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martes, 12 de noviembre de 2019

ÁLVARO GARCÍA LINERA Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse




 LUCHAR, VENCER, CAERSE, LEVANTARSE, LUCHAR, 
VENCER, CAERSE, LEVANTARSE




          Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales? La década de oro del continente no ha sido gratis. Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada. Traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de luchas de los años 80 y 90. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80, de los 90, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario.


Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino.


lunes, 11 de noviembre de 2019

ELOÍSA TARRUELLA El que tiene los ojos cerrados

Golpe de Estado en Bolivia



El que tiene los ojos cerrados, solo ve negro. Repite lo que escucha y lo postea en el Facebook: “No hubo golpe de estado en Bolivia”, como dice el titular del canal más popular de los bares porteños.

El que tiene los ojos cerrados, solo se ve a sí mismo en su jaula con aire acondicionado, portero y gimnasio. Espera el verano para irse a Cancún y sacarse fotos en la playa con sonrisa incluida y un trago en la mano.

El que tiene los ojos cerrados dice: “no me interesa la política, todo da lo mismo si yo trabajo todos los días”.

El que tiene los ojos cerrados no se admite de derecha pero disfruta de ver las plazas cercadas y pide mano dura. Nunca leyó una poesía ni le interesa saber de qué se trata, le basta con ver la serie más popular de Netflix y postear alguna palabra en las redes.

El que tiene los ojos cerrados, se jacta de la vida feliz que tiene en su jaula con aire acondicionado, de tener un sueldo a fin de mes en el trabajo más aburrido del mundo pero bien pago y previsible.

El que tiene los ojos cerrados, opina “son pobres porque quieren” cuando camina por un barrio humilde.

El que tiene los ojos cerrados, no ve sombras, ni matices, solo su propio párpado cerrado.

El que tiene los ojos cerrados, no siente sus lágrimas, agua ajena que cae en el muro que no es lluvia, ni tiempo, ni ceniza.

El que tiene los ojos cerrados, dibuja rejas porque la libertad le duele y piensa que los pájaros encerrados desean estar allí.