sábado, 17 de mayo de 2025
Adiós Emmanuel Kunde
miércoles, 30 de abril de 2025
Tragedias Africanas: Sam Okwaraji
Con ese corazón amoroso por su patria, Samuel cumplió siendo parte en 1988 del equipo subcampeón de la Copa Africana de Naciones de Marruecos y de los Juegos Olímpicos de Seúl. Para ese tiempo se marchó del Ulm al K-Berchem de Bélgica, donde nada le impedía mostrar sus cualidades. Ni siquiera un estudio que había revelado un agrandamiento del corazón que le provocaba alta presión en la sangre.
En 1989 formó parte de las Águilas que intentaban volar hacia su primera Copa del Mundo. Nigeria venía bien ubicado en el Grupo C tras victorias sobre Gabón y Camerún, un empate de visita en Angola y una inesperada derrota en suelo gabonés. El 12 de agosto, las Súper Águilas recibía a los angoleños en el reabierto estadio Nacional de la antigua capital Lagos. Lo que tendría que ser una jornada de fiesta fue de dolor ya desde antes, cuando el recinto se colmó con alrededor de 100.000 personas, hubo aglomeraciones, empujones, corridas y cinco fallecidos. El encuentro se jugó y el local ganaba 1 a 0 con gol de otro inolvidable, Stephen Keshi.
Cuando iba hacia un final tranquilo, de repente el clima se enrareció y todo se fue al suelo. A los 81 minutos, Okwaraji sufrió un desmayo y a pesar de ser socorrido por sus compañeros, perdió la vida en la cancha. El genial Samson Siasia, titular ese día, reveló después: “Estaba jadeando y echando espuma. Tenía los dientes arenosos”. La noticia recorrió el mundo, desprovisto de redes sociales y ultratecnología, y llegó hasta Radio Continental de Buenos Aires, donde el colega Juan Yankillevich, que seguía en estudios centrales la información de las eliminatorias, se consternó al darla: “Espectadores fallecidos en las tribunas y en la cancha, un jugador de Nigeria. Así como suena”, informó esa fría tarde en Argentina.
Como si el destino estuviera prefijado negativamente, dos semanas más tarde la selección perdió ante Camerún y su sueño de Mundial, el mismo que Okwaraji deseaba alcanzar. Una autopsia arrojó que el mediocampista falleció por una insuficiencia cardíaca y congestiva. El presidente Ibrahim Babangida dispuso donar 50.000 dólares a la familia. Sam recibió de allí en adelante todo tipo de homenajes: en 2009 el gobierno colocó una estatua suya en el estadio Nacional, en su Orlu natal otro estadio fue rebautizado con su nombre, en 2019 Google lo recordó con un “doodle” en el que hubiera sido su cumpleaños 55, La Federación oficializó un apoyo económico de 30.000 nairas para las familias de jugadores que perdieron su vida actuando para el país. Hasta en 2024, se lanzó un torneo juvenil nacional, el Sam Okwaraji Memorial Football Competition. Nada pudo ni podrá, aunque corresponda, compensar ese enorme corazón con el que Samuel Okwaraji quiso engrandecer a su Nigeria.
miércoles, 19 de marzo de 2025
Glorias Africanas: Jean Manga Onguéné
miércoles, 22 de enero de 2025
Glorias de África: Kazadi (Zaire-RD Congo)
[Por Diego Martin Yamus] Con dos nombres distintos, Congo Kinshasa y Zaire, este país del centro de África fue en los años 70 un gigante y referente del continente, tanto en las citas de clubes como de selecciones. Una gran generación de jugadores llevó a la actual República Democrática del Congo a tanto éxito. Esa generación tuvo desde el arco uno de sus pilares: Robert Mwamba Kazadi, hacedor de títulos con el TP Mazembe y el combinado de los Leopardos.
Desde ya fue rápido gran valor de la selección y su estreno fue, como con el TP Mazembe, glorioso. Ganó la Copa Africana de Naciones de Etiopía en 1968 ante el gigante Ghana, siendo inamovible en la meta del once del húngaro Ferenc Csanadi. Con la llegada al poder del dictador Mobutu Sese Seko, Kazadi fue conocido con ese nombre, pero siguió como el referente del ahora llamado Zaire. Luego de años sin grandes resultados, 1974 fue su tiempo dorado: alzó la segunda CAN en Egipto, en la recordada doble final ante Zambia, y fue nombrado arquero del conjunto ideal. Por supuesto fue el titular del que llegó al Mundial por primera vez ese 74 en Alemania Federal; como sus compañeros, sufrió las amenazas de Mobutu y sus secuaces, además de ser reemplazado por el técnico yugoslavo Blagoje Vidinic tras recibir tres goles en el famoso 0-9 ante los balcánicos.
Por suerte ése no fue su cierre. Continuó integrando ambas escuadras y en 1980 logró la desaparecida Recopa ante el África Sports de Costa de Marfil. Y luego de ser parte de tres encuentros de las eliminatorias del Mundial de España 82, se retiró dejando su gran recuerdo, que su partida en 1998 no pudo borrar y que le valió ser premiado por la Federación de Historia y Estadísticas del Fútbol (IFFHS) como el portero del siglo XX de su país. Ese país que Kazadi Mwamba engrandeció con sus contribuciones al éxito.
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Glorias de África: Jesús (Angola)
[Por Diego Martín Yamus] Hay jugadores que en sí mismos no son grandes apellidos para el mundo del fútbol, pero que para su país representan casi un sinónimo. En África sucede con frecuencia: Adebayor en Togo, Aubameyang en Gabón, Mariga en Kenia, Kallon en Sierra Leona. Es ése también el caso de Osvaldo Fernando Saturnino De Oliveira, un gran goleador angoleño más recordado como Jesús, símbolo de los Palancas Negras y de su liga.
El delantero fue referente de la nación del suroeste por una década. Nacido el 14 de enero de 1956 en la capital Luanda, comenzó de adolescente en el club del mismo nombre en 1974, para al año siguiente pasar al Benfica Luanda y en 1976 al Terra Nova. Pero su gran tiempo le tocó por 1977, cuando llegó al gigante Petro de la capital. Y hasta su partida en 1988, dejó grandes actuaciones, buena cantidad de tantos (máximo de la Girabola en 1982, 1984 y 1985) y contribuyó a cinco ligas, una Copa y una Supercopa local.
Era obvio que un valor así no abunda en lugares como el suyo, y fue entonces que para 1979 fue llamado a la selección, para la que actuó 48 veces con 18 conquistas. La primera, el 12 de julio a Santo Tomé y Príncipe en un 2-1 amistoso. La última fue el 22 de enero de 1989, en un 2-2 con la enorme Nigeria que casi es triunfo en la eliminatoria para el Mundial Italia 90. Por ese certamen hizo asimismo su última aparición con los rojinegros, contra las Súper Águilas el 12 de agosto (derrota 0-1), donde el ya veterano ingresó por el defensor Gerry a los 46 minutos.
Jesús terminó poco después su carrera en Portugal, primero entre 1988 y 1990 en el Varzim y en el 90 en el Oliveirense. En 1995 fue técnico interino de su Petro, guiándolo al título de la Girabola, y luego fue presidente de la Federación varios años, tras lo cual en 2006 decidió postularse a ese cargo, pero para conducir a su país. Era lógico que tal recorrido debía ser reconocido, y la Confederación Africana (CAF) lo hizo incluyéndolo en 2009 en la lista de las CAF Legends. Es que Jesús fue, tal como su apodo, una leyenda viviente y gloriosa.
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martes, 17 de septiembre de 2024
Glorias de África: Burkina Faso Sub 17 2001
sábado, 3 de agosto de 2024
Glorias de África: Ghana 1992
domingo, 12 de mayo de 2024
Nigeria: Trágico accidente de los Babangida
jueves, 2 de mayo de 2024
Glorias de África: Mustapha Hadji
jueves, 8 de febrero de 2024
Glorias de África: Alain Gouamené
[Por Diego Martín Yamus] Por estos días Costa de Marfil es el centro de atracción del fútbol africano con la disputa de la Copa Africana de Naciones. Un país con mucha historia busca repetir hazañas de antaño, como aquella primera consagración en 1992 en Senegal. Aquellos Elefantes (tal su apodo) tenían potencial en cada línea. Y además estaban bien custodiados por Pierre Alain Gouamené Guiahouly, el guardameta que con sus manos ganó gran parte de aquel glorioso título con atajadas en los tiros desde el punto penal.
El número 1 nació en Gagnoa el 15 de junio de 1966 y arrancó en 1986, alrededor de los 20 años en el gran ASEC, el club de la antigua capital Abidjan y de rica vida internacional. Pero sus grandes éxitos vendrían con la selección, a la que fue llamado por el técnico Joseph Diop y se estrenó un 15 de noviembre de 1987, en un 1-2 ante Marruecos por la clasificación a los Juegos Olímpicos de Seúl. Enseguida tuvo su primera salida al exterior, cedido por el ASEC al Lyon II, filial del exitoso club de Francia. Para 1989 ya era titular en el conjunto nacional, con el que sin embargo no logró ningún halago al principio, ya que Costa de Marfil no pudo llegar al Mundial de Italia y además se fue en primera fase de la Copa Africana de Naciones de Argelia en 1990. Más rápido de lo que imaginaría vendría la revancha y su tiempo de gloria.
Regresado del Lyon II al ASEC, sus cualidades lo llevaron a otro grande de África: el Raja Casablanca de Marruecos, que defendió en 1991 y 1992. Y se preparó junto a una generación dorada de jugadores para su siguiente CAN, la citada de Senegal. El de Yeo Martial era un equipo con poco gol pero al que costaba marcarle, más con Gouamené en la meta. Justamente, no fue batido en todo el campeonato, el que además contó por primera vez con 12 países. El primer momento cumbre del arquero y su selección llegó al enfrentar al gigante Camerún en una de las semifinales, y al no sacarse ventajas fueron a los tiros desde el punto penal. Y allí Alain se lució deteniendo los remates de Makanaky y su colega Bell para el 3-1 que los depositó en la final. Ese 26 de enero en el estadio L’Amitié de Dakar, el rival era nada menos que su vecino Ghana, con su constelación de estrellas grandes y las emergentes. También el juego finalizó igualado a cero y debieron desempatar desde el punto penal. Fue una serie de lo más emotiva y larga, donde el guardameta marcó el décimo gol para los suyos. Su compañero Kouamé Aka hizo el tanto 11 y le llegó el turno al gran central Anthony Baffoe. Y Gouamené volvió a dejar su sello y desvió el tiro del zaguero para el inolvidable 11 a 10, la primera alegría marfileña y la suya individual, ya que era obvio que fue incluido en el once ideal del campeonato.
Y mientras del Raja volvía a su club de origen, ese 92 lo terminó jugando la edición inaugural de la Copa Confederaciones, ya desaparecida, donde en la majestuosidad de Arabia Saudita no pudo hacer nada con el campeón de América, la Argentina de Alfio Basile (0-4) y el de la CONCACAF, Estados Unidos, que lo barrió por el tercer puesto 5 a 2. Lo bueno esta vez le sucedió con su club, con el que ganó sus dos primeras ligas locales en 1993 y 1994. Aunque tampoco pudo llegar al Mundial de Estados Unidos, sí se alistó para defender la epopeya de Senegal en su tercera Copa Africana de Naciones, en Túnez; esta vez no pudo hacer magia en la semifinal con Nigeria, el futuro campeón que lo batió en los tiros desde el punto penal, pero sí derrotó a Malí y fue tercero.
En 1994 retornó a Francia, primero al AS Trouville y al año siguiente al Toulouse. Y continuó siendo un destacado de la selección, intentando volver a sus tiempos de gloria en la siguientes ediciones de la CAN, pero no lo consiguió ya que Costa de Marfil no pasó la primera fase en Sudáfrica 96, fue marginado por otro campeón Egipto (otra vez desde once pasos) en los cuartos de final de Burkina Faso 98 y nuevamente en la ronda inicial de Ghana-Nigeria 2000. En ese comienzo de milenio, Alain se despidió primero de su combinado, en el último encuentro de esa Copa con un 2-0 a Ghana, el 31 de enero en la capital ghanesa Accra, lo que no evitó la ida. Y finalmente de la práctica activa del fútbol en el Toulouse. Al menos dejó los tres palos marfileños con la marca de siete Copas jugadas y 24 partidos, récord para su puesto.
Siguió ligado al deporte aportando su talento al servicio de la selección, cuando en 2002 fue entrenador de arqueros, y en 2006, al mando de los juveniles, el Sub 15 y Sub 17. Actualmente dirige a sus compatriotas del Sub 23. Es que a sus 57 años, el hombre que con sus manos le dio gloria a Costa de Marfil en la cancha lo sigue haciendo fuera de ella. Alain Gouamené es así un auténtico Elefante, no sólo del arco.
Ver más de la Sección Glorias Africanasmiércoles, 27 de diciembre de 2023
Glorias de África: Emmanuel Kundé
[Por Diego Martín Yamus] Uno de los grandes del Camerún grande, el de los años 80, no tuvo una carrera tan internacional como sus compañeros; apenas jugó en un par de pequeños clubes de Francia. Igualmente, Emmanuel Jérome Kundé forjó a lo largo de casi 20 una trayectoria plena de éxitos y agregó prestigio a su país, no sólo en el contexto africano sino el mundial.
Pero la revancha llegó rápido para el joven futbolista. En 1984 fue parte de la consagración inédita de Camerún en la CAN en Costa de Marfil, cuando aquel 18 de marzo derrotó 3 a 1 a Nigeria en el nacimiento de un clásico continental; Kundé entró en esa final por el goleador Bonaventure Djonkep. En agosto también estuvo en el plantel que actuó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (Estados Unidos), donde nuevamente se fueron en primera ronda. Y para 1986 atravesó una era de fracasos al ser eliminados en el camino a la Copa del Mundo de México y caer en la decisión de la Africana con Egipto por tiros desde el punto penal. Por suerte le llegó nuevamente el éxito en la siguiente edición en Marruecos 1988. Y como cuatro años antes, fue sobre Nigeria ese 27 de marzo en Casablanca. Y resultó justamente Emmanuel una de las figuras en el trofeo para su nación, al convertir un penal a los 55 minutos que sería el 1-0, lo que además le valió integrar el equipo ideal del torneo.
Para ese momento había dejado su década de gloria en el Canon y traspasado sus fronteras para jugar en Francia, en 1987 en el Laval y en 1988 en el Reims. Casi sin pena ni gloria por suelo francés, Kundé regresó a su tierra para primero militar en el Prévoyance Yaoundé, con el que conquistó una Copa camerunesa en 1990. Y especialmente para ayudar a la segunda llegada de los tricolores a un Mundial, el de Italia, cuando batieron en 1989 a Túnez 2-0 de locales (segundo gol de Kundé) y 1-0 a domicilio.
A pesar de una floja campaña en la CAN de Argelia, perdiendo con Zambia y yéndose enseguida, Camerún se preparó con todo su poderío al punto de llevar en su plantel a los casi retirados N’Kono y Milla. Y lo hizo aún mejor que ocho años antes en España en las canchas italianas, empezando por el sonoro 1-0 a la Argentina campeona vigente y siguiendo hasta los cuartos de final, donde se convirtió en el primero de África en esa instancia. Y se imponía a la dura Inglaterra 2 a 1, donde Kundé había marcado la igualdad de penal, y parecía ir a semifinales hasta que a nueve minutos del cierre una inocente falta derivó en otra pena que Gary Lineker transformó, llevando el partido al tiempo suplementario, donde el mismo goleador fue derribado por N’Kono y de otro penal fijó el 3-2 y la eliminación, aunque fue igual una actuación inolvidable.
Mientras, Emmanuel pasó al Olympic Mvolyé, club que se reforzó con varios de los mundialistas y que sorprendió al ganar la Copa local en 1992. A inicios de ese año, jugó su última CAN en Senegal pero no pudo repetir la gloria de los 80, ya que Camerún cayó ante el futuro campeón Costa de Marfil en los tiros desde el punto penal. Ese 23 de marzo en el estadio de la Amistad en Dakar fue su despedida con la selección, que terminó batida por Nigeria y en cuarto puesto. Y fue asimismo la de la práctica activa del fútbol.
Porque años después pasó a dirigir, comenzando con el Canon de sus amores en 1997 y 1998. Luego tomó al US Bitam del vecino Gabón y un corto trayecto en otro de la liga camerunesa, el PWD Bamenda, para volver en 2001 al equipo gabonés que guió hasta 2006 y lo ayudó a conquistar la Copa de ese país en dos ocasiones. Y en 2020 se hizo cargo del Hemble Football Club de Botko, también de Gabón. En la cancha y fuera de ella, Emmanuel Kundé fue y es un auténtico león indomable.
Ver más de la Sección Glorias Africanasviernes, 27 de octubre de 2023
Glorias de África: Samuel Kuffour
Su carrera había partido ideal con su combinado nacional, pero en los clubes seguía flotando. Hasta que para 1996 se afincó en el Bayern y empezó a encadenar la serie de éxitos de su selección. En cinco años acumuló cuatro Bundesligas (primera división), dos Copas de Alemania, una Copa de la Liga alemana, la Liga de Campeones 2000/01 ante el Valencia español (1-1 y triunfo 5-4 por tiros desde el punto penal) y la cumbre, el 27 de noviembre en Tokio, cuando su gol a los 109 minutos permitió el 1-0 sobre Boca Juniors y la conquista de la desaparecida Copa Intercontinental. Pocos recuerdan que River Plate, eterno rival de Boca, nombró socio honorario del club a Kuffour por su tanto.
A todo esto, le llegó el turno de su larga vida en la Copa Africana de Naciones (cinco veces en diez años), comenzando en Sudáfrica en 1996 con un cuarto puesto (su mejor tarea), siguiendo en Burkina Faso 1998 (afuera en primera fase), 2000 en su tierra y en Nigeria (cuartos de final), 2002 en Malí (nuevamente en cuartos) y la última en Egipto 2006, otra vez en primera fase. Y mientras del Bayern se marchó a Italia en 2005 para jugar por la Roma y luego el Livorno, tuvo desquite al arribar a su única Copa del Mundo, justamente la de Alemania, donde Ghana debutaba. Sin embargo, Samuel apenas disputó el partido de apertura ante el futuro campeón Italia (0-2) y ya no lo hizo más, y su equipo superó la fase grupal con triunfos a República Checa y un polémico a Estados Unidos, pero Brasil lo frenó en octavos de final 3 a 0. Esa caída con Italia, el 12 de junio en Hannover, fue la última aparición del defensor con Ghana. Porque continuó tres años más con los clubes. Del Livorno fue a préstamo al Ajax neerlandés en 2008 y, finalmente, se retiró en su tierra y su ciudad, en el popular Asante Kotoko, varias veces campeón de África.
Allí no detuvo su vida con el fútbol. En 2010 comenzó como comentarista de la cadena sudafricana de TV Supersports, justo para analizar la tarea de su selección en el Mundial 2010. En 2013 fue asistente en el Asante y en 2016, entrenador de la Sub 17 donde él mismo se había consagrado 25 años antes. Cuatro años después ejerció de asistente en la absoluta, y en 2021 la Confederación Africana (CAF) lo eligió merecidamente el mejor de todos los tiempos de la Copa Africana de Naciones. A pesar de sus pocos goles, Samuel Osei Kuffour ganó no sólo títulos con su selección y sus clubes, sino más aún, el reconocimiento y la memoria de los que amamos el fútbol y a África. Así es como se recibe un simple chico que lustraba botas y pateaba el balón en su barrio de gloria africana.
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lunes, 7 de agosto de 2023
Glorias de África: Ibrahima Bakayoko
[Por Diego Martín Yamus] Costa de Marfil tuvo dos generaciones de oro de futbolistas en su riquísima historia. Una fue la de los años 90, la primeriza campeona de África en 1992. La otra, la de este siglo XXI llegando a los Mundiales. En medio de ambas constelaciones de estrellas, hubo una que no pudo alcanzar semejantes logros, pero igual se ganó el más importante, la memoria de un tremendo goleador. Así fue Ibrahima Bakayoko Sela (Séguela, 31 de diciembre de 1976) en la vida futbolera de los Elefantes.
Esos primeros años del nuevo milenio fueron los más fructíferos en la carrera de este delantero potente y veloz, que podía bien jugar por el medio como por los extremos. Proveniente de los juveniles de Yani Sports (1991- 92) y Alliance Rénaissance (1993- 94), en 1994 debutó como profesional en el popular Stade de Abidjan, uno de los grandes de la capital económica del país, ganador de la Copa de Campeones del continente en 1966. Con el Stade no sólo le peleó el liderazgo local a los otros gigantes ASEC y África Sports, sino que ayudó a conquistar la Copa doméstica en 1994 ante el África (4-2) y a ser finalista del ASEC en el 94, como también de la Supercopa CONTRA éste en dos espectaculares decisiones ese 94 y 1995. Era natural que tal aparición fuera asimismo en la selección, y eso fue para la Copa Africana de Naciones de Sudáfrica 1996, cuando el entrenador francés Pierre Pleimelding lo contó en el plantel. Bakayoko se puso por primera vez la camiseta naranja el 14 de enero en el estreno ante Ghana (0-2) en Port Elizabeth, ingresando por otro ícono, Abdoulaye Traoré, a los 46 minutos; también lo reemplazó en la derrota 1-3 ante Túnez que fue la ida del entonces subcampeón de África. Completó un mal año para los Elefantes cuando quedaron eliminados muy rápido por Congo de su primera eliminatoria al Mundial, el de Francia 98.
A pesar de eso, sus cualidades lo llevaron a ser fichado ese 96 por el Montpellier de la Ligue 1 gala, y el técnico del Everton inglés Walter Smith lo elogió al punto de que el club invirtió 4 millones y medio de libras esterlinas por su pase para octubre de 1998. Sin embargo, el goleador apenas jugó 23 partidos y marcó cuatro veces, por lo que en 1999 regresó a tierra francesa y al Olympique de Marsella, donde correría hasta 2003. Al mismo tiempo volvió a tomar parte en la CAN, esta vez en Egipto 1998, donde alcanzó su mejor actuación marcando contra Namibia y Angola y cayendo ante el local y futuro campeón por penales en cuartos de final, en serie perdida 4-5 en la que convirtió su tiro.
Ya en 2000, volvió a intentar un buen pasar en la Copa africana jugada en Ghana y Nigeria, pero el equipo se fue nuevamente en la primera ronda, con él titular en el debut 1-1 ante Togo y entrando en el último encuentro frente a Ghana, cuyo 2-0 no les sirvió. Pero Bakayoko continuó siendo un terror para las defensas del continente, y con 11 goles estuvo cerca de clasificar a Costa de Marfil a su primer Mundial, el de Corea del Sur-Japón 2002, aunque la República Democrática del Congo lo frenó con un empate y una caída inesperadas que puso a Túnez en la Copa del Mundo. Su última lucha con el combinado fue para la CAN de Malí 2002, y de nuevo sucumbieron en la fase grupal, otro empate con Togo (0-0) y derrotas ante Camerún (0-1) y la RD del Congo (1-3). Contra ésta resultó su última vez nacional, aquel 29 de enero en Kayes reemplazando a Lassina Diabate a los 37 minutos, completando seis años de alrededor de 40 presencias y 20 goles.
Tras semejante revés, su carrera siguió por los clubes, pero muy irregular: un tiempo entre 2003 y 2004 en el Osasuna español, que por su bajo nivel lo declaró transferible, de donde pasó al Istres francés en 2005 y luego, una larga estadía en Italia para militar en el Livorno dos años y una más corta en el Messina en 2007. Grecia pareció sentarle mejor con su entrada al AE Larissa (2007- 08) y PAOK Salónica (2008- 09), pero más en el modesto PAS Giannina, para quien contribuyó a su título de la segunda división y ascenso a la primera para 2011, siendo además máximo realizador de la campaña. En 2012 se marchó al Olympiakos Volou para terminar su vida griega y para 2014, jugó sus últimos partidos para el Stade Bordelais de la liga de ascenso nacional de Francia.
A lo largo de dos décadas, no levantó ningún trofeo, pero movió la red más de 130 ocasiones. Con lo mejor de sí, hacer goles, Ibrahima Bakayoko fue otra gloria de África y de Costa de Marfil.
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viernes, 30 de junio de 2023
Glorias de África: Anthony Baffoe
[Por Diego Martín Yamus] Muchas veces el fútbol es injusto con los grandes en grandes momentos. Que una estrella erre un penal en un partido decisivo. Lo saben Maradona, Zico, Platini, en África el camerunés Pierre Wome. Esa simple circunstancia, por más trascendente, no debe marcar a nadie. Por eso Anthony Baffoe, el zaguero emblema de Ghana, es otro apellido de la gran vida de las Black Stars y de los clubes a los que defendió con enorme jerarquía, sea en Alemania, su tierra o Hong Kong.
Sin embargo, sus cualidades no tardaron en enviarlo a la selección, que buscaba un lugar entre los grandes del continente como había sido en los años 60 y 70. Y debutó en ella el 29 de abril de 1991 y con un gol, el segundo del 2-0 a Togo de local en la eliminatoria a la Copa Africana de Naciones del año siguiente. Ghana obtuvo el Grupo por delante de Nigeria y regresó a la CAN que ya había conquistado en 1963, 1965, 1978 y 1982. En una generación dorada encabezada por Abedi Ayew “Pelé” y Tony Yeboah, Baffoe fue titular inamovible aquel enero y febrero de 1992 en Senegal, ayudándolo a arribar a una nueva final contra su clásico rival del oeste, Costa de Marfil. En el estadio de la Amistad de la capital Dakar, fue tan cerrada la decisión que tras 120 minutos no lograron más que un 0-0 que la envió a los tiros desde el punto penal. La que fue una de las series más largas como dramáticas la comenzó el central marcando el primer tiro, y luego de un par de yerros y de interminables conversiones, con los marfileños arriba 11 a 10, a Baffoe le cayó en suerte repetir su lanzamiento. Esta vez no la tuvo, ya que se lo atajó el gran arquero Alain Gouamené y Ghana perdió en sus pies la chance de su quinta corona. El fútbol le ofreció desquite y, ya en el Metz de la ligue 1 francesa, integró el equipo que fue por la CAN de Túnez en abril de 1994. Dos agónicos triunfos sobre sus vecinos Guinea y Senegal lo pusieron de nuevo en carrera, pero el irónico destino quiso que otra vez Costa de Marfil se cruzara en su camino y los eliminara con un 2-1 en el cierre. Ese 3 de abril en Sousse, justamente fue el último compromiso de Baffoe con su selección, a la que representó 25 veces con ese gol a Togo como único.
Cerca de los 30 años, su gran trayectoria entró en su curva descendente. Siguió un año más en Francia, en el Niza a hasta 1995, y paseó su calidad luego por otros continentes: en 1997 en el exótico Hong Kong Golden de esa región asiática, donde fue anteúltimo de ocho clubes; en 1998 en el Caracas FC de Venezuela y en 2001 su primera vez en su tierra de sangre, en el Obuasi Goldfields, del que en 2002 se movió a Sudáfrica para jugar para el Ajax Cape Town. Finalmente, en 2003 volvió a Ghana y se retiró cerca de 2006 en el modesto Ashanti Gold. Eso con la pelota en sus pies, porque desde ese momento nunca dejó de estar ligado al deporte. Ese 2006 fue nombrado director de relaciones internacionales de Ghana y en 2007 dirigió a las juveniles por un tiempo, a la par que fundó la Professional Footballers Association de su país, mientras incursionó en la TV alemana con programas dedicados al área de los jóvenes futbolistas. Y sigue ligado actualmente, como encargado de negocios de la selección y, sobre todo, como secretario general adjunto de la Confederación Africana (CAF). Y la FIFA lo ha designado embajador en la campaña contra el racismo y por los niños sin hogar, además de serlo del combinado nacional. Como Maradona, como Zico, Platini o Wome, Anthony Baffoe fue y es un grande del fútbol, aunque haya errado un penal decisivo.
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