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viernes, 29 de diciembre de 2017

Lo mejor de 2017 (II)


Vivimos tiempos en los que, grabar un nuevo disco, ha pasado a ser, para muchas grandes bandas, un incordio, cuando no una mera excusa para poder salir a la carretera. Sobra decir que, la música enlatada, ya no da dinero como antes. Ahora, las habichuelas de verdad, se reparten en los mega festivales, las exclusividades, las cada vez más inflacionarias giras y los shows de estadio.

Hasta hace no mucho, que uno de los grandes viniera a tu país, era todo un acontecimiento. Ahora, no hay verano en que, para suerte de quienes amamos la música en vivo, al menos media docena de ellos, anden a la vez y casi en las mismas fechas compitiendo por ver quién la tiene más larga.

The Rolling Stones. Ese era el nombre sobre el que, a priori, iba a pivotar mi ruta conciertística en este 2017. Pero, por el camino, y gracias a lo arriba comentado, una serie de escuderos de lujo se fueron uniendo, hasta conformar un año inolvidable. Así que, como dijo "Jack the Rippper", vayamos por partes.


Después de un mes de enero tranquilo, Rival Sons, una banda que hasta entonces se me había mostrado esquiva, rompieron de forma inmejorable el hielo de la temporada, cumpliendo de sobra con las expectativas creadas. Tras ellos, y antes de que acabase febrero, pude también ver (y estrechar la mano) a toda una leyenda llamada John Mayall.

En marzo, enganché de nuevo a Blackberry Smoke, después de que su actuación del Azkena 2016 nos supiese a “coitus interruptus”. Queda claro ya que estos tipos son una apuesta segura. Y, ¡por cierto! ¡Ojito a los teloneros que llevaron ese día! Se hacen llamar Biters y representan uno de los descubrimientos más agradables del año para quien esto suscribe.


Pero, si hubo una noche para el recuerdo en este primer trimestre, fue la que Susan, Derek y su Tedeschi Trucks Band nos ofrecieron en Zurich a finales de marzo. Era nuestra segunda vez con ellos (tras la de Londres en 2015) y volvieron a maravillarnos casi tanto como la anterior. Tuvimos, además, la ocasión de saludarles al final del show y no dejamos pasar la oportunidad de hacerles una petición: “¡Susan, por favor! ¡Tenéis que ir a tocar a España!”

Abril y mayo fueron meses de transición. Pero, aun así, pude ver de nuevo, en ellos, a los ingleses The Brew (pura energía sobre el escenario), a los “gothic rockers” The 69 Eyes y a mis queridos Deltonos, éstos además por duplicado (Madrid y Valladolid).



Aunque hubo un tiempo en que creímos que no sucedería nunca (al menos en esta vida…), Axl, Slash y Duff materializaron su lucrativa reunión y el “Not In This Lifetime Tour” de Guns N’ Roses recaló en Madrid el 4 de junio. Allí estaban, juntos en el escenario, tres de los cinco miembros originales de la que fue mi banda favorita a principios de los 90’s. Y, con ellos, di el pistoletazo de salida a dos meses de actividad casi frenética.



Ver a Primal Scream, en la madrileña Riviera, sirvió de puente, para mí, a una cita ya ineludible cada temporada en estas fechas: fin de semana en Vitoria y AzkenaRock Festival. El cartel se presentaba imbatible y el resultado no le fue a la zaga: Hellacopters, King's X, The Shelters, Loquillo e Inglorious nos gustaron. Chris Isaak y Fogerty nos conquistaron. Thunder y Cheap Trick, nos enamoraron. Y, The Cult, en uno de los mejores conciertos vividos este año, directamente nos apabullaron.



Sin tiempo casi para la recuperación, otro plato fuerte nos esperaba en el horno: Aerosmith visitaban Madrid, después de muchísimos años. Y, por supuesto, allí nos plantamos, para dar fe de que los “Toxic Twins” siguen vivitos y coleando.

El segundo fin de semana de julio, volví a tirar de avión y me escapé a Londres, con un doble objetivo: Tom Petty y U2.



A los irlandeses, los vi hacer un, a ratos espectacular , pero algo irregular show del “Joshua Tree Tour”, en el maravilloso estadio de Twickenham.

Y, ¿de Tom Petty? ¡Qué os voy a contar de Tom Petty, amigos!

El sitio, la comunión con el público, el repertorio, la puesta en escena, la presencia de Stevie Nicks, los Heartbreakers…y, por supuesto, él. Todo esa tarde en Hyde Park fue mágico e inolvidable. 

Y no. Creedme que no me estoy dejando llevar por el aura de misticismo que su posterior desaparición puede infundir a lo que os cuento. Prueba de ello es que, pocos días después del concierto, aquí dejé ya escrito todo eso.



El Garage Sound, un festival de nueva creación en Madrid, fue nuestra última cita de julio. Viejas glorias de los 90’s, como Extreme, Thunder, Ugly Kid Joe o Terrorvision pasaron por allí, dejando el pabellón bien alto. Esperemos que la aventura pueda tener continuidad en años venideros.

Y, sin solución de continuidad, hicimos las maletas y comenzamos la gran aventura del año, en forma de "road trip" de varias semanas por la costa oeste americana. Allí, muchas cosas que hacer y, entre ellas, una marcada en rojo en el calendario: ver a los Who en el Colosseum de Las Vegas el 1 de agosto. Fue mi tercera vez con ellos y, sin duda, la más emocionante de todas.



Comencé septiembre volviendo a enganchar a Primal Scream (esta vez, en la plaza mayor de Valladolid, dentro de la programación de fiestas) y a la nueva versión de los Dogs D'Amour del amigo Tyla.

Y con ello, llegó por fin el momento Rolling Stones del año.

Cuando anunciaron su gira europea, me propuse asistir, al igual que en 2014, a un par de sus conciertos. Barcelona y París, dos citas con casi un mes de diferencia, fueron las elegidas. Y, en ambos shows, disfruté de lo lindo, pero el sabor de boca (agridulce en Barcelona y maravilloso en París) fue distinto. ¿Volveremos a tener la oportunidad de verlos en 2018? Todo parece apuntar a que así puede que sea.



¡Por cierto! Entre show y show de los Stones, tuvimos la oportunidad de ver en Madrid al mítico Ian Hunter y su Rant Band, demostrando que el tío está impecable pese a su edad y deleitándonos con un gran concierto.

Noviembre tenía también varias fechas marcadas en el calendario. La primera, correspondía a los suecos H.E.A.T., banda joven, con ganas de comerse el mundo y de la que quedé prendado en un festival en Suiza hace un par de años. La segunda, a Mike Sánchez, un fenomenal pianista de boogie-woogie al que descubrí en los Rhythm Kings de Bill Wyman allá por 2001. Y, la tercera, a Mike Scott y sus Waterboys quienes, aun con un, esta vez, discutible repertorio, nos ofrecieron una agradable velada.


Así llegó diciembre y, con él, tuvimos de nuevo a Los Zigarros calentando, a ritmo de rock n’ roll, la fría noche vallisoletana.

El año conciertístico estaba a punto de finalizar, pero aún quedaba la traca final, en forma de fin de semana intensivo en el madrileño WiZink Center: el viernes 15, viendo a Loquillo cerrar su exitosa gira y, al día siguiente, asistiendo a una nueva comunión de masas con el gran Dave Gahan y sus Depeche Mode quienes, una vez más, volvieron a encantarme.



Sin duda, un 2017 musicalmente inolvidable y difícilmente superable, del que me quedo con este "Top Ten" de momentos vividos:

3.- The Who - Caesars Palace, Las Vegas (01/08/2017)
9.- Aerosmith - Auditorio Miguel Ríos, Rivas Vaciamadrid (29/06/2017)
10.- Cheap Trick - Azkena Rock Festival, Vitoria (23/06/2017)

martes, 27 de junio de 2017

Azkena Rock Festival 2017


Son ya unas cuantas ediciones del Azkena las que llevo a mis espaldas y he de decir que, sin duda, ésta ha sido la mejor de todas ellas. La más compensada y de más alta calidad desde el punto de vista musical. Aquella en la que mejor han sonado todos y cada uno de los conciertos a los que he podido asistir. Y en la que he percibido un mayor cariño y buen hacer por parte de la organización.


Porque sí, lo más importante es la música. En eso estamos de acuerdo. Pero, si además de ser ésta de excelente nivel, le pones un mimo y un cuidado especial a todo lo que la rodea, entonces es cuando llevas todas las de ganar: recinto amplio y sin agobios (salvo momentos muy puntuales), cuidada y detallista decoración (el recuerdo en los escenarios a los músicos “caídos” durante el año es de chapó), ausencia de colas para ir al baño o pedir comida y bebida (el sistema cashless funcionó a las mil maravillas), actividades paralelas tremendamente atractivas (bravo por la nueva zona “Trashville”, todo un acierto) y un ambiente en el que se respira pasión por la música. De verdad que me cuesta mucho pensar, ahora mismo, en otro evento que pueda ofrecer más, a alguien como yo, de lo que este Azkena ofrece.


VIERNES 23 DE JUNIO


Me hubiera gustado llegar a tiempo de ver a los Godfathers, pero no pudo ser. Así que, nuestra primera toma de contacto con el festival se produjo con The Shelters. Banda joven y de la que apenas teníamos noticias, más allá de saber que venía apadrinada y producida por el gran Tom Petty. Sonaron frescos y se les nota con ganas de comerse el mundo. Nos gustaron. Habrá que tener la vista puesta sobre ellos en el futuro.


Finalizados The Shelters, tenía dudas sobre si ver a Crank County Daredevils o a King’s X y, al final, me decanté por estos últimos. Reconozco que no soy fan, pero su propuesta me llamaba bastante la atención. Y, sin llegar a volarme la cabeza, he de decir que para nada me desencantaron. Aunque, mediada su actuación, mi mente estaba puesta ya en la tarea de ir a coger buen sitio para uno de los platos fuertes de la noche: Cheap Trick.


No pude verlos en su anterior visita de 2011 y tenía muchas ganas de hacerlo. Su sola aparición por el escenario, ya hizo que mis ojos comenzaran a brillar y una amplia sonrisa se posicionase sobre mi cara. La cosa pintaba bien y para nada me decepcionaron. Puro divertimento desde su “Hello There” inicial, con un Rick Nielsen pletórico a la guitarra. Y un final del show con “I Want You to Want Me”, “Dream Police” y “Surrender” que fue de auténtico escándalo. ¡Bravo por ellos!

El siguiente objetivo de la noche era una banda nueva sobre la que teníamos puestas muchas expectativas: Hellsingland Underground


Y he de decir que, el ratillo que los prestamos atención, para nada nos parecieron malos musicalmente. Pero, no sé por qué, no conseguimos conectar del todo con su propuesta. Quizás en un club pequeño la cosa hubiera sido distinta pero aquí, me dio la sensación de que el escenario se les quedaba un poquito grande. Así que, a mitad de show decidimos cambiar el objetivo y darnos una vuelta por la carpa del “Trashville”. 


Nada más entrar en ella, el asombro se apoderó de nosotros: decoración minuciosa (luz tenue, cortinas, vidrieras, madera,…), ambiente cargado y dos tíos (batería y guitarra) con máscaras, llamados “The Cyborgs”, subidos sobre un pequeño escenario haciendo boogie-blues pantanoso. ¡Diablos! ¡Aquello era como estar en “La teta enroscada” de “Abierto hasta el amanecer”! ¡Sólo faltaba que apareciese por allí Salma Hayek con la serpiente! ¡Qué momentazo, amigos! ¡Tremendo!

Y con ello, llegó la hora del gran capo del día: Mr. John Fogerty. Era mi tercera vez con él y, por tanto, el factor sorpresa de la primera (aquella mágica noche de julio de 2009 en Madrid), no podía ser el mismo. Pero aun así, para mí, ver a Fogerty es como ver a los Stones, a McCartney o a los Who. Es asistir a una clase práctica sobre la historia de la música moderna. Un lujo que sería delito desaprovechar. 


Y el tipo, con 72 años a sus espaldas (que ya quisieran muchos…), vino, vio y venció. Espléndido de forma física y voz, acompañado de una banda de muchos quilates (espectacular su inseparable batería Kenny Aronoff) y con un set list a la altura de los tres nombrados arriba y pocos más. Un auténtico placer que esperamos pueda repetirse.

El reloj apuntaba ya a las 2 de la mañana y el cansancio por el madrugón, el viaje y el tute del día comenzaba a hacer mella. Pero aún quedaba otro as bajo la manga, antes de dar por concluida la jornada: The Hellacopters. El año pasado, me gustaron mucho. En parte, porque los tíos lo valen. Y, en parte, por la agradable noticia de su aparición en el cartel a última hora, después de tanto tiempo separados. 


Y, he de decir que, este año, para nada fue un mal show. Pero, su actuación, quedó un listón por debajo. Quizás por nuestro cansancio y lo intempestivo de la hora. O quizás por la ausencia de ese mismo factor sorpresa que comentábamos arriba. Aun así, esperemos que esta nueva reunión no quede en aguas de borraja y podamos verles de nuevo pronto y, a poder ser, en sala.


SÁBADO 24 DE JUNIO


Otra de las cosas que hace especial al Azkena, son sus clásicos conciertos matutinos en la Plaza de la Virgen Blanca. Hay que reconocer que, año tras año, la organización tiene un tiento especial programándolos, seleccionando bandas a las que, el lugar y la hora, les viene que ni pintado. Y, en esta ocasión, no fue menos. Pat Capocci, un rockabilly venido desde las antípodas, disfrutó (“cuando vuelva a Australia y lo cuente, no se lo van a creer” comentó mientras hacía una foto a la repleta plaza) y nos hizo disfrutar de lo lindo con su marchosa propuesta.

Y, después de un breve descanso, llegó la hora de volver al recinto de Mendizabala, en el que teníamos un primer objetivo marcado: los británicos Inglorious. Y ¡menuda forma de romper el hielo a la tarde! Su propuesta de hard-rock cañero, pero de corte clásico, a lo Whitesnake del “1987”, nos hizo ponernos las pilas desde el primer momento y aplaudir a rabiar. 


¿Era un tal Andreas Eriksson quién tocaba la guitarra? ¿O era el jodido John Sykes? ¿Era su líder Nathan James quien estaba cantando? ¿O era el mismísimo Coverdale? ¡Carajo! ¡Qué buenos!. Personalmente me quedé con ganas de más y deseando volverlos a ver. Conciertazo el de estos Inglorious.

Que un tipo icónico de nuestro rock como Loquillo no hubiera tocado aun en el Azkena, era una cierta injusticia a la que, por fin, se puso fin. Los que me conocen, saben de mi vieja pasión por él desde hace ya varias décadas y, por ello, me hacía especial ilusión verle ahí. Pero algo falla de hace un tiempo para acá. O, al menos esa es mi percepción. 


Sí, es innegable que la banda se encuentra en un estado formidable y quizás en su pico más alto de popularidad. Pero, desde que Stinus no está, siento como que le falta un poco de punch y de épica que antes sí tenían. Su sustituto, Mario Cobo, es un guitarrista formidable. Pero le aporta un aire distinto que, a mí, no me acaba de convencer. Aun así, saldaron su deuda y se despacharon con una hora de clásicos atemporales que hicieron las delicias de los allí presentes.

Los siguientes en la hoja de ruta eran, para mí, uno de los platos fuertes del festival: los británicos Thunder. Desde que, en 1991 cayera en mis manos su entonces recién estrenado y magnífico primer álbum (“Backstreet Symphony”), les he tenido siempre un cariño especial. Aunque, en los últimos tiempos, no ha sido fácil poderles ver en directo (tuve que irme hasta Suiza en2015 para hacerlo). 


En esta ocasión, la organización del Azkena les asignó un horario magnífico (22:00) y les concedió un hueco superior (hora y media) al resto de bandas, para poder demostrar su potencial. Y ellos no fallaron, cascándose un concierto memorable. La banda tocó de forma magnífica. Danny Bowes, cantó como los ángeles, e interactuó constantemente con un público entregado. Y, cada uno de los temas de su repertorio, sonaron a clásico instantáneo. ¿Qué más se puede pedir?. No diga “classic rock”, ¡diga Thunder!.

Tengo guardado el recuerdo de Chris Isaak en el Teatro Calderón de Valladolid (2010) como uno de los grandes conciertos de mi vida. Así que, ya sabía de antemano de lo que este tipo era capaz. Y, el sábado, volvió a darme buena muestra de ello. Su voz, su sonrisa, su elegancia, su forma de encarar el show, su carisma, su sola presencia en escena…Todo en él es extrañamente magnético e hipnótico


Me imagino poder ver a Elvis y lo imaginó así, como Chris. Con ese derroche de clase, a la altura de muy pocos. Entre otros muchos clásicos, sonaron “Blue Hotel”, “Somebody’s Crying”, San Francisco Days”, “Blue Spanish Sky”, “Ring Of Fire” y, por supuesto, un “Wicked Game”, que hizo que directamente se me pusiese la carne de gallina. Grandioso, amigos.

Y si lo de Chris fue de otro planeta, qué queréis que os cuente de lo que vivimos a continuación con The Cult. Sin duda alguna, EL CONCIERTO DE ESTE AZKENA 2017. Así, con mayúsculas. 


Era mi cuarta vez con ellos y, aunque las otras tres ya habían sido tremendas, me parecieron un juego de niños al lado de ésta. Nunca les había visto sonando tan bien, tan potentes, tan compenetrados, con tanta energía, tan abrumadores y con tantas ganas…Buff…Han pasado tres días y aún me tienen noqueado. ¡Qué vozarrón el de Astbury! ¡Qué bestia parda Duffy! ¡Qué forma de patear culos! ¡Qué setlist antológico! ¡Qué barbaridad de concierto! Y ¡qué manera tan maravillosa de poner la guinda al festival!


Así sí, Azkena. Enhorabuena a la organización y ojalá sean muchos más años. ¡Qué larga se nos va a hacer la espera hasta junio de 2018!

lunes, 26 de diciembre de 2016

Lo mejor de 2016 (I)


Se nos va el año, amigos. Un año que, para la música que tanto queremos, ha resultado más que “horribilis”. Desde que, justo hoy hace 366 días, cayera el gran Lemmy, esto ha sido un no parar: Bowie, Glenn Frey, Prince, George Martin, Leon Russell, Keith Emerson, Cohen, Scotty Moore, Sharon Jones, Rick Parfitt, George Michael,…Vaya desde aquí nuestro homenaje y recuerdo sincero para todos ellos.

Cuesta mucho reconocerlo, pero va resultando una evidencia: nuestros músicos de cabecera, nuestras leyendas que creíamos inmortales, se hacen mayores y llegará un momento en que ya no estén ahí para rescatarnos. Me da pavor pensar que todos los años venideros puedan ser incluso la cuarta parte de malos que éste.

Porque no veo un relevo claro. Las nuevas bandas raramente me motivan y cada vez me cuesta más dar la oportunidad a la escucha de novedades discográficas de grupos que no tenga ya catalogados. Me paso la vida oyendo música pero, al final, casi siempre acabo acudiendo a los clásicos. De ahí que, mi selección discográfica del año, tenga poco de novedad y mucho de vieja escuela.

Si tuviera que hacer mención a algunos discos que, aun no teniendo cabida entre mis diez favoritos del periodo, sí al menos consiguieron captar mi atención, cabría nombrar a Doyle Bramhall II y su elegante “Rich Man”, a los Pretenders (¿o he de decir a Chrissie Hynde y Dan Auerbach?) y su irregular “Alone”, a Jeff Beck y su peculiar “Loud Hailer”, a M-Clan y la calidez acústica de su americano “Delta”, al Loco y su cambio de tercio con “Viento del Este”, a The Temperance Movement y su poco inspirado “White Bear”, a Sting y su “de más a menos” “57th & 9th“, a Metallica y su “Hardwired…To Self-Destruct” cargado de buenos riffs, a Steven Tyler y su también irregular “We're All Somebody From Somewhere” (¿por qué no hiciste un disco como Dios manda, Steven, seleccionando 10 temas y tirando el resto de descartes a la basura?), a los Zigarros y la frescura de su “A Todo que Sí”, a Spike&Tyla y su emotivo “The Sinister Indecisions…”, a Joe Bonamassa y su “Blues of Desperation”, a ese magnífico Live in San Diego de Eric Clapton junto a JJ Cale y, por supuesto, al delicioso "Way Down In The Jungle Room” (¡qué grandes recuerdos me trae de mi vista a Graceland!) de Elvis.

Pero, por encima de todos ellos, quedaría la siguiente selección. Mi particular top ten” de 2016:

1.- The Rolling Stones - "Blue and Lonesome" 


¿Un nuevo disco de estudio de los Stones en pleno 2016? ¡Diablos! Solamente eso debería ser motivo suficiente para alegrarnos el día, el mes, el año…qué digo…¡la década! Ya, pero, ¿y el disco está bien? Pues no sólo es que esté bien…sino que es jodidamente bueno. Claro, pero…no tiene temas propios. Son sólo versiones…Efectivamente, así es. Y ¿dónde carajo está el problema? ¿O es que tener a la mejor banda de la historia del rock n’ roll grabando “a pelo”, en tres crudas sesiones de estudio, doce extraordinarias covers (por cierto, nada manidas) de algunos de los mejores bluesmen de la historia es algo que podamos permitirnos el lujo de despreciar o infravalorar? ¡Pues no seré yo el que lo haga! Les reto a que me digan otro álbum, editado en este 2016, en el que haya alguien que cante y toque la armónica mejor que Jagger, en el que se junten tres guitarristas como Keith, Ronnie y Clapton, y en el que haya un batería que toque con más swing que Charlie. No se molesten, amigos. No lo hay. Y sí, sé que cuando digo esto, no soy objetivo. Los Stones son mi banda y todo aquello que hagan o digan, por mí siempre va a ser bien recibido. Pero, en este caso, créanme ustedes, no se trata de amor de madre. Este disco tiene más feeling, más pelotas y más buen hacer que cualquier otro publicado en los últimos tiempos. Larga vida a los Rolling Stones.

2.- The Cult - "Hidden City"


Desde el inconfundible riff inicial de “Dark Energy” que abre el álbum, todo en este “Hidden City” suena muy Cult pero, a la vez (y van no sé cuántas ya…), distinto al resto de sus discos. Oscuro, muy oscuro. Pero, a la vez, esperanzador y místico como su bella portada. Limpio y melodioso. Pero, a la vez, tremendamente agresivo. Original pero, a la vez, inconfundible. Por momentos (“Birds of Paradise”, “Dance the night”), uno cree retrotraerse a la época siniestra de “Love” y, en otros, como en las fabulosas “GOAT” o “Hinterland”, a la de “Electric” o “Sonic Temple”. Pero siempre hay matices distintos que nos recuerdan que estos son los Cult de 2016 y no los de los 80’s. Manteniendo la marca de la casa, pero en perpetua evolución. Porque sí, este es un disco profundo, de matices y muchas escuchas. Con un Astbury que adopta postura de jefe, canta como de costumbre y marca terreno en cada canción. Y un Duffy que hace lo que mejor sabe hacer: repartir guitarrazos a diestro y siniestro, hasta dejar KO a su presa. Palabras mayores, amigos.

3.- David Bowie - "Blackstar"


La última genialidad de un genio. Un disco amargo, enigmático y de difícil acceso pero, a la vez, redondo y bello. Cuyo significado y, sobre todo sus letras, sólo se comprenden analizando el contexto en el que fue grabado (durante la última etapa de su enfermedad) y puesto a la venta (dos días antes de su muerte). Un disco diferente y original, asentado sobre una base de jazz rock experimental, pero en el que se mantienen retazos inequívocos de épocas pasadas del artista. Una despedida a la altura del personaje, cuyo corolario pone esa última bella I Can’t Give Everything Away”, donde Bowie se desangra una y otra vez diciéndonos que no puede revelarnos todo…y ahora entendemos por qué. Un disco que cuesta oír sin entristecerse pero que, al finalizar, deja un poso de obra maestra.

4.- Tedeschi Trucks Band - "Let Me Get By"


Bienvenido. Así es como te hace sentir la música de la Tedeschi Trucks Band. Como encontrarse con algo familiar, cordial, agradable. Como alguien que te recibe con un cálido apretón de manos y una sonrisa en la cara. No lo digo yo. Simplemente, he tomado aquí prestadas algunas palabras escritas en el folleto que acompaña al disco. Pero, lo que sí hago, es suscribirlas plenamente. Porque, si hay algo que tengo claro después de haberlos seguido la pista desde hace ya varios años es que, cada una de las cosas que rodean a esta sociedad (musical y personal) que forman Susan y Derek está colmada de clase, buen gusto y, sobre todo, calidez. Si alguna vez necesitan sentirse acompañados o, simplemente, mejorar su estado de ánimo, háganme caso e introduzcan este "Let Me Get By" en su reproductor. Denle al play desde la inicial “Anyhow”. Déjense llevar por la voz de Susan, la guitarra slide de Derek y su magnífica banda de apoyo. Prepárense para no quitar la sonrisa de la cara durante la próxima hora. Y, sobre todo, siéntanse bienvenidos.

5.- Cheap Trick - "Bang, Zoom, Crazy…Hello"


Kiss, Bolan, Slade, Bowie, Who…todos están presentes, de una u otra forma, en esta delicia de disco. Pero que nadie se lleve a engaños: no estamos ante un álbum de tributo, sino ante una obra fresca, vibrante y con personalidad propia. Cheap Trick saben manejarse como pocos entre la delgada línea que separa el rock n’ roll del hard rock, el glam setentero del power pop. Y, una vez más, dan en este "Bang, Zoom, Crazy…Hello" (bonito título, por cierto) una lección de todo ello. Desde la enérgica inicial “Heart On The Line”, hasta la "All Strung Out” que lo cierra, aquí hay poco o nada que sea aburrido o irrelevante. Pero, ¡diantres! ¡Qué me parta un rayo si "Blood Red Lips” no es ya una de las canciones del año!. Definitivamente, Rick Nielsen y sus chicos viven una segunda juventud y, no sé vosotros, pero yo estoy ya deseando que llegue junio para verlos en directo.

6.- Mudcrutch - "2"


Cuando tienes un nombre como Tom Petty que, por sí solo, puede vender miles de discos y decides publicar tu nuevo trabajo bajo otro seudónimo (por mucho que éste sea el de tu antigua banda de los 70) estás mandando varios mensaje claros. El primero, que no necesitas la pasta. El segundo, que tienes mucha confianza en el material sonoro que acabas de grabar. Y, el tercero, que sabes que te has ganado el poder hacer lo que te dé la gana, cuando te venga en gana. ¿El resultado? Un álbum muy notable de country-rock sureño. Maduro, bien ejecutado y con algunas composiciones brillantes como “Dreams of Flying”, “Hungry No More”, “Save Your Water” o “I Forgive It All” (para cuyo videoclip contó con Anthony Hopkins). Probablemente, no deje de ser un disco de transición, que dé paso a encomiendas mayores. Pero aun así y a la postre, resulta muy disfrutable.

7.- Eric Clapton - "I Still Do"


Puede que Clapton esté haciéndose mayor, pero de ninguna forma está manco. Gracias a él, viví, en el Royal Albert Hall londinense, uno de los momentos más mágicos y memorables de 2015. Y él, es el responsable de uno de los discos más deliciosos editados en este 2016. Que nadie espere aquí fuegos de artificio, producciones sobrecargadas ni composiciones enrevesadas. A estas alturas de película, Clapton ya no necesita nada de eso. Su fórmula pasa únicamente por el buen gusto y la sencillez, puestos al servicio de su voz y su guitarra. Algunos blueses de libro (“Alabama woman blues”, “Cypress Grove”, “Stones In My Passway” o la fantástica “Somebody's Knockin'”) se alternan con registros ya típicos del propio Eric (“Spiral” o la acústica “I will be there”), o bien de su amigo JJ Cale (“Can’t let you do it”). Y, entre todos, dan empaque a un disco elegante y de escucha relajada (que no aburrido). Si acaso hay algo que me desencaja, es el acordeón que adereza alguna de las canciones. Pero, ¿quién carajo soy yo para ponerle peros a “God”? Por favor, un respeto para el maestro.

8.- Jeff Angel’s Staticland - "Jeff Angel’s Staticland" 

              
Descubrí a este tipo cuando actuó al frente de los Walking Papers en el Azkena Rock Festival 2013 y, desde entonces, me confieso enganchado a su carisma y su extraño influjo. Aquel año, su disco de presentación ya me voló la cabeza y, ahora, éste no le va a la zaga. Mientras Duff McKagan (bajista de la banda) se llena los bolsillos con la reunión de Guns N’ Roses, su amigo Jeff decide esperarle, publicando su nueva obra bajo otro nombre: el suyo propio. Pero la música, en esencia, sigue siendo la misma: rock sucio y oscuro, de herencia bluesera (“Everything Is Wrong” o “Tomorrow's Chore”) y furia punkrockera (“Never Look Back”). Con algunos pasajes melódicos (“I'll Find You”) y otros hipnóticos, que casi recuerdan por momentos a los Cure (“High Score”). Pero, sobre todo, dueños todos ellos de personalidad y un inconfundible estilo. Ese que aporta un tipo de influjo extraño llamado Jeff Angel.

9.- The Quireboys - "Twisted Love"


En tiempos como los que vivimos, en los que las bandas clásicas se hacen de rogar, hasta decir basta, a la hora de publicar nuevos trabajos de estudio, los Quireboys suponen toda una excepción, un oasis en el desierto. Prueba de ello es que, este “Twisted Love”, pasa por ser, ni más ni menos, que su cuarto trabajo original puesto en la calle en los últimos cuatro años. Pero ¡ojo!, no se trata de cantidad, sino de calidad. Y, ahí, Spike y sus chicos rara vez bajan también la guardia. Cuando uno pulsa el “play”, ya sabe lo que se va a encontrar: “We’re the Quireboys and this is Rock N’ Roll”. Y en esta ocasión no lo es menos: “Life's A Bitch”, “Twisted Love”, “Torn & Frayed”, “Shotgun Way”,”Midnight Collective”,… Aquí todo huele y sabe a humo, a alcohol y a sudor…A los Cuervos, a los Faces y, por supuesto, a los Stones.

10.- Rival Sons - "Hollow Bones"


Como os contaba en la introducción, raramente las nuevas bandas me motivan y cada vez me cuesta más darles una oportunidad. Pero Rival Sons se la ganaron con su anterior “Great Western Valkyrie” y, desde entonces, no he dejado de seguirles la pista. ¿Supera este “Hollow Bones” a su fantástico predecesor? Pues la respuesta es no. Sinceramente, creo que el listón estaba demasiado elevado. Pero no por ello deja de ser un buen disco, de atmósfera espesa y que gana en matices con cada nueva escucha. Su líder, Jay Buchanan, además de tener una voz prodigiosa, se ha convertido en uno de los frontman del momento. Y, el resto de miembros de la banda, le escoltan perfectamente, demostrando manejarse como peces en el agua en ese blues rock psicodélico que se destila en cada una de las canciones del álbum: “Tied Up”, “Baby Boy”, “Hollow Bones, Pt.1”, “Thundering Voices”,… Sin duda, la banda ha dado con la tecla adecuada. Si os decía que los Quireboys olían a alcohol, a humo y a Stones, esta claro que aquí apesta a ácido, a Zeppelin, a Cream o a los Doors.



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