| Drácula (1958) |
La hora de ir a dormir resultaba un suplicio, no por la oscuridad que no me inquietaba tanto o nada, sino por el momento en el que me ponía el pijama. Momento pijama, ¡qué momento!... el gran problema no era dejar descubierto el cuello, sino perder la visión mientras me cambiaba, como si con el pijama puesto o la prenda que anteriormente llevara no pasara nada. Ese instante en el que se deslizaba la prenda por mi cabeza para salir o entrar era toda una aventura y una desventura, no veía y todo era un misterio, la gran hazaña, ahí mi imaginación volaba sin tregua fantaseando con monstruos que se abalanzaban despiadados a devorarme, y deque el pijama -mágico debía crer que era- ya había logrado pasar desde mi cabeza al cuello y volvía a poder ver, el peligro terminaba hasta el día siguiente.
El ritual diario era mecánico: de pie junto a la cama o de rodillas en ella, pijama muy cerca, tocándolo, casi siempre eran de tipo suéter nunca abotonados lo que hacía la tarea más compleja, la abertura ahuecada para poder lanzarme dentro de él; me quitaba una manga, luego la otra y lo dejaba colgando para sacarlo rápidamente en una única y rápida maniobra y en seguida ponerme la otra prenda. Si llevaba suéter y camiseta todo iba a la vez, evitaba pasar el trance las menos veces posibles y la cosa se complicaba pues podía sobrevenir el atasco, de ahí quedarme sin poder ver nada, el ataque súbito y la muerte segura. Pues bien, sigo, la prenda o prendas sujetas en el cuello, de reojo sin perder de vista el pijama, una mirada rápida a la puerta y el armario no fuera a salir en ese momento el monstruo, contaba mentalmente... uno,... dos, ...y ...a la de tres me movía con agilidad, suéter fuera, camiseta fuera, prendas por el aire, pijama en ristre, escurriéndome como una anguila hasta el cuello y una vez quedaba colocado respiraba tranquilo, ya podía poner pacientemente las mangas que ya no pasaba nada. Si había atasco en las orejas o en la barbilla el instante era de pánico, segundos eternos, estaba perdido, y desbocaba el cuello hasta poder ver y otear el panorama, si me adelantaba y veía al monstruo todo estaba controlado.
Así de valiente soy yo, pasaba más miedo que Justin Bieber en una biblioteca y en algunos aspectos no he evolucionado mucho, aunque sí disfruto perdiéndome en tiendas de discos recónditas y polvorientas, de hecho acaba de salir de la tienda de los horrores un álbum que provocará cualquier cosa menos sustos, elige monstruo al gusto... ¿está el tuyo?.
Dry The River. "The Chambers & The Valves" (Shallow Bed, 2012)
(...)
Dos jóvenes corazones se encontrarán en el centro,
y una luz parpadeará donde una vez no hubo nada.
¿De dónde viene el amor?
Cuerpos celestes en el firmamento
dan vueltas como un plato.
Estaba perdido en la fisión antes de venir.
Podría escribirlo.
Podría dar vueltas alrededor de este coche.
En la tierra de los errores debiera establecer mis cruces.
Rezo por tu salud
y me digo: "Son las cámaras y las válvulas que inflan el sentimiento"
Sin embargo, me trago las palabras y cierro la boca.
Si cada constelación por encima nuestro
tiene un homólogo abajo, ¿cómo lo vamos a saber, querido?
¿Cómo lo vamos a saber?
La suerte se descuelga a nuestro alrededor
como una corona de flores (de funeral).
Yo estaba abajo en el corazón del subsuelo.
Letra original ---> Aquí
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"¡Bienvenido a mi casa!. Venga libremente, váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo."
Fragmento de Drácula (Bram Stoker)