio del salón: ¿Quién fue el hijo de puta que le dijo a esta señora que viniera otro día? Esa era Evita”. (Así, los gobiernos populares “violan las instituciones liberales” con escándalo de los gorilas.)


En esa tarea entregó su vida, cuando el cáncer comenzó a roerla impiadosamente. Era preciso estarse hasta la madrugada para contestar las cartas porque ningún argentino debía ser defraudado por una falta de respuesta, superando la endeblez de los 38 kilos. El pueblo entendió ese amor desenfrenado. La oligarquía también y por eso la odió: “Viva el cáncer” escribieron en las paredes. Ella, consumida por la enfermedad, dijo sus últimas palabras: “Gracias, Juan”. Los evitistas de última hora jamás podrán comprenderlo, ese “evitismo anti Perón” que, como dijo alguien, “es la etapa superior del gorilismo”. Luego vino la contrarrevolución y secuestraron su cadáver. Al devolverlo, dieciséis años después, en 1971, en Puerta de Hierro, abrieron el féretro y resultó evidente que la habían golpeado hasta quebrarle la nariz y hacerle un tajo profundo en el cuello. Tal era el odio, a niveles tan altos como, por contrapartida, la veneración de su pueblo. Perón sólo dijo la palabra que correspondía a ese furioso ensañamiento clasista: ¡Miserables!

miércoles, 19 de enero de 2011

Santiago Kovadloff y la reflexión de los ineptos


La Presidenta no cambiará de rumbo

¿Año nuevo, vida nueva? El Gobierno parece empeñado en despertar expectativas favorables en un electorado que, hasta hoy, le es adverso. Se diría que quiere dar la impresión de que promueve un cambio atento a sus reclamos. ¿Fin de la autocracia? ¿Murió con Néstor Kirchner la necesidad de concebir el ejercicio de la política como beligerancia perpetua? ¿Enviudar significó también poner fin al ostracismo del sentido común? ¿Ante quién estamos? ¿Ante una presidenta liberada de una tutela despótica? ¿Ante una voz postergada que recupera protagonismo y se abre al diálogo con sus adversarios?

Quien rinda tributo a las apariencias y pase por alto lo decisivo, no dudará en afirmarlo. No confundamos, empero, las imposiciones de una inminente campaña electoral con las transformaciones sustanciales nacidas de un espíritu autocrítico. El Gobierno no cambiará de rumbo, aunque cambie de táctica. Sus más altos representantes tienen, si se quiere, el mérito de la constancia, pero no el de la sensatez, como bien lo prueba el estallido de los hechos recientes. Aferrada desde siempre al populismo, Cristina Kirch- ner optó por la inoperancia y puso al desnudo, otra vez, su afición a la demagogia. No encaró a fondo el problema de la vivienda y menos aún el de la pobreza; fue indiferente al auge del narcotráfico y alentó la justicia por mano propia al favorecer la acción directa donde debía imperar el Estado. Seamos francos: el año que despedimos no termina bien. Abundan los muertos sembrados por la violencia. Resalta la ausencia de la ley en la tramitación de los conflictos sociales. Los opositores aún no lograron dejar atrás el berenjenal de mezquindades que empobrece a la política. Crece el desierto conceptual donde deberían abundar las ideas.

Las dos últimas administraciones -la de Néstor Kirchner y la actual- no han contribuido a profundizar el tránsito desde el autoritarismo a la democracia representativa. Todo lo contrario. Reforzaron los mecanismos de intolerancia al disenso, despreciaron los partidos, se burlaron del federalismo, instrumentaron sin pausa la pobreza, respaldaron el sindicalismo extorsivo, manipularon las investiduras y la tarea parlamentaria. Sus logros parciales se opacan a la luz del caudal abrumador de sus transgresiones.

Si de honrar la memoria se trata, en vísperas de las próximas elecciones, no se puede menos que recordar qué rápido se evaporaron de la gestión de la Presidenta las inflexiones republicanas que poblaron su discurso de campaña en 2007. La Argentina política sigue siendo monótona en sus prácticas, a fuerza de ser repetitiva en sus propuestas. El repertorio de problemas que la afectan se reitera con la rigidez de lo invariable. Y la hora de las innovaciones imprescindibles demora su irrupción como un sueño nuevamente postergado. Con instituciones endebles y sin partidos políticos fortalecidos por la riqueza del pensamiento programático, la expectativa democrática no atina con el camino que potencie su esperanza.

La ineptitud demostrada por el Estado ante la violencia social en curso probó que el poder no está dispuesto a dejarse acotar por las imposiciones de la ley. Fue preciso que Néstor Kirchner desapareciera para que el gobierno nacional admitiese, si bien tardíamente, el trágico relieve alcanzado por la inseguridad social. Aun así, la Presidenta insiste en enmascarar la responsabilidad que le cabe a su gestión en lo que hace al crecimiento del vandalismo y el ahondamiento de la ilegalidad. Prefiere, una vez más, postularse como víctima de sórdidos propósitos desestabilizadores. Al proponerse como blanco de una conjura generalizada, Cristina Fernández busca inscribir los padecimientos que le acarrea su presunto progresismo en el centro de un acoso antidemocrático impulsado por el PO, Pro y un sector del Peronismo Federal, todos ellos caratulados como igualmente extremistas. De más está decir que el planteo, de tan viejo, huele a rancio y que recuerda una de las prácticas más usuales del fascismo. Si de ganar credibilidad se trata, Cristina Fernández ha optado por el menos rentable de los caminos. Jamás admitirá ella que el kirchnerismo lleva años subestimando las brutales evidencias del auge del narcotráfico, del aumento de la marginalidad y la expansión del delito urbano y suburbano. La patria piquetera y las banderas de la llamada democracia directa no tienen otro auspiciante que el Gobierno; un gobierno al que, por cierto, no amenaza un presunto acoso golpista sino el océano de contradicciones y oscuros intereses en que vive sumergido, la desconfianza que generan sus errores renegados y la falta de probidad que evidencia para desempeñar sus funciones en consonancia con un marco institucional bien afianzado. Nadie, ni aun sus más tenaces adversarios, desean otra cosa que verlo extinguirse al cabo de su legítimo mandato constitucional.

No pocas veces, la copa que alzamos cada fin de año simboliza el triunfo de la esperanza sobre las frustraciones que impone la experiencia. Hoy vuelve a ser así. El año 10, políticamente hablando, termina mal. Un oficialismo ciegamente aferrado a su incompetencia frente al drama social y una oposición todavía desarticulada que está lejos de haber revitalizado el papel de los partidos, ponen de manifiesto la fragilidad en que se encuentra la República. No obstante, como digo, la esperanza no quiere renunciar a su papel. Y es comprensible que así sea. Dejar de soñar con un país mejor equivale a resignarse a que la decadencia administre la historia.

Durante siete años, con su implacable intransigencia, el kirchnerismo contribuyó a que la inseguridad prosperara. La nutrió, la justificó y miró sin ver sus consecuencias, por no decir que lo hizo con soberbia. Ahora, desbordado por ella, accede a crear un ministerio para combatirla. ¿Ha descubierto que la mayor parte de la sociedad no quiere vivir fuera de la ley? No, por cierto. Lo que ha descubierto es que la transgresión de la ley amenaza con vulnerar su propia estabilidad; difícil tarea, la que se impone un gobierno que construyó su protagonismo subestimando lo que en estos días parece empezar a importarle. El oficialismo aspira a presentarse ahora como su mejor competidor. Quiere hacer olvidar su pasado con urgencia allí donde la conciencia de sus desaciertos es más profunda y perseverante. Y ello mediante un barniz innovador que seduzca al menos a una franja del electorado disidente.

Al igual que el oficialismo, los opositores han abundado y abundan en el culto de las apariencias. Sobran los postulantes a la más alta magistratura y faltan las convergencias veraces que privilegien las políticas de Estado sobre el fulgor de los postulantes. Tampoco a ellos les resulta fácil revertir la desconfianza sembrada. De manera que unos y otros deben generar credibilidad donde han diseminado tanta confusión y desencanto.

La lógica maniquea ha fatigado a la clase media. Ya es tarde para seguir practicándola con éxito allí donde la mayoría del electorado exige cordura y responsabilidad. Esa mayoría sabe que la lucha entre vecinos y usurpadores de terrenos -al igual que tantas otras a ella emparentadas- sólo cesará el día en que los desposeídos tengan la oportunidad de encontrar en la ley la oferta fundamental que el Estado les adeuda.

El año finaliza dejando a la vista esta gravísima confluencia entre la multiplicación de expresiones de la acción directa y la volatilización del Estado que retrasa dramáticamente el proceso de reconstrucción de nuestras instituciones. La República, sin ellas, linda con lo espectral.
Vale la pena repetirlo: una ola de disconformidad se abate por igual sobre el oficialismo y la oposición. Ella resulta de los reiterados desaciertos que una y otra han evidenciado en la comprensión de las necesidades colectivas. La gente del llano sigue sabiendo hoy, mejor que sus dirigentes, qué resulta indispensable para reconstruir el país. Nadie, en esa medida, reclama ya el fin de la política sino su perfeccionamiento, su marcha eficiente hacia el horizonte de la justicia, del sentido común y la pacificación. Acaso esta sólida evidencia sea, por lo medular, la buena noticia que cabe subrayar al terminar este año.

La Nación, 31.12.10
Santiago Kovadloff, Argentina, 1942.
Imagen: Daniel Santoro. Centauro descamisado Carbón y acrílico sobre papel, 50 x 70 cm, 2009.