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sábado, 17 de mayo de 2025

Adiós Emmanuel Kunde

Los más entendidos sostienen que el camerunés Emmanuel Kunde fue uno de los mejores defensores en la historia del fútbol africano. Este 16 de mayo, a los 68 años, Kunde fallecio según lo anunciado por la Federación de Fútbol de Camerún (FECAFOOT) por causas que no trascendieron. La entidad "recibió con tristeza la noticia del fallecimiento del antiguo 'león indomable' Emmanuel Kunde", publicaron en su Facebook oficial.
"Kunde formó parte de la generación dorada que participó en el Mundial de Italia 1990, durante el cual Camerún se convirtió en la primera nación africana en jugar en los cuartos de final de un campeonato del mundo de fútbol", agregaron en el comunicado. "Constituye una pérdida enorme para el fútbol camerunés", concluyó el mensaje.

Kunde estuvo en los dos primeros Mundiales de Camerún en su historia (España 1982 e Italia 1990) y en la cita en suelo italiano le convirtió a Inglaterra en el duelo de cuartos de final. También con los Leones Indomables ganó la Copa Africana de Naciones en 1984 y 1988.

Pasó la mayor parte de su carrera en el Canon Yaoundé, aunque también tuvo un breve paso por Europa: Laval (1987) y Stade Reims (1988). Justamente desde este último club enviaron las condolencias a familia y seres queridos. 

Un emblemático jugador de Camerún y del fútbol africano que ya en diciembre de 2023 pasó por la pluma de Diego Yamus en nuestra sección Glorias Africanas y al que hoy nos toca despedir. 

miércoles, 30 de abril de 2025

Tragedias Africanas: Sam Okwaraji

EPISODIO 1 [Por Diego Martín Yamus] Una tragedia deja su huella para siempre, en propios y extraños. Aunque sea de una sola persona y en el deporte, si ella es muy querida deja su efecto. El fútbol africano conoció y conoce muy seguido de ellas. Nigeria, una de las grandes potencias continentales, es uno que bien sabe de desgracias. Samuel Sochukwuma Okwaraji, uno de sus talentos en esos 80 muy buenos para las Águilas, tenía 25 años y había predicho que jugaría el Mundial de Italia de 1990. Pero ese corazón tan grande fue justamente el que lo traicionó y le impidió llegar a su sueño.
Nacido un 19 de mayo de 1964 en Orlu, estado de Imo, Sam (como era conocido) perdió a su padre a los tres años y fue criado por su madre, Lady Janet, hasta que a los 18 años viajó a Italia para estudiar derecho internacional. Al mismo tiempo, cuando nunca había jugado al fútbol en su país, fue reclutado por la Roma. Así empezó su vida de futbolista en 1984, pero al no adaptarse pasó al Dinamo Zagreb de Croacia y luego al Klagenfurt de Austria. De allí fue adquirido por el Stutgart alemán, que lo cedió al Ulm de la segunda germana. Fue en éste donde comenzó a hacerse notar como mediocampista ofensivo y talentoso. Tanto que fue lógica su citación a la selección, y su club pidió a la Federación 45.000 dólares para cederlo. Los dirigentes nigerianos juntaron la mitad del dinero y fue entonces que el jugador les protestó a sus directivos: "Soy un abogado que conoces, y firmé para jugar con determinadas condiciones. Pero no creo que haya incluido algún costo por servir a mi país. Tú o el club no pueden impedir que juegue para mi país. Déjame decirte, voy a representar a mi país en el Mundial de Italia, te guste o no”.

Con ese corazón amoroso por su patria, Samuel cumplió siendo parte en 1988 del equipo subcampeón de la Copa Africana de Naciones de Marruecos y de los Juegos Olímpicos de Seúl. Para ese tiempo se marchó del Ulm al K-Berchem de Bélgica, donde nada le impedía mostrar sus cualidades. Ni siquiera un estudio que había revelado un agrandamiento del corazón que le provocaba alta presión en la sangre.

En 1989 formó parte de las Águilas que intentaban volar hacia su primera Copa del Mundo. Nigeria venía bien ubicado en el Grupo C tras victorias sobre Gabón y Camerún, un empate de visita en Angola y una inesperada derrota en suelo gabonés. El 12 de agosto, las Súper Águilas recibía a los angoleños en el reabierto estadio Nacional de la antigua capital Lagos. Lo que tendría que ser una jornada de fiesta fue de dolor ya desde antes, cuando el recinto se colmó con alrededor de 100.000 personas, hubo aglomeraciones, empujones, corridas y cinco fallecidos. El encuentro se jugó y el local ganaba 1 a 0 con gol de otro inolvidable, Stephen Keshi.

Cuando iba hacia un final tranquilo, de repente el clima se enrareció y todo se fue al suelo. A los 81 minutos, Okwaraji sufrió un desmayo y a pesar de ser socorrido por sus compañeros, perdió la vida en la cancha. El genial Samson Siasia, titular ese día, reveló después: “Estaba jadeando y echando espuma. Tenía los dientes arenosos”. La noticia recorrió el mundo, desprovisto de redes sociales y ultratecnología, y llegó hasta Radio Continental de Buenos Aires, donde el colega Juan Yankillevich, que seguía en estudios centrales la información de las eliminatorias, se consternó al darla: “Espectadores fallecidos en las tribunas y en la cancha, un jugador de Nigeria. Así como suena”, informó esa fría tarde en Argentina.

Como si el destino estuviera prefijado negativamente, dos semanas más tarde la selección perdió ante Camerún y su sueño de Mundial, el mismo que Okwaraji deseaba alcanzar. Una autopsia arrojó que el mediocampista falleció por una insuficiencia cardíaca y congestiva. El presidente Ibrahim Babangida dispuso donar 50.000 dólares a la familia. Sam recibió de allí en adelante todo tipo de homenajes: en 2009 el gobierno colocó una estatua suya en el estadio Nacional, en su Orlu natal otro estadio fue rebautizado con su nombre, en 2019 Google lo recordó con un “doodle” en el que hubiera sido su cumpleaños 55, La Federación oficializó un apoyo económico de 30.000 nairas para las familias de jugadores que perdieron su vida actuando para el país. Hasta en 2024, se lanzó un torneo juvenil nacional, el Sam Okwaraji Memorial Football Competition. Nada pudo ni podrá, aunque corresponda, compensar ese enorme corazón con el que Samuel Okwaraji quiso engrandecer a su Nigeria.

miércoles, 19 de marzo de 2025

Glorias Africanas: Jean Manga Onguéné


[Por Diego Martín Yamus] Fue parte de la brillante generación que puso a Camerún en el mapa de África y del fútbol internacional. Fue pieza de la selección que tocó en 1982 tierra mundialista por primera vez. Pero justo entonces debió bajarse de su pasión y concluir su espectacular carrera por su rodilla. Sin embargo, Jean Manga Onguéné (Ngoulemekong, 12 de junio de 1946) fue igualmente un nombre y apellido tan glorioso como los de su época.
Allá por 1966, el delantero en ocasiones medio de ataque era un chico que pateaba el balón y se cansaba de hacer goles en las calles, cuando de pronto representantes del poderoso Canon Yaoundé lo vieron y lo llevaron al equipo capitalino. Y a poco de llegar, se destacó marcándole cinco de los siete tantos al campeón local Caiman Douala para un 7-1 inolvidable. Y a años de su arribo, transitó la felicidad casi permanente de ser campeón: junto a Thomas N’Kono, Theophile Abega, Emmanuel Kunde y varios que harían la era dorada de los Leones Indomables, disfrutó una catarata de títulos locales e internacionales. Entre 1969 y 1982, año en que se retiró, ganó seis ligas (dos como máximo goleador), otras seis Copas del país y, sobre todo, los triunfos en los certámenes continentales: las tres Copas de Campeones de 1971, 1978 y 1980 y la Recopa africana de 1979.

A la par del éxito en el Canon, sus cualidades lo enviaron enseguida a la selección: apenas un año de su debut, en 1967, también empezó un buen camino con un equipo en ese momento irrelevante en África. Su primer partido fue victoria: 13 de diciembre ante Ghana, 1-0 por la ruta a los Juegos Olímpicos de México, y Onguéné convirtió el gol. Aunque no pudieron arribar a los Juegos, sí lo hicieron para sus dos primeras Copas Africanas de Naciones, en 1970 en Sudán (él hizo otro gol) donde se fueron en primera ronda, y mucho mejor en su tierra en 1972, cuando al mando del alemán Peter Schnittger llegaron a semifinales perdidas con su tradicional rival Congo, luego vencedor; al menos lograron el podio barriendo 5 a 2 a aquel gran Zaire.

Otro espectacular tiempo para Onguéné, quizá el mejor con sus compatriotas, fue cuando para 1976 Camerún ganó arrasando los Juegos de África Central en Gabón, tomándose revancha de los congoleños 3-2 en tiempo suplementario con conquistas de Onguéné y dos de un joven Roger Milla, en la que además el del Canon realizó seis. Sin embargo, eso no fue casi nada comparado a su premio al jugador del año en 1980, luego de su tercera gesta en la Copa de Campeones. Y más que estos dos hitos fue el integrar la selección y contribuir a la gloriosa clasificación al Mundial, al superar dos veces a Marruecos y arribar a España 82.

El delantero iba a estar casi con seguridad entre los 22 históricos mundialistas. Incluso pocos días antes del comienzo del torneo, el 1 de mayo, había marcado un doblete para un 2 a 1 sobre Senegal en un amistoso. Pero esa lesión de rodilla lo dejó afuera y además marcó su retiro de la selección y del Canon. Regresó a escena entre 1989 y 2002, primero como técnico interino o entrenador adjunto del combinado, y en 2001 la FIFA lo designó responsable del desarrollo del fútbol en África Central. Y en 2006 la Confederación Africana (CAF) lo eligió entre los 200 mejores de los últimos 50 años en el continente. Por si le hacía falta otro premio a Jean Manga Onguéné, una gloria que no necesitó estar en un Mundial.

miércoles, 22 de enero de 2025

Glorias de África: Kazadi (Zaire-RD Congo)

[Por Diego Martin Yamus] Con dos nombres distintos, Congo Kinshasa y Zaire, este país del centro de África fue en los años 70 un gigante y referente del continente, tanto en las citas de clubes como de selecciones. Una gran generación de jugadores llevó a la actual República Democrática del Congo a tanto éxito. Esa generación tuvo desde el arco uno de sus pilares: Robert Mwamba Kazadi, hacedor de títulos con el TP Mazembe y el combinado de los Leopardos.

Es que esos fueron los únicos dos amores en la vida del arquero nativo de la antigua Elisabethville (hoy Lubumbashi) el 6 de marzo de 1947. Con los todopoderosos (entonces llamados TP Englebert) debutó en 1967 y enseguida logró el éxito con la Liga, que repetiría en 1969 y 1976. También ayudó a ganar dos copas locales (67 y 79) y, sobre todo, dos Copas de Campeones en 1967 y 1968, seguidas por dos finales en 1969 y 1970.

Desde ya fue rápido gran valor de la selección y su estreno fue, como con el TP Mazembe, glorioso. Ganó la Copa Africana de Naciones de Etiopía en 1968 ante el gigante Ghana, siendo inamovible en la meta del once del húngaro Ferenc Csanadi. Con la llegada al poder del dictador Mobutu Sese Seko, Kazadi fue conocido con ese nombre, pero siguió como el referente del ahora llamado Zaire. Luego de años sin grandes resultados, 1974 fue su tiempo dorado: alzó la segunda CAN en Egipto, en la recordada doble final ante Zambia, y fue nombrado arquero del conjunto ideal. Por supuesto fue el titular del que llegó al Mundial por primera vez ese 74 en Alemania Federal; como sus compañeros, sufrió las amenazas de Mobutu y sus secuaces, además de ser reemplazado por el técnico yugoslavo Blagoje Vidinic tras recibir tres goles en el famoso 0-9 ante los balcánicos.

Por suerte ése no fue su cierre. Continuó integrando ambas escuadras y en 1980 logró la desaparecida Recopa ante el África Sports de Costa de Marfil. Y luego de ser parte de tres encuentros de las eliminatorias del Mundial de España 82, se retiró dejando su gran recuerdo, que su partida en 1998 no pudo borrar y que le valió ser premiado por la Federación de Historia y Estadísticas del Fútbol (IFFHS) como el portero del siglo XX de su país. Ese país que Kazadi Mwamba engrandeció con sus contribuciones al éxito.

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martes, 3 de diciembre de 2024

Glorias de África: Jesús (Angola)

[Por Diego Martín Yamus] Hay jugadores que en sí mismos no son grandes apellidos para el mundo del fútbol, pero que para su país representan casi un sinónimo. En África sucede con frecuencia: Adebayor en Togo, Aubameyang en Gabón, Mariga en Kenia, Kallon en Sierra Leona. Es ése también el caso de Osvaldo Fernando Saturnino De Oliveira, un gran goleador angoleño más recordado como Jesús, símbolo de los Palancas Negras y de su liga.

El delantero fue referente de la nación del suroeste por una década. Nacido el 14 de enero de 1956 en la capital Luanda, comenzó de adolescente en el club del mismo nombre en 1974, para al año siguiente pasar al Benfica Luanda y en 1976 al Terra Nova. Pero su gran tiempo le tocó por 1977, cuando llegó al gigante Petro de la capital. Y hasta su partida en 1988, dejó grandes actuaciones, buena cantidad de tantos (máximo de la Girabola en 1982, 1984 y 1985) y contribuyó a cinco ligas, una Copa y una Supercopa local.

Era obvio que un valor así no abunda en lugares como el suyo, y fue entonces que para 1979 fue llamado a la selección, para la que actuó 48 veces con 18 conquistas. La primera, el 12 de julio a  Santo Tomé y Príncipe en un 2-1 amistoso. La última fue el 22 de enero de 1989, en un 2-2 con la enorme Nigeria que casi es triunfo en la eliminatoria para el Mundial Italia 90. Por ese certamen hizo asimismo su última aparición con los rojinegros, contra las Súper Águilas el 12 de agosto (derrota 0-1), donde el ya veterano ingresó por el defensor Gerry a los 46 minutos.

Jesús terminó poco después su carrera en Portugal, primero entre 1988 y 1990 en el Varzim y en el 90 en el Oliveirense. En 1995 fue técnico interino de su Petro, guiándolo al título de la Girabola, y luego fue presidente de la Federación varios años, tras lo cual en 2006 decidió postularse a ese cargo, pero para conducir a su país. Era lógico que tal recorrido debía ser reconocido, y la Confederación Africana (CAF) lo hizo incluyéndolo en 2009 en la lista de las CAF Legends. Es que Jesús fue, tal como su apodo, una leyenda viviente y gloriosa. 

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martes, 17 de septiembre de 2024

Glorias de África: Burkina Faso Sub 17 2001

[Por Diego Martín Yamus] Desde  que empezó a competir internacionalmente en 1960 como Alto Volta, Burkina Faso apenas era un nombre de tantos en el inmenso mapa de África. Jugó su primera Copa Africana de Naciones con esa denominación en 1978 y, ya con su actual a partir de 1984, en cinco ediciones desde 1996, alcanzando su primer gran logro cuando la organizó en 1998 y fue semifinalista. Pero no es lo mismo ser grande en el continente que en un Mundial. Es que hubo otra selección de “los Potros” que galopó más rápido y consiguió algo mejor aún, un tercer puesto en el Sub 17 ante grandes como Argentina y España.
En efecto, el juvenil burkinés ya había jugado la Copa más chica de la FIFA en Nueva Zelanda en 1999, pero no pasó de fase aún con un valioso 2-2 frente a Paraguay. Tuvo una nueva chance en 2001 en el Campeonato Africano de Seychelles, y gracias a que Guinea, finalista original cuando lo venció 2-1, fue suspendido por la FIFA, logró regresar al torneo a celebrarse en Trinidad y Tobago. De paso disputó la definición del regional ante el poderoso Nigeria, que lo goleó 3 a 0. 

Así, el tal Burkina Faso fue a la nación del Caribe sin casi ruido. El once del oeste debutó el 15 de septiembre ante la Argentina de Carlos Tévez y Maxi López por el Grupo C en Couva. Apenas pasaron dos minutos y Lucas Correa abrió el marcador para la albiceleste. Nada hacía suponer que los africanos no sólo reaccionarían sino que estarían cerca de ganarlo. A los 29 Wilfried Sanou igualó de cabeza, y a los 79 Enoch Conombo aprovechó un mal despeje del arquero Lucas Molina para desnivelar. Burkina Faso estaba a poco del golpe, pero en el segundo minuto agregado el árbitro de Vanuatu Harry Attisson le regaló a Argentina un inexistente penal que López transformó en el empate a dos final. Pero la revancha llegó sólo dos días después, el 17 en Marabella, y ahí nuevamente Sanou, esta vez de penal a los 41, dio el primer y gran triunfo contra la España de Fernando Torres 1 a 0. Y el 20 pasó a los cuartos de final al igualar a uno con Omán, con gol de Nikiema a los 22, escoltando a nuestro país en la zona. 
El 24 era Costa Rica el rival a saltar para arribar a una histórica semifinal. Y el subcampeón de África lo hizo bien: 2 a 0 por Gorogo a los 56’ y de nuevo Sanou a los 84. Burkina Faso se metía así entre los cuatro mejores del mundo, aunque fuera un Sub 17. Pero justo Nigeria era su escollo, el 27 en Malabar, y el penal de Opabunmi a los cuatro minutos decretó el éxito nigeriano 1 a 0 y que los burkineses fueran a por el tercer puesto. Ese encuentro fue inolvidable: el 30 en la capital Port of Spain, el equipo pasó por arriba a Argentina y sólo ganó 2 a 0 (Gorogo a los 30, Conombo a los 78) por errores en definir las numerosas chances que tuvo, en un baile histórico a la selección de Hugo Tocalli. 

Esos chicos hicieron inesperada y grata historia para su país, sorprendiendo como Ghana en 1991. Varios fueron dos años después subcampeones de África Sub 20 y disputaron el Mundial en Emiratos Árabes Unidos, quedando afuera con Canadá en octavos. Pero otros integraron la absoluta más adelante. Y esa gesta de Trinidad y Tobago 2001 los marcó como reales glorias del continente.

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sábado, 3 de agosto de 2024

Glorias de África: Ghana 1992

[Por Diego Martín Yamus] En la revuelta vida del fútbol en los Juegos Olímpicos, África era un solo nombre propio, Egipto, asiduo participante y quien más estuvo cerca de una medalla hasta 1992. Porque aquel verano en Barcelona, un tal Ghana, que ni en su continente asomaba, fue quien rompió esa racha con su bronce y, de paso, continuó los éxitos de una generación de oro. 
En el novedoso torneo masculino Sub 23 (antes eran mayores), las Black Stars se presentaron tras sus primeras tres apariciones en Tokio 64, México 68 y Munich 72. Mucho tiempo había pasado desde aquella experiencia del 64 en la que le igualaron a Argentina y fueron barridos por los egipcios, en medio de su primera época de oro con las dos Copas Africanas de 1963 y 1965. Los ghaneses venían de ser increíbles campeones Sub 17 en 1991 en Italia con Asare, Kuffour y Lamptey como referentes, pero en el espacio olímpico habían caído en 1988 por muy poco con la Zambia de Bwalya y Chabala. Esta vez, luego de superar a Guinea (suspendido), Sierra Leona por goles de visitantes y barrer a Mauricio, llegaron al Grupo D. 

Los de Samuel Arday debutaron el 26 de julio de 1992 en Sabadell con un 3-1 a Australia, dejando en claro que darían pelea en un campeonato sin Argentina, Brasil ni la recién desaparecida Unión Soviética, campeona esa vez en Seúl. Y un apellido comenzó a escucharse: Kwame Ayew, hermano de Abedi Pelé (en ese momento en su apogeo), que marcó dos de los goles aparte de Gargo, otro de los chicos vencedores en Italia. El 28 en Zaragoza, un 0-0 con Dinamarca y el 30 en Sabadell, un tardío 1-1 con México (gol de Ayew a los 79 minutos) les dio la zona y el pase a los cuartos de final ante Paraguay, el mejor de Sudamérica, a quien batieron 4 a 2 en tiempo suplementario en gran partido y donde nuevamente Ayew fue clave con un triplete, además de Rahman. 
Así arribaron por primera vez desde África a semifinales tras aquella tarea de Egipto en el 64. Pero el 5 de agosto en Valencia, su rival fue nada menos que el local y futuro oro España, que comandado por Josep Guardiola lo dejó en el camino 2 a 0 y lo envió a disputar la medalla de bronce ante, nuevamente, Australia. Y el 7 de agosto en el mítico Camp Nou, el gol de Asare a los 19 minutos significó el triunfo 1-0 y la alegría de tener una medalla para el ascendente fútbol africano. Con el arbitraje del español Manuel Díaz Vega, los héroes olímpicos fueron Dossey (Addo 46’); Acheampong, Amankwah, Asare, Adjei; Gargo, Kumah, Lamptey (Quaye 45’), Aryee; Preko y Ayew. 

Había sido la gesta de parte de un grupo que luego nutriría a la selección absoluta y a clubes de Europa. Había pasado la gesta de aquella Zambia del 4-0 a Italia en el 88, o de las de Egipto y Argelia años atrás. Ghana 92 fue un grupo de glorias africanas, pero nada menos que marcada por una medalla olímpica al cuello.

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domingo, 12 de mayo de 2024

Nigeria: Trágico accidente de los Babangida

La familia Babangida sufrió un grave accidente de tránsito el último jueves cuando se dirigían a Zaria desde Kaduna. Según las informaciones recogidas, Tijani Babangida -medalla de oro en Atlanta 1996 con las Súper Águilas- era el conductor del auto en el que también iban su esposa Maryam, su hijo de un año Fadil y su hermano menor Ibrahim -campeón mundial Sub 17 en 1993-.
Tijani es además el presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales de Nigeria (PFAN) y desde dicha entidad, se emitió un comunicado firmado por Emmanuel Babayaro, el secretario general. “Ibrahim Babangida, su hermano menor, murió en el acto a causa del accidente, mientras que el señor presidente y su familia fueron trasladados al hospital. Que el alma de Ibrahim Babangida descanse en paz con Dios, amén”, se pudo leer. “Su hermano murió en el acto a causa del accidente. El accidente ocurrió esta tarde (jueves) y su esposa también estuvo involucrada en el accidente (...) Actualmente se encuentra ingresado en el Hospital Shika de Zaria, donde está recibiendo tratamiento y para la gloria de Dios está consciente”, añadió.

A raíz de esta desgarradora tragedia, el senador John Owan Enoh (Ministro de Deportes nigeriano) ofreció su más sentido pésame y apoyo a la familia Babangida en este momento difícil que les toca atravesar. Enfatiza la importancia de la unidad y la solidaridad dentro de la comunidad deportiva mientras lloran la pérdida de un querido miembro de la familia.
Al otro día del accidente se conoció el fallecimiento también del hijo de Tijani, por las heridas sufridas en el siniestro. Mientras que la esposa fue sometida a una cirugía facial y perdió uno de sus ojos. 

El domingo Tijani tuvo la visita de una delegación de la Nigeria Football Federation (NFF) entre los que estuvieron algunos ex compañeros como Eguavoen. Pascal Patrick y Emmanuel Babayaro. 

jueves, 2 de mayo de 2024

Glorias de África: Mustapha Hadji

[Por Diego Martín Yamus] Talentoso, creativo y goleador, así se destacó el que fue mediocampista. Se trata de Mustapha Hadji, el marroquí que con esas virtudes dejó su estrella entre las tantas del reino del Norte africano. Más en la selección que en los tantos clubes del exterior que representó, aunque allí también dejó gratas vivencias. 
Es cierto que el nativo de Ifrane Atlas-Saghir (16 de noviembre de 1971) sólo transitó con los Leones del Atlas ocho años. Pero la cantidad hizo a la calidad: dos Mundiales, tres Copas Africanas de Naciones y, si bien no era un artillero, varios y decisivos goles. Apenas con diez años se fue con su familia de su país a Francia, donde en 1991 empezó su carrera en el modesto Nancy, en el que registró su mejor marca goleadora con 98 en sus casi cinco años en la entidad. Era lógico que el entrenador nacional Abdellah “Blinda” Ajri lo llamara para una ocasión crucial: el partido ante Zambia por las eliminatorias del Mundial de Estados Unidos 94, donde los norteafricanos estaban obligados a vencer si querían regresar a la cita. Con Mustapha por primera vez con la camiseta de su país, vencieron 1-0 y fueron a América del Norte. 

Hadji, recién llegado a la selección, no fue convocado a la Copa Africana de Naciones de Túnez, pero sí estuvo en el fortísimo Grupo H mundialista con Bélgica, Arabia Saudita y Países Bajos. Jugó ante los belgas y entró en las otras dos derrotas, siendo quien asistió a Hassan Nader para el transitorio empate ante los neerlandeses. Y tuvo su desquite personal cuando el 15 de noviembre de 1995 convirtió su primer tanto para Marruecos, en un 2-0 amistoso sobre Malí. Mientras tanto, su gran vida en el Nancy pasó al Sporting de Portugal en 1996 y un año después al Deportivo La Coruña, pero no tuvo mucho suceso. 

El de 1997 concluyó bien con Marruecos otra vez clasificado a la Copa del Mundo, que se jugaría en Francia. Primero fue turno de su primera Copa Africana de Naciones, en Burkina Faso, donde definió a los 90 minutos el clásico con Egipto, pero en cuartos de final Costa de Marfil lo bajó. La revancha debía ser meses más tarde en tierra gala, al comando del gran Hénri Michel. Fue justamente el mediocampista que abrió el marcador ante Noruega, pero dos errores de su arquero Benzekri terminaron en empate 2-2. Para colmo, el súper Brasil de Ronaldo y Bebeto los superó 3-0. Mas en el cierre de ese Grupo A, Hadji y sus compañeros batieron por esa cifra a Escocia y festejaron creyendo haber pasado de ronda, pero los noruegos se los impidieron con su 2-1 agónico a los brasileños. A pesar de la ida, Mustapha cerró el 98 con la mejor noticia: la Confederación Africana lo premió como mejor futbolista del año. 
 
Para 1999, su mala racha en los clubes varió ya que pasó al Coventry inglés y junto a su camarada de selección Youssef Chippo marcaron varios goles y se ganaron el cariño de la gente. Hasta que 2001 trajo el descenso del club y el talentoso debió buscar otro porvenir. En el medio alcanzó en 2000 a su última CAN, en Ghana y Nigeria, en la que fue siempre titular pero no pudo evitar la eliminación en la primera fase. Eran las últimas pisadas suyas con los marroquíes, y el 30 de julio de 2001 volvió a marcarle a Egipto para otro 1-0, su último gol con su país, en la dura eliminatoria para el Mundial de Corea del Sur y Japón. Dos semanas más tarde, el increíble Senegal los derrotó 1 a 0, llegó por primera vez al Mundial y puso fin a la carrera internacional del jugador, ya que ese 14 de julio en Dakar fue su último acto con el combinado. 

Claro que le restaba potencia en su batería y paseó su experiencia por varios clubes: en 2004 el Aston Villa inglés, con el que alzó la desaparecida Copa Intertoto; enseguida el Espanyol de Barcelona, en 2005 un viaje exótico a Al Ain de Emiratos Árabes Unidos, dos buenas temporadas en el Sarbrücken de la segunda división alemana y a fin de 2007, Luxemburgo recibió su retiro en el Fola Esch. 

Hadji dejó la cancha pero no el fútbol y fue asistente técnico del Umm Salal de Qatar, y más tarde dos veces de Marruecos, en 2014 con la gloria Badou Zaki de manager y 2022, pero debió padecer una suspensión de cinco años para dirigir de la CAF por falsificar su licencia de entrenador. 

No todo es la pelota en la rica vida del diez. En el Mundial de Sudáfrica 2010 fue designado embajador por África desde la FIFA.Y hasta lo que se puede saber, tiene un plan de viviendas para gente pobre en Marruecos. Premiado leyenda de todos los tiempos del continente en 2011 por la CAF, cuenta con familia futbolera: el más conocido es su hermano Youssouf, luego subcampeón de la CAN En Túnez 2004, y sus hijos Samir y Zachari. Pero la carrera exitosa de Mustapha Hadji, realmente, nunca tuvo parentesco.

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jueves, 8 de febrero de 2024

Glorias de África: Alain Gouamené

[Por Diego Martín Yamus] Por estos días Costa de Marfil es el centro de atracción del fútbol africano con la disputa de la Copa Africana de Naciones. Un país con mucha historia busca repetir hazañas de antaño, como aquella primera consagración en 1992 en Senegal. Aquellos Elefantes (tal su apodo) tenían potencial en cada línea. Y además estaban bien custodiados por Pierre Alain Gouamené Guiahouly, el guardameta que con sus manos ganó gran parte de aquel glorioso título con atajadas en los tiros desde el punto penal.

El número 1 nació en Gagnoa el 15 de junio de 1966 y arrancó en 1986, alrededor de los 20 años en el gran ASEC, el club de la antigua capital Abidjan y de rica vida internacional. Pero sus grandes éxitos vendrían con la selección, a la que fue llamado por el técnico Joseph Diop y se estrenó un 15 de noviembre de 1987, en un 1-2 ante Marruecos por la clasificación a los Juegos Olímpicos de Seúl. Enseguida tuvo su primera salida al exterior, cedido por el ASEC al Lyon II, filial del exitoso club de Francia. Para 1989 ya era titular en el conjunto nacional, con el que sin embargo no logró ningún halago al principio, ya que Costa de Marfil no pudo llegar al Mundial de Italia y además se fue en primera fase de la Copa Africana de Naciones de Argelia en 1990. Más rápido de lo que imaginaría vendría la revancha y su tiempo de gloria.

Regresado del Lyon II al ASEC, sus cualidades lo llevaron a otro grande de África: el Raja Casablanca de Marruecos, que defendió en 1991 y 1992. Y se preparó junto a una generación dorada de jugadores para su siguiente CAN, la citada de Senegal. El de Yeo Martial era un equipo con poco gol pero al que costaba marcarle, más con Gouamené en la meta. Justamente, no fue batido en todo el campeonato, el que además contó por primera vez con 12 países. El primer momento cumbre del arquero y su selección llegó al enfrentar al gigante Camerún en una de las semifinales, y al no sacarse ventajas fueron a los tiros desde el punto penal. Y allí Alain se lució deteniendo los remates de Makanaky y su colega Bell para el 3-1 que los depositó en la final. Ese 26 de enero en el estadio L’Amitié de Dakar, el rival era nada menos que su vecino Ghana, con su constelación de estrellas grandes y las emergentes. También el juego finalizó igualado a cero y debieron desempatar desde el punto penal. Fue una serie de lo más emotiva y larga, donde el guardameta marcó el décimo gol para los suyos. Su compañero Kouamé Aka hizo el tanto 11 y le llegó el turno al gran central Anthony Baffoe. Y Gouamené volvió a dejar su sello y desvió el tiro del zaguero para el inolvidable 11 a 10, la primera alegría marfileña y la suya individual, ya que era obvio que fue incluido en el once ideal del campeonato.

Y mientras del Raja volvía a su club de origen, ese 92 lo terminó jugando la edición inaugural de la Copa Confederaciones, ya desaparecida, donde en la majestuosidad de Arabia Saudita no pudo hacer nada con el campeón de América, la Argentina de Alfio Basile (0-4) y el de la CONCACAF, Estados Unidos, que lo barrió por el tercer puesto 5 a 2. Lo bueno esta vez le sucedió con su club, con el que ganó sus dos primeras ligas locales en 1993 y 1994. Aunque tampoco pudo llegar al Mundial de Estados Unidos, sí se alistó para defender la epopeya de Senegal en su tercera Copa Africana de Naciones, en Túnez; esta vez no pudo hacer magia en la semifinal con Nigeria, el futuro campeón que lo batió en los tiros desde el punto penal, pero sí derrotó a Malí y fue tercero.

En 1994 retornó a Francia, primero al AS Trouville y al año siguiente al Toulouse. Y continuó siendo un destacado de la selección, intentando volver a sus tiempos de gloria en la siguientes ediciones de la CAN, pero no lo consiguió ya que Costa de Marfil no pasó la primera fase en Sudáfrica 96, fue marginado por otro campeón Egipto (otra vez desde once pasos) en los cuartos de final de Burkina Faso 98 y nuevamente en la ronda inicial de Ghana-Nigeria 2000. En ese comienzo de milenio, Alain se despidió primero de su combinado, en el último encuentro de esa Copa con un 2-0 a Ghana, el 31 de enero en la capital ghanesa Accra, lo que no evitó la ida. Y finalmente de la práctica activa del fútbol en el Toulouse. Al menos dejó los tres palos marfileños con la marca de siete Copas jugadas y 24 partidos, récord para su puesto.

Siguió ligado al deporte aportando su talento al servicio de la selección, cuando en 2002 fue entrenador de arqueros, y en 2006, al mando de los juveniles, el Sub 15 y Sub 17. Actualmente dirige a sus compatriotas del Sub 23. Es que a sus 57 años, el hombre que con sus manos le dio gloria a Costa de Marfil en la cancha lo sigue haciendo fuera de ella. Alain Gouamené es así un auténtico Elefante, no sólo del arco.

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miércoles, 27 de diciembre de 2023

Glorias de África: Emmanuel Kundé

[Por Diego Martín Yamus] Uno de los grandes del Camerún grande, el de los años 80, no tuvo una carrera tan internacional como sus compañeros; apenas jugó en un par de pequeños clubes de Francia. Igualmente, Emmanuel Jérome Kundé forjó a lo largo de casi 20 una trayectoria  plena de éxitos y agregó prestigio a su país, no sólo en el contexto africano sino el mundial.

El defensor o mediocampista de los Leones Indomables nació en Ndom un 15 de julio de 1956 y arrancó su vida con el fútbol oficialmente alrededor de los 17 años, en 1973 con el Mpankomo Club y en 1975 con otro modesto local, el Tempéte de Nanga-Eboko. Enseguida dejó la modestia gracias a que el por entonces exitoso Canon Yaoundé lo sumó a sus filas. Así integró un equipo ganador de prácticamente todo junto a los que luego fueron sus compañeros de selección, como Thomas N’Kono o Roger Milla. Y así contribuyó a los títulos del conjunto de la capital: tres ligas y una Copa de Camerún y, lo más importante, dos Copas de Campeones de África (actual Liga de Campeones) en 1978 y 1980, más una Recopa en 1979. Y junto a su vida en el Canon comenzó la de seleccionado, justamente ese 77. Allí también aportó para los logros del combinado nacional, al alcanzar por primera vez una Copa del Mundo, la de España 1982. Antes tomó parte en su primera Copa Africana de Naciones en Libia, donde no pasaron la primera fase. Pero el objetivo era el Mundial, y Kundé y sus amigos cosecharon meritorios empates ante Perú, Polonia y el futuro campeón Italia, y de no ser por el gol mal anulado a Milla ante los peruanos hubieran avanzado a la segunda ronda.

Pero la revancha llegó rápido para el joven futbolista. En 1984 fue parte de la consagración inédita de Camerún en la CAN en Costa de Marfil, cuando aquel 18 de marzo derrotó 3 a 1 a Nigeria en el nacimiento de un clásico continental; Kundé entró en esa final por el goleador Bonaventure Djonkep. En agosto también estuvo en el plantel que actuó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (Estados Unidos), donde nuevamente se fueron en primera ronda. Y para 1986 atravesó una era de fracasos al ser eliminados en el camino a la Copa del Mundo de México y caer en la decisión de la Africana con Egipto por tiros desde el punto penal. Por suerte le llegó nuevamente el éxito en la siguiente edición en Marruecos 1988. Y como cuatro años antes, fue sobre Nigeria ese 27 de marzo en Casablanca. Y resultó justamente Emmanuel una de las figuras en el trofeo para su nación, al convertir un penal a los 55 minutos que sería el 1-0, lo que además le valió integrar el equipo ideal del torneo.

Para ese momento había dejado su década de gloria en el Canon y traspasado sus fronteras para jugar en Francia, en 1987 en el Laval y en 1988 en el Reims. Casi sin pena ni gloria por suelo francés, Kundé regresó a su tierra para primero militar en el Prévoyance Yaoundé, con el que conquistó una Copa camerunesa en 1990. Y especialmente para ayudar a la segunda llegada de los tricolores a un Mundial, el de Italia, cuando batieron en 1989 a Túnez 2-0 de locales (segundo gol de Kundé) y 1-0 a domicilio.

A pesar de una floja campaña en la CAN de Argelia, perdiendo con Zambia y yéndose enseguida, Camerún se preparó con todo su poderío al punto de llevar en su plantel a los casi retirados N’Kono y Milla. Y lo hizo aún mejor que ocho años antes en España en las canchas italianas, empezando por el sonoro 1-0 a la Argentina campeona vigente y siguiendo hasta los cuartos de final, donde se convirtió en el primero de África en esa instancia. Y se imponía a la dura Inglaterra 2 a 1, donde Kundé había marcado la igualdad de penal, y parecía ir a semifinales hasta que a nueve minutos del cierre una inocente falta derivó en otra pena que Gary Lineker transformó, llevando el partido al tiempo suplementario, donde el mismo goleador fue derribado por N’Kono y de otro penal fijó el 3-2 y la eliminación, aunque fue igual una actuación inolvidable.

Mientras, Emmanuel pasó al Olympic Mvolyé, club que se reforzó con varios de los mundialistas y que sorprendió al ganar la Copa local en 1992. A inicios de ese año, jugó su última CAN en Senegal pero no pudo repetir la gloria de los 80, ya que Camerún cayó ante el futuro campeón Costa de Marfil en los tiros desde el punto penal. Ese 23 de marzo en el estadio de la Amistad en Dakar fue su despedida con la selección, que terminó batida por Nigeria y en cuarto puesto. Y fue asimismo la de la práctica activa del fútbol.

Porque años después pasó a dirigir, comenzando con el Canon de sus amores en 1997 y 1998. Luego tomó al US Bitam del vecino Gabón y un corto trayecto en otro de la liga camerunesa, el PWD Bamenda, para volver en 2001 al equipo gabonés que guió hasta 2006 y lo ayudó a conquistar la Copa de ese país en dos ocasiones. Y en 2020 se hizo cargo del Hemble Football Club de Botko, también de Gabón. En la cancha y fuera de ella, Emmanuel Kundé fue y es un auténtico león indomable.

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viernes, 27 de octubre de 2023

Glorias de África: Samuel Kuffour

(Por Diego Martín Yamus) Que Ghana es uno de los nombres fuertes del fútbol africano, está a la vista. Desde sus inicios como colonia británica hasta ser independiente. Por década, por títulos, por selecciones, clubes, por premios, hasta por jugar ya cuatro Mundiales. Por ser el primero del continente en ganar una medalla en los Juegos Olímpicos. Y por su constelación de futbolistas, especialmente los de los 90, esos que arrancaron como menores y dieron al país grandeza. El que reúne todos esos hechos y mucho más es Samuel Osei Kuffour (Kumasi, 3 de septiembre de 1976) que comenzó pateando una pelota en su barrio y es hoy otro de los mejores exponentes de la riqueza ghanesa.
El zaguero empezó antes que en su deporte con el trabajo de limpiabotas, a la par que jugaba en equipos de su ciudad como Kumasi Envoys, Fantomas Kumasi o King Faisal Babes. Con 15 años, en 1991, fue reclutado por el Torino italiano, donde no se adaptó y fue pasado en 1993 al poderoso Bayern Munich, y a su vez el gigante alemán lo prestó en 1995 al Nüremberg, de la segunda división. Mientras tanto, su aparición fue tan rápida y brillante que en ese 91 arrancó una cadena de éxitos con su selección, empezando por las de límite de edad, tema controversial por entonces. El 31 de agosto se consagró sin jugar la final campeón mundial Sub 17 en Florencia, Italia, ante España, gracias al tardío gol de Emmanuel Duah que definió el 1-0, en la época en que los partidos duraban 80 minutos. Al año siguiente, fue parte del equipo que conquistó la primera medalla olímpica para el fútbol africano, en Barcelona 92, cuando otro 1-0 sobre Australia (tanto de Isaac Asare) les dio la de bronce. Y en 1993 las hizo todas: segundo de Brasil en el Mundial Sub 20 de Australia, de Nigeria en otro Sub 17 en Japón y el 28 de noviembre, su debut con apenas 17 años en la mayor,  en un amistoso en Sierra Leona ganado al local 3 a 2.

Su carrera había partido ideal con su combinado nacional, pero en los clubes seguía flotando. Hasta que para 1996 se afincó en el Bayern y empezó a encadenar la serie de éxitos de su selección.  En cinco años acumuló cuatro Bundesligas (primera división), dos Copas de Alemania, una Copa de la Liga alemana, la Liga de Campeones 2000/01 ante el Valencia español (1-1 y triunfo 5-4 por tiros desde el punto penal) y la cumbre,  el 27 de noviembre en Tokio, cuando su gol a los 109 minutos permitió el 1-0 sobre Boca Juniors y la conquista de la desaparecida Copa Intercontinental. Pocos recuerdan que River Plate, eterno rival de Boca, nombró socio honorario del club a Kuffour por su tanto.

A todo esto, le llegó el turno de su larga vida en la Copa Africana de Naciones (cinco veces en diez años), comenzando en Sudáfrica en 1996 con un cuarto puesto (su mejor tarea), siguiendo en Burkina Faso 1998 (afuera en primera fase), 2000 en su tierra y en Nigeria (cuartos de final), 2002 en Malí (nuevamente en cuartos) y la última en Egipto 2006, otra vez en primera fase. Y mientras del Bayern se marchó a Italia en 2005 para jugar por la Roma y luego el Livorno, tuvo desquite al arribar a su única Copa del Mundo, justamente la de Alemania, donde Ghana debutaba. Sin embargo, Samuel apenas disputó el partido de apertura ante el futuro campeón Italia (0-2) y ya no lo hizo más, y su equipo superó la fase grupal con triunfos a República Checa y un polémico a Estados Unidos, pero Brasil lo frenó en octavos de final 3 a 0. Esa caída con Italia, el 12 de junio en Hannover, fue la última aparición del defensor con Ghana. Porque continuó tres años más con los clubes. Del Livorno fue a préstamo al Ajax neerlandés en 2008 y, finalmente, se retiró en su tierra y su ciudad, en el popular Asante Kotoko, varias veces campeón de África.

 

Allí no detuvo su vida con el fútbol. En 2010 comenzó como comentarista de la cadena sudafricana de TV Supersports, justo para analizar la tarea de su selección en el Mundial 2010. En 2013 fue asistente en el Asante y en 2016, entrenador de la Sub 17 donde él mismo se había consagrado 25 años antes. Cuatro años después ejerció de asistente en la absoluta, y en 2021 la Confederación Africana (CAF) lo eligió merecidamente el mejor de todos los tiempos de la Copa Africana de Naciones. A pesar de sus pocos goles, Samuel Osei Kuffour ganó no sólo títulos con su selección y sus clubes, sino más aún, el reconocimiento y la memoria de los que amamos el fútbol y a África. Así es como se recibe un simple chico que lustraba botas y pateaba el balón en su barrio de gloria africana.

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lunes, 7 de agosto de 2023

Glorias de África: Ibrahima Bakayoko

[Por Diego Martín Yamus] Costa de Marfil tuvo dos generaciones de oro de futbolistas en su riquísima historia. Una fue la de los años 90, la primeriza campeona de África en 1992. La otra, la de este siglo XXI llegando a los Mundiales. En medio de ambas constelaciones de estrellas, hubo una que no pudo alcanzar semejantes logros, pero igual se ganó el más importante, la memoria de un tremendo goleador. Así fue Ibrahima Bakayoko Sela (Séguela, 31 de diciembre de 1976) en la vida futbolera de los Elefantes.

Esos primeros años del nuevo milenio fueron los más fructíferos en la carrera de este delantero potente y veloz, que podía bien jugar por el medio como por los extremos. Proveniente de los juveniles de Yani Sports (1991- 92) y Alliance Rénaissance (1993- 94), en 1994 debutó como profesional en el popular Stade de Abidjan, uno de los grandes de la capital económica del país, ganador de la Copa de Campeones del continente en 1966. Con el Stade no sólo le peleó el liderazgo local a los otros gigantes ASEC y África Sports, sino que ayudó a conquistar la Copa doméstica en 1994 ante el África (4-2) y a ser finalista del ASEC en el 94, como también de la Supercopa CONTRA éste en dos espectaculares decisiones ese 94 y 1995. Era natural que tal aparición fuera asimismo en la selección, y eso fue para la Copa Africana de Naciones de Sudáfrica 1996, cuando el entrenador francés Pierre Pleimelding lo contó en el plantel. Bakayoko se puso por primera vez la camiseta naranja el 14 de enero en el estreno ante Ghana (0-2) en Port Elizabeth, ingresando por otro ícono, Abdoulaye Traoré, a los 46 minutos; también lo reemplazó en la derrota 1-3 ante Túnez que fue la ida del entonces subcampeón de África. Completó un mal año para los Elefantes cuando quedaron eliminados muy rápido por Congo de su primera eliminatoria al Mundial, el de Francia 98.

A pesar de eso, sus cualidades lo llevaron a ser fichado ese 96 por el Montpellier de la Ligue 1 gala, y el técnico del Everton inglés Walter Smith lo elogió al punto de que el club invirtió 4 millones y medio de libras esterlinas por su pase para octubre de 1998. Sin embargo, el goleador apenas jugó 23 partidos y marcó cuatro veces, por lo que en 1999 regresó a tierra francesa y al Olympique de Marsella, donde correría hasta 2003. Al mismo tiempo volvió a tomar parte en la CAN, esta vez en Egipto 1998, donde alcanzó su mejor actuación marcando contra Namibia y Angola y cayendo ante el local y futuro campeón por penales en cuartos de final, en serie perdida 4-5 en la que convirtió su tiro.

Ya en 2000, volvió a intentar un buen pasar en la Copa africana jugada en Ghana y Nigeria, pero el equipo se fue nuevamente en la primera ronda, con él titular en el debut 1-1 ante Togo y entrando en el último encuentro frente a Ghana, cuyo 2-0 no les sirvió. Pero Bakayoko continuó siendo un terror para las defensas del continente, y con 11 goles estuvo cerca de clasificar a Costa de Marfil a su primer Mundial, el de Corea del Sur-Japón 2002, aunque la República Democrática del Congo lo frenó con un empate y una caída inesperadas que puso a Túnez en la Copa del Mundo. Su última lucha con el combinado fue para la CAN de Malí 2002, y de nuevo sucumbieron en la fase grupal, otro empate con Togo (0-0) y derrotas ante Camerún (0-1) y la RD del Congo (1-3). Contra ésta resultó su última vez nacional, aquel 29 de enero en Kayes reemplazando a Lassina Diabate a los 37 minutos, completando seis años de alrededor de 40 presencias y 20 goles.

Tras semejante revés, su carrera siguió por los clubes, pero muy irregular: un tiempo entre 2003 y 2004 en el Osasuna español, que por su bajo nivel lo declaró transferible, de donde pasó al Istres francés en 2005 y luego, una larga estadía en Italia para militar en el Livorno dos años y una más corta en el Messina en 2007. Grecia pareció sentarle mejor con su entrada al AE Larissa (2007- 08) y PAOK Salónica (2008- 09), pero más en el modesto PAS Giannina, para quien contribuyó a su título de la segunda división y ascenso a la primera para 2011, siendo además máximo realizador de la campaña. En 2012 se marchó al Olympiakos Volou para terminar su vida griega y para 2014, jugó sus últimos partidos para el Stade Bordelais de la liga de ascenso nacional de Francia.

A lo largo de dos décadas, no levantó ningún trofeo, pero movió la red más de 130 ocasiones. Con lo mejor de sí, hacer goles, Ibrahima Bakayoko fue otra gloria de África y de Costa de Marfil.

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viernes, 30 de junio de 2023

Glorias de África: Anthony Baffoe

[Por Diego Martín Yamus] Muchas veces el fútbol es injusto con los grandes en grandes momentos. Que una estrella erre un penal en un partido decisivo. Lo saben Maradona, Zico, Platini, en África el camerunés Pierre Wome. Esa simple circunstancia, por más trascendente, no debe marcar a nadie. Por eso Anthony Baffoe, el zaguero emblema de Ghana, es otro apellido de la gran vida de las Black Stars y de los clubes a los que defendió con enorme jerarquía, sea en Alemania, su tierra o Hong Kong.

Baffoe sería hoy uno de los tantos casos de africanos que refuerzan a las selecciones extranjeras, principalmente las de Europa, como fuera con su compatriota Jerome Boateng. El altísimo defensor (1,91 metros) es hijo de un diplomático ghanés que residió en la ciudad de Bad Godesberg, en la antigua capital Bonn, donde nació un 25 de mayo de 1965. Fue así que desde 1974 en que arrancó en la cantera del FC Ringsdorff y hasta principios de los 90 su carrera discurrió en territorio germano. Ese año fue al Godesberger FV en que militó hasta 1980, cuando ingresó a las divisiones inferiores de uno de sus dos máximos clubes: el Colonia, para el que debutó profesionalmente en 1983. Entonces comenzó su periplo como uno de los primeros de raza negra en la Bundesliga, sobre todo en la segunda división. En el 85 pasó al Rot Weiss Oberhausen, y en 1986 al Stuttgarter Kickers, donde logró ser finalista de la Copa local perdiendo contra el poderoso Hamburgo. Para 1987 apareció en el Fortuna Colonia, en el que se presentó 73 veces en dos años, y finalmente adquirió popularidad en 1989 cuando fue fichado por el Fortuna Düsseldorf, que recién subía a la Bundesliga mayor. Allí fue un destacado a pesar de que su modesto equipo no daba para su altura. Su mejor tarea fue el noveno lugar en la temporada 89/90, en la que curiosamente desperdició dos penales. El conjunto bajó a la siguiente al lugar 12 y en la 91/92, fue último y el ghanés sufrió su primer sinsabor con el descenso, lo que lo llevaría a otra tierra huésped de los africanos de la época: Francia.

Sin embargo, sus cualidades no tardaron en enviarlo a la selección, que buscaba un lugar entre los grandes del continente como había sido en los años 60 y 70. Y debutó en ella el 29 de abril de 1991 y con un gol, el segundo del 2-0 a Togo de local en la eliminatoria a la Copa Africana de Naciones del año siguiente. Ghana obtuvo el Grupo por delante de Nigeria y regresó a la CAN  que ya había conquistado en 1963, 1965, 1978 y 1982. En una generación dorada encabezada por Abedi Ayew “Pelé” y Tony Yeboah, Baffoe fue titular inamovible aquel enero y febrero de 1992 en Senegal, ayudándolo a arribar a una nueva final contra su clásico rival del oeste, Costa de Marfil. En el estadio de la Amistad de la capital Dakar, fue tan cerrada la decisión que tras 120 minutos no lograron más que un 0-0 que la envió a los tiros desde el punto penal. La que fue una de las series más largas como dramáticas la comenzó el central marcando el primer tiro, y luego de un par de yerros y de interminables conversiones, con los marfileños arriba 11 a 10, a Baffoe le cayó en suerte repetir su lanzamiento. Esta vez no la tuvo, ya que se lo atajó el gran arquero Alain Gouamené y Ghana perdió en sus pies la chance de su quinta corona. El fútbol le ofreció desquite y, ya en el Metz de la ligue 1 francesa, integró el equipo que fue por la CAN de Túnez en abril de 1994. Dos agónicos triunfos sobre sus vecinos Guinea y Senegal lo pusieron de nuevo en carrera, pero el irónico destino quiso que otra vez Costa de Marfil se cruzara en su camino y los eliminara con un 2-1 en el cierre. Ese 3 de abril en Sousse, justamente fue el último compromiso de Baffoe con su selección, a la que representó 25 veces con ese gol a Togo como único.

Cerca de los 30 años, su gran trayectoria entró en su curva descendente. Siguió un año más en Francia, en el Niza a hasta 1995, y paseó su calidad luego por otros continentes: en 1997 en el exótico Hong Kong Golden de esa región asiática, donde fue anteúltimo de ocho clubes; en 1998 en el Caracas FC de Venezuela y en 2001 su primera vez en su tierra de sangre, en el Obuasi Goldfields, del que en 2002 se movió a Sudáfrica para jugar para el Ajax Cape Town. Finalmente, en 2003 volvió a Ghana y se retiró cerca de 2006 en el modesto Ashanti Gold. Eso con la pelota en sus pies, porque desde ese momento nunca dejó de estar ligado al deporte. Ese 2006 fue nombrado director de relaciones internacionales de Ghana y en 2007 dirigió a las juveniles por un tiempo, a la par que fundó la Professional Footballers Association de su país, mientras incursionó en la TV alemana con programas dedicados al área de los jóvenes futbolistas. Y sigue ligado actualmente, como encargado de negocios de la selección y, sobre todo, como secretario general adjunto de la Confederación Africana (CAF). Y la FIFA lo ha designado embajador en la campaña contra el racismo y por los niños sin hogar, además de serlo del combinado nacional. Como Maradona, como Zico, Platini o Wome, Anthony Baffoe fue y es un grande del fútbol, aunque haya errado un penal decisivo.

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lunes, 17 de abril de 2023

Glorias de África: Finidi George

[Por Diego Martín Yamus] Los años noventa fueron para Nigeria una especie de imperio. Conquistas históricas, grandes guerreros, varias batallas ganadas y buena parte de gloria. Después de tiempos sin éstos, la generación dorada de Yekini, Amokachi, Okocha, Okechukwu, Oliseh y Amunike, entre otros, hilvanó muchas alegrías a ese golpeado suelo. Y George Finidi (Port Harcourt, 15 de abril de 1971) se agregó a esa rica lista y a las anteriores camadas, pero brilló por su propia presencia con una trayectoria llena de frutos.
El mediocampista por la derecha comenzó en 1989 en el Calabar Rovers de la Primera nigeriana, para luego jugar en 1990 para el Iwuanyanwu National (campeón de clubes de África en 1988) y entre 1991 y 1993 en el Sharks de su ciudad. Su talento y sus goles llamaron al neerlandés Clemens Westerhof, técnico de la selección, a convocarlo con 20 años a su primer partido. Fue el 27 de julio de 1991 en el 7-1 a Burkina Faso por las eliminatorias de la Copa Africana de Naciones, y fue titular y tan importante que dio tres asistencias a Rashidi Yekini y marcó el último gol a los 88 minutos. Y así también fue parte clave en su primera Copa africana en Senegal 1992, cuando las Súper Águilas fueron terceros; allí ingresaba en los segundos tiempos hasta las semifinales y el tercer puesto ganado a Camerún en que fue del once inicial. En 1993 empezó su período más floreciente cuando fue por primera vez al exterior y fue fichado nada menos que por el Ajax de Louis Van Gaal, lleno de jóvenes y eficaces talentos: Kluivert, Seedorf, Frank y Ronald de Boer, Bergkamp, el finlandés Jari Litmanen y su compatriota Nwankwo Kanu. 

Con el conjunto de Amsterdam cosechó una larga y excelente lista de éxitos: tres ligas (Eredivisie) seguidas (1994, 1995 y 1996), dos Supercopas de los Países Bajos (94 y 95), una Supercopa de Europa en el 95 y ese gran año, sus dos máximos títulos: La Liga de Campeones ante el gran Milan el 24 de mayo en Viena (1-0) y la desaparecida Copa Intercontinental ante el Gremio de Brasil por tiros desde el punto penal (0-0 y 4-3, Tokio, 28 de noviembre). Y también con Nigeria, ya que el 8 de octubre de 1993 marcó el 1-1 de visita en Argelia que le permitió llegar a su primer Mundial, el de Estados Unidos 94. El 10 de abril del 94 ayudó a la selección a ganar la Copa Africana de Naciones en Túnez tras 14 años, jugando casi siempre de titular y convirtiendo un penal en la tanda de la semifinal ante Costa de Marfil. Y en Estados Unidos, le hizo el primer tanto del 2-0 a Grecia que les dio el Grupo D por sobre la mismísima Argentina que ya no tenía a Diego Maradona, suspendido por dóping; luego Finidi y sus compañeros casi baten en octavos de final a la gran Italia, que los superó 2-1 en tiempo suplementario y sería subcampeona de Brasil. 
Tras su glorioso paso por Países Bajos, en 1996 viajó a España para defender al Betis, en el que hizo una aceptable tarea con el cuarto puesto de la Liga y la final de la Copa del Rey en 1997, cuando cayó ante el Barcelona 2-3 en tiempo extra y George anotó el segundo de los suyos. Ese 97 contribuyó a una nueva entrada de Nigeria al Mundial, ahora el de Francia, en el que otra vez no pasaron los octavos (1-4 con Dinamarca) y el medio jugó siempre de arranque. En 2000 disputó su segunda CAN en su tierra y en Ghana, torneo que no pudo por la suspensión que las Águilas recibieron para la del 98; allí fue pieza necesaria para arribar a la final con Camerún, que luego del 2-2 lo derrotó por penales; él había hecho un gol a Marruecos en la fase inicial. Ese 2000 sufrió además el descenso con el Betis y aceptó su pase al Mallorca en 2001, de donde se trasladaría a Inglaterra y al Ipswich Town dos años. Quiso su última chance en la Copa Africana, pero en Malí 2002 alcanzó el tercer puesto del torneo ganado otra vez por Camerún. El partido por el podio fue el 9 de febrero en Mopti, donde Nigeria superó a los locales 1 a 0 y Finidi se retiró del combinado ingresando a los 89’ por Oruma. 

Era ya la cuesta abajo de un futbolista brillante. En 2003 descendió con el Ipswich y regresó al Mallorca, donde definitivamente colgó las botas en 2004. Recién en 2010 se reconectó al fútbol y fue nombrado director de la parte internacional del Betis. Y en septiembre de 2021 fue designado técnico del En yimba, el tradicional club de la Liga nigeriana, que comanda actualmente. Finidi, que significa “un futuro lleno de sol”, tiene nada menos que once hermanos, dos de los cuales han sido futbolistas: Igeniwari y Celestine. El primero fue asesinado en incidentes entre fanáticos en un partido. Ésa fue y es la carera de otro de los grandes del gran Nigeria. Como quiera llamársele, con su apellido erróneamente primero, George Finidi fue otra águila de alto vuelo para Nigeria y para el mundo futbolero.

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miércoles, 1 de marzo de 2023

Glorias de África: Tony Yeboah

[Por Diego Martín Yamus] Marcar un gol es para cualquier jugador de cualquier mundo un hito. Si son 194, mucho más. Y si esa cantidad se realiza en varios lugares y sirven para lograr títulos, su valor se multiplica. Así fue la vida futbolística de Anthony Yeboah, Tony para el ambiente, que moviendo las redes se convirtió en otro símbolo de la riquísima historia de Ghana. 
Uno de los mejores futbolistas y goleadores del país del oeste nació en Kumasi un 6 de junio de 1966. Y desde muy chico empezó su meteórica carrera. Con apenas 15 años, en 1981 debutó en el popular Asante Kotoko, dos veces campeón africano y varias locales, que él ayudó en ese entonces al obtener tres ligas seguidas y la Copa (hoy Champions League) en 1983 sobre el poderoso Al Ahly egipcio. Enseguida pasó al más modesto Cornerstones de su ciudad donde también descolló. No extrañó que tan joven se estrenara con la selección en 1985, iniciando con las “Black Stars” otra vida de éxitos a pesar de no conseguir campeonatos. En 1986 fichó para otro doméstico, el Okwawu United, y siguió siendo el terror de los arcos con impresionantes 35 goles en igual número de partidos, erigiéndose en máximo realizador de esa temporada y festejando con su dedo índice señalando a la tribuna. Así seguramente hizo en su primero con Ghana, aquel emotivo 17 de enero de 1988 contra Zambia, cuyo gol valió el 1-0 final, pero no alcanzó a llevarlo a los Juegos Olímpicos.  

La primera gran frustración de su carrera la superó enseguida. Ese 88 fue contratado por el 1. FC Saarbrücken de Alemania, su experiencia inicial en el exterior, marcando un hito al ser el primer futbolista negro de la Bundesliga. Ni qué hablar cuando dos años más tarde, en 1990, empezó el que sería un lustro (cinco años) con el más importante Eintracht Frankfurt. Allí tuvo al comienzo problemas de adaptación y sufrió actos de racismo de hinchas, a quienes de a poco fue callando con su capacidad goleadora: otro récord de 68 en 123 encuentros, lo que lo llevó a ganar dos veces la Bota de Oro al máximo de la temporada (1992/93 y 1993/94), aparte de ser capitán del equipo y ser parte del once ideal de esos dos campeonatos.  

Mientras Yeboah aparecía todas las semanas entre los de arriba en la tabla de artilleros, era ya pieza clave en la potente selección ghanesa que intentaba llegar a un éxito internacional. En 1992 disputó su primera Copa Africana de Naciones en Senegal y, compartiendo ataque con otra gloria como Abedi Pelé, hizo dos importantes goles a Egipto (1-0) y Congo en cuartos (2-1), llevando al equipo a la final tan recordada con Costa de Marfil, que perdieron 11- 10 en tiros desde el punto penal, serie en la que Tony marcó el quinto. Tras tampoco poder con Argelia en las eliminatorias del Mundial de Estados Unidos, jugó su segunda CAN en Túnez 1994, pero sólo dos partidos y volvió a ser eliminado por los marfileños en cuartos de final. Y su tercera y última ocurrió en Sudáfrica 1996, donde le fue mejor actuando más, anotando de nuevo dos tantos y arribando hasta el cuarto puesto perdido con Zambia, cotejo que no disputó. Eran sus últimas luces con las Black Stars, y poco después, el 27 de marzo, haría el último de sus 29 goles oficiales con ellas en una catastrófica derrota 2-8 ante Brasil. Se retiraría del combinado para el que trabajó 59 ocasiones justo un año más tarde.  
Para entonces, en 1995 había dejado su gran huella en el Eintracht para hacerlo en la exigente Premier League de Inglaterra, en el Leeds United. Otra vez dio la talla con creces con 24 goles en 47 partidos, premiado como jugador del año en 1996 y con el gol del mes varias veces, y el de la temporada 95/96 ante Wimbledon. Además, su tarea le dio ser elegido futbolista de Ghana en 1997 y en 2017 la revista Four Four Two lo ubicó en el top ten de los africanos que jugaron en la Premier. Pero Yeboah empezó a sufrir lesiones y, con la llegada del técnico George Graham, tuvo choques que derivaron en su salida. Regresó a Alemania para jugar por el Hamburgo y tras cuatro años, decidió ya veterano ir al paraíso de los que se están yendo: Qatar, donde en 2001 y 2002 militó en el Al Ittihad ganando la Liga y la Copa del Emir. Allí decidió poner fin a semejante carrera, pero siguió un rato más en el fútbol y en 2008 fue nombrado presidente del recién ascendido ghanés Berekum Chelsea.  

Actualmente casado y padre de dos hijos (además tío de Kelvin, también jugador profesional) se ocupa de una agencia deportiva junto a su compatriota Michael Osei llamada Anthony Yeboah SportPromotion y, al mismo tiempo, posee una cadena de hoteles en el país conocida como Yegoala. Es que un goleador nunca se queda quieto, siempre está al acecho. Como el gran Tony Yeboah hizo ayer y hace hoy.

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miércoles, 18 de enero de 2023

Glorias de África: Daniel Amokachi

[Por Diego Martín Yamus] Nigeria siempre fue animador de cada evento donde pisó, especialmente en el continente pero más tarde cuando lo hizo en el mundo. Pero para llegar al mundo necesitó de aquella generación dorada, ganadora, mística, que le dio pasaporte a Juegos Olímpicos y al Mundial. Uno de los adelantados de esa camada fue Daniel Ray Owefin Amokachi, un delantero que apenas surgió dejó huella en su patria y luego en Europa y el planeta, además de ayudar a su selección como uno de los integrantes del gran tridente con Rashidi Yekini y Emmanuel Amunike
La carrera de Amokachi empezó tan temprana como exitosa a la vez. Nacido en Kaduna un 30 de diciembre de 1972, debutó a los 17 años en el Ranchers Bees local, con el que en 1989 ya ganó su primer halago, la Copa de Clubes de África Occidental, donde fue premiado mejor jugador. El técnico neerlandés Clemens Westerhoff, ya al comando de la absoluta, lógicamente se interesó y lo hizo comenzar con las Súper Águilas un 25 de enero de 1990, en un 2-0 a Costa de Marfil por la zonal Copa CEDEAO. Días después el joven era parte del equipo que en Argelia jugó la Copa Africana de Naciones y llegó hasta la final, perdiendo con el local; disputó los cinco partidos en dupla con Yekini, y el 18 de agosto marcó su primer gol para Nigeria en un 3-0 a Togo rumbo a la siguiente Copa Africana, la de Senegal 92. 

Gracias también a Westerhoff, recaló en el exigente mundo europeo, en el Brujas de Bélgica, donde empezó a ratificar su potencial. Entre sus muchos goles, realizó el primero de la nueva Liga de Campeones en 1992/93, cuando su club batió al CSKA Moscú 1 a 0. Recibió el botín de ébano tres veces hasta 1994 y fue nombrado ese 92 mejor extranjero; sólo le faltó jugar la Copa Africana. 

Sin embargo, Amokachi perseguía junto a sus compañeros un sueño más grande, largamente esperado: la Copa del Mundo. Y él contribuyó a hacerlo realidad, cuando ese 1993 le anotó un gol a Argelia y otro a Costa de Marfil decisivos para finalmente alcanzar Estados Unidos 94. Para prepararse para su entrada mundialista, disputó la CAN de Túnez en abril, donde jugó siempre, y se coronó campeón por segunda vez en la historia regional. Así viajó a USA 94 y el 21 de junio, en el Cotton Bowl de Dallas, su país debutó brillantemente goleando a la Bulgaria de Hristo Stoichkov 3 a 0, donde Amokachi conquistó el segundo gol. El 30 también lo hizo ante Grecia justo en el minuto 90, y ese tardío 2 a 0 le dio a Nigeria ganar el grupo D y enviar a la Argentina de Diego Maradona al tercer mejor lugar, cuando días antes la albiceleste y Diego los habían vencido 2 a 1. El sueño de Daniel y compañía concluyó en octavos de final, cuando el 5 de julio cayeron en tiempo suplementario ante el futuro subcampeón Italia. Pero el fútbol da revancha. 

En 1995 dejó el Brujas y fue fichado por el Everton inglés, donde no tuvo el mejor paso de acuerdo a sus antecedentes, e igual alzó la legendaria FA Cup con un gran 1-0 al Manchester United. También fue parte de la obtención de la Supercopa inglesa, más conocida como FA Charity Shield. Mas no se pudo asentar en el once por lesiones y terminaría jugando poco y en baja forma. Pero otra vez tuvo desquite. Aquel 1996 hacía mucho que Nigeria no estaba en los Juegos Olímpicos, adonde había arribado un año antes. Amokachi fue indiscutido titular y tras espectaculares remontadas sobre Brasil y Argentina se colgó la primera medalla de oro para África en el fútbol del evento. El delantero contribuyó en la final con el empate a dos con una rarísima definición de pura suerte, que precedió al gol de Amunike y a la gloria dorada. 
Ahora en las filas del Besiktas turco, allí también dejó huella de goles y títulos, levantando la Copa y la Supercopa local y siendo objeto de varios galardones: mejor gol de la Liga en 1999, parte del once del siglo en Turquía y en 2015, un premio honorario a los Deportistas del país. Pero su última gran jugada para Nigeria fue ese 1997, cuando con tres goles volvió a llevarla al Mundial de Francia. Sin embargo, lesionado en la rodilla, sólo pudo actuar ante Bulgaria (1-0) y fue reemplazado por otro talentoso, Nwankwo Kanu, despidiéndose así del combinado nacional. 

Sus líos físicos fueron cerrando su brillante trayectoria. Por su menguada condición fue rechazado en el 1860 Munich de Alemania, en el Tranmere Rovers inglés, en el Colorado Rapids de la NASL de Estados Unidos y hasta en Emiratos Árabes Unidos. Sólo le quedó regresar a su patria tras 16 años de triunfos en 2005, en el Nasarawa United, donde se retiró activamente. 

Pero alguien que le dio tanto al fútbol como Amokachi no se podía quedar quieto. Y enseguida comenzó una carrera de entrenador con la que desempeñó segundos papeles: Nasarawa, Enyimba, Ifeanyi Uba y JS Hercules y dos períodos como asistente de la selección y uno como técnico interino. Por su gran trabajo, el 4 de febrero de 2020 fue honrado como Embajador del fútbol de su nación por el presidente Muhammadu Buhari. Si bien dejó el balompié tempranamente, lo contagió del éxito de su generación dorada y fue uno de los responsables de los tiempos más felices de Nigeria. 


lunes, 24 de octubre de 2022

Glorias de África: Frederic Kanouté

[Por Diego Martín Yamus] En las últimas décadas, el fútbol de Malí experimentó un crecimiento fuerte tanto individual como grupal, ya sea a nivel clubes o de selecciones. Y uno de los nombres que impulsaron ese viento fue Frédéric Oumar Kanouté Effantin, el excelente delantero que justamente hizo crecer a su país con la selección y su vida pródiga en distintos clubes de las grandes ligas de Europa. 
Nació en Sainte-Foy-Les-Lyon (Francia), el 2 de septiembre de 1977, aunque luego jugaría para Malí y tendría la doble procedencia. Su comienzo fue naturalmente cerca de su ciudad natal, en el gran Olympique de Lyon en 1997, durante la recordada Copa Intertoto en la que fue indiscutido titular y ganó. Luego caminó por la exigente Ligue 1, pero entre ella y su paso a Inglaterra para jugar en el West Ham (99- 2003) y el Tottenham Hotspur (hasta 2005) aún era casi un desconocido, sufriendo además un descenso de categoría con el West Ham en 2003. 

Para entonces había militado para la selección de Francia Sub 21, pero con el cambio de reglas de la FIFA el goleador se enroló en su patria y el 15 de enero de 2004 vistió por primera vez la camiseta maliense, un 2-0 amistoso sobre Argelia, justo antes de su primera Copa Africana de Naciones en Túnez. Allí marcó cuatro goles, sus primeros como internacional, y ayudó a las Águilas a ser cuartos. 
Fue el nacimiento de su esplendor, ya que al año siguiente dejó Tottenham y pasó al Sevilla de España, con el que se llevó cantidad de títulos, goles y aprecio. En sólo dos temporadas conquistó una Supercopa de Europa, una de España, una Copa del Rey y dos de la UEFA, siempre con tantos decisivos y contra poderosos como Real Madrid, a quien le robó la Supercopa española con un fabuloso triplete y 5 a 3. Era lógico su galardón como futbolista africano del 2007. En las últimas jornadas de ese período se lesionó y cuando regresó fue ovacionado por la gente en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. Para 2008 participó de nuevo de la Copa Africana de Naciones ahora en Ghana y en 2010 en Angola, y si bien convirtió goles su equipo no pasó la primera ronda. Fue tras este torneo que Kanouté decidió irse de la selección y cerrar su carrera en el Beijing Guoan de China en 2013. 

Actualmente, el franco maliense Kanouté reside en la lujosa Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, con su familia. Y está muy comprometido con su país, como sucede con la mayoría de las glorias del continente: creó la Fundación Kanouté, con la que ha construido una Ciudad de los Niños cerca de la capital Bamako. Alguien tan grande para Malí debía darle una mano. Y Dios eligió al enorme Frédéric Kanouté.

*Nota: Kanouté es el protagonista del capítulo de Malí en el libro "Fútbol Africano II", de Pancho Jáuregui, disponible en la web de la Editorial Libro Fútbol.

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domingo, 21 de agosto de 2022

Goles Mundialistas: El cabezazo de M'Boma

Luego del debut con empate ante Austria con el golazo de Nkanka, Camerún perdió 3-0 con Italia en la segunda fecha del Grupo B en Francia 1998. En la fecha final, los dirigidos por Claude Le Roy se midieron a Chile en el Stade de la Beaujoire - Louis Fonteneau (Nantes) y un triunfo los metía en octavos de final. 
Sin embargo, el trámite del partido empezó mejor para los chilenos que se adelantaron en el marcador sobre los 20 minutos con un exquisito tiro libre del zurdo José Luis Sierra, imposible para la estirada de Jacques Songo'o. El 1-0 sería el resultado de la primera parte.

En el complemento, los cameruneses salieron con todo en busca del empate y M'Boma avisó de entrada, con un zurdazo que tapó Nelson Tapia. Sobre los 52 minutos, las cosas se complicaron aún más para los Leones Indomables, cuando Rigobert Song vio la tarjeta roja por un codazo sobre Marcelo Salas. Sin embargo, cinco minutos después llegaría el 1-1 para Camerún.
Luego de una conexión entre el capitán Omam Biyik y Patrick M'Boma, este último se impuso en lo alto ante los defensores chilenos y, de cabeza, puso las cosas iguales. Lo podrían haber ganado los Leones Indomables pero el árbitro húngaro Lazlo Vagner le anuló un gol a Biyik por un supuesto fuera de juego -en el primer tiempo ya le habían anulado otro-. Camerún terminaría con 9 hombres por la expulsión de Lauren Etame y con el 1-1 los chilenos se metieron en los octavos de final.

Este 1-1 ante Chile significó el séptimo encuentro mundialista consecuctivo para el elenco africano sin conocer la victoria. La última había sido en octavos de final de Italia 90 ante Colombia. Luego siguieron la caída con Inglaterra en cuartos de dicho Mundial más empate con Suecia y caídas con Brasil y Rusia (todos en Estados Unidos 1994) y los mencionados en la cita en suelo francés.

M'Boma fue el octavo jugador de su país en convertir en un Mundial luego de M'Bida, Biyik, Milla, Kundé, Ekeke, Embe y Njanka.

Todos los goles de África en los Mundiales
México 1986 (4)
Italia 1990 (8)
Estados Unidos 1994 (12)
Francia 1998