Hace más de 20 años que un atractivo mulato neoyorquino irrumpía con fuerza en el panorama musical debutando con un lema que desde entonces porta por bandera: “
Let Love Rule” (Deja al amor que gobierne), como una amalgama de rock, Rhytm & Blues, arrojo, sensualidad y un aire vintage que convertía la fórmula en un conjunto casi irresistible.
Ayer noche
Lenny Kravitz abrió el frasco de las esencias en un concierto en
Valencia en el que pudo y supo demostrar que el Rock ´n Roll no sólo no ha muerto como en otra época cantó, sino que vibran decibelios por todos los poros de su blanca y negra piel. El aforo no estaba completo, quizá por la crisis, tal vez por ser un día entre semana o una promoción torpe, pero los que pudimos asistir estábamos dispuestos a deleitarnos con un espectáculo que no decepcionó pese a los accidentes y el retraso de 20 minutos que las grandes estrellas parece que se pueden permitir.
Ahí salió un
Lenny más guapo, más musculado y tatuado, más provocador, más negro, más espiritual, un
Lenny más
Hendrix y más cercano que supo lucir gafas de sol, músculo físico y escénico, dibujos en su piel, sexy, vaqueros y una amplia gama de guitarras, que demostró sin discusión posible ser un músico de raza. El concierto había empezado con potencia y en el tiempo del tercer tema desde que retiraron los bastidores, en los primeros minutos de “
American Woman” el escenario quedó completamente a oscuras incluida la pantalla gigante trasera, aunque su música seguía sonando. Lo que en principio podía aparentar ser una cabriola escénica y parte del show se prolongó hasta intuir que era un serio problema técnico, sin embargo
Lenny siguió con su espectáculo reclamando la luz en la brevísima pausa que hizo entre canciones exclamando un ”
Where is the Light? Turn on the motherfucker lights!”, para seguir con un clásico que hizo iluminar las caras de todos los presentes, "
It Ain't Over 'Til it's Over". No hizo falta nada más que su música, la iluminación parcial del pabellón permitía ver a los músicos como si fuese la función en el gimnasio de un colergio, los estribillos eran coreados con devoción, y los técnicos seguían trabajando en la resolución del problema. Alentó al público invitándonos a disfrutar de una fiesta íntima -“
This is a house party”, dijo- no sin antes preguntar si estábamos bien antes de arrancar "
Mr. Cab driver". En la pausa siguiente, más preocupado por sus fieles seguidores que por sí mismo, sin incomodarse por las circunstancias y entregado al espectáculo declaró no necesitar luces sino a su público –Valencia, we don´t need lights, all I need is you!, iniciando con furia su reciente "
Black and white America" y transcurrido apenas un minuto empezaba a iluminarse la pantalla de fondo con una imagen con niebla que las cámaras captaban del grupo, para poco después restaurarse la normalidad al completo. Recuperadas luces y efectos, música, acción y delirio hasta el final.
La crónica de su total rendición a la música y a los fans quedaría en una anécdota salvo un hecho que no llego a distinguir si le hace más cercano y humano, o lo diviniza todavía más, un gesto que hasta la fecha nunca he visto en una actuación: En el bis y al final del concierto, una vez presentada su virtuosa banda, se sentó en el escenario con los pies colgando, cantando el estribillo e invitándonos a seguirlo, alargó las manos agradecido tocando a las primeras filas y para la sorpresa de todos saltó entre el público con el que seguía coreando su himno de paz y amor, cogió una niña entre los brazos, la besó, uso el teléfono móvil de sus fans para fotografiarse junto a ellos y abanderó su lema con la misma intensidad con la que debutó hace 20 años cantándolo con y entre el público, tocándolo, saludándolo, dejándose saludar, subido a hombros, mientras un grupo de guardaespaldas contenía la ola que se abalanzaba a su encuentro y con el que
Lenny no dudaba en entablar relación. Se paseó por todos los rincones del recinto, se adentró entre la gente, se dirigió a una grada, a la opuesta, palmeaba las manos que se encontraba mientras su banda seguía con el estribillo, ofrecía el micrófono para que cantaran el estribillo, una generosidad ofrecida durante largos minutos fundido literalmente con todos, y tras regresar al escenario concluyó su “
Let love rule” en un apoteósico final y una merecida ovación. “
Lenny is god!” nos gritó pletórico un holandés que estaba junto a nosotros en absoluta comunión con lo que acababa de presenciar.
Consiguió lo que se propuso, salimos extasiados y con una agradable sensación de
paz.
¡Love!
Lenny Kravitz. Álbum/ tema: "
Let loves rule" (
1989)
(...)
El amor es tierno como una rosa
y el amor puede vencer cualquier guerra
Es hora de adoptar una postura,
Hermanos y hermanas, unir las manos
Tenemos que dejar que el amor dirija
Deja que el amor gobierne.
El amor trasciende cualquier espacio y tiempo
y el amor puede hacer que un niño pequeño sonria
Oh, no puedes ver
Esto no saldrá mal
pero debemos ser fuertes
no podemos hacerlo solos.
Tenemos que dejar que el amor dirija
Deja que el amor gobierne.
............
"El amor conquista todas las cosas; démosle paso al amor."
Publio Virgilio Marón (70 a.C.–19 a.C.), poeta de la antigua Roma.