En el año
1979 Pink Floyd publicó un disco mítico que representa una alegoría de la vida en formato doble:
The Wall.
Profundizar en el significado y metáfora narrativa de la vida de “
Pink” como hilo conductor y la sociedad de este álbum conceptual no es mi idea, sin embargo sí el impacto que tal célebre obra maestra ha tenido en mi vida hasta el día de hoy.
12 tiernos años tenía cuando me quedé petrificado frente a una emisión en blanco y negro de la primera de las dos cadenas que emitía la televisión, observando absorto el ballet surrealista de
Giorgio Aresu dentro de la programación juvenil
Aplauso que hacía las delicias de los sábados tarde. El ballet interpretaba el tema más digerible del disco: "
Another Brick in the Wall". Una danza surrealista de bailarines con máscaras que se retorcían al ritmo del estribillo pegadizo y un verso fácil de reconocer, provocador, insistente hasta desencadenar en un sólo de guitarra capaz de magnetizar a cualquier amante de las cuerdas distorsionadas. Me quedé delante de la televisión ante esos sonidos que me resultaron tan hipnóticos que me sedujeron sin tregua, era otro álbum de
Pink Floyd que parecía distinto a los tres trabajos anteriores que ya conocía.
Al tiempo me hice con el doble vinilo y los pasé a cinta, así podía escucharlo en el radiocasete de la habitación, un ritual que repetí todas las noches durante mucho tiempo, y que sólo fallaba en muy contadas ocasiones para dar hueco a otro grupo, lo que era todo un privilegio para él. Noche tras noche, conforme pasaban los días, volvía a poner la cinta, mis auriculares y diseccionaba cada nota, cada sonido, cada efecto, hasta que conciliaba el sueño o sentía que los párpados caían, instante en el que pulsaba a tientas el botón de stop hasta el día siguiente, y así logré ser capaz de reconocer cada fragmento del disco, todos y cada uno de sus matices... hasta que llegó la obra maestra hecha película, la música materializada en imagen con nuevos sonidos que descubrir.
¡Eh!, era por entonces estas mismas fechas, hace exactamente
30 años. La película de
Alan Parker fue la excusa para citarme con el grupo de casi quinceañeros en los que resplandecía sin ser consciente de ello la menor del grupo,
Carmen, una preciosa joven que lograría encandilarme para siempre y aunque a veces jugó a ser cercana u otras esquiva, acabó siendo tal y como
Radio Futura cantaba los versos de
Poe: mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.
Y seguí desgranando el disco por las noches, que escuchaba en formato CD ya a caballo de la nueva era, desmenuzando las letras, su estructura, sus pausas, el desarrollo de la trama de la historia, con la memoria de la película que lo hacía más clarividente, reflexionando en su significado, atinando en su lectura, así viéndola de nuevo hasta llegar a
11 veces a conciencia a lo largo de mi vida, y algún otro visionado parcial si la pillaba accidentalmente en televisión. Pura esquizofrenia.
Los años pasan. El
21 de julio de 1990 se celebró con un macro concierto un hecho histórico, la caída del muro de Berlín, y cómo no lo vimos en directo dando saltos en el sofá emocionados por la relevancia de una nueva era y la magnificencia de un concierto épico:
The Wall Live in Berlín. Claro está conforme fue publicado compré el disco, en este caso el vinilo pues el precio del CD resultaba para mi bolsillo desmesurado, y en cuando pude, el doble compacto.
Algunos años más tarde,
27 de Julio de 1994,
Pink Floyd en plena gira de "
The Division Bell Tour". En esas fechas trabajaba en una Ingeniería y había jornada intensiva, lo que favorecía salir antes.
16 horas la hora de partida y calor, mucho calor; itinerario de recogida del personal, repostaje -gasolina y víveres-, autopistas y destino
Barcelona... paradas técnicas y entrada puntual al Estadio Olímpico.
¡El concierto absolutamente
ES-PEC-TA-CU-LAR!, y en concreto este tema, como no "
Confortably Numb" de
The Wall, que me llevó propulsado a un plano cósmico superior, a una esfera pocas veces alcanzable; una actuación que me mantuvo literalmente extasiado. Iniciado el solo de guitarra de
Mr. David Gilmour, uno de los mejores
solos de guitarra de toda la historia sin ningún género de dudas, que logró elevarme a varios palmos del suelo hasta que las luces del escenario fundieron en negro...
A partir de esa breve pausa, solo eclipsada por furiosos aplausos, empecé a descender levemente y empecé a abrir los ojos.
Creí escucharla y "verla" con los ojos cerrados, o quizá fue el vínculo con mi alma ahí "arriba" quien lo hiciera, pues no recuerdo tocar el suelo, y se puede, doy fe, dato que habría podido confirmar también mi novia, mi querida hermosa, mi vida, mi aún no todavía esposa, que me bajó desde la nube lentamente de la mano para volver a tierra firme.
Concluido el concierto y tras una sufrida salida del estadio, bebida desesperada para rehidratarse -creo que la primera botella de agua de 1,5 l. duró unos 15 segundos-, y camino de vuelta a
Valencia (autopistas, lucha contra el sueño y de nuevo las correspondientes paradas técnicas), ducha reparadora, un par de horas tirado en la cama rememorando (levitaba, bajaba, ...volvía a elevarme como un globo que pasea un niño), despertador (no hizo falta), y a las
8:30 a.m. puntual en la Ingeniería.
Conforme entré le dije al Gerente: "
¿Sabes de dónde vengo?". "
¿De dónde?". "
De ver a Pink Floyd en Barcelona"...pausa. Respuesta firme: "
¡Cabronazo!".
Hace tan sólo
unos días mis hijos me regalaban la edición especial de
The Wall (2011) con la excusa del
día del padre, un triple CD que además de la edición remasterizada del original incluye grabaciones alternativas y maquetas previas a los cortes finales que me han hecho descubrir nuevas letras, otros sonidos y sorpresas que lo convierten en absoluta delicia dada mi particular devoción por este álbum que no puede ser fruto de la casualidad.
Mientras leía los créditos del dorso emocionado empecé a contar a mis hijos anécdotas y la síntesis global de toda la historia: “
en cierto modo vosotros estáis aquí por este disco”, y al tiempo que relataba parte de mi encuentro con su madre me respondía
Alvaro entre sonrisas y bromas... "
bla, bla, bla -repitiendo algunas de mis palabras-,
me has contado vuestra historia mil veces", instante en el que caí que mis memorias y yo estábamos siendo un ladrillo.
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| 26 de Marzo de 2011 |
Hasta
hoy, justo hace un año de un concierto mítico, legendario, de un intenso y sabroso fin de semana que merece rememorar tal y como fue, y en el que el reencuentro con
Mr. Waters y la magia del momento nos encumbró de nuevo a los altares del cielo.
Las vidas se edifican pieza a pieza, bloque a bloque, ladrillo tras ladrillo, y la solidez de la construcción lo garantiza la calidad de la hilada anterior, lo regia y recia que ésta sea, lo cuidado del desnivel, fila a fila dando planeidad al conjunto, su correcto trabado hasta consolidar un todo lo suficientemente homogéneo y sólido como para perpetuarse en el tiempo y resistirlo.
Así es y así será, hasta el día que ya no quepa un ladrillo más y derriben mi personal muro. Ese día, el día de mi funeral, es obvio qué deberá sonar... ¿no?
(...)
¿Hola?
¿Hay alguien ahí?
asiente si puedes oírme.
¿Hay alguien en casa?
Vamos, ...ahora.
He oido que estás de bajón
Vamos, puedo aliviar tu dolor,
ponerte en pie de nuevo.
Relájate...
Necesito algunos datos, primero.
sólo hechos básicos,
¿Puedes enseñarme dónde te duele?
No hay dolor, te estás alejando.
humo de un barco distante en el horizonte
vuelves entre las olas,
tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que dices.
Cuando era un niño tuve unas fiebres
notaba mis manos como dos globos.
Ahora vuelvo a tener esa sensación.
No lo puedo explicar, no lo entenderías.
Así no es cómo soy.
...me he quedado cómodamente dormido.
O.K...
Apenas es un pinchacito.
Ya no habrá más... ¡Aaaaaaaahhh!
Pero puedes quedarte un poco mareado.
¿Puedes ponerte en pié?
Creo que está funcionando. Bien.
Eso te mantendrá durante todo el espectáculo.
Vamos, es hora de irse.
Ningún dolor, te estás alejando.
humo de un barco distante en el horizonte
vuelves entre las olas.
tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que dices.
Cuando era un niño tuve una visión pasajera,
la vi por el rabillo del ojo.
Me volví a mirar, pero se había ido.
Ahora no puedo poner el dedo sobre él.
El niño ha crecido, el sueño se ha ido.
y me he quedado confortablemente entumecido...
................
“Las barreras mentales por lo general perviven por más tiempo que las de hormigón”.
Herbert Karl Frahm (Willy Brandt), 1913-1992. Político socialdemócrata alemán.
Canciller de la Alemania Occidental, entre 1969 y 1974.