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Tortugas Gigantes de Galápagos

 

C. vanderburghi en centro recuperación de Isabela. Arxiu RMiB

Las islas Galápagos están situadas lo suficientemente cerca del continente como para que pudieran llegar algunas especies navegando encima de restos vegetales o incluso flotando a la deriva. Una tortuga flota y puede sobrevivir hasta seis meses sin comer ni beber, según relatos de marineros. Las corrientes oceánicas empujan desde Sudamérica en dirección oeste, hasta al archipiélago. Esto le ocurrió al primer barco que arribó a estas tierras en 1535, al del obispo de Panamá fray Tomás de Berlanga.

Se cree que las tortugas llegaron al archipiélago hace 3 millones de años, por tanto serían los reptiles más antiguos en Galápagos. Una vez arribadas a las islas tortugas, iguanas o lagartijas supieron adaptarse a un mundo nuevo, muy diferente al continental. Se multiplicaron y expandieron por todo el archipiélago, con el aislamiento y ante la necesidad de adaptarse a un nuevo entorno, se diversificaron. En estas islas sobreviven 42 especies de reptiles endémicas en Galápagos.


Arxiu RMiB


Las tortugas prosperaron en 11 de las 15 islas mayores que forman este archipiélago alejado 1000 km de las costas sudamericanas. Dada la compleja orografía de las islas volcánicas, en las más grandes las algunas poblaciones de tortugas evolucionaron de forma independiente. En isla Isabela hay cinco especies y en Santa Cruz dos.


Carapachos tipo cúpula de tortugas de Galápagos. Arxiu RMiB


Resumiendo, no hay consenso entre los taxónomos por lo que podemos afirmar que llegó a haber entre 14 y 16 especies de tortugas gigantes, pertenecientes al Género Chelonoidis en las Galápagos. Chelonoidis tuvo hasta 11 especies más que prosperaron en islas del Caribe o en el continente sudamericano, la mayoría se extinguieron y hoy solo quedan 4, todas en Sudamérica.

Estos sorprendentes animales se adaptaron a la perfección a los ecosistemas isleños, gracias a que encontraron buenas densidades de vegetación, no tenían enemigos naturales y todo el año disfrutaban de la temperatura ideal para un animal de sangre fría. 

Los primeros naturalistas en arribar a las islas comprobaron a simple vista que las tortugas de las islas más montañosas, las que vivían en hábitats más húmedos y a mayor altitud, eran más grandes seguramente para conservar mejor el calor. Hoy son los quelonios más grandes que quedan en el planeta, llegan a pesar 350 kg y alcanzan hasta los 2 m de longitud, también además son los vertebrados más longevos.


Carapacho tipo silla de montar. Arxiu RMiB


Un de las características más evidentes es que las tortugas presentaban dos tipos de carapachos, las de las islas más húmedas como Isabela y Santa Cruz lo tenían abovedado en forma de cúpula lo que les permitía transitar entre la vegetación más espesa, además su cuello era corto. En las islas más áridas como Española, Pinzón y Pinta las tortugas eran más pequeñas pero tenían el caparazón en forma de silla de montar y un cuello largo que estirado les permitía acceder a los brotes más altos. En las islas con clima intermedio como San Cristóbal las tortugas tienen un caparazón intermedio entre cúpula y silla de montar.

 

James Burney. “A Chronological History of the Discoveries in the South Sea or Pacific Ocean”


EL FIN DEL AÍSLAMIENTO Y EL COMIENZO DE LA MASACRE

La prosperidad de sus poblaciones cambió radicalmente con la llegada de nuestra especie en 1535. Según estimas hasta ese momento debía haber unas 300.000 tortugas en el archipiélago. A ojos de un explorador de la época las tortugas eran tan abundantes y tan grandes que merecieron prestar su nombre al archipiélago, las bautizaron como “Insulae de los Galopegos”, islas Galápagos.

Los marineros conocían que las tortugas eran un recurso alimenticio muy valioso en alta mar. No necesitaban conservantes ya que se guardaban vivas en las bodegas y podían vivir varios meses sin comer ni beber. Su carne es muy sabrosa porque mantiene buena parte de su grasa original. Descubrieron que tenían almacenada agua dulce dentro de una vejiga, donde se mantenía en perfecto estado y se podía beber directamente, en caso de necesidad las sedientas tripulaciones recurrían a ella.

Todo navío que llegaba al archipiélago aprovisionaba sus bodegas con todas las tortugas que le cabían y no tenían que dedicar demasiado tiempo en capturarlas. Muchos navíos que debían atravesar el Pacífico incluyeron estas islas en sus trayectos por la facilidad de conseguir vituallas.

En los siguientes 300 años fondearon en sus costas cientos de barcos piratas, la marina de guerra y balleneros, cada embarcación cargaba desde uno a varios centenares de tortugas. Sólo en los libros de los balleneros norteamericanos se registró la extracción de 40.000 tortugas en 58 años, durante el siglo XIX. (Charles Townsend).

La captura de tortugas fue tan intensa que rápidamente redujeron sus poblaciones. Se rarificaron primero en las islas menos abruptas que contaban con fondeaderos seguros. Después se rarificaron en las ínsulas que contaban con agua dulce donde se instalaron las primeras colonias estables y por último llegaron a realizar penosas ascensiones a los lugares más recónditos con tal de obtener una buena cantidad de tortugas.


Retrato de Darwin en 1840 por George Richmond

 

Cuando Darwin desembarcó en Floreana en 1835, ya no pudo encontrar ninguna tortuga Chelonoidis niger, estaban a punto de extinguirse. De hecho no mencionó las tortugas gigantes en “El origen de las especies”, posiblemente porque no pudo recoger las suficientes muestras para compararlas. A principios del siglo XIX esta isla tenía 200 habitantes, la mayoría eran convictos condenados a trabajos forzados que se alimentaban casi exclusivamente de tortugas. Según descripciones de Robert Fitz-Roy, capitán del Beagle, los alrededores del precario asentamiento estaban llenos de caparazones vacíos de tortugas, además en las zonas más abruptas sólo se veían de cabras y cerdos asilvestrados.

Pocos años después de tomar posesión de las Galápagos, Ecuador estableció colonias en las islas más grandes; San Cristóbal, Santa Cruz e Isabela, esto multiplicó la presión sobre las tortugas locales. En 1900 todo empeoró porque empezaron a matarlas para extraer unos pocos litros de aceite con el que iluminaban ciudades como Guayaquil o Quito.

Simultáneamente aumentaban exponencialmente las poblaciones asilvestradas de gatos, perros, cerdos, cabras o burros, acompañados de ratas. Los herbívoros competían devorando las mismas plantas de las que se alimentaban las tortugas. Los perros, gatos y ratas comían huevos y tortugas jóvenes, finalmente los burros pisaban y destrozaban los nidos con huevos enterrados en la arena. Por si no tenían suficiente presión las tortugas, desde finales del XIX hasta principios del XX se generalizaron las expediciones científicas ávidas de colectar especímenes.

En 1954 llegó a Galápagos el etólogo Irenäus Eibl-Eibesfeldt, al desembarcar comprobó horrorizado como las playas estaban llenas de lobos marinos y pájaros muertos, había restos blanquecinos de caparazones de tortugas por doquier.

La biodiversidad de las islas estaba a punto de colapsar cuando el 4 de julio de 1959 Ecuador declaró Parque Nacional 7.970 km². Hizo coincidir la fecha de la declaración con el centenario de la publicación de “El Origen de las Especies” de Charles Darwin. Fue un decreto ambicioso pero tardaron 10 años en tener los medios para que se empezara a respetar la protección y poder poner en marcha ambiciosos programas de regeneración. Para ayudar desde el primer momento contaron con la colaboración de poderosas fundaciones como la Charles Darwin Foundation. Muy poco a poco empezó a cambiar la tendencia destructiva y a mejorar la situación de la biodiversidad de las islas.

En 1964 abrió sus puertas la estación biológica Estación Científica Charles Darwin (ECCD) en Puerto Ayora, Santa Cruz. 

Un año después se inauguró el primer centro de cría en cautividad Fausto Llerena, en Santa Cruz cuando solo quedaban 3.000 quelonios en el archipiélago. En 1965 se inició el programa de cría en cautividad de tortugas. Este centro está encargado de reproducir y reintroducir C. duncanensis y C. darwini, en Pinzón y Santiago. El Centro cuenta con siete corrales que albergan tortugas reproductoras de C. hoodensis procedentes de la Española que también se están introduciendo en Floreana. En 2019 se obtuvieron 25 huevos procedentes de 35 nidos, las puestas se iniciaron en julio y los huevos eclosionaron después de 120 días en incubadoras. A 29,5° se desarrollan hembras, con temperatura media de 28° obtienen machos. Después del éxito se han abierto dos sedes más, en 1993 se inauguró el Centro Arnaldo Tupiza en Isabela y el Centro de Crianza David González de San Cristóbal especializado en C. chathamensis

Gracias a la protección y los programas de reproducción en cautividad se han liberado más de 6000 ejemplares. Se estima que hoy pisan las islas entre 30 y 40.000 tortugas gigantes, el 90% en libertad y el 10% restante en los centros de Recuperación. 

Otra de las organizaciones que trabaja activamente en el proyecto de Restauración de Tortugas Gigantes (GTRI) es la ONG Galapagos Conservancy, creada en 1985. Tiene como objetivo de desarrollar proyectos de investigación, de capacitación y educación que promuevan la conservación de los ecosistemas de Galápagos. Colaboran activamente con la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) la State University of New York-Syracuse y la Yale University realizando estudios y censos de la población de tortugas gigantes de San Cristóbal, la del Este de Santa Cruz, también han elaborado el mapa genético de las tortugas de San Cristóbal y de Pinzón

Las tortugas involuntariamente están ayudando a extender las plantas invasoras como la mora, guayaba, sauco y la tradescantia. Entran a las fincas agrícolas semiabandonadas y al consumirlas esparcen sus semillas.

A pesar de los estrictos controles las amenazas continúan, en 2018 se robaron 123 crías de C. vicinia y C. guntheri en el Centro de Cría Arnaldo Tupiza de Isabela. En 2019 encontraron en Perú un autobús con un paquete que contenía 29 tortugas gigantes de Galápagos. Solo sobrevivieron 26 ejemplares, 18 eran originarias de Isabela y 8 de San Cristóbal. El 28 de marzo de 2021 se encontró en el aeropuerto de Baltra una maleta 185 neonatos de tortuga gigante con destino a Guayaquil. Los tribunales condenaron a tres años de cárcel al policía responsable del envío.


Mapa de Galápagos y distribución de tortugas gigantes. Arxiu RMiB


Partiendo de la unidad geográfica que representa cada isla repasaremos las principales características de las diferentes especies de tortugas y haremos un breve repaso histórico por su estado de conservación.


ISLA FLOREANA

Esta isla tiene una superficie de 173 km, su mayor cumbre alcanza los 444 m. Aquí prosperaba la especie de tortuga que tenía los machos más grandes, la tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis niger), alcanzaban los 137,6 cm de longitud y las hembras 88 cm. Tenía el caparazón con un ensillado muy pronunciado. Vivía en el bosque caducifolio y en el siempreverde. Se alimentaba de cactus, arbustos y pastos. Bebía el agua que se acumulaba en las grietas o que brotaba en los manantiales.

Antes de la arribada de nuestra especie había una población estimada en 8.000 individuos. Fue de las primeras que sufrió nuestra presencia ya que esta isla tiene agua dulce y sus costas son fácilmente accesibles. Allí fue donde las primeras tripulaciones fueron a capturar toda tortuga que encontraban y no tardaron en soltar cabras, cerdos, perros, gatos y burros, e involuntariamente las ratas.

Por si las tortugas no tenían bastantes problemas de conservación en 1813 hubo una erupción volcánica que debió exterminar buena parte de su población. No tardó mucho en llegar la puntilla definitiva, en 1820 un ballenero provocó un pavoroso incendio que acabó con las escasas supervivientes, se consideró extinguida en 1850.

En 2008 una investigación del ADN mitocondrial de especímenes en colecciones museísticas identificó la secuencia genética de esta especie y la definió. En 2015 una expedición científica al volcán Wolf, en isla Isabela, encontró 150 tortugas con caparazón tipo montura. Un posterior análisis genético demostró que 127 de ellas tenían diferentes niveles de ascendencia de la tortuga de Floreana. Esta enorme cantidad de híbridos llevó a deducir todavía debía quedar vivo un macho puro además de otro que debía tener gran parte de su carga genética original de C. niger.


Caparazón de C. niger, grabado de Albert Günther en 1902. Museo Hist. Nat. Londres


¿Por qué había híbridos C. niger originarios de Floreana en un volcán de la isla Isabela?

Había evidencia escrita que los balleneros que partían a internarse en el Pacífico, para aligerar la carga de sus bodegas y ganar navegabilidad, al llegar a Puerto Bravo arrojaban el exceso de tortugas capturadas en otras islas. Este fondeadero está ubicado en la falda del volcán Wolf y, sin duda, algunas tortugas conseguirían llegar a Isabela. Las supervivientes C. niger se cruzaron con las locales C. becki. Pasados 200 años que con la longevidad de las tortugas apenas son 2 o 3 generaciones, algunos de sus descendientes conservaban buena parte de los genes de especies extinguidas en sus islas de origen.

Los científicos seleccionaron 30 ejemplares híbridos con la mayor parte del linaje de las especies originales. Una de ellas estaba muy próxima a C. abingdonii de la isla Pinta, otras 29 conservaban muchos genes de C. niger, ambas especies estaban extinguidas en sus islas originales.

De las 29 tortugas C. niger híbridas halladas en Wolf, 11 eran machos y 18 hembras. En marzo de 2017 comenzó la reproducción en cautividad de estos ejemplares. Colocaron dos terceras partes de los huevos en una incubadora mantenida a 29,5° para obtener hembras y la tercera parte restante se introdujo en otra a 28° para obtener machos. En noviembre del mismo año eclosionaron los primeros huevos en cautividad de los que nacieron seis hembras. En 2018 ya habían nacido 67 tortugas muy próximas a C. niger.


C. wallacei, original de isla Rábida

 

ISLA RÁBIDA

Hay controversia entre los taxónomos sobre la teórica existencia de una tortuga gigante de la Rábida (Chelonoidis wallacei). Solo consta la existencia de un ejemplar recolectado en 1905, aunque hay crónicas de navegantes que afirman que había huellas de tortugas en 1897. Esta isla tiene un buen fondeadero y desde el primer momento fue frecuentada por embarcaciones. Algunos autores dudan que el ejemplar patrón de esta especie fuera originario de Rábida, sostienen que bien podría ser un híbrido cruzado con Chelonoidis guntheri procedente de Isabela, que algún navegante abandonó en esta pequeña isla.


Tortuga gigante de isla Pinzón (Chelonoidis duncanensis) 

 

ISLA PINZÓN

Esta isla es pequeña con una extensión de sólo 18 km², sorprende que con ese tamaño alcance la respetable altura de 458 m. Está situada muy próxima a Santa Cruz, su abrupta costa está formada por altos acantilados.

La tortuga gigante de isla Pinzón (Chelonoidis duncanensis) es de las más pequeñas de Galápagos, los machos alcanzan los 85,5 cm y las hembras se quedan en 79.5 cm. Tiene un caparazón con forma de silla de montar de color marrón-gris, la hendidura cervical del caparazón es poco pronunciada.

Es una tortuga diurna que vive en el bosque caducifolio y en el siempreverde, su área se reduce a 20 km². Consume cualquier materia vegetal que encuentre incluidos musgos o líquenes, gustan de beber en estanques estacionales.

En la isla había una población aproximada de 850 ejemplares antes de la llegada de nuestra especie. Aunque era difícil acceder, entre 1788 y 1868 los balleneros escalaron su costa para capturar tortugas y con ellos desembarcaron nuestros peligrosos comensales, la rata negra (Rattus rattus) y la rata marrón (Rattus norvegicus) que se expandieron tanto que devoraron todas las puestas y mataron todos los ejemplares jóvenes. En 2018 se ha conseguido eliminarlas gracias al uso sistemático de raticidas. 

En 1965 cuando llegó la primera expedición conservacionista sólo encontró ejemplares envejecidos. El zoólogo británico Roger Perry  llevó a la Estación Científica Charles Darwin los últimos huevos que pudieron descubrir y lograron incubarlos en cautividad, con ellos se iniciaba el programa de cría en cautividad de tortugas gigantes y fue un éxito ya que salvó de la extinción a esta especie. El 75% de los jóvenes reintroducidos con cuatro o cinco años de edad logran sobrevivir, hoy se calcula que hay 800 individuos en libertad. La labor se complementa con las constantes campañas de erradicación de roedores.


Foto de Arturo de Frías Marques, Solitario George en 2008. Wikipedia.

 

ISLA PINTA

Esta isla de 60 km² y una altura máxima de 777 m, está situada en el extremo norte del archipiélago. Aquí vivía la tortuga gigante de Pinta (Chelonoidis abingdonii). Como la mayoría de sus parientes se encontraba en el bosque caducifolio, en el bosque montano siempreverde y en pastizales húmedos. Se alimentaba de cactus, tenía un caparazón con forma de silla de montar muy estrecho, el tamaño máximo de los machos alcanzaba los 97,8 cm.

Esta especie era común hasta 1831, según registros de los navíos, en 37 años los que fondearon en sus costas capturaron 455 tortugas. Ya debía ser una especie muy escasa cuando en 1958 se introdujeron cabras, al multiplicarse arrasaron con gran parte de la rica y diversa vegetación isleña, poco después debieron desaparecer las tortugas.

En 1971 el biólogo húngaro Joseph Vagvolgyi descubrió un enorme macho que llamó “Solitario George”. Al comprobar que era el último ejemplar que quedaba vivo lo trasladaron a la Estación Científica Charles Darwin, en Santa Cruz. Intentaron cruzarlo sin éxito con dos hembras de la especie genéticamente más próxima, la tortuga gigante del volcán Wolf (Chelonoidis becki). Finalmente murió en 2012 cuando contaba con una edad aproximada a los cien años, con su desaparición se certificó la extinción de su especie.

En 2008 se comprobó que una de las hembras colectada por la expedición científica al Volcán Wolf compartía buena parte de su carga genética con la extinta C. abingdonii. Mediante cruces selectivos se va intentar la “resurrección” de una especie genéticamente próxima al difunto “Solitario George”.

 

 

Reintroducción de C. hoodensis en la isla de Santa Fe

ISLA SANTA FE

Esta es una pequeña isla que cuenta con una superficie de 24 km² y una modesta altitud de 254 m. Está situada a medio camino entre Santa Cruz y San Cristóbal pero al no tener agua dulce no se estableció nuestra especie. Relatos de balleneros afirmaban que cazaron tortugas hasta 1890.

Una expedición científica encontró restos óseos de quelonios, de su análisis se dedujo que pertenecían a una especie genéticamente próxima a C. hoodensis, la tortuga de la Española. , La secuencia genética obtenida no ha permitido describir esta teórica especie extinta y por tanto carece de nombre.

Dado que la presencia de tortugas beneficia a la dispersión y germinación de la vegetación autóctona, se autorizó a Giant Tortoise Restoration Initiative a reintroducir C. hoodensis. Entre 2015 y 2021 se han liberado 742 tortugas gigantes de la Española, las recién llegadas se han adaptado perfectamente y la calidad de la estructura vegetal de la isla ha mejorado sensiblemente, principalmente las opuntias.


Foto de Fernanda de Marcelo Mata @Marcelo_MataG / C. phantasticus hembra feb.2019

 

ISLA FERNANDINA

Esta isla es la tercera en superficie con 642 km² y una altura máxima de 1.494 m, además es la isla deshabitada más grande. Está localizada en el extremo occidental del archipiélago y geológicamente es la más joven, por tanto, el cráter de La Cumbre es el que presenta mayor actividad volcánica del archipiélago. En 1846 tuvo una erupción muy violenta que solo dejó 137 km² libres de coladas. Esto redujo dramáticamente el hábitat de las tortugas, debieron sobrevivir muy pocas, al menos esto evitó la invasión de mamíferos alóctonos.

La tortuga gigante de Fernandina (Chelonoidis phantasticus) tiene un marcado dimorfismo, los machos alcanzan los 87,6 cm mientras que las hembras solo llegan a los 62 cm. Viven en los bosques caducifolios y se alimentaban plantas herbáceas, hojas tiernas de arbustos y cactus.

No constan registros de navegantes que capturaran tortugas en Fernandina, no se acercaron por miedo a las continuas erupciones. En 1906 desembarcó una expedición “científica” de la Academia de Ciencias de California y sólo pudieron capturar un macho grande, ¡después de matarlo!

En las visitas realizadas por el personal del Parque Nacional entre 1964 y 2013 se encontraron excrementos de tortugas recientes y algunas mordeduras en cactus. Incluso se llegó a comunicar un avistamiento que después no se pudo confirmar.

Hubo que esperar hasta febrero de 2019 para que otra expedición científica encontrara una hembra adulta viva de 54 cm, que bautizaron como “Fernanda”, cuenta con una edad estimada de 50 años. Al animal lo encontraron dentro de una reducida mancha de vegetación rodeada de extensas coladas de lava. Se cree que quedó aislada cuando era un juvenil y creció con falta de alimento ya que solo pesaba 18,4 kg, una hembra adulta de su edad debería alcanzar los 50 kg. Su talla también era mucho más pequeña, medía 54,3 cm cuando debería pasar los 60 cm. Una vez trasladada al Centro de Cría en Cautividad Fausto Llerena, en Santa Cruz, la hembra ha aumentado 10 kg de peso y ha crecido 3 mm. La Universidad de Yale (EEUU) realizó análisis genéticos comparándola con el macho muerto en 1906 y ha determinado que Fernanda pertenece a la especie C. phantasticus.

 

Tortuga gigante de San Cristóbal (Chelonoidis chathamensis)

ISLA SAN CRISTÓBAL

San Cristóbal tiene una superficie de 558 km² y una altura máxima que llega a los 759 m. En teoría en ella sobrevive la tortuga gigante de San Cristóbal (Chelonoidis chathamensis), enseguida veremos porqué “en teoría”. Esta especie tiene el caparazón moderadamente ensillado, los machos alcanzan los 98,3 cm de longitud y las hembras 89,7 cm. Selecciona para vivir el bosque caducifolios, matorrales y pastos secos.

Su población original debía rondar los 24.000 pero se redujo drásticamente a consecuencia de la acción humana, de los perros que comían jóvenes o huevos y los burros que pisoteaban sus nidos.

En 1960 se llegó a creer que se había extinguido, aunque pocos después encontraron un grupo de 69 ejemplares viviendo en un lugar recóndito. En 1970 empezaron las campañas para erradicar los perros salvajes además de vallar los nidos para protegerlos. En 2002 se inauguraba en la isla el Centro de Crianza de Tortugas Jacinto Gordillo y en 2005 nacía la primera C. chathamensis en cautividad.

Gracias a estas actuaciones reforzadas con la cría en cautividad consiguieron que remontara su población, en 2016 rondaba los 1.824 individuos que vivían confinados en una zona de 52 km² en el noreste de la isla, en la llamada Galapaguera Natural.

En febrero de 2022 una revolucionaria publicación en la revista Nature's Heredity, después de analizar las muestras de museos y cadáveres encontrados en una cueva, arrojaba unas conclusiones sorprendentes, las tortugas actuales de San Cristóbal pertenecían a un nuevo linaje no descrito. C. chathamensis sería otra especie nativa de esta isla que se extinguió y a ella pertenecerían los restos y las muestras que guardan los museos.

 

 

Tortuga gigante de Santiago (Chelonoidis darwini)


ISLA SANTIAGO

Esta isla deshabitada tiene una superficie de 585 km² y su altura máxima alcanza los 920 m. En ella vive la tortuga gigante de Santiago (Chelonoidis darwini), los machos alcanzan los 125,6 cm y las hembras 82,1 cm. Utiliza el bosque caducifolio, bosque siempreverde montano y pastizales húmedos donde se alimenta de cactus, hierba y pastos.

Esta especie gusta de beber con frecuencia por lo que se concentra en los estanques estacionales, aunque pueden vivir hasta seis meses sin agua. Los balleneros descubrieron que la almacenaban en una vejiga y allí permanecía limpia y pura, perfectamente potable. Esto aumentó el interés por almacenarlas vivas en las bodegas. Los jóvenes se establecen en las zonas bajas hasta los 10 o 15 años, una vez alcanzan la madurez sexual a los veinte años regresan a las zonas altas, allí los machos realizan fieros combates para competir por las hembras.

Se calcula llegó a haber 24.000 individuos de los que se perdió 95% de su población. Las principales causas de su declive fueron la caza, entre 1788 y 1868 por las capturas por parte de balleneros. En los 180 años posteriores se sumó la introducción de cabras, burros y cerdos que afectaron gravemente, devoraron la vegetación de las partes bajas llegando a convertirlas en un desierto, las tortugas tuvieron que recluirse en las zonas más altas. Su población quedó muy descompensada, de los 500 ejemplares que sobrevivían en 1970 la mayoría eran machos, seguramente su mayor tamaño les evitó la caza, además las pocas hembras que quedaban también era muy viejas, por tanto las más pesadas y difíciles de transportar a la costa para cargarlas en las bodegas.

Hubo que postergar el primer censo general de C. darwini hasta 2016, además del tamaño de esta isla, para llegar a la parte húmeda donde viven las tortugas hay que atravesar una espesa muralla espinosa formada por el arbusto autóctono rodilla de caballo (Clerodendrum molle). Hoy su población ha aumentado hasta los 1.700 ejemplares gracias a las campañas de erradicación de especies invasoras y a la cría en cautividad en el Centro de Crianza Fausto Llerena en Santa Cruz.

 

ISLA ISABELA

Isabela es la isla más grande del archipiélago, tiene una superficie de 4.588 km², su mayor altura es el volcán Wolf con 1707 msnm. Esta isla se formó por la unión de las coladas de seis volcanes y cinco de ellos tienen una especie exclusiva de tortuga gigante.


Tortuga gigante del volcán Wolf (Chelonoidis becki)


La tortuga gigante del volcán Wolf (Chelonoidis becki) tiene un marcado dimorfismo sexual, los machos alcanzan los 123,5 cm de longitud mientras que las hembras solo llegan a 70,9 cm. Hay dos variedades que se diferencian por la estructura del caparazón en la zona de las escamas nucales. Una raza tiene el carapacho en forma de cúpula mientras que otras lo tienen en forma de silla de montar. Se cree que esta variabilidad la produjo la hibridación con ejemplares de tortuga de Floreana: C. niger. Hay constancia que algunos navíos al llegar a las costas de Isabela arrojaron por la borda tortugas vivas ya que tenían demasiado llenas las bodegas, justo antes emprender la travesía por el Pacífico.

C. becki habita un área de 246 km² donde crece un mosaico de bosque caducifolio, arbustos espinosos, bosque montano siempreverde y en las zonas más altas crecen pastizales húmedos. Se alimentan de plantas herbáceas y frutos, no consume cactáceas. Hay una singularidad, un grupo de 20 ejemplares viven aislados dentro de la caldera del volcán Wolf, en un área de 2 km² que está a 1.500 msnm, acantilados que superan los 200 m de altura las mantiene incomunicadas con el resto de su población.

Se estima que hoy en día quedan de 11.000 tortugas, la principal causa de la reducción de sus poblaciones fue la competencia con los cerdos y las cabras, por suerte, estas últimas se erradicaron en 2006. Wolf es un volcán activo, su última erupción se produjo en 2015 y también provocó la muerte de muchas tortugas.


Ttortuga gigante del volcán Darwin (Chelonoidis microphyes). Arxiu RMiB


La tortuga gigante del volcán Darwin (Chelonoidis microphyes) es de las más grandes del archipiélago, los machos miden 135 cm y las hembras 86. Su caparazón es abovedado de color marrón-grisáceo, tiene una forma intermedia entre la silla de montar y la cúpula aplanada.

Vive en las laderas del volcán Darwin en un área aproximada de 67 km², al suroeste de la caldera volcánica. En esa zona crecen bosques perennifolios y caducifolios además de praderías de herbáceas secas. Las tortugas realizan desplazamientos en función de la disponibilidad de alimentos. En época de lluvias comen hierba, hojas, bayas y líquenes mientras que en la estación seca consumen brotes, flores y frutos de cactáceas.

Esta zona fue muy castigada por los balleneros durante el siglo XIX, además tuvieron que competir con las cabras asilvestradas. Su población original se redujo un 94% y solo quedaron  unos 400 ejemplares. En 2006 se consiguió erradicar las cabras del volcán Darwin y desde entonces han mejorado sus poblaciones.

Una expedición de censo en 2019 localizó, tomaron datos y marcaron con microchips a 1150 tortugas. Estiman que su población total rondará los 2000 individuos, de los cuales el 40% son hembras, el 60% restante está compuesto por machos y juveniles indeterminados. Además comprobaron que había mejorado sustancialmente el bosque de Opuntia insularis, su principal fuente de alimento. 


Tortuga gigante del volcán Alcedo (Chelonoidis vanderburghi). Arxiu RMiB

La tortuga gigante del volcán Alcedo (Chelonoidis vanderburghi) es de las de mayor tamaño, machos miden 129 cm y las hembras 89,7 cm, tienen un caparazón con forma de cúpula. Viven entre los 400 y 1.128 metros sobre el nivel del mar, en el bosque siempreverde, en el caducifolio y en pastizales húmedos. Ocupa una extensión de aproximadamente 250 km² en donde todavía quedan ratas y gatos ferales, pero en 2006 se logró erradicar las cabras y burros asilvestrados.

Se alimenta de plantas herbáceas, líquenes, brotes tiernos y frutas, entre estas últimas es capaz de digerir el fruto del manzanillo de la muerte (Hippomane mancinella) que son muy tóxicos e irritantes. Dependiendo de las estaciones se desplazan por las laderas, bajan la base del volcán, incluso descienden al interior de la caldera. En su deambular no es infrecuente que algunos ejemplares se despeñen por los acantilados y mueran.


Chelonoidis vanderburghi copulando en el centro de cría de Isabela. Arxiu RMiB

Se cree que su población original se redujo un 83%, a pesar de lo poco accesible de su área de distribución que debió dificultar su captura. Se sospecha que la principal causa de la reducción de sus poblaciones debieron ser las erupciones volcánicas. Hoy quedan 6.320 individuos en libertad que además presentan una baja variabilidad genética, seguramente su especie pasó por algún cataclismo que provocó un cuello de botella genético al reducirse drásticamente su población. 

En la actualidad C. vanderburghi está considerada como la población más saludable porque hay un macho por cada hembra, en 2021 está cuantificada en 4.723 individuos.


C. vicina, foto de Gerardo Aisa

Los machos de tortuga gigante de Cerro Azul (Chelonoidis vicina) alcanzan los 117,1 cm de longitud y las hembras 93 cm. Su caparazón es abovedado, más ancho en los machos y más abovedado en las hembras. Habita un área de 254 km² donde crece el bosque caducifolio, el siempreverde y pastizales secos. Se alimentan de pastos, hojas, cactus, líquenes y bayas y frutos como el tóxico manzanillo.

En los últimos 200 años su población se vio colapsada por la captura por parte de los navegantes que fondeaban para hacer aguadas y reponer alimentos. Después sufrió la competencia por sus alimentos con los ungulados domésticos. Se estima que su población se redujo en un 98%, pasando de 18.000 a apenas 400 ejemplares en 1970.

Gracias a la cría y posterior liberación de los ejemplares reproducidos en cautividad en el Centro Arnaldo Tupiza, su población ronda los 2.700 individuos. El principal problema de conservación hoy en día aún sigue siendo la pérdida de sus puestas desenterradas y devoradas por los cerdos, en los pastizales el ganado vacuno pisotea los nidos y destroza los huevos. 


Chelonoidis guntheri, ejemplar en libertad en Isabela.Arxiu RMiB


La tortuga gigante de Sierra Negra (Chelonoidis guntheri) tiene un acusado dimorfismo sexual, los machos alcanzan los 120,5 cm y las hembras se queden en 92,3 cm. Según la forma del caparazón se distinguen dos razas, una lo tiene muy aplastado mientras que la otra lo tiene claramente abombado. Ocupa un área de 817 km² en el sur de Isabela, como hábitat selecciona bosques caducifolios, la floresta siempreverde, pastizales secos y zonas agrícolas. Se alimenta de hierbas, cactus, líquenes y frutas, incluido del irritante manzanillo.

Se calcula que el 99% de su población de 71.000 individuos se redujo a partir de la llegada de los primeros navegantes. Las causas de su declive son comunes a las que afectaron al resto de tortugas gigantes, las capturas indiscriminadas para alimentar las tripulaciones y la instalación de asentamientos coloniales a partir de 1895. Además de las afecciones provocadas por la fauna alóctona, a principios del siglo XX comenzaron a cazarlas para obtener unos míseros litros de aceite con los que alumbraban las calles de las principales ciudades de Ecuador. En 1970 solo quedaban en torno a 400 ejemplares acantonados en las zonas más recónditas.

Con la declaración del Parque Nacional las cosas mejoraron. Buena parte de su área de distribución coincide con la única zona habitada de Isabela y con los cultivos por lo que siguen teniendo que competir con los animales domésticos.

Desde el año 1998 se reproducen en cautividad el Centro de Crianza Arnaldo Tupiza Chamaidán. Comenzaron con 18 tortugas reproductoras procedentes de la población de Cinco Cerros, desde entonces han nacido más de 1.000 individuos en cautividad que después han liberado en sus lugares de origen, una vez alcanzados los 5 o 6 años de edad.


Tortuga gigante del oeste de Santa Cruz (Chelonoidis porteri)

 

ISLA DE SANTA CRUZ

La isla de Santa Cruz cuenta con una superficie de 986 km² y una altura máxima de 865 m. Hasta hace bien poco se consideraba que todas las tortugas de la isla pertenecían a la especie tortuga gigante del oeste de Santa Cruz (Chelonoidis porteri). Los machos de esta especie alcanzan una longitud de 115 cm mientras que las hembras llegan los 96,5 cm, se ha comprobado que pueden alcanzar los 175 años de edad.

Como la mayoría de las tortugas galapeñas selecciona para vivir el bosque siempreverde, el caducifolio y tierras de cultivo, su área de distribución se extiende por 254 km² en el oeste de la isla. Se alimenta de todo tipo de herbáceas, juncos, hojas tiernas, frutos de los cultivos, cactus, musgo y líquenes, circunstancialmente pueden consumir carroña. Dependiendo de la estación realizan desplazamientos de hasta 10 km para acceder a zonas con más recursos. Son agresivas a la hora de aparearse o defender los lugares propicios para depositar sus puestas.

Esta especie debió ser abundante, se estima que su población óptima sería de unos 35.000 individuos. Con la llegada de nuestra especie se generalizaron las capturas, como en el resto del archipiélago, se sumó la competencia por el alimento con los animales alóctonos. Los huevos y jóvenes neonatos son presa fácil para jabalís, ratas o las recién llegadas hormigas de fuego. Hoy deben quedar unos 3.400 ejemplares en libertad.


Tortuga gigante del este de Santa Cruz (Chelonoidis donfaustoi)


En 2015 una investigación genética realizada en Santa Cruz identificó una nueva especie de tortuga en los alrededores del cerro Fatal que bautizaron como tortuga gigante del este de Santa Cruz (Chelonoidis donfaustoi).

Esta especie es ligeramente más grande que su vecina C. porteri, los machos alcanzan los 117,5 y las hembras llegan a los 112,8 cm. Comparte con ellas el tipo de hábitat y alimentación pero se distribuye en un área diferente de unos 80 km² sin solaparse, también realiza desplazamientos nómadas en busca de zonas de alimentación propicias.

Se cree que su población original sería de 13.500 ejemplares, en 2018 se censaron 403 tortugas y las últimas estimas son de 550 ejemplares, y lo que es peor, tienen una muy baja variabilidad genética. Han sufrido la misma problemática que sus vecinas próximas, en la actualidad le perjudican las ratas y las hormigas de fuego (Solenopsis geminata) que diezman a los neonatos. Para mejorar su situación desde 2018, entre los meses de julio y diciembre se protegen los nidos de tortugas con malla galvanizada de un metro cuadrado para evitar la predación por parte de cerdos y gatos. 

Nuevos estudios del ADN apuntan que en realidad en Santa Cruz habría tres poblaciones distintas de tortugas gigantes.

 

Tortuga gigante de la Española (Chelonoidis hoodensis)

ISLA ESPAÑOLA

La isla Española tiene una superficie de 60 km² y su altura máxima llega a los 125 m, en ella vive la tortuga gigante de la Española (Chelonoidis hoodensis). Es la especie más pequeña de Galápagos, los machos alcanzan los 85,5 cm y las hembras 76,9 cm. Tiene un caparazón negro con forma de silla de montar con una acentuada hendidura cervical.

Habita el bosque caducifolio, zonas con matorrales y pastizales secos. Se alimenta básicamente del nopal, complementa su dieta con pasto, flores y frutos. Esta especie es muy sensible al exceso de temperatura por lo que a medio día se refugian para descansar a la sombra.

C. hoodensis nunca fue muy abundante, se estima que su población óptima rondaría los 2.400 individuos antes de la llegada de nuestra especie. Con las capturas de tortugas realizadas por piratas, balleneros y marina de guerra se diezmó la población. Su situación se tornó crítica por la presencia de cabras asilvestradas. En 1960 sólo quedaban 14 ejemplares adultos en libertad y estaban tan dispersos que hacía años que no se reproducían.

El personal del parque capturó toda la población que quedaba, eran dos machos y doce hembras que trasladaron al Centro de Cría de Santa Cruz. En 1976 se les sumó Diego, un macho procedente del Zoológico de San Diego y este fue el padre de la mayoría de las primeras crías que prosperaron en las incubadoras. En 1978 se consiguieron eliminar las cabras, desde entonces se han reintroducido 1.900 jóvenes de los que ha sobrevivido la mitad. En 1990 se comprobó la primera puesta de tortugas gigantes de la Española en libertad después de su reintroducción, hoy su población ronda la cifra de 860 ejemplares en libertad. 

En junio de 2020, el Parque Nacional de Galápagos y su socio Galapagos Conservancy, devolvieron a la isla el grupo original de tortugas adultas con las que comenzó el programa de cría en cautividad, dándolo por finalizado al haber conseguido establecer una población viable de 2300 ejemplares. Entre las retornadas estaba incluido Diego.

 

Bibliografía: 

Arteaga A, Bustamante L, Vieira J, Guayasamin JM (Eds) (2020) Reptiles of Ecuador: Life in the middle of the world. Available from: www.reptilesofecuador.com

Reptiles of Ecuador. https://www.reptilesofecuador.com/index.html

Valledor, A. (2018). “Tortugas Terrestres Gigantes. Una revisión histórica, taxonómica, ecológica y de su situación actual”. In Makaronesia. Boletín de la Asociación Amigos del Museo de la Naturelaza y Arqueología. Nº 20. Diciembre 2018. Pp 156-209.

Parque Nacional Galápagos – Parque Nacional Galápagos (galapagos.gob.ec)


Texto y fotos de Rafa Muñoz/Arxiu RMiB. Otros autores especificados en el pie Foto.


El autor con un ejemplar en libertad de C. guntheri en Isla Isabela. Foto de Maika Alquezar


Galápagos, Isabela, edén primigenio. I

Pelícano pardo de Galápagos, Brown Pelican (Pelecanus occidentalis urinator)/Arxiu RMiB


El archipiélago de las Galápagos tiene una superficie emergida de 8.000 km². Está formado por 13 islas mayores de 10 km², 9 islas con una superficie comprendida entre 1 y 10 km² y 107 islotes. Están situadas en el océano Pacífico en la línea del Ecuador, distan 972 km de las costas de Sudamérica.


Colada de lava/Arxiu RMiB

La confluencia de las placas tectónicas de Cocos, Nazca y Pacífica provoca fisuras en la corteza terrestre por la que escapa el magma y esto genera gran actividad volcánica, esas continuas erupciones formaron estas islas. Las primeras en emerger del océano fueron las más orientales: San Cristóbal y Santa Cruz, hoy son las que tienen menos actividad eruptiva. Conforme la fisura se fue desplazando al oeste, siguieron aflorando nuevas islas. Las más recientes son Isabela y Fernandina, por tanto son las que conservan más actividad volcánica. 


Isla Dhapne Menor, Galápagos, Ecuador/Arxiu RMiB

Isabela es la isla más grande con 4.588 km², fue el resultado de la unión de cinco grandes volcanes, su cumbre más alta es el volcán Wolf con 1.707 m. A pesar de su tamaño sólo viven 2.200 habitantes que se concentran en las proximidades de su principal localidad, Puerto Villamil. Está situada en las costas del sur, el resto de la isla es parque nacional con un acceso totalmente restringido.


Vertiente seca, al norte de la isla de Santa Cruz/Arxiu RMiB

Santa Cruz es la segunda isla más grande, cuenta con 985 km² y tiene 15.200 habitantes. Su mayor cumbre es mucho más modesta ya que solo tiene 864 m, su principal población es Puerto Ayora


Isla Santiago/Arxiu RMiB


Las islas Fernandina y Santiago son la tercera y cuarta respectivamente, no están habitadas, por tanto están estrictamente protegidas. Sólo se permite desembarcar y permanecer en la playa de bahía Sullivan en la isla Santiago.

Le sigue en tamaño la isla de San Cristóbal que cuenta con 558 km², es la que está situada más al oeste, por tanto la más cercana al continente. En ella viven 8.400 ciudadanos y su principal localidad es Puerto Baquerizo Moreno que cuenta con aeropuerto. La cima más alta tiene 730 metros. Al ser la isla más antigua y la que menos actividad volcánica mantiene, es la que más ha desgastado la erosión.


Isla Bartolomé/Arxiu RMiB


El resto de islas mayores son Floreana con 173 km² donde solo viven 100 personas. Le siguen, por orden de tamaño: Marchena, Española, Pinta, Baltra, Santa Fe, Pinzón, Genovesa, Rábida, Seymour Norte, Wolf, tortuga, Bartolomé y Darwin, todas ellas están deshabitadas y tienen el acceso totalmente restringido.

El viajero que prepare un viaje a Galápagos se enfrenta a dos tipos de visita. La que ofertan las agencias es un crucero de más o menos lujo que, a partir de una semana de estancia, propone un recorrido por las principales islas, con desembarcos ocasionales para hacer recorridos terrestres o sesiones de buceo. La otra opción consiste en alojarse en las principales localidades y desde allí hacer excursiones terrestres o embarcarse a los principales lugares de buceo para descubrir la vida salvaje. Sin duda recomiendo la segunda opción a los naturalistas que quieran disfrutar de la biodiversidad, además es bastante más económica que ceñirse a un crucero elitista y con tiempos y rutas demasiado organizados. 


Isla San Cristóbal/Arxiu RMiB

Las Galápagos están situadas en la línea del ecuador por lo que no deberían tener grandes diferencias climáticas. La realidad es que hay un marcado cambio estacional que provoca la alternancia de las corrientes oceánicas y los vientos dominantes, sin embargo la temperatura es muy estable todo el año ya que oscila entre los 20 y los 27° C.

La estación cálida va de enero a mayo y está condicionada por la corriente marina cálida de El Niño que entra por el norte. El agua caliente implica que se reducen los nutrientes que arrastra mar por lo que muchas especies se ven obligas a migrar a aguas más frías. En la superficie los vientos dominantes que llegan del sur empujan frentes nubosos que quedan anclados en las cumbres y descargan lluvias, una media de 400 mm/año. Estas precipitaciones riegan principalmente las zonas medias y altas de las islas, su presencia o ausencia condiciona los diferentes tipos vegetación dominante. La humedad activa la vegetación y con ella, la vida terrestre.

Este fenómeno es muy evidente cuando se transita por la carretera que atraviesa la isla de Santa Cruz, que se despliega en sentido norte-sur. Una mirada atenta percibe que la vertiente sur es mucho más húmeda que la norte. Esto implica que los frentes nubosos entran por el sur y se enganchan en la sierra, por lo que descargan la mayor parte de las lluvias en el sur y apenas riegan la vertiente norte. 


Tortuga Verde de Galápagos (Chelonia mydas agassisi)/Arxiu RMiB



La estación fría se extiende la segunda mitad del año, de junio a diciembre. En esta época entran la corriente oceánica de Humboldt por el sur y la de Cromwell que se presenta por el este. Ambas son frías y arrastran nutrientes que favorecen una explosión de vida marina, este fenómeno se conoce como La Niña. En contraposición en tierra firme desaparecen las lluvias, la vegetación se agosta y llega la época de escasez para la flora y fauna terrestre.

Un naturalista que se plantee disfrutar Galápagos debería tener en cuenta que en la estación fría, en el mar el buceo es espectacular y en tierra aumentan las especies migradoras procedentes, tanto del hemisferio norte como del sur. Las aves marinas aprovechan este periodo para reproducirse.

En la estación cálida el baño es más agradable pero la vida marina se reduce, aunque desovan las tortugas marinas. En tierra firme llueve y la vegetación se muestra con toda su plenitud y las especies terrestres realizan su reproducción.

Resumiendo, creo que los periodos de transición entre estaciones, como mayo-junio y diciembre-enero aumentan las posibilidades de disfrutar de su biodiversidad.


Lobo Marino de Galápagos (Zalophus wollebaeki)/Arxiu RMiB


Isla de Baltra, 8 de junio de 2022

Tomamos un vuelo desde Guayaquil hasta el aeropuerto Baltra, es un islote próximo al norte de la isla Santa Cruz, en Galápagos. La primera impresión al llegar es que estás en una zona desértica, la luz solar del medio día es muy intensa. L vegetación es escasa y está agostada, entre los tonos pardos dominantes lo primero que destaca son unos grandes cactus arbóreos.

Camino hacía la terminal medio cegado por la luz, casi tropiezo con una descarada lagartija de lava de Santa Cruz (Microlophus indefatigabilis) que me observa, solo huye cuando cree que la voy a pisar.

Para entrar en Galápagos, aparte de pagar unas tasas que suman 120$, hay un estricto control de equipajes que intenta evitar la entrada de especies invasoras, o la exportación ilegal de cualquier ejemplar de la biodiversidad autóctona. Antes del vuelo hay rellenar un completo informe que incluya además de los datos personales, todos los alojamientos y fechas durante la estancia. En el aeropuerto de origen hay que pasar un control específico de rayos X, después ponen unos precintos a las maletas que sólo retiran cuando se llega al destino. En Baltra en pocos minutos recogemos las maletas pero antes han tenido que soportar el pisoteo de un cansado perro policía que las olfatea con poco interés. Sospecho que solo piensa en la galletita de recompensa. 


Lagartija de lava de Isabela (Microlophus albemarlensis)/Arxiu RMiB

Dentro de la terminal tengo un subidón de endorfinas cuando veo revolotear un grupo de pinzón de Darwin terrestre chico, Small Ground-finch (Geospiza fuliginosa). Los machos son totalmente negros y las hembras visten de pardo adornadas por un pico ligeramente rosado.


Macho de pinzón de Darwin terrestre chico (Geospiza fuliginosa)/Arxiu RMiB

En la puerta exterior del mínimo aeropuerto crecen más cactus y arbustos espinosos, allí descubro un pinzón mucho más grande y rechoncho, es el pinzón de Darwin vegetariano, Vegetarian Finch (Platyspiza crassirostris) que salta entre las ramas. Es inconfundible, su cabeza y pico son de color negro, muy grandes, el resto plumaje es una mezcla gris moteado sobre tonos pardos.


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Un consejo a los viajeros naturalistas, no tengáis prisa en abandonar el aeropuerto, dejar los prismáticos y cámara a mano que aquí se ven con facilidad especies más difíciles de encontrar en el resto del archipiélago.


Piquero patas azules (Sula nebouxii)/Arxiu RMiB

Cogemos un autobús que siguiendo una pista pedregosa nos acerca al embarcadero sur. Hay un pequeño pantalán que se aboca a un estrecho canal que nos separa de la isla de Santa Cruz. Maravillado observo en medio del canal un enorme grupo de piquero patas azules, Blue-footed Boody (Sula nebouxii) que se lanzan en picado al mar, emergen con rapidez, vuelven a levantar el vuelo unos pocos metros y pican otra vez. Sin duda debe haber un buen banco de cardumen en la zona. 


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Rabihorcado magnífico de las Galápagos (Fregata magnificens magnificens)/Arxiu RMiB 


Isla de Santa Cruz, 8 de junio de 2022

Casi sin enterarme desembarcamos en Santa Cruz, aquí centran mi atención los rabihorcados magníficos de las Galápagos, Magnificent Frigatebird (Fregata magnificens magnificens) que planean buscando algún despojo. Posado en una boya descubro un espectacular pelícano pardo de Galápagos, Brown Pelican (Pelecanus occidentalis urinator). Entre los piqueros que pican incansablemente, revolotea un grupo de tiñosa Boba, Brown Noddy (Anous stolidus) en pos de los despojos.


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Tiñosa Boba (Anous stolidus)/Arxiu RMiB

No disponemos de más tiempo y además no conviene perder de vista el equipaje, aunque en estas islas amables dudo que haya ningún tipo de delincuencia. Subimos a un taxi y salimos por una carretera rectilínea que se dirige al sur. La estrecha vía sin arcén corta un espeso bosque seco dominado por cactus opuntias y arbustos espinosos. Al llegar a la cumbre que ronda los 800 metros de altitud la vegetación cambia de súbito. En la vertiente sur crece un espeso bosque húmedo de scalesias que están completamente cubiertas de líquenes filamentosos. Cuando la carretera empieza el descenso el bosque se abre con pastizales y aparecen algunas granjas, hay dehesas verdes salpicadas de árboles de gran porte. Destacan árboles como los guayabillos (Psidium galapageium) y los grandes ejemplares de palo santo (Bursera graveolens).


Iguana marina (Amblyrhynchus cristatus)/Arxiu RMiB

Llegamos a Puerto Ayora a la hora de la comida y nada más acabar nos dirigimos al embarcadero. Empujamos las maletas por las pasarelas intentando no pisar a los lobos marinos de Galápagos (Zalophus wollebaeki), descansan en medio del pantalán, en las escaleras que salen del mar, incluso se acuestan  encima de los bancos. Hay una hembra que está recostada dormitando encima de un banco de madera mientras amamanta a su cachorro crecido, al que abraza con delicadeza. En el suelo, unos metros más adelante hay dos crías pequeñas solas, deben haber nacido hace un par de meses y esperan la llegada de sus madres para abalanzarse sobre sus pezones.

Entre las rocas se solean pequeñas iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) que descansan al lado de unos cangrejos grandes y coloridos, son las zapayas (Grapsus grapsus).


Zapaya (Grapsus grapsus)/Arxiu RMiB


Subimos a una pequeña barca taxi que, a cambio de un dólar, nos acerca a la potente motora que nos ha de llevar a la isla Isabela. En el agua trasparente y poco profunda se distingue una raya látigo diamante, Diamond Stingray (Dasyatis dipterura).

Nos queda una travesía de dos horas y media, en un mar abierto que está picado con olas de entre uno y dos metros. Vamos en una potente motora que no baja de los 25 nudos de velocidad, por lo que salta por encima de las olas más grandes y al caer golpea con violencia su casco contra el mar. El patrón no tiene ningún miramiento con la integridad del casco de fibra, debe cumplir horarios y llegar cuanto antes. Me cuenta un vecino de Isabela que no suelen aguantar más cinco de años. Los empellones más violentos alzan una lluvia de espuma que moja a los que estamos sentados en popa, pero un marinero nos facilita impermeables. Me sorprende que no se maree nadie.


Pardela de Galápagos (Puffinus subalaris)/Arxiu RMiB


A pesar del violento movimiento de la embarcación puedo identificar un enorme albatros de Galápagos, Waved Albatross (Phoebastria irrorata), pardela de Galápagos, Galapagos Sheawater (Puffinus subalaris) y piquero nazca, Nazca Boody (Sula granti).


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Playa Grande, Puerto Villamil/Arxiu RMiB

Puerto Villamil, Isla Isabela, 8 de junio de 2022

Arribamos al pequeño Puerto Villamil a las cuatro de la tarde. En esta localidad viven 2.200 habitantes y en toda la isla no llegan a los tres mil. Desembarcamos y tras pasar el estricto control de los precintos biológicos de las maletas, un taxi nos acerca al sencillo y coqueto hotel Albermarle. Desde su puerta solo hay que cruzar un carril arenoso para llegar a la espectacular Playa Grande. Enseguida se pone el sol llenando de un rojo anaranjado el infinito océano Pacífico. Ha sido una jornada intensa y hay que reponer fuerzas para poder madrugar al día siguiente, pero todavía hay luz para un paseo productivo por la playa.


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Gaviotas de lava (Leucophaeus fuliginosus)/Arxiu RMiB


Puerto Villamil, Isla Isabela, 9 de junio de 2022

Al amanecer recorro Playa Grande, siguiendo 3 km dirección oeste hasta la playita, lo que me permite descubrir muchas aves marinas y limícolas. A destacar las oscuras y elegantes gaviotas de Lava, Grey Gull (Leucophaeus fuliginosus) o las miméticas garcillas de lava, Lava Heron (Butorides sundevalli) que también son negras para camuflarse y poder pescar entre los bajíos de negra lava.




Lo que más me impresionante es observar cómo se asocian para pescar los pelícanos pardos de Galápagos, los piqueros de patas azules y los lobos marinos de Galápagos y alrededor se concentran las tiñosas bobas para recoger los restos del festín.

 

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Macho de pinzón de Darwin de cactus (Geospiza scandens)/Arxiu RMiB


Después del desayuno en compañía de mis amigos y un guía visitamos la Poza las Salinas donde añadimos más especies de aves acuáticas y varios ejemplares de pinzón de Darwin de cactus, Common Cactus-finch (Geospiza scandens). El guía se sorprendió cuando encontramos un macho con una espina en el pico, algo que solo hace el pinzón carpintero.


Juvenil de cigüeñuela cuellinegra (Himantopus mexicanus)/Arxiu RMiB


Caminando sobre pasarelas de madera que salvan las pequeñas lagunas rodeadas de manglares, observamos flamenco de Galápagos, American Flamingo (Phoenicopterus ruber), gallineta americana del Pacífico, Common Gallinule (Gallinula galeata cachinnans) y cigüeñuela cuellinegra, Black-necked Stilt (Himantopus mexicanus).


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Cópula de tortuga gigante de sierra Negra (Chelonoidis guntheri) en cautividad/Arxiu RMiB


No tardamos en llegar al Centro de Crianza Tortugas Gigantes Arnaldo Tupiza Chamaidan. Allí reproducen en cautividad tortugas gigantes de sierra Negra (Chelonoidis guntheri) y de cerro Azul (Chelonoidis vicina) en 2021 consiguieron la eclosión de 280 crías, ambas especies son autóctonas de Isabela.

Seguimos al guía hasta el sendero del Muro de las Lágrimas, serpentea entre mangles rojos (Rhizofora mangle) y negros (Avicennia germinans) que rodean unas pequeñas lagunas salobres. En las zonas alejadas de los esteros crece una peculiar selva formada por cactus arbóreos, son las tunas (Opuntia galapageia), además hay arrayancillos (Maytenus octogona) y manzanillos (Hippomane mancinella). 


Pinzón de Darwin terrestre grande (Geospiza magnirostris)/Arxiu RMiB


Entre sus ramas seguimos sumando aves como el pinzón de Darwin terrestre grande, Large Ground-finch (Geospiza magnirostris) o el sinsonte de Galápagos, Galapagos Mockingbird (Mimus parvulus).


Tortuga Gigante de sierra Negra (Chelonoidis guntheri)/Arxiu RMiB

Completamos el paseo encontrando una tortuga Gigante de Cerro Azul (Chelonoidis vicinia) que se acababa de dar un refrescante baño de barro. En los puntos en los que el sendero se acerca a la costa rocosa descansan ajenos a nuestra proximidad piqueros de patas azules, lobos marinos e iguanas marinas ¡En Galápagos los animales no tienen miedo del hombre!

 

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Pingüinos de Galápagos (Spheniscus mendiculus)Arxiu RMiB

Por la tarde nos embarcamos para ir al islote de Tintoreras y su laberíntico arrecife que protegen a puerto Villamil del mar abierto. Además del omnipresente piquero de patas azules, descubrimos los primeros pingüinos de Galápagos, Galapagos Penguin (Spheniscus mendiculus). Acaban de llegar con la entrada de las corrientes frías, pronto empezarán la temporada de cría. 


Paiño de Elliot (Oceanites gracilis)Arxiu RMiB

En la bahía mariposean y caminan sobre el agua dos paiño de Elliot, Elliot's Strom-Petrel (Oceanites gracilis) mientras en el cielo patrulla un grupo de rabihorcado magnífico, no necesitan mover sus alas aerodinámicas para desplazarse, la brisa las impulsa. 


Garza azulada (Ardea herodias)Arxiu RMiB

Desembarcamos para recorrer un sendero en el islote mayor de Tintoreras, aparte de lobos marinos destaca la presencia de ejemplares de lagartija de Lava de Isabela (Microlophus albemarlensis), una preciosa garceta grande, Great Egret (Ardea alba) y una garza azulada, Great Blue Heron (Ardea herodias).


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Tintoreras de arrecife de punta blanca (Triaenodon obesus)Arxiu RMiB

Acabado el paseo nos ponemos el fino neopreno de verano, gafas, tubo y aletas para hacer una sesión de buceo en uno de los corredores de mar que cortan en dos las negras rocas de lava. Estos largos y estrechos callejones no tienen más de un metro y medio de profundidad por menos de dos de ancho. Allí descansan agrupados una veintena larga de tintoreras de arrecife de punta blanca (Triaenodon obesus). Estos son unos pequeños tiburones de arrecife que no pasan de los 1,6 metros de longitud, destaca su rechoncha cabeza y la punta blanca de su aleta dorsal. De día descansan en lugares resguardados y por eso se concentran en estos pasadizos. Lo sorprendente es que dos lobos marinos jóvenes juguetean con ellos, nadan con rapidez a su alrededor, los rozan sin más explicación que querer molestarlos. Los escualos los ignoran estoicos, además han de soportar los alucinados buceadores que pasamos por encima de ellos, tan cerca que casi podríamos tocarlos. 


Pez globo espinoso (Diodon holocanthus)Arxiu RMiB

En el regreso hasta la embarcación encuentro en el fondo arenoso una raya águila manchada (Aetobatus narinari), una estrella de Mar Chocolate (Nidorellia armata), varios pez globo espinoso (Diodon holocanthus), todo mientras dos tortugas verdes de Galápagos (Chelonia mydas agassisi) se alimentan dentro de la bahía.


Estrella de Mar Chocolate (Nidorellia armata)Arxiu RMiB 


Puerto Villamil, Isla Isabela, 10 de junio de 2022            

Por la mañana vuelvo a pajarear en Playa Grande. Añado un sinsonte de Galápagos, Galapagos Mockingbird (Mimus parvulus) que se deja ver en lo alto de una rama. Sin duda este lugar es un punto caliente de biodiversidad.  


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Piqueros Nazca (Sula granti)Arxiu RMiB

Después del desayuno nos embarcamos para ir los Túneles de Cabo Rosa, en la costa sur al oeste de Puerto Villamil. Tras una hora de navegación tranquila llegamos a Roca Unión, es un pequeño farallón que emerge aislado en medio del mar, en lo alto descansa un grupo de piquero nazca y en las proximidades descubro un rabijunco etéreo, Red-billed Tropicbird (Phaethon aethereus).


Paiño de Galápagos (Hydrobates tethys tethys)Arxiu RMiB


En el mar revolotean varios ejemplares de paiño de Galápagos, Wedge-rumped Strom-petrel (Hydrobates tethys tethys) y paiño de Madeira, Band-rumped Strom-petrel (Oceanodroma castro).


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Lobos peleteros de Galápagos (Arctocephalus galapogoensis)Arxiu RMiB

Después de darle una vuelta nos dirigimos a la costa, al manglar del Finado. En los primeros escollos descansan algunos pingüinos y dos lobos peleteros de Galápagos, Galápagos fur seal (Arctocephalus galapogoensis).


Vídeo de Gerardo Aísa en el manglar del Finado


Desembarcamos para recorrer un pequeño sendero por el islote que serpentea entre nidos de piquero de patas azules que nos ignoran mientras realizan sus bailes rituales, otros dormitan recostados sobre sus puestas junto a las opuntias.


Manglar del Finado y opuntia arbórea monumentalArxiu RMiB


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Tiburón de punta negra (Carcharhinus limbatus)Arxiu RMiB

Nos volvemos a embarcar para dirigirnos a una laguna resguardada en el interior del arrecife, allí buceamos en el manglar. Puedo identificar sargos como Archosargus pourtalesii, tres perciformes como  Stegastes arcifrons, Abudefduf troschelii y Holacanthus passer. Lo más espectacular es encontrar varios juveniles y un enorme adulto de tiburón de punta negra (Carcharhinus limbatus).


Mantarraya gigante (Mobula birostris)Arxiu RMiB 

De regreso a puerto sorprendemos una mantarraya gigante, Giant oceanic Manta Ray (Mobula birostris), solo saca del agua de sus aletas. En pocas horas abandonaremos Isabela y fantaseo pensando que se está despidiendo de nosotros, ruego que se deje ver mejor pero no tenemos más contactos con esta especie. 


Sinsonte de Galápagos (Mimus parvulus)Arxiu RMiB

Después de comer nos espera la larga travesía de retorno a Santa Cruz. Por suerte hoy el mar está muy tranquilo, paradójicamente apenas encontramos aves en el trayecto.


Manglar del FinadoArxiu RMiB

Texto y fotos de Rafa Muñoz/Arxiu RMiB. Otros autores especificados en el pie Foto.