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lunes, 8 de febrero de 2010

CORRIENDO CON CARLOTA

Cuando apostamos por la paternidad fuimos convenientemente advertidos de los cambios que la niña iba a ocasionar en nuestro estilo de vida. Personalmente sabía que Carlota iba a exigir mucho tiempo de calidad que, como no nací millonario, debía salir del que dedicaba habitualmente al ocio, en buena parte lo llenado por el entrenamiento.

Inmediatamente pensé en el carrito. Mi santa no tragó con "el mónstruo de las tres ruedas" por aquello de tener (ella) un coche pequeño y nuestra casa demasiadas puertas. Habiendo comprado para Carlota el clásico carrito compacto y práctico con el que no se puede salir a correr, fijé mi objetivo en uno de esos "babyjogger" tan molones, ruedas grandes y finas, y precio por las nubes. Como mi cumpleaños estaba lejos, los reyes no se iban a mostrar demasiado generosos y la paga extra estaba más que gastada el proyecto durmió el sueño de los justos y salir a correr con Carlota tuvo que esperar... hasta hace unos tres meses.

Un conocido iba a jubilar un carrito de tres ruedas en buen estado. Hablándolo se ofreció a prestármelo, pero ya se sabe lo que pasa con estas cosas: las usas, las usas y las usas y para cuando debes devolverlas te mueres de vergüenza por el estado en el que se encuentran. Le pedí que le pusiera precio, llegamos a un acuerdo justo y me llevé el carrito a casa. Tras un leve mantenimiento apretando un par de tornillos, repasando las ruedas y dando una manita de lubricante a las partes móviles el nuevo bólido de Carlota enseguida funcionó de maravilla.

No diré que lo hayamos usado mucho, la verdad. El invierno está siendo duro por estos lares, con frío, viento y humedad, y una cosa es que Carlota y yo queramos salir a correr juntos y otra muy distinta es que arriesgue la salud de mi hija de modo innecesario. Eso sí, cuando hemos salido la experiencia ha valido la pena. Le monté un saquito de esos de invierno, y Carlota se acurruca dentro de él y se pasa todo el rodaje riendo.

Hay un par de cosas interesantes que apuntar con respecto a esto de correr con el carrito del bebé:

Lo primero es esperar a que el bebé tenga fuerza suficiente en el cuello como para no lastimarse con los baches. Normalmente eso sucede sobre los 7 meses, aunque puede ser un poquito antes (sobretodo si se hace sólo asfalto) o un poquito después en función de cada bebé. Después recomiendan acostumbrar poco a poco al pasajero. Yo no tuve ese problema porque a mi hija todo lo que sea salir de casa le encanta y ya pasamos el verano yendo en bici de aquí para allí con una sillita frontal de la que tengo que hablar algún día (una auténtica maravilla).

Otra cuestión importante es el ritmo: como es lógico hay que bajar un poquito el pistón porque se trata de reservar fuerzas para empujar el carrito (sobretodo se nota la más mínima cuesta), para ir comentando la jugada con el bebé (con mi hija contamos gaviotas, saludamos a las vacas, ...) y andar un poco pendiente de si se quita los guantes y los tira por la borda, si se duerme y se descoloca, etc.

En cuanto a la técnica, encuentro difícil correr con las dos manos en el carrito, porque mis hombros están acostumbrados a bascular para contrarrestar la rotación de mi cadera (como en cualquier otro ser humano, ni más ni menos). Es más sencillo empujar el carrito con una mano y mover en libre braceo la otra extremidad superior. Conduzco mejor con la derecha, pero estoy aprendiendo a hacerlo también con la izquierda, por aquello de entrenar compensado. Hay que saber que la rueda delantera de un carrito que sirva para correr no es direccional (es fija) y hay que estar un poco atento también a si hay que levantar el carrito tanto para superar obstáculos como para girar cuando la curva es curva de verdad. Aún así, con una mano el carrito s se dirige bien sin levantar la rueda delantera si los giros son suficientemente suaves.

Lo dicho, toda una experiencia tanto para el papi (o la mami) como para el bebé. Absolutamente recomendable hablando desde mi experiencia (limitada pero intensa). Carlota se pone a aplaudir cuando ve que empiezo a vestirme de romano y saco su anorak y su gorro orejero preferido.

Salud y buenos rodajes, solos o tan bien acompañados como podáis.

domingo, 20 de diciembre de 2009

SURFEANDO LA OLA FRÍA

Cuando en España se habla de mal tiempo yo suelo entender mucho frío en la parte más interior de la península y viento en el norte de Cataluña y Baleares. Ese viento suele ser de componente norte, un viento potente y frío. Menorca es la isla más al norte del archipiélago balear. Yo vivo en el norte de esa isla, y hasta hoy llevábamos una semana azotados por el temporal de lluvia y viento, con mucho frío. Cuando el tiempo está así de rebelde, lo que a uno menos le apetece es salir a practicar deporte al aire libre, claro.

El gimnasio me salvó la semanita de lunes a viernes. Por un lado en la piscina empiezo a notar pequeñísimas mejoras en mis sensaciones, aunque los tiempos aún no se han visto afectados por el volumen de trabajo ya realizado. Me conformo con nadar más a gusto, de momento, y lo de mejorar la velocidad supongo que llegará con el tiempo.

Las bicicletas estáticas cumplieron su cometido también esta semana. Hasta el sábado, los volúmenes de ciclismo no son demasiado altos en el plan, porque el mismo está pensado para gente que por sus obligaciones laborales no dispone de demasiado tiempo entre semana para entrenar. El sábado me tocaban 2 horas y media de rodaje pero el día salió con muchísimo viento y lluvia. Me propuse cambiarlo por una sesión sobre la bici de spinning, pero ahí no aguanté más de una hora, por lo que la tirada larga quedó en proyecto.

Hoy domingo corrí un cross en Sant Lluís. Con un frío de mil demonios tuve el honroso deber de cerrar la clasificación. Las inclemencias meteorológicas asustaron a casi todo el pelotón de cola que se quedó en casita junto al radiador. Tan sólo dos chicas fueron todo el tiempo por detrás de mí, pero ellas daban una vuelta menos al circuito por lo que el último en pasar por meta fue un servidor (cosas de correr federado cuando, probablemente, no debiera haberlo hecho nunca).

Al terminar el cross (durante el cual padecimos no sólo un cortante frío sino también una fina lluvia) salió el sol. Después de colaborar en la recogida de la cinta que marcaba el circuito (cosas de que fuese mi club el que organizaba la carrera) marché a casa a comer. Tal y como finalmente quedó el día, con sol y sin viento, no esperé ni a hacer la digestión: me volví a vestir de romano y salí con la bici a por 40 kilometrillos de prácticas. Y digo prácticas porque sigo aprendiendo a montar con el nuevo manillar.

Lo de los acoples lo llevo más o menos bien. Ya conduzco bastante recto y la posición me resulta relativamente cómoda de cintura para arriba, sin molestias durante ni después a nivel de hombros y espalda. Lo del culo es otro cantar. No estoy nada cómodo con la nueva posición sobre el sillín. No lo adelanté porque monté una potencia más cortita, pero sí lo incliné un poquito hacia delante. Aún así, mis partes nobles siguen padeciendo demasiado cada vez que me tiro sobre esos cuernos intentando convertirme en triatleta. No sé si el tema está tanto en la posición del sillín, en el tipo de sillín o en la falta de costumbre. Si no termino de hacerme con el tema me pensaré el instalar un sillín de triatlón, algo más largo y reforzado en su parte delantera.

Por lo demás, he rodado muy a gustito. Algo cansado por el cross de la mañana pero contento por poderme subir de nuevo a la bici después de una semana, sobretodo porque con las vacaciones viajamos a Barcelona y ahí sólo voy a poder salir a correr (aunque me llevo bañador, gorro y gafotas por si encuentro una piscina donde me acepten sin ser socio, previo pago de la correspondiente entrada puntual, claro). El martes volamos. A ver si puedo dejar algo aquí antes de desaparecer. Hasta entonces...

...mucha salud a todos!

PS. Lo de Pamela en bici con la pachorra y el latte de Starbucks en la mano es toda una metáfora de lo que no pude hacer esta puñetera semana: montar en bici en condiciones.
Por cierto, lo de doblar no debe ser muy bueno porque tengo las piernas más tostadas que la pipa de Toro Sentado. Ale, más salud.

lunes, 14 de diciembre de 2009

CARRERA DE LA BASE NAVAL. LOS ACOPLES.


(Foto cortesía de Rossi Kruger) Empezando por el final y con el retraso propio de la escasez de tiempo, derivada de mi dedicación este fin de semana al noble arte del anfitrionaje, el sábado corrimos una edición más (sobretodo para la mayoría, que para mí era la primera) de la carrera popular de la base naval.

Yo creía que la base era fundamentalmente el conjunto del muelle militar y edificios colindantes, pero no. Resulta que el monte que se eleva tras las últimas dependencias de la Armada tiene un camino con una cuesta interminable que formaba parte por dos veces (cosas de los circuitos con vueltas) del recorrido de la carrera. Fue como digo una mañana durilla, pero el buen ambiente, la bondad meteorológica, las ganas de colgarnos un dorsal y el aperitivo final ofrecido por nuestros anfitriones militares (sobretodo) dejan para el recuerdo muchas ganas de repetir el año que viene.

Deportivamente fue una ruína, como siempre. Bueno, mis sensaciones fueron más que aceptables, hasta podría decir que me divertí corriendo, pero se conoce que todos los demás están a años luz, porque no hay manera (ni mucha intención, la verdad) de abandonar la cola del pelotón ya sea cuesta arriba, cuesta abajo o llanito. Como muestra un botón: valientemente tomó la salida con nosotros un marchador (bueno, eso sí). Bien, terminé esprintándole en meta. Si no apretamos todos los de la foto nos pasa. En fin, es lo que hay.



En otro orden de cosas, el viernes estrené los acoples en la bici. Compré en Esportíssim, tienda especializada de Barcelona en la que el trato fue exquisito, los Profile Carbon Strike, como los de la foto. A falta de subir imágenes de mi propia bicicleta, debo decir que los míos están un poquito más cerrados y la cazoleta reposabrazos (seguro que ese no es su nombre pero...) tiene un muelle que la levanta cuando no la uso. De este modo dispongo de todo el espacio en el manillar para poner las manos cuando no voy acoplado. Para adaptar la geometría de la bicicleta al nuevo punto de agarre en los acoples, en lugar de adelantar el sillín cambié la potencia (que es la pieza que va del cuadro de la bicicleta al manillar) por otra 2 cm más corta. De este modo no cambia la relación entre mi centro de gravedad y el eje del pedalier (eso me dijeron) ni tampoco el modo en que mis piernas transfieren la fuerza a los pedales, pero sí estoy algo más adelantado en relación al manillar (de hecho es éste el que está ahora más retrasado) y la posición aunque sea muy nueva para mí no me resulta demasiado incómoda.

Eso, que el viernes los probé. Parecía un borrachín en bicicleta, incapaz de mantener la dirección recta, a riesgo de terminar fuera del arcén sobre la vegetación que acompaña a la carretera. Salí con Ángel, y por fortuna él es mucho más sensato que yo y en poco tiempo alcanzamos el desvío de la carretera que de Favàritx. Esa carretera termina en un faro y está muy poco transitada por estas fechas. Además hay un par de rectas muy largas y asfalto casi nuevo, por lo que era el terreno ideal para acoplarse y rodar probando el material. Según Ángel todo fue sorprendentemente bien. Hasta me dijo que tenía buena pinta y, como amigo, sé que dijo la verdad porque lo contrario no me ayudaría lo más mínimo. Su única observación hizo referencia a la pérdida de "redondez" de mi pedaleo. Según él, el pedaleo es redondo cuando se aprovecha no sólo la fuerza del pie que baja sino también la del pie que sube. Me ha costado bastante aprender a hacerlo sin acoples. Por lo visto ese aprendizaje poco consolidado se olvida cuando tengo que estar pendiente de agarrarme a dos palos que salen del centro del manillar. Imagino que la práctica terminará por resolver el problema.

Pensaba que al día siguiente mi espalda iba a recordarme que lo de los acoples no es para novatos pero me equivoqué: ninguna molestia. Incluso debo añadir que la salida en bici fue el viernes por la tarde y el sábado por la mañana corrí la carrera de la base, tan feliz. Eso sí, parece claro que hacer kilómetros con el nuevo material es imprescindible para poder usarlo con garantías ya no sólo en el IM de Frankfurt sino incluso en el Half de Calella que correremos en mayo.

Hasta entonces queda mucho entrenamiento.

Salud!