No queda más remedio, bajo al cónclave del zaguán y encuentro de las 25 puertas, además del hábil Administrador, a una mínima comisión de la finca que siempre está representada por los mismos a excepción de alguna baja: el calzonazos, el silencioso, el ofuscado, los yernos de dos señoras mayores, el hijo de otra, el rezagado, un matrimonio que no sé de dónde ha salido, el vecino y amigo mariquita, el obsoleto, los miembros de la conspiración, aquí el menda y dejo por último, aunque él quisiera ser el primero, al antiguo Presidente de la finca durante años y que delegan su voto las abuelas atemorizadas, alguien al que se debe rendir pleitesía por su dedicación durante años, compromiso, buen hacer y su propia valoración haciéndose creer más listo que un conejo. El perfil de llamémosle “i”, es el de un prejubilado a una edad saludable de una compañía de telefonía nacional, sin (aparentes) problemas de ninguna naturaleza a excepción de los que el mismo se busca y provoca a los demás.
La junta se desarrolla con normalidad y con un orden del día típico: gastos de la comunidad, vencimiento de recibos y propuesta de renovación -en los que se advierten ciertos intereses del Administrador-, aclaración sobre los riesgos incluidos en el seguro, últimas reparaciones, previsiones, alguna reforma que nunca llega a aclararse, todos ellos datos apostillados con las precisas intervenciones de “i” que aporta la clarividencia necesaria...¡Qué haríamos sin “i”!.
La reunión progresa dentro de lo normal, todo hay que decir que se trata de una comunidad en la que no existen problemas de convivencia, ni vecinos conflictivos, salvo detalles ínfimos o las eternas pegas que Don Perfecto (“i”) se empeña en sacar a diestro y siniestro, generalmente sin razón, y en particular con toda su arrogancia. Momentos tensos, algunos patéticos, alguna idea brillante que ni Jaimito y momentos graciosos como la renovación del cargo de Presi y acólito, con escaqueo generalizado de los presentes (excepto de “i”, que le gusta) además de ir saltando de puerta en puerta al nombrar a los aspirantes y quedar desierto el nombramiento por fallecimiento de varios vecinos, a lo que propuse para la próxima Junta hacer una sesión-invocación de espiritismo en lugar de una reunión. Lo dicho, lo normal, sumisión del calzonazos, el sigilo de silencioso, las quejas de los yernos, debates más o menos razonables y las siempre precisas e imprescindibles intervenciones de “i”, corrigiendo y apuntando la información al Administrador o cualquier otro que abriera la boca.
¡Bien!, a casa, fin de la reunión, con un pie dispuesto a subir la escalera camino del ascensor interviene “i” abriendo el apartado de ruegos y preguntas. “Quiero que conste en acta una queja...tal y tal”; el planteamiento es lo de menos y quizá, hasta rebuscando mucho, pueda tener una mínima parte de razón, pero ciertamente "i" sólo tiene un objetivo: crispar al personal con su denuncia, con el tono y las formas, y dar por culo a cuantos más mejor, cosa que no le hizo gracia ni al vecino mariquita.
Las reacciones no se hacen esperar. Ofuscado es el primero que se siente aludido y el primero que interviene, en principio alegando sorpresa, luego vienen las réplicas, argumentaciones sin sentido, contraargumentos, tira y afloja, tensión, educadas subidas de tono, alusiones personales, instigación del conspirado que de forma cobarde va caldeando el ambiente, hasta que al final intervine, pues menda no se pudo callar, y conseguí resolver la hostilidad añadiendo que ya se había manifestado la postura y visto el calado de cada uno y no íbamos a llegar a ninguna solución, comentario que a “i” no le pasó desapercibido, perspicaz que es él.
La junta acaba por fin, disgregación de la vecindad, a lo que “i” viene de nuevo a la carga esta vez frontalmente a por mí, acusándome en nombre de otro vecino (del clan de la conspiración), de un delito que me hace el peor de los vecinos, un grave problema de convivencia, un enemigo público, la peste, la peor calaña, inmoral, una lacra, malo entre los malos, sin bien tengo que reconocerlo: "a veces sacudes el mantel por la ventana".
Cuando pude pestañear obviamente le contesté a “i” lo que entendí que debía contestarle, "charla" que daría para otra entrada; entiendo que no quedará ahí y traerá no sé qué extraña secuela, pues “i” jamás descansa, es más, tiene mucho tiempo para ello. Ya veremos.
Si algo permite este espacio virtual es la posibilidad de combinar realidad y ficción, de tener tu propia visión y recrear lo ocurrido, y aprovechándo tal ventaja me permitiré lo que el sentido común, no el corazón, me impidió ejecutar. Sea ahora:
Piernas paralelas, rodillas ligeramente semiflexionadas, brazo derecho extendido, palma de la mano bien extendida, giro de cintura de 180º al tiempo con ambos brazos acompañados y la mano izquierda descansando a la altura de las costillas, una vez en posición breve pausa para inhalar aire, pecho hinchado, pequeña genuflexión y en la exhalación un giro rápido y brusco como un látigo, y al tiempo del resoplo con toda la palma de la mano...
¡Buuum!, hostión en plena cara con una estrepitosa bofetada que sería la envidia de Bud Spencer. Luego suspiro y recuperación del ritmo de respiración habitual. Y ahora sí, como siempre dedicar una canción, que aunque se me ocurren muchas prefiero que el mensaje no pierda rigor con traducciones o subtítulos, mejor cantarla en un preciso castellano...
alto y claro.
Ronaldos. Tema/álbum: "Idiota" (1994)
(...)
¡Idiota!
Y que mama no te quiere, y que papa no te quiere
y que nadie, nadie te quiere, ¡ya , ya , ya!
Y que nadie te hace caso, y que todos te regañan
y que siempre triste y solo, ¡ya , ya , ya!
¡No será que eres un poco idiota!
Yo juraría que si
¡No será que eres un cabezota!
con una mano delante y otra mano detrás
(x 4)
¡Idiota!
Te lo digo a la cara, Te lo digo a la cara Te lo digo a la cara ...
Y que nadie te acaricia, y que nadie te da un beso
y que nadie te la toca, ¡ya , ya , ya!
Y que nadie te comprende, y que todo es aburrido
y que todo es deprimente, ¡ya , ya , ya!
¡No será que eres un poco idiota!
Yo juraría que si
¡No será que eres un cabezota!
con una mano delante y otra mano detrás
(x 4)
¡Idiota!
Te lo digo a la cara, Te lo digo a la cara, Te lo digo a la cara ...
Te lo digo a la cara y no me mires así
eres un idiota, cabezota y estoy hasta la cocorota de ti,
de tus amigos, de tu papa, de tu mama,
de tu abuelo, de tu abuela, y de tu gente
Y que nadie te hace caso, y que nadie te comprende
Y que mama no te quiere, y que papa no te quiere
Y que nadie te da un beso, y que nadie te acaricia
Eres un idiota porque nadie te la toca
¡No será que eres un cabezota!
Yo juraría que si
¡No será que eres un poco idiota!
con una mano delante y otra mano detrás
(x 8)
¡Idiota!
Te lo digo a la cara, Te lo digo a la cara Te lo digo a la cara
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"La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás."
Voltaire, pseudónimo de François Marie Arouet (1694-1778). Filósofo y escritor francés.